Capítulo VI

Tres días habían transcurrido desde su desmayo. Podía decirse, que era por su salud el motivo por el cual aun se mantenían en la región, a pesar de que ella ya estuviese físicamente recuperada; no obstante, su salud mental no actuaba con la misma velocidad que su cuerpo.

El abuelo Higurashi estaba muerto, y para su desgracia, tal como a sus siete años le toco presenciar la muerte de la aldea del Norte, estaba vez fue lo mismo…

Las imágenes jugaban en su mente. Volvían una y otra vez, mezclándose con los nuevos hechos y sumándoles imaginarios donde todos morían, quedando ella, bañada en la sangre de ellos rodeada por los cuerpos inertes.

Sus manos temblaban y su labio hacia lo mismo mientras sus dientes castañeaban sin piedad. Y es que el frio del agua le calaba los huesos con rapidez al estar desnuda. Llevaba una hora ahí, con la idea de que un baño le despejaría la mente, y estaba más que claro, apenas toco el agua, que el otoño ya estaba haciendo acto de presencia, sin embargo, eso no le importo.

Nada le importaba.

Furyoku había desaparecido por completo, y con él las pocas pertenencias que llevaba consigo.

No podía decir que en su bolso llevara cosas importantes. Solo, lo suficiente como para estar cómoda… poco le importaba si no lo recuperaba, lo que en verdad la atormentaba mas, era el hecho de que ya no sentía la presencia de Furyoku.

Jamás se había separado por tanto tiempo. Y cuando lo hacían, la conexión entre ambos era tan potente que siempre podían encontrarse con sólo meditar un poco. Pero ahora... se abrazo a sus rodillas y miro el cielo, viendo como las pequeñas difuminadas nubes transitaban con lentitud, dejando ver su reflejo en el agua de la laguna. Y la imagen producida producto del reflejo en el agua la llevó con desesperación cerrar los ojos. La imagen daba la sensación de estar sola en una inmensidad azul. Por lo que sometiéndose a una nueva plegaria en pos de que así su corazón fuese aliviado, se decidió a seguir aguantando el frio. Pero, como esto no ocurrió, de la orilla arrancó una nueva mata de Saponaria, y en una piedra apoyo su raíz y con fuerza la machaco extrayendo de ese modo la propiedad balsámica de la saponina en la pasta.

Se la aplicó con desesperación en todo el cuerpo al tiempo en que regresaba al agua, creando una suave espuma la cual como jabón dejo luego disolverse a medida que se hundía, dejando a la vista solo un manchón oscuro danzante ante las ondas.

Furyoku la había abandonado; lo sabía, lo sentía desde lo profundo de su corazón, provocando que su pecho se estrujara y su garganta se llenaba de nudos al avecinarse lágrimas.

Estaba sola, una vez más. Y ya nada le importaba…

Pasado unos segundos manteniéndose bajo el agua helada, sintió sonido de salpicones ante posible movimiento, y cuando sintió como con rapidez era sacada a la superficie, vio la expresión de angustia que se mantenía marcada en el rostro de Inuyasha al tiempo en que de un brinco la llevaba a la orilla.

— ¿Qué locura haces? — le escucho mascullar al tiempo en que se sacaba la chaqueta y la cubría con ella —. Maldición, Kagome. Estas congelada.

Fue en búsqueda de la ropa de ella y con rapidez la envolvió abrazándola luego, intentado abarcarla toda para con desesperación brindarle calor al tiempo en que se maldecía mentalmente entre sus bruscos y apurados movimientos. Y es que se sentía estúpido.

Creyó que estaría bien dejarla por un momento a solas para que así ella pudiese asearse, pero jamás se le habría pasado por la cabeza que Kagome intentara suicidarse... y mucho menos el pensar, que quería dejarlo.

Mascullando maldiciones froto los brazos y piernas de la joven, repitiendo de manera inconsciente el que no se permitiría que lo dejase. Y ella sin atreverse a decir nada, solo se dejo hacer con un dejo de culpa, ya que se había equivocado; no estaba sola. ¿Cómo pudo olvidarse de él? no lo sabía, pero desde el momento en que la apego más a él para brindarle su propio calor, nunca fue tan consciente de la presencia, esencia y calidez de alguien como en ese momento, removiéndole algo en su interior.

Sus minutos tomo para que la temperatura subiera en el cuerpo de ella, e Inuyasha, en ese mismo instante dejó de hablar. Y ella tampoco hacia el intento por tener algún dialogo. Por lo que el silencio duro días completos, y tenía claro que sí no fuese por la curiosidad por parte de él, se habría mantenido…

Lo miro de reojo y al sentir que él se volvería a ella, la desvió hacia cualquier lado. Y es que le llamaba la atención el hecho de que con anterioridad poco había caído en la presencia de Inuyasha, a pesar de que siempre se mantenía cerca, pero casi inexistente. Como si no quisiese ser notado, y así fue... Y por lo mismo el efecto de sentirse y estar sola era tan intenso. Hasta que con ese acto de cuidado extremistas regreso en sí.

Si bien, ella se mostraba consciente del que él hiciera todo por ella -negándole la posibilidad de privacidad vigilándola día y noche-, ella no realizaba queja alguna. Y es que por primera vez cayó en cuenta de cuan imponente y protectora su presencia se alzaba; envolviéndola, inundándola, llenándola de su fuerza, convirtiéndola en un parásito nocturno, absorbiendo todo lo que podía de él. Y es que debía hacerlo; necesitaba a Inuyasha de modo tan intenso, como el aire para respirar. Trato de evitarlo no durmiendo, pero sus fuerzas estaban tan bajas como su energía, que su cuerpo buscaba a un proveedor, sin importar quien fuese. Y el más cercano, era él.

