Bueno, no podía dejar las cosas así ¿no? sería cruel, pues aquí traigo otro capítulo ;P!
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!
Henry sabía que algo no iba bien, lo que no sabía era por qué, recordaba vagamente a sus madres juntas, riendo, abrazándose, traumandole, pero en algún momento borroso de su memoria eso se había terminado y las dos habían vuelto con Hook y Hood. Además había perdido la hoja con el dibujo de la puerta del Autor, recordaba haberse despertado en la biblioteca del hechicero sin ella, e ir a casa a cenar con su madre y Robin. Había algo que se le escapaba, estaba seguro, pero no sabía el qué. Lo curioso es que sus madres seguían pasando la mayor parte del tiempo juntas, en casa de una u otra, quedaban a comer, a tomar algo, paseaban, cenaban…aunque al final del día ambas volviesen con sus hombres. Hood intentaba aceptarlo con resignación, intentaba conformarse con saber que volvía a ser el verdadero amor de Regina, pero Hook no era tan fácil de complacer, el ya había cubierto hacía mucho la cuota de ser ignorado en favor de la reina, así que arrastró de nuevo al Autor frente al libro ya no tan en blanco.
- No quiero que sean amigas, no quiero que pasen tiempo juntas. Escribelo.
Gruñó con rabia. Isaac se quedó mirando un momento la pagina en blanco y su pluma, por algún motivo le estaba resultando difícil escribir la historia, al menos tal y como se la pedían, se suponía que esta historia era suya, y aun así había partes que se escribían solas, la Salvadora y la Reina pasando todo el día juntas incluso sin ser ya pareja era una de esas cosas y el Autor no entendía por qué. Había escrito todo lo que le habían pedido, y aun así la historia parecía seguir empeñada en tomar el control de si misma. Escribió lo que Hook le pedía, y el día siguiente Emma y Regina no lo pasaron juntas. Por supuesto se veían, Storybrooke no era muy grande y compartían un hijo, pero era todo muy formal, la gente incluso las miraba extraño sin saber que decir. Mary Margaret le había preguntado a su hija si algo iba mal, pero Emma había respondido que simplemente las cosas no habían funcionado con Regina, ambas se habían dado cuenta de que ya no sentían lo mismo, que estaban enamoradas aun de Robin y Killian y habían decidió quedar como amigas. Mary Margaret no se lo creía, pero David solo se encogió de hombros y lo dejó estar, después de todo hacía mucho tiempo que había aceptado la relación de Emma y el pirata, algo que no había pasado con Regina.
Henry seguía sin comprender nada, seguía rompiéndose la cabeza, pensando en que podía haber pasado, en por qué todo era tan confuso en su cabeza cuando intentaba centrarse en ello. Sabía que su madre tenía algo para esos casos, ayudaba a aclarar la mente, rompía hechizos de borrado de memoria, y el chico empezaba a pensar que allí estaba pasando algo mágico. Pero dio con otra cosa distinta, en su búsqueda abrió la caja fuerte en la que guardaban la daga del Oscuro, que claramente ya no estaba allí. Corrió a decírselo a su madre, que comprobó por si misma que no estaba allí, Robin los miraba a los dos fingiendo preocupación y lamentándose de que no se les hubiese ocurrido meter el asunto de la daga en su versión de final feliz. Prácticamente de manera automática Regina sacó el teléfono para llamar a Emma, con lo que el ladrón frunció un poco el ceño, se suponía que ya no tenían ningún tipo de relación más allá de la co-parental, pero supuso que al ser Emma la sheriff y la Salvadora, no era extraño que la llamase. La rubia llegó en un tiempo récord, acompañando a la morena hasta la caja fuerte e ignorando por completo a Robin, que intercambió una mirada con Hook cuando apareció detrás de Emma. Las dos mujeres discutían que podía haber pasado, y sobre todo las consecuencias de ese robo sin prestarles atención a ninguno de los ellos, las dos decidieron ir a la celda de Gold, solo para comprobar que efectivamente no estaba allí.
- El cocodrilo aun no ha atacado, quizá deberíamos esperar a que haga su siguiente movimiento, que se deje ver.
Propuso Hook que las había acompañado con Hood, intentando reclamar la atención de Emma, que había estado centrada en Regina desde el mismo momento de la llamada. Se acercó a la rubia y le pasó un brazo por la cintura.
