Capitulo V
Podía ser que los monstruos y demonios no supieran de su ventaja, pero lo que llevaba a pensar a Inuyasha, era: ¿Si él se paralizaba en ese momento, ocurría lo mismo con todo el resto…?
Habían llegado a temprana hora de la mañana, gracias al tiempo que ahorraron durante el viaje al llevarla él en su espalda.
Apenas se ofreció como medio de transporte, ella solo guardo silencio, dejándolo con la duda de qué era lo que pensaba. Y en palabras retorcidas, frases que chocaban con la coherencia intento en un vano modo darle los pros de llevarla en su espalda. Y ella, por lo visto, ni siquiera lo escucho, ya que le vio sacudir la cabeza y mirarlo con curiosidad antes de decir —: ¿Nos vamos?
Él no contesto, se le quedó mirando aturdido sin saber que decir, hasta que le volvió a escuchar hablar.
— ¿Has cambiado de idea?
Inuyasha asustado, aclaro efusivamente:
— No, claro que no.
Aturdido aun, se acerco e hinco dándole la espalda para que así ella pudiese subirse con comodidad. Solo esperaba que ello no le trajera problemas a él…
— ¿No te será incómodo? — Susurro Kagome al tiempo que apoyaba sus palmas a la espalda de él para luego acomodar sus muslos a ambos costados; prácticamente montándose en él, agregando —: ya sabes, por mi peso.
Se acomodo el bolso y las armas mientras escuchaba como él soltaba un bufido. No era su peso el que le incomodaría, si no la cercanía. Esperaba poder mantenerse cuerdo — Que los dioses me ayuden… —. Y sin titubeos, con toda la concentración posible en sus palabras, y como si fuese algo de costumbre para ambos, le sujeto las piernas y dijo:
— Puedo con tu gato sin problemas. Llevarte a cuestas, sería como si uno de sus bigotes hubiese caído sobre mi espalda.
Kagome se abrazo a su cuello y él sintió a través de ese pequeño acto tan de ellos en una época, que quizás; quizás era posible recuperarla por completo.
— Con que hubieses dicho que soy liviana, habría sido suficiente — rio.
Él la imito, y al tiempo que flexionaba sus piernas, dándose la misma elasticidad que un resorte, sonrió con mayor efusión ante las serie de ideas de una pronta recuperación de memoria de la joven…
Los saltos eran tan altos que, entre aterrizaje y aterrizaje sentía que volaban, a pesar que no dudaba mantenerse aferrada a él como si la vida se le fuera.
Acortaron tiempo hasta dejarlo a un tercio de lo que se suponía les tomaría el llegar, dándoles las tres de la tarde cuando se detuvieron a la distancia pedida por ella
El nerviosismo se dejaba oler en el aire, por lo que no le era necesario verla al rostro para saber que era ella la responsable, y el tensor de sus músculos se dejó sentir apenas le informó que habían llegado.
El estado de Kagome perduro lo bastante como para hacerle dudar de sí había sido buena idea el haberle llevado. Quizás lo mejor habría sido llevársela aprovechando el tenerla sobre sí, pero no lo hizo. Guiándose por el deseo de complacerla omitió su deseo de cuidarla y protegerla.
Agacho la mirada comprendiendo que nada sacaba al pensar en aquello, y más cuando la volvió alzar la vio en una actitud totalmente distinta a como cuando aterrizaron. Estaba sorprendentemente relajada, sin la más mínima pisca de temor y mucho menos de desconcentración, comprendiendo que ya estaba lista y dispuesta para la "búsqueda" como decidió llamarle; ya que era eso lo que hacía, buscar de un modo que él desconocía lo que ella necesitaba descubrir.
Como modo de protegerla activo todos sus sentidos hasta el máximo de su capacidad, y cuando encontró que estaba todo en orden, con un asentimiento ella cerró los ojos e Inuyasha de inmediato sintió su cuerpo paralizarse permitiéndose el sólo observarla, siempre a la espera de ser informado de lo qué ocurría. Cosa que no ocurrió hasta que Kagome volvió en sí, y una mirada sombría cubrió sus ojos.
— ¿Qué descubriste? — pregunto intentando mantenerse sereno.
— Demonios... — susurró —. Cubren los pasos que llevan a los cuatro ingresos que tiene la aldea...
— ¿Puedes encontrar la forma de que aun así entremos? — ella suavemente asintió.
— Existen otros cuatro accesos subterráneos. No será problema...
Le vio fruncir el ceño preocupado, a lo que no pudo evitar decir con seriedad:
— Entonces, ¿Por qué te muestras atormentada?
La sorpresa por unos instantes se dejo ver en sus ojos, mas volvió a calmarse antes de contestar:
— Solo uno decidió quedarse... Solo uno...
— ¿Lo reconoces? — Kagome asintió.
— Tantos... Tan pocos sobrevivieron... Tan pocos...
— ¿De qué hablas?
La miro preocupado al verla perderse en sus palabras.
— ¿Kagome? ¿De qué hablas?
— Están muertos... Son demasiados. Tenía la esperanza de que el Sogenbi hubiese mentido.
— El que sólo veas a uno no quiere decir que...
— Los veo. Los veo a todos… Sus esencias desvaneciéndose. En unos meses solo quedará... Sólo quedará, nada.
