Disclaimer: Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Un amor alterno
(An Alternate Love)
Un fic de Hella
Traducción por Apolonia.
Bulma mantuvo un tenue agarre en su control aún cuando sentía el cuarto girar alrededor de ella. ¡¿Cómo podía haberle sucedido esto a Vegeta?! Kami, estaba ciego, y todo por su culpa... tendría que haber arreglado el maldito robot... su mente continuó conjeturando incoherencias completamente carentes de sentido mientras miraba al príncipe sin poder creerlo.
Oh dios, él iba a matarla.
Si algo podía dañar su orgullo, sería tener algo tan valioso como su vista quitada de él. Deseando para ella misma no tener pánico miró al príncipe quien estaba hincado a su lado, sintiendo su pecho apretado mientras lo miraba.
El apriete de su mano se había desvanecido mientras Vegeta presionaba las palmas de sus manos contra sus ojos llorosos. Bulma sabía que debía dolerle terriblemente. Silenciosamente pensó que debía hacer ahora, ¡nunca había tenido que lidiar con algo como esto! Tentativamente llevó una mano para descansarla en su hombro, pero la sacó cuando Vegeta se puso rígido, volteando su rostro furiosamente.
"No me toques," le siseó terriblemente a ella. "No necesito de tu puta lástima. ¡¡Esto es tu culpa!!"
Ella lloriqueó en sorpresa y furia, haciendo salir inmediatamente su culpa. "¡Maldición ya sé que lo es, Vegeta! Mierda, tu viniste a interrumpir—" se detuvo cuando se dio cuenta que estaba haciendo. Kami, se había quedado ciego, y no estaba en su estado más racional. No debía estar gritándole. Tomó un profundo respiro. "Vamos, Vegeta, necesito llevarte al área médica. Eso puede ser solo temporal—"
"Mejor tiene que serlo," dijo en una voz moribunda. Eso la asustó. Luego él apretó sus dientes enojadamente y apretó sus puños, como si pensara que quisiera sacarse sus ojos de sus cuencas. "¡¡Me niego a aceptar esto!!" rugió él, poniéndose de pie inestablemente. Sus ojos lanzaron una mirada salvajemente, como pensando que podría vislumbrar algo o algo. Bulma se puso de pie con dificultad también y puso una mano sobre él. Tomando su hombro lo agarró con fuerza, tratando de calmarlo.
"Maldición, no me lo hagas perder la paciencia, ¿está bien? Sólo ven conmigo a la casa así podemos revisar cuando daño te has hecho. Si lo dejamos más tiempo... puede ser permanente," dijo ella impotentemente, sacudiendo su cabeza. "Por favor, Vegeta."
Él detuvo su violencia y llevó su cabeza en dirección a ella ligeramente, hacia la mano que ella tenía apoyada en su hombro. El frunció su ceño oscuramente. "No tendrás pena de mí," murmuró él. Bulma bufó débilmente.
"Difícilmente. Es increíblemente difícil sentir pena por ti cuando persistes en comportarte como un idiota. Vamos, te guiaré a la casa. Tus ojos deben estar doliéndote." Tratando de mantener un sentido de la normalidad que era esencial en sus libros, y ésta era la única manera que sabía como hacerlo. Si ella se descontrolaba, no lo mantendría cuerdo exactamente. Se prometió a si misma que lo mantendría junto. Deslizó una mano por su brazo y lo agarró de la mano suavemente mientras pedía permiso. Sus ojos se achicaron peligrosamente, pero ella sabía eso que por el momento él tenía que confiar en ella. Tenía que, y si no lo hacía, estaría en apuros. Su mano se entrelazó con la de ella.
"Bien," murmuró él. "Llévame a la maldita ala médica, y rápido. Y no intentes quedarte de esta manera así para siempre, sabes."
Bulma no se molestó en responder, en cambio agarró su mano más fuerte y comenzó a caminar firmemente hacia la puerta del laboratorio. Sus movimientos eran torpes y tensos, como si esperara que lo llevase a chocarse contra una pared apenas pudiera. Pero caminó con ella fuera de la puerta y dentro del césped de la Corporación Cápsula, Bulma lo guió eficientemente por las pequeñas bajadas del césped y hendiduras en el pavimento de concreto. Estaba sorprendida que Vegeta no hiciera comentarios todo el tiempo, ni siquiera sobre su habilidad de guiarlo. Pero cuando lo miró la razón se hizo clara instantáneamente. Sus ojos estaban completamente cerrados, una de sus manos enguantadas presionaban sobre ellos mientras goteaban humedad firmemente. Ella había mirado a una flama de soldadura una vez, y la grave, quemante sensación de tener arena entrando en sus ojos la habían dejado adolorida muchas horas después. Vegeta había mirado a algo con veinte veces más intensidad y se había quedado ciego. El dolor en ese instante de sus ojos debe haber sido increíble.
