Capítulo IV
Cerró su bolso y con cuidado lo ubico a pies del futón sin dejar de pensar si necesitaría algo mas para la noche, o si a Inuyasha le haría falta algo para dormir.
Se volvió a mirarle, y al ver su ceño fruncido, dudo en dirigirle la palabra.
Él estaba molesto, y su posición rígida, sentado a un lado de la puerta de entrada de la habitación, de brazos cruzados metidos cada uno dentro de la manga contraria y con los ojos cerrados lo dejaba más que claro.
Miro a Furyoku como a la espera de que él le dijese que hacer, pero este solo suspiro manteniéndose recostado a su lado. E imitándolo, un suspiro se escapó de sus labios.
Entendía que estuviese enojado, él no quería ir a la aldea y se lo había dejado más que claro... Inuyasha se quejo al instante cuando ella sin consultárselo decidió emprender marcha hacia una aldea abandonada incluso por su terrateniente al ser foco de atención de demonios.
Ella intento explicarle su motivo, sin embargo él solo gruñó y farfullo palabras inentendibles al tiempo en que se dirigía al bosque, regresando para cuando ella estaba lista para partir.
Kagome sabía que no se había ido lejos. Su presencia jamás se alejaba lo bastante como para que llegase a ser imperceptible para ella, pero la inquietud que irradiaba la hacía sentirse angustiada. Más cuando apareció, no realizo comentario alguno.
Con sus finos dedos estiro la tela de su rojo faldón, y respirando profundo alzo la mirada a él esperando que la mirase al saberla querer hablarle. Cosa que no sucedió.
Se mordió el labio inferior, se acomodo en su puesto y armándose de valor, dijo:
— ¿No tienes hambre?
Le vio abrir un ojo en su dirección para luego volver a cerrarlo.
— No — contesto secante, a lo que ella volvió a suspirar desanimada. Al instante siguiente sintió la mirada de él; intensa, tal como su presencia, pero no levanto el rostro para enfrentarlo —. No me gusta este lugar — le escucho mascullar, viéndolo de reojo examinar con la vista cada rincón de la habitación a la espera de una afirmación de parte de ella, sin embargo, Kagome no contesto.
Inuyasha se volvió a verla, viéndola concentrada en sus pensamientos, por lo que él agregó en tono alto —: Deberíamos marcharnos. No le debemos nada a los dueños de estas tierras como para ayudarlos.
Furyoku soltó un quejido gutural e Inuyasha creyó por un momento haberle visto rolar los ojos, a lo que él no pudo evitar gruñirle en molestia, siendo cortado en su batalla de miradas por Kagome, quien con voz suave, acompañándose de un suspiro cansado, regresaba a la realidad.
— Por lo mismo. No es necesario deberle algo a alguien para ayudar — se volvió a mirarle y sonrió levemente antes de prestar atención a las caricias que comenzaba a darle a Furyoku, el cual se relajo al instante —. Soy sacerdotisa, es mi deber hacia el prójimo el ayudar. Y también… me sentiré mucho más tranquila cuando logremos deshacernos del problema que les afecta.
— Creo que es arriesgarse demasiado, y lo sabes.
— Puede ser, como también el que este cansada de huir… siempre esta donde voy. No es solo el utilizar mi energía el que los llama; va más allá, y creo que es hora de obtener respuestas.
— ¿planeas capturar algún demonio con la intención de sacarle información?
— Si se pudiera… — sonrió y él se le respondió a su modo, dejándose ver tan arrogante como siempre lo hacía.
Kagome sabía que su actitud muchas veces era una pantalla. Lo más probable, es que no existiese persona o ser en este mundo que haya llegado a conocer el verdadero Inuyasha. Su posición de hijo de uno de los más reconocidos generales Yokais a través de la historia, no debió haber servido demasiado, en especial el hecho de que al parecer su hibridez parecía más importante al su madre ser una simple humana…
La tristeza la embargo, y le hizo desear saber si hubo alguien en algún momento de su vida que lo hubiese hecho sentir querido y aceptado… sus miradas se cruzaron, y los rostros de ambos se incendiaron de inmediato a lo que ocultaron la mirada esperando que el otro no lo haya visto.
Y cuando las miradas estaban dispuestas a volver enfrentarse, el silencio nocturno atrajo la atención de Inuyasha, haciéndolo volverse hacia la puerta con rapidez, y entre una pequeña rendija que hizo el correr un poco la puerta, observo lo que se le permitió de los alrededores, dando con nada.
Las lámparas se mantenían encendidas, pero el silencio absoluto que dominaba no le agradaba para nada.
Y cuando iba a juntar la puerta, al final del largo pasillo se apago la llama de una de las tantas lámparas que habían encendido apenas ingresaron al palacio abandonado, a lo que quiso prestar más atención, ya que algo le decía que el viento no era responsable de ello, y cuando vio una segunda apagarse, supo que no se equivocaba.
— Sogenbi — escuchó a Kagome decirle a su lado en un suave susurro. La miro de reojo por unos momentos para luego regresar su atención al ser que aun no veía, manteniéndose a la vez atento a las palabras de la joven.
— Un fantasma — dijo él. Ella asintió y regreso a su futón.
— Cuando la Gran Guerra se desató, los demonios guardianes del otro mundo dejaron las puertas de paso desamparadas y muchos espíritus escaparon o no pudieron simplemente ingresar para así encontrar el descanso eterno — Inuyasha vio otra lámpara apagarse, e interesado en las palabras de la joven se sentó de lado permitiéndose verla de reojo como también vigilar el pasillo —. Dicen que los Sogenbi no son peligrosos, ya que solo se meten a las casas a robar los aceites de las lámparas…
— ¿Por qué?
