Disclaimer: Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Un amor alterno
(An Alternate Love)
Un fic de Hella
Traducción por Apolonia.
Miró fija y vacíamente al cielo raso de su dormitorio, recorriendo todo en su mente, mientras lo hizo por las últimas dos horas. Pero Bulma no sabía que pensar. Demonios, no podía pensar. Todo lo que sabía era que hace un momento bajo las escaleras había estado lo suficientemente enojada para dañar algo valioso de Vegeta, luego temía por su vida. Luego de eso vino la amarga aceptación que no podía herirlo de ninguna manera, luego la urgencia de irse de ahí.
¿Qué había pasado por su cabeza todo el tiempo?
El shockeante, fuerte beso que le había dado dio vuelta todo. No pensó si había pensado tan salvajemente en su vida. Fue un breve flash repentino que le dijo que él había querido hacer eso, besarla con tal sin ningún dolor. Él era mucho más fuerte que ella, y lo había probado con todos los movimientos de su boca en ella. Pero había sido breve, quemándole la boca aún después de haberse separado, como una simple sombra fuera de vista. De un segundo a otro, como una sombra en su memoria, haciéndola preguntarse si había sucedido de alguna forma.
Y era supuesto que tenía que olvidarse. ¿Qué había significado? Tan sólo estaba afirmando su dominación sobre ella una vez más, ¿o tomaba codiciosamente lo que había querido para un efímero momento? No tenía sentido como había actuado antes, ese beso. Pero entonces, no lo conocía en ningún aspecto. Y tenía que estar con él por otros seis días supuestamente ayudándolo cuando no lo necesitaba realmente. Esa noche se lo demostró, con su fácil movimiento que ni siquiera la ceguera pudo evitar por tanto tiempo. Él estaba bien, y ella había prometido. Lo que quería decir que realmente quería olvidarse de eso. Suspirando suavemente para ella misma, se llevó dos dedos hacia los labios, no estando sorprendida de sentirlos levemente hinchados. Esto era insano.
Girando pesadamente en su gran cama, se puso cara abajo, deseando solo romperse la cabeza en algún intento de detener la infinita presa de preguntas que su auto dirigido instinto se la comiera viva. En su lugar la apoyó cómodamente en una almohada, con los miembros extendidos en todas direcciones. Tratando también de dormir, se dijo a si misma mientras vagamente cubría su cuerpo con una manta. Olvidando por un momento como se podían rebuscar hasta las más simples cosas. Como su clara aversión hacia Vegeta y la indiferencia de lo que pensara, dijera, hiciera, podían transformarse en un torbellino de confusión y sentimientos que no eran correctos en ningún aspecto.
Con un suspiro, se giró sobre su espalda, sufriendo un dolor en sus sienes y un calambre en su estómago mientras sentía el peso de los eventos de esa noche que tomaron sus pensamientos. Dormir era nada más que un lindo recuerdo para ella.
Así que miró al cielo raso hasta mirar a las cortinas de su cuarto, esperando el comienzo de un nuevo día.
Sólo dios sabe que traerá.
"¿Bulma? Bulma querida, ¡es hora de levantarse!" La alegre voz de su madre sonó desde el otro lado de la puerta de su dormitorio. Los jóvenes ojos de la científica comenzaron a abrirse, preguntándose débilmente cuando se sentía tan dormida. Luego todo eso fue sobrescrito con un creciente sentimiento inquietante en su abdomen, una sensación familiar que conocía bien. Oh, mierda. Justo cuando las cosas no podían ponerse peores, pensó para si misma.
"¿Bulma? Hay un almuerzo con algunos gerentes internacionales. Tu padre quería que estuvieras allí, pero puesto que estás cuidando de Vegeta—"
"¿Irás tu?" preguntó miserablemente. No porque se lo estuviera perdiendo, pero simplemente porque iba a estar pegada a Vegeta por al menos la mitad del día. 'Almuerzo' para sus padres equivalía usualmente a tarde en la noche luego del evento. No volverían por un tiempo. Un apretado dolor en la parte de abajo de su cuerpo comenzó a ser más evidente cuando más pensaba sobre eso, sabiendo que mostraba rezagos de una de las alegrías de ser mujer.
