No me olvides.

Capitulo 1

Conociéndote

Un hermoso atardecer se puede observar en un parque, donde un grupo de pequeños niños se divierten entre el lodo y los pequeños arbustos, ajenos a lo que pasa a su alrededor, solo viviendo el momento de sus inocentes vidas, y junto a los viejos y desgastados juegos, donde también se encuentran una bancas que también han sido atacadas por los años, se encuentran adultos y jóvenes padres de los pequeños traviesos llenos de energía, observándolos, cuidando que a ninguno de sus angelitos le suceda nada, como todo padre en el mundo.

Pero algo no encajaba en esa imagen, ya que un pequeño de unos seis o siete años de edad, de unos hermosos cabellos alborotados rubios, y una hermosa y sedosa piel tostada, además de unos fascinantes zafiros como ojos, vistiendo un short beige haciendo juego con una camisa y unos pequeños tenis naranjas, se encontraba sentado a lo lejos mirando a los demás niños.

Jugar, reír, una amistad, el no sabía qué era eso, ya que por alguna razón el pequeño siempre estaba solo. Sus padres una joven mujer joven de largos cabellos rojizos, piel blanca y unos ojos azul oscuro, y un apuesto hombre alto y rubio al igual que el pequeño, sus mismo ojos, siempre acostumbraban llevarlo al parque para que se divirtiera, sin embargo, el pequeño siempre estaba solo y eso les preocupaba, ya que la razón por la cual el niño estaba desolado si la sabían. Pero esa tarde cambio la historia, antes de que decidieran partir, un pequeño que aparentaba ser un año más grande que el rubio, ojos negros como la noche al igual que su cabello, piel pálida, y con una sonrisa que decía "soy el mejor eso nadie me lo discuta", se acerco al más pequeño, colocándose frente a él, tapándole toda vista.

El pequeño rubio frunció el ceño en señal de molestia, ¿quien se creía el tipo? para llegar y arruinarle su ya pésimo día. Y sin más retiro su mirada hacia otro lado, cualquier lugar era mejor que ver a ese niño extraño con cara burlona.

-¿no te aburres?- Le cuestiono el azabache al más pequeño mientas volteaba su mirada hacia donde la tenía el rubio.

El pequeño niño no le respondió, solo suavizo su mirada y siguió mirando al frente donde seguían jugando todos los niños, vaya era increíble como un niño de tan corta edad estuviera experimentando ese tipo de sentimientos, la envidia la tristeza, un niño de su edad debería solo divertirse y llorar por dulces, pero no el no se preocupaba por ese tipo de cosas, el solo quería un amigo con quien jugar y pasar un día grato al menos solo por una vez en su vida.

El pelinegro lo miro de reojo, vaya era un chico extraño, ya hace días que lo había estado observando, siempre lo veía solo, pensaba que solo era su imaginación pero no era la realidad, por alguna extraña razón desde el primer día que lo vio, quiso acercarse a él, pero nunca se dio la oportunidad de hablarle hasta ese día.

-Me llamo Uchiha Sasuke- le dijo el más grande, con una pequeña sonrisa de lado.

El ojiazul ni siquiera le prestó atención, solo escondió su carita entre sus rodillas y brazos, como tratando de ocultar algo.

-Vamos chico acaso no hablas ¿o qué?- Sasuke comenzaba a enfadarse, mira verse ignorado por un pequeño mocoso malcriado, vaya eso que si lo molestaba.

-Naruto…- Se escucho en un pequeño susurro, una vocecita apagada pero tierna.

Sasuke solo lo miro -"Naruto" vaya un nombre raro pero que extrañamente le quedaba al chico.- Pensó mientras lo observaba.

Naruto por fin decidió mostrar su pequeño rostro infantil, algo inseguro miro al chico que estaba parado frente a el, y frunciendo nuevamente el ceño le dedico una mirada diferente a la que tenia minutos antes, una llena de resentimiento.

-¿Qué tu también vienes a burlarte de mí?- le cuestiono mirándolo retadoramente a los ojos.

