Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! Pertenecen a la mano y mente maestras de Akira Amano.


- Muy bien, señores. – llamo una adorable, pero aun así de letal apariencia, dama. Tenía el cabello azul oscuro largo hasta el inicio de su espalda y cortado en disparejas capas que le daban un toque salvaje, sus filosos ojos de color café-rojizo son enmarcados por largas y tupidas pestañas, su boca pequeña con labios ligeramente resecos, su nariz ligeramente respingada, en su mejilla derecha la cicatriz de una quemadura resaltaba sus fieros ojos. Usaba un saco sin mangas de color rojo oscuro, de frente parecía un chaleco de cuello alto con ocho botones al frente, por detrás era largo hasta las pantorrillas, el pantalón se ajustaba perfecto a sus piernas y las botas de cuero oscuro llegaban poco más arriba de sus rodillas, de su cadera colgaban dos fundas de pistolas que estaban enfundadas y seguras, en su pierna derecha había una funda para cuchillos con cinco cuchillos recién afilados – Les tengo buenas y malas noticias, ¿Cuáles quieren oír primero? –

Cuestiono la dama a un grupo de cuatro caballeros, uno de una larga trenza, uno con un sombrero fedora, un rubio y un encapuchado.

- Primero las malas, Lal Mirch. – pidió un hombre de largo cabello negro amarrado en una delgada trenza que caía hasta el final de su espalda, sus ojos almendrados eran oscuros con un brillo cortes, usaba un saco largo hasta los tobillos y de cuello algo, la parte izquierda se sobreponía sobre la derecha y se aseguraba con cuatro botones en la parte superior y un cinturón que tenía una caída sensual en la cadera, las mangas eran anchas y cubrían las manos de su portador – Así cuando nos digas las buenas se compensaran. –

- Bueno… la maquina purificadora de agua que Verde diseño se volvió a averiar y no podemos repararla hasta que toquemos puerto y encontremos las partes para repararla, nos queda un solo barril de agua dulce para beber, y lo único que nos queda para comer en el barco es medio barril de manzanas y una hogaza de pan a medio comer. – informo Lal Mirch secamente mientras colocaba sus manos en sus caderas de manera cansada.

- ¿Y las buenas, kora? – pregunto el rubio, su cabello corto y alborotado se mantenía lejos de sus grandes y azules ojos porque usaba una bandana color verde militar con manchas café y verde claro, usaba un saco con capucha sin abotonar de color verde oscuro con detalles en café oscuro, una camisa de cuello alto de un blanco opaco y más acercado al beige debido al tiempo que tenía sin lavarla se veía bajo el saco, el pantalón era adornado por chaparreras de cuero café oscuro que se mantenían en su sitio gracias a las fundas de las pistolas que traía y las bolsas llenas de artilugios sostenidas en sus piernas, las botas de cuero oscuro estaban cuatro dedos por debajo de la rodilla y completaban el look del rubio, que por cierto, estaba sentado cerca de la borda del barco y sostenía una caña de pescar bastante tosca y rustica.

- Que por algún milagro aun no nos hemos matado los unos a los otros ni recurrido al canibalismo. – sentencio más segura de sí la dama mientras asentía con severidad.

- Aun. – señalo con seco humor el hombre del fedora. El ala del sombrero protegía su rostro de los rayos del sol, sus facciones filosas lo mismo que sus oscuros ojos de ónix, a cada lado de la cabeza de este sobresalían un par de curiosas patillas súper rizadas, usaba un saco oscuro y largo hasta la mitad de la pierna que al estar sin abotonar mostraba el chaleco negro con ocho botones, la camisa blanca, en mejores condiciones que las de su compañero rubio, de cuello alto y dejando los últimos botones sin abrochar para mostrar algo de escote y cuello, el pantalón de tela gris oscuro y unas botas de cuero oscuro por arriba de la rodilla, no había armas visibles pero es mejor no subestimarle. El también estaba sentado cerca de la borda del barco, a medio metro de distancia del rubio, también cargaba en sus manos una caña de pescar de aspecto tosco y rustico.

- Oí eso, Reborn. – apunto Lal Mirch acusadora en dirección del hombre con fedora.

El del fedora solo atino a sacar su lengua de manera juguetona antes de regresar su atención a su pesca.

- ¿De todas formas, de quién fue idea de venir a esta parte del océano? – cuestiono el rubio molesto.

- Luce. –

- Luce. –

- Luce. –

- Luce. –

Respondieron al mismo tiempo el encapuchado, el de la trenza, la dama y el del fedora.

