Wow, he tardado mucho en actualizar, mis disculpas U_U. En breves (espero) subiré el último capitulo de Unfrozen ;)!

Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!


Una vez más, Emma estaba en la cueva de hielo de Ingrid, y una vez más la Reina de Hielo la recibió con familiaridad, la Salvadora estuvo casi tentada a dejarse abrazar. Todo había cambiado desde que tenía sus recuerdos de vuelta, era incapaz de mirar a esa mujer con odio o deseos de destrucción, pero no por eso iba a permitir que Ingrid hiciese y deshiciese a su antojo.

- Emma, querida, que gusto verte. - Saludo la mujer más mayor sin que pareciese importarle que Emma hubiese rechazado su abrazo. – Sabía que acabarías entrando en razón.

- No, no es eso.

Dijo Emma mirándola muy seria. No, no quería matar a esa mujer, pero tampoco estaba contenta. Ingrid levantó una ceja con educada intriga.

- Se lo que le hiciste a Regina, sé que le echaste tu maldición. Te dije que no conseguirías nada de mí si hacías daño a mis seres queridos, y lo decía totalmente en serio.

La Salvadora tensaba y destensaba la mandíbula mirando a la otra mujer, pero ella solo rio un poquito, quitando importancia con un gesto de la mano.

- No la hice daño Emma, tan solo la permití ser quien es. Lo que hiciese estaba dentro de ella, yo no lo puse ahí.

- Me atacó. – Dijo Emma, Ingrid iba a decir algo, pero no la dejó. – Ella jamás me habría atacado. Ya no, al menos. Regina ya no es así, y tú sacaste eso para… ¿para qué?

No entendía que era lo que buscaba Ingrid con eso si sabía que iba a volverse contra sus seres queridos ¿quería que atacase a Henry? ¿A Emma? La rubia no sabía que ganaba con ello.

- Para que la vieses tal y como es, Emma. Para que veas la clase de gente a la que llamas familia. Tus padres te abandonaron, la reina te atacó, y tu aun sigues llamándolos familia.

Emma levantó las manos, furiosa, para hacerla callar.

- ¿Por qué siempre haces eso? Intentar dar la vuelta a las cosas y apartarme de…de mi familia. No vas a conseguirlo. Ya te lo dije, podemos…ser amigas, llevarnos bien, podemos recuperar parte de lo que teníamos. Pero no lograras nada si atacas a mi familia, solo que yo también me acabe volviendo contra ti.

Dijo la Salvadora enfadada y con cierta pena, no quería volverse contra Ingrid, no quería odiarla ni luchar contra ella, pero lo haría si tenía que hacerlo para proteger a la gente que la importaba.

- Además no conseguiste lo que querías. – Añadió Emma más suavemente. – Me atacó, pero gracias a ello…

Sonrió con la mirada perdida en algún recuerdo al parecer bonito que Ingrid no entendía. Frunció el ceño, no le gustaba no saber que estaba pasando.

- ¿Qué?

Preguntó impaciente, Emma la miro sin perder la sonrisita.

- Hablamos y…ahora sé lo que siente. Lo que sentimos. – Su sonrisa se hizo más grande. – Así que supongo que eso es algo bueno. Pero no te excusa por lo que hiciste.

La sonrisa había desaparecido y el tono volvía a ser duro. Ingrid no sabía que decir, eso no entraba dentro de su plan, se suponía que tenía que alejarlas, no unirlas más. Emma resopló con agotamiento.

- Mira, así no vamos a ninguna parte. No puedes lanzar tu maldición. Si como dices alguna vez me has querido de verdad, si me quieres ahora de alguna manera…te olvidaras de esa maldición. Devolverás sus recuerdos a Elsa, y entonces quizá podamos sentarnos las tres a hablar. Si no…

Se encogió de hombros mirando a Ingrid tristemente y se dio la vuelta para marcharse, pero en antes de salir volvió a girarse.

