Capítulo VIII

La extrañeza del ambiente era palpable.

Nadie se atrevía a decir algo, ni mucho menos las jóvenes sacerdotisas que arrodilladas a las afueras del templo de altos pilares rezaban - entre temblores exudando a la vez miedo- , intentando impedir que la barrera que crearon entre todas, fuese atravesada por los insistentes demonios que aparecieron luego que Midoriko purificara a los anteriores.

Inuyasha prefirió mantenerse al margen de comentarios sobre lo ocurrido durante su ingreso. Y es que el descubrir que la madre de la mujer que amaba estaba con vida, y no solo eso, si no que la había criado omitiendo la unión consanguínea entre ambas, lo llevo a guardar silencio manteniéndose un observante permanente de los movimientos de Kagome.

Sospecha seriamente que la mujer con parche y él eran los únicos en saber la verdad, y todo ya que nadie más se mostraba incomodo ante la aparición de la joven como él y esa mujer lo estaban…

Nadie más sabía la verdad…

Hasta que se entero que el padre de la joven se encontraba en el templo aun con vida y a solo a unas habitaciones de donde resguardaban el durmiente cuerpo de Midoriko… o mejor dicho, de Ame No Uzume.

¿Qué se supone que debía hacer al respecto? Le bastaba con el haberle ocultado su verdad, y ahora ¿Debía ocultar esta? Lo cual no fue necesario…

A penas llevaron a la Diosa a sus aposentos, Kagome no se separo de ella y la lleno de atenciones, rogándole constantemente que despertara, lo cual no hizo.

La mujer se veía pálida, casi muerta. Como si hubiese utilizado todas sus energías en el proceso. Hasta sus cabellos se mostraban opacos.

—Ella leerá mi mente y sabrá que quiero que despierte… — le escucho susurrar al tiempo, en que le aceitaba las manos quitándole los restos de un polvillo blanco, que le cubría las manos y el rostro, utilizado por las supremas para simbolizar pureza de espíritu...

—Kagome… — la llamo sin recibir respuesta. Ella se mantuvo en sus pensamientos y hablando sin parar sobre temas sin sentido, hasta que la vio detenerse, viendo como sus ojos se llenaban de lágrimas.

—Es mi culpa —susurro.

—Kagome…

—Todo esto… todo lo que ha ocurrido a sido mi culpa. No debí marcharme de aquí…

—No es tu culpa.

—Sí lo es… —sollozó —. Si no me hubiese marchado, los exterminadores habrían llegado acá de todos modos y la Srta. Midoriko no habría tenido que sacrificarse y yo… los habría podido proteger a todos.

—Y yo no te habría encontrado… —le susurro.

Kagome se volvió a mirarlo con urgencia viéndole intentar ocultar el dolor en sus ojos, a lo que ella sintió su corazón estrujarse…

—Yo… yo no…

La puerta corrediza se abrió y la mirada de ambos por unos segundos se cruzó antes de dirigirlas a las personas que ingresaron.

Los ojos de Kagome se iluminaron al momento exacto en que luego de que ingresara la Anciana con un parche en uno de sus ojos, una joven, un par de años mayor que Kagome hiciera ingreso a la habitación.

La joven sin ningún gesto de aprobación por parte de Kagome corrió en su dirección y se abrazo a ella sin soltarla, a lo cual la joven Sacerdotisa con cierta duda le correspondió con la misma intensidad. Comprendiendo al instante quien era…: Sango.

—Kagome… —la llamo la joven —. Kagome… mi buena, Kagome… estas con bien. Temí que algo malo te hubiese ocurrido… creí que no te veríamos mas. Más aun, al los hombres tener prohibido el ingreso…

—Sango… ¿Cómo? ¡Están aquí! ¡Todos!