"Te daremos algo para el dolor cuando lleguemos adentro, ¿está bien?" le murmuró tranquilamente cuando lo guiaba lejos de una mata de pasto. Su casa nunca había parecido tan lejana. Él hizo un par de muecas e intencionalmente se sacó la mano de sus ojos, conteniéndose de limpiarse las mejillas. Bulma supuso que no le gustaba la idea de parecer como que estaba llorando. Dudó que Vegeta pudiera llorar, parecía tan rudo. Y no iba a admitir dolor.
"Te apurarías," dijo en una voz oxidada que sonó como si no la hubiese usado en años. Bulma lo miró.
"Ya casi llegamos—" ella paró en un jadeo. El dolor de su pierna, siendo más débil que el otro, se le hizo notar de repente. Cayó al suelo, soltándose de la mano de Vegeta en el proceso. El estremecimiento de dolor que pasó por su pierna la hizo maldecir furiosamente aún antes que ella estuviera en el suelo.
"Maldita sea," suspiró ella entre dientes apretados mientras forcejeaba para levantarse.
"Qué— ¿donde demonios estás? ¡Bulma!" siseó Vegeta, su cabeza se dirigió hacia ella abajo, pero sus ojos se movían rápidamente por todos lados. Su mano fue casi alcanzada por ella, pero él no sabía donde estaba ella exactamente. "¿Qué mierda hiciste?"
"Me caí, Vegeta," dijo dolorosamente mientras revisaba su pierna herida. Ella alcanzó y agarró su mano otra vez. Para su sorpresa, sintió que él se la apretaba fuertemente. Pensó que él simplemente no le gustaba la sensación de ceguera y soledad. Sabía seguramente que le pasaría lo mismo. Sus cejas esbozaron un ceño fruncido.
"Idiota. Yo soy el que no puede ver, y aún así te caes. Típico de humano," dijo con desagrado. Bulma, bufó, pero estaba aliviada que Vegeta mantuviese su viejo espíritu, aún ahora.
"Correcto. Lo que-sea, Vegeta. Para tu información, me dolió la pierna cuando me empujaste antes. No es que siempre sea así de tonta," dijo ella defensivamente. "Así que en realidad, todo esto es tu culpa."
Vegeta ni siquiera honró eso con una respuesta, en su lugar viró su cabeza hacia el cielo. Su ceño se profundizó considerablemente, y Bulma pudo haber jurado que un vestigio de miedo cruzó por su rostro.
"¿Qué es eso?" preguntó tranquilamente ella, no queriendo que se enfurezca con ella. Pero tenía que saber.
Él bajó su cabeza y gruñó. "Nada. Métete en tus asuntos, y llévame adentro." Sabía que tuvo que haberle costado aún ordenarle hacer eso, darle el control porque él no podía hacerlo por si mismo. Dios, esos ojos la embrujaban. De alguna manera estaba contenta que esos blancos, sombríos, llorosos y vacíos ojos no pudieran mirarla. No sabía que haría si lo hicieran. Apretó más su mano y comenzó a guiarlo hacia la casa otra vez. Primero lo cuidaría, luego tomaría unos calmantes. Su pierna realmente la estaba matando. Volteándose a Vegeta una vez más estudió sus tensos gestos, y se preguntó que estaba clamando interiormente con esto. Sabía que ella estaría, que ese breve arrebato de antes no era el último de su ira. Se preguntó cuanto más pánico y miedo podía estar escondiendo bajo ese rostro de piedra. Tenía que sentir algo, pensó. Nadie es tan duro. Sus ojos quedaron en cero en sus oídos, los cuales estaban desprendiendo un hilo de sangre que se estaban filtrando de ellos. Ella hizo muecas por la vista.
"Vegeta, ¿cómo están tus oídos? Están sangrando por la explosión."
"Están bien. Se arreglarán en un día o algo," vino la cortante respuesta. Bulma volteó su mirada al camino que estaba guiando a Vegeta.
"Mira tus pasos aquí—" se tragó el resto de la oración con la breve mirada de ira salvaje y amargo resentimiento en su rostro. Mierda, pensó ella, que manera de ir Bulma. Frotó su rostro con eso. "Lo siento," murmuró ella.
