Si, lo siento mucho por Hook , pero él no es para Emma. Seria divertido que le hiciesen acabar, no se...con el Hada Azul por ejemplo jajaja eso si seria algo inesperado xDDDDD

En fin, ya sin más divagaciones os dejo el capi x)

Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!


Pero esa sensación de bienestar era algo que no podía durar. Henry iba y venía, y a veces incluso le acompañaba Regina, los padres de Emma respetaban que ahora tenía un lugar propio e intentaban no agobiarla con más visitas de las necesarias, Ruby había cogido el piso como refugio cuando necesitaba despejarse de alguna discusión con la abuelita, y ese ir y venir de gente al piso, con el añadido de que Elsa siempre estaba presente, empezaba a irritar a Hook. Había incluso llegado a pensar que Emma le estaba evitando, no era normal que siempre hubiese alguien con la rubia cuando él la buscaba, cualquiera diría que estaba todo preparado, pero eso no era posible ¿no? Así que finalmente el pirata decidió hablar con Elsa para que les diese una noche para ellos dos, la reina de hielo dudo un momento sin saber que era exactamente lo que Emma querría, pero su compañera de piso no estaba presente y lo que Hook la estaba pidiendo era algo normal en una pareja, así que finalmente aceptó y cuando Emma llegó a casa más tarde se la encontró vacía. Supuso que Elsa habría salido a cualquier cosa, la chica se había acostumbrado rápidamente a la vida en Storybrooke y estaría por alguna parte buscando pistas sobre su hermana. Metió un plato de comida precocinada en el microondas, abrió una lata de refresco y se sentó en el sofá a esperar a que la cena estuviese lista viendo la televisión cuando llamaron a la puerta. Siempre tenía que recordarle a Elsa que ese también era su piso y que tenía llave propia, aunque no sabía muy bien donde iba a guardarlas en ese vestido azul que llevaba, iba a tener que convencerla de usar ropa más normal. Pero no era Elsa, era Hook, que la sonrió y levanto una botella de lo que claramente era whisky.

- ¡Hook! – Dijo la rubia sorprendida de verle allí. - ¿Qué haces aquí?

- Ya que es imposible quedar contigo me presento por sorpresa.

- Pero Elsa…

- Esta noche se queda con tus padres. – Cortó Hook. – Y te recuerdo que Henry se quedaba con no sé qué amigos a dormir.

Añadió antes de que Emma pudiese decir nada. La rubia se recuperó de la sorpresa de verle allí sin avisar y trató de sonreírle de verdad, dejándole pasar.

- Bien. Entonces tenemos tiempo para nosotros. Estaba buscando algo bueno que ver en la tele.

Hook entró un poco indeciso al piso, seguramente era quien menos tiempo había pasado allí y no estaba muy familiarizado con él, y tampoco con los programas de televisión.

- He intentado usar esta cosa unas cuantas veces, pero nunca respondes.

Dijo el pirata sacando su móvil del bolsillo y dejando la botella en la mesa.

- No lo habré escuchado.

Respondió la mujer con sinceridad, había estado trabajando con Elsa y Regina en lo de vencer a la Reina de las Nieves y no había prestado atención al teléfono.

- ¿Te apetece cenar? Tengo otro plato de estos.

Ofreció la rubia volviendo de la cocina con su cena de microondas. Hook miro como quitaba el plástico de encima del plato y negó con la cabeza.

- No gracias, me basta con un vaso.

Respondió sentándose en el sofá intentando aparentar comodidad, como si lo hubiese hecho muchas veces. Emma dejó el plato en la mesa y fue a por dos vasos en los que Hook sirvió el whisky, aunque ella siguió con su refresco. En cuanto se sentó en el sofá, el pirata le pasó un brazo por los hombros y Emma se dejó abrazar, recostándose un poco en el moreno mientras hacía zapping.

