Disclaimer: Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Un amor alterno

(An Alternate Love)

Un fic de Hella

Traducción por Apolonia.


Estaba recostada en el sofá de la sala de estar, envuelta en las sábanas que usualmente estaban sobre el respaldo de la silla. La casa estaba completamente tranquila, sus padres se habían acostado hace un buen tiempo. Pero Bulma no podía dormir, en lugar de sentarse en un cuarto semi oscuro, encendió una pequeña lámpara.

Eso fijó una escena pacífica, pero se sentía lejos de la calma. Vegeta estaba dormido a pocas puertas, como había estado por las últimas ocho horas. Ni siquiera su estómago trabajó para demandar sustento. Eso en él era preocupante, pero se centró en que debía hacer cuando él se levantara. ¡No fue hecha para ayudarlo! Ahora que había aceptado dejar que lo ayudara Bulma se sentía como retirada. ¿Y qué si ella había hecho algo mal?

No estaba en su naturaleza ser una cobarde, en nada, realmente, pero este era Vegeta el que tenía que cuidar. Sin duda que saldría peor de esto que él, si los últimos moretones de los eventos del día no eran ninguna indicación. Que daría porque nada de ese día hubiese sucedido...

Un latido amortiguado de algo sonó tras ella, y que sonaba como un paso. Todavía envuelta en la sábana se sentó derecha, mirando sobre el respaldo de los asientos con los ojos anchos. ¿Su padre había dejado a su gato entrar otra vez? La casa estaba cerrada ahora que eran más de las diez, pero podría un merodeador tener— sus pensamientos se detuvieron cuando miró a la mojada figura sombría que aparecía detrás del salón.

"Vegeta," dijo ella con una sensación de alivio en el corazón. "¿Qué estás haciendo fuera de la cama? Pensé que te levantarías hasta la mañana. ¿Cuál es el problema? ¿Tu estómago te levantó?" sonrió un poco, pensando que eso sería la única cosa que despertara al Saiyajin. Él estaba parado justo detrás del sofá en el que ella estaba recostada, usando solamente un par de shorts. Su pecho desnudo se iluminó por la tenue luz, bronceado ligeramente y marcado con las cicatrices de batallas anteriores. No estaba sorprendida que había salido del cuarto sin ayuda siquiera, estaba más allá de subestimarlo.

"No tengo hambre," dijo llanamente. Bulma parpadeó mientras él caminaba hacia adelante y apoyaba una mano en el respaldo del sofá. Exactamente. "Es más sueño del que puedo manejar."

"Bien, ¿qué quieres entonces? Tengo problemas creyendo que no tienes hambre," admitió ella. "Han pasado horas que no has tomado algo—"

"Por las drogas que tu padre me puso más temprano," dijo con disgusto, "mi sistema no tolerará comida por al menos otras seis horas. Ni siquiera puedo entrenar hasta entonces."

Ella inclinó su cabeza. "¿Por qué no?"

"Mi metabolismo acelerado no podría manejar la falta de comida y extremo ejercicio justo ahora," reveló con una oscura mirada. Sus ojos parecían desenfocados permanentemente ahora, y apuntaban enteramente a la lejana pared. Bulma mordió su labio pensativamente. Debió haberse memorizado la casa atentamente para saber donde estaba, incluyendo el sofá y todas las puertas. Se hizo una nota mental de decirle a su madre que no haga ninguna reorganización de muebles durante la próxima semana.

"¿Qué sucede entonces? ¿Solo estirando las piernas?"

"Escapando del olor de los químicos de lo que llamas ala médica. Es demasiado insoportable," dijo con una leve sacudida de su cabeza.

"Querido. No es tan malo," dijo ella, girando sus ojos. Vegeta caminó lentamente sobre el otro lado del sillón, corriendo su mano lentamente sobre el respaldo del sofá para una leve guía. Cuando estuvo a su lado se sentó sin ceremonia, haciendo que Bulma pudiera sacar sus pies a tiempo antes que fueran aplastados. "Es malo cuando tienes mis sentidos," balbuceó él. "Ustedes los humanos no huelen nada en comparación a mi."

Bulma jaló la esquina de la sábana de las piernas de Vegeta y se acomodó más a gusto. "¿Cuánto mejor sientes las cosas?" preguntó ella. "¿Es solo los olores que son más fuertes, o puedes escuchar, tocar, saborear mejor también?" Sería interesante que su capacidad sensorial sea debido a su ceguera. Había escuchado que la gente ciega tenía 'otros' sentidos más fuertes para compensar la falta de uno.

Vegeta frunció el ceño y cruzó los brazos temblando levemente. "Un poco mejor. ¿Cómo debería saberlo? Casi me he olvidado lo que es tener todos mis sentidos." Dijo eso con un dejo de enojo en su tono, pero Bulma no pudo entender como alguien pueda decir tan cosa y no estar profundamente perturbado por eso. Alguien en su situación, al menos. ¿Él sentía las cosas de manera distinta entonces? Pero, era un verdadero guerrero, aún más que Goku porque él no había vivido como había vivido Vegeta. Quizá su condición como un soldado le habían sacado todo el miedo y sentimientos de él. Lo que ella había visto más temprano debió haber sido su imaginación creando en su rostro la sensación que tendrían que haber estado ahí.

