Bueno, bueno, bueno, 1 de marzo ya, crucemos los dedos por el Swan Queen xD Aquí acabó ya la parte inicial del fic, así ahora ya empiezo más activamente a centrarme más en Emma y Regina :P! Espero que os guste ^_^!
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!
Emma y Elsa miraban a Ingrid con curiosidad, la diferencia era que una rubia la miraba además con hostilidad y la otra no. La Reina de las Nieves aún seguía intentando disimular su obvia incomodidad, intentaba fingir que no se sentía totalmente fuera de lugar, aunque era más que obvio que así era. Emma levantó una ceja cómo animándola a hablar y la rubia más mayor se aclaró la garganta.
- He pensado en lo que dijiste.
Dijo a Emma inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado.
- ¿Y bien?
Preguntó la Salvadora con curiosidad, rezando porque hubiese elegido lo que era correcto, pero Ingrid al principio no dijo nada, tan solo abrió una de las manos que todavía tenía enlazadas y dejó ver una pequeña piedra morada. Emma no pudo evitar sonreír un poco, Elsa frunció el ceño sin comprender del todo.
- Quiero llevar a cabo mis planes, quiero conseguir lo que quiero, lo que siempre he merecido. Quiero que seamos una familia. – Empezó Ingrid. – Pero he comprendido que el amor no significa nada si no se da voluntariamente, y eso nunca pasará si hago daño a las personas de esta ciudad. He comprendido que la única manera de conseguirlo es…dejando que vosotras decidáis.
Pasó la otra mano sobre la piedra morada y una ráfaga mágica voló hasta la frente de Elsa cómo le había pasado a Emma cuando Ingrid también le devolvió los recuerdos. La reina de Arendelle sintió un pequeño mareo y después los huecos en su memoria se llenaron de golpe, recordando lo que había pasado tanto tiempo atrás en Arendelle. Miró a Ingrid con el ceño fruncido.
- ¡Sí que fuiste tú! Tú obligaste a Anna a encerrarme en esa urna.
Acusó dando unos amenazantes pasos hacía la rubia más mayor. Emma miró también hacía Ingrid con desaprobación.
- En mi defensa diré que vosotras planeabais encerrarme primero y que se suponía que las cosas no iban a pasar así.
Se defendió la Reina de las Nieves levantando un dedo.
- ¿Qué la has hecho? ¿Qué hiciste con ella?
El conocimiento de Elsa, por supuesto, se acababa en cuanto entró en la urna, allí se acababan sus recuerdos hasta que fue liberada en Storybrooke. Ingrid apartó la mirada, aclarándose incómodamente la garganta otra vez, y con un movimiento de la mano hizo aparecer junto a ella una estatua de hielo de quien Emma suponía era la muy buscada hermana de Elsa, Anna. Efectivamente su amiga se lanzó enseguida hacía la figura de hielo, cogiendo su congelada cara entre las manos.
- No, Anna. No.
Murmuraba sin apenas mover los labios, abrazándose a la figura de hielo. Emma se acercó a su amiga y la puso una mano en el hombro, apartándola delicadamente de su congelada hermana, pero sin dejar de mirar a Ingrid.
- Puedes deshacerlo ¿verdad?
Preguntó, desde luego no esperaba que las cosas fuesen así cuando Elsa recuperase sus recuerdos, esperaba que su amiga recordase que había pasado con su hermana, la encontrarían y Elsa podría reconciliarse con Ingrid igual que había hecho ella. La Reina de la Nieves miró a Elsa con seriedad e incluso cierta disculpa y asintió con convicción, girándose hacía la estatua de hielo y con un amplio movimiento de sus manos el hielo que cubría a Anna empezó a derretirse ante sus ojos. Elsa observaba el proceso con ansiedad, y cuando finalmente desapareció del todo el hielo contuvo la respiración esperando algún tipo de sonido por parte de su hermana. Anna soltó un gran resoplido y dejó caer los hombros con cansancio.
- Oh dios, pensé que Ingrid iba a congelarme.
Dijo justo antes de echar un vistazo a su alrededor y darse cuenta de por quién estaba rodeada y de que estaba en un lugar totalmente extraño.
- Espera ¿qué ha pasado? – Miró a si hermana como si acabase darse cuenta realmente de que estaba allí. - ¡Elsa, estás bien! No quería decir todas las cosas que dije, ni meterte en esa urna. Todo paso muy rápido.