- Vamos amor, sabes que no le encontraremos hasta que él no quiera.
- ¿Pero y si la daga no la tiene Gold? ¿Y si alguien está controlandole?
Dijo Regina esforzándose en mirar solo la cara de Emma y no el brazo del pirata alrededor de su cintura, brazo que se apretó un poco más cuando notó que la Salvadora se giraba hacía Regina casi soltándose de su agarre.
- Igualmente eso solo lo sabremos cuando hagan algún movimiento, hasta entonces estamos a ciegas.
Intervino Hood cogiendo la mano de Regina buscando también su atención, Emma no dejó que su vista bajase hasta sus manos unidas.
- Puede que tengan razón…
Admitió nada convencida, pero eso le bastó al pirata.
- Bien, entonces será mejor que nos vayamos, tenemos planes para cenar.
Dijo sonriendo a Reina con una sonrisa falsa, pero llena de victoria.
- Puede…podrían venir, si quieren. Nunca he tenido una de esas citas dobles.
Sugirió Emma con una risita, lanzando una mirada a Regina, que abrió la boca para responder, pero se le adelantó Hood.
- En realidad yo ya tenía pensado algo para nosotros dos está noche.
Dijo sin dar más explicaciones, la morena bajó la vista casi con tristeza. Algo estaba fallando en la historia que Isaac estaba escribiendo, pero mientras ambas mujeres permaneciesen a su lado, tendrían sus finales felices, ¿y no era eso lo que querían? Regina y Emma compartieron una última mirada antes de tomar cada una un camino distinto con sus respectivas parejas.
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Las cosas estaban tranquilas en Storybrooke, demasiado tranquilas teniendo en cuenta que la daga del Oscuro había sido robada y Gold aun no había dado ninguna señal de vida. Solo había tres personas que parecían no disfrutar de esa tranquilidad, Henry, que seguía buscando alguna explicación a sus malos recuerdos, y sus madres, que sentían sin saber por qué, que algo les faltaba, o quizá les sobraba, pero el caso es que algo no iba bien y los tres lo intuían, aunque solo Henry intentaba ponerle remedio, ellas dos se limitaban a mantenerse ocupadas, más ahora que ya no pasaban tantos ratos juntas y tenían mas tiempo libre, intentaban huir de Hook y Hood y ninguna de ellas lo sabía, solo sabían que se sentían atrapadas cuando pasaban demasiado tiempo en su compañía, así que había que buscar otras actividades. Emma incluso se ofreció a ayudar a su padre en el refugio de animales en el que aun trabajaba, algo de lo que se arrepintió casi enseguida, por que andaban escasos de voluntarios que pasearan a los perros y acabó en las calles de Storybrooke paseando a tres perros con una mano y cuatro con la otra, le gustaban los perros, pero esto era casi abusar del lazo familiar. Aunque no era la única a la que habían atrapado en ello, por que cuando llevaba un rato paseando a siete perros que se empeñaban en ir cada uno en una dirección diferente, se encontró de frente con Regina, que paseaba también a seis perros con toda tranquilidad.
- ¿David también te ha liado a ti para hacer esto?
Preguntó riendo, parando a los siete perros a la vez para hablar con la morena, que también rió, mirando el desastre de perros y correas que tenía la Salvadora.
- Me llamó diciendo que quería hablar conmigo sobre algo y resultó ser esto, no se como me he dejado convencer. - Por que, al igual que Emma, necesitaba algo que hacer lejos de casa, aunque eso era algo que no decían. – También ha puesto a Henry a pasear unos pocos, pero él está encantado, claro.
Las dos madres rieron, continuando su paseo casualmente en la misma dirección.
- Si, mi madre también está ayudandole, les he dejado bañando gatos.
No podía creerse que hubiese tantos animales abandonados en Storybrooke, tendría que hacer algún tipo de evento para concienciar a los ciudadanos de ser más responsables o si no se pasaría toda la vida paseando manadas de perros.
- ¿Cómo consigues que vayan tan tranquilos?
Preguntó la rubia mirando a los bien educados perros de Regina, que soltó una risita.
- Bueno, desde luego saben quien es la reina.
Emma miró a la morena, a los perros y luego otra vez a la morena.