- Si vuelves a intentar perjudicar a alguno de mis seres queridos, la próxima vez que nos veamos no será en buenos términos.

Advirtió antes de marcharse definitivamente.

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David se sentó en el sofá con su hijo sobre las rodillas, poniéndole caras para hacerle reír.

- Por cierto, ¿sabes que la pasa a Emma? La noto extraña.

Preguntó a su mujer sin dejar de entretener al pequeño Neal. Mary Margaret levantó la vista del diminuto jersey que estaba tejiendo para mirar a su marido.

- Entre esa Reina de las Nieves y lo de Regina…. Supongo que tiene la cabeza en otro sitio.

David la miró extrañado por encima de la cabeza del bebé.

- ¿Regina? ¿Qué ha hecho ahora?

Ahora quien le miró extraño fue Mary Margaret, estaba bastante segura de que David estaba tan enterado de todo como ella, aunque nunca lo habían hablado realmente.

- Bueno…ellas dos…ya sabes…lo que pasó después de que atacase a Emma bajo la maldición.

El Príncipe Encantador frunció el ceño sin comprender, por supuesto sabía que Regina había estado bajo la maldición de Ingrid, él mismo había hablado con la reina sobre ello para intentar prepararse mejor contra ese hechizo, peor no sabía que hubiese ocurrido algo especial aparte de eso. De repente Mary Margaret se sentía muy incómoda, había dado por hecho que David también lo sabía.

- Ellas dos hablaron sobre… - Hacía gestos sin sentido con las manos. – sobre sus sentimientos.

- ¿Qué sentimientos?

Preguntó su marido, que ya no jugaba con Neal. Mary Margaret casi se alegró de que tuviese al niño en brazos en ese momento, así no podría hacer nada brusco cuando se enterase finalmente de la noticia que ella ya pensaba que sabía.

- Los que tienen…la una por la otra.

Las cejas de David se unieron más todavía a la altura de su tabique nasal.

- Eso…no es posible. Quiero decir, he notado algo en Regina, está más pendiente de Emma y eso. Tan solo son amigas Mary Margaret, no creo que haya…sentimientos.

Dijo esa última palabra como si fuese una locura tan solo insinuarlo. Su mujer dejó definitivamente de tejer y cogió aire para prepararse mentalmente para esa conversación.

- Regina quiere a Emma, y Emma quiere a Regina. Pensaba que tú también lo sabías. – Parecía que a David todavía le estaba costando asimilarlo. – Y yo que creía que las ultimas en enterarse iban a ser ellas.

Murmuró dándole tiempo a su marido para procesar la información.

- Eso es imposible. Emma esta con Hook, y ella nunca querría a alguien…así. – Giró los ojos queriendo quitarse esa imagen e la cabeza. – Y Regina, ella no puede…

Mary Margaret levantó una ceja algo sorprendida de lo que sospechaba que iba a decir su marido.

- No puede…no puede…querer. No así al menos. No, es imposible.

Sí, eso era justo lo que Blancanieves había temido que diría.

- Después de todo, después de ver todo lo que ha sacrificado por Henry ¿Cómo puedes decir que Regina no puede querer?

Preguntó sorprendida.

- No es lo mismo.

Respondió David. Le había costado mucho aceptar a Hook como persona y aceptar que había cambiado lo suficiente para ser digno de Emma, pero no estaba dispuesto a permitir que la Reina Malvada estuviese con su hija de ese modo.

- David, se quieren. Lo creas o no, es así, y vamos a tener que…

- No. – Cortó David. – No vamos a tener que aceptarlo. Esa mujer ya nos quitó a Emma una vez, por su culpa tuvimos que mandarla lejos, por su culpa se crió sin nosotros, no voy a dejar que ahora vuelva a quitárnosla, y de esta manera.

Mary Margaret no podía creerse lo que estaba escuchando, nunca pensó que David pudiese reaccionar así, y ya le había asegurado a Emma que su padre también lo aceptaba.

