Capitulo 3

Toda persona en este mundo, tiene su talón de Aquiles, en mi vida, cuando yo era una niña, era mi abuelo. El era mi escape de la realidad, a pesar de que mi padre era mi gran amor, aquel otro hombre era mi adoración.

El era un hombre rubio, alto, de ojos color miel y con una gran fuerza de voluntad. Era el sostén en mi tan adolorida vida. A veces nos aferramos a aquellas personas, que nos dan cariño, solo porque nos sentimos solos, o estamos en busca de amor.

Yo huía a su lado, cuando mi realidad, ya era suficientemente dolorosa, pero en este momento, la vida me dejaba sola, enfrentándome a un golpeador, obsesivo, pero no culpo a nadie por los errores que cometí, es mas fueron mis propias decisiones, las que me llevaron a donde estaba.

Quiero profundizar un poco, sobre este tema, solo para que logren entender, que fue lo que mas me dolió en la vida, al lado de esto, los golpes de Yamsha, no eran nada.

La situación con mis padres, era la misma, la de siempre. Pero yo me sentía contenida, era cuando estaba con mi abuelo, en que podía ser una niña de diez años, cuando podía sonreír, olvidándome, que a mi corta edad, tenia que ser madre del pequeño Goku, y hermana a la vez, hija y mujer de mi padre, al tener que cocinar, y hacer los quehaceres de la casa.

En la escuela, no tenía amigas, era un pequeña muy tímida, lo que provocaba en los demás, un rechazo, acompañado con burlas. Pero al llegar, y ver a mi abuelo, me sentía su pequeña niña, disfrutando de cada momento con el.

El trabajó en una gran fábrica, por muchos años, pero era ya un hombre grande, aunque muy sano, nadie vio que, con el tiempo, todo tiene consecuencia. El cigarrillo, fue su mejor amigo, y su sentencia de muerte.

Al llegar a mis doce años de edad, pude ver como él enfermo.

Un fuerte dolor en su espalda lo comenzó a incomodar, pero solo lo ignoraba, diciendo que era cansancio por el trabajo, pero algo no estaba bien. Cada mañana, junto con Goku, que en ese tiempo tenia siete años, salíamos a pasear con nuestro abuelo, pero ahora, el ya apenas si podía levantarse de la cama, ya no era un simple dolor.

Una mañana fría, la fabrica en donde el trabajaba decidió mandar un medico, para que vean su estado. Lo llevaron, para hacer unos pocos estudios, pero nada salio, todo estaba bien.

Era tan raro, porque el verdaderamente se veía mal. En fin, nuevamente lo mandaron a trabajar, pero su cuerpo no lo resistió, una tarde, se desplomo en el suelo, después de que volvió de la fábrica, así que mi padre lo llevó rápidamente al hospital.

Puedo recordar con claridad. Estábamos jugando con Goku, en el asiento trasero del auto, esperando, cuando mi padre me pidió que fuera a saludar a mi abuelo, ya que tendía que pasar la noche en aquel enorme hospital. No pensé nada malo, salí del auto, tranquila, confiada, ya que nada ni nadie, podía con mi abuelito. Subimos a un ascensor, varios pisos arriba, se detuvo, la puerta se abrí lentamente. Caminamos unos metros, llegamos a una gran puerta, y al entrar pude ver la imagen, que jamás en lo largo de mi vida, olvidaría. Era el, mi gran héroe, acostado en una cama, con cables por todas partes de su cuerpo, no podía entender, no sabia que estaba pasando, como podía ser, que aquel fuerte hombre, estuviera así, sin poder moverse. No pude dar un paso mas, la imagen me dejo paralizada, no podía creerlo ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso era solo un mal sueño?

Mi padre tomo mi mano, para que me acercara a el, y cuando estuve a su lado, el me sonrío, acercó su mano a mi mejilla, para regalarme una caricia.

-Vamos abuelito- Dije, tratando de contener el llanto- Vamos a casa, levántate- Trate de tomar su brazo, pero mi padre, me sujeto, para sacarme del cuarto.

Volví al auto, pero luego se llevaron a Goku, y su regreso fue igual que el mío, sus ojos empañados en lagrimas, mientras mi padre, lo sentaba a mi lado, el me abrazo y lloro con mucho dolor.

Mi pobre hermanito, sufría tanto como yo.

Una semana paso, cuando mi abuelo volvió a casa, pero no era el mismo. Apenas si podía mantenerse de pie, mi padre lo ayudaba a sentarse, y en ocasiones, no nos reconocía, ni a mi ni a Goku. Supe, en esos días, que una gran enfermedad ataco su cuerpo, algo que un Medico ilegal, de una fabrica mediocre, obviamente no podía ver, pero cuando un medico real lo trato, ya era tarde. El cáncer ya lo había dejado, con solo medio pulmón sano, pero se esparcía rápidamente.

