Capítulo 2

Aquí es cuando los dioses no dejan de reír por mis desgracias, caminando como bestia hacia el castillo a salvar a una chica que no conocía, solo por mi sentido del deber, pensando sobre si en realidad estaba en problemas; tal vez la chica quería desposar a algún valiente caballero, pero en ese momento me vino un recuerdo que me apaleó fuertemente en la frente. Las palabras de esa niña resonaron en mi cabeza "…los hombres siempre lastimaran a las mujeres…Los odio tanto". No supe en ese entonces porque lo había dicho pero algo en mi interior me decía que la heredera realmente odiaba su vida y yo tenía que hacer todo lo posible por volver a ver la misma sonrisa que hace diez años ella me enseño.

Con lo que no contaba era con un camino bastante largo, lo cual, lo único que hacía era ampollar mis pies, así que me dispuse a pedir transporte a quienes cojones iban por mi dirección; para mi suerte todos pensaban que era hombre y aunque eso me hincha los huevos un poco, el viaje fue tranquilo. Si fuese vestida de mujer seguramente hubiese sido atacada, asaltadas o quién sabe qué otra cosa; además no serviría mi plan; del cual consiste en participar en el estúpido torneo ese, vencer a todos los pinches maricas que participasen; lo cual no sería muy difícil ya que desde niña siempre le gane a eso huevones.

Al final desposaría a la princesa y ya siendo casadas yo huiría a vivir con los abuelos y ella en su castillo; dudo mucho que su padre vuelva a intentar casarla aunque su "marido" estuviese desaparecido; luego cuando ella decida casarse yo simplemente fingiría mi muerte. De por sí, ella no es la heredera principal y no necesita realmente un matrimonio; puesto que solo lo hace para asegurarse de tener aún más descendencia el repugnante gordo de su padre; ya que el próximo al trono es su hermano; quien está casado y su la esposa embarazada.

Al llegar al poblado corrí como potranca salvaje hacia el castillo, estando en frente note a dos enormes gorilas cuidando de la puerta principal; así que inhale fuertemente y me dirigí hacia ellos y con voz exigente les pedí que me dejaran entrar.

–"Vengo a participar en el torneo y a desposar a la princesa" – Shi!¿Por qué no dejan de verme como si fueran a matarme?

–"jajajajajajajajaja" – Estos malditos se rieron a tono unísono; como me joroba eso, si no terminan voy a cargármelos a los dos. –"Como un plebeyo debilucho como tu podrá con ese torneo…"–Shi! –"…Mejor vete a casa a jugar con los niños, solo se aceptan príncipes y caballeros" – Ahora si me los cargo a ver si soy una debilucha.

Lo siguiente que recuerdo fue abrir los ojos en una de las cochinas celdas del castillo algo adolorida. Siempre me ha pasado desde que era niña, cuando la pelea era muy dura y yo me enchichaba por el colerón, arrasaba con todos y no deja a ninguno en pie, al final nunca recordaba nada. Eso fue lo que exactamente paso, ya que escuche a unos de los guardias hablar en el pasillo sobre cómo me levanté a esos dos gorilas de la puerta y a unos cuantos más mientras me traían hacia la celda. Si me hubiera quedado tranquila en la casa de los abuelos no hubiera quedado madreada, pero en ese instante tome el pañuelo que se encontraba en mi bolsillo, dándome nuevamente la fuerza para seguir en mi odisea.

La mañana siguiente, después de pasar la noche en ese hueco de mierda, me dispuse a encontrar una salida, pero para mi sorpresa uno de los soldados maricones, con el ojo morado, abrió mi celda y pidió que lo siguiera. Al caminar un buen rato por los pasillos y subir escaleras llegamos a la salida. Ahora me encontraba como en el principio y lo peor era que necesitaba ser un príncipe o un caballero, los dioses se han de estar orinando en mí.

