CAPÍTULO 2. EL MEJOR CUMPLEAÑOS DE NEVILLE

La habitación ya estaba completamente iluminada cuando despegó un ojo. Una borrosa y enmarañada melena acompañaba a la cara que le sonreía desde el pie de la cama con un brillo indescifrable en la mirada.

–He...e-e-emióón.. –bostezó a modo de saludo. Volvió a cerrar el ojo, se enfundó de nuevo las sábanas y se giró para volver a coger sueño. La chica no se dio por vencida y rodeó la cama para volver a ganar su atención.

–La señora Weasley me ha preguntado si vas a bajar a comer o prefieres seguir durmiendo –repitió con paciencia. Se podía adivinar la sonrisa en su voz.

– ¿Comer? –fue todo lo que pudo balbucear antes de incorporarse lentamente. Entrecerró los ojos a causa de la luz cegadora y echó un vistazo a la habitación. Le costó recordar dónde estaba y cómo había llegado ahí, como si los desfases de una noche llena de Whisky de fuego, hubieran hecho mella en los ojos que a penas alcanzaba a abrir. Gwenog Jones le saludaba desde la pared de enfrente y girado como un resorte, giró el cuello hacia la cama contigua de una manera tan brusca, que a poco más se cae de la cama. Estaba vacía.

Luego volvió la cabeza hacia su amiga, la seguidora de reglas y ya sí que terminó por caerse de la cama. Saltaba a la vista que no era tía Petunia, que no tendría un día apático por delante y que no habría cagarrutas de lechuza en la (tampoco) ordenada habitación de Ginny.

La habitación de Ginny. Buscó a tientas sus gafas en la mesilla. Luego se dio cuenta de que se había caído del otro lado de la cama. Maldición.

–Sí, comer. Son las dos de la tarde, Harry –comentó risueña, ignorando la patética escena que protagonizaba su mejor amigo desde el suelo. El chico la enfocó, tratando de acostumbrarse a la luz.

– ¿No estás enfad…? ¿Cómo has sabido…? –preguntó confuso.

–Ginny –simplificó la muchacha. Se sentó en la que hasta entonces había sido su cama en aquella casa, y comenzó a explicar sin perder de vista las reacciones de Harry, que se había acomodado en el suelo contra la pared. –El señor Weasley fue a recogerme a la estación del pueblo de al lado. Ya sabes que he estado en…–el chico asintió rascándose los ojos. Hermione le había explicado en sus cartas que había ido a visitar a unos tíos al norte de Gales. –Casualmente, Denbigh tiene la misma línea ferroviaria que…–

–Hermione, si hay una versión corta, te agradecería que fueras a ella –acortó Harry bostezando de nuevo.

La chica le miró con cara de pocos amigos, dándole un empujón con el pie que lo abanicó pared abajo y de nuevo al suelo, pero pronto su cara volvió a dibujar aquella intrigante expresión.

–Está bien. Cuando llegamos, Ginny le estaba explicando a toda la familia lo de tu llegada. –Harry se levantó con esfuerzo y desgana, iniciando la cuenta atrás de su muerte a manos de Molly Weasley.

– Tranquilo, creo que sobrevivirás. –adivinó divertida.

El chico arqueó una ceja. – ¿Ah sí? ¿Y a qué profecía se debe esta vez? –soltó sin pensar.

Hermione suspendió su mirada unos segundos. Algo ensombreció su rostro, pero recompuso la misma sonrisa que había mantenido hasta ese momento. –Eso pasó hace horas, Harry –dijo rodando los ojos. – Venga, inténtalo de nuevo –dijo con aire sabihondo.

El chico razonó la pregunta, y aunque intentó leer algún tipo de respuesta en aquella sonrisita que le devolvía Hermione, no lo logró, ya que a penas podía diferenciar lo que le rodeaba. Se puso las gafas, que seguían en su mesilla, y esa extraña expresión que le había parecido ver en el rostro de su amiga no solo no desapareció, sino que se hizo más evidente.

– No estás enfadada –resumió. La chica asintió y le instó a seguir. –y sigo aquí, y no encerrado con el ghoul en el desván…–Hermione sonrió, pero él se quedó pensativo. – Así que hay varias opciones –Aquello le recordó tanto a la noche anterior que no pudo evitar sonreír. Por su puesto, Hermione no entendió el chiste privado. – ¿Os ha lanzado Imperius a todos? –

– La Ley de la Moderada Limitación de la Magia en menores de… –le recordó su amiga sin poder contenerse.

–De acuerdo –le atajó antes de que cogiera carrerilla. –Entonces…. ¿grilletes en los tobillos? –

– ¿Y yo? –dijo divertida.

– ¿Te has escapado? –dijo ladeando la cabeza.

– Casi –dijo levantándose de la cama y revolviéndole el pelo. Fue hacia la ventana y echó un rápido vistazo al soleado día y se giró de nuevo para encararle. – Creo que convenció a la señora Weasley cuando dijo que si de verdad hubieras corrido peligro, el reloj hubiera indicado `peligro de muerte ´ – Harry intuyó que aquel razonamiento había convencido a alguien más, pero prefirió callar. Más que convencer a la señora Weasley, Ginny había aplacado una posible réplica de Hermione. Y sin duda, eso era mucho decir.

Algo subió borboteándole como la espuma por la garganta y, achacándolo al hambre, decidió que bajaría a comer con los demás en cuanto supiera donde había ido a parar su baúl.