Inuyasha parecía inmutable ante este hecho, como si por cada gota succionada de energía él generara el doble, dejando claro la capacidad de su sangre Yokai.

Pero el remordimiento de su abuso inconsciente durante el sueño la hacía tomar largas horas de meditación sin siquiera comer para no desconcentrarse. Y para cuando la semana en este estado la llevo de vez en cuando justificarse de su mal actuar, sacudía la cabeza y regresaba a su meditación, cayendo desmayada luego del cansancio y del hambre.

Mas el cargo de conciencia se intensifico cuando al despertar la última vez, lo sorprendió dormido, con una expresión de cansancio que le dejo más que claro que su actitud sanguijuela era fuerte, y esta comenzaba a afectar.

Decidida en remediarlo, se vistió, con suavidad se arrodillo frente a él, y llamándolo en susurros lo despertó, viéndolo brincar de su puesto en actitud alerta. Una suave sonrisa surco sus labios, y es que Inuyasha era alguien en verdad adorable. Y por lo mismo su decisión se intensifico. Le tomo la mano y en silencio lo guió.

Él no pudo evitar su curiosidad, por muy sentido que se encontrara aun.

Ella no hablo y menos lo hizo él, por mucho que la necesidad de saber lo carcomiera por dentro, y el sentirse agotado últimamente, menos ayudaba en el apaciguarse.

Caminaron por largo tiempo sin saber a dónde iban, por lo que sin aguantar más, con tono seco pregunto:

— ¿A dónde me llevas?

— Ya llegamos — contesto sin soltarle aun, y él se dio cuenta, por lo que para evitar que se cortar el contacto no realizó ningún movimiento en la zona, intentando llevar su atención a cualquier cosa. Sin embargo, ella se lo impidió avanzando un poco más.

Era una pradera seca, sin demasiado atractivo como para ser destacable algo. Había árboles que ya había visto antes en mucho de los lugares que había recorrido a lo largo de su vida. Y el césped, estaba seco y por manchones.

No dijo nada, a pesar de que la lengua le picaba por hacer algún comentario al respecto.

— Con Sango vine aquí al mes de llegar a la región — dijo Kagome con suavidad llevándole un poco más allá hasta alcanzar una loma —. Era su lugar especial y lo compartió conmigo. Tanto esto como la cabaña donde estamos alojandos... — suspiró e Inuyasha se volvió a ella sorprendido —. Nos arrancábamos luego de entrenar, y muchas otras veces cuando mi… cuando mi padre se marchaba en alguna misión. Aunque no dudo de que lo supiera… — sonrió con suavidad —. Dormíamos allí junto a Kohaku para venir a ver el amanecer rodeados por las peonias que inundan este lugar. Me conto que su madre las planto cuando se entero de estar en espera... sin embargo, no todas las plantas habían sobrevivido, así que cada primavera era de esperarse que fuesen por pequeños montones las que brotaran.

— Se ve desolado… — dijo él con suavidad.

Ella con la punta de sus dedos dejo caer la delgada hoja que había arrancado antes de avanzar por el prado.

Danzante descendió, y apenas toco el suelo, un destello se liberó y en una onda expansiva cubrió toda la superficie de la pradera, viéndola irradiar una tenue luz verde que en cosa de segundos se desvaneció, dando pasó al crujir de la tierra a sus pies.

Unos tallos de punta enanchada rosáceos, verduscos y otros púrpura comenzaron asomarse, los cuales fueron abriéndose con lentitud armoniosa y envolvente, dando pasó a un grupo de hojas compuestas por un conjunto de cinco de los mismos colores.

El follaje colorido cubrió la superficie con más de medio metro de alto, y al minuto después, otros tallos de punta regordeta se dejaron ver entre el follaje.

Se volvió a ella sin creer aun lo que veía, y musitando, dijo:

— ¿Cómo…?

— Puedo interferir en la naturaleza con una gota de energía… Antes no lo sabía y me desgastaba sin saber cómo evitarlo. Pero... — Frunció el ceño —. La primera vez que nos atacaron, fue luego de haber hecho esto mismo a Sango como regaló. La señorita Midoriko me dijo que debía aprovecharlo para recargarme cuando me sintiese agotada... Pero al atraer demonios, no lo volví hacer hasta hoy… A pesar de que por las noches las pesadillas me agotan y de manera inconsciente absorbo energía, y por eso mismo, temerosa de que inconscientemente drenara a las muchachas del templo, ella duplicaba su energía espiritual para yo tomar lo más cercano, lo cual era ella siempre — suspiro con cansancio —. Me tomo años aprender a controlarlo a conciencia, mas por las noches... Perdóname, Inuyasha.

Agacho la mirada.

— ¿Por qué debería hacerlo? — pregunto confundido.

— Al estar todos estos días en la cabaña... y sin Furyoku… Intente controlarlo. Yo...

— Me has drenado. Lo sé.

Se volvió y lo miro con sorpresa, llevándolo a realizar una sonrisa arrogante de medio lado que ella ya incluso extrañaba.

— ¿Lo sabes?

— Así es. No fue difícil, aunque el estar tanto tiempo sin movernos, me he dedicado solamente a vegetar, y mucha energía de más me ha sido imposible producir.

— ¿Lo hacías a conciencia?

— Claro que sí. Y a parte, luego de tú intentó de suicidio, apenas té deje en la orilla comencé a sentir el traspaso.

Omitiendo toda palabra, aturdida, la parte de su "suicidio" se repitió constantemente.