Bulma no sabía como responder a su comentario, y como se sentía un poco incómoda por su presencia. Pero nuevamente, tenía que cuidarlo... ¿Qué estaba haciendo de todas formas, buscando por su compañía? ¿Estaba solo? El pensamiento era casi incomprensible para ella. A Vegeta no le gustaba nadie, y eso la incluía. Pero quizá su extraño comportamiento podía ser atribuido a su accidente.

Lo vio sentarse frente a ella por su posición en el sofá. Él no la miró ni le dijo una palabra. Estaba todavía como una piedra, brazos cruzados sobre su pecho desnudo mientras miraba fija y vacíamente derecho. Bulma podía solo describir eso como una mirada vacía sin el débil rezago de emoción desde sus adentros. Ahora que le habían robado la vista, se dio cuenta cuan expresivos eran sus ojos realmente. Y pensó que habían sido fríos.

"¿Te molesta?" Preguntó ella de repente. "Estar en la oscuridad así."

El viró su cabeza hacia ella levemente. "No le temo a nada."

"Nunca dije que lo hicieras," señaló ella. "Solo pregunté si te molestaba."

"No. No lo hace. Sacando el tiempo que pierdo no entrenando. No podría importarme menos."

"Bien, esa es la mayor mierda que jamás haya escuchado."

Él le echó una mirada irritada. "¿No me crees? Deberías recordar que no tengo otra meta que derrotar a Kakarotto. Si pudiera hacer eso sin mi vista, no me importaría que se fuera para siempre."

Ella parpadeó fuerte con eso. ¿Cómo podría pensar así? Ser tan conducido para ser el mejor que podría abandonar un sentido vital. "Creo que," masculló ella. "No lo entiendo."

"No eres un guerrero; ¿cómo podrías?" respondió él. Bulma se encogió. Estaba empezando a enojarla un poquito.

"Bien, ¡lo que sea! Supongo que olvidé por un momento que no soy un maldito alienígena loco. No se porque pensé alguna vez que podías ser visto como algo más."

"Soy el príncipe Saiyajin. Nada más, nada menos," dijo él simplemente, fríamente. Ella lo miró enojadamente.

"Perfecto. Bien, si me excusara, me voy a dormir. Y no quisiera ofenderlo más con mi vulgar cháchara, oh príncipe," dijo sarcásticamente mientras se preparaba para irse.

Él resopló. "Por favor. Como he dicho antes, tomaría más que tus insultos y una lenta charla para ofender. Pero si no me equivoco, no puedes alejarte de mí excepto que desee dormir. Y me estoy sintiendo demasiado fresco justo ahora," dijo con una maliciosa sonrisa hacia la pared.

Bulma abrió su boca para sacarle la lengua como nunca nadie lo hizo en toda su vida, pero lentamente la cerró mientras sus palabras le llegaban. Realmente no podía dejarlo. ¡Maldición! "Oh, esto es maravilloso," dijo en disgusto. "¡Apenas duermes! ¿Qué se supone que tengo que hacer, mantener las mismas horas que tu? ¡Moriría! ¡Sin mencionar las ojeras que se formarían bajo mis ojos!" Se lamentó ella, tirándose en el sillón nuevamente. Realmente se sería refunfuñar. ¡Era mejor que su padre trabajara rápido!

Vegeta sonrió. "Ese no es mi problema, yo nunca pedí que fueras mi sirvienta por una semana."

"Tu cuidadora, ¡querrás decir!" Espetó ella, mirando al príncipe. "Deberías sentirte agradecido que estoy ayudándote, Saiyajin. Me necesitas ahora, te guste o no."

"Como un agujero en la cabeza."

Con esfuerzo, Bulma se retuvo de poner las manos alrededor de su cuello y estrangularle la vida. Era solo por auto-preservación que no lo hacía.

"Eres tan idiota," murmuró ella finalmente. Su única respuesta fue la pequeña media sonrisa que se permitió. Maldito presumido, pensó oscuramente. Se inquietó por unos momentos, intentando ponerse más cómoda arreglando las sábanas alrededor de ella más seguramente. Estaba realmente frío en la sala de estar, y a Bulma no le gustaba.

Fue un rato después que pensó en algo que había querido preguntar a Vegeta desde hace rato, pero nunca había tenido la oportunidad. "Hey Vegeta," murmuró ella, acercando la sábana hacia ella, "¿Freezer era hombre o mujer? Quiero decir, todos dicen que era un hombre, pero realmente lucía—"

"Era un macho," interrumpió Vegeta, pero sorprendentemente sus labios estaban levemente contraídos de manera nerviosa. "O la cosa más cercana a eso. Su clase era asexual."