Luego de eso, el pequeño camino de vuelta a la casa tomó no más de un instante, ambos en silencio. No que esperara que Vegeta dijera mucho de todas maneras. Lo guió fácilmente dentro de la casa, agradecida que su madre no estuviera cerca. No podía comenzar a imaginar como Vegeta reaccionaría a los instintos de lástima de su madre por el guerrero que había quedado ciego en un segundo. Era bastante malo para él tener que confiar en ella para que lo guiara con seguridad, aún porque fue sólo un segundo.
"Aquí," dijo ella mientras lo guiaba al ala médica. "Necesito que te recuestes en la cama, ¿está bien? Voy a buscar a mi padre; él es el que sabe como curarte." Eso era cierto, ella sabía casi nada sobre medicina, todo lo que sabía era el rudimentario procedimiento para curar pequeñas heridas. Vegeta puso una mano cautelosamente, para estar seguro que estaba tan cerca como estaba. Su mandíbula se apretó fuertemente, los ojos se cerraron medianamente llenos de dolor. Su mano se deslizó de la de ella mientras se sentaba cuidadosamente en la cama, antes de recostar sus piernas y acostarse completamente. Cada movimiento era inseguro y carente de gracia, aún cuando todo había perdido su constancia y estaba fuera de atraparlo. El corazón de Bulma se fue por él, aunque ella nunca dijo una palabra que pueda herirlo accidentalmente. Pero no podía ocultar la expresión que cruzaba por su rostro, ni tampoco la quemadura en sus propios ojos que significaba que estaba demasiando envuelta en su dilema. Como había dicho antes que esto pasara, él tendría lo que se merecía. Y por supuesto que lo tuvo, sólo ella lo estaba ayudando.
"Bien, ¿te irás o no?" le gruñó a ella, su cabeza apuntando a su dirección. "No pienses que no sé que sigues todavía ahí."
Bulma se salió de sus pensamientos y suspiró. "Por supuesto que no pienso eso, Vegeta. No eres estúpido." Se fue a buscar a su padre, saliendo por la puerta sin otra palabra más, dejando a Vegeta con sus propios pensamientos y una oscuridad que amenazaba absorber su control a olvido.
Oscuridad. Más oscuro que cualquier cosa.
Le tomó todo lo que tenía no dejarse llevar fuera de su propósito, no gritar y aullar y maldecir... quería destruir algo desesperadamente, hacer algo para reconfortarse que no estuviera inválido por esto. Como— ¿como pensaba derrotar a Kakarotto si no era capaz de ver, sin mencionar incapaz de ascender a Super Saiyajin? Su habilidad para sentir el ki era útil, pero nada se comparaba a la vista. Si era permanente... lo superaría. Lo haría. Si tuviera que reducirse a esto, él... él...
Mierda, no podía vivir así. Prefería morir antes que ir por la vida bajo la sombra de Kakarotto. Su honor estaba en juego. ¿Cómo podría sostener su título de príncipe de los Saiyajin si el único súbdito de sangre pura que quedaba era más fuerte que él? Pero, ¿de qué le servía su título ahora? Príncipe. Era inútil. Pero era quien era. Y ninguna ceguera, ningún idiota Saiyajin criado en la tierra, nada se lo quitaría. Había dado demasiado para perder eso.
Vegeta alcanzó y se tocó la cara cautelosamente. El dolor de sus ojos era casi insoportable pero no haría ningún sonido. Lagrimeando las involuntarias gotas que mojaban sus mejillas, hizo muecas y trató de controlar su impotencia. Si odiaba algún sentimiento, era ese. La incapacidad de hacer algo para cambiar alguna circunstancia. Pero el hecho le recordaba, que no podía hacer nada ahora. Tenía que confiar que Bulma lo ayudara, algo que había rechazado una y otra vez de cualquiera. Sólo ahora no tenía opciones. Apretando sus puños, aceptó eso por un momento que tendría que... permitirle ayudarlo. No confiaba en ella. Dudó que semejante cosa fuera posible para él, ser capaz de confiar en alguien además de él. Pero sabía que no atacaría su vida, ella no confiaba en él no por matarla por algo como eso. Ahora, hacer que acepte no decir una palabra sobre esto hasta que volviera a la normalidad... amenazarla tendría que ser suficiente. Había funcionado con otros en el pasado, haciéndolos hacer lo que el quería.
La única cosa que necesitaba preocuparse era si ella podría revertir esto.
Vegeta tragó duro.
La oscuridad se volvió mucho más sofocante.
