Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! Son propiedad de la maestra Akira Amano.


Hace mucho, mucho tiempo, antes de que cualquiera de nosotros estuviéramos…

- ¿Incluso tú, mamá? – interrumpió el relato la voz de un pequeñín.

- Incluso yo, amor. – respondió con ligereza y paciencia la melodiosa y dulce voz de una dama – Ahora guarda silencio y déjame acabar de contarte la historia. – reprendio con ligereza la dama al infante.

- Está bien. – accedió el menor.

Como iba diciendo (retomo la dama el hilo de la historia), antes de que cualquiera de nosotros estuviera, estuvo la padre-madre.

La padre-madre creo los mundos como regalos para cada una de sus hijas. La mayor, Celestia, recibió el cielo y sus astros. A la de en medio, Gaia, se le concedió la tierra y sus elementos. Y la más joven, Océano, recibió las aguas y todo lo que en ellas se hallara.

Las tres hermanas durante mucho tiempo convivieron en paz, los mundos que se le dieron a cada una eran pacíficos y se ocupaban cada uno de sus asuntos, hasta que un día, Celestia le dio a océano y a Gaia obsequios por ser tan buenas hermanas. A Gaia le dio metales preciosos que venían del cielo, cosas que solo enriquecerían su tierra y que la harían más basta, a Océano le regalo un cofre de joyas tan únicas y brillantes como las estrellas en el cielo nocturno. Ambas jóvenes hermanas decidieron guardar sus obsequios dentro de su propio mundo, Gaia guardo los metales preciosos en la tierra y Océano guardo las joyas en las en las aguas, pero cuando las joyas tocaron el agua estas se transformaron. Las criaturas que nacieron de las joyas eran hermosas, tenían cabellos sedosos que se movían como las olas bajo el mar, ojos de colores que brillaban como estrellas, la parte superior de sus cuerpos era similar a la de las hermanas, un torso con suave piel, pecho plano, un rostro delicado y dos brazos que permitían una movilidad superior, pero estos apéndices estaban decorados por escamas que brillaban como joyas invaluables cuando la luz se reflejaba en ella. La parte de abajo, sin embargo, no podía ser más diferente, en lugar de un par de piernas las criaturas tenían una gran y fuerte cola que era decorada por una bella aleta, las criaturas eran aún más bellas que las joyas originales que Celestia regalo a Océano.

Una noche, mientras Océano descansaba, Gaia se acercó a las orillas del mundo de su hermana y llamo a las joyas para que salieran a bailar con ella, un grupo de las joyas, curiosas por lo que hubiera en el mundo de Gaia la siguieron fuera del mundo de Océano, las que se quedaron les suplicaron que no salieran, que su madre las reprendería, pero las joyas que siguieron a Gaia no escucharon. Gaia entonces se dio cuenta de que las joyas no podían avanzar en su mundo con las aletas con las que se movían en el mundo de su hermana, así que les concedió la habilidad de transformar sus aletas en piernas mientras estuvieran en su mundo, más las joyas se adentraron demasiado dentro del mundo del Gaia y se perdieron en sus tierras. Gaia también se olvidó por completo de su hermana mayor, Celestia, que también reinaba en los cielos nocturnos y que vio todo lo acontecido. El día siguiente Celestia llamo a Gaia a presentarse ante la padre-madre, cuando Gaia llego vio que Océano también estaba ahí y no se veía feliz.

- Tomaste mis joyas! Y las perdiste! – acuso enojada Océano a su hermana.

- No sabía que se perderían! Perdón! – suplico Gaia.

La padre-madre silencio a sus dos hijas menores y las miro con severidad.

- Es verdad, Gaia? Tomaste las joyas de tu hermana sin su permiso? – cuestiono la padre-madre a su hija de en medio.

- No pensé que fuera a acceder si se las pedía… no fue mi intensión que se perdieran. – dijo Gaia avergonzada.