— ¿Por qué las roban? — él asintió —. La beben — un resoplido se escapó de los labios de Inuyasha ante tal estupidez, a lo que ella decidió agregar acompañándose de una sonrisa —: la beben encendida. Los antiguos libros dicen que, están confundidos; no saben donde están y menos porque nadie los puede ver. Al no poder general calor, creen que el único modo de obtenerlo es de este modo.
Una ceja se alzo e Inuyasha sarcástico, dijo:
— ¿Bebiéndose aceite encendido?
— Bueno, es solo una hipótesis, ya que nadie la ha apoyado.
— ¿si necesitan calor, por qué demonios no se van a vivir a un volcán? Esa sería una opción más que cuerda.
— Creo; y digo creo ya que es solo una idea mía. Ellos prefieren este modo de seguir "viviendo" en vez de seguir existiendo sin nadie a su alrededor. La soledad te puede llevar a la locura, y por lo mismo, ellos solo actúan de noche, para que nadie se atormente al verlos.
"La soledad puede llevar a la locura", y ¡por los cielos! que lo apoyaba.
Durante nueve años intento mantenerse cuerdo luego que gracias a su hermano se vio forzado a separarse de la última persona que lo había tratado, querido y aceptado…
Volvió su mirada hacia la joven, la cual se acomodaba en su futón de tal modo que Furyoku quedara a su espalda y así poder ganarse entre las patas del animal.
Una imagen lejana se le vino a la mente; una imagen bastante parecida, con la diferencia que era en él donde la joven buscaba cobijo, no en el tigre que en esos momentos aun no llegaba junto a ellos.
Inuyasha deseo poder acercarse como lo hizo las noches en que ella estaba inconsciente. Incluso, Furyoku en esos momentos se mantuvo a una distancia prudente, pero siempre vigilante de cada uno de sus movimientos.
No sabía si el tigre tendría recuerdos de él. Ambos estaban cambiados. Su propio cuerpo había alcanzado la madurez que su hibridez de Yokai lo acondicionaba cuando solo tenía diecisiete años, y ahora a sus veinticuatro años de humano, se conservaba tal cual. Pero, tanto al animal como a ella la vio por última vez hacia años; antes de que su madurez física se completara…
Inuyasha se volvió y recuerdos de hacia ocho años atrás; cuando se escapo de Sesshoumaru con la idea de dar con la joven que en esos momento intentaba dormir regresaron a él.
Dar con ella fue toda una travesía, y más ya que su medio hermano había prometido golpearlo hasta dejarlo incapacitado de moverse por meses si intentaba huir otra vez y no cumplir con su entrenamiento. El trato que su padre les había forzado a ambos cumplir los sometía a convivir por largos diez años, y pasado ese período, él seria poseedor de Colmillo de Acero al Sesshoumaru no poder manipularlo -a pesar de que él jamás estuvo presente a la hora del contrato-.
En un comienzo, poco le había importado a Inuyasha heredar una de las armas de su padre -a pesar que en su niñez lo había deseado para así sentirse aceptado- cuando el anciano Myoga llego junto a Sesshoumaru para informarle su desafortunado destino.
En ese entonces, solo tenía quince años y convivía con una muchachita de nueve y la recién nacida mascota que él mismo le obsequio luego de encontrarlo abandonado en una cueva. Para él, no había nada más importante que la joven. Se había convertido en su guardián, su amigo, su padre, su hermano, y de un modo más sentimental, su hombre. Y por lo mismo no tenía intenciones de irse sin ella, pero como para Sesshoumaru el tener que lidiar con él era más que suficiente, una humana no entraba ni entraría jamás en el trato, ya que no estaba dispuesto a prestar su protección hacia un ser tan insignificante.
En ese momento lo odio más de lo que ya lo hacía y le escupió una serie de palabrotas con la esperanza de que se marchara, mas no lo hizo sin antes decirle —: "Tu estupidez no será responsable de lo que ocurra". No entendió que quiso decir con eso. Y a pesar de que le gritara mil veces qué quería decir, éste se envolvió en luz y desapareció.
Luego de eso, transcurrió casi un mes y las cosas parecían marchar con calma, hasta que las cosas cambiaron una noche de luna nueva…
Siempre fue cuidadoso en cada luna nueva. El hecho de que adoptara forma humana por una noche cada mes hacia del momento más angustiante de su vida; no por su propia vida, si no porque en ese estado no podía protegerla de un ataque.
Se encargaba de dejarla en un lugar seguro lo bastante alto en las montañas como para que nada ni nadie llegase. Los meses de verano y primavera eran los más preocupantes, ya que las nubes no ocultaban el cielo y la no visible luna se encargaba de cumplir con su maldición.
Y aquel lamentable día, no fallo.
Cerca de la región sur había encontrado un bello prado cubierto de flores purpuras y cerezos en flor que batallaban en belleza contra unas azaleas; las cuales se hidrataban gracias al agua fresca de un manantial.
Sabía que no debía perder su tiempo en aquel tipo de cosas, en especial ese día, sin embargo, su necesidad por verla feliz, le supero. Y los reproches mentales los bloqueo en el instante justo en que vio los ojos de su dulce Kagome brillar de emoción.
Todo se mostraba perfecto, incluso la preocupación que ella demostraba constantemente al recordar que aquel día era luna nueva le hacía vibrar el pecho. Inuyasha solo negaba y le decía con voz suave: "queda tiempo". Y ella no muy convencida, asentía.