La chica continuó hablando. –Juró además, que si alguien te despertaba, tendría murciélagos saliéndole de las fosas nasales los próximos días, y que lo único que podría impedir que nos embrujara a todos, eran los agentes del ministerio que vendrían a llevarla a Azkaban por hacer magia fuera de la escuela. –su sonrisa acabó convirtiéndose en carcajadas que se extendieron por toda la habitación, y que acabaron contagiando a Harry, mientras aquella extraña sensación subía borboteándole del estómago, y se acentuaba como si tuviese duendecillos de Cornualles bailando la lambada en la boca de la garganta.

–Fleur fue la primera en interponerse en el camino de la señora Weasley y la escalera. Al parecer no le gustó demasiado la idea de tener seres saliéndole de sus delicadas y lustrosas napias –añadió la chica, y nuevas carcajadas resonaron en la habitación. A Harry no se le escapó que ni Hermione ni Ginny parecían tenerle mucha simpatía a la chica, y pese a que él no tenía nada en su contra, no pudo evitar imaginarse a una Fleur histérica, rodeada de murciélagos.

– ¿Sabes lo de que te han añadido al...? –preguntó tratando de no unirse a su amiga, que ya se agarraba las costillas de la risa.

– …. Reloj familiar Weasley? –dijo Hermione mientras se recuperaba del ataque de risa, entendiéndole sin si quiera haber prestado demasiada atención a lo que el chico había dicho. –Sí, Ron ya me dijo que Ginny había insistido en ello. –dijo limpiándose una lágrima y encogiéndose de hombros. Harry guardó silencio, pero sonrió negando inconscientemente con la cabeza cuando Hermione volvió a echar una ojeada al soleado jardín.

–Tus cosas ya están en la habitación de Ron –explicó Hermione volviéndose, y acercándose a la deshecha cama de Ginny. Supuso que la pelirroja ni siquiera había querido hacerla para no despertarle. –Y si me permites… –hizo un elocuente gesto señalando a la cama que ella solía ocupar, y Harry avergonzado de que al final saliera el tema, se apartó de ella como si tuviera spattergroit. Hermione, en cambio, no añadió nada más y, aliviado, se apresuró a salir de la habitación. Quizá por ello no vio la extraña sonrisa que aparecía en el rostro de su amiga cuando abrió la puerta y salió de allí a paso ligero.

En el pasillo, junto a la puerta, ya aguardaba el equipaje de Hermione, esperando a ser colocado dentro. Harry le dirigió una escueta mirada y se dirigió a la habitación que le correspondía en aquella casa.

Subiendo, unas extrañas imágenes se manifestaron como si hubiesen estado esperando el momento indicado para volver a sus retinas. Un extraño paraje lleno de niebla, un rostro perlado en la lejanía y aquella luna roja alta en el cielo como única orientación. Lo atribuía a la falta de sueño. Sacudió la cabeza quitándose esas extrañas visiones de la cabeza. Había pasado días sin dormir más que un par de horas; horas en las que todo lo acontecido en junio se manifestaba dolorosamente. Dolor que solo había conseguido mitigar durante aquellas horas de apatía que pasaba durante la consciencia. Pero aquella vez había sido diferente. Diferente porque era la primera vez que conseguía evitar las pesadillas. Incluso la cicatriz parecía haberle dado una especie de tregua. Parecía que el dolor por la pérdida, mantenía a Voldemort alejado del muchacho. Ya se imaginaba lo que el viejo director diría sobre ello. No lo llamaría pérdida…lo llamaría amor…

Cuando llegó a la habitación, vio que ya tenía la cama plegable preparada. Alguien había subido el baúl y la jaula donde Hedwig ya dormitaba arrebujada entre las plumas. Se dio una ducha rápida, se puso algo cómodo, y salió de allí para reunirse con los demás abajo. A medida que bajaba, el sonido de las voces crecía, y se preguntó como no se había dado cuenta antes. Según lo que Ginny le había dicho, la casa estaba a rebosar. Tan solo faltaba el idiota de Percy, y Charlie que seguía en Rumania. Era una buena noticia, ya que de esa forma, pasaría más desapercibido. Al menos para los demás, ya que no creía llevarlas todas consigo en cuanto a la señora Weasley se refería.

Cuando llegó abajo, se dio cuenta de que en el aire flotaba un síntoma de celebración. El ambiente era de lo más distendido y, curioso, se atrevió a asomar la cabeza a través de la puerta del salón. Observó como la gente iba y venía, charlando animadamente o, en el caso de un par de voces que le hicieron sonreír, discutiendo a gritos. Algunos colocaban bandejas de comida en la repisa; otros llevaban platos y cubiertos al jardín; e incluso oyó a alguien con un marcado acento francés tratando de hacer algo con unos parterres marchitos en la entrada de la casa. Un azul eléctrico destacaba en la habitación. Tonks, más sonriente que nunca, intentaba echar una mano a la señora Weasley en la cocina, pese a que ésta tenía el ceño ligeramente fruncido, cosa que no le hizo presagiar nada bueno. Harry se apresuró a entrar y a coger la primera ensaladera que vio para mezclarse entre todos, que estaban demasiado ocupados para reparar en él, y a salir al jardín, con algunos miembros de la Orden que también llevaban comida. Pensó que lo había conseguido cuando…

– ¡POTTER! – alguien vino disparado hacia él, y antes de que se diera cuenta tenía una varita apuntándole al cuello.

