Capitulo IX

Inuyasha hizo intento de tocarla, pero una descarga eléctrica le atravesó impidiendo que el contacto se extendiera más allá de un segundo.

Observo su mano y vio como la yema de sus dedos que realizaron el contacto mostraban irritación. Como si se hubiese quemado… la onda de energía que rodeaba el cuerpo de Kagome en esos momentos, tenía la capacidad de purificar. Eso no era bueno.

Sin embargo al ver a Sango hacer intento de tocarla, no solo él estaba siendo afectado, si no todo ser viviente.

No, definitivamente no era algo bueno…

Le vio a Kagome llevar su mano al hombro derecho y gritar de dolor al tiempo que una luz se desprendía de ella…

—¿Qué sucede? —pregunto Sango espantada.

—La Marca… —Murmuro Kaede. Pasado unos segundos, la luz se detuvo y Kagome cayó desplomada en el piso aun consiente aguantando el dolor. E Inuyasha se acerco a ella y descubrió su hombro derecho, viendo como la cicatriz de garras se intensificaba y se notaban cada vez más profundas.

Kagome lanzo un nuevo grito de dolor e Inuyasha desesperado alzo la mirada a la anciana mujer que solo se dedicaba solo a mirar.

— ¡Debe hacer algo! —Exigió.

Kaede lo miro a los ojos sin expresar emoción alguna, y en ese momento deseo matarla.

Kagome volvió a gritar, soltando en conjunto un alarido de dolor ahogado, a lo que Inuyasha ya con lágrimas en los ojos de la desesperación solo pudo tomarla entre sus brazos y mantenerla así esperando que ella sintiese de algún modo que se encontraba con ella. Alzo una súplica a los cielos desando ser escuchado…

Miro a Ame No Uzume y sin poder contenerse, dijo:

— Si eres su madre, ayúdala… — susurro con dolor.

Y como si hubiese sido escuchado, los gritos de dolor se detuvieron al instante. Y ante la preocupación de Inuyasha observo como la joven relajaba el rostro y los colores de su piel se desvanecían dejándola en un estado casi sepulcral, y los latidos de su corazón comenzó a escucharlos más débil

—¿Kagome…? Kagome. No puedes dejarme ¡Kagome! ¡KAGOME!

"—¡KAGOME!"

¿Inuyasha? Intento distinguirlo entre la oscuridad, sin embargo por más que lo intentaba, el negro cada vez era más espeso. Corrió llamándole una y otra vez sin dirección definida, hasta que un halo de luz cruzo su espalda. Y temerosa lentamente comenzó a volverse, viendo como la luz se extendía, apreciando en su interior una silueta.

— Kagome — se escucho llamar con dulzor. Y con lentitud se comenzó acercar.

A medida que se acercaba la silueta comenzaba a tomar forma, junto con lo que la rodeaba acelero el paso, hasta que una luz envolvió todo encegueciéndola.

De un momento al otro la luz ya no estaba, si no que se encontraba en un lugar de sus sueños. El campo de flores purpuras… el estero, los cerezos, las azaleas… altos cedros y las bellas montañas a su espalda… era como su sueño, pero… ¿Estaba soñando?

Se arrodillo a orillas del estero y con cuidado toco el agua. Se sentía demasiado real para ser un sueño. Un suave viento soplo y meció sus cabellos… eso era demasiado real también. El pasto, el perfume de las flores… todo era real.

Los sueños daban la sensación de realidad, pero no se sentían de ese modo tan perfecto… ¿O sí?

—Kagome — se escucho llamar con suavidad.

Se levanto y con cuidado y lentitud se volvió buscando la voz.

Lo extraño es que reconocía de quien era, mas no sentía temor o rabia… solo paz. Eso era extraño también ¿O no?

Ame No Uzume se encontraba a metros de ella sonriendo. No estaba vestida como sacerdotisa, si no que traía un traje de color rosa con hermosos adornos en plateado y violeta. Su largo cabello oscuro como el suyo caía por su espalda haciéndola ver toda una deidad en belleza.

Se acerco a paso calmo observando todo a su alrededor con absoluta curiosidad.

—¿E muerto?

Ame No Uzume negó manteniendo el dulzor.

—No. Este es un lugar especial que cree para ti. Para que cuando llegase el momento mi subconsciente pudiese conectarse contigo. Si bien, antes de marcharte hubo varias oportunidades, el sacrificio para lograr el enlace es bajar los niveles de energía hasta el límite antes de que puedas morir.