Gritó lanzándosele al cuello para abrazarla, su hermana le devolvió el abrazo mientras las dos hablaban a la vez, totalmente emocionadas. Emma no pudo evitar sonreír al verlas, incluso Ingrid tenía una expresión de cariño al ver el reencuentro. Ninguna de las dos hermanas parecía capaz de callarse el tiempo suficiente para escuchar a la otra, aunque eso no impedía que se entendiesen, algo que estaba más allá de la comprensión de Emma, que por un segundo deseó haber tenido una hermana o hermano mientras estaba creciendo con quien poder tener ese tipo de conexión. Pero no era momento para apenarse de sí misma, si no para alegrarse por su amiga.
- ¿Qué ha pasado ¿Dónde estamos? – Preguntó Anna prácticamente sin respirar entre preguntas, se acercó un poco más a su hermana para hablar en voz baja. - ¿Qué haces con ella? – Preguntó mirando de reojo a Ingrid. - ¿Y quién es esa?
Añadió mirando a Emma por encima del hombro de Elsa, quien se giró y miró a la rubia detrás de ella con una sonrisa cariñosa.
- Es una amiga. – Anna hizo gestos con las cejas hacía Ingrid. – Ella….te ha descongelado.
- Así que si me congeló. - Murmuró Anna más para sí misma que para las demás, antes de recordar algo de golpe. - ¡Kristoff! Estaba conmigo cuando ella nos congeló. ¿Dónde está? ¿Dónde…?
Ingrid levantó ambas manos para calmarla.
- Él sigue en Arendelle, está bien. Me ocuparé de tu hielero en cuanto volvamos a casa…quiero decir…si puedo volver a casa.
Dijo la mujer mirando a Elsa con la petición en la mirada, Emma también miró a su amiga esperando su respuesta. Elsa miró con seriedad a su tía.
- Debes de tener algún buen recuerdo con ella.
Le dijo Emma en voz baja dando un paso hacia ella. Por un segundo la expresión de Elsa no cambió, luego una pequeña sonrisa apareció en su cara y asintió.
- No intentará matarme ¿verdad?
Susurró Anna en el oído de Elsa de manera perfectamente audible, haciendo reír a Emma.
- No intentaré matarte.
Prometió Ingrid con una cálida sonrisa, después de todo Elsa y Anna tenían el tipo de relación que ella había tenido con sus hermanas antes de que todo se estropease por culpa de un desgraciado accidente.
- Bien, entonces tengo algo para ti. – Dijo la joven princesa rebuscando en su recién descongelada ropa. – Iba a dártelo antes, pero entonces te volviste toda loca encerrándome, intentando que Elsa se volviese contra mí, haciéndome encerrarla en la urna, congelándome y todo eso.
Decía Anna a toda velocidad cómo si no fuese gran cosa, Emma miró a Ingrid con una ceja levantada, la mujer que ella recordaba no era así, aunque a la que había conocido en Storybrooke si la veía capaz de todas esas cosas. Finalmente Anna encontró lo que estaba buscando y le tendió un pergamino enrollado. Al desplegarlo Ingrid vio al final del todo una pequeña piedra morada cómo las que ella usaba para almacenar recuerdos. Leyó la carta emocionándose cada vez más según avanzaba y llevándose una mano inconscientemente a los labios. Era de su hermana Gerda para sus hijas, explicándoles todo lo que pasó hacía tantos años, hablándoles del error que cometió al juzgar y rechazar a su hermana. Ingrid apretó la carta contra su pecho, dejando que una lágrima rodara mejilla abajo.
- La encontré en el castillo, alguien debió encontrarla y guardarla sin saber lo que era.
Explicó Anna. Elsa alargó la mano para coger la carta y poder leerla a la vez que Emma. Las dos rubias se miraron un poco sorprendidas, Elsa sonrió después de leer las palabras de su madre.
- Debemos volver a casa y cumplir el deseo de nuestra madre.
Dijo cogiendo la mano de Anna, que asintió con una sonrisa. Emma sonrió un poquito también, con cierta tristeza. No se hacía a la idea de perder a su amiga, aunque sabía que esto pasaría una vez encontrasen a Anna, ellas no pertenecían allí. Elsa entendió enseguida la cara de la otra rubia y también la cogió la mano.
- No es que vayamos a irnos ahora mismo, primero tenemos que encontrar un modo.
Anna hizo una mueca y un ruidito indefinido, consiguiendo que las tres rubias las mirasen.
- Puedo que aun haya algo que no te he dicho. – Elsa la miró curiosa. – La última vez que estuve allí…bueno, Hans se había apoderado del trono.
Explicó dejando a su hermana y tía con la boca abierta de indignación.
- Tenemos que volver.
Dijo la reina con decisión, mirando a Emma en busca de su apoyo. La Salvadora asintió.