"Oh. Porque casi deseé preguntarle adónde había conseguido ese lápiz labial gótico, si no había estado tan preocupada en que me volara en pedacitos," admitió ella. Vegeta resopló una sonrisa.

"Casi podría ver eso," dijo él, sacudiendo su cabeza. "Tu pidiendo consejos de belleza a Freezer. Los humanos son las criaturas más extrañas. Tú, no puedo decidir si eres valiente o solo insana."

Bulma sonrió. "Bien, sé que soy valiente, pero hay una leve línea entre genialidad e insanía, quizá ya la he cruzado."

"Probablemente," admitió él.

"¡Hey!" Protestó Bulma. "Se supone que no estás de acuerdo, tonto." Pero estaba sonriendo mientras decía eso, sin realmente hacer caso de su observación. Él estaba siempre insultándola, después de todo. Moría por estirar las piernas, estaban comenzando a doler un poco por estar tan cerca de su mentón. Esa maldita herida la estaba comenzando a molestar otra vez. Vegeta no se había movido una pulgada en todo el tiempo que habían pasado hablando, y parecía demasiado cómodo. Aunque estaba justo en el medio del asiento. Bulma aprovechó una oportunidad.

"Hey, que demonios—" comenzó él mientras ella estiraba sus piernas sobre su regazo, cubriéndolo por la mitad con su sábana.

"Oh cálmate, estoy estirando mis piernas," explicó ella mientras una leve alarmada mirada cruzó su rostro. Suspiró felizmente mientras el dolor se disolvía de su pierna.

"¿Se supone que me tiene que importar?" Gruñó él. "Salte de encima."

"De ninguna forma."

"Te estoy advirtiendo—" sus manos agarraron sus tobillos.

"Eres tan amable—" interrumpió ella, inclinándose y llevando sus piernas hacia abajo.

"Bulma," dijo él peligrosamente, y con un empujón la hizo girar en el sofá, literalmente. Sus piernas ahora estaban del otro lado, colgando del brazo del sofá. Bulma se preguntó por un momento si se habría hecho algo con ese movimiento. Pero no había terminado todavía. Con una sonrisa, simplemente se acostó sobre él, esta vez con su cabeza apoyada en su regazo.

"¡Maldición!" Gritó él. Bulma tenía que reír.

"Hey, ¡robaste mi asiento! Ahora pagas el precio."

Él le golpeó levemente la frente.

"¡Ow!"

"¡Fuera!"

"¡Nunca!" Lloró melodramáticamente. "Podrías moverte tú, sabes."

"No en esta vida," dijo rotundo, acomodándose como si pensara realmente quedarse ahí por la próxima década. Desde su ventajoso punto de vista en su regazo parecía como un pecho desnudo gigante como piedra como un cabello verdaderamente raro. Bulma no se sentía exactamente cómoda acostándose ahí (sus piernas eran duras como rocas), pero acomodarse aún más en él resultaría como ella ir en búsqueda de un dinosaurio seguramente. Pero estaba bien. Estar acomodada ahí era mucho más abrigado que como estaba antes.

La lámpara del cuarto comenzó a titilar entonces, la luz comenzó a brillar más, alertándola que el filamento de la bombilla iba a—

¡Ping!

—Romperse. El cuarto fue envuelto en completa oscuridad. Vegeta resopló abruptamente mientras Bulma insultaba levemente en el ahora oscuro cuarto. "¿Qué fue ese ruido?" Preguntó suspicaz. Parpadeó rápidamente mientras ella esperaba que sus ojos se acostumbraran. Eso no ayudó.

"La luz se afectó, eso es todo. Está oscuro aquí adentro."

"Como si eso me afectara, ni siquiera sabía que estaba iluminado en primer lugar," espetó él. Bulma giró sus ojos.

"Tu preguntaste, no nos olvidemos."

"Hmph. Ve a encender una luz, si tienes miedo a la oscuridad."

Bulma achicó sus ojos hacia él un poco, no que tuviera algún efecto. Ninguno de los dos podían ver algo. "No le temo a la oscuridad." Ella se sentó y emprendió camino saliéndose de la sábana para ir en búsqueda de un interruptor para la luz, solo para casi romperse su dedo del pie cuando se lo golpeó con la mesita de café.

"¡¡MIERDA!!" Gritó ella y comenzó a balbucear, mientras agonía aparecía por su dedo del pie. A Vegeta casi le da un infarto.

"¡¿Qué?! ¿¿QUÉ??" El aura de su ki comenzó a expandirse alrededor de él, un brillo azul que iluminó todo el cuarto. Ahora de pie se volteó hacia ella y movió una mano, solo para que accidentalmente aterrizara sobre su pecho izquierdo mientras se levantaba.

"¡¡Hey!!" Ella reaccionó instintivamente y lo golpeó en el rostro.