—Costo, pero llegamos. Estamos… la gran mayoría… Ella — señalo a Midoriko —. Ella al parecer supo que veníamos, así que envió una partida de sacerdotisas a buscarnos — Sonrió de lado y Kagome asintió atendiendo a la mujer con mayor delicadeza aun —. El abuelo Higurashi… él…

—Decidió quedarse… —completo.

—Así es —le asintió con pesar —. Ya sabes cómo es él; testarudo en todo…

—Está muerto —la interrumpió sin expresar nada.

— ¿Lo has visto? —pregunto alarmada —. ¿Viste su espíritu?

Negó con la cabeza.

—Se sacrifico por mi… él… —con rapidez se levanto saliendo de la habitación, y cuando Sango dio con Inuyasha frente a ella no pudo evitar escrutarlo intensamente, como si le conociese de antes.

—Sera mejor que vayas por ella, Sango —dijo la anciana mujer acomodándose a un lado de la joven para terminar la labor de Kagome referente a desmaquillar a Midoriko.

Habría querido seguirla, sin embargo al mirar a la joven a los ojos, se quedo paralizado.

La conocía. Ella había sido la que años atrás lo había enfrentado en los alrededores de la aldea cuando se escapo de Sesshoumaru por primera vez. Era una exterminadora hábil y despiadada. Y si no hubiese sido porque se le interpuso, el dar con Kagome se pudo haber producido antes… aunque la diferencia no habría importado al ella no recordarlo, y más aun, ya que su medio hermano dio con él ese mismo día, como si hubiese sabido desde siempre en donde se encontraba la joven…

Algo hizo clic en ese instante en la cabeza de Inuyasha.

El Gran Señor del Este siempre lo supo done Kagome se encontraba, y simplemente se lo oculto… ¿Y cómo no saberlo? El muy maldito siempre sabía todo...

—Ella sabía que vendrías con Kagome…

Inuyasha alzo la mirada recordando que no se encontraba solo en la habitación. La mujer con parche, sin mirarlo, se dedicaba a atender a la mortal— diosa.

— ¿Ella?

—Ame No Uzume.

Bajo la vista hacia la diosa tratando de entender en su revuelta cabeza.

—Negar ante ti quien es ella, sería algo realmente absurdo —agrego la mujer —. Eres de los pocos que saben la verdad y no me sorprende —. Le vio sonreírle —. Ame No Uzume siempre fue obvia cuando se trataba de su hija. Me sorprende hasta el día de hoy que Kagome no se haya dado cuenta.

—Quizás lo sabe, mas teme demostrarlo. Siempre vio a "Midoriko" como su madre —finalizo con tono irónico.

—Puedes juzgarla, muchacho, sin saber. Mas ella tenía sus motivos, los cuales solo a Kagome revelara en el momento adecuado.

Se sintió fastidiado. Enfurecido.

Aquella mujer de un parche se había prestado para engañar a Kagome toda su vida. Y el padre de la joven… también al no revelarle que iría donde su madre cuando la dejo en manos de la mujer frente a él –ni hablar del hecho que le oculto que su padre era él— .

Confundido se rasco la cabeza. Se llevo los brazos al pecho; metió sus manos en las mangas contrarias cerrando los ojos, completamente molesto.

—Dijo que ella sabía de mi existencia

Kaede asintió sin que él lo viera.

—Soñó contigo hace muchos años atrás. Antes de que Kagome fuese concebida. Incluso, mucho antes de que tú lo fueras —interesado le prestó atención y le vio tomar el frasco de aceite y sellarlo, tomando otro frasco con un líquido amarillento —. Fue hace muchos años; siglos a decir verdad. En búsqueda de jóvenes sacerdotisas llego al territorio Este. Tu padre se le presento y le pidió que por favor le presentara a Seryu, ya que el Dragón no era muy dado a cumplir con el periodo completo de la primavera y eso estaba generando problema con la producción y las cosechas para el verano —la mujer hizo una pausa y se le quedo mirando —. Seryu tiene un modo bastante especial de ver las cosas, y en especial de hacerlas. A lo cual Ame No Uzume debe haber sonreído, y por supuesto cumplió. Si bien Inutaisho conoció al Dragón de la Primavera, no sirvió demasiado. Pero si permitió para que ella le profetizara a tu padre que su hijo representaría parte importante del cambio al unírsele a su hija. Tu padre creyó que se trataba de su hijo mayor, pero cuando naciste… comprendió. Pero en cosa de días tu padre murió y no pudo prepararte para lo que se avecinaría…