- Encontraremos una forma rápido. Seguro que a Regina se le ocurre algo.
- ¿Quién es Regina?
Preguntó Anna con curiosidad, imaginándose alguna poderosa hechicera, Elsa miró a Emma con diversión.
- Regina es…es su Kristoff.
Respondió sin dejar de mirar a su amiga, que se sonrojó un poco sin poder evitar una sonrisita. Anna también sonrió, comprendiendo enseguida.
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Pero no fue Regina quien encontró la salida, para sorpresa de todos fue Hook, más sorprendente aun la solución la había sacado del señor Gold, que con su magia había encontrado un portal secreto en una mansión desconocida que había aparecido con la última maldición. Emma se sintió un poco culpable, después de todo había estado ignorando a Hook la mayor parte del tiempo y aun así él enseguida se ofreció a echarles su única mano sana para ayudarles a buscar una solución, y al final incluso había sido quien encontró esa solución. O al menos a quien se la había dicho Gold, lo que era muy raro, pero quien sabía, quizá las cosas de verdad estuviesen cambiando por allí y esos dos por fin hubiesen enterrado el hacha de guerra. Lo extraño fue que nada más indicarle donde estaba ese inesperado portal, Hook desapareció de escena, sin quedarse siquiera a despedirse.
Emma acompañó a las tres hasta la mansión para darles el adiós definitivo acompañada por David y Mary Margaret.
- Emma. – Dijo Elsa mientras se despedían. – Lo que voy a decirte me hace sentir un poco mal porque ha sido Killian quien ha encontrado el portal, pero…cuando quieres a alguien, no debes rendirte. No te rindas con ella, si algo he aprendido de Regina es que puede ser muy testaruda, pero no es estúpida. Al final entenderá que no puede huir de esto.
Emma hizo una mueca con la nariz.
- ¿Tú crees?
- Estoy segura. Solo siento no poder quedarme a verlo.
Contestó su amiga riendo, dándola un cariñoso abrazo.
- Te voy a echar de menos.
Confesó Emma con una triste sonrisa.
- Yo también a ti. Pero esto no es un adiós, estoy segura de que volveremos a vernos. – Aseguró cogiendo las manos de Emma. – Espero que para entonces Regina y tú ya estéis juntas.
Añadió en voz baja con una risita, sonrojando a Emma. Anna se acercó a ellas después de despedirse de sus padres para despedirse también de Emma y agradecerle todo lo que había hecho por su hermana, y en cierto modo, también por ella, y por su familia. La despedida más triste fue la de Ingrid.
- Supongo que al final no podremos ser una familia. Tú ya tienes una.
Dijo la mujer lanzando una mirada desconfiada hacia David y Mary Margaret. La morena al observaba con frialdad, dispuesta a intervenir si intentaba algo más allá de una despedida normal y corriente.
- Tú también.
Le recordó Emma haciendo un gesto con la cabeza hacía Elsa y Anna que esperaban a su tía junto a la puerta que las llevaría a casa.
- Pero cómo tú nunca he encontrado a nadie. Realmente te extrañé todos estos años, y te extrañaré los siguientes.
Emma sonrió sin querer llorar en ese momento, una parte de ella también extrañaría siempre a Sarah Fisher. Le dio un cariñoso y fuerte abrazo antes de hacerle un gesto hacía el portal para que pudiesen volver a casa de una vez.
- Una cosa más, Emma, debes de tener mucho cuidado con Gold. Estate alerta.
Advirtió la mujer en el último momento, no había querido hablar de los tratos que había hecho con ese hombre para no empeorar su situación ahora que parecía que realmente habían podido perdonarla, y por cierto sentido de la lealtad, pero no podía irse sin advertir a Emma. La Salvadora asintió sin estar muy segura del porqué de esa advertencia, pero después de todo siempre había que estar alerta con Gold.
- Hasta pronto.
Dijo Elsa, que fue la última en cruzar. Fue prácticamente una promesa lanzada a Emma, que estaba perdiendo a una amiga y a lo más parecido a una madre que había tenido antes de conocer a sus padres.
Cuando la puerta del portal se cerró detrás de la reina de Arendelle, desapareció sin dejar rastro. Emma cogió aire y lo soltó lentamente, no quería autocompadecerse por la marcha de su amiga, era algo bueno, había encontrado a su hermana, había recuperado a su tía y una parte de su pasado y del de su madre, y había vuelto a casa. Era algo bueno. Además ahora que finalmente había pasado la amenaza de Ingrid, Regina ya no tenía ninguna excusa para seguir esquivándola, y ese pensamiento la hizo sonreír.
