Y aquí está ya el último capi del fic. La pena que me dará cada vez que tengo que escribir el final de alguno jajajaja pero es algo inevitable, además este ya se estaba haciendo muy largo yo creo ¿no? En fin, dejo de enrollarme ya, aquí está el cierre ;P!
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!
Ni siquiera estaban cansadas, aunque seguramente deberían estarlo, pero no había manera de que se cansaran de eso, si Henry tuviese alguna idea seguramente no volvería a tocar prácticamente ninguna superficie de la casa, pero Henry no estaba, así que la ropa hacía horas que había desaparecido en algún punto de la casa y todo lo que las cubría en ese momento era una fina capa de saliva y sudor. Emma metió los dedos entre mechones morenos mientras echaba su cabeza hacía atrás sin poder evitarlo, apretando los dedos de los pies y volviendo a mirar esa parte de la cabeza de Regina en la que en otro tiempo hubo una corona. Un gemido de placer se escapó de entre sus dientes y la morena levantó la cara para mirarla con una sonrisa ladeada, pasándose la lengua por los labios antes de subir dejando un ardiente camino de besos hasta el cuello de Emma, dejando que su mano ocupase el lugar en el que estaba antes su boca. Las manos de la Salvadora se agarraban a la espalda de la reina dejándola rojas marcas de uñas.
- Dios, eres maravillosa.
Dijo Emma sin aliento cogiendo la cara de la morena para besarla con pasión. Regina subió las manos hasta sus pechos con una risa.
- Te he echado de menos.
Respondió junto a su oreja, besándola el cuello, la clavícula, las costillas, para atrapar finalmente un pezón entre sus labios. En ese momento sonó la puerta de la mansión a abrirse.
- No tardo nada.
Escucharon la voz de Henry, que claramente no iba solo. Las dos saltaron del sofá sin encontrar otra cosa con la que taparse que cojines, Regina incluso cogió uno de los que formaban el sofá, en los que se sentaban, tapándose justo dos segundos antes de que su hijo mirase hacía el salón desde el pie de las escaleras.
- ¡Oh, por dios!
Gritó perdiendo pie en el escalón y tapándose los ojos con una mano. Dos cabezas asomaron también delante del salón, preguntándose el por qué del grito de su amigo. Las dos mujeres los conocían, Mike y Tom, dos de los niños perdidos amigos de Henry. Aparentando normalidad a pesar de estar desnudas tras un cojín, ambas mujeres les saludaron con la mano, incomodas.
- Madre de…
Empezó Mike con una inconsciente media sonrisa en la cara. Henry se destapó los ojos mirando a sus amigos con el ceño fruncido, bajó los dos escalones que había conseguido subir y dándoles una colleja a cada uno de ellos les mandó a esperarle fuera.
- Deja de mirarlas.
Gruñó a Mike y su descarada mirada de sorpresa, encontrarse con la Salvadora y la Reina Malvada desnudas era algo que desde luego a muchos les gustaría, pero nadie tenía la esperanza de tener esa suerte.
- Tío, me encanta ser tu amigo.
Escucharon las dos justo antes de un portazo y el ruido de los pies de su hijo subiendo la escalera. Iba con una mano en los ojos, buscando con la otra la barandilla de la escalera.
- Ya os vale, ¿no sabéis lo del calcetín en la puerta o algo así?
Se quejó el chico acertando por fin con la barandilla.
- No creímos que fueses a aparecer.
Se excusó Regina viendo como su hijo tropezaba con el primer escalón por seguirse negando a quitarse la mano de los ojos.
- Bueno, siento que esta sea mi casa también.
- Se suponía que tus amigos y tu ibais a estar en mi piso.
Gruñó la rubia, mas molesta que cortada.
- Y lo estamos, nosotros hemos venido a recoger unos juegos.
Henry se las apañó bastante bien para subir el primer tramo de escaleras, donde por fin se quitó la mano de los ojos, aunque preferiría no haberlo hecho. Escucharon una maldición del chico, y Regina le regañó por reflejo materno.
- Creo que ha encontrado tu camisa. – Rió Emma recordando que se la había quitado en la escalera. Unos segundos después escucharon otra maldición. – Y tu sujetador.
Se echó a reír doblada sobre su cojín.
- ¡Recoged la ropa!
Gritó Henry desde el piso de arriba, con mas vergüenza que enfado.
- Voy.
Respondió Emma, sabiendo perfectamente cual sería la respuesta de su hijo.
- ¡No! ¡No! Ahora no, esperad a que me vaya.
- Pero cuando te vayas ya no vamos a necesitar la ropa.
Otra palabrota de Henry y otra reprimenda de Regina por ello.
- Genial, Mike va a estar fantaseando con esto toda su vida…
Murmuraba Henry molesto mientras bajaba la escalera con los ojos firmemente cerrados, una mano en la barandilla y en la otra los juegos.
- Yo pensaba que ahora estaba con Tom.
Dijo Emma de forma casual, como si estuviesen sentados los tres a la mesa durante la cena en vez de desnuda en el sofá con Regina.
