¿Os acordáis del capitulo 7 de la serie? ¿De la conversación de Emma e Ingrid en la comisaria? Que por cierto estoy de acuerdo con muchas de las cosas que le dijo a Emma jajaj no se si eso me hace mala persona o que...en fin, parte de la conver esta en este cap ;)!
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!
Había sido una noche extraña, y no solo por lo raro que era ver a Regina sin sus trajes habituales, vestida con ropa de Emma y más relajada de lo que recordaba haberla visto en mucho tiempo. ¿Cuándo fue la última vez que pasaron un rato juntas con tranquilidad? ¿El café que se tomaron en el apartamento de Mary Margaret después de su clase de magia en el puente? Ninguna se acordaba ya. Habían visto una película cualquiera que daban en la televisión, aunque la mayor parte del tiempo habían estado haciendo comentarios sobre ella y como siempre a Emma le hacían gracia los mordaces comentarios de Regina, no entendía como la gente no se daba cuenta de lo graciosa que podía llegar a ser. Aunque quizá fuese porque no dejaba que mucha gente la viese así, como la estaba viendo ella ahora, seguramente debería sentirse alagada.
Por supuesto habían hablado de Henry, Emma le había contado su año en Nueva York, agradeciéndole una vez más a la Regina la vida feliz que les dio, le enseñó las fotografías que tenia de su vida con Henry, había sido toda una atención al detalle por parte de la morena incluso crear fotografías que demostraran que habían estado siempre juntos, aunque ahora sabían que eso no había sido así y que los recuerdos de Emma eran los de Regina con modificaciones, así que ahora ambas compartían recuerdos de la infancia de Henry, casi como si lo hubiesen criado juntas.
Regina le explicó a Emma con detalle todo lo relacionado con el hechizo de Tinkerbell y Robin Hood. La Salvadora no le encontraba ningún sentido a esa lógica, que el amor pudiese ser magia no quería decir que con magia se pudiese encontrar amor. Regina de verdad estaba dispuesta a pasar página y olvidarse por completo de Robin Hood, además después de su último encuentro se había llevado una gran decepción con él.
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Desde luego había sido una noche agradablemente extraña, pero la más extrañada fue Elsa al llegar por la mañana y encontrarse allí a Regina desayunando con Emma y además vestida con ropa de la rubia.
- Buenos días.
Saludo torpemente por la sorpresa, lanzándole una mirada a Emma que se encogió un poquito de hombros.
- Buenos días. ¿Has desayunado?
Respondió Regina con una educada sonrisa y una taza de café en la mano, sentada en uno de los taburetes de la cocina esperando a que Emma sacase las tostadas. Elsa asintió, pero se sentó también y se sirvió café.
- Pensé que ibas a pasar la noche con Hook.
Dijo la reina de Arendelle un rato después, cuando Regina se hubo marchado. Emma encogió vagamente un hombro.
- Surgió una cosa.
Fue la única explicación, sin dar detalles.
- ¿Y a Hook le pareció bien?
- No.
Respondió Emma riendo un poco, con cierta culpabilidad por haber pasado de él de esa manera teniendo en cuenta la poca atención que le estaba prestando. Elsa rio también, sin ninguna pizca de culpabilidad, podía imaginarse la cara que habría puesto el pirata y eso era demasiado gracioso.
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Emma entró en la comisaria con la cabeza en otro sitio, totalmente distraída, pero volvió en sí de golpe al ver que estaba allí esperándola nada menos que la Reina de las Nieves, sentada despreocupadamente en una de las sillas.
- Hola, Emma. - Saludo con tranquilidad. Al segundo la Salvadora se tensó, todo su cuerpo alerta. – No te preocupes, no estoy aquí para hacerte daño. No pudimos hablar mucho en nuestro último encuentro.
Emma movió disimuladamente las manos hacia su pistola, pero Ingrid congeló el arma con un suspiro de aburrimiento.
- Solo quiero hablar contigo a solas, sin audiencia.
La sheriff no bajó la guardia ni un poco.
- Si bueno, supongo que es un poco difícil hablar cuando estas estrangulando a la gente a mí alrededor.
Respondió secamente.
- Ni siquiera sabes cómo llamar a Regina, ¿qué es tuyo? ¿familia? ¿amiga? ¿otra cosa? – Emma abrió la boca como si fuese a responder, aunque la verdad era que no sabía que decir, pero Ingrid siguió hablando. – Da igual, el caso es que no lo sabes. ¿De verdad te sientes realmente unida a alguien de este pueblo? ¿Te han hecho sentir uno de ellos?
Una vez más Emma no supo que responder, Storybrooke era su hogar, eso lo sabía, lo tenía muy claro, pero aun había veces que se sentía como una extraña, como una extranjera. Incomprendida e incluso a veces rechazada.
- Me aceptan, y me quieren como soy. Pero nunca encajaría en tu retorcida visión de familia.
Respondió Emma fríamente dando unos pasos hasta uno de los escritorios para apoyarse en el sin perder de vista a Ingrid.
- Estoy muy orgullosa de ti, Emma.