- Oh, cierto. – asintió el rubio antes de volver su atención a su pesca.

- No comprendo. – hablo el de la trenza antes de tomar asiento contra el barandal que lo separaba de un frio chapuzón al mar – Usualmente, cuando nos manda en este tipo de misiones siempre encontramos lo que nos pide de inmediato. –

- Bueno, esta vez dijo que no sabía exactamente qué es lo que debíamos encontrar ¿recuerdas? Solo dijo que debíamos venir a este lado del océano y encontraríamos algo realmente valioso, un tesoro que cambiaría nuestras vidas y blah, blah, blah. – dijo el del fedora mientras hacía ademanes circulares con su mano izquierda, la derecha aun firme en la rudimentaria caña de pesca.

- Es raro que las visiones de Luce no sean claras cuando se trata de cazar tesoros, por lo general sabe exactamente lo que estamos buscando. – comento el encapuchado. Debido a su complexión y musculatura se notaba que era el más joven de los presentes, además de que también es el más pequeño en estatura, su capucha estaba unida a una especie de capa que cubría sus hombros, pecho y espalda hasta la altura de las piernas, solo la mitad de su rostro era mostrado y en cada una de sus mejillas el dibujo de un triángulo con una punta hacia abajo, las botas de cuero oscuro cubrían el pantalón negro que usaba, tampoco había signo de armas visibles.

- Tú sabes que eso fue antes de Aria. – respondió el del fedora – Después de que se convirtió en madre sus habilidades decrecieron. –

- Mejor dejemos de hablar de cosas que ya no importan y concentrémonos en lo que tenemos entre manos justo ahora. – corto Lal Mirch – Mammon. – llamo al de la capucha – Usa esos mocos tuyos y ve si encuentras algo sobre nuestra localización o sobre el clima de nuestra ruta. Fon. – llamo el de la trenza – Ve y divide las raciones de agua y manzanas, intenta que duren al menos otra semana. Colonello, Reborn. – llamo al rubio y al del fedora respectivamente - ¿Dónde carajos esta Skull? –

Los susodichos miraron primero a Lal Mirch, luego se miraron entre ellos y finalmente miraron en dirección de lo que estaba usando como cebo para su pesca, Lal Mirch alzo una ceja intrigada y se acercó a la borda para mirar el cebo también. Ahí, retorciéndose como gusano, amarrado de cuello a tobillos y amordazado con una manzana estaba un joven de alocado cabello purpura, el color morado de sus ojos era vivas y fresco, como uvas recién cosechadas, sus ojos estaban finamente delineados por maquillaje purpura lo mismo que sus finos labios.

- ¿Qué chingados creen que hacen? – cuestiono Lal Mirch a Colonello y Reborn, la dama al borde de su paciencia.

- Tú dijiste que pescáramos algo para comer. – se defendió Colonello.

- Y esta es la única manera en la que Skull podía cooperar. – señalo Reborn como si fuera lo más obvio del mundo.

- ¿Cómo es que para pensar estupideces ustedes dos si pueden ponerse de acuerdo? – mascullo molesta y arrastrando las palabras Lal Mirch mientras se masajeaba las sienes.

- Lal Mirch. – llamo Mammon interrumpiendo su momento de incredulidad ante la actitud del rubio y el del fedora.

- ¿Qué? – cuestiono Lal poniendo su atención en Mammon.

- Debemos recoger las velas ahora mismo o será demasiado tarde. – advirtió el encapuchado.

- ¡¿Una tormenta, justo ahora?! – exclamó Lal entendiendo la advertencia de su camarada, años compartiendo el mismo espacio que Mammon hicieron que Lal jamás dudara de las habilidades del que usaba la capucha.

- Yo no hago el clima, solo lo predigo. – explico el encapuchado – Y por la predicción te cobrare un quinto de tu parte del próximo botín. – declaro Mammon.

- ¡Ya escucharon al pequeño usurero*! ¡Reborn, Colonello, suban a Skull y recojan las velas! – instruyo Lal Mirch mientras avanzaba como furia al interior del barco – ¡Mammon! ¡Ven acá y ayúdame a asegurar algunas cosas! –

- Por eso será otra quinta parte de lo que te toque del próximo…

- ¡Cierra la puta boca y ven acá a menos que quieras que tus artilugios esotéricos sean la primera baja que nos de la tormenta! – interrumpió Lal desde adentro del barco.