Bulma caminó agitadamente fuera de la puerta del ala médica, ignorando el dolor que la hizo recordar que tenía su pierna herida. Su padre había ido hacia ahí hacía casi dos horas atrás, y ella no tenía idea que estaba pasando con Vegeta. Tampoco sabía porque le importaba. Probablemente porque se sentía parcialmente responsable de su situación entonces. Aún así, sabía que no debía estar paseando como una madre ansiosa. Quizá tendría que ir a tomar una ducha, limpiarse y luego volver. Su padre le gustaba tomarse su tiempo con cualquier proyecto a no ser que estuviera absolutamente apurado, y esta no era una de esas ocasiones. Dudó que Vegeta quisiera que su padre se apurara si eso quería decir que pudiera dañar algo. Deteniéndose apresuradamente en ida y vuelta por el pasillo de la puerta, se rascó con la mano su cabello y gruñó. El día había tenido demasiados eventos para ella, y se había llevado su víctima. Era una ruina.
Su ducha fue rápida pero profunda, se sentía terrible, sin mencionar el pasto que la ensució en el partido de empujones que había tenido con Vegeta. Todo sobre eso ella no podía evitar pensar en las maneras que podía ayudar a Vegeta a recuperar su visión. Si su padre no podía hacerlo con las herramientas que tenía disponible, ¿de qué manera? ¿Una semilla del ermitaño le curaría la vista? Bulma no sabía si podía hacer el viaje para ver a Karin, y ellos no tenían ninguna a mano para entonces. Una operación medica estaba fuera de cuestionamiento, si él aceptase... ¿y qué sobre el tanque de regeneración?
Oh, duh.
Por supuesto eso lo curaría; ¡todo su fin era hacer eso! Todo lo que tenía que hacer era ir ahí y arreglarlo para que su configuración sea correcta, luego poner a Vegeta ahí y dejarlo por un par de horas. Saldría completamente curado, y mirándola con algo más que estrecho y velado pánico en sus ojos que no estarían blancos ni ciegos. Era perfecto. Los ojos le brillaron por su propio genio, Bulma comenzó a sonreír en una gigante sonrisa bajo la ducha que caía. Suspiró fuertemente en alivio hasta que accidentalmente inhaló algo de agua y comenzó a farfullar dentro de la ducha. Genial, pensó mientras tosía el agua. Recuperándose luego de un momento, cerró la ducha y salto torpemente fuera de la ducha. Se secó rápidamente y se vistió con ropa fresca que tenía a mano; un par de shorts y un top blanco. No fue hasta que no estuvo completamente vestida con ellos que se dio cuenta que la ropa no era de ella; excepto que Vegeta la haya dejado ahí. Pausando por un momento Bulma se miró a si misma. Oh bien, pensó fácilmente. Eran cómodos, y Vegeta estaba a punto de comenzar un viaje a la cámara de regeneración de todas formas. No debería molestarle.
Momentos después ella corría ligeramente bajo las escaleras, ansiosa de alcanzar el tanque de regeneración. Casi chocó contra su padre, quien estaba parado fuera del ala médica. Bulma ojeó a su padre rápidamente. Se veía sombrío.
"¡Papá!" Gritó ella. "¿Cómo está él? ¿Cuán malo es?"
El Dr. Briefs sacudió su cabeza. "Hubo un serio daño en sus retinas; nada que pueda operar o algo, aunque sus ojos parecen curarse a si mismos un poco."
"¿Se repararán completamente?" preguntó Bulma, desesperada por la urgencia que sentía. "¿Volverá a ver otra vez?"
Los ojos de Bulma se agrandaron con la mirada en el rostro de su padre. La sombra ahí le había dicho más que cualquier otra palabra. Kami, no...
"Él podría ver otra vez, pero no sin ayuda," admitió él. "Desafortunadamente el tanque de regeneración del que hablabas fue destruido por el disparo del láser que perforó la pared de tu laboratorio—"
"¡¿Qué?!" aulló ella en horror. "¡¿Está destruido?!"
Él suspiró. "No, no. Pero me tomará al menos una semana para re ordenarlo otra vez, quizá viendo lo desacostumbrado que estoy con esa tecnología. Pero si se puede reparar le devolverá la vista, o estoy casi certero con ello," reveló, rascándose su bigote ausentemente. Bulma suspiró pesadamente en alivio a las palabras seguras de su padre, sabiendo que sería un peso menos para los hombros de Vegeta cuando se lo dijera. Pero sus pensamientos le cuestionaron algo.
"Papá, ¿por qué estás hablando como si fueras a hacer todo el trabajo?" preguntó curiosamente. "Estaré aquí, no tengo nada en que llenar mis días ahora."
El Dr. Briefs sonrió levemente, pensando que parecía una pequeña niña. "Lo sé, Bulma. Pero el hecho está; por una semana o más Vegeta está completamente ciego y desvalido. Necesito que te asegures que pueda manejarse bien, que te asegures que no le falte nada. Fue nuestro prototipo lo que hizo esto; se lo debemos," le dijo advertivamente, tratando de reprimir su arrebato antes que pudiera comprender todo lo que le pedía. Funcionó hasta un determinado área.
