¡Hola, mis pocas lectoras!

Traigo un pequeño trozo de lo ocurrido. Me imagino que querrán saber cómo estuvo esa cita, ¿no? Pues no esperen más, que acá está.

¡Que lo disfruten!

PD: Hay una escena explícita de flash.

---------------------------------------------o---------------------------------------------

Hogsmeade

Pasaron las semanas sin que nadie volviera a comentar la discusión en la sala común, pero a medida que se acercaba la salida a Hogsmeade, Sirius se ponía más irritable.

Odiaba estar así, no quería gastar bromas, comía poco, se acostaba temprano; hasta que la noche anterior a la salida, James le preguntó

- ¿Quién eres y qué hiciste con Canuto?

- No me fastidies, Cornamenta, no la quiero agarrar contigo.

- Pero ¿Qué te pasa?, Llevas días con un genio de mierda.

- Es Lupin, Hermano- farfulló.

- ¿Qué pasa con Lunático?

- Que le harán daño y el muy gilipollas no se da cuenta.

- Pues tenemos que dejarlo, Canuto. Además, dale una oportunidad a ese chico, todavía no salen y ya lo estás juzgando. Puede que tenga buenas intenciones, ¿Quién querría hacerle daño al bueno de Lupin?

- …

No sabía que responder. Sabía que James tenía razón.

- No puedes pretender que Remus se quede solo para siempre ¿o sí? El necesita a alguien a su lado.

"Me tiene a mí".

- Nos tiene a nosotros James, nosotros somos sus amigos, ¡¡Somos su familia!!

- Sabes que no me refiero a eso… Tú tienes a todo el colegio para ti. Yo pienso en Lily eso me hace mejor persona, pero Remus no tiene a nadie, nadie que le tome la mano, nadie que le haga cariño, nadie que le de un beso, nadie que lo haga sentir querido y especial… ¿No crees que tiene derecho a todo eso? ¿A ser… feliz?

- Sí… es verdad.

Aunque… no, no, no, no, no… James tiene razón… Tengo que dejarlo, pero, ¿por qué me da miedo perderlo?

- Al menos te das cuenta, Canuto. Ahora cambia la cara y apoya a tu amigo.

Después de comprar el regalo de la mamá de Peter nos vamos a "Las tres escobas" a tomar algo- Le animó James.

- Sí… ¡NO!

- ¿No?- Preguntó James desconcertado- ¿Por qué no? Me acabas de decir que sí.

- No, es que recordé que me cité con una chica de Slytherin- Mintió.

- ¿De Slytherin?- Dijo James incrédulo

- Sí… yo tampoco lo creo, pero ya me conoces Cornamenta, ¡Hago cualquier cosa por sexo!- "Idiota… años de práctica en el arte de la mentira y sales con tamaña estupidez…"

- Bueno… si tú lo dices, Compañero- Y se despidió para ir a acostarse.

El día de la salida a Hogsmeade, Sirius esperó a que todos se fueran con la excusa que vería a la chica después "Para que nadie viera el sacrilegio de juntarse un Gryffindor y una Slytherin a intercambiar fluidos corporales"

En cuanto quedó solo en la sala común, subió a los dormitorios y sacó la capa de invisibilidad de James y se dirigió al pasadizo para entrar por Honeydukes.

Y ahí estaban. Reían, conversaban, comían chocolates, o mejor dicho, Remus comía chocolate porque Adolfo se comía a Remus con la mirada. Y Sirius sentía ganas de sacarle los ojos para que nunca volviera a mirar a Remus así.

Él no se daba cuenta, pues nunca lo había sentido antes, pero estaba hirviendo en celos. No podía soportar que Remus DE VERAS, se estuviera divirtiendo con ese "maldito hijo de muggles, a ver cuán lindo y caballeroos eres cuando te saque la madre" Y Sirius se sorprendió por ese pensamiento. Era como si todo el odio de los Black se concentrara en ese chico.

No les despegaba la miraba ni un segundo, atento a todos sus movimientos. Casi podía oler las ganas de sexo que tenía ese Adolfo o como se llame, pero ¡Ay de él que le tocara un solo pelo rubio a Remus, porque en ese momento se sacaba la capa y lo mataba!