— ¿Intento suicida? no intenté suicidarme — aclaro —. Debo reconocer que, soy demasiado cobarde para ello — soltó un nuevo suspiro, y avergonzada volvió agachar la cabeza al tiempo en que agregaba —: Lamento haberte hecho preocupar. Pero, creía que sí aguantaba un poco más el frío, este me ayudaría en algo para anestesiar el dolor...

La mirada se torno atormentada y a él se le olvido todo malestar con ella, sintiéndose a la vez culpable y dichoso. Ella no iba a dejarlo… y con esta aclaración, simplemente de manera estúpida se olvido de toda molestia.

Inuyasha apretó más su mano y susurró:

— Gracias por esto — Indicó el ahora prado de enormes flores blancas, rosas, rojas y mezcladas. Y ella sonrió, permitiéndose él agregar con suavidad —: Si es necesario que me drenes por completo, hazlo.

— No podría — contesto horrorizada —. No corresponde, y no quiero. Yo… no podría. No otra vez.

Inuyasha le sujeto de los brazos, y con fuerza y decisión en su tono de voz, dijo:

— Encontrare el modo de generar más… Generare para los dos.

— ¿Por qué… por qué estás dispuesto hacer todo esto?

Le tomo la mejilla y con suavidad la acaricio, mientras que lentamente, hipnotizado fue agachando el rostro hacia ella para decirle con dulzura —: Porque me importas, Kagome. Más de lo que pueda expresar... más de lo que puedas imaginar… Me importas...

En un momento, Kagome ida de si comprendió lo mal que estaba haciendo al responder contacto tan intimo, pero algo le impedía negarse. Y pasado el tiempo, ya no fue necesario; su mente quedo en blanco dedicándose solo a sentir. Ya que apenas ocurrió el contacto de labios, algo broto de ella. Algo tan intenso y nuevo, que jugó en su estomago y subió a su pecho llenándola de un modo inexplicable; envolviéndolos a ambos y luego todo lo que los rodeaba.

Mas cuando la conciencia regreso, comprendiendo que estaba violando sus votos, se separo de él y entre sorprendida y confusa se toco los labios sin atreverse a mirarlo por temor a aquellas emociones desconocidas que eran inquietantes y a la vez alarmantes, y más, porque la energía de ambos sorprendentemente se había recuperado por completo…

Regresaron en silencio a la cabaña. Ella no tocó el tema, y mucho menos él.

Kagome bajo sus propios tormentos no se atrevía a decir nada, e Inuyasha lo veía en sus ojos o en su comportamiento. Al más mínimo roce, Kagome asustada se tensaba y le rechazaba de inmediato. Ya ni siquiera lo miraba a los ojos, como lo hacía con anterioridad, y eso lo frustraba y enfurecía, sin embargo, guardaba silencio por temor a su lengua que actuaba no conforme siempre a lo que su mente esperaba. Y con lo ocurrido...

¡Por los dioses! Soñó con ese beso por años, y las sensaciones y respuesta por parte de Kagome había sido tal cual como en su sueño, más el después no concordaba en lo absoluto con sus fantasías, ya que en sus sueños ella lo recordaba a la perfección... De seguro se quemaría en el infierno al haber ultrajado a una servidora de los dioses.

Podía ser que se reprochara una y mil veces su acto, sin embargo, durante el silencio nocturno, al verla dormir se perdía en su menuda figura; en su delicado rostro de bellas facciones, y la imagen de ella cerrando los ojos antes de él cerrar los suyos para consumar el beso se dejaba ver en su mente una y otra vez, y la culpa era dejada de lado a cambio del deseo de repetir el acto…

Desde el beso, lamentablemente entre ellos se bloqueo algo.

Ninguno se atrevía siquiera en decir algo al respecto. Había ocurrido, eso estaba más que claro, sin embargo, el intentar de ambos por hacer a la vista como si no, produjo esa atmosfera de incomodidad. Y a pesar del intento por hacer ver todo con normalidad, para Kagome, no lo era ya más...

Y es que, Inuyasha con ese acto, despertó en ella sentimientos desconcertantes que batallaban con su conciencia y deber.

Había jurado negarse el apego y afecto desmedido hacia alguien en especial, ya que ellos podían traer los celos y deseos de posesión, y luego la ira dominaría sin razón alguna. Más, no sentía aquello por Inuyasha. Sabía que era algo difícil de saberlo al estar ellos siempre juntos y a solas. Sin embargo, el temor al pasar los días de que él la dejase... Una opresión crecía en su pecho ante este pensamiento, estrujándole el corazón hasta sentir que moriría.

Él se volvió a verle, y ella sonrojada corrió la mirada sintiendo su corazón brincarle en el pecho como si de un bombo se tratase. Bombo que hacia su ritmo más intenso con el tiempo al estar tan perceptible a la presencia de él; la cual parecía en aumento, inundándola y llevándola a sorprenderse a si misma mirándolo más de la cuenta y rememorando el contacto una y mil veces, llevándola luego a desear repetirlo. Y es que no podía negar que desde el primer día le impresiono. Se sorprendió deseando constantemente una palabra, una mirada por parte de él. Hasta el más mínimo roce con su cuerpo la hacía sentir dichosa a pesar que su comportamiento demostrara otra cosa. Estaba consciente de cada cosa que hacia; de cada gesto. Los detalles de su rostro y de su cuerpo...

Cerró los ojos ante un temor peor. Con él, no se sentía sacerdotisa, se sentía una simple mujer. Una mortal más.

