N-A: Un agradecimiento especial para kirtash96, puedo decir que por ella es que he actualizado, muchísimas gracias por molestarme y empujarme tanto, me hacía falta alguien así, este capítulo dedicado especialmente para ti...DISFRUTALO.


Capítulo 6: El Secuestro

El viento golpeaba fuertemente en contra de la ventanas de la oscura mansión, movía los árboles y las hojas que se encontraban a su paso, pero eso no importaba, ni la oscuridad que se percibía en la mansión y sus alrededores o la amenazante tormenta que amenazaba con comenzar, no, eso no importaba. Lo que importaba, era el hombre que se encontraba en frente de dicha mansión, con el viento moviendo su capa y cabellos blancos como la nieve.

Llevaba parado en frente de la Mansión Riddle, durante más tiempo del que le hubiera gustado, esperando una sola oportunidad para poder entrar sin ser detectado, todo estaba listo, ese día si mal no se equivocaba y de acuerdo a la información de uno de sus espías, claro no Snape, desconfiaba mucho de ese hombre y estaba casi seguro de que era completamente oscuro, no, él no, su espía era otro, y este le había informado sobre las prácticas secretas que realizaba la niña y el Lord y como después ella terminaba completamente agotada, no sabía con seguridad las defensas, pero ya las iría descubriendo.

Dio un paso hacia adelante, su barba y cabellos amarrados para no molestarle en su camino, la única debilidad el Lord, era esa mocosa que residía en la mansión, con ayuda de un elfo, que en ese momento se debería de encentrar con él en unos minutos y que estaba bajo la maldición Imperius, pero tal vez no llegaría a si que lo mejor era apresurarse.

-Perfecto -el hombre puso más atención a lo que pasaba en la gran casa.

Una sonrisa malévola se posó en sus labios mirando con satisfacción como la luz superior se apagaba, dejando la mansión en completa oscuridad, haciéndola lucir aún más tenebrosa, las penumbras tragándosela para sí, solo un silencio aterrador de testigo. Con el sigilo de un ladrón se acercó a la puerta lateral y saltando por la reja de metal llegó al suelo casi arrodillado. La poción rejuvenecedora combinado con una revitalizante lo tenían como nuevo, o bueno, pro lo menos un poco más joven de lo que realmente era y parecía exteriormente.

Saliendo de sus pensamientos palpó la hierba verde oscuro con sus manos sin sentir alguna especie de magia en ella, para que nadie logre entrar ala mansión sin tener problemas con los dueños.

El jardín que observaba era realmente hermoso y magnífico, al abrirse las rejas se entraba a un camino de piedra negra, con un arco encima de este, cortándolo en una intersección par dos caminos diferente. El arco eran realmente muchas rosas o rosales creciendo en forma de arco, sujetándose por un hechizo y con pequeños espacios para que la luna o el sol pasase por ellos, iluminando un poco el camino.

Una curiosidad de las rosas mágicas, o por lo menos aquellas rosas eran que durante el día las rotas eran completamente blancas, mientras que en la noche eran completamente negras, siempre acompañadas de rosas color sangre y azul oscuro, tal como en ese momento que solo se podían observar aquellos destellos rojos y azules en la noche sin estrellas.

Albus Dumbledore, el nombre de el hombre que se encontraba profanando en ese momento la seguridad de la casa, ignoró los caminos en frente de él mientras se ponía en pie descuidadamente, mirando a su alrededor, comenzó a caminar sobre la hierba, sin pisar ningún pétalo que parecía haber caído ahí por accidente.

Que ingenuos aquellos que lo creyeran así realmente, ya que cada pétalo guardaba un fuerte veneno, que era capaz de hacerte sentir el más fuerte dolor o hacerte perder la consciencia al instante, los pétalos se encontraban ahí por todo lo largo del arco hasta llegar a la T que se había formado más allá y cortaba el camino, al igual que el arco.

-Que idiotas -gruño el hombre al casi topar un pétalo.

Siguiendo con el camino de piedra hasta la entrada personal, el camino de la derecha avanzaba hacia los jardines principales de Elena y el campo de entrenamiento de los niños y mortífagos, a la izquierda se iba a las criptas, bodegas y almacenes en donde se guardaban las viejas pertenencia y gran cantidad de armas con algún defecto.

El por qué los guardaban era un misterio para Hermione y para toda la familia, menos Tom y Elena. Esta última, porque su esposo le había dicho que cada cosa que había ahí, había pertenecido a un hombre diferente o también mujer, cada objeto estaba con la sangre del portador. Ya sea que este está vivo o muerto. Así tenía su disposición un enorme ejército de hombres que por tener su sangre, funcionaba como un Imperius, pero sin el hechizo incluido.