Los chicos salieron de la tienda con Sirius a sus espaldas y se dirigieron a las Tres Escobas. Ahí se encontraron con James y Peter.

- ¿Dónde está Sirius?- Preguntó Remus.

- Salió con una chica- Respondió Peter.

- Yo creí que no le faltaba ninguna… Bueno, me equivoqué. Otra vez.

- Bueno, sí, no le faltaba ninguna Gryffindor, Ravenclaw o Hufflepuff… Hoy salió con una Slytherin… - Recalcó James.

- ¿Una Slytherin?- No lo podía creer- El muy bastardo.

A Remus se le desconfiguró el rostro. Adolfo lo notó y le pidió que lo acompañara a otro sitio. Remus aceptó y se despidieron. Salieron de ahí, aún con Sirius siguiéndoles y comenzaron a caminar sin rumbo fijo. Sólo hablaban o mejor dicho, Adolfo hablaba porque Remus iba como una tumba, en silencio, hasta que Adolfo se detuvo.

Y Sirius supo lo que venía a continuación, ¡Como no, si él mismo ha empleado esa técnica antes! Lo veía todo casi en cámara lenta y cada milímetro que se acercaban

era como un balde de agua con hielo, tan fría que te corta la respiración hasta que te acostumbras y dejas de sentir, pero Sirius lejos de dejar de sentir el frío, cada vez sentía más abrasador el odio que sentía por ese tipo. No se explicaba cómo Lupin querría besarse con él… Yo soy más guapo… Y apuesto a que beso mucho mejor.

- Me gustas, Remus- Dijo Adolfo. Remus sonrió-

- Tú también eres muy guapo.

Pero lo que de verdad pensaba Lupin era que había una gran diferencia. Una cosa es gustar y otra muy distinta es querer. Y Remus sabía la diferencia. Podría palparla por lo bien que conocía esas diferencias.

- Pero por más que trato de obviarlo, no puedo- Siguió Adolfo- La verdad es que no soporto sentirme solo estando contigo…

- Pero estoy aquí- Se defendió Remus- Mira, tócame soy de…

VERDAD.

Pero no alcanzó a decirlo. Antes de poder hacerlo sintió una lengua que se enredaba con la suya. Una mano que se metía en su pelo y un gusto a chocolate y miel en su boca. Adolfo lo besaba y la sensación era agradable, pues se confundían las lenguas y los sabores, algo dulce y alcohólico al mismo tiempo. El chico sí que sabía cómo calentar a alguien, pero algo en Remus no podía corresponder esa intensidad. Y Adolfo también lo sabía, lo notaba. Cabía otra persona entre ambos, aunque no hubiese distancia entre sus cuerpos.

- A eso me refería - Dijo al separarse de Remus- He tratado toda la tarde de entrar a tu cabeza y hacerme un espacio en tu corazón, pero esos lugares ya están llenos de otra persona.

- Lo siento- dijo Remus.

De verdad lo sentía. No podía pensar en nadie más desde que hacía años atrás. Pues un perro rabioso le había comido el corazón.

La vuelta de Hogsmeade

Luego de ese desastre, Remus y Adolfo volvieron al castillo y quedaron como amigos. Remus se fue a la biblioteca a pensar, pues quería estar solo. Y buscar consuelo en sus buenos amigos los libros.

Al poco rato llegó a su lado un rabioso Sirius Black. Y encontró a un celoso Remus Lupin.

- ¿Ya volviste de tu cita fantástica?- Preguntó Sirius.

- Sí ¿Y cómo estuvo la tuya con Señorita Veneno?-Respondió Remus.

- Pues no tan bien como la tuya- Dijo con sarcasmo

- ¿Y tú cómo sabes qué hice con Adolfo?

- ¡¡Porque te seguí con la capa de invisibilidad de James!!

- ¿Qué tú hiciste qué?

- ¿Qué? ¿Quedaste sordo de amor o te haces el que no sabe?, ¡Te seguí Lupin!

- ¿Cómo te atreves a invadir así mi espacio? Eso no tiene nombre Sirius.

- Sí que tiene. Se llama PREO.CU.PA.CIÓN.

- ¿Y desde cuándo te preocupas por alguien que no seas tú mismo?

- Auch, eso dolió. Siempre me he preocupado por ti.