Podía ser que siempre se mostrase fuerte y con la capacidad de lidiar con algo como lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, su cuerpo colapso por completo y tuvo que correr y esconderse detrás de un árbol para evitarle a Inuyasha tan desagradable escena.
Devolvió todo lo que se encontraba en su estómago, y su cuerpo ahora convulsionaba ante la rápida disminución de temperatura.
Una vejiga de agua fue colocada frente a sí, y el cuenco que servía a la vez de tapa fue acercado.
— Bebe, hará que se te pase el sabor.
Con cierto grado de dificultad lo tomo, y al tiempo en que acercaba el recipiente a sus labios, susurró —: lo siento...
— ¿Qué sientes? No te puedes disculpar por demostrar tu condición humana.
El ceño de Kagome se frunció confundido y él se quedo estático hincado frente a ella.
— Eh... lo siento…
Incomodo se levanto con rapidez alejándose en dirección en donde se encontraban las cosas de ella.
Estaba confundido, sorprendido y por sobretodo, preocupado. Por un minuto se expresó como Sesshoumaru lo habría hecho; frío, sin la más mínima pisca de sentimiento. Y es que aquella demostración de debilidad por parte de Kagome, lo altero llevándolo a hablar de ese modo tan despectivo.
Se odio en ese instante y más a su medio hermano al haberlo afectado de un modo en el que no tenía permitido serlo...
En un momento como aquel debió ser considerado, atento. Demostrar de algún modo lo mucho que significaba para él, pero de seguro que con esto ella debía estar pensando lo peor de él.
Pasaron los minutos, y su agonía aumento lo suficiente como para querer arrancarse el cabello. Incluso, estaba llevando las manos a la cabeza cuando ella regreso, y lo peor de sus desgracias, es que no sola. Furyoku la acompañaba.
El lento -según él- tigre se interponía de nuevo en sus disculpas. Quería gritarle que los dejara solos, pero Kagome lo interrumpió.
— Furyoku recomienda la entrada secreta Noreste.
Está bien, eso era extraño. Que el gato le había indicado donde dirigirse le parecía tan absurdo como que le dijeran que Sesshoumaru era afectuoso en la celebración a Seiryu.
Por muy inicio a la primavera que sea, y que el amor inunde el festival y la estación completa, su medio hermano era lo más cercano a un tempano de hielo en pleno invierno. De seguro hasta el día de hoy reprocha al fallecido padre de ambos por no haber tomado posición del Norte en vez de región tan melosa como lo es el Este.
Suspiro, y regresando a la realidad, le dijo con infinita paciencia:
— ¿Él te dijo a dónde dirigirnos?
— Claro que no — aclaró —, no habla, por si no te has dado cuenta. Furyoku me lo señalo a su modo. Por eso no llego junto con nosotros. Él llego antes.
— ¿Y verificó la zona? — completó el con incredulidad. Ella asintió y se volvió al felino.
Inuyasha suspiró nuevamente, y evitando mostrarse susceptible con algo que podría ser posible, recordando cómo estaba ella a causa de lo ocurrido hacia unos minutos, dijo:
— Indícame con exactitud en donde se encuentra la entrada. ¿Está muy lejos de aquí?
Ella negó.
— Sólo a un cuarto de milla. Pero, no es necesario que te diga si puedo mostrarlo.
— Es necesario, ya que te quedas.
— No me quedaré. Y si es por lo de "mostrar mi condición humana", te aseguro que no permitiré que se repita. Debo ir.
Por un demonio… aun no lo perdonaba.
— No. Te quedarás junto a Furyoku. Ya es bastante arriesgado que te encuentres a pasos de demonios, pero ¿Colocarte de tal modo que quedes rodeada? no lo permitiré. Te quedas. Furyoku — llamó al tigre, pero este sólo volvió la cabeza a él sin más interés que eso —. Quédense aquí, ambos. En caso de peligro, llévatela.
— ¡Oye! ¡No tienes derecho…!
El felino se levantó, se dirigió a Kagome y para sorpresa y extrañeza de la joven el animal se restregó en ella, y luego, tomo entre sus fauces el bolso de ella, permitiéndole a la joven entender que era lo que se proponía. Pero cuando Inuyasha vio al animal correr en dirección hacia la aldea, prácticamente sintió que se le encrespaban los dedos y que uno de sus ojos comenzaban a parpadearle constantemente.
¡Genial! Lo que le haya hecho creer que le obedecería, se desvaneció al instante.
El animal jamás le obedeció antes ¿Por qué creía que lo haría ahora? No tenía idea. Quizás había sido porque ya una vez lo apoyo al oponerse a la decisión de ella, pero ahora... Maldito gato.
— Eso ayudara — al Inuyasha volverse, la sonrisa que surcaba el rostro de la joven lo que menos hacía era colocarlo nervioso, ya que a pesar de pensar que se veía encantadora luciéndola, Kagome la expresaba como si se sintiese satisfecha consigo misma, lo que le hizo enervarse.