Tenía una puerta que solo se podía abrir con la sangre de Tom o Hermione, y sus descendientes al caso, era la forma más segura de proteger cualquier cosa, especialmente si esta era una vida. Dumbledore tenía una ventaja, en un colgante que siempre llevaba consigo, colgaba un frasquito de color negro, con sangre de Riddle dentro de él.

Así pasó la primera protección, la segunda era un truco, un tanto interesante, las alarmas solo sonaban, si las intenciones del intruso del intruso era de hacer daño a las familia, claro, las intenciones de Dumbledore no eran esas, bueno, sí lo eran, el primer paso era aceptarlo, pero las protecciones se tenían que dar cuenta, por esa razón, disfrazaba su intención con el deseo de poder llegar al sótano.

Saltando la barrera tomó el camino de la izquierda acercándose cada vez más a la puerta de madera oscura se podía ver. En poco tiempo había dejado los bordes de piedra y hierba verde, por un camino lúgubre y de cemento. Se detuvo en frente de la puerta y poniendo dos gotas de sangre en su dedo, pudo pasar, las puertas se abrieron en completo silencio hacia adentro, dejando un pequeño espacio, justo para un elfo.

Pero no lo suficientemente para un humano. El profesor, futuro director, se arrodilló y trato de entrar, pero solo sintió vació, el sótano era aún más profundo de lo que parecía, para lograr entrar había dos puertas, la primera por donde pasó a duras penas y que para lograr llegar a su destino, se necesitaba bajar una gran cantidad de gradas, no era un problema, claro, si fueran normales, pero el espacio entre cada grada era de un metro de alto y Abus, con la poca luz de la luna que llegaba al sótano, solo lograba ver dos de aquellas gradas.

-Qué tan difícil puede ser mi querido Tom -susurró con una sonrisa.

Saltó y flexionó las rodillas al sentir el impacto, lo volvió a hacer, pero al tocarlo, las puertas por la que entró se cerraron, dejándole en completa oscuridad, rodeado de penumbras, conjuro un suave lumus y votando su varita, saltó hacia la siguiente, hasta que al fin no vio más gradas, al tocar el suelo varias antorchas, pegadas a la pared se encendieron revelando toda la habitación, aunque se lo podía considerar un inmenso túnel de cientos de kilómetros y kilómetros de distancia.

Pero el hombre no se fijó en ninguno de los objetos que parecían reinar sobre la habitación, evitando los estantes y cajas donde estaban, avanzó con rapidez, pero con seguridad hacia la otra puerta que se divisaba al otro extremo del túnel. A punto de tocar la puerta miró la cerradura, esta parecía. Una serpiente enroscada sobre su mismo cuerpo, esos ojos perturbadoramente rojos lo miraban resaltando en la gran gama de escamas negras y plateadas.

Acercándose tocó con un palo de madera, algo muy parecida a una rama, tomada del jardín de los Riddle, hasta eso había planeado y maquinado, ya que al tomar en cuenta el hecho de que la rama se encontraba apoyada en un columpio, lógicamente donde la niña jugaba cuando era pequeña, ahora olvidado y por lo tanto, sin ninguna protección, pero aún guardaba el ADN de la mocosa de Riddle.

Lo cual era maravillosamente prefecto para sus planes. Mientras una mirada demente se posaba en los ojos del anciano, la rama había llegado a su destino, la serpiente se movió y sacando la lengua, ella era ciega, para proteger los tesoros , guardándolos sin saber lo que eran. Moviéndose un poco más, reconoció el aroma de su ama favorita, o bueno la niña que la mayor parte del veces se paseaba por los pasillos y se detenía por largas horas contándole como se encontraba el mundo.

Mientras que ella le contaba varias historias de las familias que había tenido la oportunidad de cuidar con el paso del tiempo. La serpiente sin pensarlo mucho le dio el paso hacia su hogar, al pasar cerca de ella la "niña", un fluido diferente le llegó, siseando, lo intentó asustar, para que se fuera.

-Lo siento querida, demasiado tarde -el hombre intento seguir, pero la serpiente lo intentó morder.

Ahora el hombre no la tomó en cuenta y siguió avanzando, la astuta, no tan astuta serpiente, avanzó llamando a sus hermanas dentro del castillo que a su vez protegían a cada persona de la familia, dándoles especial atención a los animales que custodiaban las puertas, ya listos para atacar a los intrusos, los guardianes de cada puerta las cerraron con seguro, encantamiento y hechizo, varias protecciones y maldiciones.

El comedor, el salón, la cocina, las salas de música, de estar, para jugar, de enseñanza, las salas y paredes de armas y entrenamientos, los cuartos de tortura, de reuniones, de mortífagos y las habitaciones de huéspedes, de elfos, abandonadas y las que simplemente estaban ahí como recuerdo, los cuartos de juegos cuando Hermione era niña y demás.