—Entonces, no estoy muerta, pero ¿Estoy a punto?

Ame No Uzume asintió.

—Estás confundida, lo sé. Como también el que sientas odio hacia mí.

—¡No! ¿Creo?

Ame No Uzume volvió a sonreír.

—Muchas veces quise decírtelo. Te miraba y escuchaba tus pensamientos pidiendo verme, pero si lo hacía, te arriesgaba a ti y el futuro mismo.

—Habría entendido…

—Lo sé… — la interrumpió —. Más llegado el momento habrías querido quedarte, y no te hubieses ido en búsqueda de tu familia. Los Higurashi son tu familia y te quieren como tal —se acerco e hizo intento de tocarla, mas solo se limito a simular que le acariciaba el cabello —. Sé que al aceptar el sacrificio que me impuso Izanagi e Izanami, llevaba a sacrificarte a ti también, pero, era el único modo para que en un futuro tú tuvieses el futuro que todos esperan.

Kagome podía intentar entender lo que le explicaba y es que su corazón se lo pedía. Pero su madre seguía sin explicar los motivos, aun así no se sintió con fuerza para interrumpirla. Sentía que tenía tantas preguntas, más no sabía por cual partir… a lo cual su madre se adelanto. Partió desde el momento en que hacía años soñó con el rostro de la que sería su hija y el futuro que le esperaba… si bien vio ante qué debía prepararse, no supo cómo o cuando, ni mucho menos con quien se vería involucrada para ello… por lo que el sentimiento hacia Katsumoto fue real.

Amo… y no dudaba de que lo seguía haciendo… como tampoco dudaba que su padre sentía lo mismo.

Le pidió que fuese honesta con ella. Le pidió que le explicara la razón de alejarla de ella por tanto tiempo.

Su madre sonrió con tristeza en los ojos, y con voz dulce le dijo:

—No tuve otra opción — suspiro —. Los Akino fueron uno de mis más leales seguidores, y para el momento en que di a luz… sin demora mi inmortalidad me dejo junto con gran parte de mis poderes. Habrían sido lo suficiente como para mantenerte a salvo, sin embargo, Las Bestias enloquecieron de ira ante lo ocurrido y batallaban una contra otras… no les agrado que fuese condenada por haberme entregado por amor… unas querían aniquilar al que había provocado todo sin importar el daño, mientras que otras se oponían al enfrentamiento. Solo Byakko se quedo al margen de todo. Principalmente preocupado por ambas. Pero llego todo a un punto en que ni él pudo controlarlas como había ocurrido muchas otras veces, a lo que debí intervenir, gastando gran parte de mi energía…

Si bien logre sellarlas, ya no tenía la fuerza para protegerte en esos momentos. Byakko decidió entregarte parte de su don celestial para cuando realmente fuese necesario que estuvieses protegida. Byakko te llevo con los guardianes del Norte, y te amaron de inmediato.

— Pero toda esa gente…

— Lo sé… No permitas que aquello te atormente. El sacrificio de todos ellos no fue en vano. Todos sabían que llegaría el momento en que él enviaría por ti.

—¿Él?

—Susanowo.

—¿Por qué?

—Hay razones más poderosas por el cual no podemos involucrarnos con terrestres… sin importar en la raza, cada uno de ellos posee algo que los identifica, y el de tu padre es su amor por los suyos; él en sí es un escudo.

—Si entiendo bien… al los dioses involucrarse con algún terrestre, los posibles hijos ¿adquieren dones únicos? — Ame No Uzume asintió.

—En sí, eres la protectora de todos. Y al ser hija de un mortal, única en tu clase, los dones que identifican a cada Bestia Sagrada esta en ti — se acomodo bajo un enorme cerezo y miro el pico de la montaña —. Todo fluye en base a tus emociones. Si no puedes controlarlas…. No solo podrías afectar todo de manera positiva. También puedes llegar a ser destructiva…

¿Ser destructiva? ¿A eso se refirió el Onni que los ataco hace casi un mes? "Grande fue el error de que te concibieran, muchacha. Pero mi señor no lo ve así, y menos… vuestra propia madre…" recordaba haberle escuchado decir que ella era la promesa de vida… más aun, las palabras de su madre se pegaron a ella "destructiva". Todo quedaba ensus manos, a la espera de que pudiese controlar lo que por años no ha podido. En ese momento se sintió más sola que nunca, y los deseos de desaparecer se intensificaron al máximo, al punto de creer por un instante que así era…

Inuyasha mientras tanto la mantuvo entre sus brazos y alzo su energía lo suficientemente alto como para hacer pesado el ambiente, y al sentir que Kagome no la absorbía, la apretó más contra sí.