— ¿Qué? — Pregunto de inmediato a lo cual Kaede sin soltarle la mano a su apreciada Ame No Uzume lo miro a los ojos.

—La Gran y última guerra. Kagome necesitara de toda tu fuerza y paciencia para cumplir con lo que le depara… y en especial, de tu amor.

¿La Gran Última Guerra? De solo pensarlo la cabeza le comenzó a dar vueltas.

¿Someter a Kagome a finalizar lo que su madre no pudo hacer? Si tan solo tuviese las armas, para así llevársela del planeta y hacerla feliz viviendo en paz…

— ¿Kagome sabe algo de esto?

—No — Contesto la mujer con suavidad —. Pero intuye lo que se viene… ¿Ya te recordó?

La miro con seriedad, casi molesto. Pero pasado unos segundos, negó.

—Recuerda a través de sueños. Sabe que estuvo conmigo aquellos dos años, más nada más…

Kaede suspiro y a Inuyasha le dio la impresión de que iba agregar algo mas, sin embargo un grupo de muchachas agitadas ingresaron con rapidez, y para él no fue necesario hacer preguntas. La barrera estaba decayendo…

Kagome corrió hasta llegar al pabellón de altos pilares con las bestias talladas en ellos, viendo como se había destruido lo que hace solo un poco más de un mes representaba el paraíso sobre la tierra.

Los árboles secos y con ramas quebradas. Los ríos congelados, y los arbustos: unas simples ramas que con un poco de viento sonaban quebrándose. El paraje era triste… corrió la vista hacia el bosque prohibido y la imagen del agujero en donde estaba la pagoda que guardaba y protegía las piedras la hizo quedar estática, deseando que todo sea otra de sus pesadillas.

Sintió pasos detrás de ella, mas no se volvió. No era Inuyasha… lo sabia; lo sentía…

— ¿Kagome…? — la llamo titubeante Sango —. ¿Te encuentras bien?

Kagome respiro profundo y asintió con un solo movimiento de cabeza. Habría preferido que no hubiese sido ella…

— ¿Cómo… como fue que ocurrió todo esto? — murmuro con dolor.

— Kimo creo que se llamaba la joven —dijo Sango ganándose a su lado—. La Señora Kaede dijo que querían las bestias, y ahora andan sueltas por la tierra trayendo caos donde se aparezcan… — suspiro —. ¿Furyoku?

Los ojos de Kagome se entristecieron y sujeto con más fuerza la baranda del pabellón.

— Desapareció hace unos días… luego de hacer de señuelo para alejar los demonios de mí.

— ¡Oh, Kagome! —Exclamo entristecida Sango acariciando los cabellos de la joven —. Como lo siento…

— Ya nada importa… sin la señorita Midoriko despierta, no sé qué debo hacer…

— Creo… que si sabes, solo que como siempre temes a tus propios poderes…— y por el modo en que Kagome desvió la mirada supo que tenía razón.

— Puede ser… Inuyasha se quedo conmigo, cuido y protegió en los momentos en que yo pude haberme perdido… no se que habría sido de mi si él no hubiese estado…

— ¿El medio— demonio…?

— Inuyasha —Afirmo Kagome.

— Él… ¿De dónde lo conoces?

— Por lo que entiendo… o creo entender… no lo sé… desde hace años… desde mis años perdidos… o quizás hace solo un mes… no lo sé.