"Que cara—" comenzó él mientras retrocedió de ella, solo para golpearse el talón con la endemoniada mesa de café. En su alarmar el se asió de la desconcertada heredera para su equilibrio, pero ambos cayeron duramente en el suelo en un enredo de miembros.

"Owww," Bulma gimió en el pecho de Vegeta, preguntándose que demonios había pasado. Su dedo palpitó.

Su ki ahora extinguido, Vegeta estaba acostado plenamente de espaldas en el espacioso cuarto, con Bulma desplegada sobre su pecho con una muñeca rota. Casi se sentía como una. Empujándose de Vegeta, lo miró cuando él todavía no se había movido.

"Oh genial, lo he matado," se lamentó ella. Medio montándosele a horcajadas, le dio una leve palmada en la mejilla. "¡Vegeta! ¡Levántate!"

"Estoy despierto, cabeza de chorlito," apareció su contrariada respuesta. "Salte de mí."

Ruborizándose levemente, se giró de él y sobre la alfombra. Sin molestarse en levantarse todavía, optó en quedarse ahí hasta que el dolor del pie desapareciera. Y había una impresión de una palma en su pecho que tenía que desaparecer aún. Escuchó y sintió a Vegeta sentarse, medio viendo que se frotaba la parte de atrás de su cabeza. La alfombra no había ayudado mucho a la caída.

"¿Ahora que demonios fue eso?" Preguntó enojadamente. Bulma tosió levemente.

"Yo- er, me golpeé el dedo del pie."

"Te golpeaste el dedo del pie," repitió en disgusto.

"¿Qué esperabas? No vi la mesa."

"Yo tampoco, pero tampoco me viste tirado—"

"Solo porque esta oscuro, pero te aseguro que te escuché tirarte de ahí. ¿De qué otra manera terminamos en el suelo? ¿Hm?" Interrumpió triunfante.

"Cállate."

Bulma rió nerviosamente; no podía evitarlo. ¿Quién habría podido imaginar que Vegeta fuese semejante fuente de diversión? Era insano.

Lo oyó dibujar una aguda respiración en la oscuridad, luego maldecir bajo suspiros. Bulma escudriñó en él, pero viendo nada excepto su silueta moviéndose.

"¿Qué?"

"Nada," dijo testarudamente él.

"Vamos; dime que pasa. ¿Estas lastimado?" Preguntó con una leve preocupación. Ella se sentó y se detuvo por un momento antes de ponerse de pie. Se movió a la pared adyacente y encendió la luz, determinada a encontrar que estaba mal con él. Parpadeando ante el repentino brillo miró a donde él se encontraba, inclinado contra la base del sofá. Parecía estar bien.

"¿Entonces que pasa?" Preguntó con una ceja levantada.

Vegeta sacudió su cabeza irritadamente. "Pesas mucho. Casi se me abre la cabeza por golpearme con el filo de la mesa." Levantó una mano para mostrar los dedos rosas por la sangre. Sin mucho más, pero Bulma hizo una mueca de dolor y se apresuró encima. Arrodillándose frente a él hizo el suficiente ruido como para que no se asustase de ella, mientras tomaba gentilmente su cabeza entre sus manos.

"Sólo inclina tu cabeza un poco; necesito ver cuan mal está esto," murmuró suavemente. Vegeta gruñó algo bajo su respiración.

"¿Qué es eso?" Le preguntó.

"Dije; no es nada más que un pequeño corte. Tan rápido como lo cure se irá." Pero se inclinó de todas maneras, agachando su cabeza y permitiéndole buscar a través de su puntudo cabello. "Sólo mira."

Le tomó un momento encontrar la pequeña herida, se mantenía desviada por la extraña sensación de su pelo. Era demasiado grueso, entendía ahora como era posible que estuviera parado por si mismo. Pero era... lacio de alguna manera, aún sosteniendo un mechón realmente no lo había notado hasta entonces. Subrepticiamente movió sus dedos a través de él mientras dividía los mechones, revelando la cortadura que sangraba.

"Oh Kami," exclamó ella cuando la vio, "Está casi cerrada." Y lo estaba. Había sido pequeño para empezar, pero el sangrado se había detenido y ya mostraban signos de cicatrización. Bulma estaba fascinada.

"Nunca supe que los Saiyajin se curaban tanto más rápido que los humanos." Soltó su cabeza y se sentó nuevamente en sus talones, todavía estando un poco desconcertada por lo que había visto.

Vegeta levantó su cabeza y se encogió un poco. "No por una notable cantidad, pero si, nos curamos más rápido."

Bulma se levantó, sentándose en el sofá al lado de la cabeza de Vegeta. Él inclinó su cabeza levemente hacia él, probando el aire. "Todavía estás usando mi traje de entrenamiento, ¿o no?" Preguntó gruñonamente.

"Sí," replicó con una sonrisa. "No te preocupes sin embargo, los tendrás listo mañana, lavados y libres de Bulma."

"Bien."

