Mi Word ha decidido dejar de corregir lo que escribo, por eso últimamente ha habido más erratas, por más que lo reviso siempre se me escapa alguna ù_ú
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!
Emma había dormido poco, pero no tenía nada de sueño. Observaba el hombro desnudo de Regina, siguiendo con la mirada y los dedos su curva hasta llegar al cuello y meter las yemas de los dedos en las raíces del pelo moreno de la mujer dormida a su lado, sin poder evitar la sonrisa. Le acarició un poco el lóbulo, rozándole apenas la linea de la mandíbula con el indice hasta los labios, sin llegar a tocarlos, resistiendo la tentación de acariciarle también los parpados. En vez de eso abrió la boca para intentar abarcar el hombro de Regina sin conseguirlo, por supuesto, pero consiguiendo que la piel de la morena cosquilleara. La antigua reina despertó con una risita.
- ¿Se puede saber que haces?
Preguntó con cara somnolienta.
- Intento comerte.
Rió mordiendo el hombro de la morena y abriéndose camino así hasta los labios de Regina que le respondió el beso sonriendo.
- Entonces no opondré resistencia.
Dijo con una pícara sonrisa y un brillo en los ojos, Emma se pasó la lengua por los labios, debatiéndose entre cumplir sus palabras y comerse a la morena, tumbarse a simplemente observarla, o levantarse de una vez de la cama.
- ¿Crees que Henry se enteró de algo?
Preguntó Regina enroscándose alrededor de Emma como un cariñoso koala. La rubia se echó a reír.
- Lo dudo mucho. Eres jodidamente silenciosa. Algo que pienso solucionar, por cierto.
Respondió colando sus manos entre las curvas más sensibles del cuerpo de Regina, consiguiendo un silencioso ruidito de la morena.
- Es difícil abandonar las viejas costumbres.
Consiguió decir Regina levantando la cabeza para besarla con hambre. Pero el beso se quedó frío entre las dos cuando el recuerdo de Graham se metió en la habitación, recordando cuando unos encuentros muy distintos tenían lugar en esa misma cama entre él cazador y la reina.
- El de no despertar a Henry, quiero decir.
Especificó la morena algo tensa, apartándose un poco de Emma como temiendo un rechazo, pero la rubia la abrazó otra vez pegada a ella, metiendo la nariz en su pelo.
- Entonces tendremos que mandar a Henry a dormir con sus amigos hasta que te quite ese mal habito del silencio.
Dijo soltando su aliento entre los mechones morenos al reírse. Regina se acomodó en el pecho de la rubia con una sonrisa satisfecha.
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La Salvadora se fue pronto, antes de que despertase Henry, querían hablar con él y preferían hacerlo sin bajar las dos de la misma habitación y al menos con Emma llevando una ropa distinta a la del día anterior, por algún motivo eso parecía lo mas correcto. Aunque Henry se había pasado la noche anterior pensando que los ligeros ruiditos que llegaban hasta su habitación eran sus madres simplemente dándose besitos y abrazos, sabía que se estaba engañando, pero su cabeza no estaba preparada para imaginar ningún otro tipo de escenario.
Henry desayunaba sintiéndose un poco incomodo por la mirada de su madre que parecia no encontrar nada mejor que hacer que mirar al chico comer.
- ¿Pasa algo mamá?
Preguntó el finalmente después de tragar sus cereales. Regina pareció darse cuenta en ese momento de que estaba mirando s su hijo y finalmente rompió el contacto visual.
- No, no. Solo estaba pensando…en que ya eres todo un hombrecito. – Henry levantó una ceja indignada exactamente igual que hacía su morena madre. – Bueno, quizá más hombre que hombrecito.
Se corrigió la mujer con una risita que su hijo acompaño mientras seguía desayunando.
- ¿Y porqué pensabas en eso? ¿Pasa algo? – Henry se paró a pensar un segundo y frunció un poco el ceño con preocupación. - ¿Pasa algo? Nos van a atacar otra vez ¿verdad? Ha pasado algo. ¿Tenemos otro villano en la ciudad? ¿Quién es esta vez? ¿Humpy Dumpy?
Regina se echo a reír por la actitud de su hijo, moviendo las manos para tranquilizarle.
- No, no. No pasa nada. Son solo pensamientos de madre.
Estaba nostálgica esa mañana, pero era una nostalgia alegre. Pensaba en la familia que podían ser los tres, Emma, Henry y ella, aunque en cierto modo siempre lo habían sido, pero ahora podían pasar al siguiente nivel, algo que nunca llegó a plantearse con Robin. Con el ladrón estaban ella y Henry, y Robin y Roland, eran dos y dos, no una unidad de cuatro, quizá porque el numero correcto había resultado ser tres.