"Si querida," su madre rió nerviosamente. "Es casi mediodía, así que me despido ahora. Te dejé dormir mientras pude. ¿Estás conforme con este arreglo? Podríamos posponerlo—"
"No, no, no. Está bien. Los veré cuando vuelvan, ¿¿de acuerdo??" dijo precipitadamente. "Me las arreglaré."
"Bien, estoy segura que todo estará bien. Vegeta parece haberse manejado muy bien esta mañana sin tu ayuda, acabo de alimentarlo otra vez." Dios, Bulma pensó secamente, lo hacía sonar como una mascota. Poniéndose una mano sobre su estómago hizo gestos de dolor con otra punzada, soportando el dolor que tenía mordiéndose el labio duramente, su rostro se torció levemente mientras aumentaba. Este mes iba a ser uno de los peores. "Está bien, mamá. Nos vemos luego."
"¡Adiós!" dijo a través de la puerta, y Bulma escuchó el sonido de los pasos alejándose por el pasillo. La mujer más joven suspiró y se levantó mareadamente de la cama, sintiendo por todo en el mundo que prefería disfrutar más volviéndose a la cama. Pero las cosas tenían que hacerse, y no iba a dejarlas abandonadas. Y si veía a Vegeta y las cosas eran extrañas, aún así. En ese momento no podía ni siquiera preocuparse.
Su abdomen se contrajo viciosamente otra vez y refrenó el gemido. Maldijo en su lugar mientras se hacía camino a la ducha, deseando ante cualquier cosa que todavía tuviera algunos calmantes después de tomarlos para su pierna.
"Aww... me están castigando, lo juro. ¿Fui tan mala?" se murmuró a si misma, mirando fija y desalentadamente hacia la botella de calmantes vacía. Fresca después de la ducha, se sintió un poco mejor pero de ninguna manera iba a apurarse. Era un pequeño pensamiento vengativo con el que maldijo a todos los hombres por no tener que lidiar con nada de eso. Y pensó que Kami podía considerarla afortunada por no ser técnicamente un hombre, o consideraría su existencia. No que pudiera hacer algo por su situación, pero aún... tenía que enojarse con algo. ¿Qué ayudaba a los calambres menstruales cuando no había medicación? ¿Inconsciencia? ¿Meditación? ¿Una histectomía? Tratando de ignorarlo lo mejor que pudo, Bulma sacó un par de jeans claros con un suave sweater, sintiendo el frío en el cuarto y sin gustarle ni un poco.
Saliendo de su habitación, y en el pasillo, agudizó todos sus sentidos para encontrar a Vegeta. Incapaz de detectar el Ki, eso quería decir que solo escucharía mucho más y miraría por el pasillo. Nada. Agradecida por las pequeñas bendiciones, aunque una pequeña parte de ella se preguntaba donde estaría realmente, se dirigió a bajar las escaleras para agarrar algo de comer. Era probablemente una mala idea, cuando no estaba entrenado Vegeta comía o dormía.
O se deleitaba en confundirla, asustarla, estrangularla y besarla...
Frunciendo el ceño al no permitido pensamiento, se alivió de encontrar que cuando llegó ahí, no se encontraban señales de él. Aliviada y también sintiéndose un poco desanimada. La hizo preguntarse donde estaba, si su madre le acababa de cocinar algo antes que ella llegara. Bulma pensó en eso. ¿Dónde habría un bien descansado, bien alimentado príncipe Saiyajin ido si era incapaz de dejar las premisas, y no había nada en que ocupar su tiempo? No le tomó mucho llegar a la conclusión a la respuesta a esa particular pregunta. Había ido al único lugar que conocía la ubicación de memoria.
La cámara de gravedad.