- Lo que hiciste estuvo mal, Gaia. – hablo con severidad la padre-madre – Y por tanto castigada serás. Las joyas que en tu mundo pérdidas están jamás podrán volver dentro del mundo de Océano, y aquellas que lo intenten deberán andar con cuidado pues tu hermana podrá reclamarlas si así lo desea y eso significara la muerte de las joyas, la cual recaerá en ti, nunca olvides que es tu culpa. – Océano miro a su hermana triunfal – Pero también deben tener cuidado las que se quedaron en las aguas, pues al igual que las joyas que siguieron a tu hermana estas también pueden ser reclamadas por aquellas que se alejaron en el mundo de Gaia. – sentencio y advirtió la padre-madre a sus dos hijas – Esta también es una lección para ti, Océano, no es bueno ser egoísta. –

Desde ese día Océano guardo en lo más profundo de su mundo las joyas para que Gaia no volviera a tomarlas, y las joyas que se quedaron en mundo de Gaia jamás recuperaron sus aletas. Celestia se dedica a cuidar desde el cielo a las joyas perdidas en el mundo de Gaia y reporta todo al padre-madre que espera que un día sus hijas vuelvan a ser buenas amigas.

- Eso no es justo, mamá. – sentencio el infante molesto cuando su madre termino el relato.

Ahora podemos ver a la dama y al infante. Estamos muy abajo en lo profundo del océano, la luz del sol apenas y logra filtrarse a través de las capas y capas de agua que separan el fondo de la cima.

La dama es menuda, el torso bellamente esculpido y decorado por brillantes escamas de color rosa vibrante, el rostro, redondo y delicado, estaba decorado ligeramente en las cienes y mejillas por las mismas escamas, a cada lado de la cabeza sobresalían un par de pequeñas aletas que protegían los agujeros auditivos de la dama, los ojos eran grandes y bellamente enmarcados por largas y rizadas pestañas, completamente rosas, sin pisca de blanco a excepción del brillo que se reflejaba en ellos. La nariz era pequeña y adorable, la boca era pequeña y un par de llenos y rosados labios la decoraban, del torso hacia abajo una gran cola con una bella aleta al final, su cabello, de un castaño brillante con rayos en miel, se movía con las corrientes y flotabas en todas direcciones.

El infante no debía tener más de cinco años. Los loco cabello del mismo tono que su madre, este más corto y parecía una pequeña explosión en constante movimiento, el rostro redondo y con gordura infantil, la boca pequeña con labios llenos y rosados, los ojos grandes y brillantes de tono naranja-ámbar con reflejos de luz dorada, dos pequeñas aletas de tono naranja atardecer sobresalían a cada lado de su cabeza, su torso aún estaba limpio de escamas, su cola era considerablemente corta y la aleta al final de ella demasiado grande.

- ¿Qué quieres decir, amor? – cuestiono la madre a su hijo, curiosa de saber lo que pasaba por la filosa y despierta mente del infante.

- Concuerdo, lo que madre Gaia hizo estuvo mal, no debió tomar las cosas de madre Océano, pero si lo hubiese hecho, entonces ella y madre Océano hubieran pasado un gran rato juntas y las joyas no se hubieran perdido, además, nadie dice que madre Océano no le hubiera prestado las joyas si se las hubiera pedido. – razono el infante - Y madre Celestia! Por qué acuso a madre Gaia?! Se supone que es la mayor de las hermanas! Por qué no ayudo a su hermana menor a encontrar a las joyas y regresarlas en lugar de ir a acusarla con la gran madre-padre?! – La madre asintió en silencio ante el razonamiento de su hijo – Y madre-padre no debió castigar a las joyas, no es su culpa que madre Gaia las perdiera en su mundo. –

- Ciertamente, pero lamentablemente no ocurrió así. – comento la madre mientras tomaba a su hijo y lo acomodaba sobre su aleta – Pero yo creo que te equivocas en eso último, las joyas decidieron seguir a madre Gaia, las joyas decidieron alejarse de madre Gaia y adentrarse aún más en su mundo. Madre Gaia decidió tomar las joyas sin permiso, madre Gaia no cuido debidamente a las curiosas joyas, no tomo la responsabilidad de cuidarlas a pesar de que sabía que no le pertenecían. Madre Celestia hizo lo que creyó mejor para sus hermanas y evitar una confrontación entre ambas y que se lastimaran. – razono la madre con calma mientras jugaba con los cabellos de su hijo.