Se tomo la cabeza y cubrió los ojos intentando traer recuerdos que por algún motivo no podía.

Sango se acerco y abrazo Kagome, permitiendo a su hermana dejarse llevar al tiempo en que deseaba olvidar todo como hacía años…. Y a todos.

Una imagen fugas de Inuyasha cruzo su mente y la idea de olvidarlo a él ya no se le hizo tan tentadora como antes.

¿Cómo olvidarlo si lo sentía cerca a pesar de que se encontrase a metros de ella? Hasta ese momento, al encontrarse rodeada de gente se dio cuenta de la unión espiritual y de energías que se había producido entre ellos

Un intenso retumbar se dejo escuchar en los cielos haciendo a ambas separarse.

Alzaron la mirada y con horror veían como el campo de energía se estaba debilitando.

— El campo de energía…

Corrieron ambas hacia donde se encontraban las jóvenes sacerdotisas, donde la mayoría mostraba evidente cansancio y unas que otras completamente desmayadas.

Frente a ella pasaron un grupo de exterminadores incluida Sango que se colocaba su ropa con rapidez.

— ¡Protejan las viviendas! — Escucho a su espalda.

Quizás debió haber hecho algo. Respirado aunque sea. Es solo que en ese momento se bloqueo y sin siquiera pestañear vio a todos pasar con celeridad por su lado ganándose en filas frente a los dormitorios... Frente a ella. Decenas de exterminadores — liderados por su hermana— dispuestos a protegerlos... A protegerla...

Una mano conocida tomo la suya y de inmediato comprendió y reacciono a lo que ocurría.

Miro a Inuyasha como tenso sujetaba la empuñadura de su arma sin quitar la vista al área de la barrera que colapsaría primero. Y a ella se le vino una imagen igual, viendo a Inuyasha más joven y el corazón le salto del pecho… ¿Por qué lo olvido? ¿Por qué fue borrado de su mente?

Apretó el agarre y acomodo sus dedos entrelazándolos con los de él sintiendo en su ser la sonrisa de él, a lo que no pudo evitar sonreír.

Debía hacer algo. Por él... Por los suyos. Debía hacer algo... para luego, intentar recordar…

Un grupo de personas ayudaba a las sacerdotisas y a los mayores a ingresar a las viviendas. Las jóvenes aprendices intentaban ayudar con sus básicos conocimientos en protección y conjuros, invocando para el fortalecimiento de la barrera, solo que al más sacerdotisas caer rendidas, la mínima ayuda de las muchachas, solo servía para aplazar lo inevitable…

Cerró los ojos con fuerza, y decidida, junto a Inuyasha -sin soltar su mano- , paso frente a todos sin importarle que les mirasen sorprendidos entre de mala forma. Ambos estaban acostumbrados al rechazo, y en ese momento los dos eran consientes solamente del uno y del otro.

Tomo un arco y carcaj dejo abandonado en las escaleras, y continuaron con su avance.

Otra sacerdotisa se desmayo y el campo de energía se debilito más. Pronto lo haría por completo.

Llegaron a la explanada superior a metros de donde colapsaría la barrera de protección y sin hacer mayores movimientos se quedaron ahí, escuchando y viendo.

Los exterminadores estaban listos para defender a todos. Gritos de Sango y otros mayores dando órdenes de que debían hacer se mesclaba con los ruidos de impacto mas los rugidos de los demonios.

Kagome volvió a prestar atención a la barrera y por un segundo se dedico a contar los demonios que intentaban atravesarla… algo absurdo, cuando lo único que veían, era un manto oscuro que se movía constantemente provocando destellos rosáceos al chocar con la protección. Miles. Y no era necesario que los contara.

Respiro profundo y se decidió, cayendo en Inuyasha y recordando lo sobreprotector que es.

—No te molestaras conmigo. ¿Cierto?

Él se volvió a mirarle preocupado, viéndola mantener la mirada en el cielo.