Bulma se frunció el ceño a sí misma. Tenía completo sentido, pero por un pequeño problema. Él no podía hacer funcionar los controles sin poder verlos, ¿o si? Aún si pudiera figurarse como hacerlo, estaba apagada. ¿Y qué si no estaba ahí después de todo? Ahora estaba determinada de ver si su teoría era correcta, solo para saberlo. No era que no tuviera nada mejor que hacer, y Vegeta era genial para enfurecer. Poniéndose una mano en la garganta, masajeó los moretones circulares que ennegrecían lentamente su cuello, haciendo muecas de dolor cuando hacía mucha presión. Esos iban a empeorar antes que mejorar. Estaba agradecida que su madre no los había visto antes de irse; su tardío levantar evitó esa torpe escena.
"Debí haber usado un cuello alto," se murmuró a ella misma, tratando de ignorar las oleadas de dolor que causaban un pliegue entre sus cejas. Pero sabía que no importaba, nadie estaba en casa y Vegeta ni siquiera podía ver su propia manualidad. Frotándose la mano alrededor de su abdomen, resolutivamente hizo su camino hacia el patio, cruzando por el fresco pasto cortado a donde una gran nave cápsula blanca y negra estaba parada inocentemente en el tardío brillo de la mañana. Se puso de punta de pie sobre el suelo que estaba bajo la nave como apoyo para la gran cápsula, apoyándose sobre el y mirando fijamente a través de la ventana redonda que adornaba sus paredes. Y demasiado segura, estaba en lo correcto. Vegeta estaba ahí dentro, entrenando duro.
Era fascinante verlo entrenar sin vista, y aún sin que la gravedad estuviera aumentada, había hecho un gran sudor en su cuerpo por sus numerosos giros y rápidos ataques que querían herir a un oponente inexistente. Saltando en el aire se movió tan rápido en la cápsula que no era más que una sombra para Bulma, sus brazos y piernas ejecutando movimientos mortales. Vestido en nada más que zapatillas y un par de shorts de spandex negro, ella le dio una gran mirada mientras observaba entrenar al príncipe. Honestamente, no sabía como cuidarlo, el sujeto podía adaptarse a cualquier situación más rápido de lo que ella podía girar su cabeza.
Y mientras lo miró entonces, viéndolo más en control de él mismo entonces de lo que jamás había visto.
Nada podía perturbarlo.
Bastardo.
Frunciendo el ceño ferozmente saltó hacia atrás para apoyarse en el suelo, y se dirigió a la casa. Ya había tenido demasiado de mirar al salvaje príncipe, quien parecía completamente libre de dolor y totalmente en su elemento. ¡Quería golpearlo en las tripas tan fuerte para que sienta el dolor que ella sentía! Primero por estrangularla, luego por besarla. ¿Qué le daba el derecho para manipularla así? Ooh, sólo deseaba golpearlo—
Pero no tenía deseos de romperse la mano; no tenía ilusiones en ser capaz de vengarse de él en el sentido físico. Pero había tenido bastantes fantasías satisfactorias corriéndole por la cabeza envolviéndola en ser capaz de fortalecerse y golpearle en la cabeza con una llave inglesa, así que se colocó una de esas. Un fuerte ruido llamó su atención repentinamente, un sonido severamente estruendoso venía detrás de ella.
Espera, pensó ella. ¡¡Eso venía de la cámara de gravedad...!!
Se volteó, pensando que vería el comienzo de una explosión ocupando sus ojos... pero todo lo que pudo ver fue un montón de mierda que Yamcha llamaba auto, aterrizado sobre el césped, viniendo con un estruendo a cuatro pies de la cámara de gravedad. Bulma miró con disgusto como su novio en cuestión salía del silenciado automóvil, el cual había sido una vez una pieza de engranaje barato, mientras caminaba hacia ella. Él miraba preocupadamente al auto, como esperando que el freno se liberase y funcionase. Ella sólo le sacudió la cabeza, ojeando el vehículo.
"Yamcha, ¿qué demonios le pasó a tu auto?" le preguntó atónita. "¿Reemplazaste el motor con un montón de palos? ¡Suena terrible!"