Sabía que de sólo pensar en aquello violaba las leyes y podría ser juzgada por lo mismo. Sin embargo, nunca antes se había sentido tan normal como lo era junto a él. Como tampoco tan atemorizada de las reacciones de su propio cuerpo. Se sentía tan sensible y susceptible, que hasta en sueños él se mantenía presente. En donde sus fuertes brazos la rodeaban y su intensa mirada le hacía debilitar los músculos, para luego perder la conciencia en el contacto de labios, y más...

Atormentada sacudió la cabeza y se llevo horrorizada ambas manos al rostro. Y por lo visto, este acto hizo que Inuyasha preocupado intentara acercarse a ella en el instante mismo en que Kagome desesperada se levantaba dirigiéndose a sus armas, pero al verlo acercarse, espantada se alejo provocando que el ceño preocupado de él se acentuara llevándolo a realizar un nuevo acercamiento viéndola repetir el rechazo.

— ¿Qué sucede…?

— No te acerques.

— Kagome... ¿Qué ocurre?

— Por favor... No te acerques. No podría...

— ¿Qué ocurre?

— No quiero que te acerques, ¿Entiendes? ¡No confió en mí! Ni en mis pensamientos ¡En nada, desde aquello...! Yo hice un juramento a la hora de ser aceptada como sacerdotisa, y jamás me había sentido mal con mi decisión desde que te conocí. No quiero sentirme confundida, y eso tú haces. Me confundes, y más porque me llenas de un modo en que nunca antes había ocurrido. Yo prometí; juré por mi palabra de exterminadora no fallar, y me sentía segura de mi decisión, pero ahora por ti... Debemos separarnos. Por ti, por mi... Por el bien de todos.

Los ojos de él por primera vez en toda la conversación reflejaron algo... Temor le inundaban, mas por algún motivo Inuyasha no decía palabra. Como si el hablar estuviese impedido; como si nunca lo hubiese hecho. Y cuando ella decidida en marcharse tomo sus armas, debió soltarlas, ya que él le rodeaba con sus brazos con fuerza y sus defensas fueron quebradas, entregándose al contacto.

Y ahí lo supo; estaba condenada, su afecto ya hacia él no era el mismo hacia cualquier persona; con él todo era distinto...

De un sacudón abrió los ojos regresando a la realidad, viendo con dificultad entre la oscuridad lo que le rodeaba y en especial, quién. Inuyasha en su posición de dormir se encontraba en la pared que la enfrentaba. Llevo una mano a su pecho sintiendo su corazón exaltado, y las imágenes una y otra vez se arremolinaban en su mente.

Todo aquello había sido un sueño. Un simple sueño… Pero aun así, eso no quitaba lo real de todo, en especial de su descubrimiento.

Se volvió a mirarlo de un modo diferente. Y es que todo era diferente; su modo de verlo, de sentir su presencia… le gustaba. Todo él le gustaba, en sus estados arrogantes y atrevidos; cuando olvidaba los protocolos de cordialidad hacia otros, en especial a sus mayores. Las discusiones entre ambos, que siempre eran a causa de ella por su exceso de protección; sus atenciones y cuidados. Hasta su sopa desabrida le gustaba...

No dudaba del hecho que a Inuyasha lo envolvía un halo de misterios que la llenaban de curiosidad. Y es que la vida no debe haber sido buena con él, y eso hacía que cuando lo veía lleno de consideración y ternura, se admirara por el conservar su corazón bueno a pesar de las circunstancias. Ya que otros en su situación, sabiéndose tan despreciado por las diferentes razas por muy que su padre haya sido un Gran general, y a pesar de ser la unión de dos razas, se habría llenado de ira y deseo de sangre sin considerar hasta la criatura mas indefensa por el simple hecho de que otros no lo hayan sido con él.

Inuyasha era un ser maravilloso, y el que su esencia se mantuviese radiante, revitalizante y pura… ¿Cómo podía no gustarle, si él había sido el único en no despreciarla, en no repudiarla…? Él era el único en ser honestamente bueno con ella.

Sonrió avergonzada ante este hecho, mas no dejo de examinarlo aprovechándose del que durmiera.

Debería omitir su descubrimiento y hacer vista gorda a ello, pero, el silencio nocturno le proporcionaba un valor y desvergonzamiento que se permitía al prometerse olvidarlo para el amanecer, a pesar de que lo dudaba seriamente…

Lo vio removerse e instintivamente cerró los ojos y se cubrió por completo y espero implorando por el que él no se haya dado cuenta de algo.

Y para cuando decidió que estaba todo en paz, el cansancio la venció y durmió bajo la vigilante mirada de su observante acompañante...

Para cuando despertó, el sol estaba lo bastante alto como para dejarle claro cuánto había dormido.

Una ración de sopa de arroz estaba a un lado de su futon. Caliente, como si hubiese sido recientemente colocada. Miro el caldero y el vapor que brotaba de su interior le hacía reafirmar su hipótesis. De seguro había salido hacia poco de la habitación. Debió sentir que pronto despertaría y por lo mismo se marcho...

Un suspiro se escapo de sus labios.

Ya no se hablaban... desde el beso que no, y gran culpa era de ella. No lo miraba, no le hablaba... solo se sentían por presencia. Y su energía la inundaba como nunca, recargándola sin sentirse ahora culpable... "...Generare para los dos... Porque me importas, Kagome..."

Su corazón salto con fuerza y por instinto debió llevarse ambas manos al pecho para evitar que este se saliera.

Le importaba... le importaba, y ella solo sabía ignorarlo. Suspiro molesta consigo misma y acerco el pocillo.

Iba en su tercera cucharada cuando una esencia le impacto con fuerza llevándola a levantarse de inmediato.

