Capitulo 3

-Bulma…

Rayos, había pensado en invitarla a algún lado a comer o algo así como lo observo hacer a varias parejas terrícolas, era un hecho que la humana se sorprendería tanto que olvidaría lo que él dijo, pero de repente recordó que no contaba con dinero terrícola, que humillante, cuan bajo estaba cayendo se sentía asqueado por sus reflexiones. Debía pensar en algo antes de que la terrícola comenzara a hacer preguntas acerca de su inesperada confidencia. Entonces un recuerdo fugaz lo hizo sonreír. Ese sería el distractor perfecto.

La científica se sintió repentinamente envuelta en una brisa, todo se nubló a su alrededor, sus ojos no podían ver absolutamente nada. Podía sentir un fuerte viento, unos brazos firmes alrededor de su cintura, sabía perfectamente a quien pertenecían esos musculosos brazos. Aparentemente estaban parados en algún sitio pero los pies descalzos de ella no palpaban superficie alguna, lo único que podía percibir era el cuerpo de Vegeta atrás suyo.

-¿Cómo te sientes? –Susurró el guerrero

-Desorientada ¿Dónde estamos? –Se sintió tan bien al distinguir el aliento del príncipe en su nuca.

-Mira hacia abajo

Bulma bajó la mirada, ahí si percibía iluminación, luego lo distinguió todo perfectamente, como no hacerlo ¡era la Capital del Oeste! Conocía muy bien la vista aérea por que normalmente se movilizaba en aviones. La altura era tal que sus pulmones comenzaban a sentir los efectos del violento cambio de presión atmosférica, pero por algún motivo no sentía frío, se supone que a la altura en que se encontraban y con sus ropas veraniegas debía estar agonizando de frío.

-No lo entiendo -Dijo para sí misma la científica.

-Parece que ya lo olvidaste.

Otra vez esa voz y ese aliento tan cerca que le hacían recordar sus momentos dorados cuando eran solo dos cuerpos jugando a amar. Pero de que estaba hablando, al parecer si olvido algo, y aún no se explicaba por qué no sentía ningún descenso súbito de temperatura.

-¿Por qué no siento frío? ¿Qué fue lo que olvide? Explícate de una vez maldito -Quiso gritar pero la falta de oxigeno no se lo permitió, al contrario su voz sonó ahogada.

Esto no pasó desapercibido por Vegeta.

-Como se perfectamente que ustedes los humanos son unos insectos debiluchos que no soportan nada, resolví usar mi energía para que no sientas las bajas temperaturas de estas alturas, pero no puedo hacer nada por el oxigeno que al parecer está afectando tus limitadas facultades intelectuales.

-Idiota yo soy la Gran Bulma, la mujer más inteligente del planeta y tal vez del universo.

-Nunca conociste a científicos de otros planetas, no tienes fundamentos para hacer semejante afirmación.

-Eso no es cierto.

Ahora que lo pensaba nunca habló con Vegeta acerca de su hermana ni de la patrulla galáctica, es que pocas veces tuvieron una conversación real, lo de ellos era solo fuego y pasión. Entonces supo a que se refería Vegeta y por que la trajo a este lugar.

-No lo puedo creer -Su voz no podía esconder la emoción que sentía.

Vegeta solo dio un suave gruñido.

-Un día yo te pregunte que se sentía volar, tú me dijiste que no era la gran cosa, entonces yo te pedí que me permitieras volar en tus brazos.

En ese entonces él no respondió a su pedido. Esto era increíble Vegeta estaba haciendo esto por ella, lo estaba haciendo solo para complacerla. El amor que soñó cuando partió en busca de las esferas del dragón era real ahí estaba, Vegeta la amaba a su manera pero la amaba de eso estaba segura.

Tal y como lo imagino dejó a la terrícola tan sorprendida que olvido por completo su revelación anterior. El príncipe se complació en sí mismo.

Bulma cerró los ojos y disfrutó del momento. Se sentía increíble. Este era uno de los mejores momentos de su vida. Eran contados con los dedos de una mano los instantes que Vegeta tenía gestos de amor hacia ella, gestos que para cualquiera que no supiera de la naturaleza del ex mercenario parecerían triviales.

-Vamos a un lugar más íntimo -Bisbiseo la peli azul.