Él se veía tan bien como siempre para ella, su leve bronceado bajo el sol, acentuado por sus jeans oscuros y su remera —abierta en el cuello— que estaba usando. Su traviesa sonrisa causó que ella respondiera con una sonrisa de saludo robando sus otras expresiones, y cuando ella se acercó lo suficiente puso sus manos sobre su cintura y lo besó largo y fuerte. Sonriendo fuertemente para sus adentros él le respondió impaciente, y compartieron el momento. Fue un largo momento.
Cuando se separaron ella se sonrió, de repente agradecida de ver su rostro otra vez. Su viva una vez, muerta otra vez relación no era de ninguna manera posesiva de ningún lado, pero de repente sintió que él se había ido mucho tiempo. ¿Cuándo había sido, una semana? Era un poco irracional, sabía eso, una parte de ella susurró que sólo eran las hormonas. Aún, sabía que vendría arrastrándose después de lo que había sucedido en el desierto con Freezer y Kold, y eso le dio un destello de satisfacción.
"¿Esto quiere decir que me extrañas?" le preguntó contento. Ella fingió pensarlo por un momento, antes darle un guiño picarón.
"Lo estoy pensando..." luego sus ojos apuntaron hacia el auto, y su ceja se levantó delicadamente. "Pero realmente, ¿qué demonios está mal con esa cosa? Pensaste que con tu salario ibas a poder pagar para arreglar eso."
Parecía como si lo hubieran agarrado con las manos en la masa. Él se volteó incómodamente. "Bien... no estoy muy seguro que le pasa, probablemente alguna de esos malditos mantones dos casas atrás que chocaron con el. Los he visto mirarlo," dijo oscuramente. Luego sus ojos cambiaron. "Así que, puesto que no se tanto de maquinarias como tu lo haces, me preguntaba... ya que eres tan inteligente y todo eso—" dijo él, dándole una rápida mirada antes de cambiarla de lugar. Sus ojos se achicaron sospechosamente, y en respuesta él destellaba una sonrisita infantil.
No funcionó.
"Déjame entender esto," Bulma comenzó llanamente. "Vienes haciendo ruido a mi patio, casi chocándote contra la cámara de gravedad, arruinando parte de mi césped... ¿y esperas que actúe como tu monito gracioso y te arregle esa porquería? ¡Nunca en tu vida, idiota! ¡¡Y todavía no te has disculpado conmigo!!"
Él giró sus ojos tolerantemente, pero eso sólo sirvió para enojarla más. Su mirada era cariñosa. "Vamos, sabes que estuve ocupado—"
Era una mala cosa para decir. ¿Por qué no se lo admitía? Pensó furiosamente. Pero no lo haría, y ahora esperaba que ella lo superara y le arreglara el estúpido auto. El hecho del problema es que realmente le importaba un comino si él se olvidaba de ella por un momento —esas cosas sucedían— pero él sabía que había herido sus sentimientos y aún así no le importaba. Peor, actuaba como si ella estuviera siendo infantil por traerlo a discusión otra vez. Seguramente tenía culpa, pensó ella oscuramente.
"Yamcha," gruñó ella, "Creo que mejor deberías irte y—"
"¡Oh dios mío!" gritó Yamcha, mirando fijamente con los ojos abiertos a su cuello. Parecía horrorizado. "¡¿Qué te sucedió?! ¿Quién le hizo eso a tu cuello? ¡¿Quién?!"
Los ojos de Bulma se llenaron de consternación hasta que se dio cuenta que se había olvidado de sus moretones, aunque era aparente que Yamcha estaba estupefacto por la vista de ellos. Él la miró preocupado. "Te asaltaron, ¿alguien entró en tu casa? Kami, solo muéstrame al bastardito y lo—"
La expresión de Bulma detuvo sus palabras como una pared de ladrillos.