No llevaban ni media película cuando el timbre volvió a sonar, Hook apretó un poco más a Emma contra su pecho, diciéndole que lo ignorase, por fin habían conseguido estar cómodos el uno junto al otro y no quería que nadie estropease esta vez que Emma no le había apartado. La rubia ignoró el timbre la primera vez, la segunda estuvo a punto de levantarse, pero la tercera se levantó definitivamente y fue a abrir la puerta preguntándose quien tendría tantas ganas de verla a esas horas. Se sorprendió más de ver allí a Regina de lo que la había sorprendido ver a Hook.

- Regina ¿va todo bien?

Preguntó haciendo un gesto automático para que la morena entrase, sobre todo viendo la cara que traía la mujer. A quien le cambió la cara por completo fue a Hook al ver quien les había interrumpido.

- Majestad, que sorpresa. – Regina parecía tan contenta de verle como él a ella. – Emma y yo estábamos disfrutando de una noche a solas, seguro que lo entiendes.

Dijo el pirata fríamente, claramente intentando echarla, Emma le frunció el ceño, él no era quien para echar a nadie de su casa, por suerte Regina le había ignorado completamente y se dirigió únicamente a Emma.

- Si interrumpo algo…

- No, no te preocupes, solo estábamos viendo una película. - Ahora fue Hook quien frunció el ceño. - ¿Qué ha pasado?

Porque por la cara de Regina era obvio que había pasado algo. La morena lanzó una mirada de reojo al pirata sentado en el sofá y Emma entendió al momento, cogió amablemente a Regina del codo y la acompañó a la cocina con un simple "ahora vuelvo" a Hook, que no le quedó más remedio que quedarse allí sin poder hacer nada, aunque intuía que su noche a solas acababa de terminarse.

- Yo…necesitaba…y no se me ocurría nadie más…

Empezó Regina torpemente, Emma aun la sujetaba del codo y le dio un reconfortante apretoncito.

- Robin ha venido a verme.

Dijo finalmente Regina mirando a Emma como si no estuviese muy segura de que significaban sus propias palabras. La rubia abrió la boca en un "oh" mudo, entendiendo lo que la otra mujer intentaba decirla, le hizo un gesto para que esperase y volvió al salón donde la esperaba un pirata en su sofá.

- Escucha Hook…

- No me lo digas, la reina te necesita.

La cortó con sarcasmo, claramente molesto.

- Es importante.

Dijo Emma, el pirata no respondió, asintió secamente, enfadado y se acercó a darle un seco beso en la mejilla a la Salvadora antes de irse, aunque le dio tiempo a dirigirle una mirada de odio a Regina que estaba apoyada en la encimera de la cocina observando la escena.

Cuando Hook se fue, Emma le hizo un gesto a la morena para que se sentase con ella en el sofá.

- ¿Te apetece algo de beber? - Dijo señalando la botella de whisky que Hook no se había llevado. – Iré a buscarte un vaso.

Se respondió a si misma sin darle tiempo a responder, pero Regina la detuvo con un gesto.

- ¿Cuál era el del capitán Sombra de ojos?

Preguntó, Emma rio un poco y señaló el que había sido el vaso del pirata, Regina cogió el otro.

- ¿Te importa?

Dijo sin llegar a beber, la rubia negó con la cabeza y cogió el vaso de Hook.

- No sabía a quién más acudir, o si debía acudir a alguien siquiera. Pero no podía estar sola, necesitaba contárselo a alguien porque yo aún no lo entiendo.

Empezó Regina después de darle un buen trago a su copa.

- Puedes acudir a mí para cualquier cosa, ya sabes que para eso estamos los amigos.

Respondió Emma con una sonrisita, la morena asintió de forma mecánica, haciendo que la rubia se preguntase si Regina alguna vez había tenido algún amigo de verdad en quien confiase lo bastante para contarle sus cosas.

- Cuéntame que ha pasado.

Pidió amablemente la Salvadora dando otro trago a su copa, Regina la imito antes de contarle su día.

.

.

.

