Me alegro de que os gustase el capi anterior jajaja me encanta Elsa, pero me quedo yo con ganas en la serie de que Regina fuese a ayudar a Emma xD Bueno y aqui dejo otro capi un poco mas tranquilito.
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!
El plan de Ingrid había fallado, Emma no había llegado hasta ella, había estado cerca, muy cerca, unos pasos más y habría estado ante la puerta de su guarida, pero eso no había pasado. Y culpaba completamente a Regina por ello, si la morena no hubiese aparecido, Emma ahora estaría con ella. Aunque al menos había salido algo bueno de todo eso, Emma por fin había abrazado sus poderes, los había aceptado y tomado pleno control sobre ellos, ahora estaba practicando con Elsa para conocerlos más a fondo, las dos rubias tenían ya absoluto control. Aunque eso no quitaba que aun necesitasen algo de guía mágica, después de todo una cosa es saber controlarlos y otra saber cómo usarlos correctamente de manera automática, por eso Emma había pensado en pedirle ayuda a Regina, pero por algún motivo la reina se negó, dijo que estaba muy ocupada, que tenía otros asuntos entre manos, que no tenía tiempo, y aunque Emma sabía que eran solamente excusas prefirió no insistir, por raro que le pareciese la actitud de la morena.
Y lo cierto era que Regina llevaba evitando a Emma una semana, seguía sus progresos mágicos por medio de Henry o incluso de Mary Margaret, pero esquivaba la compañía de la rubia todo lo que podía, incluso aunque sabía que eso no podría durar, más tarde o más temprano tendrían que juntarse para algo, o la rubia se presentaría en su casa preguntando por ese distanciamiento. O quizá era lo que Regina quería pensar que pasaría, que a Emma le preocuparía lo suficiente como para darse cuenta de que la estaba evitando y que ese hecho la molestase. Maldita sea. Ni en sus peores sueños imaginó que esto pasaría, y menos aún a ella. No se le iba de la cabeza ese momento en el coche de la rubia, cuando la miró y todo hizo "click" en su cabeza, comprendió muchas cosas en ese mismo instante, encontró la explicación que llevaba tiempo buscando. El por qué no había incinerado hacia tiempo a Emma Swan, el por qué le había dolido tanto que fuese ella precisamente quien arruinase lo suyo con Robin, y el por qué no podía odiarla a pesar de ello. Debía haberlo sabido antes ¿verdad? No era algo que hubiese surgido de repente, venia de tiempo atrás, de más tiempo atrás del que ella misma sospechaba. Todo había empezado cuando tuvo que resignarse a que esa mujer estuviese en la vida de Henry, había tenido que ponerse de acuerdo con ella para sus visitas al niño, luego empezó a confiar en ella para cuidar de su hijo, sabía que si alguien se preocuparía por la seguridad de Henry tanto como ella esa seria Emma, luego la rubia la había salvado más de una y más de dos veces, empezó a confiar realmente en ella incluso aunque no la soportase, había empezado a irritarle menos su presencia, luego llegó esa extraña conexión mágica que tenían, esa extraña comprensión entre ellas, lo más sorprendente fue saber que Emma realmente creía en ella, aunque igual de sorprendente era que Regina también creía en la rubia, en quien era ella, en su potencial, incluso encontraba su presencia reconfortante, casi un apoyo entre esa marea de gente que la odiaba. Luego el pirata empezó a convertirse en una molestia con su constante perseguir a Emma. Y entonces tuvo que dejarla ir con Henry, ahí fue cuando definitivamente debió de haberlo sabido, pero habría sido tarde, así que prefirió seguir enterrándolo ya que no la dejaron enterrar su corazón. Luego llegó Robin, un salvavidas en mitad de la tormenta, algo a lo que agarrarse para flotar. Y entonces la traición cuando Emma trajo de vuelta a Marian. Todavía lo recordaba perfectamente, esa punzada ardiente atravesándola el pecho, y aun así ni siquiera pudo pensar en una venganza, no pensó en devolver el golpe, en vez de eso Emma había dicho que quería ser su amiga y ella había dicho en voz alta que no quería matarla. Y la cara de Emma en aquel momento parecía tan feliz por ello… Obviamente en algún momento Regina tendría que enfrentarse a esos sentimientos, y después de haber salido casi literalmente corriendo tras Emma para ayudarla cuando se enteró de lo que había pasado con sus poderes, no había podido seguir posponiéndolo. Y en el escarabajo amarillo una sonrisa de Emma le había echado todo eso encima. Mierda mierda mierda. Tenía sentimientos por la Salvadora, la hija de la mujer a la que por mucho tiempo había considerado la raíz de todas sus desgracias. No sabía que iba a hacer ahora, no se creía capaz de mirar a Emma sabiendo lo que sabía ahora, seria romperse otra vez el corazón sabiendo que era algo imposible, la rubia estaba con ese hombre que no sabía que existía algo más allá de cuero, y aunque no fuese así ¿qué podía ofrecerle la Reina Malvada a la hija del amor verdadero? Tenía que sacarse esas tonterías de dentro y rápido, por su bien y por el de Henry. El chico estaba contento de que sus madres por fin se llevasen bien y empezaran a ser amigas y no quería quitarle eso, además que Emma Swan no pudiese corresponderle esa clase de sentimientos no quería decir que no pudiesen ser realmente amigas, ¿por qué no? Después de todo por lo que habían pasado y de esa manera que tenían de comprenderse la una a la otra. Lo mejor sería apagar el fuego antes de que se hiciese demasiado grande.