- Está bien. – acepto Mammon mientras seguía a Lal dentro del barco.

En un abrir y cerrar de ojos en cielo se ennegreció y la tormenta golpeo con todo lo que tenía.

Las gotas de lluvia eran gruesas y pesadas, caían frías y filosas como pequeñas dagas clavándose contra el casco del barco conocido como "L´arca del arcobaleno", un navío militar cuya tripulación son los más temidos mercenarios marinos de los cuales nadie haya escuchado o visto, "Los Arcobaleno".

Al comienzo de su historia estos mercenarios no fueron más que un montón de novatos caza-tesoros que prontamente se hicieron de una reputación respaldada por caos, muerte y destrucción, son los más buscados por la alianza de protección y justicia de los siete reinos y encabezan la lista de "La tripulación con la que definitivamente no te quieres cruzar si estás perdido en el océano".

Los tripulantes son…

La mujer que ocupa el primer lugar en "La mujer más peligrosa de la alianza de los siete reinos", Lal Mirch (La susodicha ahora se encuentra amarrando unos cañones para que no estén dando vuelcos por todo el piso con el intenso vaivén de las olas y el viento).

El rubio ojiazul llamado Colonello, un chico conocido como "El mejor francotirador de la alianza de los siete reinos" (que justo ahora está apretando el amarre de la vela mayor mientras la fría agua y el intenso viento intentan hacerlo caer).

"El hombre más inteligente de la alianza de los siete reinos", Verde (Un tipo de explosivo cabello verde, ojos con brillo aburrido enmarcados por un par de redondos anteojos, usa un pantalón beige con botas de cuero café, una camisa blanca manchada con tinta en las mangas, el chaleco de color verde oscuro con líneas blancas verticales, sobre eso usaba una gabardina blanca cuyas mangas también tenían manchas de tinta. El científico estaba intentado asegurar sus tubos de ensayo, vasos de precipitado, muestras y mecheros de bunsen).

"El hombre que es odiado por el mismísimo ángel de la muerte, el osado temerario" Skull (Que justo ahora esta enredado con las cuerdas para asegurar una de las velas pequeñas al frente del barco).

"El psíquico más poderoso de la alianza de los siete reinos", Viper, ahora conocido como Mammon (el cual ahora está intentando que sus inciensos y cristales no se destrocen cuando una ola choca contra el barco y hace que sus cosas rueden y caigan de los estantes).

"El peleador y maestro de artes marciales más poderoso de alianza de los siete reinos", Fon (que junto con Lal Mirch está intentado mantener los cañones en su sitio para amarrarlos y evitar que choquen entre sí).

Y el último, pero no por eso menos importante, "el mejor y más letal asesino de la alianza de los siete reinos", Reborn (que justo ahora está junto con Colonello para asegurar la vela mayor).

Anteriormente había un tripulante más, un individuo que fungía como líder, pero nunca se supo el nombre y el rostro del individuo en cuestión, un día ese número extra en la tripulación desapareció. Lo que la alianza de protección y justicia no sabe es que aquel individuo aún sigue en contacto con "Los Arcobaleno" y que de hecho es este individuo quien les guía hacia sus trabajos desde la seguridad del anonimato.

- ¡¿Ya están aseguradas las velas?! – intento rugir Lal Mirch sobre el estruendo de los truenos y el viento, el intento fue casi en vano de no ser porque Colonello tiene la extraña habilidad de escuchar la voz de Lal a cualquier distancia (solo la de Lal Mirch).

- ¡Ya casi! – grito de regreso Colonello, su voz apenas un pitido entendible cuando llego a los oídos de Lal Mirch.

El viento aulló y empujo contra el casco del barco haciendo que se inclinara levemente, un estruendo retumbo en el cielo, lo siguiente que vieron fue un haz de luz intensa, un ensordecedor rugido y de repente Reborn caía en cámara lenta al embravecido océano inconsciente por el impacto del rayo contra el barco.

El impacto del rayo no causo fuego debido a la intensa lluvia, pero una marca chamuscada en el mástil y una creciente rajadura partió en mástil hasta que colapso, Colonello salto del mástil en el momento en el que vio caer a Reborn, Skull se salvó porque Lal Mirch fue rápida en desatorarle.

- ¡Hombre al agua! – rugió Colonello.

- ¡Reborn-sempai! – chillo Skull.

- ¡Mierda! – ladro Lal Mirch.