– ¡Ron! ¿Qué demonios crees que haces? – Hermione, asustada, había dejado caer el mantel que hasta ese momento colocaban entre los dos, y se había acercado corriendo hasta ellos.

Notó como todas las miradas se clavaban en ellos; pelirrojos no incluidos, lo que ya era mucho incluir. Aun así, Harry solo miraba a Ron, que le devolvía una mirada asesina.

–Yo también me alegro de verte, Ron. –

El chico le ignoró. – ¿Dónde has dormido hoy, Harry? –la voz del pelirrojo era calmada, serena. Harry se sintió más expuesto que si Voldemort hubiera irrumpido en el jardín gritando '¡Sorprééésaa!'

No supo qué contestar, así que se limitó a devolverle una parca mirada. Sentía los ojos de la gente en su nuca, donde al parecer, le había crecido otra cicatriz en forma de rayo.

–Te lo preguntaré otra vez ¿Dónde... –ésta vez, la voz de Ron sonó mucho más amenazadora.

–Esto es ridículo –irrumpió una voz. Ambos jóvenes giraron la cabeza como un resorte, hacia la puerta de la cocina, por la que acababa de salir el sujeto en disputa. –Tú –señaló a Ron –has visto demasiadas películas de mafia muggle, ¿vale? Relájate –él mencionado le lanzó una mirada ofendida, aunque no bajó la varita. – Y tú –ésta vez era el turno de Harry. – ¿tan difícil es explicar que Fleur no quiso cederte la habitación donde ya estaba instalada? –Aquello era tal atropello a la verdad, que Harry tuvo que esforzarse por aplacar la mirada que amenazaba con delatarlos. Por suerte, Fleur no andaba cerca, y nadie se atrevería a echarla en cara nada. Se limitó a devolverle una sobria mirada a Ron, cargada de una ambigua culpabilidad.

Si creía que Ginny había terminado de repartir, se equivocaba. –Y tú –Hermione era la primera sorprendida cuando la señaló. Retrocedió un paso inconscientemente. – ¡¿Tan difícil es mantener a este ocupado! Llévatelo antes de que rete en un duelo a muerte a Dean por haberse atrevido a tocarme. –Dicho eso, avanzó hacia una de las mesas del jardín, dejó la jarra que nadie había reparado en que llevaba, y volvió a la cocina dejando un halo de perplejidad en el ambiente.

Pasados algunos segundos, varios de los pelirrojos sonrieron, otras cabezas volvieron a sus quehaceres y otras tantas solo fingieron que no habían pasado por allí. Hermione pestañeó. A Ron le dio un tic en el brazo. Y Harry estalló en carcajadas.

Fue cuestión de segundos lo que las orejas de Ron tardaron en ponerse rojas antes de bajar la varita avergonzado. Hermione, que se había interpuesto entres ambos amigos con las manos extendidas, las apoyó en los pechos de ambos de repente exhausta. Una sonrisa se adivinaba en la comisura de sus labios, aunque no llegó a mostrarla. El pecho de Harry vibraba con cada carcajada; el de Ron parecía un mar tempestuoso llegando a la hora final de la tormenta. Su corazón varaba en la orilla y se calmaba con cada inspiración. Hermione se admiró de lo tranquilo que parecía, tan alterado como había estado. No tenía hermanos, pero tenía claro que se sentiría orgullosa de tener uno como Ron. Era algo que le explicaba a Ginny siempre que podía, pero que la pelirroja siempre desechaba poniendo los ojos en blanco. 'Prueba a tener cinco más y me lo cuentas. O mejor, prueba a tener cinco Ron(es) más'.

Divertida y bajando cada vez más la mano que había extendido como acto reflejo para intentar separarlos, vio como Ron examinaba al de ojos verdes con una mirada comparable a las que el viejo director solía dedicarle a Harry. Éste no se atrevió ni a pestañear, y tras unos segundos de denso reconocimiento, el pelirrojo habló. –Lo siento tío, yo... –

En ese momento, se escuchó perfectamente como algo caía y se quebraba en mil pedazos en el interior de la casa. Un segundo después, alguien salía precipitadamente de la cocina; haciendo que Lupin, que había estado atento, con un flojo movimiento de varita, hiciera levitar a la gallina que había estado a punto de ser decapitada al cruzarse en el camino de las piernas de la señora Weasley. Cuando quiso darse cuenta, la mujer le aferraba con fuerza, dificultándole el paso de aire. Harry, abrumado y abochornado por aquellas excesivas muestras de cariño, no pudo más que devolverle unas torpes palmaditas en la espalda. Si la señora Weasley había sustituido el impulso de regañarle por el de abrazarle, aquello solo podía significar una cosa. Molly, que nunca se había llevado demasiado bien con Sirius, pero que sabía lo mucho que significaba para el muchacho la ausencia de su padrino, le demostraba así que no se había quedado solo. Reprimió el impulso de dejarse llevar, de apoyarse sobre el hombro de la que había sido su madre desde hacía cinco años y sucumbir a las ácidas lágrimas que nublaban sus ojos, escociéndole como si fuera pus de bubotubérculo; de gritarle lo mucho que le agradecía todo lo que había hecho por él durante todos aquellos años. Pero la regordeta y bajita mamá Weasley debió entender, porque le apretó con más fuerza. Todos los que se habían quedado mirando la escena, carraspearon incómodos, creyendo estar interrumpiendo un momento íntimo, y volvieron a sus labores; bueno, casi todos….

