Me disculpo aquí también por la tardanza, en estas fechas se me ha ido el santo al cielo y con eso de estar de "vacaciones" no he hecho gran cosa jajajaja Pero volví ;)! No penséis que me había olvidado de los fics! xD
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!
Esta vez Hook lo había planeado para que no hubiese interrupciones, había recogido a Emma sin avisar y la había sacado de su apartamento sin darla tiempo a avisar a nadie más que a Elsa, que se quedó un poco sorprendida cuando vio entrar al pirata en el piso, recoger a su novia y llevársela sin decir a donde irían. Era la única manera de asegurarse de que nadie les interrumpiría, de que nadie aparecería con una repentina crisis o cualquier excusa que hiciese que Emma tuviese que marcharse. Tan solo quería un poco de tiempo con ella, maldita sea, no era tanto pedir. La hizo conducir hasta el bosque y sacó una manta y una cesta con comida del maletero.
- ¿Cómo has metido eso ahí? ¿Has forzado la cerradura de mi coche?
Preguntó Emma un poco sorprendida, por respuesta Hook alzó una ceja con una sonrisa traviesa, extendiendo la manta en el suelo, dando un golpecito a su lado para que Emma se sentase junto a él, cuando lo hizo le pasó la mano buena por los hombros, atrayéndola hacia si.
- No puedo creerme que por fin haya conseguido un momento a solas contigo.
Dijo el pirata realmente sin creérselo, Emma rio un poco cogiendo la bolsa de Granny's que Hook había sacado de la cesta.
- Ahora seguro que lo has gafado por decir eso, pasará algo.
La rubia había decidido dejar correr el asunto de que se tomase la libertad de forzar su coche ya que había sido por un buen motivo, pero en algún momento tendría que hablar con él sobre eso.
- No va a pasar nada.
Dijo el pirata firmemente, mirando a su alrededor como retando al mundo a que se atreviese a interrumpir su momento.
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En su cueva de hielo Ingrid se sentía frustrada. Su plan había fallado. A esas alturas Emma ya debería estar de su parte, y Elsa al menos a medio camino de lo mismo, y en vez de eso las dos se habían enfrentado a ella y habían vuelto a irse. No podía consentirlo. Y quien tenía la culpa de que Emma no estuviese a su lado era, por dos veces, la Reina Malvada. Ella había impedido que Emma llegase a su cueva cuando sus poderes se descontrolaron, y luego apareció con sus palabras que hicieron dudar a la Salvadora y volvió a alejarse de su lado. Tenía que quitarse de en medio a esa mujer. De toda la gente de Storybrooke nunca pensó que justo la Reina Malvada fuese a ser el problema, pero no podía simplemente eliminarla, Emma ya había dejado bien claro que jamás se uniría a ella si hacía daño a su familia. Por supuesto pronto entendería que su familia eran Elsa y ella, pero hasta entonces tenía que andar con cuidado. Entonces recordó algo que ya había hecho años atrás, y esta vez saldría bien, no habría errores. Pero primero le hacía falta algo. Desapareció en una nube de nieve y se materializó en la entrada de la mansión de Regina, en una de las paredes estaba el espejo en el que la Reina se había mirado tan a menudo, Ingrid sonrió a su propio reflejo y el espejo se rompió, volando uno de sus pedazos hasta su mano, luego subió tranquilamente hasta el piso de arriba y se paró frente a la habitación de la morena, que dio un salto de su diván al verla allí.
- ¿Qué dem..?
Empezó la morena, pero sin tener tiempo de terminar Ingrid abrió la mano en la que llevaba el trozo de espejo, que voló hecho pedacitos hasta los ojos de Regina. La Reina parpadeó rápidamente, llevándose las manos a los ojos con molestia.
- ¿Qué crees que hago aquí?
Preguntó Ingrid con mucha calma cuando la otra mujer pareció recuperarse. Regina miró a la rubia con furia.
- Tú, maldita… Esto debe de ser culpa de Emma, todo tu maldito mundo gira en torno a ella.
La rubia se sintió un poco ofendida de que la imaginase con tan poca vida interior como para que absolutamente toda su vida girase en torno a Emma Swan, pero teniendo en cuenta su plan y el por qué había atacado a Regina, probablemente no tendría derecho a quejarse.
- Acabemos con esto de una vez.
