Arrepentimiento
Cuatro días sin hablarse. Cuatro largos días de huir del otro.
Cuatro.
Tres noches sin dormir.
Desvelado.
Pensando.
Sirius comprende que dijo cosas que en realidad no sentía, pero…
¿Qué rayos te molesta?, ¿Que no te contara? ¿O el hecho en sí?…
Remus… ¿Gay?
Cuatro…
La cifra se le repite en la conciencia…
Creo que esta vez sí la cagué… ¿Qué es lo que me molesta?
Sin querer tiene imágenes en la mente. Remus besando. Remus tocando. Remus con otro chico.
Remus… su amigo. Su inocente Remus…
"¿Su?"
Al quinto día Sirius decide acercarse… ¡Joder, ha sido una tortura!
Si hasta le parece que escucha una de esas jodidas cancioncitas que escucha…
What the world needs now,
Is love, sweet love,
It's the only thing that there's just too little of.
No es posible seguir, así. Tiene que hacer algo, pero ya.
Con el rabo entre las piernas
Sacó el mapa del merodeador y de inmediato vio un solitario punto en la biblioteca.
No sabía si podría llegar fácilmente. No porque no conociera el camino, (sí, es cierto que no es su lugar favorito de Hogwarts, pero SÍ conoce el camino), sino que era dificultoso porque le costaba avanzar. "¡Disculpa!", tan sencillo decirlo para uno. Tan complejo al mirar otros ojos.
Esos ojos.
Lupin siempre le ha perdonado todas sus jugarretas, pero nunca lo había visto tan enojado.
Con él.
Entró a la biblioteca. Estaba vacía.
En un rincón, casi invisible, casi escondido estaba Remus. Escribiendo.
Le costaba dar los pasos. Eran sólo 10 pasos pero había una extraña fuerza que lo sujetaba al piso. Con sólo el ímpetu que Sirius Black puede tener, se acercó a Remus.
-Hey…
Remus levantó la vista del cuaderno, pero por lo demás hizo como si fuera el viento.
-Remus…- Insistió - Necesito hablarte…
-¿Qué quieres, Black?
Black… sonó como un insulto.
-Lunático, yo…
-¿Se te olvidó decir algo que quieras agregar?
Cada vez era más difícil. La lucha interna con su orgullo era a sangre. Pero también había algo más. En el estómago. Algo nuevo. Extraño. Desagradable. Como si quisiera hablar pero las palabras no llegaran.
Remus no apartaba la mirada de él. Era como si lo atravesara. Como un desafío. Una prueba. Sirius iba a replicar.
No, Sirius, si vas a dañar otra vez prefiero que te calles…
-Yo… nada. Sólo te traje esto.
En la mesa dejó un paquete cuadrado. Esperó que Sirius se marchara para abrirlo. Era un regalo. Un disco.
"Jann Arden", el disco donde sale la canción "You don´t know me"
Arrepentimiento II
Cálido.
Así se siente con aquellos gestos de decencia que a veces, muestra Sirius Black. Hasta algún grado de sensibilidad se le podría atorgar a ese ser que remueve tantas cosas en el alma y cuerpo de Remus Lupin.
Vino a hacer las paces… y el muy idiota en vez de escucharlo se pone a la defensiva. ¡Muy bien hecho Lupin! Muy estudioso, muy inteligente, muy prefecto, pero muy imbécil cuando se trata de Sirius Black…
Dejó que pasara la hora. No se sentía capaz de subir a los cuartos y enfrentarse a esa mirada. No. Mejor esperar que todos duerman.
Así, luego de un par de horas se fue a acostar.
Haciendo las paces
Era día viernes y los merodeadores tenían por costumbre celebrar el término de la semana en la casa de los gritos. Reír entre ellos, beber unas cervezas de mantequilla, ¡vivir entre otras cosas!… Y conversar de chicas…
- Remus, no sé qué hacer para que Lily se fije en mí…
- Deja de perseguirla como lo haces. Se supone que el perro soy yo, Cornamenta.
- No sé James, no soy una eminencia en las relaciones humanas- Dijo Remus.
- Y si… -Iba a decir Peter, pero Sirius lo interrumpe.
- No irías a darle un consejo tú Colagusano!!
Peter guarda silencio avergonzado. No sabe por qué Sirius lleva tantos días siendo tan imposible.
Una, dos, tres, cinco, diez cervezas de mantequilla por cada uno.
A esa hora de la noche están todos un poco ebrios. Incluso Remus Lupin.
- Debo madurar, es la única manera que Lily me tome en serio.
- O muéstrale tus encantos, Potter- dice un mareado y mal intencionado Sirius.
- O dile la verdad… Que te mueres por ella, que haz sido un grandísimo idiota y que te gustó mucho el disco que te dio…
Diablos...
¡¡Yo y mi bocaza!!
Salió todo junto. Un Remus en lamentables condiciones acababa de pedirle disculpas a Sirius. James no entendió lo que quiso decir pero asumió que era por la borrachera. Ni hablar de Peter que hacía horas que ya había sobrepasado su límite de alcohol. Sirius Black, guardó silencio un minuto y luego abrazó a un muy avergonzado Remus.
- Venga, Lunático… ¡Creí que me odiarías para siempre!
Yo nunca podría odiarte…
