Primero quiero agradecer a quienes han leído hasta acá... Por ustedes es que continúo publicando P

Ya saben sus reviews son el alimento de mi imaginación xD

¡Saludos!

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Feliz Navidad (Jo-jo-jo-dete) y un Feliz Vete al Infierno

Las fiestas familiares para Sirius Black, nunca han sido otra cosa que la oportunidad de pelear y sacar a la luz viejos odios familiares. Para continuar con la tradición, "Saquemos de sus casillas a Sirius", llegó a su casa a pasar los días libres, su querida prima Bellatrix.

Ok, para comprender lo que esto significa tendremos que hacer una breve descripción de la prima "Bella". Pues es una chica algo loca, un poco, (sólo un poco) sádica, guapa, (endiabladamente linda para ser exactos), de labios gruesos y rojos, grandes ojos verdes, una cintura formada a la perfección, pechos y caderas armónicas y largo pelo rizado, color negro azabache. Una Black con todas sus letras, con magia negra en las venas corriendo en vez de sangre. "El orgullo de la familia", en palabras de la Sra. Black.

Sigamos con la historia.

Sirius estaba semidesnudo en su cama cuando llegó la lechuza de Remus. Aún estaba algo resentido por esas escuetas líneas, pero estaba dispuesto a perdonarlo según lo que dijera su respuesta.

Recién comenzaba a leer de pie cuando escuchó un clic en su espalda. Su prima había abierto su puerta (sin autorización, por supuesto), con el viejo y conocido "Alohomora".

- Hola Primo- Saludó seductora.

- ¿Qué quieres y qué haces aquí?- Dijo a la ofensiva

- Pero primo- dijo acercándose a él- Esa no es forma de darle la bienvenida a un familiar- continúo sonriéndole con la maldad brillando en sus ojos verdes.

- ¿Y cómo quieres que te salude, Bellatrix?- Ladró Sirius

- Pues podrías ser un poco más cariñoso, primo- Respondió mirándole la boca.

Cada vez que le llamaba primo era un susurro caliente que vibraba en los oídos del chico. Odiaba eso.

Bellatrix se acercaba a Sirius como una gata en celo, sus movimientos eran lentos, perfecto, en una palabra la mujer era sexy. Si la chica no fuera tan "Black", Sirius podría caer en su juego y darse un poco de calor el uno al otro. Bellatrix se acercaba a él mojándose los labios y con la vista fija en los labios de su primo. Cuando estuvo a sólo un palmo de su cuerpo se acercó a su oído y le susurró.

- Cómo haz crecido, primo. Veo que el tiempo y la edad han hecho maravillas contigo- Dijo pasando un dedo por sus (perfectos) abdominales, bajando hasta el borde del vello de l pubis, pero Sirius la detuvo.

- No podrías decir lo mismo de ti, "Bella"- Dijo sujetando a su prima por la muñeca

- ¿En serio, primo?... Qué manos más fuertes –respondió moviendo su mano haciendo que la del chico le rozara los senos- ¿Seguro que no me encuentras atractiva?

- Sí lo eres prima, el problema es que nunca me ha gustado el veneno para ratas- Respondió en seco.

Bellatrix se alejó de él, era la primera vez que un hombre resistía a sus encantos y la rechazaba y eso la excitó.

- Primito… pero qué exigente…- Reparó en la carta- ¿Y eso? ¿Te lo envía tu novia?

- No es asunto tuyo

- Oh… Creo que toqué un punto sensible.

Y con extrema rapidez conjuró el pergamino y tuvo la carta en sus manos.

- Dame eso ¡Ahora!- Rugió Sirius

- Veamos quien es la novia del primo Sirius- El chica la interrumpió

- Ni siquiera te atrevas a leer eso

- Detenme entonces… Primo. ¿Qué te avergüenzas de tu noviecita?- Dijo con ironía.

- Entrégamelo ya, si no quieres arrepentirte- Dijo Sirius con la varita en la mano.

- No intentarás atacarme, ¿verdad?- Y leyó la firma- Pero primo… Qué deshonra. Si fuera una sangre sucia sería menos ofensivo, pero un Black… ¿Marica?- Dijo mordazmente y saboreando la última palabra- ¿Qué dirá tu madre cuando se entere, primo?

- ¡Accio carta!- Dijo Sirius recuperándola- Ni se te ocurra decirle algo- Dijo como en una amenaza.

- Tal vez se me olvide si haces algo por mí, primito- Le respondió acercándose y posando sus labios en el cuello de Sirius para morderlo.

- NUNCA- Y la empujó

- Pues te niegas a ser razonable- Y se encogió de hombros. Iba a salir pero antes de darse la vuelta, Sirius gritó.

- ¡Desmaius!

Bellatrix cayó al suelo y el chico se apresuró en armar una maleta con su ropa, las cartas de Remus y algunas cosas personales. Escuchó pasos acelerados que subían la escalera, seguro que gritó demasiado y ya se habían enterado de gran parte de la discusión. De pronto, su madre y su hermano estaban en el umbral de la puerta. La señora Black se agachó a ver a su sobrina y preguntó a su hijo.

- ¿Qué fue lo que hiciste?

- Nada que no se mereciera, Madre- Respondió sin dejar de guardar sus cosas.

Y dijo madre con toda la carga de amargura y odio que se puede teñir una palabra. La Sra. Black siguió.