En vez de abrazarla por placer de contacto, deseaba zarandearla, y así hacerle entrar en razón. Arriesgaría su vida por nada. Ni miles de personas valían lo suficiente como para arriesgarla, y una... No estaba dispuesto. Y como si le hubiese leído el pensamiento, ella con voz firme, le dijo:
— Iré. No habrá palabra en esta tierra que me haga cambiar de idea, así que no lo intentes, ya que no lograras nada — el ceño fruncido del joven híbrido le dejó más que claro que había logrado lo propuesto, pero aun así decidió agregar —: Además, él sólo hablará conmigo...
Salidos ya de entre cajas vacías provistas sólo de pantalla para ocultar la entrada en la aldea, con rapidez se dirigieron a la casa central.
El plan de Furyoku era distraer los demonios y monstruos que pudiesen estar cerca. Y la de Inuyasha, era el mantenerse siempre adelante, tanto como para protegerla como para usar sus sentidos y así ver si ver si aparecía alguien. Pero Kagome lo adelanto apenas llegaron a la casa, y a pesar de llamarla con tono bajo o hacer amago de sujetarla, ella no lo escuchaba o simplemente lo esquivaba.
— Kagome — susurró Inuyasha realizando gestos con movimientos cortantes con sus manos, indicándole así que se detuviera.
Intento avanzar, pero se detuvo a tiempo antes que las tablas del piso crujieran.
— Yo soy más liviana — Susurró ella agregando una negativa al intentar adelantarla nuevamente.
— Eso es lo de menos. Quédate ahí.
— No. Sé porque te lo digo.
Kagome avanzó sin siquiera esperar asentimiento, y él exasperado, gruño intentando sujetarla y forzarla a detenerse, ya que sentía en el aire la amenaza.
Y apenas ella movió la puerta corrediza, Inuyasha supo que sus instintos no fallaron.
Él vio una sombra lanzarse sobre ella al tiempo en que Kagome sacaba sus Sais y las enganchaba en el sable del atacante.
Inuyasha con rapidez llevó su mano a colmillo de Acero. Y cuando estaba desenfundando, vio como Kagome ejerció fuerza y empujaba al atacante viendo a este trastrabillar.
Él no se quedó a la espera de algo. Se lanzó al interior de la vivienda creyendo que Kagome le seguiría en el ataque, pero cuando colocó el filo de colmillo en el cuello del atacante, al volverse a verla, la encontró en posición sumisa; de rodillas, la punta de sus dedos apoyados en el suelo, mientras de espalda recta conservaba su cabeza gacha... ¿Qué demonios?
Se volvió al atacante, el cual sin prestar importancia que lo tuviese bajo su poder, con la mirada pérdida, se levanto con dificultad para luego acercarse a ella omitiéndolo por completo.
— Sólo una persona ha logrado devolverme un ataque de este modo... — Dijo una voz rasposa proveniente del atacante que ahora lograba ver mejor —. ¿Kagome?
— ¡Sí! — contesto ella con firmeza agachando mas la cabeza.
— ¡Muchacha! — exclamo el hombre —. ¿Qué crees que haces aquí? ¡Es demasiado peligroso! Por los dioses que lo es...
La sujeto de los brazos y la hizo levantarse.
— Se que si, abuelo Higurashi. Pero, me enteré de lo ocurrido... No podía no venir.
— Se que no, muchacha. Sé que no — le sacudió un poco mientras hablaba, y con fuerza la estrecho en un abrazo —. Tú padre te reprenderá por esta locura.
La joven se relajo más, incluso se apego más a él, escuchando como Inuyasha envainaba su arma.
— Eso mismo creo yo — mascullo Inuyasha con una frialdad natural, que por lo visto, últimamente se le hacía bastante común, olvidando a la vez modales exigidos. Sin embargo, de improvisto sintió un filo agudo en su cuello, comprendiendo que era el arma del hombre — ¿Cómo rayos...?
— Tu sangre Yokai no es nada contra la edad.
— Ni la edad ni la sangre sirven, anciano. Quinientos años de edad, y mi padre murió en manos de un aficionado.
— Los aficionados son los peores, muchacho. No actúan con la cabeza, si no en base al temor — agrego el anciano acompañándose de un resoplido mientras lo miraba con mayor seriedad; como si se tratase de un alumno en vez que un desconocido —. Además, el general del Este murió protegiendo a su familia, o sea, a ti, muchacho.
Sin olvidar que estaba bajo el dominio del hombre, se irguió y sus orejas se bajaron como un cachorrito en busca de atención. Cosa que no paso desapercibida para la joven sacerdotisa, haciéndola sonreír de manera disimulada, y más cuando vio el brillo en los ojos de él al preguntar:
— ¿Sabe quien fue mi padre?
— ¡Claro que sí! — Exclamo Tsubasa Higurashi —. Lo trate lo suficiente como para saber que te golpearía en este instante por haber bajado la guardia.
Con la hoja de la Katana golpeo en el brazo a Inuyasha, a lo que al tiempo en que se sobaba soltaba un fuerte quejido de dolor, llevando a la meditación el tema de su padre.
Puede que El Gran Inutaisho no lo pueda golpear al estar muerto -cosa que no dudaba que ocurriría al Myoga contarle como entreno al idiota de Sesshoumaru-, pero de seguro su "buen" hermano lo haría. Incluso, peor aún, lo mataría al según él "deshonrar" a la familia.
Resoplo.