Dijo la morena con una mueca de rabia, desapareciendo en una mágica nube morada, y materializándose en mitad del bosque. Había arreglado su imagen también y ahora llevaba puesto uno de sus queridos vestidos de Reina Malvada con el que se sentía mucho más identificada en ese momento. Apenas a unos metros a su derecha estaba la parejita tumbada sobre la manta, el pirata encima de la rubia. Regina hizo una mueca de asco y fue directa allí con muy poca dificultad teniendo en cuenta que caminaba en tacones por el bosque. Nada más verla, Hook dio un salto hacia atrás de la sorpresa, soltando una maldición, Emma se quedó mirando a Regina con la boca un poco abierta.
- ¿Cómo puedes andar con eso por el bosque?
Preguntó más sorprendida por eso que por verla allí vestida así. Hook se puso de pie enseguida, colocándose entre las dos mujeres.
- No sé qué problema tienes esta vez, pero tendrás que encontrar a otra persona que te lo solucione.
Dijo molesto. Emma iba a decirle algo al pirata, pero no tuvo tiempo.
- ¿Por qué no vuelves a tu lugar?
Gruñó Regina haciendo un gesto con la mano que hizo desaparecer a Hook en una nube mágica, transportándole directamente a las aguas del puerto de Storybrooke. En el bosque Emma se puso de pie para encarar a Regina.
- Hey, ¿A dónde le has mandado? No tenías por qué hacer eso ¿sabes? Si quieres hablar conmigo solo tienes que decirlo.
Protestó algo molesta la rubia. Sabía que a Regina no le gustaba Hook, pero esta vez se había pasado, no tenía derecho a hacer eso, o a pensar que su tiempo era solo para ella y podía disponer de él cuando quisiera. Lo que Emma no sabía es que no se trataba de eso. Tuvo que lanzarse rodando por el suelo cuando Regina le lanzó una bola de fuego que esquivo por los pelos.
- ¡¿Qué demonios haces?!
Gritó sorprendida poniéndose de nuevo de pie y escondiéndose detrás de un árbol para evitar la segunda bola de fuego.
- Lo que debí haber hecho cuando te conocí.
Gruñó Regina moviéndose para lanzar una tercera bola de fuego, Emma se movió también rodeando el árbol, sintió el calor pasar rozando por su lado.
- ¿Te has vuelto loca de repente o qué?
La verdad es que Emma estaba un poco asustada, no entendía por qué de pronto Regina quería matarla, sobre todo porque recordaba perfectamente que le había dicho que no quería hacerlo. Pensaba que ahora eran amigas, familia. Entonces ¿por qué…? Una sola imagen se le vino a la mente: Ingrid. Si no recordaba mal, Belle les había contado algo de cómo funcionaba el hechizo que estaba intentando hacer, lo que no entendía era cómo había conseguido afectar solo a Regina.
- Regina, escúchame, esta no eres tú, de alguna manera estas bajo el hechizo de Ingrid. Puedes combatirlo.
Gritaba corriendo de árbol en árbol para escudarse con ellos de los llameantes ataques de la morena. Por toda respuesta recibió un gruñido y una bola de fuego lanzada con más rabia.
- Ese hechizo saca lo peor que llevamos dentro, nos vuelve contra… - De pronto recordó otra cosa que había dicho Belle. – la gente que queremos.
Completó con un susurro más para sí misma que para Regina. Ese lapsus casi la cuesta acabar ardiendo, la bola de fuego la golpeó el hombro prendiendo su chaqueta, se lo apagó dándose rápidos golpes con la mano, quejándose cuando se quemaba los dedos. De toda la gente de Storybrooke, Regina había ido a por ella al estar bajo el hechizo, así que al fin y al cabo suponía que la morena también la consideraba su amiga, y al parecer esa amistad era importante para la ex alcaldesa.
- Regina, tu eres más fuerte que el hechizo, puedes resistirlo, sé que puedes. – Otra bola de fuego dejo una negra marca en el árbol en el que acababa de refugiarse. - ¿Recuerdas nuestra magia? Deja que te…
No pudo terminar de hablar porque tuvo que moverse para esquivar otro ataque. A Emma no dejaba de sorprenderla que pudiese moverse así por el bosque con la ropa que llevaba, aunque si así era como vestía en el Bosque Encantado, debía de estar más que acostumbrada. Echó de nuevo a correr, pero Regina se había hartado de esa persecución sin sentido y se materializó delante de ella, lanzándola por los aires con su magia. Emma voló varios metros hacia atrás y cayó pesadamente al suelo, rodando todavía unos pocos metros más. La Salvadora quedó inmóvil en el suelo y la Reina Malvada levanto la cabeza con altanería y una sonrisa satisfecha, pero según se iba acercando al cuerpo de la rubia el hechizo iba perdiendo su efecto, hasta que Regina terminó corriendo hacia Emma con desesperación, se arrodilló junto a ella y la sostuvo, agitándola para que despertase.