–Qué momento tan tierno… –dijo la aguda vocecilla de una chica rubia, que los miraba desde el otro lado del seto.

Harry carraspeó incómodo y se separó de la señora Weasley. Luna les sonreía soñadoramente y ladeaba un poco la cabeza, mientras hacía girar en sus manos una enorme flor violeta.

–Hola, Luna –dijo algo incómodo, aunque contento de verla. La chica, que ya corría tras un gnomo ni si quiera le escuchó.

–Y ahora señorito, tenemos que hablar… -por su puesto, a Molly no se le había olvidado el asunto. Puso las manos en jarra y ya había abierto la boca cuando…

–Ahora no, mamá –la versión quinceañera de la señora Weasley reapareció en el umbral de la puerta de la cocina que daba al jardín con varios platos llenos de comida en las manos que mantenía en precario equilibrio. – Neville está a punto de llegar. –

Molly la miró ceñuda, pero asintió. Recordó apurada, que tenía algo en el fuego y salió disparada hacia la cocina. Hubo otra desganada sacudida de varita…y la gallina volvió a volar.

Cuando se dio la vuelta para volver a la cocina tras su madre y tras dejar todo en las mesas, Ginny que había dejado una mano a su espalda, sacó tres dedos disimuladamente, y desapareció. Harry sonrió agradecido. Ya iban tres las veces que lo había librado en solo un día. Se dio la vuelta y echó un vistazo al jardín.

Ron ayudaba a Kingsley y a Hermione a poner las cosas sobre otra de las mesas que los gemelos sacaban levitando de un cobertizo que los Weasley tenían pasado el huerto. Fleur al parecer, había dejado la entrada de la casa para colocar flores, que hacía aparecer de su varita, por todo el jardín. Por supuesto, no se había enterado de la disputa que había tenido lugar poco antes. Y si cualquiera de los hermanos Weasley sabía lo que les convenía, no abrirían el pico. Incluido Bill. Sobre todo Bill. Casualmente no había nadie a quien temiera más que a su hermanita más pequeña.

Éste y el señor Weasley seguían tratando de encantar las hiedras que desde hacía años se habían adherido a la fachada del jardín para que formaran una arcada que fuese desde la salida de la cocina hasta la entrada al pequeño bosque que había junto a la casa. Lupin, con un aspecto que le recordó al profesor que conoció el primer día en el vagón del Expreso de Hogwarts, más menudo y cabizbajo que nunca, colocaba guirnaldas y adornos por doquier con un escaso entusiasmo mal disimulado. Harry sabía lo que significaba para él la pérdida de su amigo, y se prometió hablar con él sobre ello, cuando él mismo pudiera afrontar el tema. Se acercó a Ron y Hermione, que volvían a discutir el mejor sitio para colocar las jarras de zumo de calabaza.

– ¿Qué es todo esto? –preguntó disfrutando por ver como sus amigos se habían quedado con las bocas abiertas, mirándole y haciendo que se olvidaran de las apasionantes réplicas que estaban a punto de soltarse mutuamente.

Ron le miró confuso, pero su amiga entendió. – Es el cumpleaños de Neville – Neville como él, cumplía a últimos de julio, unos pocos días antes que Harry.

Hermione, ante la todavía interrogante mirada del muchacho, aclaró. –Su abuela ha entrado a la Orden. Y aprovechando que el cumpleaños de Neville iba a ser en poco tiempo, al señor Weasley le pareció bien celebrar aquí ambas cosas. –Harry podía hacerse una idea de cómo sería un cumpleaños con una abuela estricta y un tío abuelo homicida como los de Neville.

El chico, cada vez más confundido preguntó. –Pero en las cartas no dijisteis nada de… –y de repente como si una bombilla se hubiera encendido en su cabeza, les miró ceñudo. Al fin y al cabo, no era la primera vez que sus amigos le ocultaban información. ¿Cuánto más le habían vuelto a ocultar?

Hermione, que se esperaba esa reacción desde el principio, le atajó componiendo la expresión que Harry se esperaba desde que había abierto los ojos aquella mañana. –Si alguien no hubiera decidido deambular por todo el sur de Inglaterra durante horas, hubiera recibido la carta que tuvo que traer Hedwig de regreso. –Hermione se había acalorado tanto que ya tenía un dedo señalando el pecho de su amigo de forma acusadora. Ron negó con la cabeza murmurando algo que se parecía a, "La ha dejado coger aire…novato" Hermione le miró de una forma tan amenazadora que el chico se encogió un poco, pero con lo alto que era, aun seguía pasando a sus amigos. La castaña volvió a centrar su atención en Harry, y Ron, aliviado, hizo el teatro de quitarse sudor de la frente y siguió mirándoles divertido. –Sí, Harry. Ni siquiera las lechuzas son capaces de atravesar los cristales de un autobús homicida. –dijo cuando Harry abría la boca para hablar.

Ron cada vez más divertido añadió. – ¿Os imagináis a Hedwig poniéndose delante de ese cacharro a una velocidad parecida a la de la snitch? –

–Pues para tu información Ron, Hedwig lo intentó –la mirada que le dedicó podría haber envenenado hasta la poción más inofensiva. Harry preocupado de que su lechuza se hubiera expuesto a tanto por enviar una carta no pudo evitar preguntar. Bueno al menos lo intentó, ya que Hermione no le dejó hablar antes de volver a clavarle el índice hasta el esternón.

