Los exámenes de final de evaluación y que mi word quiso dejar de funcionar misteriosamente por un tiempo han hecho que esta vez me retrase más de lo quería, sorry! pero aquí estoy otra vez, y espero poder dedicar más tiempo a escribir ahora que llegan las vacaciones de navidad :)!
Ya actualicé ayer en Swan Queen Tales y subí el primer capitulo de la secuela de Frozen por si alguien quiere echarle un vistazo ;) y ahora ya dejo de liarme y os dejo con el capitulo jajjaja
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!
La Reina de las Nieves no había vuelto a intentar nada desde que visitó a Emma en la comisaria, todo parecía estar tranquilo. Demasiado tranquilo para Storybrooke. Casi no la sorprendió encontrar la carpeta encima de su escritorio de la comisaria, pero Ingrid no parecía estar por ninguna parte. Cogió la carpeta con cautela y la abrió con curiosidad. Dentro había varios dibujos que iban firmados con su nombre y que Emma no recordaba, algunos de ellos estaban dedicados para Sarah, estaban sus viejos proyectos y ensayos artísticos, ella tenía uno igual con las cosas de Henry. Pero lo que más la afectó fue una tarjeta de cumpleaños que no recordaba haber escrito y en la que le agradecía a Sarah ser la familia que nunca tuvo. Si lo que tenía en las manos era real, en algún momento de su vida Emma había querido realmente a la Reina de las Nieves, lo suficiente para considerarla familia. Si lo que tenía en las manos era cierto eso significaba que Emma no había estado siempre sola, que en algún momento había pertenecido a algún lugar, había estado unida a alguien, había querido a alguien y alguien la había querido a ella. Y ahí estaba otra vez ese sentimiento de que faltaba una pieza y de que esa pieza la tenía Ingrid.
Sabía que era una mala idea, sabía que era peligroso y sabía que Regina le había dicho muy específicamente que no lo hiciese, pero necesitaba llenar ese hueco de su memoria y su pasado, así que cogió su escarabajo amarillo y fue al bosque, pasó exactamente por los mismos lugares por los que había pasado cuando su magia se descontroló, aquí y allá todavía había marcas de ello. Cuando llegó al lugar en el que Regina la había detenido, el lugar en el que por fin había conseguido controlar su magia gracias a la morena, volvió a detenerse, esta vez por su cuenta. Regina iba a estar muy enfadada cuando se enterase de a donde había ido sola. Emma no pudo evitar sonreír un poco ante la idea de Regina lo suficientemente preocupada por su seguridad como para llegar a enfadarse, y por lo curioso que resultaba estar pensando en su reacción cuando se enterase de lo que estaba haciendo. Regina había sido la primera persona en venírsele a la cabeza cuando decidió hacerle una visita a Ingrid, seguramente porque la morena había sido quien la había dicho específicamente que no hiciese justo lo que estaba haciendo, pero también porque le importaba lo que pensase la reina. Pero en ese momento no tenía tiempo para pararse a pensar en qué pensaría nadie más, necesitaba respuestas y sabía que Ingrid no se las daría si iba acompañada.
- Te esperaba. – Dijo Ingrid en cuanto Emma puso un pie en su guarida de hielo. – Aunque debo admitir que te esperaba más pronto y en otras circunstancias.
- Bueno, siento no venir a visitarte soltando chispas por las manos.
Respondió la Salvadora con sarcasmo, parada desafiantemente en la entrada. Todo su sentido común la decía que no debía estar allí, que debía marcharse en ese mismo momento, pero su instinto le decía que solo allí y ahora podría encontrar sus respuestas.
- Si, supongo que debemos culpar a cierta entrometida Reina Malvada por ello. Casi pensaba que si alguien podría ayudarte a controlar tus poderes antes de venir a mí, esa seria Elsa. Pero da igual.
Ingrid estaba sentada en un blanco diván hablando despreocupadamente, como su hubiesen quedado para tomar algo y charlar.
- Supongo que recibiste mi regalo.
- Encontré una carpeta, sí. - Respondió Emma secamente. - ¿Qué significa?
La Reina de las Nieves rio un poco.