Así fueron hasta llegar a la habitación de la misma niña un poco más grande y crecida, de sus padrea, donde el lobo y la serpiente salieron de la puerta y tomaron posición de ataque, lo mismo sucedió con los lobos del cuarto principal, loa animales eran como los patronus de los magos, solo que estos en lugar de atravesarte, te golpeaban, mientras que tu solo lo traspasabas si los intentabas atacar.

Una idea mortal y muy útil por parte de Riddle, lo malo era que no podían hacer ningún intento de entrar a cualquiera de los cuartos de sus amos si el expreso permiso de alguno de ellos. Regla que había sido impuesta, desde hace mucho, cuando Hermione era niña y comenzó a llorar muy fuerte, al inicio no le dieron importancia, pero después la serpiente entraba a la habitación de la niña para intentar calmarla y afuera lo los tres lobos estaban casi tumbando la puerta, si no fuera porque eran prácticamente intocables en ese momento a la habitación de sus amos.

-Amos, la bebe -aullaron los tres lobos sin fijarse, pero al no recibir ninguna respuesta levantaron la cabeza.

Quedándose totalmente congelados en sus sitios, sus amos estaban MUY felices, haciendo Dios sabrá qué debajo de las sábanas. Si los lobos se hubieran podido sonrojar, hubieran hecho y se hubieran retirado inmediatamente.

Pero no hicieron eso, intentaron salir , pero los tres lobos no pasaban por la puerta , provocando y un gran estruendo, haciendo que su amo salieran saltando y cayera sobre el suelo boca abajo, dejando a su ama solo con una sabana, muy fina, su amo se estaba poniendo morado, por lo que muy inteligentemente, se fueron corriendo y volviendo a su respectivos puestos, con la serpiente esperándolo, porque la bebe ya se había calmado.

Desde ese fatídico día, los animales, no podían entrar a las habitaciones de sus amos sin su permiso o autorización correspondiente. Algo malo en estos casos, ya que no se les podía avisar, tanto por el hechizo, como por el hecho d e que sus amos, ya se encontraban en los brazos de Morfeo y el poder que resguardaba las respectivas habitaciones de sus amos que no dejaban entrar a nadie, pero si la guardiana de los tesoros había sentido intrusos, era porque el extraño había logrado pasar todas las protecciones de la casa.

Sin exagerar eran sumamente peligrosas o el intruso tenía mucha suerte o era en demasía inteligente y conocía a sus amos tan bien como sus guardianes, habría que eliminarlo. Una sonrisa que haría hacer temblar al más valiente y fuerte "pajarito" de la orden, se posó en las respectivas bocas de cada animal, esperando, sintiendo la jugosa sangre en sus labios y la adrenalina corriendo por sus venas , no tuvieron que esperar mucho que digamos...

"Por el sur" -susurraron las serpientes de ese lado, haciendo virar y parar a los animales.

"Por el norte" -volvieron a sisear las guardianas, haciéndolos girar de nuevo.

"Por el este" -se oyó de nuevo el eco en al mansión de sus respectivas compañeras.

"Por el oeste" -los animales, al fin comprendiendo lo que sucedía, compartieron un gruñido sincronizado, se pararon espalda contra espalda.

Ila y Sem, los lobos de la habitación principal, se encontraban el sur y norte respectivamente, Jea y Tack, la serpiente y el lobo de Hermione, se encontraban al este y oeste igual que sus compañeros, formando una perfecta cruz. Listos para atacar, pero no habían tomado un pequeño problema, nadie veía hacia el techo, donde los problemas se acumulan y comienzan a caer literalmente, del cielo.

Un hombre, un profesor de Hogwarts, cual vil rata andaba por el techo, pero las serpientes se comen a las ratas con salsa de sangre y un poco de pimienta. El hombre recibiría su castigo bien merecido, tarde o temprano, pero lo haría. Dulce venganza, es decir, el Karma no vale en este juego macabro.

El anciano mirando hacia abajo, solo vio tres lobos blancos, sería fácil acabar con ellos, entre más rápido mejor para él, la capa caía hacia abajo, con presteza, lanzó un dardo golpeando a la loba, que cayó como si nada, de pronto, vio como los animales se transformaban en algo intangible de color blanco, uno de los dos lobos se acercó para acariciar con el hocico a su pareja, sacando el dardo con sus dientes, gruñendo, volviendo a lamer con suavidad la zona.

El hombre, lanzando un encantamiento de sangre, magia prohibida por el Ministerio de Magia, comenzó a cubrir al lobo que se mantenía en pie, mientras la pareja se hallaba del otro lado, que bien, la nube negra del hechizo lo comenzó a tragar y a eliminar lentamente el resplandor celeste blanquecino, pronto el lobo recuperó su verdadera forma, cayendo y alertando al último lobo, que comenzó a aullar y a rasguñar una de las dos puertas.