Sango y su padre –quien arrastras llego a la habitación- se quedaron a la entrada al no poder ingresar por la energía liberada, limitándose solo a observar.

—Kagome, por favor. Toma mi energía…

—No puede en estos momentos —lo interrumpió Kaede a un lado de su Señora con un collar de cuentas intentando con gran esfuerzo resistir la energía del joven hibrido —. Ya inicio lo que se esperaba. No puede detenerlo, solo se le está permitido avanzar.

—¿Ame No Uzume está dispuesta a dejar que su hija muera? —Pregunto enfadado apretando los colmillos.

—Cada Bestia impone un sacrificio. Si Kagome desea controlarlos, deberá realizarlo. Este, es el sacrificio que exige Byakko para poder protegerla. Sus poderes ya no se mantendrán sellados, ni mucho menos controlados.

Lo que viste en su momento desplegado por ella es sola una cuarta parte de lo que es… puede que sea mitad humana… sin embargo, Ame No Uzume se sacrifico y la tuvo antes de ser convertida. Kagome es en sí más diosa que mortal...

Eso respondía su pregunta…

Acaricio el rostro de la joven, y con temor pregunto:

—¿A un así… puede morir?

—Cualquier cosa puede ocurrir. Debes dejarla. Ame No Uzume jamás ha dejado a su hija desamparada.

Inuyasha bufo recordando la infinidad de veces en que Kagome estuvo en peligro de muerte.

—Cómo fue que siendo tu tan solo un muchacho de… ¿quince? —Inuyasha frunció el ceño al no saber a dónde iba con la pregunta, a lo que Kaede prosiguió sin permitirle interrumpirla —. Tengo entendido que a esa edad tus propios poderes como mitad InuYokai aun no se desarrollaban lo suficiente —siguió en silencio —. Cuando el General Akino y su esposa fallecieron, una nube gigantesca de demonios estaban siguiendo a Kagome… y tu ahí la conociste. Intentaste protegerla. Más aun así… Miles de demonios para un hibrido sin sus poderes aun desarrollados…. ¿Cómo fue que se salvaron?

Lo medito… Inuyasha en verdad lo medito.

La mujer de parche tenía razón. No podía negarlo. Y es que si lo pensaba… recordaba haberla tomado en brazos y haberla llevado lejos… pero aun así… recuerda que se detuvieron y estuvo dispuesto a pelear… y luego de eso, ya no recordaba nada.

—Ame No Uzume pacto que su hija no sería tocada hasta llegado el momento —continuo la mujer.

—¿Con Byakko? —pregunto Inuyasha.

Kaede negó.

—Mientras estaba en la aldea, jamás la vimos así —Dijo Sango ayudando a su padre a estar más cómodo, mientras él estoico aguantaba el dolor —. La marca en su hombro. Es la primera vez que se la vemos, y aun así, Kagome tuvo la fuerza suficiente para protegerse… Era ella misma ¿Cierto?

—Junto a los exterminadores no era necesario que Kagome fuese protegida… pero contigo —miro a Inuyasha a los ojos y se quedo así por un largo tiempo incomodándolo —. Kagome a pesar de no estarlo, se sentía más segura contigo, que con nadie más. En esa época Kagome aun no alcanzaba su madures física, por lo que La Marca de Byakko no estaba permitida utilizarse aun…

—¿Entonces…? ¿Quién nos protegía…? Mejor dicho, ¿La protegía?

—Tu padre. Y tienes razón. Los protegía —la anciana mujer se volvió a su señora y tragando fuerte; con el rosario en una mano y la otra sobre a la Suprema continuo—. Ame No Uzume debido a su estado, los dioses Izanami e Izanagi decidieron que condenarla más seria demasiado, y proteger a su hija, era excederse. Por lo que años atrás, según la propia visión que tuvo, los dioses concedieron un regalo al general Inutaisho años antes de morir. Un regalo que se activa solo cuando ustedes dos se encuentran cerca, y ya ambos en edad madura, se desactiva. El medallón de luna menguante…

—Ese fue un obsequio de la esposa de mi padre para él.