Regina se había despertado de buen humor, algo extraño esos días. Como pasaba desde que Henry había vuelto a vivir con ella, ya no sentía el vacío de la casa al abrir los ojos, ahora sabía que su hijo estaba allí con ella, tan solo a unas puertas de distancia. Debería levantarse y preparar el desayuno para los dos, prácticamente era el único momento que iban a pasar juntos ese día porque Henry iba a quedarse en casa de unos amigos. Le gustaba ver que su hijo hacia ahora vida social en Storybrooke y se juntaba con gente de su edad, hasta antes de su año en Nueva York con Emma, Henry pasaba la mayor parte de su tiempo solo o con adultos, sabía que ella había tenido gran parte de culpa, pero era alentador ver que eso también había sanado.

Cuando Henry se fue, Regina se preparó para ir a su mausoleo, empezaba a cansarse de estar allí, pero era el mejor lugar en el que trabajar mágicamente, la mayoría de sus libros y encantamientos estaban allí, junto con sus artilugios mágicos. Además a la mayoría de la gente seguía dándole miedo ir allí, así que la dejaban bastante sola, las únicas personas que bajaban allí sin problemas eran Henry y Emma, como mucho Mary Margaret si tenía que hacerlo, porque no pensaba que a Sidney o Gold se les ocurriese asomar por allí.

Aunque a quien tampoco esperaba ver allí era a Robin Hood. Apareció de repente con su inseparable mochila en la mano, en la que podía verse la botella vacía a la que olía el hombre entero.

- Robin, ¿qué estas haci…?

- He vivido con un código toda mi vida. Roba a los ricos y darlo a los pobres. Sé sincero, justo y bueno. He intentado vivir con ese código todos los días de mi vida.

- Entonces ¿por qué estás aquí?

Preguntó Regina sin comprender, no sabía cuales era las intenciones de Robin, así que se mantenía alerta.

- Porque hoy no es uno de esos días.

Respondió el ladrón prácticamente echándosela encima para besarla. Y por un momento Regina se dejó llevar totalmente por ese beso, dejando que los brazos de Robin la estrecharan con fuerza, abrazándole ella con la misma fuerza, devolviéndole el beso. Por un momento. Luego el sentido común volvió al lugar, o al menos a su cabeza.

- Esto está mal.

Dijo intentando apartarse de él, pero Robin no estaba dispuesto a dejarla ir tan fácilmente, seguía abrazándola y la besó otra vez con la misma urgencia, pero esta vez Regina no se dejó arrastrar, puso las manos en el pecho de él para crear una distancia entre ellos ya que Robin se negaba a soltarla.

- Estas casado. No he traído de vuelta a Marian para que le seas infiel.

Dijo con decisión, intentando quitárselo de encima otra vez, pero Hood la abrazó más fuerte y pudo sentir su aliento en la cara, apestando a alcohol.

- Pero no la quiero a ella, ya no.

Intentó besarla otra vez y Regina apartó la cara.

- Has pasado toda tu vida enamorado de ella, es la madre de tu hijo, estoy segura de que eso no se olvida tan fácilmente.

Extrañamente decir estas palabras ya no dolía como antes, estaba haciendo lo correcto.

- Pero eso no importa, yo te quiero a ti Regina.

Lejos de enternecerla, esas palabras hicieron aún más urgente la necesidad de quitárselo de encima.

- Tú mismo acabas de hablarme de tu código y este comportamiento va en contra de quien has sido siempre. Este no es el Robin Hood con quien Marian se casó, ni es el Robin Hood con quien yo estaba.

- No puedo evitar lo que siento.

Regina le clavó las uñas a propósito en el brazo para que la soltase, pero él seguía agarrado a su cintura inmune al dolor, seguramente el alcohol ayudaba a ello.