- Eres una deshonra para esta familia, Sirius. Maldigo el día en que te concebí.

- Me avergüenzas- Repuso su hermano.

- Sí, soy una vergüenza, pero que me aborrezcan me hace sentir orgullo- Dijo con intención de salir, pero su hermano le bloqueó el paso.

- Siempre con esos traidores a la sangre, avergonzando a mamá, el único Black que ha ido a Gryffindor… - Iba a continuar pero Sirius lo interrumpió.

- Sí… Y también soy gay.

Su madre se desmayó y Sirius escuchó el golpe seco en el suelo.

Mira lo que hiciste… tú… sucio desviado- Sacó la varita y gritó

¡Desmaius!- Pero Sirius fue más rápido y lo esquivó.

¡Expelliarmus!- Gritó el chico y la varita de Regulus voló.

Sirius avanzó hacia su hermano y lo apuntó al cuello con su varita.

- No intentes atacarme, hermanito o te arrepentirás. Y ella también- Amenazó señalando a su madre.

- ¿No tienes respeto ni por ella?

- ¿Por esa zorra? Jamás- Dijo tomando su maleta y abandonando Grimmauld Place, para siempre, o al menos, eso creía él.

- ¡Algún día te arrepentirás de esto, Sirius…!

Fue lo último que escuchó esa noche.

Cena con los Potter

Sirius salió de su casa maldiciendo a los cuatro vientos. Sabía que era imposible pasar sus vacaciones tranquila mientras estuviera en esa casa, pero lo ocurrido había sido mucho peor de lo que imaginó que pudo ser. Estaba emputecido, ni siquiera había alcanzado a leer la carta de Remus y ya estaba enmohecida por el vil tacto de su prima.

Al primer lugar donde pensó ir fue a la casa de la abuela de Lupin, pero:

1.- No quiso preocupar a Remus y

2.- No quiso llegar de buenas a primeras a un lugar donde no había sido presentado y más encima

3.- Estaba la tentación de profanar la casa de una anciana inocente con su propio nieto.

Así que prefirió irse a la casa de James, donde sabía sería bien recibido, comería una exquisita cena de navidad, el maravilloso pastel de la Sra. Potter y sabía que cuando le explicara a Remus entendería toda la situación.

Llegó a casa de su compañero. Abrió la puerta el Sr. Potter. Al ver a Sirius y la maleta le hizo entrar.

- Pero hijo, ¿qué te pasó?- Preguntó alarmado el padre de James.

- Pues lo inevitable, Sr. Potter.

- Pasa, pasa, no te quedes en la puerta ¡Cariño!, ¡James! Pongan otro puesto en la mesa, tenemos un invitado- Gritó hacia la cocina.

La Sra. Potter salió de ella y al ver a Sirius con la maleta en la mano corrió a abrazarlo.

- Pero hijo por Dios, ¡James!, ¿Comiste algo, Querido? ¡James, ven a ayudar a tu amigo! Ven a la cocina cariño, ya nos contará qué fue lo que pasó.

James salió de la cocina comiendo un trozo de la debilidad de Sirius (No, no hablo de Remus) y le dijo tomando su maleta

- Así que al fin te largaste de ahí, ¿eh?

- Pss sí – Respondió el chico de mala gana.

- Venga compañero, luego me cuentas, mira que si no comes algo ahora mi madre pensarás que la desprecias- Dijo James cerrándole un ojo.

- Gracias, Cornamenta.

- ¡Naah! Para están los amigos ¿no? Ve a la cocina, yo te subo la maleta- Dijo James subiendo las escaleras y Sirius fue a comer algo.

En la cocina, Sirius relató lo ocurrido en Grimmauld Place, (claro que omitió ciertos detalles relacionados a su sexualidad), comió hasta que la Sra. Potter se convenció que ya no le cabía nada más, salvo que lo botara por las orejas. Luego de ello le dijo.

- Pobrecillo, debes estar exhausto con tantas preocupaciones- Dijo con cara de pena- Ve a acostarte Querido.

Los chicos se retiraron a la habitación de james y los padres del segundo se quedaron el cocina.

No entiendo cómo una madre puede tratar así a su hijo- Le dijo al Sr. Potter- Además es un chiquillo encantador.

En la habitación los chicos hablaban de lo que en realidad había ocurrido, es decir, con todos los detalles.

- ¡No puedo creer que te resististe a una chica guapa, Sirius!

- Sí, pero esa chica es mi prima y ¡El mismo demonio le tendría recelo y miedo!

- ¿Tú le tienes miedo?

- No, sólo asco.

- ¿Y ya le avisaste a Remus que estás aquí?

- No, aún no lo he hecho.

- ¿Y qué esperas?

- Mañana le mando una lechuza, ahora tengo demasiado sueño y no quiero preocuparlo.

- Como quieras, Canuto pero yo creo que deberías avisarle. Aunque sea un par de líneas.

- Te pareces a tu madre, Cornamenta.

- No. Mi padre jamás le pondría cuernos a mi madre.

Los dos chicos se miraron y comenzaron a reír.

- Sólo digo que se merece saber que está aquí, Sirius.

- Y lo sabrá, Jimbo, lo sabrá. Sólo que no hoy porque comí mucho y me muero de sueño.

Los chicos se acostaron, Sirius le dio la espalda a James y a los pocos minutos están profundamente dormidos.