"Papá... ¡¿estás loco?!" gritó ella. "Él no aceptará mi ayuda; ¡me mataría! Sabes cuanto odia cualquier clase de lástima—"
"Lo cual es la más grande razón por la que deberías cuidar de él, Bulma. No eres el ser más empático en el mundo, y creo que eso es bueno. Necesita que lo traten como que no es menos por lo que sucedió, no ser consentido y que le lloren. ¿Me entiendes?" le preguntó con una mirada a su nivel. Bulma se tragó sus palabras y cerró la puerta detrás de su padre.
"No puedo creer que me estés haciendo hacer esto. ¿Lo puedo sedar por una semana? ¿Es eso hacer trampa?"
"Bulma..."
"Está bien, está bien," se retractó. "Lo... lo haré. Pero si me encuentras asesinada en un par de horas es todo tu culpa."
"Estoy dispuesto a aceptar eso, querida," dijo amenamente. Bulma le disparó una mirada sucia. Confía en él para no tomarlo seriamente. No era que no haya visto a Vegeta en acción, cuando él la había empujado al suelo, jalando su cabello, atrapándola contra las escaleras... dios. Miró a su padre y le dio una mirada significante. Asintió hacia el ala médica.
"¿Está aquí?" preguntó tranquilamente. Él asintió.
"Le di algo pequeño para el dolor, pero no se dio cuenta. Tonto muchacho es tan testarudo hasta con su bienestar. Traté sus oídos también, por suerte no se rompió los tímpanos," dijo él, sacudiendo su cabeza, "De hecho, pienso que lo hizo, solo que sus aceleradas capacidades de curaciones los cerraron bien. Debería estar bien para mañana." Bulma asintió entendidamente.
"¿Está dormido ahora?"
"No lo sé. Espero que sí, no estaría muy feliz escuchando lo que acabamos de decir. Oh, tu madre traerá algo de comida, vé que la coma."
"Como si pudiera evitarlo," gruñó ella. "No tengo que alimentarlo, ¿o si?"
"Debería poder hacerlo solo, creo. Pero si no..."
Bulma gimió patéticamente. "Genial. Papá, te das cuenta que va a matarme, ¿o no? Mejor despídete ahora."
"Adiós Bulma. Me has hecho orgulloso," dijo gravemente, pero sus ojos chispeaban. Ella gruñó y se cruzó de brazos.
"Muchas gracias," espetó ella. "No me voy a escapar de esta, ¿no?"
"No en esta vida. Estoy muy ocupado, y el muchacho parece tolerarme más. Y no discutiremos la posibilidad que tu madre lo haga," suspiró él. Bulma se rió con disimulo tranquilamente. Ni quería un cuadro de eso.
"Bien, bien. Debería entrar ahora; conociendo mi suerte estará despierto," murmuró ella. Su padre asintió.
"Está bien, yo tengo que revisar la cantidad de daños que tiene el tanque. Mientras lo tienes en el ala médica, echaré un vistazo. No debe ser tan malo, pero tomará un tiempo. Te dejo con tu destino." Y con eso su padre se fue, silbando tranquilamente para él mismo. Bulma lo miró irse miserablemente.
Esto no iba a funcionar. Pero, no tenía otra opción. Se adentró y lentamente llegó a presionar el botón de entrada del ala médica. La puerta se deslizó y se abrió con un discreto zumbido, revelando un muy cansado Vegeta. Parecía estar peleando a cualquier droga que su padre le había dado. Como él, con una sonrisa interna. Tumbado en la cama con un brazo en el estómago, parecía estar peleando para mantener sus ojos abiertos. Comenzó mareado mientras ella se acercaba a la cama, parpadeando.
"¿Qué quieres?" dijo cansadamente, girando su cabeza en su dirección. "Será mejor que tengas una manera de arreglar esto—"
"Siete días," interrumpió ella.
"¿Qué?" preguntó oscuramente. "¿Qué quieres decir con eso?"
Bulma cerró sus ojos mientras se sentó a un lado de la cama junto a él. "Eso es lo que estarás así. Papá cree que el tanque de regeneración te curará por completo, pero fue dañado y necesita ser reparado. Él estima que en una semana estará arreglado," dijo firmemente, aunque sus manos apretaban la fina sábana de la cama. No importaba, él estaba preocupado. No, estaba enojado.