Inuyasha sabía que se le podía juzgar por su comportamiento en el pasado, incluso, por las cosas que hizo al protegerla, pero jamás le permitiría al resto juzgar la relación que mantenían, por muy híbrido que fuera, como a la vez por lo humana que ella era. Además, la mitad de una de sus razas los unía...
— Esto es tan bello, Inuyasha — le dijo entre su andar, siendo siempre seguidos por el diminuto tigre entre gimoteos —, que si me digieras que aquí viviremos para toda la eternidad; sin nada más que este bello paraje, no me importaría en lo absoluto — le vio sonreírle de un modo distinto. Todo en ella brillaba e irradiaba tanta dulzura y amor… amor hacia él que… que se quedo estático sin poder decir ni hacer nada. Y su reacción empeoro cuando ella se acerco y le tomo la mano.
Siempre su cuerpo entraba en estado de shock cuando ella le hablaba, pero cuando lo tocaba, para lo que fuera, su cerebro, su cuerpo completo parecía querer colapsar. Y lo que le estaba ocurriendo en ese momento era algo único, y su corazón parecía a punto de estallar en su cuerpo paralizado.
Creyó y tuvo la esperanza de que el contacto se mantuviese hasta ahí, ya que estaba seguro que no podría con mas, sin embargo, otra vez se equivoco, ya que ella con un movimiento rápido se apego a él con fuerza y lo rodeo con sus delgados brazos. Inuyasha no supo cómo ni cuándo su cuerpo pudo responder, pero luego de que al salir de su estado catatónico se vio a si mismo rodeándole con su propios brazos de un modo amoroso.
Luego de eso… prefería no pensarlo demasiado, ya que el dolor que atravesaba siempre su pecho lo mantenía entristecido por semanas, y si se colocaba a pensar en cómo termino a merced de Sesshoumaru, mucho no podía pensar, ya que demasiado no recordaba de aquello, ya que a los días siguientes apareció en la región del Este en el territorio del dragón junto al desagradable de su medio hermano en su horrible enorme palacio...
No había odiado jamás tanto el hecho de ser mitad humano, como en el momento en que descubrió que gracias a su transformación en luna nueva lo habían separado de ella. Pero, luego de tanto sacrificio y años de separación por fin estaba junto a su dulce Kagome, y el hecho que no lo recordara… suspiró pesado y echo un vistazo entre la rendija de la puerta observando como el apagón de lámparas se había detenido, pero igual se quedo unos minutos más viendo para asegurarse por si el fantasma decidía volver a las suyas, pero, nada sucedió.
Demasiado movimiento en un comienzo Inuyasha no hizo, solo vasto con que sus ojos con rapidez la buscaran hacia el interior, y para cuando dio con ella, por completo se giro dispuesto a admirarla.
Era tan hermosa… se podría decir que su belleza dolía de solo verla, pero por los dioses que estaba dispuesto a soportar la tortura. Para ser una mortal, su belleza traspasaba límites hacia lo celestial, y quizás esa era la verdadera razón del porqué la buscan con insistencia… aunque, para cuando la conoció, no representaba la gran maravilla. Flacucha y en exceso pálida, y su glorioso cabello negro azabache estaba opaco, lo mismo que ocurría con sus ojos. Cosa que fue cambiando con el pasar de los días… meses.
Miro la curvatura de su fino cuello… Lo más sensato al ser hijo del gran Inutaisho, habría sido emparejarse con una Yokai y así su parte humana se perdería a través de las generaciones siguientes, como también serviría para ser aceptado... Sí, aquello, habría sido algo sensato; al menos a los ojos del sirviente de su padre, la anciana pulga Myoga. Ya que para su medio hermano, poco le importaba si decidía involucrarse con una roca. Incluso, para Inuyasha su interés en él durante gran parte de su vida, y para cuando su nombre y la necesidad de saber qué clase de ser era Sesshoumaru, desapareció el día en que apareció frente a sí; imponente y con un maldito aire de suficiencia y superioridad que en cosas de segundos le causó nauseas, y por largos años le toco soportar.
Tenía más que claro que a Sesshoumaru la idea de entrenarlo le provocaba una úlcera en su trasero realezco, y por lo mismo, por mucho que hubiese prometido rebajarse a enseñarle, perfectamente pudo haberlo aplazado lo suficiente como para que con el pasar del tiempo no fuese necesario. Pero, no lo hizo. Apareció un día en la noche, minutos después de que Kagome, el pequeño Furyoku y él se acostaron. Su majestad no dijo nada, solo dejo sentir su presencia sabiendo que él iría tras de él.
Ni siquiera se rebajo en comunicarle la grandiosa noticia, sí no que Myoga fue el que hablo.
Solo supo de la presencia de la diminuta criatura cuando sintió un pinchazo en su cuello, lo bastante molesto como para hacerle reaccionar dándose un manotazo en la zona.
— Tan dulce como la de su padre — escucho en su palma.
— ¿Eh? — exclamo sorprendido ante el insecto minúsculo que intentaba acomodar su diminuta ropa.
De un brinco apareció en su hombro y lo miro al detalle.
— Joven Inuyasha — le volvió hablar la pulga —. Años desde la última vez en que tuve el agrado de estar bajo su presencia.
— No tengo recuerdo de haberte conocido.
— ¿Conocerme?, no, ya que sólo era un bebe. Soy Myoga, mi buen joven amo.
Inuyasha no realizo gesto alguno, aparte del meter sus manos en las mangas contrarias de su chaqueta y llevar la vista hacia el imponente ser de armadura y elegantes prendas que a ojos cerrados se mantenía a metros de distancia.