–Eres consciente ¿verdad? Solo cuando estuvo al límite, se dio por vencida y vino de nuevo aquí. Ron me lo contó. –el chico se apresuró a asentir, temiendo contradecir a la chica. –Bill la curó, por eso está dormida. –finalmente dejó que el muchacho volviera a respirar, y se apartó de él aun con el ceño fruncido. –Y agradece el hecho de que Ginny bajara a primera hora para avisar al señor Weasley de que no fuera a recogerte antes que a mí. –se sentó con rabia en el banco de la mesa y se cruzó de brazos mirando como el señor Weasley y Bill ya terminaban la arcada de hiedra.

Harry se quedó en la misma posición unos segundos, sin capacidad de respuesta. Cruzó una mirada cómplice con Ron que rodó los ojos; y el chico se rascó la nuca, sentándose enfrente de la muchacha. –Mira Hermione, yo… –estaba a punto de disculparse, cuando un sonoro ¡crack! se escuchó en el jardín.

Neville, su abuela y Moody aparecieron de la nada junto al sendero, y todos dejaron lo que hacían para ir a saludarles.

– ¿Todo bien Alastor? –preguntó Kingsley con voz grave.

–Sin problemas – gruñó el viejo ex-auror. –Fue buena idea lo de la aparición conjunta. –La señora Longbottom no parecía muy de acuerdo, pero se limitó a mirar de manera desdeñosa a Moody. Poco a poco, los miembros de la Orden animados, fueron desfilando hacia la cocina, contándose las buenas nuevas y compartiendo una euforia algo ensombrecida por la falta de uno de sus miembros. Los más jóvenes por su parte, se fueron acercando a Neville para felicitarle uno por uno.

El chico, que tan solo creía haber ido allí para ver la iniciación de su abuela en la Orden, sonrió abochornado por tantas atenciones. Realmente no esperaba que nadie recordase su cumpleaños. Y por si eso fuera poco, Luna comenzó a danzar a su alrededor dejándole en el centro, ante la estupefacción de todos. Bueno de casi todos, ya que Ginny trataba de contener la risa con una mano.

– Eh... ¿Qué haces, Luna? –preguntó Neville incómodo, dando vueltas con ella para no perderla de vista.

–Shhh, no me dejas concentrarme –dijo y luego murmuró unas palabras por lo bajo.

Ginny carraspeó. –Creo que intenta apartar de ti a los Parklies venenosos los próximos dieciséis años –dijo tratando de sonar solemne, aunque una pequeña sonrisa la delató. Luna, demasiado ocupada en los movimientos, no la escuchó. –Me lo explicó antes en la cocina. Eso… –señaló los movimientos de brazos que añadía Luna al extraño rito. –…trae buena suerte. –Harry, que al igual que los demás seguía sin pestañear, se apuntó en una lista mental de cosas por hacer, avisar a Luna de que él se había prevenido contra los Parklies el año anterior, ya que faltaba muy poco para su cumpleaños.

–Gra...gra-cias, Luna –dijo Neville confuso cuando la chica terminó de dar vueltas, y aunque no había entendido nada, sonrió. Al fin y al cabo, uno nunca sabía a lo que atenerse con los Parklies venenosos y era mejor estar preparado. Preparado era precisamente lo que no estaba cuando la chica, tan espontánea como siempre le abrazó, ante la disimulada sonrisilla de sus amigos. Neville, rojo como un tomate, no supo qué hacer, y Ginny solícita, fue a socorrer a su amigo, abrazándole también. Hermione, que entendió las intenciones de la pelirroja, se añadió al abrazo grupal, cosa que no hicieron los muchachos, que se limitaron a darle palmaditas en la espalda, en lo que consideraron un gesto digno y varonil.

Cuando se separaron, fue Hermione la que habló. –Os esperábamos para la una ¿dónde estabais? –

–Hemos estado en San Mungo, y bueno… mis padres quisieron regalarme algo –dijo con aplomo. Sacó de su bolsillo un pequeño papel, en el que podía verse un garabateado dibujo, y se lo enseñó a sus amigos. Hermione se tapó la boca, conmovida.

– Es precioso –dijo Luna con los ojos vidriosos, pasando las manos por las líneas que contorneaban las figuras de aquellas tres manchas. El chico carraspeó y volvió a meterse el papel en el bolsillo. Como se sentía incómodo mirando a sus amigos, echó un vistazo al jardín. Todos habían terminado, y el soleado jardín presentaba un aspecto inmejorable. Había guirnaldas y flores por todas partes, y tres alargadas mesas llenas de comida esperando a ser devorada.

–Vaya… –dijo con la boca entreabierta. – ¿Por qué no me… –su mirada se perdió en las letras que alguien acababa de lanzar al cielo, formando las palabras `Feliz Cumpleaños Neville ´. - …avisasteis? –dijo poniendo énfasis en la última palabra, mirando acusadoramente a sus amigos.

–Inocente –declaró Harry levantando una mano y poniendo cara de angelote.

–No nos mires así, ¿Dónde hubiera quedado la sorpresa? –dijo Fred apareciendo súbitamente de la nada, sobresaltando a todos. George al más puro estilo vaquero, sopló sobre la punta de su varita y se la enfundó de nuevo en el bolsillo trasero de sus pantalones. – ¿Te gusta más así o con corazones? –preguntó a Neville mordazmente, señalando las palabras que seguían flotando unos metros por encima de todos. De ellas, salía una estela luminosa parecida a la de las estrellas fugaces.