Lo último de lo que Reborn fue consiente fue una intensa luz blanca y la sensación de mil millones de agujas calientes clavándose en su piel hasta las entrañas, luego de eso nada, solo oscuridad y frio.

El inconsciente cuerpo del mercenario caía lentamente en las frías aguas del oscuro océano, su fedora perdido en el momento en el que cayó en las salvajes aguas, la corriente lo arrastraba hacia abajo con seguridad y sus pulmones lentamente se estaban llenando de agua sin que este se diera cuenta… madre Océano reclamaba a una de sus joyas perdidas.

O quizás no.

Una figura misteriosa sujeto a Reborn por el cuello de su camisa y comenzó a llevarle de regreso a la superficie.


¡No puedo creer que estoy haciendo esto!

Se reclamó mentalmente Tsuna mientras jalaba hacia arriba a una inconsciente joya perdida que había caído al agua.

El castaño volvió a romper la frontera entre los mundos de Océano y Celestia, con algo más de fuerza logro sacar la parte superior de su carga, mantenerse a ambos a flote no implicaba problema para el castaño.

La ira de madre Celestia seguía chocando contra la frontera, la fuerza invisible que mecía con fría furia el cabello húmedo de Tsuna seguía empujando, el oscuro mar sobre la cabeza de Tsuna se mecía con la invisible fuerza de manera más fluida que el mar del que el provenía, el rugido de una bestia oculta detrás del oscuro mar sobre la cabeza del castaño retumbaba justo antes de que los ases de luz golpearan la frontera y esparcieran las mil y un luces sobre la frontera, el agua fría que caía desde del mundo de Celestia ahora era más pesada y fría y dura.

Debo encontrar un lugar más tranquilo, no sobrevivirá si no encuentro un lugar más tranquilo.

Razono Tsuna mientras apretaba ligeramente su agarre en su carga y comenzaba a nadar por sobre la frontera en busca de una luz menos hostil que la que descendía del ennegrecido mar en el mundo de madre Celestia. El castaño no supo cuán lejos tuvo que nadar ni cuánto tiempo nado contra la indomable corriente marina bajo la frontera ni la fría fuerza invisible que lo empujaba sin piedad sobre la frontera, jamás soltando su carga, jamás menguando su avance. Finalmente, después de horas de nadar y de leguas marinas** recorridas, las madres se apiadaron del castaño y su carga y mostraron a Tsuna algo que él no había visto directamente desde el día de su nacimiento.

El castaño se detuvo a media legua marítima de distancia, el mundo de Celestia se había calmado considerablemente y ahora tenía un color gris claro, el agua fría y dura que provenía del mundo de madre Celestia había cesado, el rugido y los ases de luz también se detuvieron, la invisible fuerza ahora era ligera y más parecida a una delicada y bienvenida caricia. A lo lejos el gris se desvanecía, un color alegre y cálido reinaba esa imagen, Tsuna retomo su camino con lento y cansado nadar hasta que llego a la luz, el mundo gris sobre su cabeza se desvaneció y un mundo aún más azul que del cual provenía se extendió sobre su ser, era claro y cálido y se sentía como si te sonriera y te abrazara. La luz se sentía tan diferente a como se sentía bajo la frontera, era caliente y dejaba una agradable sensación, como si ligeras cosquillas viajaran a través de tu cuerpo recordándote que estas vivo, la fuerza invisible era fresca y mantenía a raya el calor de la luz. Tsuna entonces miro hacia arriba y diviso el punto en específico del cual provenía la luz, debajo del agua era difícil de divisar, pero sobre la frontera era tan fácil encontrarlo, tan pequeño y tan, tan, tan brillante, cálido y precioso.

"Madre Celestia tiene un ojo dorado y un ojo plateado…"

Recordó el castaño lo que alguna vez le relato su madre.

"… con su ojo dorado ilumina el día, entregando vida y luz a los tres mundos, con su ojo plateado vigila la noche y se asegura de recordarnos que aun en la oscuridad la luz aparecerá. Nosotros aquí en el mundo de madre Océano no podemos distinguirlos ni admirarlos debidamente, pero las leyendas dicen que son más bellos y brillantes tesoros que la padre-madre creo."