—Así es. Pero los dioses solo necesitaban algo en que colocar el escudo.

Todo era demasiado confuso. Demasiado confuso como para entender algo.

Se sentía como una pieza de torre de Mahjong. Como si todo lo que haya vivido haya sido impuesto y establecido. Nada de que se supone que debía hacer por opción y mucho menos decisión propia el que fuese así. Hasta las palabras de Sesshoumaru le encontraba sentido. Su propio aleccionamiento había sido para prepararlo para lo que se avecinaba… y su adorada Kagome. ¿A caso lo que sentían había sido algo forzado hacia ambos?

Quería creer que no. Debía hacerlo. Si no, se volvería loco.

—Kagome… vuelve a mi… te lo pido…

Kagome volvió la vista a todos lados sin comprender por qué lo hacía. Y es que algo dentro de ella le llamaba. Y un aroma familiar atrajo toda su atención. Hojas húmedas… acículas de pino… aroma a bosque… aroma a algo o alguien, y es que no lograba saber a quién… el paraje la envolvía en un estado sedante dejándola casi atontada, como si los problemas nunca hubiesen existido. Como si todo hubiese sido una amarga pesadilla. Y así quería creerlo. Necesitaba que fuese así.

Su madre le sonrió con dulzor y autentico amor maternal, respondiéndole con una de sus más radiantes sonrisas. Si bien, todo se sentía perfecto, algo dentro de ella comenzaba a batallar, diciéndole que no se encandile. Que todo aquello era el sueño, pero no podía tomarlo como tal. Y es que ¿Cómo podía ser verdadero el lidiar con tanto dolor?

Se acerco a su madre con urgencia y deseosa de demostrarse que no estaba equivocada, e intentando tocarla vio como su mano la atravesaba...

Trago pesado, y aun con la mano en alto se le quedo mirando tratando analizar lo ocurrido.

— Es un sueño, ¿Cierto?

— En cierto modo… lo es. Ya lo dije en su momento. Es solo un lugar creado para conectarme a ti… pero ya hemos estado demasiado tiempo aquí, por lo que tu subconsciente esta amoldando todo esto eliminando todo lo que es real. No debes permitirlo, Kagome.

— ¿Por qué no? ¿Está mal sentirse feliz aunque sea así?

— Necesitas recordar. Necesitas mantenerlo cerca de ti. Necesitas demostrarle que no te puede quitar nada sin tu consentimiento. Debes hacerlo. Debes recordarlo. Debes hacer lo que yo no pude… prométeme que lo harás. Debes hacerlo.

— No entiendo. ¿Recordar a quien?

— Aquel que olvidas sin desearlo. Debes buscar a cada uno de los guardianes y cumplir con tu destino, hija mía.

Kagome… —escucho dentro de sí ser llamada y entro en desesperación. —. ¡Kagome! ¡Regresa a mí!

— Inuyasha —. Se volvió y observo a todos lado intentando dar con él —. Debo volver — confundida con todo sujeto su cabeza e intento traer los recuerdos que lo aferraban a él, sintiéndose desesperada al costarle tanto… lo estaba olvidando. Lo estaba olvidando nuevamente y eso la asusto —. Él me espera. Debo volver… con él.

— Lo debes hacer. Mantente serena y confía en tu corazón e instintos. No permitas que te quiten lo más preciado que tienes, Kagome.

— ¿Mis recuerdos? — su madre asintió.

— Se fuerte y cree en ti.

— ¿Volveré a estar contigo?

— Siempre. Nunca me perderás. Eres parte de mí como yo lo soy de ti.

Algo la envolvió y sintió un escalofrió recorrerle el cuerpo. Se volvió a su madre y vio como todo a su alrededor se comenzaba a desvanecer junto con Ame No Uzume, sintiendo en ese instante como el pánico la envolvió.

— No tengas miedo. Y recuerda. Eres mi hija y ellos te exigirán saberlo.

— ¿Quiénes? ¿Quiénes me pedirán saberlo?

Ame No Uzume sonrió nuevamente y con lentitud se acerco a besarle la frente.