Jamás lo había visto, pero había algo en él que se le hacía altamente, y realmente desagradable familiar…
— ¿y, éste? — altivo señalo con un movimiento de cabeza al ser a metros de él.
Myoga horrorizado comenzó a dar brincos de un lado al otro intentando balbucear algo, siempre atento algún posible movimiento del tipo elegante. El cual solo abrió los ojos y miro de reojo con desdén por unos momentos para luego volver a cerrarlos.
— Ve al grano — ordeno secante el sujeto desconocido para Inuyasha a la ahora estática pulga. Aunque, no negaba que hasta a él le provoco escalofrió el tono, se mantuvo como si nada, incluso, casi desafiante en su mirar.
— No lo mire así, amo — susurro la pulga a su oído —. Su hermano es bastante susceptible a provocaciones estos últimos días; no lo desafié de ese modo.
— ¿Has dicho, hermano? — la pulga asintió e Inuyasha regreso toda su atención al Yokai —. Con que tú eres Sesshoumaru — le habló directo a él y el anciano Myoga deseo desaparecer ya que sabía que el mayor de los hijos de su muerto señor no poseía la paciencia necesaria como para lidiar con la orden encomendada, o sea, lidiar con su medio hermano, y que éste le tratara con tan poco respeto, menos ayudaba.
Y creyendo Myoga en un momento que el Gran Yokai del Este haría uso de algún poder para aniquilar al muchacho, tal cosa no sucedió. Incluso, a pesar de que Inuyasha hablara y hablara, Sesshoumaru se mantuvo igual, estatual. Hasta que de un momento a otro se volvió al joven y avanzo a él, y lo pudo percibir.
Una suave energía envolvía el aire, prácticamente con dotes anestesiantes, y sintió su cuerpo y mente tranquilizarse de un modo placentero llevándolo a querer sonreír al imaginarse rodeado de Inuyokais pudiendo así disfrutar del delicioso néctar que ellos podían proporcionarles ante una succión.
Quizás, eso era lo que había ocurrido con el señor Sesshoumaru; esta energía lo había echo calmarse.
— Myoga.
La pulga adopto una actitud seria y se coloco sobre el hombro de Sesshoumaru al volver a escuchar su imponente voz, el cual no dejaba de mirar a los ojos a su medio y a la vez menor hermano.
— Venimos por usted joven amo.
Inuyasha frunció su ceño al escuchar aquello pero no dejo de mirar a los ojos aquel de su sangre que solo se dedicaba a mirarlo con displicencia.
— ¿Por mí? ¿Por qué?
— El señor Sesshoumaru juró a vuestro padre antes de que éste falleciera el entrenarlo y prepararlo como corresponde al ser hijo del general Inutaisho y uno de los herederos del Este. Debemos partir lo antes posible para que su instrucción comience de inmediato, no se debe perder tiempo, menos, el de vuestro medio — se aclaró la garganta —, hermano.
— No puedo ahora — contesto con simpleza sin dejar de mirar a su hermano sin dejar doblegarse ante la frialdad y peligro que este irradiaba.
— Pero joven — intento la pulga disuadirlo —. Es una orden de su padre.
— Mi padre está muerto, así que dudo que pueda venir a reprocharme algo de lo cual se me acaba de imponer.
— Insolente — dijo Sesshoumaru con frialdad.
Un bufido se soltó de los labios de Inuyasha y una sonrisa arrogante se dibujo en su boca.
— No he dicho mentira alguna — agregó.
Sesshoumaru se irguió en garbo y con desdén alzo la voz.
— No, no has dicho, mocoso. Pero es un juramento que cumpliré, así sea contra tu propia voluntad. Tú menos que nadie serás responsable de un incumplimiento de palabra por parte mía, y menos… por una humana.
El ceño de Inuyasha se acentuó ofendido pero no aparto la vista.
— Me importa poco tu honor. No me iré, así que no insistan.
— Recapacite, amo Inuyasha.
— No, ya que el marcharme significaría dejar a Kagome, y eso no lo haré.
— Ella podría ir con usted… — propusó Myoga pero al ver la asesina mirada por parte de Sesshoumaru, guardo silencio permitiéndole a Inuyasha conocer a la vez la respuesta que ya sabía de ante mano...
— He dicho ya que, no la dejare. Así que, lárguense.
— No me parece extraño el rebajarte al querer estar con esa… "gente", pero vuelvo a decir: vendrás, porque lo digo, así deba deshacerme de la asquerosidad que te acompaña para que obedezcas.
— ¿Cómo te atreves, maldito infeliz? — bramó entre dientes, pero el ver que Sesshoumaru paso por su lado sin interés en mantener la conversación, la rabia aumentó y los insultos se dejaron oír sin contención alguna.
De Myoga, no se supo mas, ya que por lo visto era tan cobarde que escapó apenas detecto la posible pelea que jamás llego, ya que Sesshoumaru haciendo oídos sordos, con la vista fija en dirección hacia donde Kagome descansaba, dijo:
— Tu estupidez no será responsable del qué ocurra.
— ¡¿y, qué demonios significa eso? ¡Habla, maldito!
Pero nada se volvió a decir. Inuyasha siguió gritándole enajenado, sin embargo su medio hermano se envolvió en un halo de luz y desapareció.
