Bendición en campo de guerra, niñez olvidada

II

– ¿Ah?

– ¡No lo puedo creer! ¡Estas viva! ¡Oigan vengan! Mebuki, ¡es Tsunade!

De repente Tsunade ya estaba rodeada de personas y eso comenzó a asustarla. La ayudaron a ponerse de pie y una mujer se acercó a ella rápidamente para abrazarla.

– ¡Oh por Dios! ¡No lo puedo creer! Tsunade, ¡estás bien!

En su estado de shock trataba de recordar quienes eran todos ellos.

–Mujer, déjala respirar – la condujo por el lugar y la sentó en un sillón roído – disculpa el lugar pero por ahora es todo lo que tenemos.

Tsunade inhaló varias veces para poderse recuperar, miró a todos y se centró en las dos personas que tenía delante.

–Mebuki… Kizashi… pero ¿Qué hacen aquí?

–Tratando de recuperar lo que es nuestro – dijo el hombre llamado Kizashi.

– ¿Saben que está pasando? – Tsunade los miraba a ambos con preocupación.

–Temo que es en parte nuestra culpa de porque las cosas están así – Mebuki se acercó a ella con la cabeza gacha y se sentó junto a Tsunade, la mujer rubia de ojos jade vio el bulto que Tsunade cargaba – no sabía que tenías un hijo.

– ¿Qué? – Tsunade se sonrojó – ella no es mi hija – dio un suspiro – es una historia complicada, hace unos cinco meses un hombre tocó mi puerta y me dio a la niña – mostró a Megumi a su amiga y esta la cargó – me dijo que la sacara de aquí pero para mi condición es complicado, hace escasas horas salí de lo que quedaba de mi casa en busca de un refugio para escapar de aquí.

–Sera mejor que abortes ese plan Tsunade – Kizashi se cruzó de brazos y las demás personas que estaban ahí se comenzaron a esparcir ocupándose de sus actividades – toda salida del país está cerrada y vigilada por el ejército.

–Kizashi explícate, se supone que eres el presidente, todo iba muy bien…

–Hace mucho tiempo que no nos vemos Tsunade – Mebuki arrullaba a la bebe mientras observaba sus curiosos ojos jade oscuro – todo comenzó hace muchos años – acarició el rostro adormilado de Megumi –, cuando Kizashi entró al poder era claro que no podíamos estar juntos; nuestro tesoro más valioso lo tuvimos que dejar atrás. Mi investigación estaba dando frutos, pero no sabía que dentro de mi laboratorio estaría alguien infiltrado del ejército.

–Desde hace tres años todo se fue complicando aún más – Kizashi se sentó en una caja frente a las mujeres. – Mebuki había desarrollado una vacuna para hacer más resistentes a las personas, inclusive su capacidad intelectual era excelente. Danzou Shimura se enteró de esto gracias a su infiltrado y dio esta información a Sabaku.

–Espera un momento – se levantó alterada Tsunade – entonces el país de Sunagakure, ¿está metido en esto?

–No, – respondió Mebuki de lo más tranquila – ellos no tienen nada que ver en eso, si fuera así, las personas que están allá estarían en problemas, al contrario Sunagakure está ayudando en lo más que puede, pero ese hombre Sabaku está bien protegido, aún no hemos podido dar con él.

– ¿Y los secuestrados?

–Está experimentando con ellos.

Kizashi se observaba abatido mientras que Mebuki comenzó a llorar. Tsunade tal vez podía entenderla. Realizar algo con todo tu esmero y que eso sea para acabar con alguien, ella lo entendía muy bien.

–La vacuna es un éxito, pero…

–Sólo se puede emplear con alguien de la misma línea sanguínea. – La voz de Mebuki era un susurro.

–Mebuki…

–Ella también fue secuestrada – siguió Mebuki llorando – si no la hubiera dejado sola, si no hubiera seguido con eso…

– ¿Ella?

–Nuestra hija – Kizashi miraba impotente a Mebuki mientras que Tsunade caía de plomo al sillón. – Nadie sabía eso más que mi esposa y amigos de confianza. Ante la ley, Fuka era mi mujer y la única persona que podía ayudarme a estar dentro del gobierno. Ella no tuvo ningún problema, únicamente estábamos juntos en eventos sociales y lo referente a política. Cuando me enteré de que Mebuki esperaba a nuestra hija estábamos muy felices. Fuka nos remendó que tratáramos de tener a nuestra hija en el anonimato.

–Por eso le di mi apellido. Y para evitar sospechas la dejamos al cuidado de mis padres. Ellos inventaron que la niña había sido abandonada a la puerta de su casa. De vez en cuando íbamos a visitarla y conforme fue creciendo ella se dio cuenta de que sus padres éramos nosotros y le explicamos la situación –. Mebuki tragó grueso y entregó a Megumi en los brazos de Tsunade.

–No le dimos la vida que merecía y a pesar de que ella creció feliz siempre necesito de nosotros pero tal vez ella pensaba que no quería ser una carga. A sus 18 años, al entrar a la universidad ella decidió vivir sola, a veces le escribíamos o íbamos a su casa una vez cada seis meses.

–Fuimos unos egoístas, ni en los momentos más importantes de su vida estábamos con ella – Mebuki se tapó el rostro con sus manos mientras lloraba más fuerte –, nuestros deseos egoístas hicieron que nos alejáramos de ella y ahora ella esta…

– ¿Entonces la quieren recuperar?