- Cuando lo pones así… - el niño hizo un puchero cuando el razonamiento de su madre se asentó en su mente.

- Las cosas no siempre salen con se quiere, estoy segura que madre Celestia y madre Océano jamás pensaron que madre Gaia tomaría las joyas sin permiso, del mismo modo que madre Gaia no pensó que las joyas se alejarían. – siguió hablando la medra mientras seguía jugando con los cabellos de su hijo.

- Qué triste. – dijo el infante decaído mientras abrazaba a su madre por la cintura.

- Lo sé. – concordó la madre mientras tomaba a su hijo y lo alzaba en brazos, acerco su rostro al de su hijo y dio un casto rose a los labios del niño con los de ella, un gesto que para las joyas del océano significaba "que la paz llegue a ti" y que solo se hace entre aquellos que consideras familia.

- Pero hay algo que no entiendo, mamá. – hablo el niño.

- ¿Qué perturba tu mente, amor? – cuestiono la madre.

- ¿Qué significa que también podemos ser reclamados por las joyas que se perdieron en el mundo de Gaia? – pregunto confundido el infante.

La madre guardo silencio por unos instantes y miro a su hijo no sabiendo que decirle.

- Te digo cuando seas más grande. – dijo la madre.

- Eeeh?! Pero yo quiero saber ahora! – se quejó el infante.

- No, nope, no. Hasta que seas mayor. – sentencio la madre mientras soltaba a su hijo y se adentraba a la cueva submarina donde ella y si hijo residían.

- Pero, mamáaah~! – chillo el niño mientras seguía a su madre dentro de la cueva.


~10 años después… ~

Un joven joya del océano, su cabello como olas castañas-doradas que se mecían al compás de las corrientes cálidas bajo el agua oceánica, a cada lado de la cabeza dos delicadas aletas color naranja atardecer protegían los agujeros auditivos, los ojos grandes y de un brillante naranja-ambarino con destellos de luz cuando esta se filtraba desde arriba del océano, la nariz delicada y ligeramente respingada en la punta, boca pequeña con rosados labios, complexión delgada pero firme, sus brazos eran delgados con una increíble fuerza escondida, entre sus finos dedos una delgada capa de piel color naranja transparentosa se escondía, de la cadera hacia abajo y formando una sensual curva una enorme cola con escamas naranjas, doradas y ambarinas se esparcían por toda la cola hasta la enorme y fuerte aleta color naranja atardecer en la punta, una aleta dorsal de color naranja atardecer nacía desde el comienzo de la espalda, disminuía cerca del nacimiento de la cola y volvía a crecer por toda la cola hasta casi llegar a la gran aleta al final, en la parte de enfrente de la cola también estaba una aleta que nacía desde la parte baja del vientre y hasta casi llegar a la cola, el centro de la espalda y parte de los hombros decorados por las mismas escamas doradas, naranjas y ambarinas que protegían a la cola. En la parte baja de la cola una cadena dorada con grandes cuencas de oro se mecía al compás de la cola, hipnotizando con su vaivén a las presas del joven.

El joven cargaba en su mano izquierda una red llena de peces y varias otras cosas, desde ostras y caracoles, hasta coral y anemonas, la cargaba con cuidado pues eran para su madre, que no podía salir a cazar debido a que desde hacía un tiempo enfermo. El castaño se fue sumergiendo más y más hasta que llego a un profundo agujero donde en sus hundidos riscos tenía una cantidad considerable de cuevas que varios miembros de la especie de este muchacho usaban como hogar, al igual que el castaño mismo. Se adentró en una de las cuevas que estaba más arriba en el costado izquierdo.