- Pero puedes evitar hacerle daño a tu esposa. Esto es egoísta Robin. ¿Qué hay de Roland? ¿De Marian? ¿Qué hay de mí? Te pedí que te mantuvieses alejado, te he dicho que te olvides de mí y no respetas mi decisión. ¿Crees que quiero ser quien rompa una familia? ¿O quién te haga sacar lo peor de ti? – Le miraba como si no le conociese. - ¿Crees que me gusta que tengas que estar borracho para que vengas a decirme esto? ¿Qué pasará cuando se te pase el efecto del alcohol? ¿O cuando consigas pensar fríamente y te des cuenta de tus acciones? Será a mí a quien culpes. La culpa es siempre de la Reina Malvada.

Robin puso una mano en la nuca de Regina sin soltar su cintura con la otra, para obligarla a mirarle.

- Tú ya no eres más la Reina Malvada.

- No, pero lo fui. Fui la persona que mandó ejecutar a tu mujer, quien hizo que tu hijo creciese sin madre. Si no fuese por Emma, sería la persona que la mató. ¿Tan poco te importa tu mujer que vas a ignorar eso? ¿Ese es el respeto que la tienes?

Robin bajó la vista, entre avergonzado y pensativo, lo que aprovecho Regina para intentar librarse otra vez, pero él la mantuvo firmemente agarrada. Desde luego este no era el hombre con quien ella querría estar, este no podía ser el hombre hacia quien la llevo el polvo de hada. Aunque por lo que el propio Robin le había contado, antes de conocer a Marian él era un hombre sin honor, así que seguramente si, este era el hombre hacia quien la había guiado el polvo de hadas. Pero alguien así no podía ser su alma gemela.

Notó como la mano de Hood apretaba más su nuca y cintura.

- Tú no eres más esa persona, la has salvado. No eres la Reina Malvada, eres Regina. Y te quiero.

Dijo mirándola fieramente, intentando besarla otra vez. Regina se retorcía en sus brazos tratando de evitarlo y Hood la apretó hasta el punto de hacerla daño en su intento de besarla contra su voluntad. Una ráfaga de magia lanzó a ladrón contra la pared del mausoleo. Regina se frotó la nuca dolorida y le miró con desprecio.

- Solo mira en que te has convertido. Vete de aquí. Largo. Encuentra la manera de volver a enamorarte de tu mujer o hazla un favor y déjala en paz tambien. No vuelvas a acercarte a mí.

Robin se levantó del suelo con un poco de dificultad, mirándola como si estuviese dispuesto a cogerla de nuevo, pero de pronto miró sus manos con cierto espanto y salió corriendo de allí.

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Emma apretaba el vaso con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos, Regina le cogió esa misma mano antes de que rompiese el cristal.

- ¿Me estás diciendo lo que creo que estas diciendo? Ese tipo intentó…

Empezó la rubia con clara rabia en la voz, Regina levantó una mano para calmarla negando un poco con la cabeza.

- No creo que fuese consciente de lo que estaba haciendo, realmente no llegó a pasar nada.

- ¿Tu estas bien?

Preguntó Emma preocupada, inclinándose para mirar la nuca de Regina en un acto reflejo. Por suerte para Hood allí no había nada, cuando iba a comprobar la cintura se dio cuenta de lo que hacía y se detuvo a tiempo, pero miró a la morena a la espera de la confirmación de que allí tampoco había nada.

- Estoy bien, no me ha hecho nada. – El súper poder de Emma se activó y Regina se dio cuenta, no iba a conseguir engañarla. – Es solo un arañazo, supongo que de cuando me soltó.

Admitió quitándole importancia, esta vez Emma no se detuvo de levantar un poco la camisa de Regina para ver el pequeño arañazo en la parte de atrás de su espalda, apenas un rasguño, pero bastó para que le burbujeara la sangre.

- Voy a buscar a ese maldito ladrón y…

Regina volvió a pararla, quitándola definitivamente el vaso de la mano antes de que lo lanzara contra algo.