Dijo la rubia más mayor cambiando totalmente de tema como lo más normal del mundo.
- No intentes meterte en mi cabeza, eso no va a funcionar. Sé que tenemos un pasado común, del cual vamos a hablar, pero no vas a conseguir manipularme.
- Tan solo estoy siendo sincera. Usa tu súper poder, sabrás que digo la verdad.
Respondió Ingrid tranquilamente, entrelazando las manos en el regazo sin dejar de mirar a Emma de forma maternal. La Salvadora intentó mantener la expresión neutra después de esas palabras, sonriendo solo un poquito como si no le diese importancia.
- ¿Cómo sabes eso?
- Tú me lo contaste, cuando eras una niña. – Respondió la Reina de las Nieves con una tierna sonrisa. – Eras una niña encantadora. Estoy muy agradecida de haberte conocido entonces.
Emma empezaba a frustrarse aunque sabía que no debía hacerlo, esa mujer solo estaba intentando colarse en su mente para manipularla, para conocer sus puntos débiles.
- No me hables como si fuésemos amigas.
Dijo cruzándose de brazos. Ingrid se inclinó un poco hacia delante, clavando su mirada en la otra rubia.
- No somos amigas, Emma. Somos familia.
- Eso es lo que tú quieres. Pero sea cual sea nuestro pasado, el pasado que tu borraste, se lo suficiente para poder decirte que lo que quieres no va a pasar.
Respondió la sheriff que estaba empezando a enfadarse. No debía dejarse llevar por las emociones, pero no podía evitarlo, esa mujer sabía exactamente donde pulsar para hacerla saltar, y eso solo podía saberlo alguien que la conociese muy bien, alguien en quien hubiese confiado para que la conociese tan bien.
- Oh, pero pasará. Al final entenderás que todo lo que digo es verdad, y harás justo lo que ahora crees imposible.
Emma cerró los ojos un segundo recomponiendo su imagen de neutralidad.
- ¿Sí? ¿El qué?
- Tú vendrás a mí. – Respondió Ingrid muy segura, sin dejar de sonreírla con cariño. – Así que, ¿de qué quieres hablar?
La Salvadora dio una honda respiración, luchando por no gritarle a esa mujer, no iba a darle la satisfacción de ver que la estaba afectando lo mas mínimo.
- Sabemos quién eres, sabemos lo que planeas, y por alguna razón quieres que Elsa y yo formemos parte de tu visión de familia.
- Bueno, entonces tienes todas tus respuestas.
Rio Ingrid mirando a Emma divertida, como si todo eso fuese una situación graciosa.
- Quiero saber porque. - Gruñó la sheriff descruzando los brazos y agarrándose al borde del escritorio para mantener las manos quietas. - ¿Por qué has estado siguiéndome toda mi vida?
- Intentaba protegerte, Emma.
- ¿Es lo que hacías en la casa de acogida, protegerme? ¿Entonces porque borraste mis recuerdos? ¿Por qué eran demasiado buenos?
Preguntó Emma con cierta ironía en la voz.
- Toda familia tiene sus altibajos.
Respondió Ingrid repentinamente seria, apartando la vista de Emma por primera vez desde que había entrado.
- Veras, tú y yo no somos familia. Tengo una de esas y se extiende por tres generaciones y 400 años.
Ese repentino cambio en la Reina de las Nieves había dado cierta seguridad a Emma, cierto coraje.
- La familia no es sobre la sangre, es un lazo más fuerte que la genética, y lo sabes muy bien.
Respondió la otra mujer fieramente, volviendo a mirarla, y Emma no pudo evitar pensar en Regina y el lazo que la unía a Henry. Nadie podía negar que fuese su madre, incluso aunque no compartiesen la misma sangre.
- Elsa y yo somos tu verdadera familia porque somos las únicas como tú. Nos pertenecemos. – Siguió Ingrid, y otra vez Emma pensó en Regina, aquel momento en su mausoleo cuando le dijo que era la única que podía entenderla. – La familia que crees tener, puede que te quieran, pero también te temen.
Dijo Ingrid mirando a Emma fijamente, esperando su respuesta. La rubia más joven hizo una mueca.
- Claro que no.
Respondió como si fuese obvio.
- ¿Nunca has visto una punzada de pánico en sus ojos? ¿Un momento de duda por tus poderes? ¿Ni una vez te han hecho sentir diferente? No me lo creo.
Emma apretó la mandíbula.
- Me quieren por quien soy, incluyendo mis poderes.
- Yo también pensé eso una vez, Emma.
El tono de madre explicando algo obvio a su hija termino de sacar a Emma de sus casillas, que dio un golpe en el escritorio y empezó a andar de un lado para otro.
- Entiendo que estés molesta.
- ¿Ahora también sabes cómo me siento?
Dijo la Salvadora de la forma más hiriente que pudo.
- Te conozco mejor que tú misma, Emma.
- Sí, porque te llevaste ¿Qué? ¿un año de mi vida?
Sabía que había dejado a Ingrid entrar en su mente y que la mujer la había llevado totalmente a su terreno, pero no podía evitarlo. No estaba molesta, estaba furiosa y no entendía muy bien porque.