Aguanto la respiración y tenso, pregunto:

— ¿Harás algo que te coloque en peligro? —apretó el agarre.

—No —contesto con suavidad mirándolo a los ojos, y le sonrió con la idea de tranquilizarlo, lo cual fue imposible. Volviendo la mirada al cielo, agrego —: Solo espero no excederme…

Le soltó la mano y tomando el arco, del carcaj saco una flecha. La ubico en el arco y tensando la cuerda, con precisión la lanzo hacia el suelo metro más allá. Volvió a tomar otra flecha lanzándola igualmente. Repitió la operación cuatro veces más, viendo Inuyasha como un círculo perfecto formado por las flechas se mantenía debajo del punto de quiebre.

—Saca a Colmillo de Acero —le pidió con suavidad.

Desenvaino y obligándolo a cambiarlo de mano de manera disimulada al volver a tomársela, se quedo a la espera bajo la intensa e impaciente mirada de él.

Los demonios al ver que el campo de energía comenzaba a decaer, enajenados, con mayor intensidad se lanzaban sobre él. E Inuyasha al no saber que esperar, entrelazo mejor los dedos a la espera de que la hiciese reaccionar, más Kagome con una mirada seria se mantenía tranquila…. Demasiado tranquila. Por lo cual no dudo en decirle:

—Creo que ahora sería un buen momento para que hagas lo que planeas.

—Debe ser en el momento exacto.

Los demonios impactaron más fuerte e Inuyasha conteniéndose apretó los dientes y Colmillo de Acero al sentir su deseo de protegerla, comenzó a transformarse lentamente.

Dos sacerdotisas mas se desmayaron y las que quedaban, al no tener la fuerza de mantener el campo de energía, se formo una fisura que se expandió con rapidez, y él apretó con mayor intensidad a Colmillo de Acero provocando que este liberara energía. Debía hacer algo. Ahogo un gruñido y sintió una leve carga eléctrica en la mano que se aferraba a Kagome. No dolía, pero si se sentía extraño.

Miro la unión y luego subió la vista para verla a los ojos, observando cómo los mantenía cerrado. Concentrada. Ella era la que liberaba esa energía y sentía que ahora la envolvía… y como si supiese que hacer, en el momento en que la barrera se rompió, su cuerpo se cargo y sin pensarlo clavo en el suelo a Colmillo de Acero.

Y en el momento exacto en que la punta de su espada toco tierra, una onda de energía atravesó su cuerpo desde el contacto de manos y paso por su arma hasta llegar al suelo, viéndolo avanzar hacia las flechas. Las cuales al recibir el impacto, irradiaron una luz rosácea. Y entre flechas y flechas se unieron por la energía, dejando ver una estrella de seis puntas, la cual liberando más energía se fue elevando purificando todo a su paso al tiempo que aumentaba su tamaño.

Un campo de energía… y lo uso a él como medio… ¿Por qué?

A penas el campo de energía cubrió el templo, la sintió soltarle con dificultad; como si sus manos se hubiesen soldado… se apoyo en él viéndole las piernas flaquear. Estaba débil… así que sin pensarlo, la tomo en brazos y aumento su energía, sintiendo de inmediato como ella la absorbía.

Sonrió con calma y ella se permitió el apoyar su cabeza contra el pecho de él.

Sango ni mucho menos el resto le quitaron la vista mientras avanzaba cargando a la joven. Y al ver la sonrisa dulce en el rostro de su hermana, comprendió cuán importante el medio- demonio era para ella. Y quizás; solo quizás existían yokais que valía la pena dejar con vida... Sonrió ante este hecho y a paso lento les siguió por detrás, sin antes echar un último vistazo al poderoso campo de energía con la capacidad de purificar demonios...

Estarían a salvo. Lo sentía...