- Emma. Dios mío, Emma, despierta.
La Salvadora tenía aparte de la quemadura del hombro, algunas magulladuras y rasguños, además de un golpe en la frente por culpa de la caída. Regina seguía zarandeándola con insistencia, era imposible que la hubiese matado con ese golpe ¿verdad?
- Abre los malditos ojos, Emma.
Dijo otra vez empezando a asustarse de verdad, pero un quejido en los labios de la rubia hizo que dejase de contener la respiración. Apoyó a Emma sobre sus piernas y dejo de agitarla. La rubia abrió los ojos y los volvió a cerrar con una mueca de dolor, llevándose una mano a la cabeza.
- Lo siento, yo… no sé qué me ha pasado, no podía pensar con claridad. – Apartó un mechón rubio de la cara de la mujer tumbada. – No quería hacerlo.
No podía creerse que hubiese atacado a Emma, aunque tampoco entendía por qué ella no se había defendido con su magia.
- Sé que no querías, el hechizo de Ingrid tiene ese efecto.
Gruño la rubia incorporándose con otra mueca de dolor hasta quedar sentada, Regina la ayudó dejando las manos cerca por si volvía a perder el sentido.
- ¿Puede saberse que llevas puesto?
Preguntó Emma echándose a reír, aunque eso provocó que le doliese más la cabeza, Regina no pudo evitar reírse también con todas sus ganas. Rieron juntas durante varios minutos hasta que pudieron volver a serenarse.
- ¿De verdad que estas bien? No era mi intención hacerte daño.
Dijo la morena levantando inconscientemente una mano hasta la mejilla de Emma, queriendo apartarla cuando se dio cuenta de su gesto, pero la rubia la mantuvo ahí con la suya, y cogió la otra mano de Regina con la que tenía libre, dándole un apretoncito cariñoso.
- Estoy bien, Belle me dijo que este hechizo, bueno… - Se encogió de hombros con una ligera sonrisa. – Te lanza en contra de la gente que quieres.
Regina bajó la vista algo avergonzada de que por culpa de ese maldito hechizo ahora fuesen tan obvios sus sentimientos. Emma liberó la mano de la morena de su mejilla para poder levantarle la cara cogiéndole suavemente la barbilla.
- Eh, no pasa nada, sé que esa no eras tú. Probablemente a mí me habría pasado lo mismo. – Una chispa brilló en los ojos de Regina al oír esas palabras. – Nuestra amistad también es muy importante para mí.
Amistad. Emma había dicho amistad.
- ¿Amistad? – Dijo la morena, y la otra mujer asintió con una sonrisa. – Amistad, ¿y ya está? Amigas.
Emma la miraba sin comprender que era lo que la había molestado, porque claramente algo lo había hecho.
- Bueno, es lo que somos ¿no?
Preguntó la rubia ahora con cierta duda, no sabía que estaba pasando.
- Solo amigas ¿no? Bueno, las "solo amigas" no se miran como lo hacemos nosotras. "Solo amigas" no están celosas tan solo con que la otra hable de alguien de más. "Solo amigas" no actúan como actuamos nosotras, ni se sienten así. Y "solo amigas" no se tocan así. – Regina señaló sus manos todavía unidas como si les fuese la vida en ello y la apartó de la de la rubia como si le hubiese dado un calambrazo. - ¿Solo amigas? Sí, claro.
Se levantó indignada sacudiéndose el vestido. ¿De verdad Emma no lo veía? ¿De verdad iba a seguir ignorándolo, haciendo como si no pasara nada? Pues vale.
La Salvadora seguía sentada en el suelo sin entender nada, hacia un segundo estaban bien y ahora de repente parecía que había dicho que había molestado a Regina.
- Tu pirata probablemente este empapado en los muelles.
Dijo la morena con frialdad antes de desaparecer de allí sin avisar ni darle tiempo a Emma de pararla. Realmente no quería que se fuera.