Después de cenar en una asquerosa taberna escuche algo muy interesante de boca del cantinero, que hizo que formulara un nuevo plan para entrar. Hable con dos estúpidos fortachones que se encontraban en ese lugar perdido en el trasero del diablo, y me dirigí a poner en marcha mi nuevo plan. A media noche nos encontrábamos en un solitario sendero esperando entre los arbustos, cuando en el horizonte la figura de una carrosa se acercaba. Entre los tres aporreamos a los guardias, amordazamos al sujeto que venía dentro del carruaje y tomamos sus cosas. ¿Por qué hice todo este despiche? Pues cuando estaba en la mugrienta taberna ahogando mis penas con el tipo que atendía el lugar, él me dijo que un príncipe venia hacia acá y que probablemente llegaría el día de hoy por la noche; ¿Cómo pudo el saber eso? No lo sé, los cantineros siempre tienen información y no sé cómo la obtienen.

Así que pensé en tomar la identidad de ese idiota; pero necesitaría ayuda, por lo que hable con los sujetos fortachones para que me dieran una mano, con la promesa de regalarles las joyas y el carruaje los cuales valían una fortuna.

Cuando lo tenía amordazado le dije a ese par de idiotas que me escoltaran hasta el castillo y todo lo que portaba seria de ellos, lo que no sabía era que este príncipe era un completo maricón, gritaba como niña y tenía un montón de joyas de mujer, he incluso tenía la boca pintada el muy afeminado. Al final tome su ropa y me vestí con ella; yo termino juzgándolo y siempre me visto como hombre; en fin, el traje estaba algo ajustado; así que tuve que vendar mi busto para que no se notara y para ocultarlo mejor me coloque una capa que escondía aún más mi pecho. Al terminar uno de los cabeza hueca se disfrazó como mi cochero y nos dirigimos hacia el castillo, por segunda vez.

Al llegar me anunciaron como el príncipe Ferdinando III, ya comprendo porque actuaba como vieja si su nombre es ridículo también. Al entrar le dije a mi cochero fornido que se dejara la carroza y que mantuviera a esa loca fuera de aquí para siempre, lo cual no dudo que haga el cobarde ese.

En ese momento pensé que los dioses me estaban sonriendo al fin, no sé porque lo pensaba, ya me habían aporreado y solo por una promesa, así que en realidad lo único que hacían allá arriba era cagarme.

En ese momento me encontraba extasiada de la emoción, al fin mi plan iba en marcha, aun no entiendo como los dioses juegan tan cruelmente con uno, en especial si se es una idiota. Fui escoltada a una enorme habitación, casi del tamaño de la casa de los abuelos, y mientras guardaba las ropas del tal Ferdinando, escuche un grito que provenía de las afueras del cuarto. Mi instinto de protectora me llevo de inmediato al lugar donde se escuchó el chillido; para mi sorpresa y repudio un pringado estaba atacando a una de las sirvientas; la chica parecía menor que yo así que eso me pudrió el hígado de un colerón. –"¡Oye!" – le dije mientras tomaba su mano y lo aventaba al suelo con un solo movimiento, posicionándome frente a la chica para protegerla. Lo único que provoco fue que se pusiera de un huevo y arremetiera contra mí. Pero antes que la bestia arrancara una voz lo detuvo.

–"¿Qué sucede aquí?" – ¿Un misterioso joven de cabello negro? –"saben que está prohibido pelear entre participantes" –Que le pasa diciéndolo con orgullo, solo porque es guapo, varonil, musculoso…gup!... Me voy a atragantar con mi saliva.

–"Lo siento su majestad" – ¿Tan pronto se calmó el animal?; ¿Quién lo diría?... si le dice su majestad y no es el gordo del rey, este tipo ha de ser el príncipe.

–"Por favor, tengan la cortesía de acatar las reglas y pasar al vestíbulo" – Lo dijo el niño bonito con una sonrisa falsa en la cara mientras se marchaba, al menos el otro se largó también.

–"Eto…" – ¡Ara! Había olvidado a la chica.

–"¿Oi, Te encuentras bien?" – le pregunte, mientras ella me veía con sus enormes ojos sollozante y me abrazo.