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Emma apagó el fuego que acababa de crear mágicamente con un cojín antes de que se le descontrolase más. Aun no sabía cómo Regina era capaz de crear bolas de fuego con esa facilidad sin hacerse ni una sola quemadura. Ahora que por fin controlaba su magia no sabía cómo Regina era capaz de hacerla con tanta facilidad sin crear ningún desastre, y le gustaría preguntárselo, pero llevaba una semana viéndola solo de pasada sin poder hablar con ella.
- Te he dicho que no intentes crear fuego sin que este yo cerca, ahora hay una quemadura en nuestro cojín.
Dijo Elsa agarrando el cojín para revisar los daños. Acababa de salir de su habitación con algo de ropa de Emma puesta, la sheriff le había dicho que quizá sería bueno empezar a pensar en ponerse ropa más normal, sobre todo porque le resultaría más cómoda, aun no entendía como Elsa había sido capaz de correr de un lado para otro con ese vestido. Lo que pasa es que el estilo de Emma definitivamente no era el suyo.
- No creo que mi estilo vaya contigo.
Dijo Emma mirando a su amiga con una mueca crítica.
- Menos mal que tú también piensas lo mismo.
Suspiró Elsa que no quería herir los sentimientos de vestuario de la otra mujer. Emma rio un poco.
- Ponte lo que quieras, nos vamos de compras.
- Pero Ingrid… Anna…
Protestó Elsa, tenía asuntos más importantes sobre los que preocuparse.
- Venceremos, y encontraremos a Anna, pero no nos vendría mal un rato libre de tensión, a lo mejor eso nos ayuda a pensar. Y si no tendrás que llevar mi ropa.
Elsa miró la ropa que llevaba puesta y suspiró asintiendo, dándole la razón a Emma.
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Así que la rubia condujo hasta el centro de la ciudad, llevando a Elsa de una tienda a otra, aunque encontró más cosas para sí misma que para su amiga. Después de un rato mirando escaparates, Emma vio a Regina a través de uno de ellos, sonrió y entró en la tienda.
- Regina. Hola.
Saludo amistosamente asustando un poco a la morena que no la había oído.
- Señorita Swan ¿qué hace aquí? – Emma levantó una ceja y Regina soltó una risita. – Emma, ¿qué haces aquí?
- Elsa y yo hemos salido a hacer unas compras – Respondió señalando a la rubia que había entrado detrás de ella. - ¿Y tú?
Por un momento Regina lanzó a Elsa una mirada que Emma no supo descifrar, pero enseguida desapareció y la morena sonrió un poco para saludar a la reina de Arendelle, mirándola de arriba abajo sin hacer ningún comentario sobre el estilo Emma que tan poco le pegaba.
- Estoy con Henry.
- Mamá ha pensado que con la Reina de las Nieves por aquí necesito más ropa de abrigo.
Dijo el chico saliendo en ese momento de uno de los probadores con un jersey que le hacía parecer demasiado hinchado para moverse con soltura.
- Pero creo que se está pasando.
Añadió Henry mirando a la morena, quien se rio un poco y asintió dándole la razón, Henry sonrió a las dos rubias y volvió a entrar al probador dejando a las tres mujeres en un extraño silencio.
- ¿Y qué tal han ido las compras?
Preguntó Regina con educación mirando las bolsas que llevaba Emma.
- De momento bien para mí y mal para Elsa, no encontramos nada para ella.
La morena miró a Elsa pensativa.