— Mis más queridos y especiales amigos — se alejo un poco de ella viendo como solo era un vaho y voz —. Ten fe en ti y en los que te quiere. No lo olvides nunca, Kagome. Te amo hija…

La vio desaparecer por completo y todo quedo en completa oscuridad, sin saber que hacer o a donde ir. Se sintió perdida y angustiada. ¿Cómo desactivar algo de lo que no tenía ni idea de cómo había activado…? Y en ese momento escucho una voz. Primero fue un murmullo, el cual fue aumentando hasta que se hizo entendible.

—Debes desearlo —escucho decir era una voz masculina. Profunda como el rugido de un felino. La sentía familiar y la envolvía de un modo cariñoso, casi arrullándola.

—Debes desearlo — lo escucho nuevamente.

—¿Desear que?

—Debes hacerlo…

¿Debía desear irse? ¿Debía hacerlo? ¿Podía quedarse si lo deseaba? Podría quedarse ahí. Podía hacerlo. Sabía y sentía que podría. Y es que el silencio y la oscuridad eterna se le hacía más tentadora que volver a la inseguridad de la realidad… quizás, el morir no era una mala idea…

"Kagome" se volvió en búsqueda de Inuyasha ¿Dónde estaba? Lo escuchaba llamarla entre sollozos, y su corazón se acelero sintiendo la angustia y desesperación en la voz de él desesperándola a ella.

Corrió por todos lados y lo llamo incesantemente sin recibir respuesta… hasta que lo vio. Fue más que nada una imagen mental donde le veía a él sujetarla con fuerza entre sollozos. Meciéndola y llamándola una y otra vez, y sintió que su pecho se estrujaba de dolor. Lo extrañaba. Quería estar con él. Necesitaba estar con él… lo amaba, y por ello estaba dispuesta a soportar todo.

—Debes desearlo… — repitió nuevamente la voz y Kagome comprendió.

Cerró los ojos y se quedo sintiendo el silencio y la tranquilidad… y por sobre todo, la soledad.

Se volvió a la visión y lentamente abrió los ojos y el peor de sus temores se dejo ver. La imagen de Inuyasha lentamente se comenzó a desvanecer hasta solo quedar en oscuridad.

—No me dejes ¡Inuyasha! ¡NO ME DEJES!

—Debes desearlo.

—Deseo irme — contesto secante.

—Debes desearlo…

La voz se estaba volviendo molesta. Deseaba irse ¿Por qué no la dejaba?

—Debes desearlo.

—Te lo acabo de decir ¡Deseo irme de aquí! — grito ya molesta.

—Debes desearlo.

—¡Pero si eso es lo que deseo! ¡DEJAME IR!

—Debes desearlo.

Se dejo caer al suelo y lloro desesperada. Quería ir con él ¿Por qué la privaban de ello? No entendía nada. Y las lágrimas no dejaban de caer.

—Debes dejarme ir… deben hacerlo, para poder estar con él… solo deseo estar con él.

—Debes desearlo, Kagome.

Y algo en ese momento hizo "clic" en su mente y en respuesta ante aquella ya molesta pregunta, dijo:

—Deseo ir junto a Inuyasha. Deseo estar junto a él. Permíteme estar con él. Es lo único que deseo.

Y algo extraño ocurrió. El silencio regreso por un par de segundos, hasta que de un momento a otro, el suelo que la sostenía desapareció y se sintió ser jalada siendo llevada hacia abajo con rapidez hasta que una luz intensa la envolvió encegueciéndola y el aire le falto, sin poder respirar, y por un instante creyó haber muerto.

Inuyasha la mantuvo entre sus brazos y no dejo que nadie más se acercara. Se sintió tan impotente y molesto consigo mismo... creyó que si se hacía lo suficientemente fuerte no tendría que volver a sufrir la perdida de ningún ser querido nuevamente. Y por el temor... se robó a Colmillo de Acero antes de huir de su hermano para buscar a la joven y así sentirse al cien por ciento seguro de que podría protegerla, pero jamás se en su mente se le paso que tendría que luchar contra fuerzas que superaban las de su mundo. La estaba perdiendo y deseo morir junto a ella...

Lloro desconsolado y todos se sintieron igual al verlo. La llamo una y mil veces sin ver cambio en ella.