–"Mi nombre es Alyssa y de ahora en adelante yo te serviré…" ¡¿Qué? –"…en todo lo que usted me pida." – !¿Qué….Qué?¡

–"Pero, ¿De qué estás hablando? –Responde niña que me estas asustando.

En ese momento la pequeña me explicaba que en el castillo se acostumbraba a dar a una de las sirvientas a cada invitado para que los atendieran en todo lo que ellos pidieran, o algo así, ya se me olvido, lo que sí recuerdo es que estaba tan avergonzada que no había rojo que me igualara; en especial porque esa chica me abrazaba mientras lo decía. Ahora que lo pienso todavía me sonrojo. La aparte de mi lado de golpe, ya que soy una persona que siente cierta aversión al contacto humano, y creo que es por toda la persecución que tuve de niña.

En fin; nos dirigimos al vestíbulo, ya que supuestamente se estaba dando un festejo de bienvenida a los pretendientes. Al llegar noté el enorme y hermoso salón, decorado con el escudo de la familia por todos lados; después me fije en la algarabía que escuchaba; claro, quede embobada viendo la decoración y no me di cuenta que esa fiesta estaba fuera de control, lo que yo pensé que sería una reunión de nobles caballeros, era en realidad un desmadre de bestias bebiendo y hartando hasta ya no poder más. Lo peor del caso es que estas fiestas se daban muy seguido en el castillo; ya puedo comprender porque la pequeña princesa odiaba a los hombres, todos aquí eran puercos y apestaban a rayos; ¿Qué no conocen los baños? Al mirar más detenidamente observe que si había uno que otro aristócrata educado; pero con pinta poco varonil y actitud de hartado que no me los aguantaba.

Cuando entre, dos pelados me observaban como si me conocieran, acto siguiente paso lo que temía, se acercaron con sus enormes sonrisas burlona; cuando los vi me entro unas ganas de golpearlos a los dos, pero en ese momento no necesita llamar la atención, así que espere a ver qué pasaba.

–"¡Oi!...mira a quien tenemos aquí"– Le dijo el flaco de mierda al grandote con voz burlona.

–"Si es nada menos que el maricota de Ferdinando"– Dijo el grandote, parece que no conocían al fulano puesto que me han confundido con él, aunque sí han escuchado del imbécil; no sé si molestarme o tranquilizarme.

–"Escuchamos que parecías una mujer…"– Sabia que solo lo conocían por rumores–"…pero nunca pensé que sería como estar de frente con una"–¡Ok! Ya estoy confundida ¿Me enojo o no? En fin, es una suerte que encajara con el perfil.

–"Según los rumores, la única razón por la que vienes es porque tu padre te amenazo con desheredarte si no te casabas con la princesa. ¿Eso es cierto, no?– Así que por eso venia esa loca. Será mejor aprovechar este chisme y mantener un perfil bajo.

–"¡Ya veo!...parece que soy famoso por aquí."– Me encogí de hombros y dije –"Pero eso son solo rumores, y no veo en que les perjudique Caballeros…" – ¿caballeros? Me iré al infierno por mentirosa –"…a menos que crean que soy una amenaza"

–"¡Jah! ¿Tú; una amenaza? Estas de coña…jajajajajaja…– Se van riendo mientras se retiran, esos idiotas se acercaron solo a fastidiar, pero tal y como lo pensaba los competidores no me temen gracias a los rumores. No lo tenía planeado así, pero me sirve.

–"Eto…"– mnh, la había olvidado otra vez –"Yo pienso que Ferdinando-Sama si es muy fuerte, valiente y un caballero, porque usted…"– Esta pequeña, mejor la callo antes que diga algo molesto.

–"Gracias Alyssa-chan"– Puse mi mano en su cabeza –"Espérame en la habitación, que más tarde regresaré".

–"Si, Ferdinando-sama"– Esa niña hace lo que le ordeno con entusiasmo, me pregunto si...

