Amor Celeste
¡Hola! Por varios años he leído los maravillosos fanfics que la gente sube en este sitio. Siempre he admirado a quienes los escriben, así que pensé probar suerte en este mundo y he decidido empezar mi primera historia, de momento solo llevo el prólogo y como es lo primero que escribo sé que probable me pueda mejorar, sin embargo no lo sabré hasta no escuchar críticas. De antemano aviso, esta historia será Shonen-ai/Yaoi, así que a quien no le guste o tenga algún problema con ello, le pido respetuosamente no lea este fanfics y mucho menos que se preste para insultar. Espero que alguien lo lea y me digan a través de los comentarios que les parece, en que puedo mejorar e incluso alguna idea de que les gustaría que pasara en la historia. Más o menos ya la tengo planeada pero no creo que me haga daño escuchar sus ideas, que si veo que pueden quedar bien en la historia, yo gustosamente las puedo tomar en cuenta. Sin más dilación, les dejo el prólogo (los otros capítulos serán más largos):
Prólogo: Un nuevo mundo
Había pasado ya un año desde que sellé al Heraldo de la Muerte en la Espada Maestra, consecuentemente, al fin había podido salvar a Zelda y la paz reinaba en el mundo. Las Tierras Inferiores ya no eran solo un mito, sino que se había convertido en una realidad para las personas de Neburia. Los neburianos habían depositado todas sus esperanzas en lo que el futuro les deparara en este nuevo lugar.
Algunos de los habitantes del cielo ya se habían trasladado a la superficie; estaban más que ansiosos por descubrir este nuevo mundo que les abrió sus puertas. Las razas de las Tierras Inferiores se sorprendieron mucho al ver como uso extraños seres bajaron de los cielos montando pájaros gigantes, a pesar de que ya nos habían visto a mí y a Zelda, no se esperaban ver más seres como nosotros ni mucho menos que descendieran del cielo, sin embargo al poco tiempo, estas razas les extendieron sus manos y entablaron amistad con ellos. Entre esas personas de los cielos, quien más estaba emocionada era Zelda. Junto con ayuda de los Goron y los Kyus, los neburianos construyeron un pequeño pueblo en el Bosque de Farone, llamado Faronia. Claro, sin que ello perjudicara la vida de los habitantes del bosque. Y por decisión unánime, Zelda había sido elegida como gobernante de la villa. Su padre Gaepora, insistió mucho en vivir en Faronia con ella, pero Zelda dijo que dado que aún había gente viviendo en Neburia, lo mejor era que él continuara viviendo en el cielo y velar por ellos. Aun deseando vivir con ella, él sabía que su hija tenía razón y que su responsabilidad estaba allá arriba. No era un problema en realidad, ya que ahora sin el muro de nubes, estar viajando entre Neburia y la superficie no suponía el menor inconveniente, así que podrían visitarse casi que en cualquier momento.
¿Y yo? Por un lado, yo había vivido toda mi vida en Neburia hasta hace casi dos años cuando me embarque en mi aventura, y por el otro, si bien es cierto que viaje por las Tierras Inferiores, aun me quedaba mucho por aprender de ellas. Al final, decidí continuar viviendo en mi tierra natal. De verdad que Zelda esperaba que yo también viviera en Faronia, incluso Gaepora se sorprendió al saber que no lo haría, sin embargo, sentí que donde de verdad quería estar era en este hermoso cielo por el cual siempre me había gustado surcar a lomos de mi neburí. Ambos lo entendieron, en parte Gaepora estaba feliz porque confiaba en mí para ver por el resto de los habitantes, y aunque Zelda estaba un poco decepcionada, ella sabía que nos podríamos ver cuando quisiéramos así que me dio sus mejores deseos para mi vida en el cielo. Siempre la he considerado mi mejor amiga, casi mi hermana, y yo estaba feliz de que la distancia no rompería nuestro lazo. Lo que no me imaginaba en ese momento, era que mi lazo con alguien más se iba a volver el más fuerte que jamás hubiera sentido con otra persona.
