¡Perdón por la tardanza! Pero aquí está ya el capítulo jajaja creo que vais a odiarme, pero bueno, tened fe ;P!
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!
Regina estaba sentada a horcajadas sobre Emma en la cama del apartamento de la rubia, ambas en ropa interior incluso aunque no estaban haciendo nada mas que eso, estar allí. La Salvadora tenía las manos apoyadas en los muslos de la otra mujer, dibujando figuras distraidamente.
- Bueno, al principio pensé que a lo mejor le molestaba el que fueses una mujer, ya sabes, no deja de ser un padre y viene de un sitio sin televisión y esas cosas…
Decía la rubia, no sabían muy bien como, estaban hablando de David, a quien aunque quería intentarlo, aun se le atragantaba la relación de su hija con la antigua Reina Malvada.
- No, yo sabía que ese no podía ser el problema de David, allí no teníamos esa clase de prejuicios, ten en cuenta que venimos de un mundo donde la gente cree en el verdadero amor, cualquier clase de amor, dos mujeres incluso pueden tener hijos.
Emma rió un poquito.
- Y aquí también.
- Pero yo me refiero a de manera natural. – Explicó Regina con una divertida mueca. – Bueno, a lo mejor "natural" no es la expresión correcta, pueden tener hijos entre ellas mágicamente, no es lo más habitual, pero a veces pasa. La dichosa magia del amor verdadero, supongo.
Contó la morena con las manos apoyadas en el estomago de la rubia, que observaba a Regina con expresión pensativa.
- Creo que entonces deberíamos intentar darle hermanitos a Henry, empezando ahora, lo intentaremos las veces que haga falta.
Rió sentándose y besando las clavículas de Regina, que soltó una risita también.
- Debería dejarte embarazada, seguro que estas preciosa embarazada.
Añadió la rubia tumbando a la otra mujer para poder besarla el estomago, pero la morena volvió a su anterior posición sin mirar directamente a Emma.
- Si, eso. Quizá debería habértelo dicho antes, aunque tampoco imaginaba que fuésemos a tener esta conversación… - Dijo con una risita nerviosa, Emma abrazó su cintura mirándola con curiosidad. – Yo…no puedo tener hijos, es una larga… Bueno, tomé una poción, hace mucho tiempo.
No sabía como interpretar la cara de Emma, no sabía si su expresión era de lastima, horror, asco, pena…pero ninguna de esas posibilidades le gustaba.
- ¿Por qué?
Era preocupación, por Regina.
- Mi madre quería…o al menos eso creo…quería asegurar mi lugar en el trono con un heredero. Y no quise darle ese placer.
- Pero…
Balbuceó Emma tocando inconscientemente la tripa de la morena, sin dejar de mirarla con preocupación.
- Si, se que fue una estupidez, pero…en aquel momento no creí que alguna vez alguien pudiese quererme, que pudiese tener…esto.
Dijo Regina cogiendo la cara de la Salvadora entre sus manos, la rubia giró un poco la cara para besar una de ellas.
- Lo siento.
Y esas dos simples palabras eran ciertas, lo sentía, sentía todo lo que había tenido que pasar Regina, todo lo que había perdido, lo que la habían quitado, lo que se había quitado a si misma, a veces le gustaría volver a viajar en el tiempo y cambiar el pasado de la reina. Aunque ya sabía mejor que era preferible dejar el pasado como estaba.
- Tu no has hecho nada, querida, fui yo. – Se encogió de hombros con toda la indiferencia de la que fue capaz. – Y además igualmente tengo un hijo, tengo a Henry. Y en realidad eso es gracias a ti, me gustase o no.
Las dos rieron, y Regina empujó un poquito a la rubia para volver a tumbarla en la cama, apoyando sus manos a ambos lados de su rubia cabeza.
- Me has dado lo que ningún hombre podría: un hijo. – Rió un poquito. – La pieza que le faltaba a mi negro corazoncito.
Añadió recordando el vacío que sentía antes de tener a Henry, el agujero que había en su corazón y que su hijo llenó.
- Es curioso que Henry fuese la pieza que te faltaba, en el momento en que le dí en adopción fue como si una pieza del mío se fuese con él.