La sangre se le subió a la cara cuando ella sacudió la cabeza lentamente, sus ojos apuntando sobre sus hombros y parpadeando a la cámara de gravedad. La fanfarronería de Yamcha desapareció instantáneamente, pero el asombro y la furia seguían ahí, aún si se había acobardado. "Qu—Vegeta... ¿él te hizo esto?" siseó él, viéndose más furioso de lo que lo había visto alguna vez. Pero estaba asustado bajo eso, podía verlo fácilmente. Estaba en una posición diferente ahora, podía levantarse por ella y hacer que le pateen el trasero, o no hacer nada por ella y ella sufrir en su cólera. Bien, eso era como hubiera sido si Bulma no hubiera sabido la repercusión de tal comportamiento egoísta. Yamcha se enteraría de la ceguera de Vegeta, y sería derrotado tontamente. Tenía que evitar que fuera por Vegeta. No sería tan difícil, pensó confiadamente.
"No, Yamcha, no te preocupes por eso," dijo rápidamente, su rostro claro y aceptado. El rostro de él se torció mientras miraba hacia la cámara de gravedad para mirarla fijamente a los ojos. "Discutí con él a tal punto, que aún así sé que lo merezco." Mentiras, mentiras, mentiras, pensó ella tristemente, pero Yamcha no sabía eso.
Su rostro se relajó un poco, pero sus ojos seguían sospechosos. Corriendo leve mechones de cabello de sus ojos, echó una mirada a la cámara de gravedad, luego llevó sus dedos a su cuello suavemente. No cambió la expresión de su rostro ni un poco, dejando tan sólo entrar un poco de aburrimiento en su mirada. Apenas por efecto, dentro de su corazón un golpeantemente pesado, constante en aumento latido.
"¿Qué dijiste? Bulma... ¿no escuchaste nada de lo que dije antes? ¿Sobre lo peligroso que es? Podría matarte en un segundo, pero obviamente estás esperando que te golpee y te lastime pronto. Pensé que te suponías inteligente," le disparó a ella, sus ojos moviéndose furiosamente.
Su ceño se curvó en confusión. "¿Estás enojado conmigo, Yamcha? Hola, es mi vida, hacer con ella lo que quiero. Yo," ella casi se golpea por eso, "aprendí mi lección ahora. No voy a molestar más a Vegeta." Eso era por seguro, suspiró su mente secamente. Él estaba loco. Su mirada filosa se centró entonces, mientras su rostro se cortaba mientras escondía el dolor que pasaba por una parte de ella. Ooh, estaba empeorando.
Él gruñó. "Alguien necesita darle una lección a ese sujeto... voy a tener unas palabras con él, ¡no puede tratarte así!" dijo resolutivamente, como si fuera a poder sacar algo de Vegeta justo en ese instante. Bulma estaba protestando inmediatamente, diciéndole porque no debía acercarse al príncipe Saiyajin, por esa simple razón. Él era el príncipe de una raza de guerreros, y podía matar a un bandido del desierto con su puño como una pieza de cristal. Le rogó no hacer nada... no quería la culpa de que algo le sucediera por ella.
Yamcha fingió pensarlo. "Bien... si estás segura de eso Bulma," aplacó graciosamente, mostrando otra de sus débiles sonrisas. Ella le sonrió en respuesta, enorgullecida internamente por su astucia. Bulma estaba lejos de ser una estúpida mujer; sabía que no iría por Vegeta ni en mil años, y estaba comenzando toda esa mierda a parecerle buena a los ojos. Solo, estaba atrapada, porque si Yamcha se metía en la cámara de gravedad por cualquier razón, se daría cuenta del problema de Vegeta y Goku lo escucharía en cuestión de horas. Luego le llegaría a ella y Vegeta probablemente haría algo peor que estrangularla. Ven, lo había supuesto todo. Todo lo que tenía que hacer era tragarse su propio orgullo por un tiempo... si, ella podía hacer eso...
"Eres tan bueno conmigo, Yamcha," sonrió alegremente, plantándole un pequeño beso en la mejilla. "Pero sabes que odiaría si algo te pasara. Trae el auto al ala mecánica, creo que tengo todo lo que necesito para chequear tu montón de basura." Sonrió cálidamente cuando él se quejó por la descripción de su auto, pero ella casi podía oler el triunfo en él. Él me tenía agarrada entre sus dedos, pensó oscuramente. O eso pensaba.