Salió de la cabaña y corrió con desesperación por el bosque olvidando vestuario, incluso sus armas. Podría parecerle sospechoso el que solo por presencia se sintiese, pero no le importaba, debía saber de qué se trataba, sin importar de que se fuese guiada hacia una posible trampa..

Llego a una explanada a kilometro y medio de la cabaña encontrando absolutamente nada, y la esencia desaparecida por completo llenándola de desesperación...

Sin creerlo, deseosa y ansiosa se detuvo y en un fuerte grito, dijo:

— ¡FURYOKU!

Desesperada llevo su mirada en todas direcciones dando solo con el desolado paraje. Mas cuando regresaba la vista a un lado, la imagen de una criatura cubierta con una piel blanca apareció, y cuando intento enfocar la vista escucho a su espalda como le llamaban en grito. Y para peor la criatura había desaparecido dejándola con la duda de si había sido algo real o si simplemente su imaginación le comenzaba a jugar una mala pasada...

Te encontré... — susurro una voz en su mente haciéndole tiritar por completo.

Inuyasha llego a su lado con el rostro exaltado.

— ¿Dónde está? — pregunto revisando el lugar con la mirada.

— Me ha dejado... Lo ha hecho... y ahora... — recordó las palabras en su mente y su cuerpo una vez más se estremeció.

Había sido una trampa. Con anterioridad podría intentar pasar desapercibida ante todos. Los demonios y monstruos la buscaban en base a su energía espiritual, ya que su aroma su fiel amigo lo cubría, pero ahora... aquel ser utilizo la esencia de Furyoku para llegar ella... lo utilizo ese ser vestido de mandril. Lo que demostraba que lo tenían, y lo más probable, es que no se encuentre con vida...

Se volvió con lentitud a Inuyasha y él pudo ver con dolor como las lagrimas comenzaban a caer de sus ojos. Y él sin esperarlo, recibió todo el cuerpo de ella en un abrazo escuchándola sollozar desconsolada...

Furyoku no estaba.

Había sentido su esencia como lo mas probable al igual que Kagome, y cuando sintió la de la joven dirigirse con rapidez donde debía estar la del animal, imitándola fue donde ella, encontrándola completamente sola percibiendo en el aire ese dejo salino de las lagrimas…

La cargo como a un bebe, llevándola así a la cabaña. Y sin soltarla, la consoló en silencio fijándose sin importarle como pasaban las horas. Era su deber como también una necesidad confortarla; dejarle ver que aunque el silencio predominara entre ellos, él estaba ahí para ella y no había nada ni nadie más importante. Y algo en su corazón le decía que ella entendía el mensaje, ya que al mirarla dormida, una suave sonrisa comenzó a surcar su rostro y él no pudo evitar hacer lo mismo, ya que para Inuyasha, ese era su modo en que le agradecía, y le era más que suficiente...

Cuando Kagome despertó esa noche, todo se encontraba a oscuras. No había fuego en el fogón, ni mucho menos una lámpara encendida, y al ver que ni rayos de luna entraban por los agujeros de la cabaña recordó que ya era fecha para luna nueva, dándole exactamente tres semanas y media desde que se marcho del templo.

Demasiado tiempo había transcurrido ya, y muchas cosas también…

Se sentó intentando buscar con la vista entre la oscuridad la platinada cabellera de Inuyasha, sin embargo nada encontró ¿Habría salido apenas se durmió o simplemente no lo podía ver?

Se acerco a donde debería estar el fogón y tanteando con sus manos trato dar con las piñas de pino y un poco de paja seca, en cambio dio con la piedras para encender.

Apenas dio con el resto de los materiales, con un par de chasquidos entre las piedras un par de chispas entre la oscuridad se dejaron ver, permitiéndole que con un poco de viento la paja encendiera con rapidez. Uso las piñas de pino para potenciar las llamas y luego un poco de ramas secas. Y ya cuando el fuego estaba adquiriendo fuerza coloco unos leños secos, los cuales prendieron de inmediato.

Tomo el pequeño caldero y agregándole un poco de agua lo coloco sobre el fuego.

Suspiro desganada ante la idea de estar sola, por lo que arrodillada aun en su lugar, con la vista recorrió la cabaña intentando dar con Inuyasha topándose con el mismo panorama vacio de siempre. Mas cuando se volvió, la sorpresa y temor la hizo retroceder sin saber qué hacer. Había alguien ahí, en el lugar exacto donde ella había estado durmiendo ¿Cómo es que no se había percatado?

Con la vista busco con urgencia sus Sais, y apenas dio con ellas las tomo y a paso lento manteniéndose en cuclillas se acerco al intruso.

¿Quién podía ser y cómo se atrevió a entrar estando ella?

Se movió un poco a la derecha para permitir que la luz de la hoguera le dejara verlo con claridad… Los cabellos negros caían por su espalda y hombros… y al mirar al detalle su rostro la similitud de las facciones con Inuyasha la hizo caer sentada sin dejar de mirarlo.

Era él. Y si el parecido no bastaba, el que llevara la misma ropa y mantuviera consigo lo que reconocía a la perfección como Colmillo de Acero era más que suficiente para hacerle afirmar.

Sorprendida, dejo sus armas en el suelo e intrigada se acerco a mirarlo mejor. Las orejas de perro ya no estaban, las garras tan poco. En cambio ahora todo era de humano… ¿Sus ojos se mantendrían iguales, o se verían también afectados ante el cambio? sonrió por un extraño motivo y se le quedo mirando un poco más. Se mantenía apuesto, eso no lo podía negar, mas por mucho que debiera de sentirse afectada por el extraño cambio de apariencia, se sentía calma y hasta agradada de un modo casi familiar...