Valla estupidez. Familia. Lo que ellos tenían, lo que menos era, era una familia…
Entre sus pensamientos escucho la voz del anciano hombre hablándole sobre el hecho de que ellos no se conocían y un par de cosas que no entendió muy bien. Y por el modo en que lo miraba, decidió prestar atención como un perro obediente.
—… El que te encuentres en una aldea de exterminadores, mas alerta debiste de haber estado, ya que no todos tiene la capacidad de distinguir presencias, muchacho — le vio alzar el sable y colocarse a demostrar su agilidad con el arma mientras seguía hablando con un aire teatral rallando en la exageración —. Te pude haber matado al instante. Pero, si no fuera porque supe al instante de quien se trataba, y más porque Kagome no mostró interés en atacarte, te deje de lado.
Le vio sonreír con efusión, llevándolo a ver la similitud en algunas expresiones entre el anciano hombre y Kagome. Sacudió la cabeza, dejando de lado locas ideas que se comenzaban a acumular en su cabeza.
El hombrecillo que seguía hablando por largos e interminables minutos, llevando ahora el tema hacia el arte de la guerra, le hizo volverse hacia Kagome para buscar su ayuda. Aquel anciano lo mareaba con su parloteo. En especial, cuando cambio de tema al de las sacerdotisas ¿A quién podía importarle el hecho de que su linaje procediera de una serie de sacerdotisas?, por lo visto, solo a Kagome, ya que siguió en todo momento la narrativa del hombre, hasta que este se detuvo y dijo con voz firme y colocándose completamente serio a la vez que envainaba su arma.
— Deben irse. No tardaran en llegar.
— Puedo impedirlo — dijo Kagome, pero el hombre negó.
— ¿Desgastarte como la ultima vez? No permitiré que alces un campo de energía para proteger una aldea que esta desolada.
— Esta usted…
Tsubasa alzo una palma deteniendo sus palabras.
— Me ofendes al intentar evitarme una pelea. Ellos no se atreven acercárseme desde antes de ayer; por eso se mantienen alejados, muchacha. Sin embargo, al estar tú aquí, Kagome… deben irse.
— ¡No! — exclamo Kagome.
Tsubasa Higurashi guardo silencio y por largos segundos se le quedo mirando con dulzura.
— Me recuerdas a tu madre. Siempre dispuesta a sacrificarte, a pesar de que no quiero que lo hagas. Aunque, no puedo negar que tu padre te heredo lo suyo. Pero, eres más ella. Por eso mismo temí, que a pesar de entrenarte yo mismo no podrías con ello, pero por lo visto tu sangre exterminadora corre en las proporciones justas — sonrió pensativo volviéndose a encender la mecha de una de las lámparas.
— ¿De qué habla? — pregunto Kagome.
— Por lo visto, he hablado de más — se dirigió a la puerta corrediza y la corrió —. Ya es suficiente. Deben irse ahora.
— No. Necesito saber a qué se refiere, abuelo Higurashi. Merezco la verdad ¿Qué se me ha ocultado? ¿Por qué dice "mi sangre exterminadora? ¡¿Por qué? No me mire de ese modo. Debe contestarme.
— ¿Debo…? — susurro con la mirada perdida.
Cerró la compuerta y a paso lento y manos aferradas desde la espalda, avanzo hasta la lámpara que con una llama flameante envolvía la habitación.
— Katsumoto me pidió que le jurara no decirte. Y tú sabes que no rompo mis juramentos.
Kagome se abatió tan rápido, que hizo que la sangre le hirviera en las arterias a Inuyasha ante la impotencia, pero, el hombre comenzó hablar luego y dedujo que ya no sería necesario quebrarle algo.
— Mi hermano, el padre de Katsumoto falleció cuando este era solo un niño. Así que, no solo cayó en mis manos el cuidar a mi sobrino, sino también al clan completo. Yo no tenía más familia que mi hermano y su hijo, por lo que considerarlo como mío no fue algo difícil. Ya desde antes me encargaba de cuidarlo y quererlo. Pero el remplazar el cariño de mi hermano jamás fue mi intención. Y jamás me afecto tanto, como cuando me llamo padre…
Katsumoto siempre fue aplicado; un gran guerrero exterminador. Demasiado valiente a su corta edad, y demasiado reservado y carente de cosas mundanas. Tal como yo — sonrió —. Cualquier cosa era más importante que el tener pareja o formar familia, pero la presión de tener un heredero lo llevo a comprometerse con la madre de Sango y Kohaku.
— ¿Por qué nos cuenta esto? — susurró Inuyasha a Kagome. Pero ella ni siquiera lo miró, ni mucho menos hablo al estar atenta a cada palabra; siguiendo la historia como si fuese parte de ella, ya que algo le decía que no era algo sin interés.
—… No sé si la amo en algún momento — continuo —: pero intento ser un buen marido para ella.
››Ese año de su compromiso, fue el mismo en que le cedí el liderazgo del clan, y fue el mismo en que la conoció a ella — giro la mirada y con una sonrisa melancólica agrego mirando fijo a Kagome —. A tu madre, Kagome. Fue justo para la fiesta en honor a Byakko ante el cambio de estación. En esa época, El Gran Tigre Blanco se dejaba sentir a la media noche con un rugido que despejaba el cielo. No cualquiera podía decir haberlo visto, ya que solo pocos habíamos contado con el privilegio de estar presente ante la Bestias Celestiales, pero claramente, todos estaban conscientes de su existencia. Y ese día, los que comenzaban a dudar, creyeron ciegamente.