Sasuke lo miro con la duda plasmada en toda la cara, que le pasaba al chico, estaba loco o algo por el estilo, como se iba a burlar de él si acababan de conocerse.

-De que hablas ¿Por qué tendría que burlarme de ti?- le cuestión el azabache, y fue cuando se percato de algo, en las mejillas de Naruto había unas curiosas marcas, bueno mirándolas mejor eran cicatrices, tres en cada mejilla, lo miro por un rato examinado su pequeño rostro, bueno ahora lo entendía.

Naruto tan solo volteo el rostro a otra dirección, no quería que lo viera como un bicho raro, ya estaba cansado de eso, de las constantes burlas, sintió sus ojos arder, y poco a poco su vista se volvió borrosa.

Sasuke suavizo su mirada, y volteo hacia el frente nuevamente.- eres un chico extraño.- le dijo mientras sonreía un poco, Naruto rápidamente volteo a verlo con el ceño fruncido.

- Yo vengo todos los días a este lugar, y al parecer tú también, te he visto varias veces por aquí, como hoy ya es tarde no podremos quedarnos más tiempo para charlar.- Dijo el azabache mirando al pequeño rubio, levantando un dedo frente a su rostro para llamar su atención.- ¿qué te parece si mañana nos encontramos en este lugar?-

Naruto miro el dedo que estaba frente suyo, para después dirigir su mirada hacia el azabache frente a él, lo mira con duda.

-¿Dime vendrás?-Le cuestiono el azabache.

El rubio lo seguía mirando, y fue en ese momento que una pequeña sonrisa apareció en su rostro, y solo asintió con la cabeza.

-¡Bien! Entonces te veré maña aquí.- el azabache le sonrió de forma amigable, y sin decir más dio media vuelta para marcharse, dio sus primeros pasos para dirigirse hacia donde aparentemente estaba su familia esperándolo, fue entonces cuando levanto su mano en forma de despedida, y volteo sobre su hombro para dedicarle nuevamente una sonrisa al rubio –No me olvides.- Fue lo último que dijo cuando comenzó a caminar más rápido y se perdía de la vista del rubio.

Naruto solo lo miro confundido -"No me olvides" eso debería decir yo Sasuke.- dijo el chico en susurro mirando hacia la dirección por la cual el azabache se había perdido.

Y al día siguiente ahí se encontraba el pequeño Naruto, en el lugar donde había prometido esperar al extraño chico llamado Sasuke, se preguntaba si vendría, y cuando apenas se lo preguntaba, pareció el niño con su sonrisa burlona, pero al mismo tiempo encantadora.

-viniste.- le sonrió el azabache al ojiazul.

-tú también.- dijo el rubio mientras le devolvía la sonrisa, estaba feliz debía admitirlo, Sasuke no lo había dejado plantado, vaya se sentía bien estar con alguien, estar acompañado, ya no sentir las fría soledad.

Y así empezaron hablar, cosas de niños de su edad, y al poco rato se podrían observar jugando y corriendo, tumbándose el uno al otro, ensuciándose debido la tierra suelta y a la hierba que se encontraba en el lugar, vaya ese día sí que había sido diferente para Naruto, a decir verdad ya se había cansado de reír tanto.

Y así llego la tarde, Sasuke se despedía del pequeño Naruto levantando su mano en forma de despedida, y nuevamente con un "nos vemos mañana" y un "no me olvides"- vaya el chico es extraño.- pensó Naruto y vaya que lo era.

Y con el paso de los días se hizo una rutina diaria para ese par de chicos, cada día se encontraban en ese parque, el cual era testigo de sus risas y travesuras, en algunas ocasiones, los demás niños molestaban al pequeño Naruto, pero Sasuke siempre salía al rescate y lo defendía a escudo y espada, no dejaría que le hicieran nada malo a su pequeño amigo, en ocasiones salía con golpes y moretones, ya que quera muy impulsivo y se les echaba encima a los pobres infelices que se atrevían a ofender al rubio.