De seguro sus poderes desaparecieron por completo apenas se volvió humano.

Tirito y abrazándose cayo en lo frio del aire, pero aun así no se movió.

Estaba hipnotizada, y se estaba aprovechando de este suceso para poder verlo de cerca, ya que se notaba que debido a su condición humana estaba agotado. En otra ocasión habría despertado de inmediato ante el menor movimiento, pero ahora, estaba segura que podría incluso tocarlo y ni aun así despertaría…

Tentada por la idea, lentamente acerco su mano y corrió los mechones que caían por su rostro. Temerosa por ser descubierta quito su mano, pero la necesidad de completar lo propuesto le acaricio la mejilla sintiendo como sus mejillas se incendiaban. Se sentía demasiado bien aquello, y abría continuado si no hubiese caído el lo helado que estaba su rostro. Y al verlo arrellanarse más en su puesto comprendió que estaba totalmente expuesto a todo como un humano normal y el frio era ahora uno de esos molestos atacantes.

Se levanto y fue en búsqueda de su manta y regreso donde él. Estaba en proceso de colocárselo encima cuando lo vio mirarle directo a los ojos.

— ¿Qué haces?

Ella con manta en mano retrocedió asustada, y mayormente afectada por la sorpresa de ver como sus ojos ya no eran de ese tono tan poco peculiar.

Él un poco avergonzado por el escrutinio volvió la mirada y se rasco la mejilla cayendo en un detalle importante, sus garras ya no estaban. Tomo un mecho de cabello viendo como su coloración natural de Yokai había pasado a una completamente de humano.

— Maldición… — mascullo levantándose para así quedar alejado de la luz de la hoguera y de la visual de Kagome, la cual no le quitaba la miraba de encima.

— Tu cabello… — murmuro.

— Lo sé.

— Tus ojos…

— ¿Sabías que es de mala educación mirar a la gente de manera tan fija?

— Discúlpame, es solo… tu apariencia es de humano ¿La luna nueva… cierto?

Se volvió a mirarla con rapidez, sin poder quitar lo asombrado que estaba de su acotación ¿Cómo…? Nadie aparte del idiota de Sesshoumaru y el anciano Myoga saben de ello, y en su tiempo, también Kagome… y la idea de que ella recordara aquel detalle lo lleno de esperanzas llevándolo a preguntar con cuidado:

— ¿Cómo lo sabes…?

Le vio fruncir el ceño al tiempo en que se aferraba con fuerza a la manta, y al verla con la vista perdida comprendió que estaba en un estado de confusión.

— No lo sé realmente. Fue lo primero que se me vino a la cabeza… Extraño, ¿No crees? Quizás, estoy adquiriendo el mismo don que posee la señorita Midoriko — Sonrió con efusión —. A ver, piensa en algo; cualquier cosa.

Inuyasha frunció el ceño al ver su entusiasmo, omitiendo absolutamente todo, en especial su cambio de apariencia, pero al verle mirarle con ansias de que hiciera lo pedido, él solo pudo guardar silencio.

— Estas pensando en… no se en que piensas…

— Podría decírtelo…

— No es necesario — lo interrumpió desganada —, solo quería comprobar algo. Cosa que ya hice…

La vio dirigirse decepcionada hacia el fogón dedicándose a revolver lo que sea que había preparado para comer, mas él por temor y vergüenza por su apariencia tan débil se quedo donde mismo, permitiéndose el sentarse sobre el suelo y así mirarla con confianza, y sorprendiéndola mirarlo de vez en cuando.

Maldito día. Mentalmente se golpeo e insulto por no haberse acordado luego de lo ocurrido por la tarde. Y todo por no querer separarse de ella.

Y cuando la veía mirarle de reojo, le traía recuerdos de la verdadera primera vez que ella descubrió su cambio durante la luna nueva, con la diferencia que aquella vez ella le jalo el cabello, le abrió la boca buscando los colmillos, examino con exageración los ojos y manos, y la orejas sufrieron enormemente al ella verificar una y otra vez si eran de verdad. Se sintió aliviado y a la vez nostálgico por el recuerdo y por no haber tenido que pasar por ello otra vez… claro, que en aquella ocasión, Kagome tenía solo siete años…

Se limpio la nariz al sentirla gotear y se apretó mas contra la pared al comenzar a sentir el aire frio.

La vio agregar cosas al caldero, pero a medida que transcurría el tiempo se sorprendió a si mismo cabeceando por el sueño. Intento mantenerse despierto sacudiendo la cabeza cada vez, mas no lo logro demasiado, ya que a los segundos después sorprendió nuevamente a Kagome intentando taparlo.

— Esta helado donde estas.

— No la necesito — dijo secante y mostrándose ofendido, aun sabiéndolo verdad.

— Si duermes sin taparte enfermaras.

— No estoy cansado y no tengo frio. Tú duerme — dijo testarudo —. No resistirás ni media hora.

La joven agacho la mirada intentando ocultar su vergüenza.

Él era el que siempre cuidaba de ella. El que la protegía, velaba sus sueños y la rescataba de entre sus pesadillas… se sentía tan inútil.

Decidida, se irguió, volvió a tomar la frazada y sin permitir oposición, la coloco sobre los hombros de Inuyasha, el cual la miro con su típico ceño fruncido.

— ¿Qué crees que haces? Te dije que no necesito de esto.

Manteniendo la cabeza gacha, Kagome se mantuvo arrodillada frente él.

— Por favor — suplico con voz suave —. Permíteme cuidarte por esta noche… y en cada luna nueva. Permíteme por una noche cada mes, devolverte tus cuidados y atenciones hacia mí.

