Capitulo 2

Una semana, solo una maldita semana paso, después de aquella pelea con Yamsha. Todo marchaba bien, o eso creía yo. El comenzó a salir muy seguido, con la excusa de buscar trabajo, ya que los reclamos de su tía, fueron tantos, que tuvimos que irnos a vivir con su hermano, el cual tenía a su mujer embarazada, así que debíamos ayudar en algo. Las horas pasaban durante el día, cuando la noche llegaba, Yamsha aparecía, sin respuestas de algún trabajo, así que fui yo quien decidió tomar la iniciativa.

No me costo mucho, comenzar a trabajar en una pequeña tienda, el dinero que ganaba no era mucho, pero al menos, podía ayudar en algo. Mi querido novio, aprovechaba para salir, mientras yo trabajaba, pero yo confiaba en el.

Una noche Salí tarde de la tienda, había mucho para hacer, pero al llegar a la casa, vi que no había nadie, solo Yamsha, esperándome en la puerta, con una mirada fría en los ojos.

-¿Dónde estabas?-Pregunto, mientras me tomaba del brazo.

-Yamsha, me lastimas-Trate de soltarme de su agarre, pero no puede.

No dijo mas nada, solo me arrojo hacia la pared. Sus manos abiertas, comenzaron a golpearme, una y otra vez, sin dejarme dar un solo paso. Cuando trate de huir, tomo mi cuello y volvió a darme contra la pared-No te iras a ningún lado-Me dijo, tan cerca de mi rostro, que pude sentir, el olor a alcohol, que salía de su boca.

Mis lagrimas comenzaron a caer, pero apenas si podía respirar, por la opresión de su mano. Cuando pudo ver que, ya no podía resistir más, me arrojo al suelo.

-Si dices algo, te matare-Sus palabras fueron claras.

Me levante del suelo, para entrar rápidamente a la casa, fui al baño, y al mirarme al espejo, pude admirar el rojo fuego de mis mejillas, como en mi cuello.

El se quedo afuera, yo dentro, sin moverme de enfrente de la tele, pero cuando la mujer de su hermano llego y me miro, supo que algo pasaba.

-¿Bulma estas bien?-Dijo sacando mis manos de mi rostro-¿Qué te paso?-Pregunto la mujer, completamente asustada.

-No es nada- Dije, agachando la mirada, para detener mis lágrimas.

-¿Cómo que no es nada?- Tomo su celular y llamo al hermano de Yamsha, para contarle lo ocurrido.

-No por favor, me matara-Mi corazón latía a mil por hora, mis manos traspiraban, y mi cuerpo temblaba. Tenía miedo.

Aproveche la discusión entre hermanos, para irme, a la casa de mi amigo Krilin, pero nada cambio.

Cuando estaba sola en el trabajo, el solía aparecer, a pedirme dinero, amenazando, con que podía hacer que me echaran, en cierta parte era verdad, ya que podía comenzar un gran escándalo muy fácilmente.

No estaba a salvo en ningún lado, en varias ocasiones, no quería salir a la calle, pero al quedarme en casa, podía escuchar, cuando pasaba, silbando fuertemente, para que yo supiera, que me estaba vigilando. Fue un tormento, nadie me escuchaba, nadie me ayudaba, estaba sola. Pensé varias veces en quitarme la vida, pero cuado pensaba en mi hermanito, esas ideas se disipaban, pero las constantes marcas de mis muñecas, decían lo contrario.

Me miraba al espejo, solo para ver una mirada vacía, sin ganas de nada, me hundí en mi misma, y comencé con las malas juntas. Chicas que hacían llamarse amigas, pero solo estaban, para salir a bailar.

Mis noches en el baile, mezclando alcohol se habían vuelto mi rutina, ya que el no tenia entrada permitida, así que era en el único momento, en que me sentía verdaderamente libre. Fue así en que la droga se hizo presente en mi vida, fumando algo más que cigarrillos, para alejar todo de mi mente, pero era en vano, ya que después que el efecto pasaba, el dolor seguía en mi corazón.

Por un tiempo, gracias a dios, Yamsha había encontrado una joven, con la quien ya estaba, mientras yo dormía, así que no me molestaba. Pero el amor en el dura poco, apenas si soportaron un mes juntos, cuando sin quererlo, los vi pelear en la calle, pero al girarme, y querer irme, el vino corriendo hacia mi, dejando ir a la otra joven. Estupida de mí, por estar en el momento equivocado. Comencé a caminar mas rápido, pero, el corrió para alcanzarme, para abrazarme fuertemente por detrás.

-Te vas conmigo-Susurro suavemente en mi oído.

-No, por favor, déjame ir- Estaba aterrorizada.