- Has usado magia ¿a que si? No se como no se me a ocurrido antes. ¿Me echas una mano? - Regina levantó una ceja divertida, sin echarle esa mano. – Oh venga, por los viejos tiempos.
Y ambas supieron que no había dicho lo correcto, que en esa frase algo estaba profundamente mal, había algo doloroso.
- Pero ya no estamos en los viejos tiempos.
Respondió Regina muy seria, el ambiente relajado y bromista había desaparecido, de repente era como si ni siquiera debieran estar hablando.
- ¿Y quien tiene la culpa?
Gruñó Emma en voz baja, más para si misma que para la otra mujer, simplemente no había podido contenerse, el comentario había salido solo, y Regina lo había escuchado. Levantó las cejas con indignada sorpresa.
- No fui yo quien volvió con el pirata.
Dijo parándose tan de repente que los perros dieron un tirón al no esperarse esa parada en seco, Emma también se paró.
- No, tu solo volviste con el señor de los bosques.
Gruñó con el ceño fruncido, enfadada.
- Fuiste tu quien…
Empezó Regina, pero se paró de golpe, frunciendo también el ceño, con confusión.
- Fuiste tu quien terminó las cosas, eres tu quien va diciendo por ahí que "nos dimos cuenta" de que seguíamos enamoradas de otras personas y decidimos seguir como amigas. Y prácticamente ni siquiera hablamos.
Terminó la reina casi gritando de frustración, ella no había decidido nada, ella no se "dio cuenta" de nada, de echo todavía no entendía muy bien como una mañana simplemente se había despertado con Robin a su lado en vez de Emma, y se había enterado de que la rubia y el pirata estaban juntos otra vez.
- ¿Yo? – Gritó Emma también señalándose a si misma con ofendida incredulidad. – Yo no terminé nada, ni siquiera quería. – Confesó totalmente sin querer. – Fuiste tu quien un buen día apareció con ese aspirante a Aladdin del bosque. ¿Qué quieres que diga? ¿Prefieres que cuente que me dejaste sin ninguna explicación para volver con el hombre que estaba dispuesto a violarte por amor?
Estalló la Salvadora, no tenía ni idea de que tuviese todo eso dentro. Regina bajó la vista, herida y algo impactada. Nunca lo habían llamado así, nunca habían usado esa palabra para describir lo que pasó con Robin, de repente sentía que le faltaba el aire y las correas pesaban mucho en sus manos, Emma lo notó y extendió las manos para sujetarla si se caía.
- Oye, no, lo siento, no quería decir eso, no quería ponerme así. Perdóname. Respira.
Pero Regina no podía respirar, no sabía que estaba haciendo, no sabía que estaba pasando, no sabía por que había vuelto con Robin. Pero él era su verdadero amor ¿verdad? Entones ¿por qué? No entendía nada y solo de intentar descifrar ese rompecabezas empezaba a sentirse terriblemente mal. Recordaba lo que pasó en su mausoleo, recordaba a Robin en la puerta de su casa, sujetándola los brazos con fuerza, recordaba como Emma había llegado al rescate, recordaba cada momento con Emma, pero no recordaba su ruptura.
- Tranquilízate Regina, respira.
Repitió la Salvadora con preocupación, los perros andaban sueltos a su alrededor por que la rubia había dejado caer las correas para sujetar los brazos de Regina, que cada vez tenía peor cara, y la reina se dejó agarrar, en ese momento necesitaba ese apoyo, y más concretamente el apoyo de Emma Swan, pero necesitaba dejar algo claro.
- Yo no te dejé, no se que crees que pasó…o que pasó exactamente entre tu y yo, pero yo no te dejé. No quería.
Dijo intentando coger aire, Emma se la quedó mirando, atrayendola hacía si inconscientemente, pegándola a su pecho sin soltarla ni apartar la mirada de la morena. Ella tampoco entendía que demonios había pasado, un día estaban hablando semi desnudas en su cama y otro era Hook el que dormía en esa cama, ni siquiera recordaba por que había vuelto con él, y desde luego no entendía como Regina podía haber vuelto con Robin Hood. Subió una de sus manos hasta la mejilla de la morena, olvidada totalmente de los trece perros que las rodeaban, incapaz de dejar de mirarla, hasta que Regina le devolvió la mirada con la misma intensidad, con el mismo brillo en los ojos, con nuevos problemas para respirar, pero esta vez por motivos muy distintos. Bajó la vista rápidamente hasta los labios de la Salvadora, entreabriendo inconscientemente los suyos. Ese momento era lo único que no parecía estar equivocado desde hacía semanas, estaban apenas a una respiración de distancia y Emma se acercó incluso un poco más…
- ¿Regina?