Él incomodo y totalmente sonrojado corrió la mirada de la de ella, la cual se alzo inocente y dulce a la espera de una respuesta afirmativa de su parte.

— Debo estar alerta — le dijo con voz suave —. En mi forma humana pueden percibir tu esencia con facilidad. Más aun si Furyoku no está.

— Lo sé… y espero que me perdones. Soy una verdadera carga — sonrió desanimada, a lo que él con urgencia dijo:

— No digas eso.

— Es la verdad — se sentó a su lado, y abrazándose las rodillas coloco una vista lejana —. Toda mi vida ha consistido en que otros se sacrifiquen por mí. Y tú eres uno de ellos — le sonrió de medio lado —. ¿Sabes? Hay veces en que sueño que un campo de flores purpuras se presenta y me hace desear que sea realidad. No por su belleza, mas bien, por la tranquilidad y felicidad que me inunda. Mas cuando abro los ojos, veo que todo es igual que siempre… las flores color purpura desaparecen, dejándome el sentimiento de que aquello es imposible de alcanzar.

Apoyo el mentón sobre sus brazos guardando silencio ¿Flores purpuras? ¿Las mismas que él le obsequio aquel ultimo día? ¿Podía ser posible? Su pecho se hincho ante el sentimiento. Ella recordaba eventos a través de sueños. Eventos importantes que marcaron su vida… Inuyasha intentando ocultar la sonrisa que comenzaba a dibujarse en sus labios, se lleno de esperanzas.

La vio en el fogón revolviendo, picando y echando dentro del caldero… Era tan dulce… cerró los ojos y desvió la mirada ante la molestia en sus ojos. Los sentía arder y un nudo en la garganta comenzaba a formarse.

Se la habían quitado una vez, y sin saber porqué lo habían borrado de sus recuerdos, deseo acercarse y abrazarla por temor a volver a perderla. Mas el miedo a ser rechazado, o el causarle algún tipo de dolor ya que ella estaba aun asimilando toda la nueva información de su vida, prefería guardar silencio, negando llamarse cobarde…

La vio sentarse frente al fuego, abrazarse las rodillas y llevar sus manos a los labios para brindarse calor con el aire caliente que botaba de la boca, mas cuando la vio tiritar, recupero fuerzas y le hablo.

— Tienes frio.

Dijo con una firmeza en la voz que a ella le divirtió por lo obvio, sin embargo entre temblores desesperantes, mientras se abrazaba con mayor fuerza a sí misma, le contestaba con una risueña sonrisa:

— Creo que la temperatura a decidido descender un poco más de lo normal — su sonrisa se ensancho, pero cuando un nuevo temblor la hizo sacudirse completamente, hundió el rostro entre sus rodillas.

Inuyasha resoplo y desvió la mirada manteniendo su posición en su rincón intentando no parecer tan obvio en lo que planeaba con ansias.

— Por eso odio cada luna nueva. Los humanos se afectan con cualquier cosa. Demasiado débiles…

Kagome al escucharlo, apoyo la mejilla sobre sus rodillas. Si bien su rostro estaba en dirección a él, no lo miraba, ya que con una leve sonrisa reflexionaba sus palabras.

— ya veo... y si, no te equivocas sobre los humanos — afirmo con seguridad —. Somos débiles e inseguros, también problemáticos y desastrosos muchas veces en el modo de llevar nuestras vidas. Pero, también tenemos la capacidad de invertir aquello cuando necesitamos hacerlo… muchas veces nos ocultamos de nuestros temores por hacerles frente… — sintió su voz quebrarse. Y esperando que Inuyasha no se haya percatado, intento recuperarse con rapidez, temerosa a la vez de traer recuerdos dolorosos que la comenzaran atormentar.

Tirito con intensidad por efecto de la opresión que sentía en el pecho, y las lagrimas quisieron revelarse en su contra, por lo que con rapidez oculto su rostro entre sus brazos a la espera de calmarse, cosa que no pareció suceder. Pero, al sentir que le colocaban encima desde la cabeza una prenda que de inmediato le rodeo de calidez eliminando los temblores, no pudo evitar alzar la cabeza y girarla dando con Inuyasha sentado a su lado en la misma posición en que siempre lo encontraba: de brazos cruzados al pecho y sus piernas recogidas hacia sí.

No la miraba, y ella no mostraba intensiones de imitarlo, porque simplemente no podía. Últimamente se le hacía tan difícil evitar hacerlo de manera tan fija; y su cabeza batallaba por intentar controlarla, pero esa emoción, esa agradable sensación en su pecho y que tendía a jugar en su estomago, últimamente se hacía más fuerte y negaba cualquier orden dada por su raciocinio.

El aroma de él se desprendió de la que descubrió era parte de su chaqueta y manta, inundándola con un aroma a tierra húmeda y a hojas, adormeciéndola de un modo conocido y confortable.

Aquello le era familiar de un modo desconcertante y no sabía por qué.

Desde el primer día en que lo vio sintió una fuerte conexión, como si ya lo hubiese visto con anterioridad, y ese preciso instante representaba algo mucho más que comodidad. El sentimiento de familiaridad era la que la llevaba a olvidar el que no respetara los espacios personales y deseara apegarse a él buscando su agradable calor.

— Estas pensando en Foryuko, ¿cierto? — lo escucho removerse en su lugar con incomodidad y temió mirarlo por descubrir cuan cerca estaba de ella.

— Y más en una noche como hoy...