Nadie me explicaba, nadie se atrevía a hacerlo, pero yo prestaba atención, a cada palabra, en las conversaciones de mi padre con mi abuela, fue así que supe toda la verdad.

Teníamos fe de que se mejoraría, que con la medicación, al menos, podría estar mejor, pero no era así.

Una mañana, mi abuelo mando a llamar a mi padre, con una gran urgencia. Cuando ambos hombres estuvieron solos en el cuarto, en uno de los poco momentos de cordura de mi abuelo. Mi padre se sentó junto a aquel agonizante hombre, que ya no podía levantarse de la cama, para luego tomar su mano.

Mi abuelo miro a mi padre con lágrimas en los ojos-Cuida a Bulma y Goku-

Esas fueron sus últimas palabras, luego comenzó a toser fuertemente, haciéndolo vomitar un líquido verde, para después, dejar de respirar. ¿Cómo se todo esto? Yo estaba mirando tras la puerta entre abierta.

Horas después, mucha gente estaba en la casa, corriendo de un lado para el otro, mientras que yo los veía pasar, sentada en un rincón, sin decir nada, sin llorar, sin reaccionar, estaba en shock.

Llego el maldito velatorio, un ritual que creo estupido, masoquista, y sin sentido.

Puede verlo, acostado en un cajón, con su rostro neutro, aunque en realidad, parecía dormido.

El pequeño Goku, se sentó a mi lado, un enorme silencio reino entre nosotros, ni si quiera nos miramos, solo observábamos a nuestro gran hombre dormir, pero de un segundo a otro, mi hermano estaba aferrado a su silla, llorando fuertemente. Nadie podía hacerlo que se soltara, mientras que yo, apenas si podía reaccionar, aun seguía sin entender, aun seguía sin llorar.

Al día siguiente, el entierro. Llegamos a un enorme parque, hermoso, lleno de plantas y aves exóticas, un lugar verdaderamente hermoso, pero muy triste a la vez.

La ceremonia había terminado, así que lentamente, comenzaron a bajar el cajón al enorme pozo en la tierra. Fue en ese segundo, que por primera vez entendí, ya no volvería, ya no despertaría.

Corrí hacia el pozo, pero mi padre me sostuvo un segundo antes de caer-No por favor- gritaba desconsoladamente-No podrá salir de ay-Mi razón había abandonado mi cuerpo- ¿No ven que no podrá dormir? ¿No ven que no podrá respirar?- Pateaba a mi padre, mientras el me tomaba en sus brazos- Dejen en paz a mi abuelo-

Estas son cosas que nos marcan de por vida, son hechos que nos hieren, perdidas insuperables e irrecuperables.

Aun recuerdo, que después de que todo paso, mi padre quiso hablar conmigo. Yo estaba sentada en el suelo, frente a el, que estaba en una silla, jamás lo vi derramar una lagrima, lo vi contenerse, es mas, no recuerdo que fue lo que me dijo, porque en ningún momento, lo escuche.

Jamás vi a mi padre, llorar por mi abuelo, su propio padre, pero lo he visto llorar por mi madre, la mujer que solo nos causo dolor y sufrimiento, eso me causaba repugnancia y acrecentaba más el odio redimido en mi interior.

Después de vivir ese martirio con Yamsha, supe que tenia un gran rencor oculto en mi, que no fue el quien lo creo, fue el, quien con sus golpes y maltratos, lo despertó.

Aun miro al cielo, aun pienso en el, aun creo que esta allí, aun espero por volver a verlo.

Quise contar esto, para que sepan, que a veces no somos lo que queremos, si no que somos, como la vida nos hace, que el dolor se carga por años, solo si uno quiere. Hay que superar el pasado, enfrentar el presente, para vivir el futuro.

Una lagrima callo en el libro, Vegeta no podía creer todo lo que había leído, ahora muchas otras cosas tenían sentido. Ahora comprendía, el por que Bulma, miraba varias veces hacia el cielo, con una sonrisa, como anhelando algo que jamás tendrá.

-Algún día estaré con el-Ahora sabia, el significado de estas palabras, ahora conocía un poco mas a Bulma. Ahora se arrepentía, de no haber dedicado mas, para conocer, a quien solo buscaba un poco de amor, una persona, que solo buscaba superar su pasado, tratando con todas sus fuerzas, de enfrentar su presente, para tener un futuro por el cual vivir.