- Nadie va a quitárnosla, yo no te robé cuando me enamoré de ti ¿recuerdas? Seguías siendo el mismo hombre, el hijo de tu madre.

David estaba negando con la cabeza antes de que su mujer terminase de hablar.

- No me importa lo que haya cambiado Regina, no me importa lo que crea sentir por Emma, alguien que ha cometido los crímenes que ha cometido ella no puede hacer que su corazón sane solo con algunas buenas acciones. Esa mujer no merece a Emma y no la tendrá. No dejaré que tenga a mi hija.

Dijo el hombre muy serio, Mary Margaret no dijo nada, no quería discutir, esperaría a que se le calmaran un poco los ánimos a su marido antes de intentar hacerle entrar en razón otra vez, porque como madre estaba segura de que nada de lo que David dijese haría cambiar de opinión a Emma, solo conseguiría hacerla daño.

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Un timbrazo resonó en la mansión y Henry fue a abrir la puerta para encontrarse allí con el ladró borracho de la biblioteca observando con curiosidad en porche columnado de Regina. Will Scarlet miró al chico con la misma sorpresa con la que Henry le miraba a él.

- Tú eres el hijo de la sheriff.

Dijo señalando al chico algo confuso.

- Si.

Respondió Henry con la misma confusión.

- ¿Es esta la casa de la sheriff?

Preguntó el ladrón mirando la casa con expresión perdida.

- No.

Dijo Henry frunciendo el ceño sin entender nada.

- ¿Es la casa de la Reina Malvada?

Will parecía querer asegurarse de que estaba en el lugar correcto.

- Es la casa de mi madre.

- Pero tu madre es…

- De mi otra madre.

Especificó Henry, en ese momento apareció Regina detrás de él, poniéndole una mano en el hombro y mirando a Will con cierta desconfianza.

- Así que tú eres quien está casada con la rubia.

Dijo el hombre con una sonrisa señalando a Regina como si finalmente lo hubiese entendido todo.

- ¿Qué?

La morena cada vez entendía menos. Henry miró a los dos antes de darle un beso a su madre en la mejilla.

- Yo mejor me voy mamá, esta noche me quedo en casa de Emma.

Regina le devolvió el beso y asintió sin dejar de mirar a Will Scarlet con el ceño fruncido.

- ¿Puedo hacer algo por ti?

- Eres Regina, la Reina Malvada ¿verdad?

La morena frunció más el ceño.

- Para ti soy la señorita Mills. Yo te conozco, eres uno de los hombres alegres de Robin. - Dijo recordando de pronto de que le sonaba ese hombre. Will sonrió y asintió con la cabeza. - ¿Qué es lo que quiere?

Preguntó Regina de mal humor.

- No vengo de parte de Robin, vengo de parte de Marian. – Las cejas de Regina se levantaron por la sorpresa. – Quiere saber si puede hablar contigo, pero no quería arriesgarse a que la matases o algo así antes de poder decírtelo.

Dijo el hombre como si fuese algo habitual mandar a alguien por si te mataban en la puerta. Regina giró los ojos molesta y asintió. Will giró la cara y silbó con fuerza llevándose dos dedos a la boca. Unos segundos después Marian entraba en su jardín mirando a Regina con cierta cautela, pero sin miedo. La reina la saludo con una inclinación de cabeza que la otra mujer imito.

- No hacía falta que enviases a nadie, si quisiera hacerte daño ya te lo habría hecho. ¿Quieres pasar?

Dijo con una perfecta y correcta educación. Marian asintió, agradeciéndole a Will el favor con una dulce sonrisa.

- Bien, mi trabajo aquí ha terminado. – Dijo él. – Marian. – Inclinó la cabeza hacía Marian para despedirse. – Señora de la sheriff.

Añadió inclinando también la cabeza ante Regina antes de darse la vuelta para marcharse, la antigua alcaldesa iba a corregirle, pero lo dejó por imposible y son un suspiró cerró la puerta tras ella.