–No, así está… –se apresuró a decir Neville.

–DEMONIOS, CUANDO ENTENDERÁN! – una renqueante pata de metal acompañaba a la persona que salió de una manera increíblemente rápida de la cocina. –Menudos necios –murmuraba para sí. Antes de que ningún otro pudiera reaccionar, ya que estaban intimidados ante la presencia del viejo ex-auror, George se apresuró a sacarla de ahí. Moody, que solo se paró cuando tuvo su amputada nariz a escasos centímetros de la del muchacho y un dedo señalando su pecho, habló con una voz tan calmada como escalofriante. –Nunca...pongas…tu...varita…ahí, muchacho –dijo acompañando cada palabra con un toque en el pecho. George al que solo habían visto amedrentarse con su madre, asintió enérgicamente. Fred, que reía discretamente, se ganó la atención del ojo mágico del ex-auror, al que no se le escapaba nada.

El ojo mágico se posó en Fred de repente. – ¿Gracioso? Te diré algo chaval, será mejor que tu madre no sepa que os traéis entre manos en ese cobertizo. –hizo un gesto con la cabeza, señalando el lugar del que habían estado sacando las mesas. Fred dejó de reír en el acto.

Ojoloco se dio la vuelta, todavía ceñudo, y regresó a la cocina con los demás miembros de la Orden. Todos lo observaron renquear hasta allí sin atreverse a mover un músculo.

Luna que parecía ajena a todo, cogió a Neville de la mano y murmuró con tono soñador. –Vamos al río a ver si vemos Plimpys, vienen muy bien contra los Billywig, y seguro que alguno se ha escapado del pantano. –Luna, que vivía en una de las colinas del viejo Ottery St. Catchpole, algo más arriba de allí, conocía bien el riachuelo que discurría por la mitad del pequeño bosque que había junto a la casa de los Weasley. No era gran cosa, y era poco profundo, pero a la señora Weasley le valía para abastecer el huerto que con tanto mimo cuidaba.

Neville se encogió de hombros, y se despidió de los demás con un gesto, mientras la rubia ya lo arrastraba.

– ¡Voy con vosotros! –gritó Ginny cuando ya se alejaban. –No pienso perderme algo así –susurró divertida, para que solo ellos pudieran oírla.

– ¡Volved pronto! Vamos a comer en seguida –gritó Hermione a los tres muchachos que ya se internaban en el bosque. La pelirroja alzó un pulgar en el aire y se perdió entre los árboles como ya habían hecho Neville y Luna.

Fred y George, que seguían en shock desde la visita de Moody, cruzaron una mirada y sin añadir nada más, salieron corriendo hacia el cobertizo. Antes de cerrar cautelosamente, echaron una furtiva mirada hacia la cocina para comprobar que los adultos seguían dentro.

–Como si Moody no pudiera verles desde la cocina –dijo Ron negando con la cabeza.

Sus dos amigos estaban en otra parte.

–Mira, Hermione… –dijo retomando la conversación que había sido interrumpida por la llegada de los Longbottom. –Lo siento…yo no… –

– …quisiste decir lo que dijiste… –dijo la chica, ayudándole.

–Bueno, técnicamente no dijo nada. –añadió el pelirrojo, cuando al fin entendió de lo que estaban hablando. Lo dijo con simpleza, mientra picaba patatas de una fuente cercana. –Fuiste tú la que… –el chico se acobardó ante la mirada de Hermione, y se apresuró a llenarse la boca de patatas, mirándola inocentemente.

–El caso es que… –dijo ignorando al pelirrojo. –…no se como has podido volver a pensar que te ocultábamos cosas, si ya te explicamos el año anterior porqué lo hicimos. –El pelirrojo asintió enérgicamente con la cabeza, pero Hermione hizo caso omiso.

Harry se sentía realmente avergonzado, y no sabía qué decir. Pero la castaña, que se había emocionado más de la cuenta, no pudo evitar añadir. –Y más con lo que ha pasado –.

Harry sabía que el tema saldría antes o después. Ya había salido más de una vez en las cartas que Hermione le enviaba, comentándolo de pasada, pero aún así aquello le pilló desprevenido.

–Ya… –se limitó a decir de forma evasiva.

–Creo que ya salen –no sabía si su amigo lo había hecho a propósito o no, pero lo cierto era que no podía haber sido más oportuno.

Como Ron había dicho, los demás ya salían de la cocina charlando alegremente. Harry nunca les había visto tan contentos en ninguna de sus anteriores reuniones. El chico supuso que la incorporación de un miembro más para la causa llenaba de optimismo al grupo. Con amargura, pensó si habían tenido en cuenta la baja que habían sufrido el mes pasado, cuando Sirius había muerto como un peón muere jugando al ajedrez. ¿Llegaría a caballo? ¿Quizá alfil? ¿Y dónde se había metido Dumbledore? ¿Acaso no quería celebrar que la señora Longbottom pasaba a engrosar sus filas? ¿Estaría moviendo más fichas del tablero?

Aquel ambiente festivo cada vez le incomodaba más. No tenía demasiadas ganas de celebraciones, y si fingía algo de optimismo era por Neville. El muchacho y él habían acortado distancias en los últimos meses. Desde lo del ED, la visita al ministerio y la constante comunicación por carta durante aquellas semanas, ya contaba a Neville como un amigo más y no sólo como compañero de casa. Por eso, no quería que el muchacho tuviera que aguantar caras largas el día de su cumpleaños.