Dumbledore sonrió con malicia, todo había salido de acuerdo al plan, pues seguramente esa era la habitación de la niña, para que e lobo querría entrar a una habitación insonorizada y con varias protecciones. Bufando bajo se acercó al suelo con gracia, el lobo giro y abrió sus fauces, el anciano lanzó otro dardo que aruño el ojo, formando una cicatriz sobre el ojo izquierdo, pasando desde la ceja hasta la mejilla en vertical, saliendo sangre negra de aquella herida, el lobo pronto cayó al lado de su compañera.

Con una sonrisa de satisfacción formándose en su cara, avanzó pegado a la pared, sin llegar a tocarla, llegó a la puerta tallada y vacía, regresando a ver con asco a los dos animales, realizó un complicado conjuro para poder abrir la puerta, en un par de segundos cumplió su función, la puerta sin hacer ningún sonido cedió al más leve empujón de la varita, ni loco se arriesgaría tocar cualquier cosa de aquella maldita casa con alguna parte de su cuerpo.

-Muy bien -pensó el hombre agachándose levemente, solo por si las dudas, sabía que existía un gran balcón con ventanales como pared de la habitación, dejando así que entre la luz de la luna, aunque en estos momentos no se encontrara presente.

Dumbledore entró, esperando ver a una niña dormida sobre una cama pequeña o una cuna, por lo que estaba entendido, la pequeña solo tenia cuatro años, grande su su sorpresa al encontrarse con una habitación enorme, con grandes libros, sillones y una chimenea, gruñendo por esa vista. Confirmó que la niña solo era una mocosa consentida, avanzando se encontró con una cama tamaño King Size, un gran cabecero, para poder llegar se necesitaban unas pequeñas gradillas, formando un desnivel en el suelo, quedándose en el primer piso de la habitación, espero.

La figura que se encontraba ahí, se sentó sobre la cama, sería mucho más fácil atrapar a la mocosa si esta se levantaba, se escondió detrás del sillón, regresando su vista a la parte superior, no espero ver un par de ojos tan rojos como el infierno, rosando y amenazando con tragar el negro iris, la figura que se había despertado, envió una señal de magia y de reconocimiento de poder.

Dumbledore comenzó a retroceder, no estaba preparado para la lucha con Riddle, por lo menos, no aún, menos ese día de luna nueva, donde el nicromante tenía muchísimo más poder. Logrando salir antes de que la magia lo alcanzara, algo llegar al otro lado del pasillo, pero un grito de dolor y agonía abandono sus labios, algo lo había mordido en su pierna derecha, con un gruñido se deshizo de la maldita alimania, pues no había cerrado la puerta de la habitación, lo que significaba que Tom no tardaría en llegar y definitivamente, él no quería estar ahí cuando eso pasará.

Pasos apresurados se oyeron detrás suyo, justo al tiempo en el que entraba a la habitación de la otra alimania que vivía en la casa. Al momento de entrar lanzó un hechizo, pero dejo la puerta abierta.

-No me voy a quitar a mi mismo el placer de ver la cara de Riddle cuando descubra lo que va a pasar con su querida hijita -pensó para sí mientras se adentraba aún más en la habitación.

Cojeando, aún por el dolor de la mordida de la serpiente, se acercó a la cama sin poner real atención a su alrededor, grave error, ese mismo error fue la razón por la que provocó un estruendo al chocar contra el sillón, la niña se despertó un poco confundida y adormilada, pasó sus ojos por la habitación, únicamente iluminada por la suave luz de luna que entraba por la ventana que daba al balcón.

La volvió a escanear con más cuidado al notar una presencia extraña, además de los residuos del poder de su padre y los restos de un hechizo con magia desconocida para ella, advirtiendo la amenaza, sus ojos tomaron la apariencia rojiza heredada de su padre, al fin detrás del sillón estaba una figura que no era bienvenida, clavando sus ojos carmesí en el extraño se levantó de su cama, con delicadeza y cuidado tratando de que el hombre no la notará

Ahí la única arma que tenía se encontraba al lado de la chimenea, había dejado ahí su espada después del entrenamiento, saltando de la cama, Hermione, corrió para poder llegar a través del hombre que se encontraba arrodillado delante del sofá, el mismo hombre que la tomó del vestido que usaba para dormir, tan rojo como sus ojos en aquellos instantes, tratando de jalar y lograr avanzar, solo que el hombre imprimió más fuerza rasgando el vestido.

Hermione cayó y se golpeó la cabeza en contra de la pequeña mesa de cristal que estaba en frente de la chimenea, cayó al suelo con un fino hilo de sangre comenzó a brotar desde su sien derecha, bajando a través de un par de cabellos negros, cayendo a través de su mejilla y manchando el suelo debajo de ella, la alfombra blanca ahora tenía una gran mancha negra, nada de que preocuparse por el momento, tal vez más tarde la necesitase o alguien de su familia para lograr recordarla.