Lo maldijo una y cientos de veces apenas desapareció esa vez, y bueno, las maldiciones se mantuvieron incluso hasta el día presente. Sessohumaru era un maldito arrogante que despreciaba a todo aquel que pudiese estar por debajo de él… frunció los labios molesto consigo mismo, ya que debía reconocer que el muy maldito era tan hábil y poderoso como para que su auto titulo de Gran Yokai fuese merecido. Pero claro, que jamás se escucharía reconociéndolo en voz alta, y por lo mismo se lo quito de la cabeza con un simple pestañar, topando con la mirada de Kagome, la cual mantenía su cabeza recostada sobre el pecho del durmiente Furyoku.
— ¿Recuerdos tristes? — Kagome se acomodó en su futón evitando despertar al felino, que al sentir más espacio se estiro con comodidad.
— De todo tipo, aunque los tristes predominan.
— Ya veo…
— A ti te sucede siempre. Lo veo en tu mirada cuando despiertas por las noches luego de las pesadillas. Por lo visto, sin importar la especie, los tormentos no hacen distinción.
— Tienes razón. Pero creo que, a pesar de los años, me cuesta acostumbrarme a ellos… — le vio sujetar los tridentes que usaba como armas con fuerza a la vez intentando mostrar una sonrisa en su rostro atormentado.
— Eres buena exterminadora — eso sirvió para atraer su atención de otro modo, en especial al ver que su sonrisa ahora era auténtica y natural —, y no dudo que al ser sacerdotisa te permite tener mayor ventaja en un cómbate contra demonios.
— Hay ciertos poderes que no se me permite usar, y creo que decir el motivo no es necesario — Inuyasha solo se limitó en asentir al comprender que se refería al hecho de que atraía demonios —. Durante el día puedo contenerme de utilizarlo, pero por las noches… mis propios tormentos me visitan a diario sin fallar entre pesadillas y me es imposible contener ciertas energías. En el templo me era fácil vivir al mi superior evitar que demonios se sintiesen atraídos por mi energía. Si no fuese por ti, creo que me habrían atrapado hace mucho y Furyoku sería comida de Oni…
— Creo que… — carraspeó la garganta y evitando mostrar lo nervioso que le coloco sus últimas palabras — eres lo bastante apta como para reaccionar antes de que intenten matarte, incluso tu bestia.
— El señor Higurashi… — realizo una pausa para escucharla corregirse llamándole la atención —; mi padre, fue muy exigente a la hora de mi entrenamiento…
— ¿Tu padre? ¿Tu padre es un exterminador? ¿Creí que ambos habían muerto?
— ¿Mis padres? Jamás te he hablado de ellos.
— ¿No? — ella negó a lo que él nervioso se aclaró la garganta y busco en su cabeza la posible solución a su propia encerrona — ¿Segura? Diría que sí. Y en parte, bueno debe ser, debido a que por las noches durante sueños les llamas y lloras.
— Oh… — masculló relajándose, a lo que él igual la imitó.
— Aunque por lo visto estoy equivocado.
— No lo estás — aclaró ella —. Anteriormente, era hija del General Akino y su esposa. Habitaban la región norte y poseían una vasta extensión de tierra al ser los guardianes de Gengu. Eran grandes personas; todos en general, hasta que… — sus ojos se ensombrecieron por lo que él comprendió sin necesidad de detalle lo que había ocurrido… Huérfana, a los siete años, no solo de padres, sino de todo lo que conocía —. A los años después, los Higurashi, exterminadores del Oeste me encontraron y adoptaron.
Recordó y narró sin falta de detalles su primer día en la aldea de exterminadores.
Había dormido durante días, y el último recuerdo que tenía, era de su escape en el pueblo de los Akino luego del ataque.
No sabía que sucedía; no sabía dónde estaba. Lo único que tenía claro, era que estaba con vida en un lugar desconocido gracias a... Tampoco sabía a quién agradecer. De seguro era alguna de las personas que se dejaba ver por la entrada a la habitación. Un hombre acompañado de una joven de dulce mirar. La encontró linda, y por algún extraño motivo se imagino el que serían grandes amigas. Cosa que ocurrió sin lugar a dudas.
Al hermano de la muchacha no lo conoció hasta el día siguiente. Era un muchachito inquieto de solo cinco años, con intensos deseos de ya hacerse hombre para manejar las armas. Pero eso no ocurriría hasta en tres años más, por lo que se escabullía y se quedaba en la zona de entrenamiento hasta altas horas, que era cuando el señor Katsumoto lo iba a buscar, encontrándolo dormido entre las prendas y armas de práctica.
Debía reconocer con gusto que no le costó querer a los dos hijos del dueño de casa; quien resultó ser el líder del clan de exterminadores.
Katsumoto Higurashi, era un hombre de carácter especial de gran porte y aspecto. Ante los aldeanos se mostraba serio, duro y estricto, y en casa, recibía la adoración de sus hijos y con buen motivo... Era un líder admirable y respetado. Sus capacidades como sus habilidades jamás era puesta en duda; lo seguían y obedecían todos sin queja alguna, hasta que ella llegó.
En un comienzo la aceptaron en la aldea a pesar de saber de quién era ella. Pero todo cambio el día en que demonios por primera vez atacaron la aldea, y todo luego que ella en juego hiciera florecer un prado de peonias para Sango.
Era plena noche fue cuando llegaron, y la sorpresa no desapareció del rostro de todos durante la batalla ante lo extraño de que aquellos seres se arriesgaran a atacar la aldea de quienes poseían la destreza para aniquilarlos. Y lo demostraron, luego de que intentarán atraparla. Si no hubiese sido por Sango y el pequeño Kohaku de seguro lo habrían logrado.