–Genial, ¿Y estos tres? –masculló Hermione exasperada, mirando hacia el bosquecillo por el que habían desaparecido los tres amigos.

–Ya voy yo –se ofreció Harry.

Aliviado de no tener que fingir sonrisas ni tener que participar en conversaciones simulando un interés que no sentía, se dirigió hacia los árboles. Solo cuando entró en el pequeño bosque, se dio cuenta de que nunca había estado allí. Desde luego no se parecía en nada al bosque prohibido de Hogwarts. El suelo, tapizado con hojas de toda la gama de los marrones, parecía inmune al verano que transcurría ahí fuera, dejando una perpetua sensación otoñal. Los árboles eran centenarios y sus raíces formaban hondonadas y pequeñas colinas que hacían difícil el caminar. No muy lejos de allí, podía escucharse el sonido tintineante del agua al corretear libremente, y haces de luz se colaban por doquier entre las ramas de los árboles, dejando un dorado resplandor en el ambiente. Siguió el murmullo del agua, bajando y subiendo pendientes por aquel irregular terreno, preguntándose porqué nunca había estado allí antes.

–Pssst… ¡Harry! –susurró alguien cuando estaba a punto de llegar al riachuelo. El muchacho, confuso, miró en redondo sin encontrar respuesta. - ¡Aquí, Harry! –volvió a repetir la voz.

El chico alzó la vista, y ahí estaba. Ginny, ni corta ni perezosa, se había subido a un enorme árbol en lo alto de una de aquellas pequeñas colinillas. El tronco del árbol era tan ancho, que el chico supuso que habría que aunar tres Hagrids para poder rodearlo.

–Pero, ¿Qué estás haciendo ahí? –preguntó sorprendido.

–Shhh… ¡baja la voz! –susurró alarmada, e hizo un gesto con la cabeza señalando hacía donde Harry se había estado dirigiendo. –Sube, anda –

Con la ayuda de Ginny y de una enorme y saliente raíz, el muchacho, que seguía confuso, subió al árbol sin demasiado esfuerzo. Si había tenido alguna duda sobre la resistencia de las ramas, ésta se había disipado en cuanto vio que tan solo una de aquellas ramas, sería capaz de aguantar a Crabbe y Goyle con Dudley en brazos, y todavía ser capaz de seguir repartiendo savia de forma airosa.

– ¿Qué estamos… –comenzó Harry.

Ella se llevó un dedo a los labios y le indicó que mirara hacia la hondonada que tenían más alante. Él, obediente, siguió la dirección de su dedo y se encontró con una escena que le dejó de piedra.

Tal como había supuesto, bajando aquella colinilla estaba el riachuelo del que habían hablado. Y en la orilla del agua estaban Neville y Luna, besándose. Bueno, al menos ahora entendía porque no había oído voces.

– ¿¡Pero qué… . –susurró el chico para sí. Ginny que sonreía de manera soñadora, le dio un pequeño empujón y volvió a instarle a callar. Harry que volvió la vista debajo de nuevo, reparó en los detalles. Era Luna la que besaba a Neville, sosteniéndole por las mandíbulas pese a ser más baja que él. Neville, estático, parecía no saber ni donde iban las manos.

–Contra los torposoplos –rió la chica en voz baja, mientras recogía sus piernas en un abrazo.

–¿Me estás diciendo qué…? –susurró el chico asombrado, mirando a la pelirroja y a la escena simultáneamente.

–Te lo estoy diciendo –asintió conteniendo risa

–Así que eso… ¿solo es…? –

–Solo eso. –confirmó la pelirroja.

– Hazme un favor, Ginny. El día de mi cumpleaños, aleja a Luna de mí, ¿vale? –dijo empalideciendo.

–Hecho. –dijo divertida.

– ¿Entonces qué haces aquí? ¿Cómo es que no estás…? –

– Luna me había explicado como se alejaban los torposoplos. –susurró divertida. – Estábamos buscando Plimpys de agua dulce, pero como no aparecía ninguno, dijo que había otras criaturas más importantes de las que se tenía que proteger, como los torposoplos…entonces… –

–…Entonces, casualmente te acordaste de que tenías algo importante que hacer… – añadió el chico sonriendo. – ¿Cuál fue la excusa? –

– Ir a ver si ya íbamos a comer. No se me ocurrió nada mejor –se encogió de hombros, sonriendo inocentemente. –No quería perderme el ritual contra los torposoplos, pero supuse que debía darle a Neville la posibilidad de poder ocultarnos lo que había pasado. –añadió con naturalidad.

– Ya veo… –sonrió el chico.

Los ojos de Ginny destellaban mientras se perdían en Luna y Neville, como los de un niño al que le han comprado una escoba nueva.

– ¿Cómo es que nunca me habíais enseñado este sitio? –preguntó el chico con la mirada perdida en los ojos marrones de la muchacha.