Pateando aquella mano con su otro pie, volvió a levantarse, casi tropezando y apoyándose en la mesa de cristal, ya casi llegaba allí, solo tenía que esforzarse un poco más, ya casi, estaba rozando la espada con sus dedos, solo un poco más, pero unos brazos fuertes, gruesos y muy pesados la rodearon, nada parecidos a aquellos que la arropaban y la abrazaban después de acabar una clase y termianr tan agotada que no podía recuperarse hasta el siguiente día, algo que estaba sufriendo en esos momentos.

Al instante la levantaron del suelo. A que momento el hombre se había puesto de pie, tal vez en el mismo momento en el que ella había quedado aturdida e intentaba coger su espada, sin lastimarse más de lo que ya estaba.

-Quédate quieta -gruño Dumbledore, pero Hermione no le estaba haciendo mucho caso que digamos.

La niña pataleaba y se removía sin descanso, sin gritar o hacer ningún sonido, porque no podía, la mano del maldito que había logrado burlar todas las protecciones de la mansión cubría su boca, mientras que la otra del mismo maldito apretaba su garganta hasta casi ahogarla, sin poder respirar, era lógico que no iba a poder emitir ningún sonido antes de que el maldito hombre la soltará.

Al tenerla sujeta por la espalda, tuvo que girar la cabeza desde su posición para poder ver a su captor, lamentablemente toda su cara era cubierta por una tela negra, a excepción de sus ojos, por lo que al virar la cabeza, se encontró con dos ojos azules perturbadoramente brillantes, con tintes de locura, pero no de aquella locura que se encontraba en los ojos de su tía Bella al torturar a las personas, nada que ver, eran comos si sus ojos estuvieran cubiertos por una capa de ceguera que no lo dejara ver la verdad a través de sus ojos, aunque parecía no importarle.

Hermione volvió su cabeza de nuevo a su posición original y tomando fuerzas llevó la cabeza hacia adelante, para mandarla con todo lo que tenía hacia atrás, así, le golpeó la nariz al hombre, Dumbledore la soltó como instinto y ella preparada para la caída, cayó como un felino, no león, no había que ofender a sus ancestros, sobre el suelo, su vista se dirigió inmediatamente a la puerta, por Dios, que desperdicio de tiempo y energía estaba resultando ser luchar contra el maldito. Estaba abierta, solo tenía que llegar allí.

Sintió de nuevo, como ya se estaba volviendo costumbre, para su mala suerte, como alguien, bueno, el maldito y condenado loco que entró a su mansión, la volvía a coger, solo le dio una mirada fastidiada, que estrés de hombre, en esos instantes sintió a su padre, su magia lo había reconocido como si fuera un llamado solo para ella, luego de unos segundos la figura de su padre se hizo completamente visible a través del hechizo que tapaba la puerta.

El viejo maldijo, en serio que necesitaba que alguien le lavará la boquita con agua y jabón, más de una vez a ella le había tocado pasar por esa experiencia, pero no era momento de pensar en eso, era el momento de darse cuenta el por qué de la maldición que había brotado de los labios del viejo, volvió a dirigir su vista a la puerta y lo que había creído que era una ilusión gracias al golpe en la cabeza, ahora veía a su padre más claro que nunca, bueno, tal vez estaba exagerando.

-Papi -gritó llena de desesperación, una vez recuperada de la impresión, otro grito salió de sus labios al sentir un pinchazo de algo afilado en su cuello- Papi, me llevan, me llevan, me llev...

La niña no acabó de decir la palabra antes de caer desmayada ante al mirada aterrorizada de sus padres y la de satisfacción de Dumbledore, ese susurro, inaudible para muchos, pero no para la persona a la que iba dirigida, ese susurro fue perfectamente audible para el Lord de la Mansión, que redoblando sus esfuerzos para romper el hechizó que cubría la entrada a la habitación, gritaba, pero no se oía nada.

Dumbledore recogió a la niña que había caído al suelo, mirando con orgullo y superioridad a los dos padres en al puerta, en menos tiempo del esperado, Elena había llegado al lado de sus esposo, después de comprobar a sus guardianes, ella no tenía le poder de romper el hechizo, pero tocando a su esposo, pasó gran parte de su energía mágica, mucho más rápido al ver como Dumbledore se dirigía la ventana.

Llegando al balcón regreso otra mirada brillante, Elena había caído al suelo con varias lágrimas cayendo por sus ojos, sollozando y gritando con todas sus fuerzas, al igual que sus esposo, DUmbledore no los oía, pero podía leer aquella familiar desesperación dentro de sus ojos, aquel sentimiento, que él disfrutaba infundiendo, en esta ocasión, más que en las otras, ese sentimiento que hacía mover a las personas.