Se sentaron en silencio por un largo tiempo, el príncipe pareciendo contento de solo sentarse en la alfombra, apoyándose contra el sofá en el que ella estaba sentada. Bulma tomó la desechada manta, dibujándola sobre sus piernas por la falta de cualquier otra cosa para hacer. Ella sintió sus párpados pesar más, pero lo peleó. Luego otra vez, Vegeta no estaba como para preguntarle cualquier cosa, y si pudiera verla, ¿por qué no tomarse una siesta de unos minutos? Se sentía un poco culpable por eso, pero si él se diera cuenta, lo peor que podría hacer era golpearle en la cabeza, o algo, ¿o no?

Hm...

Decidió no hacerlo. Por si las dudas.

Pero no había nada más para hacer ahí. Bulma comenzó a buscar por algo para distraerse de su fatiga y aburrimiento, pero no había nada. Se sintió vagamente sorprendida que Vegeta no la hiciera incomodarse o aun sumamente enojada, pero eso era todo. Que hacer... Levantó su pie y se recostó en el sofá para pensar sobre eso, sin importarle realmente que la cabeza de Vegeta estuviera a veintitrés centímetros lejos de la suya.

"Sabes Vegeta, esto es muy extraño," bostezó cansadamente. "No que realmente me moleste."

"¿Qué?" Preguntó él, volteando su cabeza levemente. "¿El hecho que me rebajé en conversar con gente tan común como tú?"

Lo dijo para enfurecerla, y realmente que funcionó. Pero ella se lo tragó y se encogió de hombros. "Bien, hablando de alguna manera, sí. ¿Está enloqueciéndote demasiado la ceguera? Te dije, se irá para el fin de la semana, Estoy segura—" se detuvo cuando Vegeta se volteó completamente hacia ella, con una expresión de ira y amargura.

"Sigue hablando, mujer. ¿Pero realmente esperas que confíe en ti? ¿Después de todo lo que te hecho a ti y a los demás, voy a confiar en ti? Estoy esperando tu golpe, y francamente estoy sorprendido que te estés tomando tanto para hacerlo." Dejó salir una risa que no contenía nada de humor. "Podría tratar de detenerte, pero no tendría ningún efecto en este momento. Debí haber sabido que las cosas no cambiarían luego de la muerte de Freezer, o aún después de la mía," escupió él, apretando sus puños y llevándolos al nivel de sus ojos. "Esta ceguera es solo el principio." Sus manos se abrieron abruptamente como si quisiera sacárselos de sus cavidades oculares, pero cayeron en su regazo en derrota.

¿Esto era lo que pensaba? ¿Todavía? ¿Qué ella lo iba a matar aún ahora, porque le había hecho cosas a los demás? Bulma sabía que era lo suficientemente lógico creer algo así, y para alguien como Vegeta quien no confiaba en nadie excepto él mismo era más creíble. Pero realmente, para ella era una locura.

"No quiero matarte," dijo con el ceño fruncido. "No juzgues a todos por tu propio comportamiento." Era difícil para ella convocar ira hacia él, pero tenía que hacerle entender que no quería hacerle nada. Cuando él no respondió por un tiempo, ella tomó un poco de su cabello y movió su cabeza hacia atrás para poder ver su rostro.

"Realmente," le dijo. "Podrás haber hecho todo eso antes, pero las esferas del dragón revivieron a esos que fueron asesinados, y si Yamcha y Tien y Piccolo tienen problemas con eso, déjalos a ellos. Para mí personalmente, solo me haces enfurecer con regularidad. Pero todos lo hacen, así que está bien," sonrió, tratando de hacerlo ver desde su punto de vista. ¡Tenía que verlo desde su punto de vista! No quería lidiar con él por todo el tiempo de su estancia aquí, si no iba a hacer nada excepto preguntar cuando iba a dar su 'golpe'. Pero como había dicho antes, sería extremadamente difícil hacer eso aún si quisiera matarlo.

Él empujó su cabeza rudamente, deshaciéndose de su agarre en el pelo efectivamente mientras se volteó para encararla. Involuntariamente puso su rostro cerca del de ella, pero ella lo pasó por alto mientras trataba de convencerlo de confiar en ella. "Como si no me quisieras muerto. Soy directamente responsable por las muertes de tus amigos. Tu lo dijiste cuando todos fuimos traídos a la tierra que deseabas que permaneciera muerto."

"¡Porque pensé que ibas a tratar de matarnos a todos otra vez! ¡Tenía miedo de ti!" Gritó ella. "Quizá no parecía todo eso, pero estaba ahí. No me mal interpretes, sólo eres un dolor de cabeza y nada más, pero me diste pesadillas en varias ocasiones en ese entonces. Así que pienso si puedo aprender a confiar en ti, entonces podrías hacer lo mismo por mí."

"Eres una idiota por confiar en mi," dijo llanamente. "En algún momento, yo seré la cosa que te mate. Que mate todo en este miserable planeta." Se cruzó de brazos otra vez y frunció el ceño pesadamente. Bulma solo se giró un poco en el sofá y miró fijamente al cielo raso.