–El bosque siempre ha estado lleno de trampas y trastos de George y Fred –explicó la pelirroja en voz baja, volviendo sus ojos hacia él. Sus ojos se encontraron, y Harry, incómodo, desvió la mirada. La imagen de la luna escarlata había vuelto en el peor momento. No quería que Ginny pensara que volvía a tener sueños extraños que conectaran su mente con la del señor Tenebroso, así que sacudió la cabeza fingiendo espantar un molesto mosquito. Ella arqueó las cejas extrañada, pero continuó. –Pero el año pasado, cuando se marcharon de Hogwarts, mamá les hizo quitarlo todo, amenazándoles con tener que ir a vivir con la tía Muriel. –el chico soltó un convincente silbido de asombro. Ya sabía como se las gastaba tía Muriel. La chica continuó. –Entrar en el bosque era lo mismo que entrar en la Sala Común de Slytherin vestido de escarlata y dorado, gritando " ¡Sois unos mantas! " –

El chico soltó una sonora y espontánea carcajada al imaginarse la escena, y pronto calló en la cuenta de que había hecho demasiado ruido. Con el corazón en la garganta, otearon el río para ver si habían sido descubiertos; y asombrados, vieron que en la orilla no había nadie.

Echando un rápido vistazo, descubrieron a lo lejos a una Luna risueña danzando hacia la salida del bosque; mientras que en lado opuesto un Neville, iba hacia un árbol con los ojos desorbitados y una mano sobre sus labios, y se dejaba escurrir tronco abajo.

–Pobre Neville… –murmuró Harry sonriente.

–O no tan pobre… –secundó la pelirroja. –En fin, volvamos. ¿Supongo que has venido para eso no? –el chico asintió, y ambos se levantaron. –Vamos a por Neville; no le veo capaz de llegar al jardín solo. –añadió divertida.

Bajaron con cuidado y se dirigieron al árbol entre cuyas raíces se encontraba Neville, unos cuantos metros más allá. Mientras caminaban por aquel suelo tapizado de hojas, la muchacha, que se había quedado rezagada, murmuró deteniéndose. – ¿Cómo estás? –Harry desorientado, se dio la vuelta para ver como la chica se había detenido y le miraba con el semblante serio.

–Bien – contestó de forma automática.

–No seas cínico, Harry. No estás bien. Nadie estaría bien en tu lugar. –dijo serena.

El chico no supo qué decir y ella continuó. –No fue tu… –

–Sí lo fue –la atajó. Un destello de rabia cubrió sus ojos verdes.

–Déjame terminar –dijo Ginny sin amilanarse. –Subestimó a Bellatrix y Dumbledore a él. –El chico centró su atención en varias hojas del suelo, ceñudo. –Solo fuiste en su busca porque creíste que estaba en peligro. –

Harry soltó un bufido. –La gran costumbre de tener que hacerme el héroe creyendo que todo el mundo necesita mi ayuda…Sí, Hermione ya me… –arrojó con amargura, sin apartar la vista del suelo.

–Si no fuera por esa costumbre, yo no estaría aquí. –terminó Ginny, y Harry se atrevió a alzar la vista para encontrarse con unos brillantes ojos marrones que le devolvían un gesto sereno. Sin añadir nada más, Ginny echó a andar, pasando de largo y dejándole en el sitio con la vista perdida. Ya se alejaba, cuando el chico salio de su trance y se apresuró a seguirla.

Como ella había hecho segundos antes, se detuvo tras ella y murmuró. –Gracias. –dijo incómodo. Ella, hizo lo propio girándose. –No, gracias a ti. Creo que nunca te di las gracias por aquello. –concluyó.

Era difícil pensar que hablaban de salvarse la vida, y no de cualquier otro tema trivial que preocupara a jóvenes de su edad. Voldemort la había poseído y casi matado. Igual que a él. Posiblemente batirían un record personal en cuanto a "niños que Voldemort tuvo a su disposición pero que no pudo matar". Lo gracioso es que Harry era más responsable de la supervivencia de Ginevra Weasley que de la suya propia.

El chico se rascó la nuca, nervioso. –Ya…bueno. –

Ginny no era amiga de las situaciones violentas así que cambió el semblante. –Además para eso estamos las hermanas pequeñas de los mejores amigos, ¿no? –dicho eso, echó a andar de nuevo. Harry seguía impactado al comprobar que las palabras de la muchacha habían conseguido aligerar un poco el peso opresivo que le había hecho compañía durante todos aquellos días. Quizá por eso, a penas reparó en el tono de la chica que ya le había vuelto a ganar delantera. La siguió ausente en la distancia, tratando de entender porqué las palabras de la pelirroja sí conseguían hacer mella en él, cuando otros lo habían intentado sin resultado.

Finalmente llegaron junto a Neville, y Harry al igual que había hecho la pelirroja se detuvo frente a él, ladeando la cabeza.

–Este va a ser el mejor cumpleaños de Neville –dijo examinando los aspavientos que seguía haciendo el chico. Parecía presa de un hechizo Confundus.

–Creo que al final Luna no pudo hacer nada contra los torposoplos –añadió la chica.

Agarraron a Neville de cada lado y desandaron el camino que les había llevado hasta allí dando traspiés con el muchacho, cada uno perdido en sus propios pensamientos.


Hola de nuevo! Estoy reescribiendo de nuevo el fic, aportando pequeños cambios que creo vendrán bien para futuros capítulos. Si alguno ya leyó esta historia antes, que no se confíe y que la vuelva a leer. No vaya a ser que se lleve sorpresas :P

Ha pasado mucho tiempo y la cabecita también ha cambiado, pero siempre le he tenido ilusión a este fic, y por eso vuelvo con él. Con más ganas que nunca.

Ya sabéis, si os motiva. Review.

¡Se agradecen mucho!

Nos vemos en el próximo ;)