Las trompetas sonaron dándole entrada al fofo rey y su familia. A su izquierda estaba la reina, no tenía más de veintiocho años, con un porte elegante, aura relajada, una sonrisa encantadora y unos hermosos ojos carmesí. A la derecha el príncipe que interrumpió la rencilla afuera de mi habitación hace poco y su esposa embarazada. Y por último entro una princesa nada entusiasmada; no lo podía creer, la pintura no le daba crédito, era más hermosa que cuando la vi hace diez años. Lo único que no había cambiado era su mirada, aun en ese momento seguía viendo la tristeza en sus ojos rojizos.

El rey dijo algunas palabras, las cuales no me importaron en lo absoluto, yo solo quería llegar a estar frente a frente y que ella me reconociera. Desde el otro lado de la habitación avanzaba rápidamente, embistiendo a quién coño estuviese entre ella y yo como toro en celo. Estando a punto de llegar un enorme gordo se me atravesó logrando que la perdiera de vista, en cuanto le di la vuelta por un costado, la princesa había desaparecido igual que en nuestro primer encuentro. Mire hacia todos lados sin éxito, lo único que llamo mi atención fue una puerta cerca de donde ella se encontraba; por la que me dirigí a ella y cruce su umbral; si tan solo hubiera sabido lo que me pasaría detrás de la puerta hubiera huido de ahí dejando una estela de fuego detrás de mí, y no exagero. Al otro lado había un corredor, camine por él, esperando que me llevara donde ella se encontraba; ¡dioses; ¿Por qué no lo hizo? En mitad del recorrido una mano apareció frente a mí arrastrándome hacia un cuarto secreto. En la oscuridad solo pude ver una silueta, la cual me tomo por los hombros y me empujó contra la pared. No lo podía creer; al acercarse a la luz descubrí a mi raptor; era nada más y nada menos que la reina en persona.

–"¡Ara! ¿Pero a quién tengo aquí?–Lo dice mientras se está acercando peligrosamente hacia mí; ¿Qué hago? Trato de zafarme pero estoy petrificada, como si una medusa estuviera mirándome con ojos llenos de lujuria. –"¿Acaso está perdido este bello príncipe?"

–"¡SU MAJESTAD!"

–"Tu puedes llamarme Shizuru" – Que la llame por su nombre, está loca. –"¿Que escudriña mi príncipe de cabellos azules?"

–"Solo bus-co a la prin-cesa"– ¡Mierda! mi voz está temblando.

–"¿Y porque buscas a una princesa…"–¡Glup!.. Sus manos están bajando de mis hombros a mi pecho lentamente–"…si tienes a una reina frente a ti?"–Kyyyyyyaaaaaa…

–"Eso no lo du-do, su ma-jestad…"–Por supuesto, si la descarada está muy en frente mío–"… pero yo he venido a por la princesa; he venido a protegerla"

Lo dije con el tono más serio que tenía y la mire asertivamente, mientras lo decía alejaba sus tentáculos antes que descubriera mi charada; apreté sus manos fuertemente y la aparte un poco, dándome más espacio; con esto pensé que ella dejaría de insinuase ¡Oh dioses ¿Por qué no dejan de fastidiar? –"Ya veo, no hay más remedio; por ahora"– Fue lo que ella respondió, dándome más espacio.

Cuando pensé que podía salir de ahí sin ningún incidente penoso, los dioses me demostraron que siempre estarán en mi contra. La reina me tomo del brazo y me jalo hacia ella logrando que perdiera el equilibrio, lo peor fue que quede aferrada a su pecho y con el rostro en su cuello; estaba sonrojada he incomoda de estar tan cerca de una hermosa mujer, pero eso no fue todo, tomo mi mentón con su mano e hizo que mis labios quedaran muy cera de los suyos; y justo cuando pensé que me besaría, susurró en mi oído –"tu secreto está a salvo con migo".

Mi corazón latía fuertemente, quede en shock, como si fuese una chiquilla de diez años ante un enorme dragón, en cuanto me di cuenta la reina ya no estaba, aun el día de hoy es un misterio para mí el cómo esa mujer aparece y desaparece sin que yo me dé por enterada, a veces me pregunto si será descendiente de alguna familia de ninjas o algo así.