Vegeta tomo las piernas de Bulma con uno de sus brazos y con el otro brazo seguía sosteniendo su cintura. Ella paso sus brazos alrededor del cuello del guerrero y le dio un espontaneo beso en los labios, él no correspondió, rara vez lo hacía pero al menos no le volteo la cara para evitarlo como había hecho tantas veces.

Otra vez se sintió envuelta en una brisa, unos minutos después ya no había oscuridad, ahora se encontraban en una región donde ya había amanecido, la velocidad de Vegeta era asombrosa, no sabía exactamente donde estaban pero la posición del sol le daba un indicio y sin duda en su nave más veloz ese trayecto le hubiera llevado horas. Vegeta descendió en una isla paradisiaca aparentemente desierta. La científica comenzó a vislumbrar el lugar era magnífico, la arena blanca, el agua azul como sus ojos.

-¿Qué tan intimo es este lugar?

-No hay seres humanos en kilómetros a la redonda

Ahí estaban frente a frente mirándose a los ojos, sabían lo que iba a pasar ya no tenían porque disimular los dos lo deseaban, ya no podían esconder cuanto necesitaban el uno del otro. Solo arena, sol y mar fueron testigos de aquel acto de pasión y amor.

Horas después amanecía en la Capital del Oeste. Un guerrero entraba por el balcón correspondiente a la habitación de la mujer exhausta que llevaba en brazos. La recostó en su cama, se mantenía levitando a escasos centímetros del suelo, mientras observaba a esa mujer de belleza exótica dormir profundamente, puesto que era imposible poner un pie en el suelo sin toparse con algún objeto, el desorden de la habitación de la científica era desesperante para el príncipe.

Miró el reloj de luces rojas que se encontraba en la mesita a un lado de la amplia cama de Bulma 07:00 hora de despertar a la luz que lo había alejado de la oscuridad, maldita bruja azul que lo había vuelto adicto a su cuerpo, esto no podía seguir así no podía volver a caer ante sus encantos, debía irse. Llego la hora de desandar el sendero que lo había vuelto un patético insecto inferior a un hibrido de clase baja, que daría por olvidarlo todo. Su espíritu guerrero se desangraba día tras día y no podía ni quería hacer nada por evitarlo, se encontraba derrotado y la única calma que hallaba se encontraba en ella, no comprendía cómo podía ser posible, contemplarla así mientras dormía hacía que todo se detuviera y su inmensa necesidad de ella crecía, los momentos junto a ella más y más le faltaban con el pasar del tiempo, esto era como una obsesión, jamás una hembra despertó en él algo así; solo ella, aquella mujer que lo invito a su casa el día que literalmente volvió a nacer, aquella a la que sentía de su propiedad, aquella a la que no quería abandonar. Pero era consciente de que era lo mejor para ella, él no la merecía, ni siquiera merecía vivir, su resurrección fue un error.

Volvió a mirar el reloj 07:30. Se acercó a la cama.

-Despierta -Dijo con voz firme mientras la zarandeaba ligeramente.

-QUE TE PASA ¿Por qué me despiertas así? -Gritó la científica.

-Silencio -Replicó al mismo tiempo que le transfería una mínima parte de su ki, lo suficiente para que nadie notara el agotamiento de esa manera pareceria que ella durmió plácidamente toda la noche, nadie notaria las huellas de las horas de pasión que tuvieron. Así lograron ocultar su relación hasta que ella se embarazó.

Al sentir la oleada de energía recorrer su cuerpo pensó que finalmente las cosas estaban volviendo a la normalidad. No tenía idea cuan equivocada estaba. Siempre que él la despertaba de esta manera era porque deseaba que hiciera algo.

-Supongo que quieres que pida el desayuno y que te acondicione la cámara de gravedad -Se dirigió al príncipe guiñándole el ojo.

-¡Mujer idiota! ¿Acaso no entiendes lo que digo? NO VOLVERÉ A PELEAR, no volveré a entrenar, no volveré a ser humillado, solo quería comunicarte que me voy de aquí, tienes razón no puedo pasarme la vida entera tirado viendo esa caja estúpida, pero te advierto que no me voy del planeta por lo tanto espero por tu propio bien que no se te olvide que me perteneces, solo cuando sepas que he muerto serás libre.

Al terminar de decir estas palabras Vegeta salió volando, abandonando la habitación y la casa dejando a una angustiada y confundida Bulma.

CONTINUARA

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