"¡¿Una semana?! ¡¿Tengo que continuar mi existencia como esto por otra semana?! ¡NO!" gritó furiosamente. Se sentó en la cama, golpeándola duramente, sus ciegos ojos apuntándola con ira. Bulma llegó a tomarle el hombro, tratando de calmarlo un poco, pero no lo conseguía. Con un manotazo de su musculoso brazo ella cayó atrás y se golpeó contra la pared adyacente, casi golpeándose contra un equipo médico con escalpelos y otros varios objetos filosos. Su cabeza había golpeado la pared y sonó antes que caiga al suelo.
El golpe no había sido tan fuerte como para dolerle severamente, o hacer que caiga en inconsciencia. Pero se mantuvo sentada por innumerables segundos, tratando de recobrar su postura. Sentía que el cuarto giraba alrededor de ella, y su estómago se revolvía por el dolor en su cráneo. Él la había atrapado seguro, pensó débilmente. Aún cuando creía que la había herido, aún cuando sabía que podría darle un puñetazo o algo. Dios la escuchó... dolía mucho.
"Donde... donde demonios estás." la voz de Vegeta la alcanzó, llena de un vacío frío. "Respóndeme."
Bulma intentó levantarse con sus codos, sobre si misma, pero era como que sus músculos no lo soportarían. Como si su mente y su cuerpo estuvieran débilmente conectados entre si mismos. Pero podía responderle. En su estado mareado ni siquiera podía convocar cólera. "Estoy— justo aquí," dijo tontamente, y trató de levantarse otra vez, ignorando el palpitar de su cráneo. "En el piso."
Hubo un pequeño dolor en ella mientras trataba de enderezar sus sentidos lo suficiente para ponerse de pie, y mientras se arrodillaba adoloridamente un brazo apareció en su visión. Alcanzándolo inciertamente, Vegeta acarició su hombro antes de agarrarlo firmemente. Con una flexión de su brazo estuvo de pie y parpadeándole a Vegeta. Él se veía casi tan mal como ella se sentía, dudando levemente de los sedantes que su padre le había dado, sus ojos comenzaron a lagrimear una vez más. Bulma tragó y juntó sus pies para estar parada más confiablemente. No quería caerse de culo cuando la soltara. Se quitó la mano de él cuando estuvo segura que no se iba a caer, y mientras empezaba a pensar coherentemente otra vez su cólera retrasada apareció envolviéndola.
"Tu hijo de puta," suspiró casi en incredulidad y creciente furia. "Tu— ¡tu me golpeaste! ¡¡Me arrojaste a la maldita pared!!"
Vegeta tomó un inestable amenazador paso adelante y frunció el ceño. Bulma encontró fascinante que pudiera hacer todo eso, aún atacarla completamente drogado, levemente herido y ciego. Seguramente era uno en muchos. Pero eso no la detuvo de estar brillantemente furiosa con él.
"Era lo menos que te merecías," escupió él. "¡No puedo permanecer así por una semana! ¡¡No lo haré!!"
El ojo izquierdo de Bulma comenzó a crispar levemente. Acababa de decir que ella merecía— Con una mano asió el bícep derecho de Vegeta y lo arrastró casi a la cama de nuevo, dando un poco de vueltas mientras lo hacía. Ignoró su colérica protesta mientras lo empujó hacia la cama. Bulma estaba agradecida que las drogas tenían sus sentidos abombados lo suficiente para que no la golpease de nuevo, pero sobre todo estaba llanamente enojada. Tan pronto como estuvo estable en la cama, ubicó su mano un poco más atrás y lo golpeó en la cara.
"Cállate de una maldita vez, Vegeta," siseó mientras él dejaba salir un gruñido feroz. "Deberías estar agradecido que te ayudaré de ahora en adelante maldita sea, y no digas una palabra sobre eso. Estoy haciendo esto por la bondad de mi corazón, solo Kami sabrá porqué, y si solo piensas en abusar de mi y demandar cosas otra vez, me aseguraré que permanezcas así por el resto de tu miserable vida." Esperó que la enormidad de esas palabras le llegaran, enmascarando el dolor en su voz por el soplido en su cabeza. La sacudió levemente y lo miró. "¡¿Has entendido eso?! ¡¡No más rabietas histéricas, no más golpearme, no más mandonearme como si tuvieras derecho a hacerlo!!"
"¡¿Derecho?! ¿Piensas que no tengo derecho, patética pieza de basura humana? Soy el príncipe de todos los Sai—"
"¿Te parezco un Saiyajin?" le gritó ella. "No me des esa mirada Vegeta, ya pasé eso de medir mis palabras por miedo a lastimar tus delicados sentimientos. La verdad es, señor, no tienes poder sobre mí. Ninguno," dijo casi en un susurro.