Lo que me tenía caminando como zombi nuevamente por el pasillo era lo que había dicho, ¿Qué sabia de mí? ¿Qué no era hombre? No lo creo, ella nunca llego a tocarme tanto como para saberlo; o ¿Qué yo no era el tal Ferdinando? Tampoco lo creo porque cuando interrogue a ese maricón dijo que era la primera vez que venía, entonces, ¿Qué sabia? Al terminar con el pasillo y con mis pensamientos llegue a un sublime jardín; quede tan extasiada que solo me preguntaba como un edén del tamaño de un bosque estaba dentro del castillo. Al transitar un poco sobre él termine por encontrar la joya que escondía la floresta, era simplemente fantástico; su cabello blanco danzaba por el viento, su porte y elegancia brillaban a la luz de la luna; era lo más increíble que había visto jamás; un corcel pura sangre del oriente y además alvino. No pude evitar acercarme, era dócil y muy cariñoso; cuando lo examine note algo muy peculiar, tenía una cuerda atada cruelmente a su hocico con un nudo que si lo jalaba apretaba cada vez más; es típico encontrar este tipo de ataduras que hacen los inexperto y una cicatriz evidenciaba que lo ataban así desde hace mucho tiempo.

Hice lo que todo buen criador haría ante esta barbarie, lo desate y le coloque correctamente la cuerda como bozal, así cualquiera podía montarlo sin lastimarlo. Lo que no me percate era que su dueña me estaba observando y con lo malcriada que era me reprocho sin duda.

–"¿Que le haces a mi Corcel…"–¡LA PRINCESA!–"… Plebeyo?– ¿Plebeyo? Me llamo plebeyo tal altivamente, ¿Qué Coño le pasa, acaso no sabe quién soy?

–"Permítame presentarme soy el príncipe Ferdinando y yo…"– Al fin la he encontrado, la miraré a los ojos, en cuanto me reconozca le diré que he venido a cumplir mi promesa, he venido a protegerla.

–"No me interesa…"– ¿Me interrumpió? Y sigue sin reconocerme, ¿Cómo es posible? –"… ¡contesta! ¿Qué le haces a mi Corcel?"–¡Shi! Rapazuela malcriada.

–"Pues obviamente dándole los cuidados que su descuidada dueña no le da"

En ese momento me miro con desprecio por haberle contestado de esa forma, me imagino que esperaba que me disculpara pero lógicamente no lo iba a hacer, así que me arrebato la cuerda del caballo y dijo

–"Sal de mi jardín o llamare a los guardias"– Amenazándome con los guardias cuando ya los he descalabrado antes, esta niña no me conoce.

–"¿Por qué me hablas así? "– Le apunte con el dedo –"Le he hecho un favor a tu caballo, en vez de amenazarme deberías pedirme que te enseñe a atarlo"

–"¿Yo? Pedirte que me enseñes, solo eres un mocoso, débil y afeminado remedo de príncipe; jamás te pediría algo a ti"– ¡Shi! Ahora si se la gano.

–"Y tú solo eres una niña rara, presumida y malcriada a quien no le importa dada más que a sí misma.– Reí burlescamente.

–"¿Y porque te importa tanto este caballo?"–Está enojada, su seño se frunció tanto y casi me mata con la mirada. Qué bien lo hago, ahora la persona a quien vine a proteger me odia, será mejor que tranquilice las cosas y baje el tono de mi voz.

–"Porque los caballos son muy importantes para mí."–Suspire, me relaje, mire al corcel y proseguí–"Son magníficos animales, leales, fuertes, inteligentes, te dan lo que tú les des. Cuando los montas son tan rápido que te hacen sentir como si volaras, sus pasiones se convierte en tus pasiones, te vuelves uno con él. Son el Pegaso de los mortales.

–"Yo nunca pensaría en ellos de esa manera…"– Ya se ha calmado –"…ya que jamás he montado uno, se me está prohibido"– Ya entiendo su temperamento.

–"Que remedio" – Dije mientras me quitaba mi capa y se la colocaba.