—Kagome... —sollozo mirándole el rostro —. No me dejes... por favor no lo hagas. Te necesito... por favor, no me dejes... no quiero estar solo de nuevo… no te puedo perder a ti. Por favor, Kagome… mi amada, Kagome… no me dejes…

Sango al ver la escena, gruesas lágrimas comenzaron a caer por su mejilla, y el caudal aumento ante un llanto silencioso y su padre casi desmayado no quitaba los ojos de encima de la mujer que toda su vida amo… y sus lagrimas cayeron con mayor intensidad… nadie lograba ser feliz… ¿Le deparaba el mismo destino?

Había transcurrido tiempo suficiente como para que la mayoría creyese que todo había acabado. Que Kagome había muerto y que el destino por el cual todos creían posible, jamás se cumpliría, y así mismo lo dejo ver Sango cuando intento acercarse, pero Inuyasha no se lo permitió.

—No la toquen.

—Tengo derecho a despedirme de ella…

—¿Despedirte? —su voz sonó gélida. Incluso la cantidad de energía que libero provoco que la joven exterminadora cayese al suelo sintiéndose ahogada y Katsumoto gritase de dolor —. No está muerta. No te atrevas a decir que te despides. Ella no morirá… así deba buscar al maldito de Izanagi para que me la traiga de regreso.

—¡Inuyasha! —se volvió a Kaede y la vio mirarlo con reprobación, provocando que su ira aumentara.

—Son unos malditos. Desde siempre. Todo lo vieron y han tenido el poder para evitarlo, pero prefieren quedarse al margen… y ahora Kagome… son unos malditos… los odio por quitármela… sin importar lo que digan o crean, yo a ella la amo. ¡La Amo! Y nada evitara que lo siga haciendo…

—¿Inuyasha…? —la voz fue imperceptible para oído humano, pero para él… se volvió a mirarla con urgencia y le vio separar los labios escuchándole llamarle nuevamente.

—¿Kagome? —ella lentamente abrió los ojos e intento enfocar la mirada con dificultad, y el sin creerlo se le quedo mirando con la boca abierta y los ojos inundados en lagrimas.

—Lamento haberme tardado… —susurro con voz ronca.

—Tonta —sonrió y ella hizo lo mismo sujetándole sin muchas fuerzas la mano q se encontraba en su mejilla —. Creí perderte… crei-crei que me dejabas.

—También lo creí… lo siento… no pensé… lo siento…

—Tonta —la apretó contra sí y ella se abrazo a él con fuerza —. Puedes tardarte lo que quieras… mientras siempre regreses… te esperare siempre.

Se mantuvieron abrazados hasta que Kagome recordó que su madre estaba con ellos, a lo que con dificultad se acomodo con la ayuda de Inuyasha y se acerco a ella.

La miro con detenimiento y una dulce sonrisa se dejo ver en sus labios. Y sin temor, tomo la mano de ella y la acerco a su mejilla.

—Lo cumpliré… —susurro —. Lo prometo… mamá.

Le beso la palma y la dejo apoyada en su regazo.

A medida que pasaban los segundos la energía liberada por el joven hibrido comenzó a disiparse y Kagome mostraba una considerable mejora en su aspecto y vitalidad, pero que se disipara no quitaba el hecho de que el resto se mostrara realmente afectado, en especial, su padre. El cual casi desmallado daba quejidos de dolor.

Se acerco a él y le pidió ayuda a Inuyasha para acercarlo a su madre.

Con rapidez Kaede acerco un futón y lo colocaron sobre él, viendo como la temperatura de él era superior de lo normal… y sus ojos… sus ojos estaban de un tono grisáceo del cual no podían decir que sean naturales. Ya que su padre, al igual que el resto de los Higurashi sus ojos eran de un tono café oscuro, que daban la sensación de ser casi negros.

No estaba bien, y cuando acerco la mano hacia la mano herida, una onda eléctrica le atravesó la mano provocando que la retire de inmediato por el dolor.

¿Qué debía hacer? No podía dejarlo con lo que sea lo que mantenía aun incrustado. Eso estaba liberando una intensa cantidad de energía maligna manteniéndolo en ese estado hasta llevarlo pronto a la muerte. Debía retirar el objeto, pero ¿Cómo? Se volvió a Inuyasha y este sin entender, ladeo el rostro, a lo que dijo.

—Necesito que me ayudes — Él asintió y se acerco quedando a su lado —. Puedo ver donde esta, pero no puedo acercarme. Deberé usarte nuevamente como intermediario.

Le vio fruncir el ceño confundido a lo cuan ella solo se limito a sonreír.