- Oh, por toda la creación. – susurro Tsuna mientras miraba embelesado el incandescente punto dorado sobre su cabeza, su mano derecha cubriendo un poco los rayos que amenazaban a sus brillantes ojos de atardecer, la anaranjada membrana entre sus dedos daba una transparentosa sombra anaranjada sobre el rostro del castaño que desvió la mirada del mundo de madre Celestia cuando la luz que emanaba del ojo dorado fue demasiada para sus desacostumbrados ojos al exterior de la frontera, fue entonces que Tsuna diviso a lo lejos un extraño bulto sobre la frontera. Al principio era un pequeño punto de color oscuro, pero mientras más se acercaba podía notar que poco a poco las aguas comenzaban a ser menos profundas y más cálidas, el profundo, oscuro y misterioso azul del mundo de madre Océano convirtiéndose lentamente en un cálido aquamarina, el punto se convirtió en una considerable masa de arena que brillaba ligeramente bajo la atenta mirada de madre Celestia, rocas de color oscuro cerca de la orilla fungía como corta corriente y rompe olas, los cual facilito la entrada de Tsuna a la playa de la isla sin lastimar a su aun inconsciente y algo pesada carga – Así que esto es una "isla". – reconoció el castaño uno de los tantos conceptos que su madre le explico antes de ser reclamada.

Tsuna dejo su carga a la orilla de la playa, las diminutas olas que chocaban contra la arena apenas perceptibles en sonido y fuerza, las palmeras y demás arboles tropicales que se extendían un poco más adentro se mecían con lentitud y gracia, el vaivén de sus hojas dando un relajante sonido que Tsuna encontró tan nuevo como fascinante.

- Ah! No es momento para quedarme boquiabierto con lo que hay fuera de la frontera del mundo de Océano! – se reprendio el castaño al recordar al ser que había salvado de la ira de las hermanas, redirigiendo su atención a su carga.

Aunque, ahora que lo pienso ¿Cómo voy a despertarle? Se cuestionó internamente el castaño mientras comenzaba a jugar con el collar que su madre le dio, aquel que lo conectaba con su padre. Es más ¿Quiero despertarle? Ya lo salve de la ira de las hermanas ¿No es eso suficiente buena acción? Se cuestionó nuevamente el castaño en sus adentros mientras seguía jugando con el collar. Un segundo… le salve de la ira de las hermanas! Eso quiere decir que me debe un favor, un favor que me tiene que pagar… Tsuna le dedico una mirada contemplativa al collar que le conectaba con su padre, de repente su mirada de atardecer de lleno de decisión, su ceño frunciéndose ligeramente, sus manos apretando firmemente el collar.

- Muy bien, a despertarle. - se dijo el castaño con convicción mientras volvía a acercarse al inconsciente cuerpo recostado a la orilla de la frontera.

Primero coloco su agujero auditivo derecho sobre el pecho del inconsciente, un ligero tamborileo, lento pero constante resonaba en la parte izquierda del cuerpo de su carga, otro sonido se hizo presente más al centro, algo le dijo a Tsuna que ese segundo sonido era el problema, así que el castaño se alejó su rostro u se dio media vuelta, alzo su cola sobre el punto donde escucho el sospechoso sonido y con fuerza la bajo para dar un golpe certero.


Reborn abrió sus ojos de golpe y se giró sobre su costado inmediatamente después del golpe que hizo que toda el agua que había ingerido cuando cayó al embravecido mar, más algunos remanentes de sus últimas comidas, saliera de su cuerpo como balas de un revolver, una serie de tosidos fuertes y seguidos fue lo que siguió por un corto lapso de tiempo antes de que Reborn recuperara un poco la compostura y se diera cuenta de que…

- Estoy vivo… en una isla extraña pero vivo. – se dijo incrédulo el de ojos de ónix – Pero entonces ¿Quién chingados me golpeo? – se cuestionó mientras se sobaba el punto adolorido de su cuerpo.


En cuanto Tsuna noto el cuerpo inconsciente volver a la vida y comenzar a expulsar de una manera bastante aparatosa la sustancia que tenía estancada en el cuerpo, el castaño entro en pánico y volvió a saltar dentro del agua, nado lo más rápido que pudo y se escondió detrás de una de las tantas rocas cerca de la orilla, lo suficientemente lejos como para no ser descubierto a simple vista pero lo suficientemente cerca como para escuchar la voz de la ahora consiente ex carga.

Escucho el sonido que sale por su boca… ¡pero no tengo ni idea de lo que dice! Exclamo el castaño exasperado en sus adentros mientras se jalaba sus cabellos y se golpeaba la frente contra la misma roca que le escondía.


Usurero, refiriéndonos a alguien que comete USURA*~ Entendida actualmente como el cobro de intereses en un préstamo.

Legua marina**~ 5,555 km.