"Probablemente tengas razón," murmuró ella. "Quiero decir, después de todo, no es que hayas cambiado de como eras antes de venir a la tierra. Aquí estoy, abrigando a un total asesino en mi casa, y no me importa. No sólo eso, prácticamente te estoy ayudaron a destruir el mundo." Dijo eso prácticamente para si misma, pero cuanto más alto lo decía, más tenía sentido. Estaba volviéndose loca finalmente. ¡Y se estaba hablando así misma! Esa fue la última conclusión. Cubriéndose el rostro con las manos dejó salir una fuerte maldición.

"Me estás volviendo loca, Vegeta. Espero estés feliz," gimió ella, sacudiéndose la cabeza lado a lado. "Me deberían poner en una camisa de fuerza y enviarme al asilo más cercano. Técnicamente, debería ir a uno para criminales insanos, ¡porque si derrotas a Goku voy a ser la responsable de un genocidio! Espera, ¡no habrá quedado una tierra! ¡¡No habrá quedado algo de mí!! ¡Vas a matarme!" Jadeó mientras finalmente entendió. "¡Asesino!"

"¿¿TE callarías??" Gritó él, silenciando su pasear finalmente. "Sabías todo eso, así que para de estar fingiendo que acabo de decírtelo. Sí voy a matarte, sí voy a derrotar a Kakarotto y sí, ¡voy a hacer volar a este maldito planeta!"

"Quizá no deba ayudarte a arreglar tu vista," se murmuró a ella misma. "Si vas a agradecerme volando mi trasero a la próxima dimensión."

Bien, eso lo hizo.

Con un gruñido Vegeta se volteó tras él y la tomó de su garganta, y la agarró fuertemente sobre su cabeza frente a él. El machacante apretón que tenía en su cuello era tan poderoso que Bulma no podía siquiera chirriar de miedo, podría resoplar pequeñas bocanadas de aire que hacían poco para ayudar a la situación. Con un latido aterrizó en el regazo de Vegeta, sus piernas torcidas torpemente debajo de ella. El miedo le habían sacado todos sus pensamientos de la cabeza, pero instintivamente tomó su muñeca y jaló tan fuerte como pudo, tratando de soltarse sus manos de su cuello. Por supuesto, no había ningún cambio en la presión. Pero trató. Sus ojos vacíos estaban repletos de furia, sus ojos apretados en un gruñido salvaje que los mostraban malditamente filosos.

"Te asegurarás que tendré mi vista otra vez, humana, si no haré más que sólo matarte. Si piensas que esto duele," apretó más fuerte para enfatizar sus palabras, "espera hasta que te arranque la espina. ¿O debería dejarte ciega como tu lo has hecho conmigo? No juegues conmigo. He tenido una vida de dolor, creo que es hora de esparcir algo de eso por el resto del universo," siseó horriblemente. Su cara estaba desencajada del cólera, y la mano en su garganta no aflojó ni un poco en su discurso. De hecho se apretó más fuerte. Justo cuando Bulma estaba segura que iba a perder la conciencia, él la liberó, empujándola sobre el suelo a un par de yardas lejos.

Arrastrándose suspirando, las respiraciones de su intento de levantarse del suelo, tratando de enderezarse. Oh Kami, ¿por qué no podía mantener su boca cerrada? ¿Por qué era tan estúpida, ciegamente confiada de un asesino? Él no sentía; ¡a él no le importaba nada más que él mismo! Y ella tenía que ponerse derecha y enfrentarlo. Pero seguramente él sabía ahora que ella no iba a lastimarlo, ¡o ni siquiera intentar matarlo! Era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de eso en ella. Pero no. Ella lo había juzgado mal otra vez. Los recuerdos de ella dándole esa taza de chocolate volvieron a ella, un recuerdo que él pudo haberlo hecho enfurecerse más, o confiar en ella un poco más. Quizá le creyó cuando ella dijo que no trataría nada... ¡Seguramente él ya lo sabía! ¿Qué había hecho que la azotara de esa forma? ¿Por qué tenía que lastimarla todo el tiempo? Ella había sido nada más que agradable con él últimamente, y él se mantenía hiriéndola, ambos sus sentimientos y su cuerpo. ¿Lo hacía a propósito? ¡¿Venía naturalmente de él?!

Tosió ásperamente un par de veces y miró al príncipe. Estaba de pie ahora, los hombros tiesos y lanzados. Parecía listo para atacarla o algo, pero Bulma sólo tragó inestable, incapaz de comprenderlo. Se puso de pie.

"Yo—yo desearía... yo desearía poder odiarte, Vegeta," dijo ella. "Odiarte como mereces. Por alguna estúpida razón, no puedo hacerlo. Me has dado más que suficientes razones para hacerlo, y Kami sabe que no sería juzgada por eso, pero simplemente no puedo. Aún cuando sigues haciéndome esto, cuando he hecho nada más que ayudarte una y otra vez."