- ¡Vaya forma de demostrarlo!

- …

- Y bien, respóndeme, ¿Desde cuándo me sigues?

- ¡Desde que te vi con ese tipo!

- ¿Y a ti qué te importa si yo salgo con él?

- Es que puede ser ese o cualquier otro Remus, ¡No quiero que tengas citas con nadie!

- ¿Y eso por qué si se puede saber?

- ¡Por qué estoy celoso, Lupin, por eso! No soporto verte paseando con alguien que no sea yo.

Remus se quedó de piedra. Aún le sorprendía esa capacidad de Sirius para dejarlo helado y al mismo tiempo tan caliente. No podía creer lo que oía. No quería ilusionarse. Estaba pensando en eso cuando Sirius lo agarró de la corbata y lo besó. Remus desconcertado trató de pasar de él.

- Sirius, ¿qué haces?

- Te estoy marcando, para que nadie se atreva a tocarte. Lupin, no quiero que nadie te mire.

- No, para…

- A ese idiota lo dejas, ¿pero a mi me rechazas?

- No, no es eso…

- ¿Y qué es entonces?

- Sirius, estamos en la biblioteca, ¿Qué te pasa? Nos van a ver…

- No me importa…

Y era cierto, lo único que le importaba era besar a Remus y esa erección que estaba empezando a sentir.

Lo arrastró al rincón más oscuro y solitario de la biblioteca y lo acorraló contra la pared. Metió su mano izquierda en el pelo de Remus y lo siguió besando con violencia, pues era tanto el calor que sentía y la única manera de saldarlo era perdiéndose en la boca de su amigo, con su lengua, su olor. Sintiendo como despertaba al lobo y cómo Remus se dejaba llevar por ese calor.

Pasó sus labios y su lengua por el cuello de Lupin y escuchó un gemido ahogado. Esto lejos de hacerle comprender lo que estaba haciendo lo excitó aún más. Se sentía más duro y más caliente que nunca, aún más que en cualquier pasillo del colegio, con cualquier chica que haya tenido. Bajó su mano por la espalda de Remus y sintió como se estremecía. Le agarró el culo y sentía que la mano le ardía. Quería más que eso. Quería saber si Lupin estaba tan caliente como él. Le tocó por encima de los pantalones. Estaba dura y era grande. Pensó si dolería hacerlo por el culo.

Se escucharon voces cerca. Miró a Remus y le hizo callar.

- No pares- le suplicó Remus, estaba tan excitado que poco le importaba el pudor y la gente. "Qué diablos, estoy con Sirius, Black, lo más probable es que sea un sueño…"

Sirius le volvió a besar, esta vez despacio, mientras se frotaba contra Remus. Las voces se alejaban pero Sirius susurraba.

- No quiero que nadie te haga esto. Quiero que te masturbes pensando en mí…. Quiero que te corras. Aquí. Ahora. ¿Me escuchas Lupin?

- Sí…

- Quiero que sientas esto cada vez que pienses en mí.

Y metió la mano de Remus en sus pantalones. Estaba dura. Remus estaba al borde del orgasmo. No sabía cómo había aguantado tanto tiempo sin eyacular. Y ya comenzaba a sentir temblores en todo el cuerpo. Sabía que venía el orgasmo y sin embargo lo único que quería era frotarse contra Sirius.

-¿Entiendes Lunático? Quiero que no puedas dormir en las noches pensando en mi erección… Córrete, Remus.

-Si… Lo que digas. Lo que tú quieras, pero no pares, por favor… Por favornopares…

Se sentía un poco avergonzado y caliente al mismo tiempo. Sirius lo besaba con fuerza y movía sus caderas con suavidad volviéndole loco. Remus sentía su olor más cerca que nunca. Completamente embriagado en Sirius Black, sus movimientos de la mano perdida dentro de sus pantalones y su lengua caliente, hábil, exquisita, se ensueño. Y de repente… cálido. Y húmedo. Estertores hasta la punta de los pies. El orgasmo reverberaba aún en su cuerpo. Sentía que podía flotar y perderse cada vez que Sirius Black lo llamaba por su nombre.

Nunca había sido tan intenso… E interrumpido.

La bibliotecaria hablaba fuerte buscando rezagados. Era hora de cerrar.