Dijo Emma con una sonrisita, apartando un negro mechón de pelo tras la oreja de la mujer inclinada sobre ella. Regina se mordió el labio un segundo antes de agacharse y besar a Emma.
- Igualmente creo que deberíamos intentarlo, muchas veces. – Dijo la rubia cogiendo a la otra mujer por la cintura para cambiar posiciones. – Muchísimas veces.
Recalcó ahora encima de Regina, atrapando sus labios en un hambriento beso con el que esperaba borrar los malos recuerdos de la morena.
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Aunque Emma y Regina se habían relajado bastante con la búsqueda del Autor, Henry no, y mas ahora que sabían que Hook también lo estaba buscando para obligarle a escribirle un final feliz con Emma. Henry había estado ya varias veces en casa de Gueppetto intentando que Pinocho recordarse algo de cuando aun era adulto, no había querido llevar a ninguna de sus madres por que estaba bastante seguro de que Pinocho tenía miedo de Regina y una especie de enamoramiento con Emma, así que prefería hacerlo solo, pero sin resultado, no había manera de hacerle recordar. El que si recordó algo fue el carpintero, que le dio a Henry una cartera con las cosas de August, entre las que encontró una hoja como las del libro, con una puerta dibujada y una nota que decía "¿Autor?" Por supuesto Henry se puso a investigar enseguida, y últimamente uno de sus lugares favoritos para ello era la casa del hechicero, la biblioteca donde había encontrado todos esos libros en blanco. Y estaba justo allí cuando una luz salió de la cerradura de la puerta del dibujo, a esas alturas ya prácticamente nada debería sorprenderle, y aun así esto lo hizo. La luz apuntaba directamente a un cajón en una mesa tras él, intrigado lo abrió y dentro había solo una pequeña llave. Sin pararse a pensarlo, llevado por la emoción, Henry metió la llavecita en la diminuta cerradura del dibujo, un chorro de luz le cegó por un segundo obligandole a cerrar los ojos y cuando volvió a abrirlos había delante de él un hombre moreno y delgado.
- ¿Eres a Autor?
El hombre le miró y sonrió, aunque era una sonrisa que no daba ninguna confianza.
- Y tu eres quien me ha sacado del libro.
Henry asintió, tenía muchas preguntas que hacerle, pero se las podía hacer de camino a ver a sus madres.
- Tienes que venir conmigo, tienes que ver a mi madre, tenemos muchas preguntas que hacerte.
- ¿Tu madre?
- La Reina Malvada. – Dijo para que le entendiese. – Y la Salvadora.
Añadió, el Autor se quedó confuso por un momento, intentando recordar esa parte del libro, lo último que sabía de la Salvadora es que era un bebé enviado a través de un armario mágico para huir de la maldición de la Reina Malvada.
- ¿Pero como…? ¿Han tenido un hijo?
Preguntó confundido, mirando a Henry intentando adivinar su edad para hacer cálculos.
- Es una larga historia, te la contaremos luego.
Le metió prisa el chico intentando que fuese con él.
- Ya, bueno, seguro que es una historia muy interesante, pero me temo que no podré escucharla. – Henry frunció el ceño sin comprender. – No voy a ir contigo.
- Pero…
El Autor se encogió de hombros con indiferencia, cortando su frase.
- No va a pasar.
Dijo dándose la vuelta para salir de allí, pero algo golpeó a Henry en la nuca, dejandole inconsciente y dos pares de brazos atraparon al Autor antes de que pudiese escapar.
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Robar la daga de casa de Regina no había sido especialmente difícil, sobre todo si la casa estaba vacía, aunque a Hood no le gustaba que el motivo de que estuviese vacía fuese que Regina estaba en el apartamento de Emma, pero esa situación iba a durar poco una vez tuviesen al Autor en su poder, y en ese momento Hook estaba vigilando a Henry que había encontrado una pista, en cuanto robase la daga tenía que reunirse con él.
Entre los dos secuestraron al Autor, aunque para ello tuvieron que dejar a Henry fuera de combate, y llevaron daga y Autor hasta la celda de Rumpelstilskin.
- ¿Por qué habéis tardado tanto? Hace días que os mandé a robar la daga.
Gruñó el prisionero en cuanto los vio llegar.
- Queríamos traerlo todo a la vez, para que no nos dejases fuera.