Sintió como él pasaba sus brazos sobre sus hombros y una corriente eléctrica viajo por su cuerpo con tal intensidad que creyó que se incendiaria luego, ya que sus mejilla y luego su cuerpo completo ardió en calor. No se atrevió hablar por temor a como su voz saliera, y mucho menos se atrevió a subir la mirada hacia Inuyasha. Y él se lo agradecía, ya que su propio rostro deja cuan claro lo afectado que estaba, ya que podía asegurar que estaba tan colorado como su corta toga…

— ¿Quizás volvió a donde vivían?

— ¿Hablas de Furyoku? — él asintió, mas ella no lo vio, pero por un extraño motivo sintió en ella la respuesta —. Aunque lo desee y quiera creerlo… no lo sé. No sé nada. Por primera vez desde que desperté junto con él en la aldea de Exterminadores su esencia no me permite encontrarlo. Es como si hubiese desaparecido por completo…

La apretó mas contra él y ella se sintió más confortada.

— Pero, tu dijiste que tu rango de alcance es solo hasta un par de kilómetros, y dónde estabas… no queda cerca.

— No, no queda. Pero mi unión con Furyoku es única, como si fuésemos un solo ser.

Como le ocurría a él con ella, y estaba seguro que a Kagome pasaba lo mismo, a pesar de que cuando dejo los exterminadores esta conexión por mucho que continuara, no le permitía dar con ella. Como si la tierra la hubiese tragado. Pero al saber que aquella sacerdotisa mantenía un campo de energía sobre el templo donde se le termino de educar, dejaba más que claro que ese era el motivo, llevándolo a cambiar el tema hacia una nueva interrogante, pero Kagome pareció leerle otra vez…

— Sango debe haber llegado ya al templo — le escucho susurrar.

Carraspeo la garganta y se acomodo en su puesto permitiéndose el abrazarla mejor.

— ¿Qué… — carraspeo otra vez — qué te hace pensar que tu hermana podrá dar con el templo? Tu abuelo conto que tu padre te dejo en manos de esa mujer con un parche en una aldea. Y yo he estado muchas veces por la región del sur, y no he visto ni escuchado sobre nada que se le asemeje a una edificación de templo.

— Solo las mujeres pueden verlo. "El lugar desconocido de los dioses".

— ¿Ese es su nombre?

— si... Cuenta la historia que, cuando la diosa Ame no Uzume fue castigada luego de romper las leyes, las bestias sagradas se liberaron, a lo que ella vio con sus propios ojos cómo sus preciadas criaturas sembraban el caos por sobre la tierra. Si bien, el dragón, el ave fénix y la tortuga se batieron en horrorosas batallas territoriales, el gran tigre blanco busco a su dueña quedándose con ella. Ame no Uzume no pudo hacer demasiado al no estar en condiciones, y los dioses no prestaron ayuda. Los poderes de ella fueron reducidos, y por lo mismo, las tres bestias no la obedecieron. Molestos por la injusticia, continuaron, dejándole como única alternativa encerrarlos en unas piedras sagradas con los pocos poderes que poseía. Y bueno, las piedras son custodiadas por las sacerdotisas del templo.

Suspiro.

— ¿Qué sucedió con ella?

La sintió tensarse y a rellenarse más en él.

— No lo sé realmente… Se dice que… se sacrifico al sellar las criaturas y en su último suspiro pidió proteger las piedras de todo contacto, en especial de los hombres; otros dicen que vaga por la tierra a la espera de ser perdonada luego de alzar el templo...

— Y las mujeres que custodian el templo, ¿no lo saben?

Se encogió de hombros.

— Se que la señorita Midoriko sabe de mi interés por el paradero de la diosa, pero aun así, no responde.

— No entiendo.

— Lee la mente. No hay nada que no sepa. En un comienzo, era molesto e irritante, sin embargo, la costumbre te fuerza ser directa y honesta.

"Ya veo…" pensó él.

— Un templo oculto para los hombres... — murmuro pensativo — ¿Por qué? ¿Un monje no podría con esa labor?

— Por lo que se me ha dicho, no. Dicen que las bestias solo aceptan la presencia de las mujeres a su alrededor. Los hombres (o los seres masculinos), representan una amenaza para ellos... En los cielos ellos descansaban rodeados de seres del sexo femenino por motivos que desconozco...

— ¿Qué sucedería si un hombre se acercase? ¿No será que temen a que los puedan dominar?

— Yo creo que va por algo más profundo. Ame no Uzume en su momento era la única en poder controlarlos, y cualquier contacto externo (en especial masculino), el sello protector se rompería y estos se liberarían.

— Por eso lo ocultan de ojos masculinos… — pensó en voz alta —. Pero, una mujer ambiciosa puede robarlas.

— Para llevar la tierra al caos. Nadie puede acercárseles a un radio considerable. Al más mínimo intento de tocarlas, las bestias despertarían y llevarían la tierra a la destrucción. Nosotras solo se nos permitía protegerlas sin tocarlas.

— Entiendo... — susurro, a pesar de que no entendía. Era un tema demasiado enredado, y más si ni siquiera tenía que ver con él.

— Si alguien planea usarlas para aumentar tu poder… — bostezo Kagome pegándose más a él con confianza, mientras una traviesa sonrisa comenzaba a dibujarse en sus labios — debe desistir.

— No me interesan. Menos si me provocarían más dolores de cabeza.

— Me alegro... — susurro acompañándose de un suspiro.

— No me atrevería hacer algo que te coloque en peligro… Kagome.

Se quedo a la espera de alguna respuesta, sin embargo, al no oírla agacho el rostro hacia ella dando con que se había dormido profundamente. Eso, no ayudaba a su autoestima… pero si a su corazón al verla sonreír entre el sueño, sintiéndola luego abrazarse a su costado.

Por lo visto, esa noche no sería tan terrible…

Continuara...