Sintió sus ojos un poco, extrañamente suficiente, pero lo ignoró y lo miró. "Incluso me siento culpable por lo que te sucedió, aunque no lo haya podido evitar. Y antes de eso, cualquier cosa que haya hecho que te sientas el dueño del universo por la mierda que te hicieron en la vida cuando crecías. ¿A-alguien te ha dicho eso antes? Pero no me importa ahora, lo has dejado perfectamente claro no quieres mi amistad, y está bien. Podré no ser capas de odiarte como lo hace el resto, como el alienígena que amenazó este lugar y mató algunos de nosotros, pero puedo odiarte por hacerme admitirte esto." Tragó mientras un dolor aparecía en su garganta. "Te haré ver otra vez, te ayudaré a entrenar, arreglaré tus malditas heridas cuando te lastimes tanto que ni siquiera puedas moverte. Pero nunca seré tu amiga. Y me siento apenada por ti si no ves eso como una pérdida."

Estaba sorprendida de sentir lágrimas en sus mejillas luego de terminar con su discurso, y estaba agradecida por su incapacidad de verlas. Se burlaría de ella de todos modos. Pero ella no quería decir todas las palabras que había dicho entonces, y sabía que él había reconocido su sinceridad, aún si no le importase. Trataba de ser amigable con él, ahora ya no quería. No había sentido en ello; nada que ella le diera sería aceptado. El príncipe Saiyajin estaba realmente hecho de hielo.

Se alejó de él, viendo ningún cambio en su rostro o algo aunque sea, nada que la animase a retractarse o cambiar su opinión. No que tuviera importancia. Debió haber sabido mejor antes que tratar de entenderlo, amigarse con él. ¿Por qué le dolía tanto que él no confiase en ella? ¿Que pudiera lastimarla tan casualmente sin importarle su seguridad? No tenía ninguna respuesta a esas preguntas, y justo entonces no le importaba. Se lo imaginaría en la semana que tenía que ayudarlo, y cuando pudiera ver otra vez haría lo imposible para alejarse de él. Ni siquiera Yamcha valía la mierda que tenía que soportar, y Vegeta no era nadie para ella. Nadie.

Caminando hacia él, dirigiéndose a las escaleras, sacudió su cabeza. "Apuesto que puedes subir sólo, Vegeta. Me voy a la cama. Si no puedes, ahora es el momento para decírmelo," dijo tranquilamente, con sus ojos llenos de tristeza. Soportando el dolor en su garganta era difícil, pero no podía congelarse antes de admitirle su dolor. Él ni siquiera respondió a eso, sin moverse una pulgada. Apenas parecía vivo, aunque todavía lo estaba. Dejó salir una pequeña, medio despreciativa risa y caminó pasándolo.

La manó de él se disparó y la agarró del brazo, empujándola un poco.

Su cabeza se volteó hacía ella mientras la traicionó un grito de asombro asustado. "Deberías saber a estas alturas que no necesito pedir ayuda," susurró ácidamente. Confundida, Bulma viró su cabeza para mirarlo a la cara, olvidándose que no podía hacer contacto visual con él. Trató de zafarse.

"Déjame ir, Vegeta," dijo ásperamente, tirando del agarre de su brazo. "Quise decir lo que dije. Si quieres arruinar la mente de alguien, que sea la tuya. Diría que lo necesitas."

"Realmente."

Tomó un respiro. "Déjame ir."

Su mano libre se levantó y le tomó el hombro, antes de moverse y agarrar su cuello ligeramente. Ella hizo un movimiento de encogimiento a pesar de ella misma, temiendo una repetición del movimiento anterior. ¿Qué había dicho ella ahora? Pero su mano se movió sobre el blando músculo de su garganta, apoyándose ligeramente en el punto de su pulso. Estaba segura que podía sentirlo acelerarse. Pero su rostro, como siempre, no traicionó nada.

"Todavía me temes, ¿no?" Preguntó tranquilamente. "Mentiste antes."

Bulma no sabía a donde se dirigía con eso, solo quería salirse de ahí. "Déjame ir," dijo ella una vez más, para mayor seguridad.

"Respóndeme."

"Sí, ¡está bien!" Gritó ella. "Me asustas. Eso es lo que querías oír, ¿verdad? Bien ahí está. Después de esto, me asustas, tonto. Así que excepto que quieras finalizar lo que acabas de empezar y matarme, quiero que me dejes ir así me puedo marchar de aquí." Pero él aún no la dejaba irse, ni respondía a eso. En su lugar, su mano se movía hacia la línea de su mandíbula, deteniéndose por el surco que había en sus mejillas debido a sus lágrimas. Ella se congeló, sofocando un temblor por ese tacto extraño. Ahora sabía de todos modos.

Sus cejas se encorvaron levemente, antes de relajarse al darse cuenta. "Pensé haber escuchado lágrimas en tu voz," dijo suavemente, antes de sacudir su cabeza levemente. Ella corrió su cabeza de su agarre defensivamente mientras él la soltó con una pequeña risa ahogada. "Una humana vertiendo lágrimas por mi... Algo para agregar a mi lista de realizaciones."