—Mis poderes de Sacerdotisa chocan con los de la energía del demonio. Podría purificarlo, sin embargo, está en todas partes en este momento y podría morir en un instante. Debo sacar el fragmento incrustado.

—Entiendo… —dijo él —. ¿Deseas que yo…?

—¿Puedes…? —Inuyasha asintió y se volvió hacia el moribundo hombre.

—¿Qué debo hacer?

—Con tus garras, con cuidado debes introducirlas en la herida y dirigirte derecho. Yo te indicare —Inuyasha asintió y miro a las tres mujeres que estaban atentas a cada uno de sus movimientos. Una de ellas con determinación en su rostro, otra, curiosa y la ultima con el ceño fruncido ante la inseguridad de si eso que harían seria lo correcto… lo más probable es que no por el acto mismo, si no porque sería él el responsable de llevarlo a cabo. Sacudió la cabeza intentando alejar todos aquellos pensamientos, así que se volvió hacia Kagome, quien con una mirada segura lo incitaba a proseguir.

Con un simple movimiento con sus dedos hizo que sus garras aumentara un poco mas de tamaño, y colocando la mano en posición –dedos caídos en dirección a la herida-, aguantando la respiración se comenzó abrir paso entre la carne, sintiendo leves punzadas de dolor ante la energía que no había permitido a Kagome acercarse.

—Sigue lentamente un poco más adentro — y él obedeció —. Ahora detente. Dobla levemente los dedos hacia mí y avanza un poco más y lo vas a sentir.

Y así fue. Retiro lentamente la mano y con la punta de sus garras trajo consigo lo que pudieron apreciar el extremo de un cuerno. La pieza era diminuta, pero suficientemente venenosa para tener al hombre aquel con un pie al otro lado…

Le entrego la pieza a Kaede, quien se haría cargo de purificarla, y con la mano llena de sangre de aspecto infectado se volvió preocupado hacia Kagome. Eso no era una buena señal. En lo absoluto lo era.

La joven acerco nuevamente la mano hacia la mano con sangre de Inuyasha y una vez más sintió el rechazo. Por lo que no le quedaría más alternativa.

—Deberemos hacerlo una vez más — la miro confundido, pero la imagen de lo ocurrido al momento de que creó el campo de energía se agolpo en su mente y él solo supo asentir. Confiaba en ella…

—¿Qué necesitas que haga?

—Solo tomarme la mano una vez más.

Lo hizo e inconscientemente apoyo la mano ensangrentada sobre la herida, y de un momento a otro, sintió como la corriente eléctrica se volvió a presentar atravesándole todo el cuerpo, y vio con sorpresa como la herida comenzaba a brillar y la sangre oscura en su mano comenzaba a cambiar de color. Si bien el efecto era inmediato, en el instante mismo en que la energía liberada por Kagome entraba en Katsumoto, este comenzó a gritar de manera horrenda ante el dolor, dejándose escuchar en todas partes, mas aun así la joven no se detuvo, y mucho menos él retiro la mano.

—¡Detente! —Exclamo Sango sin dejar de mirar a Inuyasha, pero este no la escucho — ¡Detente, maldito seas! Déjalo ¡Lo lastimas!

La joven exterminadora con el pulgar derecho soltó el sable de su vaina y con rapidez con la mano izquierda saco el arma y coloco el filo contra el cuello del joven hibrido, a lo que él lentamente levanto la mirada hacia ella, incomodándola pero no demostrándolo.

—Mátame. Pero aun así no me moveré… si mal no recuerdas, no soy yo quien posee poderes purificadores.

La joven, temerosa de ser engañada, con rapidez y cuidado guio sus ojos hacia su hermana, viéndola con los ojos cerrados ida de si… bajo la vista hacia la mano derecha de ella viéndola sujetar con fuerza la de él… no era él quien estaba provocando todo eso… no entendía. Kagome estaba provocándole tal sufrimiento a vuestro padre ¿Por qué?

La joven sacerdotisa lentamente abrió los ojos y con el mismo cuidado de que si se tratase de un bebé, soltó a Inuyasha. Con calma acerco su pulgar derecho sobre el pecho de su padre y meñique también lo dejo apoyarse. La mano izquierda con suavidad la coloco sobre la frente de él y fue cosa de segundos para que dejara de quejarse y retorcerse.

Una energía dulce los envolvió centralizándose en la herida, y para cuando esta se disipo, Katsumoto lentamente comenzó abrir los ojos junto con la herida que comenzó a cerrarse.