La inoportuna voz de Robin Hood se coló entre ellas rompiendo del todo el momento que habían estado a punto de compartir, separándose de golpe, aunque Emma no soltó a Regina en ningún momento, todavía no muy segura de la estabilidad de la otra mujer. Robin se acercaba a ella fulminando con la mirada a Emma y recogiendo perros en su camino hacía las dos. Le pasó un puñado de correas a la Salvadora con una dura mirada.
- Tu padre me ha pedido que os ayudase con esto, así que he salido a ver si encontraba a alguna de las dos.
Dijo fríamente, algo que no afectó para nada a Emma, que le mantenía la mirada con la misma frialdad, sin coger las correas para no soltar a Regina.
- Regina no se encuentra muy bien, quizá sería mejor que la llevase a casa.
Robin entrecerró los ojos amenazante ante las amenazantes palabras de la Salvadora, quitó una de las manos de la rubia del brazo de la morena y le puso allí las correas.
- Será mejor que la lleve yo, estoy seguro de que podré hacer mas para calmarla que tu. Y tu padre está esperando los perros.
Señaló a los animales que aun quedaban sueltos quitando la otra mano de Emma del brazo de Regina y sustituyéndola por la suya. Inconscientemente la morena se movió como si quisiese agarrarse otra vez a la rubia, pero se contuvo, quedándose donde estaba, que era donde se suponía que debía estar, en brazos de su verdadero amor. O al menos parecía existir una vocecita en su cabeza que insistía en que así es como debían ser las cosas. Emma ignoró a Robin, mirando a Regina como esperando que hiciese algo, que dijese algo, el mas mínimo gesto habría hecho que apartarse al ladrón y volviese a ser ella quien la sujetase, pero la morena tan solo bajó la vista.
- Debería ayudarte con los perros.
Murmuró sin mirar a nadie.
- Estoy seguro que Emma puede hacerse cargo, yo voy a llevarte a casa.
Dijo Robin Hood antes de que la otra mujer respondiese, de todos modos la rubia no iba a decir nada, solo asintió, apartando la mirada de la parejita y recogiendo al resto de los perros mientras Robin y Regina se alejaban.
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Por eso esa noche con mas motivo que ninguna otra, volvía a estar parada frente a la mansión Mills. Había ido todas y cada una de las noches desde que ella y Regina ya no estaban juntas por el motivo que fuese. Tan solo iba allí y se paraba delante de la puerta, frente al camino de entrada, pero nunca hacía nada, nunca llamaba, nunca entraba, iba allí cuando Hook se dormía y luego volvía a su apartamento y dormía en la cama de Henry cuando él no estaba allí. Y esa noche no fue la excepción, la única diferencia fue que se sentía más ansiosa de lo normal, mas a punto de gritar, miraba el dorado 108 de la puerta blanca resistiendo el impulso de llamar a la puerta con alguna excusa solo para ver a Regina. Aun había luces encendidas, podía simplemente preguntar si la morena se encontraba mejor.
Emma no lo entendía, no sabía que estaban haciendo, o que hacían saliendo con otras personas si antes estaban perfectamente juntas, si ninguna quería dejar lo que tenían. No tenía ni idea de que había pasado.
La puerta se abrió de pronto sorprendiéndola allí. Emma estuvo a punto de decir algo, inventarse alguna excusa, algún motivo, o simplemente disculparse e irse. O irse sin mas. Pero cuando abrió la boca para hablar todo lo que pudo hacer fue quedarse mirando a Regina, que tenía la misma cara que seguro tenía ella, como si estuviese a punto de gritar, de explotar, como pidiéndola desesperadamente que hiciese algún movimiento que pusiese fin a todo ese sin sentido. Y Emma lo hizo, dio el paso que las separaba cogiendo la cara de la reina casi con reverencia y besándola en el mismo movimiento, disfrutado de la suavidad de su piel, de como los labios de la morena se adaptaban perfectamente a los suyos, de como las manos de Regina se agarraban a sus hombros impidiendola alejarse incluso aunque hubiese querido. Apoyó a la reina en la puerta abierta de su casa sin dejar de besarla, eso era lo único que tenía sentido, lo único que se sentía normal, era lo único que quería hacer y tenía miedo de que si paraba todo volviese a ser como era hacía apenas unos minutos, cuando ella no comprendía nada y tenía que irse a dormir a una casa con Killian Jones en su cama. Regina se separó lo justo para mirarla a los ojos, nariz con nariz, lamiéndose los labios como si aun estuviese saboreando el beso.
