Save the last song for me
Capítulo 2: Ridículamente romántico
Cuándo Brian abre los ojos se encuentra en su cama, abrazado a Justin que lo miraba tiernamente con una sonrisa en los labios. Hacía tiempo que soñaba con despertarse a su lado y ver esa expresión.
-Buenos días cariño.
-Buenos días – responde Justin mientras le da un tierno beso.
-Hacía tiempo que esperaba que pasara esto.
-Y yo, ha sido una de las mejores noches de mi vida.
-También para mí. Aunque haya sido ridículamente romántica.
-Aún no me puedo creer que lleves tu anillo de boda colgado del cuello.
-Yo tampoco.
Brian se levanta y va a buscar algo. Justin se queda sentado en la cama.
Brian aparece por detrás de Justin, sin hacer ruido.
-Cierra los ojos Sunshine.
Justin obedece. En ese momento nota que Brian le coloca una cadena alrededor del cuello. Entonces abre los ojos y se encuentra con su anillo colgando de la cadena.
-Te lo estaba guardando para ti, si todavía lo quieres.
-Eso si que ha sonado ridículamente romántico.
"Oh
I know that the music's fine
Like sparklin' wine, go and have your
fun
Laugh and sing, but while we're apart
Don't give your heart
to anyone
But don't forget who's takin' you home
And in whose
arms you're gonna be
So darlin' save the last dance for me"
En el dinner, Debbie, Michael, Ben, Hunter, Daphne, Emmet, Drew, Ted y Blake estan hablando sobre la "fiesta" de la noche anterior.
-¿Cómo creéis que les habrá ido la noche a Brian y Justin? – pregunta Emmet con curiosidad.
-No se cómo les debió ir, cuándo he llegado a mi casa esta mañana, no habían tocado nada de la comida.
-Yo pensaba que esto serviría de algo – opina Michael.
-Pues, ya ves que a estos dos…
En ese momento se abre la puerta del dinner. Entran Justin y Brian por la puerta, disimulando, como si la noche anterior hubiera sido una noche cualquiera.
Se sientan solos en una mesa, cerca del grupo. Estos se los miran, asombrados. No pueden apartar la vista de ellos.
-¡Hola chicos! – Saluda Justin, como si no pasara nada-. ¡Cuánto tiempo sin vernos!
Los demás no contestan, no tienen habla.
-Bueno, pareja, ¿qué queréis para comer? Debéis estar hambrientos, - dice Debbie sonriente- ya es casi mediodía.
-Pon un plato rosa, para compartir.
-Ahora mismo.
Debbie se aparta con cara sorprendida. El grupo sigue mirándolos y empiezan a cuchichear entre ellos.
Al fin, llega el plato que habían pedido, con dos tenedores y empiezan a comer. Después de soportar durante un rato las miradas curiosas de sus amigos, Justin susurra a Brian:
-No puede aguantar más las miradas y los susurros….
-¿Os pasa algo chicos? –grita Brian al grupo de golpe.
-No, nada – responde Ted.
Brian y Justin se levantan, pagan la cuenta y se van. Cuándo llegan a la puerta se paran y se besan. Entonces se giran y miran, riendo, hacía el grupo de amigos. Se van.
Silencio.
-¿Habéis visto lo mismo que yo? – exclama Emmet.
-Ahora ya sé porque ayer no tocaron la comida – responde Debbie.
-Estaban recuperando el tiempo perdido – bromea Hunter.
-Ya me extrañaba a mi que ayer Justin no me llamara para contarme que pasó… - añade Daphne.
-Cierto, porque a ti te lo cuenta todo – dice Michael-. Más de lo que Brian me contará jamás a mi.
-Brian no es de los que cuenta sus problemas – añade Debbie con su experiencia-. Es de los que tienes que ayudarles a abrirse.
-Sí, Deb, sólo tú puedes conseguir esto – afirma Ben -. No sé como te lo haces.
-Es sólo un poco de tacto maternal, paciencia y saber escuchar.
Debbie llevaba unos días preocupada por Brian, casi no le veía y estaba muy delgado. Así que preparó unos macarrones, su plato preferido desde pequeño, y se fue a verlo al loft.
Cuando entró, se lo encontró tumbado en el sofá. Mirando un punto fijo de la pared. Debbie miró hacia esa dirección y se encontró con el dibujo que, tiempo atrás, Justin había hecho de Brian.
-Ey, cariño, ¿estás bien?
-Sí.
-¿Puedo sentarme contigo?
-Claro.
-Te traigo unos macarrones de los que te gustan tantos.
-Espera un momento.
Brian se levanta y se dirige a l habitación. Cuándo vuelve, lleva un porro en las manos.
-Supongo que esperabas esto – dice Brian.
Se sienta al lado de Debbie. Empiezan a hablar.
-Brian, ya sabes que si hay algo que te preocupe, puedes contármelo.
-No hay nada que me preocupe.
-Es Justin, ¿verdad?
-¿Justin?
Ya casi no me acuerdo de él.
-Sí, cariño, no disimules. Te he visto observando su cuadro. Eres un narcisista, pero no creo que sea por eso que miraras el retrato.
Brian empezó a reír.
-Se que lo echas de menos – declara Debbie.
-No se como te lo haces Deb.
-Pues porque te conozco mejor que tu mismo.
-Sí, mamá.
-¿El cuadro lo compró Brian? – pregunta Daphne asombrada.
-En ese momento no pensé que pudiera ser él – responde Michael.
-Yo más bien pensaba que sería algún admirador de Brian – declara Emmet.
-Pues yo me lo imaginé – dice Debbie.
-Mamá, ¿te fumaste un porro con Brian? – pregunta Michael escandalizado.
-Es el complemento ideal a mi tacto maternal – añade recordando la conversación-. Cuándo hablé con él, noté que añoraba mucho a Sunshine.
-Lo mismo noté yo cuando hablé con Justin – dice Daphne.
-Daphne, es para ti – gritó Hunter con el teléfono en la mano -. Es Justin.
Daphne cruza el piso corriendo y coge el teléfono.
-¡Hola Justin! Cuánto tiempo – saluda contenta.
-Hola Daphne. ¿Qué hace Hunter en tu casa?
-Bueno, es que estamos saliendo juntos, desde hace un tiempo.
-¡No me dijiste nada!
-Pues te lo digo ahora – contesta Daphne riendo-. No quería decirte nada hasta que no estuviera segura.
-Me alegro por ti – dice Justin a su amiga. A Daphne le pareció notar algo de tristeza en la voz de su amigo.
-¿Te pasa algo? Te noto triste.
-Bueno, creo que no hice lo correcto viniendo a Nueva York.
-Pero, ¡si te estás haciendo famoso!
-No es eso Daphne, lo echo de menos, cada día que pasa tengo menos claro que hago aquí.
-Cuando colgó y lo hablamos, decidimos que teníamos que hacer algo – declaró Hunter.
-E hicisteis bien – contesta Debbie.
-Por cierto, alguien debería avisar a la feliz pareja que la verdadera fiesta de cumpleaños de mi madre es ésta noche.
Continuará…