- Creía que era obvio: que cuando eras más joven te gustaba mucho el arte. Recuerdo que te encantaba visitar museos, te quedabas embobada con algunos cuadros. También solía llevarte a dibujar por la ciudad, te gustaba dibujar paisajes. En esa carpeta están casi todos tus proyectos, pero no pude separarme de esto.
Explicó Ingrid, y con un movimiento de su mano apareció en ella mágicamente un retrato de la rubia reina. Lo miró un momento con cariño y luego se lo ofreció a Emma. La sheriff lo miró con desconfianza.
- Vamos, sabes que no voy a hacerte daño, tu súper poder te dirá si miento. Cógelo.
Hizo un gesto con el retrato hacia Emma, que se acercó lentamente, con cautela, hasta estar a la suficiente distancia para coger el dibujo. Lo observó con curiosidad, reconociendo su propia mano en el dibujo y su firma en la esquina.
- Me lo dibujaste una tarde que llovía y no pudimos salir a la calle, mientras tu dibujabas yo te contaba historias que te hacían reír.
Recordó Ingrid con una nostálgica sonrisa. Emma le devolvió el retrato con cierta rabia.
- Mientes.
- Sabes que no. Igual que yo sé que volverás a quererme.
La mujer más mayor se levantó del diván quedando de pie frente a Emma.
- No puedes hacer que alguien te quiera mediante magia.
Dijo la Salvadora con la mandíbula apretada. No sabía porque había ido allí, porque necesitaba tanto llenar ese vacío de su memoria. No entendía esa necesidad de saber que no siempre había sido rechazada, no cuando ahora tenía un hogar, y familia y amigos. Pero lo necesitaba.
- Pero yo no haré que me quieras con magia. Tú ya me has querido antes, solo tienes que recordarlo.
- ¡¿Cómo voy a recordarlo si me has borrado la memoria?!
Estalló Emma frustrada por la tranquilidad y confianza de esa mujer.
- Antes de devolverte los recuerdos quiero que sepas por qué lo hice.
Señaló el diván del que se acababa de levantar invitando a Emma a tomar asiento, pero la rubia más joven se limitó a quedarse donde estaba, mirando agresivamente a Ingrid, quien si se sentó con tranquilidad.
- Cuando yo era joven sucedió…un accidente con mis poderes. Mi propia hermana me llamó monstruo y me encerró en una urna. – Ingrid más que hablar con Emma parecía perdida en sus propios recuerdos, recordando aquel doloroso momento. – Cuando conseguí liberarme ni siquiera quería venganza, solo alguien que me diese el amor que mis hermanas me negaron. Pero no podía ser cualquiera, debía ser alguien que entendiese lo que era yo, con mis poderes incluidos. Sabía que una de esas personas sería Elsa. Y lo será, pronto. Pero un poderoso mago predijo que la tercera "hermana" aún no había nacido, así que me mandó aquí, al mundo real, al lugar donde llegarías, solo con tu nombre.
A Emma todo eso le sonaba demasiado fantasioso, pero con toda la fantasía a la que había tenido que enfrentarse ya, no podía descartar la explicación que estaba dando Ingrid como algo real.
- Esperé muchos años, busqué por todas partes, hasta encontrarte. Estabas tan perdida, tan rota. Eras una niña perdida y yo te encontré. Mi familia me rechazó, la tuya te abandono, y ambas podíamos curarnos mutuamente ¿no lo ves?
Ingrid la miró casi suplicándole que lo entendiese, que podían ser la familia perfecta, las tres, ellas dos y Elsa.
- Pero me devolviste, como todos los demás. Y me borraste los recuerdos.
Dijo la Salvadora negándose a dejarse conmover por esas palabras.
- Pasó algo. Pensaba que ya estabas lista, que podía mostrarte cómo era yo realmente y como eras tú, pero me equivoqué, tu magia no se activó y tú te asustaste de mí. Me dolió tanto como me mirabas… No estabas lista, pero el daño ya estaba hecho. Así que cuando me encontré contigo aquí te borré los recuerdos esperando al momento adecuado para empezar de nuevo. Sabia de la maldición de la Reina Malvada, así que había venido a esperarte aquí, luego podríamos ir juntas a rescatar a Elsa, pero no hizo falta, tú la trajiste. ¿No te das cuenta? Es una señal, las tres estamos aquí, ahora, gracias a ti. Somos familia, Emma.