- Mamá! Ya vine! – llamo el muchacho mientras se adentraba aún más en la cueva.

- Estoy acá, Tsu-kun! – llamo la madre del castaño en el interior de la cueva.

El joven siguió la dirección por la que vino la voz de su madre y llego a otra pequeña cueva que tenía una pequeña entrada para la luz que lograba filtrarse a través del agua, la madre del castaño estaba sentada y mirando con añoranza hacia arriba, como queriendo ver más allá de la capa de agua que la mantenía protegida de los mundos de madre Gaia y de madre Celestia.

- Mamá, el sanador dijo que te quedaras recostada y descansaras. – recordó en un ligero reproche el castaño a su madre.

La dama era muy parecida a su hijo, el tono del cabello era el mismo, más la dama lo usaba corta hasta la barbilla y se movía como algas delgadas, bellas y doradas con el agua, los ojos eran grandes y de un tono rosado opaco, las escamas que decoraban su cuerpo estaban opacas, las alguna vez brillantes escamas estaban ásperas y sin brillo, en alguna parte de la cola había partes sin escamas, la piel, antes tersa y de un sano tono durazno, ahora estaba amarillenta y con grandes manchas blancas.

- Sabes que no se quedarme quieta, Tsu-kun. – respondió con ligereza la dama, una sonrisa que no llego a sus ojos decoro su rostro.

El joven vio cómo su madre luchaba incluso para sonreír y trago su propia preocupación con dificultad.

Vamos, Tsuna, sonríe para ella. Si ella intenta sonreír para ti lo menos que puedes hacer es intentar sonreír para ella.

Se dio coraje el castaño mientras con una sonrisa lo más sincera posible se acerba a ella y le daba un ligero y casto beso en los labios y luego le pasaba la red con alimento.

- Gracias, hijo. Siempre cuidas de mí. – dijo la dama mientras abría un poco la red, sacaba una ostra y le daba una gran mordida. La boca de la dama estaba llena de pequeños y puntiagudos triángulos que son tan duros como el diamante que partieron la concha de la ostra como si fuera una manzana.

- Encontré casi todas las cosas que el sanador dijo que te harían bien, apuesto que si te alimentas correctamente entonces…

La dama tomo la mano de su hijo en un ademan para detener su boca. El castaño alzo la vista en dirección de su madre y esta le miro con un brillo triste en los opacos ojos.

- Estarás bien. – aseguro el joven a su madre mientras acercaba sus frentes y untaba con cariño.

- Tú y yo sabemos que el sanador solo está alargando lo inevitable. – aseguro la dama.

- Eso no lo sabes. – peleo el joven.

- No, yo lo sé. – aseguro con severidad la dama.

El joven podía sentir la tristeza salir de sus ojos y mezclarse con el agua salada del mundo de madre Océano.

- Tengo algo que decirte. – comenzó la madre tomando el rostro de su hijo y obligándole a que la mirara - ¿Recuerdas cuando tenías cinco años y te conté la historia de nuestro nacimiento? –

- De cómo las madres hermanas arruinaron por completo su vida familiar? – comento sarcástico el castaño a su madre – Si, lo recuerdo. –

La madre del castaño sonrió divertida ante la ocurrencia de su hijo.

- Si, esa misma. – acepto con una sonrisa más autentica la dama - ¿Recuerdas esa pregunta que no te pude contestar en aquella ocasión? –

- ¿Lo de la reclamación? – cuestiono confundido el joven.