- Henry. – Llamó al chico, que levantó la cabeza de su móvil para mirar a su madre. – Siento todo lo que te he hecho.
- ¿Te refieres a criarme, cuidarme, protegerme y quererme? – Dijo el chico en tono bromista, la morena abrió la boca, pero no la dejó hablar. – Se a que te refieres, y no hace falta, yo creo que ya has pedido perdón demasiadas veces. Y tu has cambiado mucho desde entonces y yo era un crío… No tienes que disculparte de nada mamá.
Se estiró por encima de la mesa de la cocina para darle unas palmaditas en la mano a su madre, que estaba inclinada frente a él.
- Hemos pasado por mucho ¿verdad?
Rió Regina recordando, refiriéndose a los tres y no solo a ellos dos, y Henry también lo sabía, pero no dijo nada, cuando ellas quisieran le darían la noticia, y sospechaba que ese momento llegaría pronto. Más pronto incluso de lo que pensaba, porque un rato después llamaron a la puerta y su madre prácticamente salió corriendo para abrir.
- Seguramente será Emma.
Fue lo único que dijo al pasar junto a su hijo, que giró la cabeza para seguirla con la vista sin poder evitar una sonrisa. Pero la sonrisa desapareció apenas unos segundos después de escuchar abrirse la puerta, al oír a su madre.
- ¿Qué haces aquí?
Desde luego no podía ser Emma a quien estuviese hablando así, Henry se levantó y fue silenciosamente hasta un punto desde el que podía observar la puerta pasando desapercibido. Quien estaba en la puerta era Robin Hood. El chico frunció el ceño. Antes no tenía nada en contra del ladrón, mientras hiciese feliz a su madre eso era todo lo que necesitaba saber de él, pero las cosas habían cambiado mucho desde entonces, empezando porque ese hombre estaba casado y acabando porque tenía muy claro que su madre no quería saber nada más de él, pero no iba cómo sabía que su madre no querría que se metiera, se quedó donde estaba, observando. Al menos de momento.
- ¿Qué haces aquí?
Repitió la morena en tono mas duro una vez se le pasó la sorpresa de verle allí. Robin se lamió un poco el labio inferior, con indecisión, como buscando las palabras.
- Quería verte.
Dijo finalmente casi con un suspiro.
- Eso es obvio, dudo que hayas venido a contemplar mi puerta.
Respondió la morena con fría ironía, haciendo reír silenciosamente a su hijo. El ladrón ignoró el humor de la mujer.
- Llevo tiempo queriendo hacer esto, queriendo…venir a verte. Mariam me dijo que vino a verte, que hablasteis. – Esperó a ver si Regina decía algo, pero eso no pasó. – Así que ya sabes que ella no va a interponerse entre nosotros, podemos estar juntos.
Dijo levantando las manos hacía Regina como si quisiera tocarla, pero la inexpresividad de la mujer le quitó la idea de la cabeza.
- ¿Y has esperado tanto para venir a decir esto? – Preguntó ella con una ceja levantada, Robin apartó la vista. – Estabas pensándotelo ¿verdad? Una vez se te pasó el efecto del alcohol ya no estabas tan decidido ¿no? No querías ser el hombre que dejó a su mujer por la Reina Malvada. – El hombre seguía sin levantar la vista.- O quizá te sentias demasiado avergonzado de lo que pasó.
Adivinó Regina, hablando con tono frío al recordar la escena del mausoleo, recordando también la reacción de Emma, y acordándose de pronto de que la rubia estaría allí en cualquier momento y de que la rubia tenía ganas de cruzarse con Robin desde que se lo contó.
- Aquello…fue un accidente.
Respondió el ladrón sin apenas abrir la boca, Regina rió un poco, con sarcasmo.
- Tropezar y caerte encima de alguien es un accidente, intentar forzarla a hacer algo que no quiere, no lo es.
En ese momento Henry estuvo a punto de salir de su anónima posición para echar el mismo a ese hombre, esperando no haber entendido lo que creía haber entendido. Una rabia para nada ciega le hacía burbujear la sangre.
- Yo…estaba…
- Borracho, eso es aun peor.
Finalmente Robin la miró, con el ceño un poco fruncido por la frustración, había ido allí a hablarle de sus sentimientos a Regina, había ido allí a por ella, no a discutir con ella.