- Y lo está, pero Tom ya tiene asumido que sale con un pervertido, para ambos lados. – Respondió Henry llegando al final de la escalera. - ¿Por qué estoy hablando de esto con vosotras ahora?
Se regañó a si mismo, tanteando con el pie para encontrar las escaleras de la entrada y no caer por ellas.
- ¿Vas a volver pronto?
Preguntó Regina antes de que se fuese.
- Llamaré antes, haré sonar una maldita trompeta mientras me acerco por la calle…
Respondió su hijo antes de dar un portazo. Emma y Regina se miraron y se echaron a reír juntas.
- ¿Has visto su cara? Tenemos que repetirlo.
Reía Emma.
- De eso nada, la próxima vez le quitaré las llaves para que al menos tenga que llamar.
Contradijo Regina recorriendo con un dedo la curva de la cintura de la rubia.
- ¿Por donde íbamos?
Dijo la Salvadora quitandole el cojín a la morena y lanzándose sobre ella con la lujuria por delante.
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Ya todo el mundo se había enterado de lo que había pasado. Sidney volvió a su celda bajo el hospital, igual que Robin, Hook e Isaac, lo único que libró a Gold de acabar allí también fue Belle y la daga que ahora ella controlaba. Pero para disgusto de Emma, Regina los dejó salir algunos días después, diciendo que no quería que tener que preocuparse por ellos y su manutención en las celdas, así que Sidney e Isaac fueron desterrados al otro lado del limite de la ciudad, pero a Hook y Robin les dieron a elegir, aunque Regina habría preferido desterrarles también, pero Roland estaba allí y a pesar de todo Robin era su padre, el niño no tenía la culpa de nada y no tenía por qué pagar perdiendo a su padre ahora que había recuperado a su madre, David habló en favor de Hook, diciendo que lo había hecho era injustificable, pero que en el pasado les había ayudado. Así que ellos dos se quedaron, y en el fondo fue casi algo bueno, porque Regina podía disfrutar de la dolida mirada del pirata cada vez que Emma y ella se le cruzaban por Storybrooke, además Henry se había vuelto bastante cercano a Marian, lo que acabó desarrollando también una especie de amistad con Emma y Regina, así la morena podía seguir viendo a Roland y además disfrutar de la frustración de Robin al ver a las dos únicas mujeres que había amado ser amigas, y sin él.
- Estoy segura de que pronto encontraremos a alguien para ti.
Decía Emma a Marian sentada frente a ella en una de las mesas de Granny's, mientras Roland y Henry jugaban fuera. El pequeño había llevado espadas de juguete y recordando lo mucho que a él le gustaban cuando era más joven, Henry no había podido negarse.
- Hazle caso a Emma, conoce a todos los hombres de Storybrooke.
Añadió Regina con cierto sarcasmo, sentada al lado de la rubia que la miró algo ofendida.
- Cuando lo dices así haces que suene como si fuese una buscona.
Se quejó la Salvadora, acostumbrada ya a no utilizar palabrotas cuando quedaban con Roland, incluso si el niño no estaba allí.
- ¿Acaso hay alguno que no haya intentando ligar contigo?
Preguntó Regina con una desafiante ceja alzada. Marian las observaba a las dos divertida mientras Emma pensaba, siempre estaban así, y viéndolas juntas se alegraba de haber ayudado a Henry.
- David. – Dijo finalmente la rubia en tono triunfante. – Y Archie. Marco. Y…
Regina hizo un gesto para que siguiese, pero ningún otro nombre se le vino a la cabeza, aunque estaba segura de que tenía que haber más.
- Así que tu padre, Archie y Marco. No esta mal, señorita Swan.
La morena soltó una risita que acompañó Marian. Emma pasó un brazo por el respaldo de Regina, acercándose un poco mas a ella.
- No es mi culpa ser tan irresistible, como tu sabes bien.
La reina giró los ojos, pero dejó que la rubia se quedase donde estaba.
- ¿Y que tal estas tu? La abuelita nos ha dicho que has encontrado un trabajo.
Dijo a Marian. La mujer se había resignado a que no podría volver al Bosque Encantado y se había adaptado muy bien a su nueva vida en Storybrooke, aunque desde luego estar con su hijo después de tanto tiempo era mas que suficiente para hacer de cualquier lugar un hogar, Regina podía entender eso.
- Si, después de lo de la cabaña Belle habló conmigo, me dijo que si me interesaba trabajar podía hacerlo en la biblioteca, e incluso ayudándola de vez en cuando en la tienda. Desde que ella se encarga de las dos cosas se siente un poco sobrepasada, y a mi me viene bien el dinero, así que…
Dio un sorbo a su bebida con un encogimiento de hombros. Henry entró en la cafetería y se sentó a su lado, dejando las dos espadas de juguete apoyadas contra el asiento. Cuando las tres mujeres le miraron él hizo un gesto hacía afuera, donde vieron a Roland en brazos de su padre. Automáticamente a las tres se les endureció las expresión, pero le gustase a Marian o no, Robin era el padre de Roland, y no podía acusarle de ser mal padre. Pero si las miradas pudiesen matar, la de Emma habría fulminado al ladrón en medio segundo.