–Si fuera así de sencillo... La situación está más complicada de lo que crees. Hay pocos que nos quedamos para defender Konohagakure. Con suerte, tenemos contacto con algunos grupos rebeldes y nos estamos organizando, otros prefieren hacerlo ellos mismos pero logrando el mismo objetivo mientras que otros han sido atrapados por ellos.

– ¿Y las demás naciones?

–Están al margen.

–Ellos prefieren tratar a Konohagakure como un punto invisible en el mapa. Sunagakure hace lo que puede pero sin el apoyo de las demás naciones es imposible.

–Además – Mebuki se recargó en el asiento mientras se limpiaba las lágrimas que seguían saliendo de sus ojos – de algún modo Sabaku se encargó de amenazar a los líderes de las cuatro grandes naciones.

Tsunade se sentía a estallar. Era como estar en un callejón sin salida. ¿No había forma de hacer algo? Estaban atados de pies y manos.

Veía a Megumi y se preocupaba por ella. ¿Qué futuro le esperaría a esa niña?

El tiempo fue pasando. Tsunade se acostumbraba a estar más tiempo con las personas y poco a poco comenzó a ayudar con lo que mejor hacía. Curar heridos. Fue algo muy difícil pues siempre había alguien que debía de morir y comenzaban sus ataques de pánico. Mebuki estaba siempre con ella y trataba de ayudarla. Aquella clínica en la que se escondían la tuvieron que abandonar. Estuvieron vagando por el drenaje y dieron a túnel sin salida. Cerca de ahí había una pequeña compuerta que estaba tapada por piedras. Accedieron a ella y entraron al sótano de una guardería. Al revisarla notaron que era amplia y funcional. Era como si la guardería tuviera dos niveles por debajo del suelo.

El nivel inferior lo adaptaron como casa y base de operaciones, el superior lo tuvieron que acondicionar con trampas para evitar que el enemigo llegara a ellos.

Ese fue el hogar de la increíble Megumi.

Mebuki se había encariñado demasiado con la niña. Algo en ella le recordaba mucho a su hija. Sus ojos verde oscuro con esa chispa de vida y alegría. Hubiera jurado que era ella cuando era una niña pero el negro de su cabello y la piel pálida de Megumi le hacían romper esa ilusión.

Megumi se divertía mucho con las personas que estaban en su casa. Y todos y cada uno daba gracias por tenerla, pues ella era ese milagro de la guerra.

Tsunade junto con Mebuki le enseñaron medicina. A sus tres años, Megumi era una niña que estaba con sed de conocimiento. Se aburría fácilmente cuando nadie le enseñaba nada y comenzó a aventurarse en otras cosas. Desde armas a tecnología y así fue como ella encontró su vocación de ser una hacker.

Todos confían en ella, pero ella veía como aquellas personas comenzaban a irse de una en una. Sus abuelos, como así les decía, fueron los últimos en irse.

–Necesito que se queden aquí – explicó Kizashi a Megumi – además, no puedo permitir que vean a nuestra hermosa niña, ella nos pertenece y no queremos que nos quiten lo único valioso que tenemos.

– ¡Pero no es junto! Yo también puedo pelear – gimoteó Megumi – yo quiero ayudarles.

–Megu – dijo con cariño Mebuki – con lo que haces ahora es más que suficiente, además, quieres encontrar a tus padres, ¿no es verdad?

–Sí, pero…

–Prométeme que pase lo que pase, harás tu deber y darás con ellos.

–No es justo – lloró Megumi y Mebuki la abrazó.

–Te prometo que un día vivirás en una hermosa casa con papá y mamá. Un día esta pesadilla se va acabar.

Megumi no dijo nada, únicamente se abrazó más fuerte a Mebuki. Tsunade abrazó a Kizashi y después a Mebuki. Seguramente, sería la última vez que los vería.

Y así fue.

Habían pasado tres meses y no tenían noticias de ellos. Megumi seguía esforzándose por encontrar el lugar de aquellos hombres que habían roto con su pequeña familia. Ella tenía que acabar con ellos y por eso debía de observarlos.

A veces huía de casa para verlos. Ella sabía muy bien que si la atrapaban jamás volvería con Tsunade y si dejaba sola a la única persona que estaba con ella, se pondría mal. Cuando Tsunade la descubrió le dio un ataque de pánico y ansiedad que Megumi se preocupó al verla de ese modo, así que juró que jamás saldría… siempre y cuando Tsunade no lo notara. Claro que la atrapó varias veces y Tsunade se tranquilizaba al instante de su llegada después de reprenderla, pero Megumi no hacía caso. Ella quería aprender más y saber más de lo que pasaba afuera y de algún modo eso aumentaba la motivación de esa niña para lograr aquella misión que Mebuki le había encomendado.

–Yo sé que lo vas a lograr Megumi –dijo Tsunade mientras le acariciaba la cabeza.

–De algún modo, yo también lo sé y me siento entusiasmada.

Megumi siguió tecleando rápidamente mientras la pantalla pedía un sinfín de códigos de acceso.


Hola a todos!

Bueno, aquí dejando un capitulo más, antes de irme de viaje :)

Aunque seguramente publicaré uno antes de irme (ya esta en proceso el capi :p)

Quiero agradecer a todos aquellos que siguen la historia, que me tienen como fav y que se han unido a mi humilde pagina de FB ( ), gracias por todo el inmenso apoyo brindado... creo que una vez que llegando de mi viaje publicare otro fic que es un poco más fantasioso jojojo, pero bueno ya les daré más detalle en FB...

De nuevo, muchas gracias por el apoyo brindado al fic y a este remedo de intento de escritora xDDD

Nos veremos en la otra!