- Un poco más adelante, girando a una de las calles de la izquierda encontrareis unas tiendas que a lo mejor le encajan mejor, tienen ropa menos… - Emma movió las cejas a la espera de que acabase la frase. – menos Emma Swan.
Completó Regina con una risita, haciendo reír a las otras dos mujeres.
- Si, deberíamos ir a mirar…Podríais venir con nosotros, seguro que entre reinas os entendéis mejor para esto.
Sugirió de pronto Emma señalando a las dos, Regina iba a negarse, pero la rubia no le dio tiempo.
- Eh, chico, ¿te apetece veniros de compras con nosotras?
- Me parece genial.
Contestó Henry desde el probador en el que parecía estar peleándose por quitarse el jersey. Emma sonrió a Regina y la morena suspiró. Eso no iba a ayudar a sus propósitos de olvidarse de Emma, pero no podía negarle a su hijo la compañía de su otra madre, ni tampoco quería negársela a sí misma, que era lo peor.
- Creerás que no me he dado cuenta de que llevas una semana ignorándome, pero si lo he hecho.
Dijo Emma cuando salieron de la tienda, con Henry y Elsa caminando un poco por delante de ellas. Regina no miraba a la mujer que caminaba a su lado, abrió la boca sin saber que decir.
- ¿Te asusté? – Preguntó Emma con cierta preocupación, la morena la miró sin comprender. – Ya sabes, con toda esa magia descontrolada y las chispas y la evidente destrucción que había a mi alrededor…
Explicó la Salvadora con encogimiento de hombros fingidamente indiferente.
- Si me hubieses asustado no habría ido ¿no crees? Además ahora ya controlas tu magia ¿no?
- Eso lo sabrías si hubieses venido a verlo. – Rio Emma haciendo sentir un poco culpable a Regina. – He provocado algunos pequeños desastres, pero voy cogiéndole el truco a esto de la magia. Entre Elsa y yo nos ayudamos mutuamente.
Completó Emma, la morena se sintió un poco mal por no haber estado allí para ayudarla con la magia, y notó una pequeña punzada de celos al saber que Elsa si había estado. La rubia reina y Henry las esperaban en la entrada de una tienda y las dos entraron con ellos.
Pasaron una tarde agradable los cuatro eligiendo ropa, y después Emma se ofreció a llevarlos a casa en su coche. Paró en su apartamento para dejar a Elsa.
- Los dejo en su casa y vuelvo, hay una cosa que quiero enseñarle a Regina.
Explicó Emma, su amiga asintió y abrió la puerta para salir del coche.
- ¿Puedo quedarme con ella? Bueno, y a dormir. Aun no me he quedado ninguna noche en tu nuevo piso.
Dijo Henry asomando la cabeza desde el asiento de atrás. Emma compartió una mirada con Regina, quien asintió conforme, esa noche de todos modos quería seguir investigando sobre el autor del libro y la vendría bien la soledad, así que Henry se bajó con Elsa y Regina se mudó al asiento de delante.
- ¿Qué es eso que quieres enseñarme? ¿Debería preocuparme?
Preguntó la morena con una risita, más cómoda sentada en ese coche de lo que nunca habría esperado.
- Ya verás.
Respondió Emma con una sonrisa casi infantil. Llegaron a la mansión y la rubia se bajó del coche con ella, acompañándola hasta el porche de la entrada.
- Espero que lo que querías enseñarme no fuese mi propia puerta, porque sabía llegar sola.
Dijo Regina un poco confusa, Emma giró los ojos con una risita.
- No. Mira.
Cerró los ojos un momento para concentrarse, levantando las manos desde donde ascendió la magia coloreando el cielo como si fuese una pequeña aurora boreal sobre ellas que luego se trasformó en unos bonitos fuegos artificiales que las iluminaban con sus colores cambiantes. Regina miró a Emma sorprendida por ese control sobre su magia, pero la rubia no la miraba a ella, tenía la vista clavada en el cielo, se la veía orgullosa de poder enseñarle eso a Regina. La morena sonrió con cierta resignación, no podía seguir evitándola, mantenerse apartada no era la solución, ya no creía que nada pudiese ser la solución. Pero si esos sentimientos nunca iban a ser correspondidos al menos sí podría ser amigas, si Emma de verdad lo quería Regina estaba más que dispuesta a ello.
- Es precioso Emma.
Dijo con más cariño del que quería mostrar. La rubia despegó la mirada del cielo para mirarla con una alegre sonrisa.