Robin entró con su hijo en brazos y paró un segundo al ver que en la mesa estaban Emma y Regina con Marian, saludó con un movimiento de cabeza y fue hacía el mostrador para compartir un helado con su hijo. Ninguna de ellas hizo ningún comentario, aunque Robin podía ver a Roland cuando quisiera y pasar tiempo con él, el niño vivía con su madre sin ninguna posibilidad de discusión.
- ¿Y vosotras que? Tengo entendido que habéis estado recuperando el tiempo perdido.
Preguntó Marian con una risita, Henry bajó la cara, rojo como un tomate. Emma y Regina rieron también.
- ¿Acaso puedes culparme?
Preguntó Emma bromista, señalando a Regina de arriba abajo con la mano que no estaba en su espalda.
- ¿Cómo están Tom y Mike, Henry?
Preguntó también Regina a su hijo en el mismo tono bromista.
- Muy pesados.
Gruñó el chico levantándose para pedir algo a la barra, lejos de Robin.
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Incluso David se alegraba de que Emma y Regina volviesen a estar juntas, no por que le gustase especialmente como pareja de su hija, pero mientras la hiciese feliz a él le bastaba, pero las comidas familiares iban a ser un poco tensas. Y aunque había hablado en favor de Hook, lo cierto era que ya apenas tenía relación con el pirata, cada vez que le veía solo podía pensar en lo que le había hecho a su hija.
Así que ahora si, Storybrooke estaba tranquilo y despejado, sin amenazas, sin congelación, sin separaciones forzosas.
- Y pensar que se supone que Robin es tu "alma gemela" o lo que sea.
Dijo Emma levantando las manos para hacer las comillas en el aire con tono sarcástico y molesto. Tenía a Regina tumbada sobre su pecho en su sofá, mientras Henry les preparaba algo para picar en la cocina, aunque al principio no había querido hacerlo, pero era eso o que le quitaran las llaves otra vez, así que prefirió hacer de camarero. Por supuesto siempre le quedaba la opción de irse a la mansión y dejarlas solas, pero le apetecía la tarde familiar de cine, sobretodo por la selección de películas que él había hecho.
- Yo no lo creo. Cuando estaba con Robin todo era muy perfecto. – Emma levantó una ceja ofendida. – No, esa no es la palabra que estaba buscando. Pero todo parecía sacado directamente de un anuncio de jubilación ¿sabes? La promesa de un futuro feliz y seguro, el hombre con el perfecto porte heroico…no se si era la magia, el polvo de hada, lo que hacía que pareciese eso, pero era así. El honorable hombre viudo, con su hijo.
Emma no tenía muy claro a donde quería llegar la morena con eso, pero estaba a punto de llamar a Henry para que volviese, o incluso de ir a ayudarle, pero Regina siguió hablando.
- No me gustaba, todo parecía muy falso, como preparado. Creo que una verdadera alma gemela no es alguien con quien hacer cosas grandes, geniales y perfectas ¿sabes? Una verdadera alma gemela es la persona que hace cada día normal, algo grande, genial y perfecto. Hay gente que tiene grandes planes para con su otro alguien, pues que le den a eso. Prefiero a alguien con quien pueda hacer algo tan sencillo como ir a comprar al supermercado y que aun así sea el mejor día de mi vida. Al menos hasta que llegue el día siguiente. – Rió para si misma, Emma ya no quería moverse. – Alguien que me haga querer despertarme los lunes y hacer cosas que realmente no me gustan…
Se apretaba inconscientemente los dedos de una mano con la otra mientras hablaba, sintiéndose ahora un poco estúpida por lo que había dicho, demasiado cursi quizá, demasiado revelador, demasiado pronto. Emma la besó el pelo con una sonrisa.
- ¿Puedo coger yo el puesto? Nos divertimos bastante comprando, incluso los lunes.
Regina rió, girándose en los brazos de la rubia para mirarla a la cara.
- ¿Quieres ser mi alma gemela?
Preguntó bromista. Emma se encogió de hombros.
- Me da igual serlo o no, me da igual como quieras llamarlo mientras estés conmigo por que quieres hacerlo, no quiero que nada parezca falso o lo que sea.
La morena se mordió el labio con una sonrisa, cogiendo las mejillas de la rubia e impulsándose hasta sus labios.
- Te quiero.
Dijo mirándola a los ojos, no habían vuelto a decirlo desde que Emma la encontró en la cocina con el corazón en la mano. Besó a la Salvadora, parando solo para coger aire y poder empezar otra vez, hasta que Henry volvió con ellas.
- Venga, dejad eso, vamos a ver pelis.
Dijo dando unas palmaditas en la pierna de su madre al pasar, dejando la comida en la mesita y sentándose en un sillón al lado del sofá.
- Te quiero.
Respondió Emma a la morena en un susurro antes de que volviese a apoyarse en su pecho para pasar una agradable sesión de cine en casa con su familia.