Las quejas ya pasada la batalla no demoraron en alzarse, exigiendo a su líder llevarse a la muchacha a otro lugar, pero él se negó rotundamente.
— Si se va de aquí, saben muy bien que ella no estará a salvo — aseguro con firmeza.
— Entonces, ¿Debemos arriesgar la vida de los nuestros por una extraña? — Exclamo una voz del fondo, siendo acompañada por todo tipo de protestas.
— No deberán hacerlo — dijo Katsumoto ante la horrorizada expresión de su hija —. Desde hoy la conocerán como mi hija. Es una de los míos. Y si los años que he entregado a ustedes, asegurando la protección de las familias de esta aldea significa algo, les pido que la protejan y la acepten como una más del clan. Jamás les he pedido más de lo que pueden dar, o incluso, que hagan algo que este por fuera de mis habilidades de exterminador o como persona. Somos los exterminadores de demonios más reconocidos, no por mí, sino por todos los que habitan en esta aldea, y por lo mismo les imploró, por el bienestar de Kagome, acójanla.
El silencio inundo los alrededores, hasta que una voz desde la fila central hablo.
— Su aldea fue arrasada por demonios, Higurashi. Y lo que ocurrió hoy, ha sido solo una advertencia para lo que nos deparara en el futuro.
— ¡Es un peligro, Higurashi!
— ¡Es solo una niña! — Exclamo horrorizada una mujer al fondo.
— ¡La que hará que todos seamos asesinados!
— ¡Debe irse!
— ¡Está bien! — bramó Katsumoto mostrándose completamente encolerizado —. Si quieren que se marche, así será. Pero, mi familia y yo partimos con ella.
Sango apretó el brazo de Kagome y Kohaku tomo la mano de su padre, mostrando así ambos su apoyo ante la decisión tomada.
Sin embargo, a pesar de ser Kagome el tema en discusión, nadie le prestaba atención, la cual intentando controlar su nerviosismo y el llanto, se separo de Sango y avanzo hasta colocarse frente de los Higurashi.
— ¡No! — exclamo con voz temblorosa —. No quiero obligarlos a mi presencia. Yo... — hizo una pausa para permitirse encontrar control. Trago pesado haciendo pasar el nudo en su garganta —. No quiero que nadie se sacrifique por mí... Más muertes... Mis padres... No podría soportarlo. Todos ustedes han sido ya demasiado amables, y por lo mismo no podría vivir sabiéndolos en peligro por mi causa.
Agacho su rostro y oculto sus ojos debajo de su flequillo, esperando la inminente decisión que ella prefería por el bien de aquella gente.
— Se quedará — sentenció el señor Higurashi, dejando ver a todos en su mirada cuan orgulloso estaba. Orgulloso de ella.
Inuyasha se mantuvo callado en todo momento. No dijo nada, no hizo nada, ni menos expresó algo en su rostro. Se mantuvo inescrutable como cual estatua de templo; incluso, pasado unos minutos, su estado se mantuvo tal cual, hasta que con cierta incredulidad, dijo:
— ¿Él, se colocó en contra de todos, por ti? ¿Por alguien que jamás había visto hasta hacia sólo unos días? — ella asintió —. Perdona que lo diga, pero no lo creo. No tu historia — aclaró con rapidez —, si no la actitud de aquel hombre... ¿Katsumoto? — Ella asintió dolida, a lo que él asustado se levanto y se acerco a ella con fiel intento de tocarla, y al ver lo que iba hacer, se contuvo limitándose solo en hablar evitando dejar ver su sonrojo.
— Lo siento, Kagome. Perdóname, por favor. Creo que hablo mi orgullo y rechazo de buena obra de algún otro humano a parte de ti... Discúlpame.
Ella asintió con suavidad.
— Entiendo... Más de lo que crees — le sonrió —. Cuando ocurrió eso, para mí todo era parte de una ilusión. Me era imposible creer que alguien a parte de la gente que me crio desde que nací mostrase deseo de velar por mí. Pero ya ves que las mujeres en el templo se mostraron iguales. No todos son malvados.
De eso, Inuyasha preferiría omitir comentario, ya que aparte de su madre y Kagome nadie se comporto con decencia, ni siquiera cuando era un recién nacido...
Asintió como modo de terminar el asunto permitiéndole a ella volver a dormirse.
Había algo extraño en aquella historia; algo que incomodaba, y quizás era solo cosas de él, ya que sí era cierto que no confiaba en los humanos y menos en los Yokais de la raza que fuesen, y podía ser ese el motivo real por el cual le chocaba la buena obra realizada por aquel hombre líder de exterminadores (aparte de que le molestara que recordara cada detalle de su vida con ellos...). Pero, su instinto le decía que no estaba equivocado y que no olvidara ese detalle importante de la historia de Kagome, ya que nadie le quitaba de la cabeza que ese hombre llamado Katsumoto Higurashi sabía algo, y por eso mismo la acogió sin problemas.
Sabía y sentía que Kagome no se había quedado conforme con su asentimiento y por lo mismo, para evitarse problemas con ella al poder decir lo que pensaba, cerró los ojos y se fingió dormido sintiendo como ella luego de un largo tiempo manteniéndose sólo en observarlo, se durmió, y al sentir tranquilidad en la habitación como en los alrededores la imito de manera inconsciente.
No podía culparse de su cansancio, hacia más de una semana en que sólo se limitaba en dormitar por una hora diaria, y por lo visto, la fatiga lo venció…
No supo que fue lo que lo despertó realmente, ya que juraba haber escuchado a Sesshoumaru gritándole:"ARRIBA", dando justo con la imagen de Kagome siendo asechada por seres casi transparentes. Se les podía apreciar algo de rostro y cuerpo a su aspecto humano.