››Ese día, se esperaba la llegada de tu madre, y era por mí, en exceso ansiada. Sabia de las dudas de los aldeanos ante la existencias de las Bestias, y quizás eso mismo la motivo presentarse. Llego acompañada por un grupo de mujeres; sacerdotisas la gran mayoría, y muchachas, en gran parte. Todas de las diferentes regiones, y estaban aquí en búsqueda de mas jóvenes dotadas.
››Yo creo que, no era posible culpar a Katsumoto de su enamoramiento instantáneo hacia tu madre, ya que no hubo hombre en la aldea que se salvase de ello. Exceptuándome a mí, claro, ya que era imposible que se repitiera — sonrió —. Y es que era tan bella como encantadora.
››Puede ser que ella no hubiese mostrado interés en nadie en particular, manteniéndose cordial con todos por igual, a pesar de que sé que si lo sintió… — un suspiro cansado se escapo de sus labios y retomando la narración se remojo los labios, mientras que Kagome, veía la Nada —. La ceremonia finalizo cuando Byakko apareció de improvisto en el centro de la aldea…
Se volvió a Inuyasha y este, casi asustado retrocedió por el modo en que lo miraba y apuntaba.
— Te digo muchacho, el tigre de ella — apunto a Kagome —, era grande en comparación a uno normal cuando se marcho, pero, este ¡Por los dioses! Debe haber sido por lo menos el doble de Furyoku, y tan blanco como un día de invierno… — se volvió a Kagome y dijo —: Hablando de Furyoku ¿Dónde está él? — más ella respuesta no pronunció, se mantuvo tal cual, a lo que Inuyasha tomo la palabra diciendo con simpleza:
— De carnada.
— Oh… ingenioso.
Hasta él lo pensaba, pero no dijo nada, permitiéndole al anciano continuar.
— Como iba… Byakko rugió con fuerza y la aldea fue cubierta por una espesa niebla, la cual se disipó a los minutos permitiéndonos observar que él ya no estaba, y las sacerdotisas al igual que tu madre, también habían desaparecido. Y como era de esperar, el encandilamiento masculino duro solo unos días, sin embargo en tu padre, se acentuó…
››Para todos, Katsumoto se mostro normal. Se caso, y al año nació Sango. Yo sabía que el recuerdo de la beldad de tu madre se mantenía atormentándolo, sin embargo, yo creí que con la recién nacida estos acabarían. Y en parte fue así. Hasta que dos años después, nos enteramos del creciente ataque de demonios en la región norte y tu padre formo una partida de Exterminadores para ir en ayuda de ellos. Según él, era ir y volver de inmediato; nada que les fuese a tomar demasiado tiempo. Pero, ante los designios del destino, no se puede hacer nada. Tu madre estaba ahí.
››Ella alejo los demonios. Jamás la vi actuar, más se que, si tenía la fuerza como para destruirlos, pero, por ley propia, no podía herir a nadie… — tomo aire, y apenas lo expulsó se tomo su tiempo antes de retomar. Como si intentase recordar detalles —. Tu madre no se encontraba con su consorte. Y más detalles de que ocurrió ahí no puedo decir, ya que solo puedo decir lo que se me conto. Pero, no es difícil de deducir, ya que los hombres regresaron sin tu padre, y él retorno un mes después. Y de tu madre no se supo nada más… casi al año ocurrió los de las Bestias, y Katsumoto supo que nada estaría bien con ella… la verdad es que nadie lo estuvo. Trastornadas las cuatro batallaban entre sí, y nada en la tierra siguió su ciclo natural. Todo era un absoluto caos, por lo que ir en su búsqueda, era un suicidio…
— Él… — musito de improvisto Kagome, atrayendo la atención de los dos —. Él es… ¿mi padre? ¡Realmente lo es! Yo siempre supe que la señora Akino no era mi madre. Pero… ¡Soy una Higurashi! Lo soy… — con mirada seria se volvió al abuelo y se acerco a él a paso acelerado —. ¿Por qué no me dijeron algo? ¿Por qué me mintieron? ¿Por qué me hicieron creer que mi adopción fue solo un acto de bondad hacia una necesitada, cuando está claro que no fue así? ¡Claro! Era vergonzoso que se supiese de mí como la ilegítima, en vez de ¡Que me adoptaron por bondad!
Deseo irse. Deseo escapar y llorar.
Se sentía tan tonta; tan humillada… Inuyasha había tenido razón al dudar de "su padre"… había tenido razón…
— Sí — dijo el abuelo Tsubasa —. Fue tonto mentirte. Pero, creíamos que era por tu bien. Cuando tu padre se entero de tu existencia, te quiso con él; a ti y a tu madre, sin siquiera importarle dejar a su familia y a la aldea. Para él ya no importaba nada ni nadie a parte de ustedes. Y si no hubiese sido por esa sacerdotisa (Kaede, creo que se llama), habría ido en búsqueda de ustedes.
— ¿Kaede?
— Si. Una mujer con un parche en el ojo.