- Emma…
Susurró con un alivio que no sabía de donde venia, como su acabasen de terminar una batalla y por fin pudiesen estar juntas.
Pero Robin Hood, a quien Regina creía dormido en el piso de arriba, lo había visto todo y como buen ladrón que era salió de la casa usando la ventana del dormitorio, directo a despertar al pirata, que se puso furioso cuando un también enfadado Robin Hood le contó lo que había pasado. Sin importar la hora que era fueron a buscar una vez más al Autor, que leyó con horror la escena que se había escrito sola en el libro, alterando otra vez su historia. No sabía por que seguía pasando eso.
- Escribe que Emma está enamorada de mi. Solo de mi.
Gruñó agarrando el hombro de la camisa de Isaac, doblandole sobre el libro para que escribiese. El Autor mojó su mágica pluma en su mágica tinta, pero cuando empezó a escribir la frase quedó a medias, incapaz de completarla.
- No puedo.
Dijo confundido, mirando la hoja en blanco como si le hubiese fallado de la peor de las maneras, Hook se inclinó también sobre la hoja para ver lo que había escrito. "Emma Swan está total y completamente enamorada de…" y ahí terminaba la frase, ahí era donde la pluma se negaba a seguir escribiendo lo que Isaac intentaba escribir, había probado todas las variantes que se le ocurrían: el capitán Hook, Killian Jones, el pirata del garfio, el hombre vestido de cuero…pero nada se escribía.
- Prueba con Regina y conmigo.
Sugirió Hood colocándose al otro lado de Isaac, que lo intentó otra vez. "Regina Mills esta total y completamente enamorada de…" y la pluma dejaba de escribir otra vez. "El verdadero amor de Regina Mills es…" De nuevo nada. Los tres hombres empezaban a frustrarse. Hook levantó al Autor de la pechera de la camisa.
- ¿A que estas jugando? Termina la maldita frase.
- No puedo. – Respondió asustado. – La frase está terminada solo que…no acaba con tu nombre. Ni con el de él.
Dijo aun a riesgo de ganarse algún golpe, pero el pirata se limitó a soltarlo otra vez en la silla con frustración.
- ¿Y que se supone que está haciendo Gold? Dijo que se aseguraría de que estas historias acabasen en finales felices para nosotros. ¿Por qué pasa esto?
Pirata y ladrón miraron al Autor esperando alguna respuesta, y por supuesto Isaac sabía exactamente lo que hacía falta para que ellos pudiesen tener sus finales felices, pero no era algo que fuese a compartir con ellos. Lo que estuviese haciendo Gold para conseguir eso no era asunto suyo, ni tampoco de ellos.
- Ni idea.
Respondió con una rapidez y nerviosismo muy creíbles.
- ¿Qué hacemos ahora?
Pregunto Robin a Hook, que estaba pensando.
- Escribe que se odian. Que están con nosotros y se odian entre ellas.
Isaac lo intentó, pero una vez más no pudo escribir. Hook estaba perdiendo la paciencia, había estado tan cerca de conseguir su final feliz y ahora tendría que ver como se iba otra vez, se suponía que con el Autor eso no pasaría, se suponía que tendría lo que quería, que ese hombrecillo se lo escribiría, pero Gold se la había jugado, estaba seguro, faltaba algo para asegurar su final feliz y el maldito cocodrilo no quería decirles que era.
- Escribe que actúen como si se odiaran.
Dijo Hood de pronto acercándose otra vez al Autor para ver si esto si se podía escribir, y efectivamente Isaac pudo continuar con la historia usando esa frase, volviendo a reescribir las cosas desde la última escena incontrolada que había aparecido en el libro.