Y como siempre con un "te veo mañana, no me olvides" se despedía el azabache, mientras Naruto agitaba su mano con una sonría en su rostro.

Era una mañana verdaderamente nublada, como si fuera una sorpresa que el día se encontrara así, las calles de Londres estaban transitadas como siempre, las aceras abarrotadas de gente, a un a esa hora, a penas si eran las 6:30 de la mañana y ya las calles se encontraban a si, llenas de personas que se dirigían a su trabajo y los jóvenes a las instituciones de estudio, -vaya si que eran de esos días donde no se te quitaba la flojera de encima.- eso era lo que pensaba cierto rubio que caminaba desganado hacia la preparatoria, era horrible.

Vaya ya con 16 años de edad y el chico apenas parecía de 14 o 15 años por lo mucho, llevaba puesto su uniforme escolar que constaba de una camiseta blanca, con el escudo de la preparatoria a la izquierda, y una incómoda corbata colgaba de su cuello, el pantalón era sencillo, era típico azul marino claro de vestir y unos muy lustrados zapatos negros, ya que el chico asistía a una de las mejores preparatorias, tenía que ir lo más decente posible, que fastidio.

Bien el instituto ya estaba cerca, se podía observar a lo lejos, como quisiera retornarse de nuevo a su casa y quedarse ahí encerrado donde nadie supiera de su existencia, por dios cada mañana era lo mismo, tenía que pasar un infierno en ese lugar, en verdad ¡lo odiaba!

Ya estaba en la entrada y con cautela dio sus primeros pasos para entrar al lugar, bien aun no había muchos alumnos, lo cual le alegraba un poco la mañana, podía pasar desapercibido, nadie lo molestaría.

Y así se dirigió a su aula correspondiente, la preparatoria sí que era impresionante, era espaciosa y con muchas áreas verdes, ¡o si! Eso era lo único bueno de ese lugar, arboles por todos lados, se podía sentir más fresca la mañana en ese lugar, a lo lejos se podían observar los edificios, grandes y majestuosos.

El rubio llego a su aula y se introdujo en ella, vacio, si era lo bueno de llegar temprano, podías pasar al menos un rato a solas para pensar en tus cosas, sin que nadie te interrumpa o te moleste. Poco a poco los alumnos fueron llegando, eso molesto un poco al rubio, pero tarde o temprano las clases tenían que iniciar.

Algunos de sus… se podrían decir "compañeros", al pasar a un lado del rubio le hacían muecas o caras desagradables, bueno eso era todos los días, ya no se le hacía extraño recibir cada mañana un gesto de mal gusto, y todo por esas malditas cicatrices que marcaban su cara, eran como una maldición.

Como siempre las clases pasaron aburridas, tediosas y una que otra interesante, y por fin llego la hora del descanso, de escasos 40 minutos, -¿quien en su sano juicio se lo ocurrió poner un descanso de 40 minutos? ¿Qué le pasaba al tipo o tipa que invento eso? Un descanso debería ser de 1:30 minutos.- esos pensamientos pasaban por la cabeza del ojiazul, cuando sonó el timbre y todos corrieron como alma que persigue el diablo, bueno al menos se había quedado solo otra vez, últimamente la soledad era su acompañante más confiable, ese que nunca te deja solo y siempre te escucha y acompaña tu silencio a la vez, si ya estaba acostumbrado.

Los 40 minutos pasaron como agua, por que no podían durar más, bueno en fin, otra clase tediosa estaba por comenzar, y así fue Física, y para variar dos horas, ¡dios que le pasa al mundo!

Una, dos, tres, cuatro horas la verdad ya había perdido la noción del tiempo, cuando menos pensó ya estaban dando el timbre de salida, y como siempre espero al final, dejo que todos sus compañeros se fueran primero si era lo mejor, no era como si estuviera huyendo de ellos, pero era mejor esperar que ver nuevamente sus desagradables caras y soportar esos empujones que solo lo hacían enojar en vez de hacerlo sentir mal, tampoco los odiaba bueno eran gente inmadura y ya, así que solo los pasaba de largo, o simplemente no los tomaba en cuenta, como ahora lo hacía y salía por último, si eso era mejor y no tenía la necesidad de estresarse por tonterías.