El Miedo, en estos momentos tan metidos en él, que habían comenzado a tomar fuerzas de él, el miedo pronto los consumiría, de eso estaba seguro y ese sería el perfecto momento para atacar, cuando estuvieran más débiles, era un monstruo y lo sabía, pero como disfrutaba ser aquel monstruo que se llevaba lo que más querían lejos de ellos, que patéticos, negando con la cabeza y con una pierna levantada, listo para saltar.

-Adiós, mi querida familia Riddle -susurró el hombre, sabiendo que ese murmullo callado perseguiría la mente de sus atacantes al llegar a sus oídos por un buen tiempo.

Movió la capa para cubrir completamente a él y a la niña, en un estado de inconsciencia, saltó dejando como único rastro un fino aire. Tom al fin pudo romper el hechizo, pero era demasiado tarde, demasiado tiempo perdido.

-Hermione -gritó desde el fondo de su oscura alma, mientras caía de rodillas y manos con al cabeza abajo y los cabellos cubriendo su rostro en medio de la habitación donde había estado su pequeña, su hija, su princesa, su luz, su Hermione. La suave brisa les llevó su fragancia, cayendo Elena al lado de su esposo.

Esa oscura noche, fue la primera vez que Lord Voldemort tomó por completo el cuerpo, mente y alma de Tom Riddle, ya que este, había llorado lágrimas de sangre, junto con Elena, que sollozaba en el suelo, parándose con gracia y elegancia, recogió a su esposa en brazos, salió de la habitación de su hija, sellándola con un hechizo aún más poderoso del que había usado Dumbledore , un hechizo de sangre, el mismo que le había estado enseñando esa noche a su niña, irónico en verdad.

Bastarían con tres gotas de su sangre, un cabello y una simple oración.

-Sangre de mi sangre, alma de mi alma, carne de mi carne, cerca y cuida, resguarda y protege, el odio y el dolor de los recuerdos, de las personas malditas, de los daños, del cambio -una espesa niebla negra cubrió la habitación desde el techo.

Entrando por la ventana y cerrándola, cubriendo los muebles, apagando las luces, ocultando los retratos, cayendo sobre el suelo y al final cerrando al puerta con un grave sonido, el lobo y y la serpiente entraron dentro de su lugar en la puerta, cayendo en un profundo sueño, parecido a la muerte, pero sin llegar a serlo, las cortinas se cerraron, los armarios asegurados, la puerta con un fuerte sonido, se cerró, seguido del sonido de varias cadenas tomando lugar dentro de la habitación, en cada lugar que pudiera ser abierto alguna vez.

Tom ya afuera con Elena, aún en brazos, regresó al mirada la puerta, no era bueno que viera mientras el hechizo tomaba efecto, mirando de nuevo Lord Voldemort juró venganza y calmando a su esposa, entró a la habitación que compartían, al instante la puerta de enfrente desapareció, como si nunca hubiera estado allí, mirando hacia abajo se encontró con la sorpresa de Elena, sus ojos en lugar de estar apagados, brillaban como el fuego.

Una sonrisa que haría temblar al más fuerte cruzó sus bocas, la venganza llegaría y arrasaría con todos lo que lastimaron a su hija o si quiera tuvieron al intención de hacerlo. Dulce dolor, horrendo sufrimiento, una risa maniática fue el único sonido que resonó en aquella mansión, haciendo temblar a quien la escuchara y a otros entristeciéndoles, porque solo había una razón para ese sonido, varias risas más brotaron, estremeciendo a al noche.

En algún lugar del mundo muggle...

Dumbledore suspiró aliviado al ver que su plan había funcionado y lo más importante, había logrado escapar, un hechizo que no dejaba que nadie supiera donde estaba, lo descubriera o pudiera seguirle y trabajo listo, hecho y derecho. En un parpadeo se encontraba en el mundo muggle, mirando con asco a la niña que llevaba en brazos se acercó a una casa, ya previamente escogida, con una pareja, que sabía no tendrían problemas en acoger a la niña, rodeándola de mimos y cariño, lo que menos quería era la creación de otro Lord Voldemort.

Dumbledore cambió el cuerpo de la niña, su cabello negro, largo y con bucles, se convirtió en un tono chocolate con ondulaciones y corto hasta media espalda, aunque seguía manteniendo aquella apariencia manejada y suave, los ojos cambiaron al mismo tono que su cabello pero un poco más oscuros, le disminuyó su tamaño un poco para que aparentará menor edad en todos los aspectos, , con la cara no se podía hacer nada más, pero realmente esperaba que con el tiempo, fuera cambiando hasta hacerla irreconocible, algo imposible realmente, claro él no lo sabría hasta muy tarde ya.