Inuyasha llevo a la joven a una habitación a un lado de donde se encontraba la madre de ella. La recostó sobre el futón y cuando se iba levantar, la joven tomo su mano impidiendo que la dejase.

Él sin saber qué hacer, lentamente se dejo caer a su lado dándole levemente la espalda sin soltarle la mano.

—Gracias, por estar conmigo… — Inuyasha le escucho decir. A lo que alzo la mirada y sin dudar, le dijo:

—No me atrevería a dejarte. Espero que no te moleste.

Ella con suavidad negó y colocándose de lado se quedo mirando el agarre hipnotizada… Y él, nervioso, se quedo estático.

—Realmente desearía recordarte... Y recordar porque te olvide, para que así, no vuelva a ocurrir...

Inuyasha sintió el pecho como si una serie de insectos le corretearan por dentro... y el hecho de sentir como si le hubiesen golpeado en la cabeza, provoco que le costara reaccionar. Y es que las palabras dichas le demostraban que representaba cierto grado de importancia para Kagome, y eso le hacía sonreír idiotizado.

Inuyasha volvió el rostro e intento recordar de que hablaban... hasta que por fin lo hizo…

—Ehmm… Por años, intente entender qué fue lo que lo provoco.

— ¿Y?

—Nada... Ese día fue tan normal como cualquier otro.

Ella asintió.

—Estábamos en el territorio Oeste ¿cierto?

El sorprendido asintió. Y una idea se formo en su mente… Quizás el contarle, le ayudaría a recordar...

El corazón de Inuyasha vibro y aferro con fuerza su mano.

—Así es... —sonrió nuevamente —. Llegamos a las montañas. Debíamos ocultarnos ya que esa noche había luna nueva y no iba a tener las armas para protegerte...

—En esos años no tenías a Colmillo de acero...

Con una sonrisa asintió nuevamente.

—Lo adquirí hacia solo un año... —la miro fijo y se acomodo mejor sin soltarle la mano.

Las ideas revolotearon en su mente y no supo qué hacer al respecto. Kagome le recordaba. O por lo menos recordaba parte de lo que vivieron, sin embargo, ¿Cuánto?

Inuyasha fijo la mirada a la entrada, respiro con fuerza y completamente tenso, pregunto:

— ¿Qué recuerdas, Kagome?

Ella guardo silencio buscando en su mente. Y es que demasiado no podía decir…

Suspiro y le aferro la mano con la misma intensidad.

—No sé si son recuerdos. Las imágenes están siempre mezcladas con eventos tristes... Pero antes de volver a verte, solo recordaba la idea de tus ojos... Y el medallón... — inconsciente mente tomo la joya y se le quedo mirando —. Luego solo paisajes. Hasta hoy, que soñé contigo más joven... —lo miro a los ojos con curiosidad y sus mejillas lentamente se colorearon — ¿Qué-que éramos...?

—Para mí... Luego de la muerte de mi madre, te volviste la persona más importante... Hasta el día de hoy es así... Y así se mantendrá. No deseo que cambie, porque no deseo perderte.

Kagome ida de si, sin pensar se dejo llevar por las emociones que despertó lo último.

Se irguió y antes de que él pudiese percibirlo, lo beso en la comisura de los labios levemente, atrayendo su completa atención. A lo que Inuyasha al sentir que el contacto había terminado, la miro a los ojos por unos segundos y ambos se acercaron uniéndose en un beso que no deseaba terminar.

Kagome se permitió el apoyarse contra él, para lo que le significo una autorización a abrazarla...

Tal vez puede que ella no llegue a recordarlo por completo... Pero eso no significaba que no volviese amarlo... eso provocaba que nuevas esperanzas se formaran.

Un leve carraspeo se dejo escuchar, llevándolos a separarse...

— ¿Kagome...? Papa despertó. Desea verte.

Sango sin decir más salió de la habitación...

Kagome quedo petrificada. Para variar se había olvidado de lo que le rodeaba. Y el tener que lidiar con el tema "papá", hizo que un nudo se le formara en la boca del estomago, creándole intensos deseos de huir.