Las siguientes pocas horas se pasaron en el garage, desparramada medianamente bajo el auto de Yamcha, con aceite desparramado y humeando interiormente mientras Yamcha se sentaba en el escritorio y le contaba lo que había pasado últimamente mientras ella estuvo en la Corporación Cápsula. Se había perdido de chismes importantes mientras estaba unida en la casa con Vegeta.
"¿Así que Krillin y Marron comenzaron a verse otra vez? Dios..." Se dijo a si misma. "¿Que ve él en esa puta?"
Él hizo un sonido que se traducía a 'maldición si supiera'. "Creo que está un poco solo, ¿sabes? Aún si es realmente fácil, ella es la única verdadera novia que ha tenido, Más, que es verdaderamente caliente," dijo casualmente a algún lugar a su derecha. Ella apretó sus dientes por su insensibilidad. Justo cuando se sentía hinchada, dolorida y más que un poco enojada con él para empezar, él tenía que decir que encontraba a una puta peliazul atractiva. Maldición. Bien, ella siempre podía jugar con su cabeza un poco.
"Sabes, concuerdo contigo, tenía un cuerpo increíble," dijo Bulma blandamente, su mente humeando con risas. "Realmente me encendí con ella... ¿piensas que esté en esas cosas? Huh, ¿quizá seré algo bisexual? Y sabes que escuché que las lesbianas tienen más satisfacción... ¿que me estaré perdiendo? Debería ir a Kame House luego y ver que ha estado sucediendo—"
"¡¿Qué?!" Gritó él salvajemente, y lo vio corriendo a donde salían sus piernas bajo el auto. Ella alejó un poco la linterna y se sonrió a si misma mientras se cambiaba de un pie a otro. "Bulma... ¡debes estar bromeando! ¿Por qué no dijiste algo antes? Quiero decir, ambas se parecen tanto, ¡¡y cuando las vi juntas por primera vez mi primer pensamiento fue 'trío'!! ¡Deberíamos hacer algo!" dijo excitadamente, mientras Bulma lo miraba a la cara con las cejas encorvadas. Su mente se reveló violentamente con el pensamiento o con lo que estaba diciendo, y todo su buen humor —lo poco que quedaba en ese momento— se fue volando por la ventana mientras se giraba bajo el vehículo. Sus ojos estaban azul eléctricos de la ira. Yamcha estaba demasiado contento para entender porque se levantaba tan lentamente, sintiéndose tan despiadada como una víbora, y el doble de furiosa. Él todavía tenía esa estúpida sonrisita pegada en su rostro.
"Escúchame, y escucha bien, Yamcha. He tolerado tu mierda antes, en más de una ocasión. He escuchado cuán excitante te parecía otra mujer, silenciosamente sacando toda esa mierda de ti. Has roto conmigo para 'tomar un respiro' antes y te he dado la bienvenida gustosa, me he disculpado por las cosas que te he quitado una y otra vez. No más. Este es la última vez, muchachito idiota," siseó ella, sus ojos destellando chispas de pura ira. "Si ya no puedes saber si estoy bromeando, seria o sarcástica, no sabes una mierda sobre mi. ¡Y en esto! Tratando de arreglar un trío conmigo y una puta... quien es —sin importar cuan dudoso— ¡está envuelta con uno de nuestros mejores amigos! ¿Cuál es tu maldito problema? Mierda, no deberías haberte vuelto un beisbolista profesional, Yamcha; ¡tienes más diversión mostrándote como un maldito mujeriego!"
"Eso es suficiente Bulma," le gritó él, con el rostro rojo. "Fue solo una sugerencia—"
"Una sugerencia, ¡bastardo!" le devolvió ella. "¿Por qué me tomas, por alguna conejita playboy? Toma tus basuras ideas y ve a molestar con ellas a otro lugar, ¡porque he soportado hasta aquí con todo eso! ¡Ahora toma esta pieza de mierda y vete, porque este es el último favor que hube de hacerte!" Se plantó las manos en las caderas resolutivamente, ignorando e incrementando el dolor entre las caderas que solo se llenaban más con la ira. Aún si fuera advertivamente que pudiera arrepentirse de eso después. Pero justo entonces... lo quería lejos. El inimaginable temperamento que poseía era más que suficiente para que ella temiera. Un trío... por el amor de dios, estaba orgullosa de su rechazo en ese momento.