— La señorita Kaede… es ella… — susurro atónita.
— A la misma mujer a quien tu padre te dejo a cargo a los catorce años — le confirmó —. Ella le dijo a Katsumoto que, la unión entre tus padres estaba maldita, y era por esto que se les permitía a ambos compartirte cada siete años, partiendo con tu madre.
— ¿En realidad? Bueno, le agradara saber, abuelo, que no fue así.
— Lo sabemos. Cuando tu padre fue por ti a la aldea de los Akino, y vio con sus propios ojos el desastre, se maldijo a sí mismo al no ir antes y más al creerte muerta, pero nos enteramos de que demonios mantenían sus ordenes de atraparte… por dos años te busco con desesperación, sin el permitirse malos pensamientos con respecto a tu estado. Para Katsumoto, tú aparecerías sana y salva. ¡Y, Por los dioses, cuando te encontró…! Le regresaste el alma al cuerpo, muchacha. Y esos nueve años sin ti los compenso.
— Pero nunca me dijo algo.
— Acordamos los tres que lo mejor por el momento era ocultar tu descendencia. Sango nos comentó lo mucho que querías a los Akino, y para ti, ellos eran tus padres y sufrías por ello… creímos que no era justo atormentarte más.
— ¿Sango lo sabía?
— Así es. Escucho una conversación entre tu padre y yo antes de encontrarte… no te puedo decir que en todo momento estuvo dispuesta a aceptarte si te encontrábamos, pero eso sí, su afecto hacia ti es real. Por eso mismo se llevo a todos en tu búsqueda para protegerte.
— ¿Y, cuando se supone que me enteraría de todo?
— Eso es algo innecesario ya de contestar, ¿No crees?
— La verdad, no.
— Debes ser razonable…
— No me puede pedir serlo en este momento. ¿O, acaso creían que cuando me enterara vería todo como ustedes creían que debería? ¡No es así! Me siento una tonta. E sido engañada ¡Toda mi vida engañada por quienes se supone eran las personas que me querían! Mi madre; la mujer que con suerte creo a ver visto el día que nací, desaparecida de la faz de la tierra, desligándose de su responsabilidad hacia mí, sacrificando la vida de toda esa gente, cuando según usted ella tenía el poder para protegerme...
— No debes acelerarte en tomar conclusiones…
— ¿No debo? ¿Cómo cree que me sentía cada vez que oía a la gente de esta aldea murmurar sobre mí? ¿Cómo cree que me sentía cuando los escucha decir que el líder de esta aldea arriesgaba su gente por una desconocida, a pesar de que los protegía? Más de una vez se me pasó por la cabeza sacrificarme para evitarles a ustedes más disgustos… no, abuelo Higurashi. No puede pedirme que en estos momentos sea razonable ¡Porque no lo seré!
Se volvió para intentar apaciguar su ira; sintiendo a la vez que no lo lograría, ya que su consiente era nublado por esta, bloqueando toda sensatez. Sin embargo, apenas se topo con los ojos de Inuyasha, aquella sensación desagradable que últimamente la dominaba, se desvaneció por completo, permitiendo que la calidez con la que era ahora envuelta la hiciera suspirar de cansancio y por un sentimiento que no sabía explicar.
— Es impresionante el parecido con tu padre… — escucharon susurrar el anciano viéndolo acercarse a un mueble. Lo vieron abrirlo y mantenerse ahí por un prolongado tiempo, hasta que dijo —: Cuando te marchaste, dejaste esto. Tu padre lo guardo aquí mismo sabiendo que cuando transcurriera los cinco años de tu entrenamiento vendrías de regreso a nosotros y lo recuperarías. Dijo que te alteraste bastante cuando te diste cuenta que no lo traías contigo.
Kagome fijo con rapidez su mirada en lo que el anciano sujetaba, y los ojos de Inuyasha se abrieron atónitos al ver como la media luna oscilaba en el aire sosteniéndose del colgante que ahora Kagome recibía con ansias. Le vio apretarlo contra su pecho con fuerza y a él se le formo un nudo en la garganta ante la incomodidad.
— Mi collar ¿Cómo?
— Tu padre coloco la aldea pies arriba para dar con él apenas regreso de dejarte. Pero, nada ocurrió. Fue solo hace unas semanas cuando de manera sorprendente apareció aun lado de él cuando despertó.
— ¿Fue para la luna menguante? — pregunto Inuyasha dándoles la espalda.
— Sí, creo que sí. ¿Cómo lo sabes?
Iba a contestar sin importarle que esto trajera más preguntas, sin embargo su olfato y oído fueron atraídos por algo externo, a lo que se volvió y con seriedad dijo:
— Debemos irnos. Nos descubrieron.
Tsubasa corrió hacia Kagome y tomándola del codo la dirigió a la salida.
— Salgan por el pasadizo suroeste, los desviara un poco, pero les permitirá huir a salvo.
— ¿Por qué dices "estarán"? — dijo Kagome deteniéndolo —. Vendrá con nosotros, debe.
— No. Me quedare. Irán más rápido sin mí.
— ¡No! Entonces, yo me quedare con usted.
— No. Te irás. Y no es una petición, es una orden — se volvió a Inuyasha y lo miro con seriedad —. Llévatela, y protégela.