Y si la rutina diaria, salió con toda la calma del mundo del aula, caminaba por los pasillos casi vacios, ya eran 2:00 de la tarde, bueno llegaría a su casa, haría su tarea, y se distrajera con cualquier cosa solo para pasar el tiempo, ya estaba casi en la salida de la preparatoria, al parecer todo había salido bien ese día, o eso era lo que pensaba, ya que afuera lo estaban esperando, no eran las personas que menos quería encontrarse ese día- Maldición.- se dijo mentalmente el rubio.

¡Oh no! Ahí afuera se encontraba su peor pesadilla, era el maldito de Hidan con la bola de sus amigos, si los chicos malos de la prepa.

El chico rubio se tenso al momento que los vio.- ¿Ahora qué hago, ahora qué hago?- se preguntaba mentalmente, la angustia se apodero de su rostro.

Era la única entrada abierta a esa ahora, o se quedaba todo el santo día en ese lugar o salía corriendo y esperaba lo peor, si lo peor ¿Por qué? Simple, esos malditos siempre se la pasaban molestándolo, primero eran simples burlas, humillaciones y después se pasaron a los golpes, si eso era lo peor de todo, un día llego a casa con el labio partido y un ojo morado, sus padres se preocuparon demasiado al verlo en ese estado, y le preguntaron qué había pasado, y solo les dijo –"quisieron asaltarme me defendí y así termine, no se preocupen.- si el rubio era un tonto por no decir la verdad y un mal mentiroso para acabar.

Decidido salió cauteloso, esperando que no lo observaran salir pero como podían ignorarlo si eran a quien estaban esperando.

Rápidamente Hidan se acerco al rubio colocándose al frente e interrumpiéndole el paso.- miren a quien tenemos aquí.- dijo en forma de burla el albino.- es la puta de la escuela.- soltó con burla y descaro, acompañado de una carcajada desagradable para el ojiazul.

Naruto sintió la sangre hervir de coraje, "la puta de la escuela", eso ya había sido demasiado. Levanto la cabeza y le regalo una mirada llena de odio a Hidan.

El albino frunció el ceño por tal atrevimiento del rubio, ¿cómo se atrevía a retarlo con la mirada?, este se agacho un poco ya que era más alto que el rubio, su mirada afilada se clavo sobre el, haciendo que el rubio se encogiera de hombros.

-no quiero problemas Hidan.- le dijo el rubio cohibido y con la voz temblorosa, si le tenía miedo, y más en ese momento, ya que su maldita pandilla lo había rodeado, se sentía tan vulnerable.

-eso debiste pensar antes, ¿qué te he dicho sobre el respeto he? maldito fenómeno.- le dijo el albino cerca del rostro del rubio, tan cerca que este podía sentir su aliento gélido.

El albino comenzó a tronar sus dedos mientas se acercaba lentamente al rubio, este comenzó a temblar, ya sabía lo que seguía, si una buena paliza, y lo peor de todo es que nadie se encontraba cerca para pedir ayuda, sentía miedo, coraje e impotencia, muchos sentimientos se acumularon ese momento en su pecho, ya que como siempre no iba a poder defenderse, se sentía tan inútil de no poder cuidarse así mismo, lo único que hizo fue cerrar los ojos con fuerza, y cuando pensó que el primer golpe se aproximaba.-¿se están divirtiendo?-. Una voz retumbo en su cabeza, haciéndolo abrir los ojos y enfocarse en una persona que estaba detrás del albino.

-Sasuke…- dijo Naruto con voz temblorosa.

-se puede saber ¿Qué demonios pretenden hacerle a mi amigo?- dijo el azabache con verdadera furia, y mirada afilada.