- ¿A qué venia eso?

Preguntó Marian con curiosidad.

- No tengo ni idea.

Respondió Regina haciendo un gesto a Marian para que pasase al salón.

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Emma estaba cenando con Elsa y Henry cuando su móvil empezó a sonar, la rubia se levantó a cogerlo algo extrañada de que la llamasen a esas horas, y preocupada al ver el nombre de Regina en la pantalla.

- ¿Regina?

Dijo nada más descolgar el teléfono, entrando en su habitación para hablar. Escuchó una risita a otro lado de la línea.

- ¿Regina, estás bien?

Preguntó esperando conseguir una respuesta que no fuese esa risita.

- Perfectamente.

Más risitas. Emma frunció el ceño, no podía ser que Regina estuviese borracha, no era algo propio de ella.

- ¿Dónde estás?

- En casa. – Hubo un silencio sin risitas. – Esta tarde ha venido Marian.

Dijo al final Regina con la voz pastosa por el alcohol antes de reír otra vez.

- No hagas ninguna tontería, voy para allá.

La voz de Emma no dejaba lugar a ninguna discusión.

- Bien.

Rio Regina antes de colgar. Emma volvió al salón y sin dar ninguna explicación concreta dejó allí a su hijo y su amiga, cogió las llaves del escarabajo y salió a toda prisa del piso llegando a la mansión en pocos minutos. El tiempo que estuvo esperando a que la abriese la puerta se le hico interminable, y cuando finalmente Regina abrió fue con un vaso en la mano. Emma la miró de arriba bajo sin creerse que de verdad estuviese borracha, pero lo estaba, no había más que verla. Regina la sonrió con esa sonrisa que solo tienen los borrachos, Emma entró en la casa cogiéndola por la cintura para que no se tambalease al andar y la llevo hasta el salón para sentarla en el sofá.

- ¿Vas a contarme que ha pasado?

Preguntó quitándola el vaso de la mano sin dejar de estar atenta de que no la pasase nada por culpa del alcohol.

- Claro.

Respondió Regina con una risita, pero sin seguir hablando. Emma esperó un rato sin que la morena dijese nada más, así que se aclaró la garganta.

- Oh, claro, sí. – Dijo la morena con más risitas. – Ha venido Marian. Ha enviado antes a una especie de mensajero para asegurarse que no la matase ni nada.

Giró los ojos tal y como había hecho esa tarde al escuchar esa estupidez y Emma no pudo evitar reírse por ese gesto tan típico de Regina.

- Quería hablar conmigo, de Robin. – Emma se tensó al instante. – Al parecer él ya no es el mismo, esta muuuuuuuy triste. – Volvió a girar los ojos con un sonido de disgusto. – Marian venía a decirme que no quiere que Robin este con ella por compromiso, honor….o lo que sea que él entienda ahora por honor…ella quiere ser elegida. Me ha dicho que se apartará del camino si queremos estar juntos, que no será un obstáculo si nos queremos de verdad.

Giró los ojos por tercera vez y Emma no dijo nada durante un rato, esperando por si Regina decía algo más y ordenando sus propios pensamientos para hablar con la mayor neutralidad de amiga posible en vez de como una rubia celosa.

- ¿Y tú que le has dicho?

Preguntó finalmente con aparente tranquilidad, queriendo y a la vez no, saber la respuesta.

- La he dicho que debería ser ella quien le eligiera a él y no al revés, que ella no es la opción de nadie. Es una mujer fuerte, y es madre, y se merece a alguien que la trate con respeto y no como una opción. – Emma sonrió un poquito, con orgullo por esa mujer. – Y la he dicho que si ella lo quiere puede quedárselo, yo ni lo quiero ni lo necesito.

La sonrisa de la rubia se hizo más grande, esas eran las palabras que quería escuchar.

- ¿Entonces porque estas bebiendo?

Regina se echó a reír otra vez.