— Con mi vida si es necesario — contesto él.
— Con la vida de nadie — dijo ella —. Puedo protegerte; ahora puedo… — miro a Inuyasha y su rostro se volvió suplicante al tiempo que agregaba —: Si es necesario, no dormiré.
El abuelo Higurashi soltó un fuerte suspiro y con lentitud la abrazo.
— ¿Aun con pesadillas? — ella asintió —. Deben marcharse. Ve al templo y protege a los que quedaron con vida. Entre ellos, esta tu familia.
— Pero, usted también es parte de ella…
— Yo ya estoy viejo, y este es mi lugar. No tengo deseos de dejarlo — le acaricio la mejilla agregando con dulzura —: Kagome. Vete, hija. Por favor.
Con gran dificultad, se forzó a consentir, intentando a la vez controlar el dolor que con fuerza le estrujaba el pecho y le resecaba la garganta.
Kagome se sintió con suavidad ser tomada del brazo, reconociendo a Inuyasha ante su esencia y calor, permitiéndole ser guiada por la puerta, donde al tiempo en que el joven le pedía que saliera, ella se volvía hacia el anciano hombre con mirar triste.
— ¿Mi madre? — pregunto en un murmullo.
— Sabes quién es, ¿cierto? — Ella asintió a la espera, al tiempo que una rebelde lagrima bajo por su mejilla —. Lo sabía.
— ¿Dónde está?
— No hemos vuelto a saber de ella desde hace diecinueve años… pero, no dudo de que la encuentres.
— Kagome… — le susurró Inuyasha a su lado.
— Demasiado tarde — masculló Tsubasa Higurashi. Pasó frente de ellos desenvainando su arma —. Váyanse. Yo los detendré. ¡Ahora!
— ¡NO! — Exclamó Kagome, por lo que el abuelo se volvió a Inuyasha y le dijo con tono de orden:
— Llévatela, muchacho. No permitas que la toquen si quiera. Protégela ¡Aléjala de aquí!
— ¡No! ¡NO! ¡Abuelo! ¡No lo hagas! ¡NO LO HAGAS!
Inuyasha ni siquiera asintió; no se atrevió. Y como la joven se lo colocaba difícil al intentar seguir al hombre, se vio forzado a tomarla como cual costal y escapar. Pero, al ella tener la perspectiva de todo lo que ocurría a espalda de Inuyasha, sufrió ante el shock de recibir la imagen del anciano hombre luchando con destreza, para luego ser devorado por cientos de demonios al tiempo en que estos arrasaban con la aldea. Sintió su cuerpo paralizarse ante el dolor, e Inuyasha, asustado ante la posibilidad de que le hubiese ocurrido algo al sentir el cambio en ella, se detuvo, y horrorizado la vio ida de sí.
Si bien, intentó llamarla, ella no reaccionó como hubiese esperado y querido. La vio erguirse, y con la vista pérdida caminar en dirección a los demonios que en ese instante se le acercaban a una velocidad alarmante. Más cuando se acercaba para detenerla, una mueca de dolor apareció en su rostro al tiempo en que su hombro derecho comenzaba a brillar cada vez con mayor intensidad, hasta que la envolvió por completo aumentando cada vez más, cubriéndolo a él y luego desprendiéndose de ella en dirección a los demonios. Estos fueron envueltos y alejados por la misma.
Le tomo un par de minutos a Inuyasha reaccionar ante los hechos. Estaban vivos, solos y sin el más mínimo rasguño. Si bien era eso cierto, al bajar su vista a la desmayada joven que mantenía en su brazos, la imagen de lo ocurrido regresaba con repetición constante sin poder aun creerlo. Tenía más que claro que la joven poseía poderes, pero lo que en ese momento se produjo era algo que jamás pudo haber visto.
Y como modo de cerciorarse de los supuestos daños en ella, desnudo su hombro derecho comprobando que nada más que tres simples marcas paralelas ahora se encontraban ahí, exactamente de donde el brillo se inicio ¿Qué significaban…?
La miro al rostro, y al verla en estado casi muerto ante la falta de fuerzas, dejo todo de lado destinándose solo en encontrar un lugar para guarecerse. Solo esperaba que Furyoku no haya sido lo bastante idiota como para haber caído en manos de los demonios. Eso sería genial. Otro dolor que sumarle a Kagome. Ya que las constantes acumulaciones de sentimientos y de información le dejaban más que claro que, si ella no colapsaba ahora, sucedería más tarde de todos modos… y él solo rogaba que ella tuviese la fuerza suficiente para sobre llevarlo, y a él la capacidad de ayudarla si es que no…
Una imagen borrosa y oscura fue lo primero que cruzo por su mente a penas despertó, trayendo consigo fragmentos irreales. Más al sentir su cuerpo tan pesado y adolorido la llevo a soltar un suave quejido.
— ¿Kagome?
— ¿Inuyasha? — Él asintió — ¿Dónde estamos?
— En una cabaña, a un par de Kilómetros de la aldea. Estas desmayada desde ayer.
— ¿Desde ayer? — Eso quería decir... — ¡Abuelo!
— Tranquila — le susurró haciéndola acostarse —. Descansa.
— ¿No fue un sueño?