No se sentía preparada. No lo estaba. Y es que temía reclamarle la mentira, incluyendo a Sango. No se sentía en esos momentos, segura de si... Y al parecer Inuyasha le leyó el pensamiento, ya que sin más le dijo:

— En algún momento deberás enfrentarlo. A él... a todos — realizo una pausa. Y con suavidad agrego —: ¿Le has dicho a Sango… qué sabes la verdad?

Negó avergonzada… Alzo la mirada y se le quedo mirando a los ojos. Tenía razón, es solo que el temor hacia todo peor. Temía perderlos. Y es que ya había sufrido demasiadas perdidas como para aguantar más. Después de todo, son lo que le queda de familia.

Ella le apretó con fuerza la mano y le dio una mirada suplicante mientras intentaba contener las lágrimas, y a Inuyasha se le partió el corazón...

— ¿Cumplirás tu promesa? — Él la miro sin entender, a lo que Kagome agrego —: pase lo que pase... ¿no me dejaras?

Inuyasha sonrió con dulzura, y tomándole la mejilla para que viera en sus ojos lo firme de sus palabras, contesto:

— Jamás. Lo prometo.

Ella asintió y aguanto las ganas llorar. Ya que le creía… Se levanto con ceremoniosa costumbre, y soltando todo el aire que contenía, se acerco con lentitud a la puerta corrediza quedándose estática antes de cruzarla. Respiro con fuerza y antes de acobardarse, sintió las manos de Inuyasha sobre sus hombros y se volvió a mirarlo avergonzada...

— No puedo evitar ser humana en estos momentos... — sonrió agachando la mirada.

Eso fue un golpe duro a su conciencia, a pesar de que sabía que ella no se lo decía por hacerlo sentir mal.

— No me molesta que lo seas. Y si en algún momento di esa impresión... Espero que me disculpes — sonrió de medio lado —. Me gustas tal cual. Siempre ha sido así…

Ella sonrojada por completo intento ocultar la mirada y a la vez la sonrisa que se quería arrancar haciendo enarcar las comisuras de sus labios.

— Se-será… será mejor que vaya...

— Yo lo creo también...

Sonrió de igual forma. Y su sonrisa se enancho cuando la vio tropezar y chocar con el marco de la puerta.

Atontada cerró la puerta, y sin poder quitarse la sonrisa, se quedo pegada mirando la puerta corrediza, imaginándose a Inuyasha en el mismo estado. A lo cual avergonzada se llevo las manos a las mejillas sintiéndolas hervir, y es que podía sentirlo... suspiro y avanzo a paso lento sin quitar la sonrisa de su rostro tocándose los labios. Y es que junto a Inuyasha sentía que podía afrontar cualquier cosa. Él le proporcionaba la fuerza y energía para superar cualquier obstáculo y dolor…

— Kagome... Estas con bien...

¿En qué momento había llegado a la habitación? Miro al hombre que era su padre, sorprendida.

Nerviosa sin salir de su estado de sorpresa ingreso un poco más a la habitación… Inuyasha le hacía olvidarse de todo… y de todos…

Recomponiéndose, alzo la mirada, y a paso lento se acerco y a una distancia prudente se arrodillo sin dejar de mirarlo. Debía controlar sus emociones. Debía hacerlo…

Lo observo con detenimiento: estaba pálido. La barba crecida y el cabello igual, el cual se encontraba levemente opaco y encanecido. Es como si le hubiesen caído encima diez años sin piedad, y sintió lastima y culpa cuando lo escucho agradecer al cielo porque se encontrara con bien.

Le vio soltar una mueca al moverse intentando alcanzarla, viéndole llevar las manos al vientre a lo cual con horror sin poder evitarlo se acerco a él con urgencia intentando examinarlo.