Ella sintió un tormento fresco llenar sus ojos, y se limpió sus mejillas. "Vete a la mierda," susurró venenosamente. "Maldito seas por hacerme esto."

"No he hecho nada."

Se las limpió furiosamente y lo miró. "No. ¿Qué estás tratando de hacer, Vegeta? ¿Tratando de hacer que te odie? ¿Es eso? ¿Es por eso que remarcaste algo que no quise hacer, y volverla a esto? ¿La idea que alguien sienta algo por ti te parece tan mala?"

Sus ciegos ojos se abrieron.

Sus propios ojos se agrandaron cuando se dio cuenta que se lo golpearía justo en la cabeza. ¿Por qué más había actuado él tan extrañamente? ¿Por qué no podía entender su generosidad hacia él, él tenía que transformarlo en obligación porque ella se lo había prometido antes? Él tenía que hacer que le tema, y tratar de hacer odiarlo también. Él no entendía sus motivos, por lo tanto tenía que desecharlos, o torcerlos completamente. Su expresión dijo entonces tanto, la rápida sorpresiva y enmascarada vista ahí idea en un parpadeo. Ella estaba en algo.

Ella paró de tratar de escaparse de su agarre, en cambio optando quedarse más cerca de él que como había estado. Él se atiesó levemente, pero lo permitió. "Creo que quieres odiarme porque nunca has tenido nadie a quien odiar o algo. O prefieres eso antes que la pena de lo que pueda venir después."

"¡No sabes nada!" gruñó él.

"¿No sé?" Contestó suavemente, pero también fieramente. Ella tragó y caminó hasta sus propios límites, tan cerca que sus pechos se tocaban. "No funcionará conmigo, Vegeta. Estaba empezando a gustarte, también. No creo que me asustes de ahora en adelante. Tendrías que matarme ahora para que deje de conocerte, príncipe."

Su manó rozó su cuello otra vez, para probar que estaba en lo correcto, que podría matarla para detener lo que estaba diciendo volviéndose verdad. Apretó a misma presión justo bajo el dolor, pero Bulma no se resistió de él o tomó su manó para sacársela. Estaba encegueciéndose, en una forma de decir, pero hasta ahora estaba funcionando. Si quisiera matarla ahora, no podría detenerlo. La verdad era, pensó que daría paso atrás solo porque tenía que ayudarlo a pelear con Goku, pero parecía que el Saiyajin de corazón puro ni siquiera había entrado en la mente de Vegeta. ¿Qué estaba pensando adentro de esa cabeza?

"Continúa;" susurró ella. "Mátame si eso es lo que quieres. No puedo detenerte."

"Sé eso." Pero su agarre no vaciló. No se apretó, no se debilitó. "Tenemos un problema aquí," señaló rudamente. El ceño de Bulma se frunció en confusión. Kami, ¡sólo quería salirse de ahí!

"Que quieres decir," preguntó ella. Sus vacíos ojos se achicaron.

"Acabas de desafiarme a matarme. Como un Saiyajin, no puedo rechazar un desafío, tengo un límite honorable para aceptarlo. Pero si lo hago tu padre no me devolverá mi visión. Si te dejo vivir, estaré cargado con el conocimiento que no terminé mi trabajo, y te tengo metiéndote en mi mente en cada oportunidad. Y me prometiste hace un momento atrás que nunca serías mi 'amiga' si lo quisiera o no. En ese aspecto estás atrapada también. ¿Qué sé ahora entonces?" musitó suavemente.

Bulma dejó salir un respiro y pensó sobre eso. Oh si, pensó ella. Estancada. "Mátame. Puedes derrotar a Goku sin vista."

"¿Y que si digo no?"

Ella parpadeó. ¿Qué era esto? "Bien, vas a matarme de todas maneras cuando derrotes a Goku," dijo ella roncamente. "Así que técnicamente no vas a dejar el desafío incompleto. Digo que me dejes ir ahora, correr a mi cuarto y enloquecer por las próximas horas o algo, luego pretendo que esta noche nunca pasó. ¿Trato?"

Su ceño se frunció levemente mientras pensó sobre eso. "Eso funcionará," sentenció él. Aflojó su mano de su garganta y la llevó a un lado. "Y olvidarás todo lo que tomó lugar esta noche."

"Bien," dijo ella, suspirando en alivio. Se volteó para irse.

"Una cosa más."

"¿Qué?" Ella se volteó justo mientras él la agarró de la cintura empujándola contra él. Para su sorpresa Bulma pensó que para un sujeto ciego tenía un conocimiento afilado donde estaba ella. Debió ser una sensación del Ki. Luego el pensamiento se fue cuando captó la intensa, y casi ilegible mirada en su rostro.

"Mientras te olvides de esto..."

Él presionó su boca contra la de ella.