— No. Me gustaría decirte que lo fue, pero... lo siento, Kagome... Yo... — Iba a expresarle cuanto sentía por ella la perdida, pero al ver como las lágrimas comenzaban a derramarse por las mejillas de la joven, se decidió por no continuar, yendo a uno que la hiciese pensar en otra cosa — ¿Cómo te sientes?
— Como si me hubiesen arrollado, y la piel de mi hombro me palpita.
— ¿En serio?
— Nos alcanzaron... Perdóname por desmayarme dejándote todo a ti.
— Si te refieres al tener que traerte a cuestas, no fue nada.
— No hablo de eso. Hablo de haberte dejado el trabajo de deshacerte de ellos conmigo haciendo de carga. Perdóname.
— Kagome. No tuve que hacer nada aparte de traerte, los detuviste con solo enviar una onda de energía. Jamás había visto algo igual. Fue impresionante.
— Sí no nos atacaron. ¿Por qué siento como sí me hubiesen arrancado el hombro derecho? ¿Me lo disloque?
Inuyasha negó dudoso.
— No, pero... ¿El dolor siempre se presenta luego de usar tú energía?
Kagome lo medito un tiempo, sólo lo suficiente como para afirmar lo que pensaba.
— No. No desde siempre. Sólo unos días después de dejar el templo. ¿Por qué? ¿Crees que mi energía es la responsable?
— No lo sé muy bien. Pero, cada vez que lo haces, tu hombro brilla, y mayor es la intensidad dependiendo a la cantidad de energía liberada. Si bien, antes era solo eso... La vez anterior; cuando te desmayaste en el Bosque... tenias nada luego de unas horas. Pero ahora, tienes tres finas cicatrices. Parece un arañazo...
— ¿Un arañazo? ¿Como el de una persona?
— Por las dimensiones, diría de un tigre. Pero son muy finas, como si hubiesen sido hechas hacia años.
— Pero si jamás antes me habían dicho de tenerla. No entiendo nada
— Quizás... No lo sé, pero...
— ¿Qué? Por favor dímelo, lo soportare.
Inuyasha realizó una pausa, tomo un plato de sopa -que por lo visto era para él- y se lo tendió, permitiéndole acomodarse en la improvisada cama. Y para cuando lo recibió, trago saliva antes de decir:
— Cuando ocurrió lo del palacio del terrateniente, el Sogenbi dijo que los de su clase no harían aquello otra vez ya que una fuerza sobrenatural te protegió. Que no era demoniaca, por lo que debía ser celestial. Y la única barrera que se alzó en tu cuerpo fue la marca en tu hombro. Y tú... Y tú abuelo dijo que tú madre el día que conoció a tú padre el Gran Tigre Blanco se la llevó. Lo que me lleva a suponer, es que quizás...
— ¿Haya sido marcada por Byakko?
— Quizás tú madre se lo pidió como modo de protegerte. Aunque, el que te haga desvanecerte del dolor es una posible muestra de rechazo que tiene tu cuerpo
— No me desvanezco por el dolor — aclaró —; ya que pasa luego de unos segundos. El motivo por el cual me desmayo, es porque siento como si mi energía desapareciera, o como si me la quitaran.
Inuyasha sabía de ante mano que existían habilidades -ya sea en el manejo de algún arma como el de algún poder-, que requería siempre de un sacrificio por parte de su portador, ya sea parte de su propio cuerpo como la energía de este. Y lo más probable, es que la reacción del cuerpo de Kagome se tratara de una absorción de su energía en paga hacia la protección en su hombro.
Ella solo debía hacerse más fuerte y así con el tiempo resistiría, y quizás, que cosas podría hacer... Aunque, no negaba que sus recuperaciones cada vez eran más rápidas. Como si su cuerpo encontrara el modo de generar la energía de algún modo...
La miro de reojo manteniéndose en silencio mientras ella comía. No dijo nada de lo que pensaba. Y es que decirle algo, sin tener bases suficientes para apoyar su teoría, era cargarla ya con más problemas de los que ya sufría.
Continuara…
N/A: Esta bien. Merezco que me digan todo que piensa por la tardanza, y puede que a pesar de darles mi justificación, me acribillen de todos modos. Pero bueno, más no puedo hacer.
Y mi demora, es simplemente por perdida de gusto momentáneo hacia la historia. Las musas estaban, pero yo no tenía ánimos de escucharlas. Y si no fuera porque mi buena Blesdyn se dio el trabajo como siempre de leerlo y a la vez editármelo, lo más probable es que este capítulo hubiese terminado en la papelera y yo colgada de uno de los tantos pellines que hay a metros de mi casa (busquen, Nothofagus oblicua).
Pero, bien. Ella dijo que no me había descarrilado, hasta me dio sus suposiciones con respecto a los personajes y el qué ocurrirá.
Tengan claro que no las diré XD ya que espero que ustedes me las digan. Así que… esop.
Jejejejejej
Cuídense un montón, y con respecto a la continuación, aparecerá el Chacal de la Trompeta, como cual Sábado Gigante, EL MÁS DESPRECIABLE DE TODOS ¿Quién sería? Jejejejej
Besos!
NOS LEEMOS…
Blesdyn! Una vez más, mil gracias. ;) Te debo un regalo :P