Ingrid se levantó otra vez y avanzó hacía ella totalmente descalza. Emma dio varios pasos atrás para apartarse de ella.
- Ya tengo una familia.
- La misma que te abandonó. Yo pasé media vida buscándote y la otra media esperándote para poder empezar de nuevo. Te quería antes incluso de que existieras, te esperaba antes de saber cuándo o dónde nacerías. Y tú me querías a mí, has podido verlo por ti misma. Emma, yo nunca te abandonaría, nunca querría que fueses nada que no quisieras o para lo que no estuvieses preparada.
Emma hundió las manos en el pelo con frustración. Una vez más las palabras de esa mujer estaban consiguiendo meterse dentro de ella, de ella y de esa necesidad, de ese viejo habito de necesitar sentirse querida por quien era.
- Quiero que volvamos a ser una familia, Emma, como antes. Sabes que yo nunca te veré tan solo cómo la Salvadora igual que hacen ellos.
- Ellos no…
Intentó defender Emma, pero en ese momento no se le ocurrían palabras para ello, después de todo así era como todos la hacían sentir, solo como la Salvadora, como la heroína, como quien siempre tiene que salvar el día, alguien que nunca puede asustarse ni echarse atrás ni dudar, siempre debía soportar todo el peso que quisieran poner sobre sus hombros.
- Para ellos solo eres carne de cañón, te quieren en cada momento de crisis y luego retoman sus vidas sin que tú participes en ellas.
Desde luego Ingrid estaba minando totalmente su ánimo, Emma la miró con tristeza, no quería creerse sus palabras, pero sonaban dolorosamente ciertas. La Reina de las Nieves hizo aparecer una piedra morada en su mano y con un simple gesto de la otra, una ráfaga mágica salió de la piedra directa hacia Emma. La Salvadora notó un ligero mareo, pero enseguida esa pieza que le faltaba se colocó en su sitio cuando los recuerdos que Ingrid se había llevado volvieron a su memoria. Cuando volvió a mirar a la mujer lo hizo con otros ojos, ahora recordaba los momentos vividos con ella, recordaba cómo se había sentido viviendo con ella, había tenido un hogar, una familia, un lugar en el que era indudablemente querida. Y ese era un buen sentimiento, era un sentimiento cálido, reconfortante.
- ¿Sarah?
Dijo con un hilo de voz. Ingrid sonrió tiernamente, casi llorando de alegría al ver que Emma la reconocía como lo que había sido para ella, su familia.
- Casi haces que me atropelle un coche.
Añadió la sheriff sin tono de reproche ni rencor. Resultaba que después de todo Ingrid no la había devuelto, ella había huido.
- Pero ahora sabes el porqué.
- Aun no puedo creer que lo hicieses. Quizá si me lo hubieras explicado…
Ingrid rio un poco, dando un paso hacia Emma.
- Tampoco me habrías creído, aún era pronto, pero yo estaba tan ansiosa de que me conocieses tal y como era, y de que supieses quien eras tú realmente, que no me paré a pensar en lo que te estaba haciendo.
Emma no podía dejar de mirar a esa mujer tal y como la había visto tanto años atrás, como un puerto seguro, alguien con quien poder contar.
- ¿Y porque ahora? Has estado aquí todo este tiempo.
- Ahora es cuando por fin estamos las tres juntas. Es todo lo que quiero Emma, que podamos ser una familia Elsa, tu y yo. No creo que haya nada de malo en eso ¿no?
- Pero yo ya tengo una familia, Sarah, mi verdadera familia.
Ingrid negó lentamente con la cabeza, con una triste sonrisa.
- Ya te dije que la familia no tiene nada que ver con la sangre. Puedo ser para ti lo que tus padres nunca fueron ni serán. Puedo entenderte como nadie más lo hará. Podemos ser felices, Emma, como antes.
La Salvadora la miró de arriba abajo, uniendo a la mujer que había conocido con la que tenía ahora frente a ella, con lado mágico incluido.
- Así que dime, ¿qué quieres hacer?
Preguntó Ingrid con suavidad. La sheriff se mordió el labio dudosa, y por un momento volvió a tener catorce años y a estar abandonada, hasta que esa mujer la acogió bajo su techo y la brindó su amor.
Emma dio dos pasos y abrazó con fuerza a la Reina de las Nieves.