Su primer movimiento fue colocarse de pie, y el segundo el sólo observar.
Furyoku había desaparecido (para variar), por lo que no parecía extraño la libertad de asedio de aquellos Sogenbi.
Las pesadillas comenzaron atormentarla como todas las noches y la energía comenzó a desprenderse de su cuerpo, por lo que temeroso se acerco para despertarla ante el pronto ataque de demonios, pero la energía llamante no excedió mas allá de la pared de Sogenbi que se formó alrededor de ella; energía que fue absorbida al instante por ellos hasta que el exceso de absorción se sobre pasó y Kagome adquiría cada vez mas palidez.
Hizo amago de acercarse, pero lo detuvieron a solo un metro de moverse comprendiendo cual era la intensión de ellos. Desenvainó a Colmillo de Acero dispuesto a atacar, pero ¿Cómo destruir seres ya muertos? Agito su arma contra ellos sin importar, sin embargo, sólo los atravesaba sin causarles daño alguno, lo que lo llevó a reprocharse el no haber robado Colmillo Sagrado también.
Y cuando creyó que la palidez de Kagome era sepulcral, un rugido se alzó a la entrada haciéndolo volverse topándose con el desaparecido Furyoku a la entrada completamente agazapado y mostrando sus colmillos de manera peligrosa. No obstante, cuando escucho a Kagome gritar de dolor, no dudo en intentar dirigirse donde ella viendo como su hombro derecho una vez más brillaba por entre su ropa, y los fantasmas, se escabullían enajenados.
El resplandor duro lo suficiente como para hacer desaparecer a los Sogenbi, sin antes haberla dejado casi muerta.
Intentó desesperado hacerla reaccionar mientras Furyoku se recostaba a un lado de ella y apoyaba su enorme cabeza en el vientre de la joven.
Pocas veces se había sentido tan desesperado como en ese momento, y por los dioses que no le agrada. Rogo mientras la llamaba para que despertara, y por un momento la palidez se mantuvo llevándolo a la locura, hasta que al verla sonreír, supo que estaría bien, y más cuando la vio mirarle con dulzura...
— ¿Estás bien? — pregunto acariciándole la mejilla manteniendo la cabeza de ella recostada en su regazo.
— Si... — dijo en un murmullo dejándose llevar por la suavidad del contacto y por la extraña emoción que le recorría el cuerpo.
— Lo lamento, señorita Kagome — escucharon ambos a un costado, dando con la transparente silueta de un Sogenbi. Furyoku gruñó, pero al Kagome colocar su mano sobre la cabeza del animal este se quedo quieto dedicándose a mirar a la criatura. El Sogenbi se acerco hasta quedar a la completa vista de ellos —. Sentimos su energía fluir con tal intensidad que ellos, no pudieron resistirse. Fue inevitablemente que actuaran así... Él dijo que sería de ese modo.
— ¿Quién? — Pregunto secante Inuyasha, sin dejar de demostrar lo poco que confiaba en él.
— Jamás dijo su nombre — contesto acercándose un poco más permitiéndoles apreciarlo mejor. Sus rasgos eran finos, demasiado finos como para decir que antes de morir había sido un hombre ya, lo más probable es que solo fuera un muchacho de mediana edad que lamentablemente había encontrado la muerte muy pronto... Le vieron "sentarse" a una distancia prudente, y con un movimiento de manos encender las lámparas de la habitación, agregando —: Vestía mandril y le gustaba mantenerse en las sombras. Luego que el señor de estas tierras lo expulsara, apareció una noche y nos atrajo con su energía oscura. Nos dijo que la oportunidad de vivir se nos presentaría. Que su señor nos brindaría la oportunidad de revivir si nos uníamos a él atrapándola a usted y alejando a todos los habitantes de la aldea. Intente detenerlos cuando sentimos su presencia, señorita Kagome, pero estaban fuera de sí. Lo lamento.
— Por lo visto, el aceite no les era suficiente — Kagome al escuchar su tono sarcástico, no pudo evitar reír, en especial al ser la primera vez en que lo oía en contra de otro que no fuera ella, y más porque la misma idea se había cruzado por su cabeza.
— Siempre es suficiente — contesto sonriente el fantasma —, ya que es una delicia. Pero, su energía... Se alzo brillante y pura, como el halo de luz que rodea a una madre en el momento en que da a luz a un hijo, sin embargo se nos está prohibido robar aquello.
— Y su energía, no — espeto Inuyasha señalando con un movimiento de cabeza a Kagome.
— Inuyasha... — éste gruño molesto al escucharla con ese tono de voz. Le reprendía hasta con suavidad. Rayos, era dulce hasta en eso.
— No se preocupe, señorita Kagome, él tiene razón. Pero le aseguro que lo que ocurrió hoy no se volverá a repetir.
— ¿Por qué tan confiado?
— Algo protege a la señorita Kagome. Se desató en el instante exacto en que estaban por drenarle lo que le quedaba de energía. Como si una barrera se hubiese alzado desde su propio cuerpo. No es poder humano, y menos de demonio, eso lo aseguro.
— ¿Celestial? — pregunto Inuyasha.
— Probablemente — asintió el fantasma llevándose una mano al mentón —. Por lo visto, los dioses no la tienen por completo desamparada. Pero debe cuidarse de aquellos que la quieren atrapar, en especial de ese ser vestido de mandril.