Vegeta miraba fija y difícilmente al espacio frente a él, ni siquiera en dirección a ella. Parecía furioso, tanto así que le hubiera escurrido sangre por su rostro, dejándole una desolada blancura excepto por la marca roja de la mano que ella le dio. Sus manos se sacudieron un poco mientras las apretaba en puños, pero no hizo absolutamente ningún otro movimiento. Bulma sintió filtrársele un pavor a través de su estómago en ondas ácidas, pero no dijo nada más. Ninguna disculpa. Pero Vegeta parecía estar luchando visiblemente con su terrible ira, tratando de controlarse frente a ella. Sus ojos estaban lagrimeando nuevamente, pero no hizo ningún movimiento para remover la humedad. Sólo se sentó ahí. Todo lo que ella había dicho había sido producto de su choque y furia instintiva, y aunque quería decir todo eso, quizá no debió haberle gritado como lo hizo. Pero... la había golpeado. Aunque, ¿había sido apropósito? Vegeta ni podía ver siquiera; ese golpe había sido demasiado amplio para haber sido dirigido estrictamente a ella, parecía como si estuviera azotando todo en general. Por supuesto que él no diría eso; prefería hacerlo parecer tal cosa como hacerla pensar que realmente quiso golpearla. Y no estaba apesumbrado, realmente no quiso hacerlo. Pero él y ella habían reaccionado. Ahora parecía listo para matarla, y horriblemente arrinconado al mismo tiempo. Sus húmedas mejillas destellaban débilmente en la luz, fluyendo de ojos tan oscuros como la noche. Fueron esos ojos los que hicieron hacer a Bulma lo que luego hizo.
Con un largo suspiro se sentó en la cama, al lado de su cadera. Ignorando el gruñido que hizo él y su cabeza apuntando a su dirección, asió su puño y lo envolvió con sus dos manos.
"Que—" él se movió de un tirón lejos, pero ella lo sostuvo rápidamente. De hecho, ella lo sostuvo tan fuerte que él casi se cae sobre su regazo. Tirándose un poco ella se alejó un poco de él, sus ojos constantes y levemente nublados. Estaba agradecida que no podía ver su mirada.
"Hey; sólo soportarlo por una semana. Es todo lo que pido. Siete días. Papá ya fue a determinar el daño, nadie quisiera que mejoraras más de lo que lo hacemos nosotros. Confía en mí cuando digo que no podemos soportarte así por más tiempo," dijo suavemente, con una pequeña sonrisita en los labios. "Sin mentiras."
Él inclinó su cabeza levemente hacia ella, sin intentar de zafarse de las manos de ella. Parecía reflexionar por sobre su cabeza, con sus gestos fuertes mientras se apoyaba. Bulma esperó por unos momentos, tratando de ignorar el terrible palpitar de su cabeza. Realmente necesitaba una aspirina para eso, y su pierna. Repentinamente pensó si Vegeta podría matarla accidentalmente antes que peleara con Goku. Él la había dañado lo suficiente en un día como para que eso sea una gran posibilidad. Quitando sus manos de los puños cerrados de Vegeta se sintió adolorida en la parte de atrás de su cabeza, notando como rápidamente se formaba un chichón. Por suerte no encontró ninguna viscosidad que denotara que estaba sangrando. Corrió su pelo suelto sobre sus hombros mientras Vegeta levantó su cabeza y dejó salir un leve suspiro.
"Una semana. Nada más," dijo en una voz muerta. "Yo— Yo no puedo—"
"Lo sé," respondió ella, con sus ojos ablandándose un poco. Él volteó su cabeza y cruzó sus brazos sobre su pecho, cerrando sus ojos por un largo momento. Bulma se dio cuenta entonces que no le había dicho algo.
"Hay una cosa más, Vegeta," dijo ella dubitativamente. Él no abrió los ojos.
"Que."
"Yo... yo voy a estar pegada a ti hasta la próxima semana, asegurándome que no te falte nada. Ayudarte sin lo necesitas. Ahora no te estoy diciendo que," dijo precipitadamente mientras sus ojos se abrían, "pero papá ha sido un dolor de cabeza con esto. Todavía podrás entrenar y todo, no me pegaré a ti las veinticuatro horas."
"No necesito supervisión, idiota—"
"No vengas a insultarme. No quiero esperar particularmente ante tus pies y manos por una semana, sabes. Vegeta, deberías darte cuenta de eso, de todos," dijo secamente. "Llámame tu esclava personal por una semana."