- Cuando vivías conmigo hablabas de tus padres todo el tiempo. Estabas muy enfadada con ellos por dejarte.
- Tenían una buena razón para ello, lo sé ahora.
Defendió Emma de forma automática, como una respuesta aprendida.
- Eso no cambia el hecho de que no te sintieras querida durante 28 años.
- No tuvieron elección.
- Siempre hay elección, Emma. Podrían haberse quedado contigo, podrían haber descubierto otra forma, podrían haberlo intentado.
Ahora quien parecía molesta era Ingrid, como si de verdad la molestase que David y Mary Margaret hubiesen obligado a Emma a pasar por toda esa soledad, como si de verdad le importase.
- Hicieron lo que tenían que hacer para salvar a todo un reino.
Volvió a defender Emma, aunque una parte de ella no podía evitar darle la razón a Ingrid, ella misma lo había pensado muchas veces después de saber la verdadera historia de su abandono.
- Tú eras su única hija, y te usaron para romper una maldición. Y siguen usando tus poderes ¿Cuántas veces les has salvado? ¿Cuántas veces te has sentido más como "la Salvadora" que como su hija? Y solo hace falta un pequeño error y tus poderes pasaran de ser su salvación a ser su peor pesadilla.
Emma tensaba y destensaba la mandíbula con rabia, no quería darle la razón. No debía darle la razón. Pero la tenía. Siempre tenía que ser la Salvadora, la heroína, quien supiese como actuar y quien hiciese lo correcto. Sentía la necesidad de estar siempre alerta, pendiente de todo el mundo, dispuesta a ponerse de escudo ante cualquier peligro, sentía que llevaba sobre los hombros a todo Storybrooke, a todo el Bosque Encantando, y todo lo que quería era sentirse protegida ella por una vez en vez de ser quien tuviese que salvar el día.
- No los conoces a ellos o a mí.
Respondió Emma entre dientes.
- No tengo que conocerte, Emma. He sido tú: diferente, incomprendida, sola. Y ahora han decidido tener un nuevo hijo. ¿Y no crees que dan gracias cada día de que haya nacido normal?
- Ellos me quieren.
Dijo la sheriff con una voz que anticipaba peligro, sentía la sangre arder en sus venas por la rabia.
- No puedes querer a alguien a quien no puedes entender. Y cuando la gente no entiende algo, aprenden a temerlo, y después lo miran como a un monstruo.
- ¡Cállate!
Gritó Emma fuera de sí, golpeando el escritorio con furia. Una ráfaga de magia salió de sus manos arrasando parte de la comisaria y derrumbando una pared.
- ¿Qué me has hecho?
Preguntó mirándose las manos con temor, la magia aun brillaba en ellas.
- Solo te he enseñado quien eres de verdad.
Rio Ingrid poniéndose en pie como quien se marcha después de tomar un té.
- Haz que pare.
Dijo Emma con voz temblorosa tratando se controlar la magia que aun notaba caliente en sus manos.
- No puedo. Eres tú, Emma. Y es precioso. Cuando estés preparada sabrás donde encontrarme.
Respondió la Reina de las Nieves con una orgullosa sonrisa haciendo una floritura con la mano y desapareciendo en un remolino de nieve. Emma miró con pánico el lugar donde un segundo antes había estado Sarah Fisher y luego el gran agujero de la pared, por donde empezaban a asomar algunas caras curiosas.
Emma quiso echar a correr, alejarse de los curiosos, alejarse de la gente y parar esa magia que se escapaba de ella sin control, pero su padre entro en ese momento en la comisaria para cubrir su turno de trabajo como cada día.
- ¿Emma? ¿Qué ha pasado aquí?
Preguntó alarmado soltando la bolsa de papel de Granny's en uno de los escritorios que habían quedado intactos y mirando el enorme boquete de la pared. Emma le miró con el terror escrito en la cara y las palmas de las manos extendidas. David dio un paso atrás al ver como la magia brillaba en las manos de su hija como chispazos de energía, luego avanzó hacia ella levantando las manos para calmarla.
- Emma, baja las manos…
- No, atrás, no te acerques a mí, no puedo controlarlo.
Pidió Emma avanzando hacia atrás para apartarse de su padre, pero David no la hizo caso y siguió acercándose, arrinconando a Emma contra las celdas, pero cuando estaba a punto de alcanzarla otra ráfaga de magia salió de las manos de la rubia lanzando al príncipe a través de toda la comisaria. Atravesó la pared de cristal del pequeño despacho y chocó contra la pared del fondo, cayendo al suelo pesadamente.
- ¡David!
Gritó Emma asustada dando unos pasos hacia él, pero se detuvo cerrando las manos en puños para evitar hacerle daño otra vez. Cuando vio como su padre se movía y empezaba a levantarse, atravesó el hueco de la pared dirigiéndose a su escarabajo a toda velocidad.
- Emma, espera. ¡Emma!
Ignoró por completo a David y pisó el acelerador para salir de allí lo antes posible.