–"¿Qué haces?"– Dijo extrañada.

–"Que no es obvio, saldremos a cabalgar"– Le respondí mientras montaba su caballo y le extendía mi mano –"Confía en mí".

Se colocó el gorro de la capa para tapar su rostro y tomo mi mano. La subí delante mío para que sintiera el viento sin restricciones; la rodee con mis brazos, tome la rienda y salimos cabalgando hacia el bosque donde acostumbran cazar. Tras pasar a los guardias llegamos a una extensa y verde planicie en donde avance con toda la velocidad que el animal podía. El gorro se hizo hacia atrás por el viento develando una hermosa cabellera castaña y a una chica que ya no tenía los ojos tristes, sino que más brillantes y llenos de alegría que nunca; ella se aferró a mí, no sé si fue por miedo o excitación, pero lo hacía con todas sus fuerzas. Era la primera vez que la veía sonreír de esa manera y eso me lleno de un sentimiento que no podía describir, pero se sentía bien.

Al llegar al bosque hice que el caballo caminara con tranquilidad por los parajes; la princesa seguía abrazándome, pero esta vez estaba más tranquila; casi parecía que estaba durmiendo en mi pecho. Me detuve en un lago en donde la luna llena se reflejaba cual espejo.

–"¿Dónde estamos?"– No estaba dormida.

–"Pensé que podríamos detenernos en este lago"– Me baje del caballo y estire mis brazos hacia ella para bajarla –"¿Vienes?"

–"Bien"–Se sujetó a mis hombros y la baje.

–"¿Qué te parece?"– Le señale la increíble vista del lago.

–"¡Que hermosos!"– Dijo mientras se acercaba a él; en ese momento note que en la escena faltaba algo y que ahora estaba ahí; la princesa adornaba el cuadro cual hija de la luna. Sus cabellos claros brillaban con intensidad a la luz de esta.–"¿No lo crees?"– Me pegunto virando hacia mí y sonriendo.

–"Por supuesto"– Le respondí al igual que me acercaba y me sentaba a la par de ella. –"No habría pedido más."– La chica se sentó igual a mirar el lago.

Durante unos minutos quedamos en silencio mientras disfrutábamos de la brisa que tocaba música con los árboles. Charlamos por horas pero en cuanto se terminaron los temas de conversación quedamos en silencio nuevamente. Al verla recuerdo que estaba cabizbaja, su pelo tapaba sus ojos, así que decidí romper con ese momento incómodo.

–"Es una lástima que no esté lloviendo ahora"– Que sandeces estoy diciendo, se nota que estoy nerviosa, aunque no sé por qué.

–"¿Por qué?"– Me pregunto sorprendida; no la culpo, fue un comentario muy estúpido.

–"Eto…"–Como se lo digo–"Me gusta cuando llueve…"–¡Es cierto!–"… porque el agua me relaja y provoca una sinfonía de la naturaleza, especialmente…

–"Cuando relampaguea"– ¡Are! ¿Qué susurro?

–"¿Cómo lo sabes?– ¿Acaso lee mi mente?

–"Mi madre solía decir lo mismo"–Es cierto ya recordé que su madre había fallecido. Lo olvido ya que por coincidencia se parece a la reina.

–"Lo siento, se lo difícil que es recordad a tus padres, en especial cuando te han dejado sola a temprana edad."

–"¿Y tú como lo sabrías?, tus padres están vivos– ¡Mierda! había olvidado que soy Ferdinando.

–"Eto…yo…veras…es que…"– ¡Maldición! No sé qué decir.

–"Sera mejor regresar"– ¡¿Qué?

En ese momento ella se levantó y se dirigió hacia el corcel; así que no tuve más remedio que montarnos y regresar al castillo. Durante el camino de regreso estuvimos en silencio; cuando llegamos nuevamente al jardín la tome de la cintura y la baje igual que la última vez.

–"Oi…"– ¡Shi!, no sé qué demonios decir en estos momentos.

–"Gracias Ferdinando-san"–Al fin el silencio incomodo termino.–"Tal vez puedas enseñarme a atar bien a Tsuki la próxima vez" –Con que ese es el nombre del caballo, le queda bien.