- Creo que es hora de responderla. – dijo la madre mientras se enderezaba y con un ligero empujón de su aleta y cola se desplazó hasta una especie de repisa formada en la roca de la cueva y tomo un pequeño cofre de madera con chapa de metal semi oxidada, con otro ligero empujón regresó al lado de su hijo y volvió a tomar asiento bajo el tragaluz de la cueva – No mucho antes de que nacieras yo misma fui a dar un vistazo al mundo de Gaia. – los de por si grandes ojos del castaño se abrieron aún más por la sorpresa de lo dicho por su madre – No me mires así, por favor. Era joven y tenía tanta curiosidad de saber cómo es el mundo que llamo a una parte de nuestros ancestros, quería ver si en verdad había valido la pena para ellos el castigo de no volver jamás a los brazos de madre Océano. – dijo la dama mientras abría con facilidad la semi oxidada chapa del pequeño cofre en sus manos y de su interior sacaba un colla de perlas con un extraño pendiente de metal brillante y dorado – Solo saque mi cabeza del agua y… oh, Tsu-kun, el mundo de Celestia estaba a plena vista cubriéndolo todo como un abrazo protector, la tierra es extraña y cuando la tocas absorbe el agua con hambre, las plantas son tan diferentes, los olores y los animales son aún más diversos que en nuestro mundo. – el castaño miraba a su madre feliz, desde que enfermo no la había visto tan contenta – Y también… conocí a tu padre. – esto último lo dijo calladamente, como si temiera, y miro a su hijo con culpa. El castaño perdió un poco de color – Estaba solo en un trozo de tierra en medio del mundo de madre Océano, estaba muy delgado y se veía hambriento, por mucho tiempo me dedique a observarle, cazaba su alimento de una manera bastante patética y muchas veces se alimentaba solamente de lo que las plantas le ofrecían, un día finalmente me decidí a ayudarle y bueno… estas aquí, creo que eso resume bastante la historia. – dijo divertida la dama mientras colocaba el collar alrededor del cuello de su hijo – Pero jamás se lo dije, cuando sus amigos llegaron a rescatarlo yo me fui y deje que él se fuera porque fui demasiado cobarde como para seguirle… Me queda poco tiempo, Tsunayoshi. – dijo solemne la dama a su único y amado hijo – Y si hay un último deseo que tengo es que tú padre te conozca, no me interesa que le digas que eres su hijo, solo quiero que por un instante le veas y que él te vea, es todo lo que deseo. –

- Vayamos ambos. – propuso Tsuna a su madre – Ponte mejor y vayamos ambos. – pidió con desespero el castaño mientras tomaba las manos de su madre.

La madre de Tsuna sonrió con tristeza, zafo una de sus manos y la uso para acariciar la mejilla de su hijo, Tsuna leyó exactamente lo que su madre quería decirle en sus ojos.

Ya no tengo tiempo.


La madre de Tsuna murió unos días después, ahora el castaño debía entregar el cuerpo de su madre de regreso a la madre Océano al dejarla hundirse en al vacío que lleva hasta el cofre de joyas de madre Océano, ahí el cuerpo de su madre volverá a ser una de las joyas que le regalo Celestia a su hermana menor, Océano volverá a ponerla en el agua y una nueva vida nacerá. Tsuna vio cómo su madre era engullida por la oscuridad del abismo marino hasta que no pudo ver nada pero la oscuridad de la incertidumbre.

Tsuna estaba flotando en medio de la nada y él estaba a unos cincuenta metros de distancia entre los límites del mundo de madre Océano, y los mundos de madre Celestia y madre Gaia. Las corrientes eran fuertes pero no lo suficiente como para arrastrarle, las aguas estaban oscuras y agitadas, signos de que madre Celestia en el exterior estaba molesta.

¿Cómo será el mundo de madre Celestia? Mamá dijo que es como un gran abrazo pero justo ahora parece que esta tan enojada que incluso perturba al mundo de madre Océano.

Se dijo nervioso el castaño mientras miraba hacia arriba, reflejos de destellos de luces fugaces y vivaces lograban filtrarse a través de los límites, Tsuna trago pesado y lentamente comenzó a nadar hacia arriba… en dirección de los límites.

¿En serio voy a hacer esto? ¡¿De verdad voy a hacerlo?!

Se cuestionó el castaño mientras se iba acercando cada vez más a los límites.

A través de los límites podía ver pequeños y constantes disturbios que chocaban contra los límites de los mundos, haciéndose uno con el mundo de Océano en cuanto le tocaban.