Él parecía haberse animado un poquito con eso, por esa revelación de Bulma. No parecía estar teniendo ningún impulso violento esta vez. Limpiándose ausentemente sus mejillas, se frotó los dedos pensantivamente. Ella sonrió un poco por su buen manejo de palabras ante la situación, había pensado que la idea de Vegeta teniéndola como esclava por una semana podría agradarle. Bien, mucho más que diciéndole que había jurado cuidar de él en caso que caminase hacia una pared, u orinase en el armario por accidente. Sabía que él no se podría ajustar a su situación, ni podría manejarse sin ayuda por la siguiente semana.
"Será mejor para ti que no me estorbes," dijo él advertivamente. Bulma se tragó una risa. "¿Estorbarte? Soy la única que estará aquí para cuidar tu movilidad, y hacer cualquier cosa que no puedas hacer todavía. A pesar de tu situación, estás herido de cualquier forma."
"No presumas que solo porque no puedo ver no puedo funcionar—"
Ella giró sus ojos. "¡No estoy diciendo que no puedas 'funcionar'! ¡Sé que no eres un inválido!" espetó ella. Él apretó sus dientes.
"Bien, por nada más que una semana. Ahora desaparece; quisiera tener algo de paz y tranquilidad," dijo bruscamente. Él se acostó contra la almohada con sus brazos aún cerrados sobre su pecho, mirando vacíamente al cielo raso. Bulma se rompió en una mueca. ¡Casi había adivinado lo que pensaba! Había sido demasiado bueno para ser verdad que él accediera a sus términos. Aunque no había sido fácil, concedió, tenía un par de moretones para probarlo. Y su cráneo doliéndole. Comenzó a levantarse e irse, pero las fosas nasales de Vegeta apuntaron repentinamente y su cabeza comenzó a dirigirse en su dirección. Mientras Bulma miraba con fascinación como él se acercaba hacia ella, con su nariz bebiendo su esencia, con su cara llena de confusión.
"¿Qué?" preguntó ella, perpleja. "¡No huelo mal, acabo de tomar una ducha!" Él sacudió su cabeza, llevándola hacia atrás.
"Tu— tu esencia. Mi esencia está sobre ti."
Bulma sintió un calor subírsele a las mejillas mientras se dio cuenta que lo que estaba oliendo era su ropa. Era normal que pareciera confundido sobre eso, ellos no habían hecho nada...
"Lo siento," balbuceó ella. "Tomé las primeras ropas que vi cuando salí de la ducha. S-sucedieron ser tuyas."
La confusión desapareció de su rostro cuando entendió, y se acostó en la cama cansadamente. Bulma estaba aliviada que no se haya enfurecido por eso. Sus ojos se deslizaron hacia ella un poco. "Usa tu propia ropa, me desagrada la idea de ti pavoneando con mi traje de entrenamiento."
Sus ojos se agrandaron. "¡¿Piensas que pavoneo?!"
Él dejó salir un gruñido. "¡¿Te irías de aquí de una buena vez?! ¡Me gustaría dormir en algún momento en este siglo!"
"Oh, bien, señor yo-raramente-necesito-dormir. Seh, no me dejes detenerte," gruñó ella, levantándose de la cama. Ajustando perceptivamente su remera, se dio vuelta dirigiéndose a la puerta y la abrió. Recordó algo justo antes de cerrarla tras ella, y se dio vuelta para encararlo.
"¿Vegeta? ¿Podrías por favor no golpearme otra vez?" preguntó muy honestamente. Él parpadeó con eso, sus gestos fuertes se pusieron blancos por la sorpresa. Esperó que girara su cabeza hacia ella, con un rostro ilegible. Pero no dijo nada. Bulma añadió, "realmente me lastimaste cuando lo hiciste."
Abriendo su boca como si fuera a decir algo, Bulma se quedó tiesa mientras esperaba que alguna retórica fuera disparada en como ella se lo había merecido.
"No lo haré... en tanto y en cuanto..." dijo él, como casi olvidándose lo que estaba por decir. Su ceño se surcó mientras sus brazos se cruzaban más fuertemente sobre su musculoso pecho, pensando profundamente. Ella levantó una ceja.
"¿En tanto y en cuanto que?"
"Nada," murmuró él. "Desaparece; me irritas."
Ella parpadeó en sorpresa. ¿Qué podría haber sido eso? No podía pensar en algo, alguna razón porque habría parado de repente. Pero se sintió afortunada por eso, porque ahora ella podía sentirse un poco segura sobre la semana que venía. Su padre tendría que apreciar lo que ella estaba haciendo, que era todo lo que podía decir sobre eso. Cerrando la puerta tras ella, se apoyó sobre ella y suspiró.
Iba a ser una larga semana.