–"Seguro, será un placer; pero…–Al fin podría preguntarle cuál es su nombre–"… podrías decirme ¿Cuál es tu…"

–"¡Vaya, vaya!"– Este imbécil me interrumpió, pondré mi puño en toda su carota–"Que acaso el rey le tiene permitido a su majestad hablar con los competidores por la noche."–Dijo con ironía el hijo de su madre.

–"¿Y qué hay de ti, Nagi?– Respondió con fiereza la princesa.

–"Soy tu primo, así que estoy exento"– Dijo el desgraciado mientras se acercaba con toda la mala intención hacia ella.

–"No lo creo"– Respondió con ira.

Ante la indisposición de la princesa contra este mequetrefe hice lo que todo buen caballero haría; me atravesé en medio y le dije con toda seriedad.

–"Si esas son las reglas, entonces los competidores tendremos que irnos al vestíbulo, ¿no?"– Deja de verme y apártate de ella.

–"No seré yo quien me valla; así que te aconsejo que nos dejes solos…"– ¡Shi! Se la está buscando–"…Así que vete, porque nos divertiremos los dos."– ¡SE LA GANO!

Lance mi puño con toda la fuerza que mi ira me dio, por desgracia, la misma ira me traiciono, ya que por ella no me di cuenta que dos enormes guardaespaldas se acercaron a mí y detuvieron mi ataque.

–"Enséñenle a quien debe obedecer."

Con esa orden los dos gorilas empezaron a aporrearme, intente defenderme pero ellos eran expertos en alguna clase de técnica marcial; detuvieron y esquivaron cada una de mis embestidas, no solo eso, me dieron la paliza de mi vida. Con la vista borrosa solo note a ese pendejo riéndose de mí y a la princesa decirle algo; después perdí el conocimiento.

Al abrir los ojos note que me encontraba en la habitación del castillo con una Allysa preocupada; todo mi cuerpo me dolía una madre pero eso no impidió que me levantara preocupada por la princesa. Corrí por todo el lugar buscándola; mientras recorría el castillo me topé con quien menos me esperaba, así que arremetí contra él y lo tome del cuello para interrogarlo.

–"Nagi, ¿Qué le has hecho a la princesa?"

–"Lo-lo siento lo de anoche no volverá a ocurrir, pe-pero no me vuelvas a golpear"– ¿Volver a golpear? Acaso este llorón está temblando de miedo.

–"¿Dónde están tus matones?"– Ya que no los veo defendiéndolo.

–"Co-con el doctore ya que tú los tulliste a los dos anoche"– ¿Yo?

En ese momento solté al cobarde quien salió huyendo despavorido. Al parecer nuevamente volví a perder el control, y lo peor de todo que fue frente a la princesa. Salí corriendo a buscarla ya que le debía una explicación de lo que sucedió ayer y de paso tal vez me aclarara algunas cosas.

Al buscarla por alrededor de treinta minutos la encontré en uno de los pasillos caminando con algunas sirvientas. Me acerque con furor pensando en lo que opinaba ella de mí.

–"Oi, princesa, que bueno que la encuentro"–Lo dije sin aliento en mi boca.–"Me gustaría hablar de lo que paso anoche."– No me respondió y sus ojos eran tapados por su cabello –"La cosa es que no recuerdo nada después de que me desmaye así que me gustaría saber si usted está bien…"–Sigue sin contestarme–"…y si me contaría lo que yo hice para salvar…"

–"¡IDIOTA!"

SSSPLASSHH… La cachetada resonó por todo el castillo; fue tan fuerte que el color rojizo de mi mejilla no se desvaneció en todo el día. Toda mi vida me han llamado 'idiota'; pero nunca me había dolido más que cuando salió de sus labios. Aun ahora no sé qué fue lo que hice esa noche. Dioses ¿Qué fue lo que hice?...


Para escusarme por el tamaño de los capitulos debo decir que en word se ve mucho mas extenso...bueno :/