Tsuna estiro su mano en dirección de la frontera…

Tan cerca…

Y luego la retrajo mientras miraba con miedo el límite, dirigió su mirada de regreso al mundo de Océano, el mundo en el que había crecido, el mundo donde estaba seguro, el mundo que conocía…

Tsuna comenzó a nadar de regreso al mundo de Océano, entonces se detuvo, tomo una gran bocanada de agua y salió disparado hacia arriba, nadando lo más rápido que su cola y su aleta le permitían.

La frontera entre el mundo de Océano y el de sus hermanas fue rota de golpe, el castaño alzo el rostro, abrió los ojos y descubrió… caos… destrucción… y era tan hermoso.

Una increíble fuerza invisible hacia que su húmedo cabello se pegara a su cuello y se meciera de una manera muy diferente a como lo hacía cuando estaba dentro del mundo de Océano, la misma increíble fuerza invisible hacia que la frontera al mundo de océano se alzara y diera vueltas de manera violenta y cuando volvía a chocar contra la misma frontera se deshacían en un estruendo. Arriba de su cabeza el movimiento era tan fluido como dentro del mundo de Océano, un mar oscuro se esparcía y de él nacían luces erráticas que avanzaban en zigzag y que retumbaban como caracolas vacías contra la marea, solo que mil veces más fuerte. De aquel mismo mar oscuro sobre su cabeza caía agua en pequeñas cantidades, era fría y cortante y golpeaba con fuerza contra la piel y cabeza de Tsuna.

- Guau. – dijo en un suspiro ahogado el castaño, de sus ojos naciendo agua de la emoción y confundiéndose con el agua que venia del mundo de Celestia.

Un destello de luz estruendosa cayó sobre la frontera del mundo de Océano y Tsuna observo entre asustado y maravillado como muchos más destellos de luz se desplazaban sobre la frontera, iluminándola con tantos colores y nuevas luces que casi llegan hasta él.

Me pregunto, ¿Qué me pasaría si una de esas luces me da? ¿Me iluminare con muchos colores yo también?

Se cuestionó curioso el castaño mientras miraba las luces que danzaban en el mar negro en el mundo de Celestia.

Entonces Tsuna diviso una gran estructura sobre la frontera de Océano, parecía flotar con dificultas, la fuerza invisible le mecía con violencia, el agua que venia del mundo de Celestia le golpeaba sin perdón, entonces una de las luces le golpeo de lleno y Tsuna vio como algo caía de la estructura.

¿Qué es eso?

Se cuestionó curioso el castaño.

Entonces volvió a sumergirse en el mundo de Océano y haciendo uso de sus grandes ojos vio la sombra que se hundía y se adentraba aún más en el mundo de Océano.

Madre Océano lo reclama.

Se dijo el castaño mientras veía como lentamente se hundía lo que cayó al agua, pero algo en su interior se sintió diferente mientras veía que no dejaba de hundirse, como si alguien tomara su corazón y ligeramente le estrujara mientras al mismo tiempo le daba un masaje para nada agradable a su estómago.

- Maldito sea mi corazón de sardina. – mascullo Tsuna mientras comenzaba a nadar en dirección del ente que se hundía – Por favor no me castigues tan severamente, madre Océano. –

Tsuna nado con facilidad contra la corriente que arrastraba al ente que se hundía como roca, el castaño observo curioso al ente.

Era alto, de piel clara y cabello tan oscuro como el abismo, a cada lado de su rostro un par de curiosas patillas que ni aun bajo el agua dejaban de estar súper rizadas, facciones filosas y nariz recta, usaba capas de un material ligero que cubría la mayoría de su cuerpo.

Con que así es como se ven las joyas perdidas.

Razono Tsuna mientras tomaba al ente y lo comenzaba a llevar contra corriente de regreso fuera de la frontera.


Se suponía que iba a ser un oneshot, pero creo que eso ya no fue =_=U