- Estoy bien, prefiero olvidarlo. Solo no entiendo cómo puede haber cambiado tanto. El Robin que yo conocía nunca haría una cosa así, nunca sería tan egoísta o insensible con su mujer.

Dijo la morena colocándose la camisa para quitar de la vista el arañazo.

- ¿Hace cuánto le conocías? No recuerdo haberos visto mucho juntos, tan solo de repente ¡puf! erais pareja.

Contestó Emma intentando calmarse, aunque aún tenía el ceño fruncido y tono furioso.

- Creía que era mi alma gemela.

Murmuró Regina más para sí misma que para Emma.

- No vas a volver a acercarte a ese hombre, y más le vale a él no acercarse a ti. - Gruño la rubia en un tono sobreprotector que sorprendió a la reina, quien alzó las cejas. – Yo…bueno…quiero decir…no quería decir eso, tu puedes hacer lo que quieras claro, y es cosa tuya, es tu decisión. Pero como sheriff me encargaré personalmente de él si vuelve a intentar algo así.

Rectificó Emma, aunque desde luego la última frase sonaba a amenaza para Robin Hood. Regina rio un poco, curiosamente esa reacción no la había molestado, al contrario era agradable ver que alguien se preocupaba tanto y tan sinceramente por ella.

- No tiene que preocuparse, señorita Swan. – Ese volvía a ser el "señorita Swan" de siempre, el que Emma asociaba a que Regina no la odiaba. – Pero gracias por hacerlo.

Añadió Regina con cariño, poniendo una mano en la rodilla de la rubia sin darse cuenta, con cierta emoción en los ojos. Emma se encogió de hombros sin saber muy bien cómo actuar en ese emotivo momento.

- Lo hago encantada.

Dijo finalmente con cierta torpeza.

- No le digas nada a Henry de esto ¿vale? Por favor.

Pidió la morena, Emma asintió totalmente de acuerdo y Regina la sonrió antes de ponerse de pie para irse a su casa, aunque no parecía tener muchas ganas.

- Si no quieres estar sola esta noche puedes quedarte aquí, Elsa se queda en casa de mis padres.

Ofreció la Salvadora leyendo la expresión de la reina.

- No sé si le gustara la idea de que duerma en su cama, no nos conocemos tanto.

Rio Regina moviendo un pie hacia la puerta, pero sin llegar a dar un paso en condiciones.

- Puedes dormir en mi cama y yo dormiré en la de Elsa. Si necesitas algo estaré en la habitación de al lado.

Respondió Emma encogiéndose de hombros otra vez como si lo que estaba ofreciendo fuese lo más normal del mundo. Regina estuvo a punto de negarse, quería negarse, ella era la Reina, era Regina Mills, no pedía ayuda y no la aceptaba, no necesitaba que nadie la cuidase o la hiciese compañía, y menos por una tontería como un hombre borracho excediendo los limites.

- ¿No te importa?

Preguntó a Emma para asegurarse, por muy reina fuerte e independiente que fuese la verdad era que esa noche no le apetecía volver a su casa vacía. La rubia rio levantándose del sofá.

- Voy a buscarte algo más cómodo para que te lo pongas. Luego nos prepararemos algo de cenar.

- Pero tú ya has cenado.

Dijo Regina señalando al plato vacío en la mesa, sentándose otra vez en el sofá a esperar a Emma y la ropa cómoda, que enseguida estuvieron de vuelta.

- Puedo cenar dos veces, no creo que me siente mal.

Rio dándole la ropa a Regina, era algo suyo, pero estaba bastante segura de que le valdría.

- ¿Así educabas a Henry en Nueva York?

Rio también Regina cogiendo la ropa para ir a cambiarse al baño, estaba deseando quitarse esa ropa, los tacones y ponerse algo cómodo.

- No, con él era responsable. Si quieres te lo cuento.

Regina asintió echándose a reír antes de cerrar la puerta del baño. Tenía que encontrar al autor del libro y vencer a la Reina de las Nieves, pero por esa noche eso podía esperar.