— Se encuentra herido — dijo sin saber qué hacer.

— Kaede lo atendió — dijo Sango acercándose —. Pero, por algún motivo la herida no quiere cerrar.

Y Kagome podía verlo. Una energía maligna se mantenía incrustada en la herida, envenenándola. Hizo intento de tocarlo, sin embargo él se retorció del dolor.

— Fueron atacados por demonios… — susurro.

— Así es — dijo Sango acompañándose de un asentimiento —. Fue hace solo una semana. Antes de llegar acá. Un grupo de demonios apareció de la nada. Como si hubiesen estado esperando… Perdimos a varios, y habríamos perdido a más... Papá termino herido.

— Ame No Uzume… — susurro el hombre retorciéndose del dolor —. Si ella no hubiese enviado a esas muchachas, habríamos muerto todos.

Kagome lo miro sin entender. ¿Ame No Uzume había dicho? ¿Qué tenía que ver su madre en esto?

Se volvió a Sango y ella la miraba con los ojos bien abiertos, como si se hubiese percatado del error que había cometido su padre.

— ¿Am-Am… Ame No Uzume? — pregunto al aire intentando analizar —. Pero, tú me dijiste que había sido la Srta. Midoriko quien envió a las sacerdotisas ¿Qué tiene que ver mi madre en esto?

La sorpresa en los ojos de Sango no los pudo obviar ante la última pregunta, y más aun la mirada que cruzo con su padre posiblemente por el hecho de que ellos no sabían que ella estaba enterada de sus orígenes, a lo cual Kagome con tristeza comprendió. Y sin poder contener las lágrimas, pregunto:

— ¿Ella…? ¿Ella es Ame No Uzume?

— Kagome… — su hermana acercarse a ella al tiempo en que Katsumoto Higurashi hacia intento de acercar su mano para tocar. Más Kagome horrorizada se alejo de él y con torpeza se levanto y corrió en dirección a la habitación de la Suprema Sacerdotisa, chocando a la salida con Inuyasha, quien intento sujetarla, mas se soltó y siguió corriendo.

Ingreso a la habitación contigua, dando con la imagen de la durmiente mujer aun ahí…

Tuvo la intención de acercarse, sin embargo, no pudo. Una barrera se alzo en ella, deteniéndola y sintiendo el agudo dolor en el pecho, como si su corazón se quebrarse, así que llevando las manos a la zona del corazón, con desesperación, sin detener las lágrimas se dejo caer sin quitar la vista a su madre.

Estaba sin maquillaje… por primera vez la veía tal cual… veía rasgos que se le parecían… su madre…

Y sin poder contenerlo; soltando un grito desgarrador libero su dolor golpeando el piso con los puños y dejando caer su rostro al suelo sin dejar de llorar.

Todos le mentían y ocultaban cosas. Todos la engañaban…

En esos momentos, deseaba desaparecer…

Continuara…


N/A: me tarde… más de lo que planeaba, sin embargo por temas personales y desmotivación, esta historia se quedo atascada.

Lo cual lo encuentro injusto para las que leen, ya que otras dos historia me motivaron y las tengo más avanzadas que incluso esta (entre esas esta El Sendero de Las Lagrimas…). A lo cual vuelvo a pedir que me disculpen.

¿Info sobre este capítulo…? no sabría que decirles, ya que hasta yo estoy confundía. Me coloco en el lugar de Kag y me dan ganas de mandar a todos a la punta del cerro más alto y dejarlos allá y desaparecer junto a Inu (recordándolo o no).

Y ahora la gran pregunta: ¿Lo recordara? Quién sabe. Puede que no, sin embargo, al parecer no sería ni necesario; ya hasta Inuyasha lo comprendió… ella lo quiere ¿y quién no?

Buenos mi estimadas. Les deseo lo mejor y espero de verdad tener pronto la continuación.

Se les agradece un millón los reviews.

Saludos!

NOS LEEMOS…