Conjurando una especie de canasta, puso a la niña ahí, completamente tapada con solo una manta blanca, bordado con letras lilas, Hermione, así nadie sospecharía, algo que está en frente de sus narices y cambiando su vestido rojo por uno blanco, se acercó a la enorme casa blanca, con varias ventanas y un inmenso jardín, subiendo los escalones del porche dejo a la niña sobre el suelo, en frente de la puerta, la pequeña se había hecho un ovillo y parecía muy pequeña para sus cinco años de edad, aunque serían cuatro por el hechizo realizado. Perfecto.

Tocó el timbre de la puerta y corrió a esconderse detrás de un lado de la casa, dos segundos después un hombre de cabello color chocolate y ojos grises salió con una bata de seda azul oscuro.

-Quién es? -se oyó una voz gritar desde adentro de la casa.

-Jane, creo que tienes que venir -respondió en un susurro el hombre a la vez que se arrodillaba, un segundo después levantaba la tapa de la canasta. Un gemido de sorpresa salió de los labios de la mujer que apenas había llegado con al misma vestimenta del hombre, solo que en color lila claro.

-Vamos -susurró el hombre mientras tomaba a la pequeña, dejando abandonada la canasta, en realidad la nena no pesaba nada- En mi vida he visto a una niña más bonita que esta.

-Lo sé -le respondió en el mismo tono Jane, mirando el bordado en la manta- Hermione.

-Muy bonito -dijo Sebastian acariciando el cabello de la pequeña, igual al suyo propio, la nena se movió acomodando la cabeza en el cuello de Sebastian, ya que antes colgaba entre a,nos fuertes brazos, su mano viajo al corazón del mismo, posándose ahí, la otra descansaba en su vientre.

-Quédensela si quieren, no la queremos, ni necesitamos, ni la volveremos a ver o siquiera a buscar -leyó en voz alta Jean la nota que se había caído de la manta de Hermione, después de un jade continuó- Si no la quieren, déjenla en un orfanato cercano, no es nuestro problema.

-Podemos darle un hogar, y lo haremos -aseguró Sebastian con firmeza apretando más a la niña en contra de su pecho y oyendo un suave suspiró de ella, la tendrían que revisar, no por nada eran los mejores doctores del país, querían y debían asegurarse de que estuviera su cabello, la volvió a mirar.

No, él no dejaría que nadie se la llevara de sus lado, peor aún que le tocarán uno solo de sus cabellos, la pequeña Hermione lo tenía completamente hechizado, en el sentido metafórico, claro está.

-Vamos, entonces -habló Jane entrando a la casa.

Un poco preocupada ya que se había dado cuenta del gran golpe que tenía la pequeña en la base del cuello, a parte del corte en la frente, cubierto por su cabello. Hermione podría tener amnesia y tal vez, esa era la razón por la que sus "padres" decidieron abandonarla y no volverla a ver. Jane apretó los puños ante la infinidad de posibilidades que desfilaban por su mente, las causas del golpe y sus posibles consecuencias.

Sebastian también había notado el corte, pero aún no el golpe, no sabía como reaccionaría su esposo al verlo, era muy protector, en especial con los niños, era por esa justa razón, que había decidido hacerse pediatra en primer lugar, con ella compartiendo sus mismo amor, acompañándolo, desde la escuela hasta el día presente, entrando como ya muchas veces lo habían hecho a su hogar, solo que ahora con una pequeña.

La casa contaba con la entrada, llevando a un vestíbulo, la sala de estar, comedor con candelabros, la sala principal con una chimenea decorada en tonos tierra, seguido de una biblioteca, el estudio de Jane, el despacho de Sebastian, un baño social, la entrada al sótano, la cocina y la salida al patio, a parte de la entrada a la escalera de caracol que llevaba al piso superior y a las habitaciones, cinco habitaciones en realidad, solo dos en uso, la habitación principal de la pareja y la habitación de la que fuera la aya o nana de Jane.

Pasando pro el pasillo, subieron a las escaleras, siempre con Sebastian apretando fuertemente a Hermione en contra de su pecho.

-No -fue su pensamiento- No dejaré, que nadie más te vuelva a lastimar mi pequeña princesa.

Llegaron a la habitación que se encontraba al lado izquierdo de la que ellos mismo usaban, ya sea por una emergencia o por necesidad, pero la verdad, era que querían estar lo más cerca posible de la que iba a ser su nueva hija, en la habitación reinaba una amplia cama, con sabanas y colchas blancas, además de estar cubierta por doseles en cada lado de la cama, como si fuera un mundo aparte. A cada lado de la cama una mesa de noche y encima de estas un cuadro, en el de la derecha dos lobos siberianos y en el de la izquierda dos tigres blancos.