Y para cuando ya todo vestigio del ataque de los demonios despareció del cuerpo de Katsumoto, Kagome lentamente se dejo caer sobre el costado de Inuyasha, quien la tomo de los hombros y la acerco contra si, mas cuando iba a liberar energía para que ella la absorbiera, ella movió lentamente su cabeza más hacia él y le dijo:

—No lo hagas. Si lo haces… tú serás el que se desmaye… —sonrió de medio lado y él no dijo nada, ya que sería aceptar el hecho de que no se sentía bien.

—¿Kagome…? — se volvieron hacia Katsumoto, viéndolo intentar acomodarse, a lo cual Sango apunto de lagrimas se lo impidió.

—No lo hagas. Debes descansar.

—Me siento como nuevo, hija.

—Aun así… —dijo con tono cansado Kagome —, no debes esforzarte.

Por un momento él se sintió como si nada hubiese ocurrido, a lo cual lo sonrió como antes. Como si nada hubiese ocurrido, y al verla sonreír de manera quedada cayó en lo ocurrido de día. En el lugar, en lo ocurrido en la aldea, en Ame No Uzume que permanecía aun dormida a su lado, y por sobre todo, en el hecho de que Kagome sabía todo…

—Kag…

—Sera mejor que descanses, Kagome —fue interrumpido por Kaede, quien en silencio en un extremo de la habitación, cumpliendo su misión de purificar el resto de demonio, estaba al tanto de todo… y por sobre todo, del cansancio de la joven.

La mujer mayor solo con un gesto y movimiento de cabeza le señalo a Inuyasha que se la llevara a su habitación para hacerla descansar, y así lo hizo.

Inuyasha la iba a tomar en brazos, sin embargo ella lo detuvo y solo le permito ayudarla a levantarse para acercarse a su madre.

Se hinco junto a ella y con dulzor le beso la frente.

—Buenas noches… mamá.

Se sonrojo ante ello, y más al ver el rostro desconcertado de todos. Se levanto con cuidado e Inuyasha le ayudo, llevándola consigo afuera de la habitación. Estaban por entrar al cuarto de ella cuando Kagome le dijo:

—Por un momento vuelvo a olvidarte… —Él consternado se quedo petrificado ante la idea de volver a ser nada para ella. A lo que Kagome al sentirlo, prosiguió —. Creo que me dio tanto miedo que eso ocurriera… no deseo olvidarte. Quizás no pueda recordar lo que vivimos antes, pero, no deseo olvidar lo que me haces sentir desde que viajas conmigo… lo que me haces sentir cuando me cuidas; cuando me regañas; cuando me abrazas, y más aun… cuando me besas.

Ella con lentitud se coloco frente a él y busco su mirada. Y cuando estas se encontraron, ella sonrió levemente. Sonrisa que se intensifico cuando alzándose de puntas y jalándolo de la chaquetilla determinada se acerco a sus labios y lo beso.

Él estrecho la unión sujetándola de los brazos trayéndola a sí, y el beso se intensifico. Y tal cual como ocurrió en el campo de flores que le obsequio Kagome, un halo de luz los envolvió y la energía de ambos se recupero, y al darse cuenta ambos de ello, se separaron levemente mirándose sorprendidos.

Puede que los sucesos de la vida quisiesen separarlos, pero, ¿Qué mejor prueba de que se pertenecían que lo que acababan de vivir?

Kagome se abrazo con fuerza a él e Inuyasha le correspondió con gusto. Y en vez de ingresar a la habitación, a paso calmo caminaron por los alrededores, y ante cada paso de la joven, un nuevo brote de vida se dejaba apreciar en las plantas, río y montañas…

Era feliz… junto a él lo era.

Lo amaba… y demasiado.

Continuara…


N/A: Espero sinceramente y me disculpen por la requeté tardanza. Jamás espere y quise demorarme tanto… pero como dice el dicho "Uno propone y Dios dispone…". Y así mismo fue.

Me propuse terminarlo apenas publique hace meses el capitulo anterior, pero pareciera que las ideas me las hubiesen secuestrado y ya ni idea en que debía continuar.

Pero he vuelto. Con la esperanza de que pronto tenga el nuevo chapter.

Cariños para todas y gracias por los Reviews. Siempre se agradece.

Nos leemos!