- ¿Por qué no iba a hacerlo? Se supone que Robin Hood es mi amor verdadero y no quiero estar con él, y su mujer ha venido a darnos su bendición o algo así, así que he llegado a replantearme volver con él, porque resulta que no es tan hombre honorable como decía ser y quizá yo no merezca más que eso.

Emma iba a protestar a eso, pero la morena no se dio ni cuenta y siguió divagado.

- Porque estar con la persona con quien quiero estar sería un completo desastre. Seriamos un desastre, Emma. Tú y yo. Y nuestra magia. Y mi pasado. Y tu familia. Acabaríamos haciéndonos daño entre nosotras, y a Henry.

La rubia se lamió los labios pensándose cuidadosamente sus siguientes palabras.

- Puede que fuésemos un desastre, yo soy un desastre en muchas cosas. Me gustan los desastres. O este podría gustarme al menos.

Regina la miró un momento antes de volver a reírse, negando un poco con la cabeza y alargando la mano para recuperar su vaso y vaciarlo de un trago.

- No sabes lo que dices, no sabes quién soy ni todo lo que he hecho.

Dijo con una ebria risita triste.

- Sé que has hecho cosas horribles en el pasado, igual que sé que ya no eres más esa mujer. Yo tampoco he sido precisamente una santa en el pasado ¿sabes?

Respondió Emma con un encogimiento casual de hombros.

- ¿Has matado gente? – La rubia negó lentamente con la cabeza. – Yo sí. Y si no las mataba yo ordenaba que lo hiciesen. Pregúntale a tu madre, a quien perseguí durante años para matarla también.

Emma tragó saliva algo incomoda.

- Has cambiado Regina, y no me importa lo que hic…

- Maté a Graham.

Cortó Regina con la vista un poco desenfocada, pero mirándola para ver su reacción. Por un momento la Salvadora sintió como el aire dejaba de llegar a sus pulmones y le devolvió la mirada a la otra mujer. Sabía que Regina había dicho eso para herirla, para conseguir que se apartase. Emma volvió a tragar saliva para arrastrar la bilis que le había subido a la garganta. Siempre había sospechado que Regina había matado a Graham, Henry se lo había dicho, pero la rubia no le creyó en aquel momento y luego no pensó en ello. O no quiso pensar en ello, no quería pensar en Regina pulverizando el corazón de Graham. La morena seguía esperando una respuesta.

- Eso… - Se aclaró la garganta seca. – Es también parte de tu pasado, sé que has hecho cosas peores, y me da igual. Solo me importa quién eres ahora, no quien has sido. Me importa la mujer que tengo ante mí y nada más.

Respondió Emma con toda la convicción de la que fue capaz,sacándose de la cabeza la imagen de la morena destrozando el corazón del antiguo sheriff. Regina resopló con cansancio, dejando caer la cabeza hacía atrás para apoyarla en el sofá.

- No sabes lo que dices.

Murmuró con voz somnolienta. Emma se levantó para tumbar a Regina en el sofá, pero la morena la cogió por la chaqueta para llevarla con ella, dejando a la Salvadora inclinada sobre ella junto al sofá.

- No sabes lo que dices.

Repitió a pocos centímetros de la cara de Emma, paseando su mirada de sus ojos a sus labios, que Emma entreabrió inclinándose un poco más sobre la reina.

- ¿Es así como vas a besarme por primera vez? ¿Conmigo borracha?

Dijo Regina con la voz más seductora de la que fue capaz debido al alcohol. Emma pareció reaccionar y se apartó de ella desviando la mirada, mejor sería tener esa conversación cuando Regina estuviese sobria y ella hubiese digerido mejor la noticia sobre Graham.

- Eh, eh, era solo una broma. No me importa que me beses borracha, mañana puedo decir que no me acuerdo. Puedes aprovecharte de mí.

Emma no pudo evitar reír viendo a la morena tumbada en el sofá apenas capaz de mantener los ojos abiertos. Se inclinó y la besó en la frente.

- Otro día.