Un alfombra de cuadros negros y blancos cubría el suelo, dos sillones blancos, con una mesa de cristal en medio de ellos, en frente de una ventana, siguiendo por el lado izquierdo se pasa a un baño, donde antes de entres, esta una gran ventana con borde interior perfecto para sentarse y al entrar a la habitación, parecía que ese hueco en la pared no estuviera ahí. El techo simulaban constelaciones en un fondo gris.

Sebastian acabó de quitar la manta que cubría a Hermione, solo le habían descubierto su rostro, así, descubriéndola con un largo y suave camisón blanco. La intentó dejar en la cama, pero la pequeña no lo soltaba, con una sonrisa, se sentó sobre la cama, abrazando a la niña, su esposa, mientras tanto, había traído su maletín, apoyándolo en al cama, se poso al otro lado de la misma, con una gasa limpio el corte, cubriéndolo con una blanca crema con olor a menta.

Levantando su cabeza suavemente, Jean logro poner la misma crema en el golpe que se estaba volviendo morado en la base del cuello, pronto el olor a menta lleno la habitación haciendo suspirar y relajarse a las tres personas, Sebastian la volvió a intentar a acostar, pero la pequeña seguía aferrada a él, por lo que levantó las mantas y retirando con algo de dificultad las mantas se recostó, con Hermione escondida en su cuello.

Al regresar Jean, que había ido a lavar sus manos, se encontró con la escena más dulce que había presenciado, apagando la luz acaricio los cabellos idénticos que cubrían las almohadas de la cama, besó la frente de su esposo y se retiró con una sonrisa, idéntica a la que portaban los que iban a ser las personas más importantes en su vida desde ahora.

Muchas horas después solo se oyeron dos suaves murmullos, dichos entre sueños.

-Papi? -murmuro una niña de cabellos castaños abrazando al hombre a su lado.

-Sí, mi pequeña, mi Hermione, mi hija -respondió el murmullo apretando aún más a la pequeña contra su pecho, un aposición Que ya se estaba volviendo común en ellos, pero después de un tiempo, un par de ojos grises se abrieron en la oscuridad.

-Sí, Hermione, eres mi princesa, mi hija -casi gruñó volviendo a cerrar los ojos, sin ver la sonrisa de satisfacción que se había formado en los ojos de la que sería la persona más querida, cuidad y protegida del mundo entero.

La pequeña había dejado a una familia destrozada, pero había dado un sentido a otra, aunque los integrantes de cada una, no era que fueran muy diferentes entre ellos, claro eso no lo sabían ninguno de los dos, pero...Seguirá así?


Ok graxs a AnnaMalfoy1905 (lo que le falta por sufrir a la pobre); Guest (gracias ;); ilianamariacs (aqui ta); ReinaMalfoyEvans (jijijijijiji, gracias); 11 (muchas gracias); Lunajely (no la he abandonado, ni lo voy a hacer); Shironeko Black (espero y te haya gustado); angelotaku99a99taioAZ (que nombre!); BeaGiil (ya viene en el siguiente); Mareliz Luna (todo depende de la casa en la que quieran que este Mione, gracias y no te preocupes, ya te extrañaba); Hermy Evans Black (algo así va a ser, pero no todo); Mylla-chan (lo sigo, yei); MariiBravo (muchísimas gracias, calma, niña, calma); mila0628 (aquí seguimos); LucyTheMarauder (sabes, me encantan siempre tus comentarios, mis felicitaciones, fuiste la primera en comentar, tranquila, no me gusta mucho el Mary Sue tampoco, pero creo que va a ser un poquito, claro que se va a sacar el aire para llegar allá, tomando en cuenta quien fue su padre, espero te haya gustado y si tenía planeadas varias de esas ideas, ya nos acercamos a esa parte, besos, nos leemos)

Próximo Capítulo: El Sueño

P.D: Se que me merezco todo lo malo del mundo por no actualizar, pero no es culpa mía, bueno tal vez sí, el punto es que me sacaron el apéndice y como me dolía, no me podía mover, reír o sentar, luego hubo un problema con la cirugía, me puse de nuevo muy mal, por eso ahora he vuelto a la carga y con pilas recargadas, lean y no dejen el fic.

P.D.D: Desde el próximo capítulo, va a haber un salto en el tiempo y la historia se va a comenzar a poner más interesante, también va a haber un encuentro entre Hermione y Draco, no como me gustaría, pero por esa escena comenzó el fic.

P.D.D.D: Necesito un favor, en que casa quieren que vaya Mione, Slytherin o Gryffindor, espero su respuesta.

P.D.D.D.D: Espero les haya gustado el anterior one-song, voy a hacer un nuevo fic solo de ellos, para que aquí solo continué la historia, estén atentos, que yo lo estoy a sus peticiones.

P.D.D.D.D.D: Me cerraron la página donde subía las fotos, por el momento las estoy publicando en una página de Facebook, asi que nos e olviden pasar por allí xD (el link esta en mi perfil)

Se despide,

Alex Black Moon.