— Agradezco tus palabras, pero, ¿Cómo sabes cuál es mi nombre?, a caso, ¿Él lo sabe? — El Sogenbi negó.
— No. Alguien que pasó hace una semana por aquí me hablo de usted, y me dijo lo maravillosa que era y cuanto habría querido verla de nuevo.
— ¿Un...Un humano?
Un aire frio recorrió su espalda y los ojos de Kagome de apoco se fueron llenado de lágrimas, como si supiese ya la respuesta. Trago fuerte y armándose de valor y rogando por estar equivocada, espero respuesta para luego formular mas.
— En su momento lo fue, ahora es como yo.
Ella asintió.
— ¿Te dijo su nombre?
— Hoyo. Ese era su nombre. Pasó junto a su familia y a otro grupo de Sogenbi que él conocía.
¿Hoyo y su familia, muertos? La aldea… la gente… ¿Su familia?
Y como si le hubiese leído el pensamiento…
— Hablo de vuestra familia antes de seguir con su camino.
Kagome intento levantarse, pero al verse falta de energías, solo pudo alzar la cabeza permitiéndose preguntar con desesperación:
— ¿Lo hizo? ¿Ellos se encuentran bien? ¿Sango? ¿Kohaku y el señor Higurashi?
— Sobrevivieron — el aire que contenía, lo soltó sintiendo su alma aliviarse. ¡Estaban vivos! —. Tengo entendido que se dirigen en vuestra búsqueda.
Asintió de modo inconsciente, y volviéndose, dejo que las lágrimas cayeran sin preocupación. Por lo visto, el que sintiera que su mundo adoptaba por fin el rumbo correcto y la tranquilidad deseada al saberse con la habilidad y fuerza para alcanzarla por completo, era un error, y por eso mismo esta debía ser derrumbaba como una torre de Mahjong dejándola caer sobre ella en picada hacia un abismo, y estaba segura que sucedería así si no fuera por Inuyasha. Aquel ser que de manera inesperada apareció en su vida, proporcionándole su compañía y cuidado sin exigir nada a cambio... el cual la confortaba en ese instante con caricias en su cabello.
Luego de permanecer en silencio llorando sin emitir ruido y de recargar energías suficientes, Inuyasha le vio levantarse y guardar sus cosas con celeridad, deteniéndose de vez en cuando para pasar el mareo que la hacía tambalearse.
— ¿Qué haces? — le pregunto irguiéndose.
— Si me marcho ahora, llegare mañana a mediodía.
— Es un riesgo que vallas.
— No me importa. Iré.
— No lo apruebo — alzo la voz levantándose del futón — ¿Es por ese tal Hoyo, no es cierto? Ese Sogenbi dijo que tu familia está a salvo y que se dirigen en tu búsqueda. Así que no entiendo. Es hacia el Sur donde deberíamos dirigirnos, no volver a retomar el rumbo al Oeste, y lo sabes.
— No entiendes… — agacho la mirada.
— ¡Podría hacerlo si me explicaras, y así podría hacerme por fin una idea! ¿Era tu novio?
Sorprendida, lo miro a los ojos, viendo como el dorado de ellos se tornaban oscuros como dos piezas de ocre y como sus orejas caninas estaban hacia tras.
— No — contesto con suavidad viéndolo en parte relajarse —. Pero si un buen amigo. Una de las pocas personas que me acogió en la aldea sin problemas. No puedes esperar que me quede así como si nada al saberlo muerto por mí causa. Debo ir y descubrir qué sucedió.
— Es una trampa, puedo olerlo, y lo más probable es que ese fantasma — señalo la pared por donde desapareció —, este metido. No permitiré que te arriesgues porqué sí. O dime, ¿Tus dos padres aprobarían algo como esto?
Lo miro furiosa, y estaba dispuesta a gritarle que "sí" al estar interponiéndose en su decisión, pero al comprender que mentiría, avergonzada negó.
— Debo saber...
Inuyasha firme y con el ceño fruncido se dirigió a la entrada de la habitación. Metió las manos dentro de sus mangas contrarias y observo como Furyoku le acompañó sentándose a su lado. Por lo visto, lo apoyaba ante la absurda decisión de su ama.
Observo los arboles del fondo de la propiedad, viendo como la copa de estos comenzaban a adquirir un tono dorado al llegarles los primeros rayos del amanecer.
— Cuando identificaste ayer a esa familia en la cabaña del bosque... ¿Podrías hacer lo mismo con tu aldea?
Se acerco a él a paso lento deduciendo a donde quería ir.
— No, no puedo; no a esta distancia. El radio que abarco es de un par de kilómetros, y la aldea... Es demasiado.
Se volvió a ella con una sonrisa socarrona, y del mismo modo, dijo:
— Entonces, solo debemos acercarnos lo suficiente.
Continuara…
N/A: PERDON! Sé que me demore, pero más que las musas esta vez, fue tiempo. Pero aquí estoy con una nota breve, ya que debo volver a lo mío antes de que me reten en el trabajo :-[
Una parte de los misterios se ha ido aclarando y en el siguiente capítulo sale otro a la luz ;)
Lo único que puedo decir de él, que es sobre Kagome.
Cuídense un montón y espero que hayan tenido lindas fiestas y que este año sea excelente para TODAS ustedes.
Muchas gracias a las que leen y no dejan mensaje, y más a las que lo hacen, ya que me motivan a seguirla.
Luna: Gracias Por el Review. Como también el que te guste la historia. ;)
Blesdyn! ¡Un millón amiga mía! Sin ti, creo que estaría más loca de lo que estoy! XD
NOS LEEMOS…