- Soy consciente de la decisión de Mariam, ella misma me la dijo. Y me parece muy inteligente por su parte su decisión de continuar con su vida sin ti, yo tomé la misma hace tiempo.
Henry se sintió aun más orgulloso de su madre, pero Robin no parecía capaz de entenderlo, dio un paso hacía la morena, que instintivamente dio otro hacía atrás, muy cortito, sin querer ceder terreno.
- Regina, por favor, lo siento. De verdad que lo siento. Sé que no he hecho las cosas bien, debería haberlo hecho mejor, dame otra oportunidad.
La morena entrecerró los ojos, una mirada peligrosa que Robin debería haber tomado como señal para marcharse.
- Yo era tu segunda oportunidad ¿recuerdas? No vas a tener mas conmigo. Ahora deberías marcharte.
El ladrón dio otro paso y cogió a Regina por ambos brazos.
- Pero yo te quiero a ti, ¿no lo entiendes? Te elijo a ti.
Henry dio también un paso, y otro, en dirección a su madre, dispuesto a apartar a ese hombre de ella usando toda su fuerza, pero no hizo falta, porque una furiosa mano apretó el hombro de Hood, obligandole a girar para poder descargar un brutal puñetazo en su cara, prácticamente pudieron escuchar el chasquido de la nariz mientras el hombre caía pesadamente al suelo con un grito de dolor. Emma se colocó delante de Regina protectoramente, mirando al ladrón con un enfado tan claro que por un momento tanto Henry como la morena pensaron que iba a darle una patada, pero no lo hizo, se volvió hacía Regina y la cogió por los brazos, donde Hood la había agarrado, pero con mucha mas suavidad, con ternura.
- ¿Estás bien?
Preguntó con preocupación, Regina asintió a esos ojos verdes antes de mirar al hombre todavía en el suelo.
- Quien no lo entiende eres tu, yo la elijo a ella.
Dijo con sencillez, haciendo una gran declaración de intenciones para Emma, que no dijo nada, tan solo podía mirar a Regina con el pecho hinchado de felicidad y una mirada brillante, acariciando inconscientemente los brazos de la morena, que la sonrió.
- Vamos dentro.
Emma asintió, pero Hood intentó levantarse, con una mano alzada hacía Regina para pararla, pero la rubia apartó esa mano despectivamente con un movimiento de la pierna.
- La próxima vez que et acerques a ella no habrá puñetazo de advertencia.
Le avisó con clarisima rabia, pasando una mano por la cintura de Regina para entrar en casa. Allí, justo en los escalones de la entrada, estaba Henry mirándolas con una sonrisilla.
- ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
Preguntó Regina pensando si debería regañarle por escuchar a escondidas o agradecerle por haberle tenido allí claramente para ayudarla si lo necesitaba.
- Desde el principio.
Respondió su hijo encogiendo un hombro con disculpa, Emma rió un poquito.
- Entonces supongo que acabas de ahorrarnos inventar una forma de decírtelo.
Dijo estrechando su abrazo alrededor de la cintura de la morena, pero ella parecía preocupada por otra cosa.
- ¿Lo has oído todo?
Henry asintió como si nada, luego se imaginó a que parte concreta se estaba refiriendo.
- ¿Es lo que yo creo que es?
Regina no sabía como responderle, no es que ella hubiese hecho algo malo, ni mucho menos, pero no era algo que quería hablar con su hijo. Emma los miraba a los dos sin comprender.
- No pasó nada Henry, sabes que puedo protegerme sola, no me hizo nada.
La rubia se tensó a su lado al comprender.
- Debería salir y darle un par de puñetazos mas…
Murmuró con rabia y más que dispuesta a hacerlo, algo que la otra mujer sabía que sería perfectamente capaz de hacer, así que agarró la mano que estaba en su cintura y la hizo andar con ella escaleras arriba hacía su hijo, sonriendola.
- No, deberíamos acabar de desayunar, y si Henry tiene alguna pregunta, responderselas.
La expresión sombría de Henry desapareció de pronto y las miró muy alegre, asintiendo con energía. Desde luego ese chico era la mezcla perfecta de sus dos madres, algo increíble teniendo en cuenta que ni siquiera le habían criado las dos. Emma la besó la mejilla con cariño.
- ¿De verdad que estas bien?
Le preguntó al oído, siguiendo a su hijo hacía la cocina, Regina cogió aire profundamente, con una sonrisa y después la miró con una chispa brillando en sus ojos marrones y apretando la mano de Emma que aun tenía en la suya.
- Perfectamente.