En ese momento pude sentir el filo de un cuchillo en mi espalda-Te vas conmigo-Repitió, mientra comenzaba a apretarlo en mi- Pero calladita-

¿Cómo puede ser un hombre tan cruel? o mejor dicho ¿Cómo puede ser una persona tan cruel? Comencé a caminar lento, hasta llegar nuevamente, a la casa de su tía ¿Por qué demonios no tuve el valor para correr? ¿Por qué no pude gritar? ¿Por qué le tenia tanto miedo?

Entramos, nadie estaba en la casa, fue en ese momento, cuando un puño cerrado golpeo rostro, fue tan fuerte, que caí en el suelo, solo para recibir patadas, una tras otra, la sangre salía de mi boca, y no podía dejar de llorar, apenas si podía moverme. ¿Acaso el terminaría lo que yo no pude? No, el maldito, se freno, me levanto, y me recosté en la cama.

-No quiero que te vuelvas a ir- Me dijo mientras lloraba, curando mis heridas.

No dije ni una sola palabra, me quede inmóvil, ya nada más me importaba. Me abrazo, para luego quedarse dormido. Cuando pude ver que estaba profundamente dormido, me levante, lentamente como pude, para salir por la ventana.

Corrí, Dios y si que corrí, todo mi cuerpo estaba adolorido, pero aun así, pude llegar a la casa de mi amiga Milk.

-¡¿Qué te paso?!-Dijo cuando me vio parada en la puerta.

Me aferre a su cuerpo, como si ella fuera mi única salida-Ayúdame por favor-La lagrimas de mis ojos y los golpes en mi cuerpo, decían todo.

Tres semanas estuve escondida, pero sus constantes silbidos, me recordaban que el sabia donde yo estaba. La situación ya estaba saturando nuestros nervios, así que una noche a escondidas, salimos en la motocicleta de Milk, en dirección a la comisaría.

Que suerte la nuestra, se detuvo la moto a mitad de camino, dios mío, estaba tan aterrada, pero vimos unos jóvenes caminar en la calle, así que aproveche para pedir ayuda.

-Podrían ayudarnos, por favor- Dije con una sonrisa, un poco forzada.

Nadie nos contesto, es mas, nos ignoraron completamente, y siguieron su camino.

-Por favor- Repetí un poco mas alto.

Pude ver como se detenían, pero solo uno se acercó a nosotras. Era un joven, aproximadamente de mi edad. Pelo negro, elevado en un estilo único, piel blanca, de baja estatura y con cuerpo, que tentaría a cualquier mujer.

No dijo nada, solo se acercó a la moto, toco unos cables y listo-Enciéndela- Ordeno.

La maquina arranco sin problema-Gracias- Dije muy alegre.

En ese momento levanto su cuerpo, ya que estaba agachado, observando que fallaba en nuestro trasporte, para luego clavar su mirada con la mía. Dios, aun recuerdo aquella sensación, como se me erizaba la piel, como un suave escalofrío recorría mi espalda, mientras que yo, no podía dejar de mirarlo. Jamás en mi vida había visto una mirada tan profunda, con ojos negros como la noche, en los cuales, al buscar algo, solo podías ver un abismo oscuro y sin fin.

-Un cable hacia mal contacto-Dijo, mientras se cruzaba de brazos, sin dejar de verme, pero a la vez, sin mostrar expresión alguna, más que un seño fruncido.

-¿Cómo puedo agradecerte?- creo que me deje llevar, ni sabia lo que estaba diciendo, cuando un suave codazo, de Milk, dio justo en mi costado.

El sonrió de costado-Ya lo veremos, algún día nos volveremos a cruzar- Se giro y se fue caminado con su grupo de amigos.

Retomamos nuestro camino, y luego de hacer la respectiva denuncia hacia mi acosador y agresor, volvimos mas calmas a la casa.

Esa noche al acostarme, no podía dejar de pensar en ese joven. Necesitaba volver a verlo, saber quien era. Estaba intrigada, ¿Qué ocultaba, en la profundidad de su mirada?

Luego de terminar de leer estas líneas, Vegeta cerro el libro, dejandolo a su lado, en el gran sillón, de su solitaria mansión. Cerró los ojos lentamente, para retroceder hacia el pasado. Ese momento exacto, cuando se encontró con Bulma por primera vez, se plasmo en su mente, trayendo a el, el aroma de la hermosa joven, aquella picara sonrisa que el le dedico, y el sonrojo de sus mejillas, cuando clavo su fría mirada, en el azul cielo, de los ojos de una persona, que el jamás olvidaría.

Abrió los ojos, y nuevamente, retomo su lectura.

-¿Por qué no me lo dijiste?-Se dijo para si mismo, donde el único testigo de sus palabras, era la soledad-¿Qué mas me has ocultado mujer?-