Respondió Hook con una falsa sonrisa, todavía seguía sin gustarle tener al cocodrilo en el equipo.
- ¿Este es el Autor? – Preguntó Gold señalando al hombrecillo que llevaban a la fuerza. Ellos asintieron. – Esperaba más. Dadme la daga.
Extendió la mano a través de los barrotes, pero Hook no le dio el arma.
- ¿Qué te hace pensar que vamos a dártela? Te sacaremos de ahí, pero nos quedaremos con esto.
Dijo levantando la daga hacía el Oscuro como si fuese a ordenarle algo en ese mismo momento.
- Si no me das esa daga, no cuentes conmigo para vuestro pequeño plan del final feliz. Y sin mi, no tenéis nada.
- Le tenemos a él.
Dijo Hood señalando al Autor.
- Isaac.
Habló el hombre con una risita nerviosa, ya había intentando soltarse varias veces sin éxito, y por supuesto sabía quien estaba dentro de esa celda. Los otros tres hombres le ignoraron.
- ¿Y que vais a hacer con él?
Hook y Hood se miraron por encima de la cabeza del Autor, sin saber exactamente que responder.
- Podría simplemente ordenarte que nos ayudaras.
Dijo el pirata levantando otra vez la daga, Gold rió un poco.
- He sido el Oscuro los años suficientes para saber como esquivar ciertas ordenes, sobre todo cuando no sabes exactamente lo que debes ordenar. – Los otros dos hombres volvieron a mirarse. – Venga, estoy de vuestro lado ¿recordáis? Dame la daga y pongámonos mano a la obra.
Hood asintió a Hook, indicando que él estaba de acuerdo. De mala gana el pirata se acercó lentamente a la celda hasta dejar la daga en la mano extendida del Oscuro, que sonrió a la puntiaguda arma antes de hacer un amplio gesto con ella que deshizo los barrotes de la prisión y caminó hasta el Autor, que se encogió un poco, con miedo.
- Y ahora vas a escribir un par de cosas para nosotros.
- No tengo mi pluma, y sin la tinta…
Gold le ignoró, simplemente transportando mágicamente a todos hasta su tienda, donde sacó una cajita alargada, al abrirla había dentro una pluma y un pequeño bote de tinta. El Autor dio un ansioso paso hacía ellos, pero Hood le sujetó el brazo para impedírselo.
- Pero no puedo escribir finales felices a los villanos, al menos no con esa tinta.
Dijo Isaac lanzándole una significativa mirada a Gold, que sonrió un poquito.
- Lo sé, pero puedes escribir historias. De asegurar que acaben en finales felices nos encargaremos luego.
Chasqueó los dedos y en el mostrador apareció un libro en blanco. Hook arrastró al Autor hasta allí y Gold le dio la pluma.
- Estoy seguro de que sabes quien soy, no hagas ninguna tontería, limítate a escribir lo que te digamos.
Amenazó, pero no hacía falta, ahora que Isaac volvía a tener su pluma todo lo que quería era escribir, y algo le decía que de allí iban a salir bastantes historias dignas de escribirse.
- ¿Qué queréis que escriba?
Preguntó ansioso por empezar. Hook y Hood intercambiaron una mirada, sonriendo esperanzados y triunfantes.
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Regina había dejado el apartamento de Emma después de comer, prometiéndose encontrarse más tarde en la mansión de Regina para cenar los tres juntos. Todo estaba ya listo, la mesa puesta y la cena caliente a la espera de ser servida. La morena fue a abrir cuando llamaron a la puerta. Sonrió al ver allí a Robin, que parecía un poco inseguro, pero cuando Regina se inclinó para saludarle con un beso, pasando un brazo por su espalda para invitarle a pasar, cualquier inseguridad que pudiese tener desapareció. Entró en la casa ofreciéndose a ayudar con cualquier cosa que faltase por hacer y dispuesto a disfrutar de una cena con la mujer que amaba.
No muy lejos de allí, Emma también abría la puerta de su apartamento, Hook levantó con el garfio una bolsa con una botella de vino y una caja de pizza en la otra mano. La rubia sonrió contenta, echando los brazos al cuello del pirata para besarle antes de hacerle entrar en el apartamento.