Su rostro aun quemando por la furia, la miró mientras ella se quitaba la chaqueta ásperamente y puso el auto nuevamente en el piso en las cuatro ruedas. Aunque para su crédito él le dio una mirada y se calló la boca, sus ojos destallando ira indignada hacia ella. En momentos él estaba en su auto conduciendo erráticamente sobre el césped, dirigiéndose a la entrada de la Corporación Cápsula. Sin siquiera mirarla.
Como si le importara.
Honestamente, no sabía porque lo había soportado por tanto tiempo, la forma que la trataba con tal casual reserva. Siempre, aun frente a ella él buscaba a su próxima conquista, alguien con quien salir después de su próxima pelea. Él nunca la engañaría, no una vez, aunque cada vez que lo pateaba o se iban o estaban mucho tiempo sin hablarse, él podía tomar eso como una señal que su previa relación cercana se había distanciado, transformándose en un arreglo abierto. Los resultados de ese día habían sido no menos que shockeantes, realmente. Aún, él nunca crecería y Bulma necesitaba más que eso en su vida. Para él esta era una pelea más, ella diciendo cosas de la que se arrepentiría. Cuando la volviera a llamar, le diría la verdad. Era hora de segur con sus vidas.
Mierda, ¿era siempre tan melodramática cuando era ese momento del mes? Kami.
Él llamaría, ella lo perdonaría y todo volvería a la normalidad. Era un constante ritual entre ellos. ¿Por qué luchar contra eso? Con un largo suspiro se frotó con una mano los ojos y los abrió de repente, dejando que aire le golpee la piel. Olía a aceite y no estaba empezando, sabía. Pero no le importaba realmente y no estaba vestida para nadie.
"Oh, dios," gruñó ella, mientras si otro ataque en su útero apareciese. El dolor era todavía manejable, pero no lo sería si se mantenía establemente empeorando. Un respiro de aire fresco era lo que necesitaba, así que caminó hacia la luz del atardecer. Que desperdicio de día, reflexionó abatidamente. Eran casi las cinco de la tarde, el aire estaba un poco frío y comenzaba a metérsele por los huesos. Realmente no le importaba demasiado. En tanto sus pies tocaron el suave pasto del césped de la Corporación Cápsula, sus piernas se estiraron fácilmente mientras se sentaba, sin importar la perpleja vista que podía causar. La heredera de la Corporación Cápsula, vestida en un guardapolvo de mecánico bañada en aceite, sentada casualmente en el patio, mirando despectivamente a sus manos. Lo más enfurecedor de toda su ira era que no podía confiar enteramente de haber reaccionado a las cosas con racionalidad, no al sobre reaccionar con las pequeñas cosas. Pero sabía que Yamcha había dicho algo malo. Él debería haber sabido desde el principio que ella no estaba en esa clase de cosas, y su actitud hacia ella había sido deplorable últimamente. Él se podría pudrir, y ella estaba contenta de dejar las cosas como estaban.
Dios se sentía miserable.
Ausentemente sacándose la tierra que había acumulado bajo la uña, suspiró pesadamente una vez más. Ya que sus padres no volverían hasta tarde, podría cocinar algo razonablemente apetitoso para la cena y tener una noche temprana. La idea de tirarse en su gran suave cama era inmensamente agradable para ella. Dormir borraría todos sus problemas por una pequeña cantidad de tiempo. La pequeña satisfacción a corto plazo la apetecía entonces, quería olvidarse de sus problemas. Quizá tomase una ducha extra larga, también...
"¿Qué diablos estás haciendo?"
Bulma miró hacia arriba ásperamente para ver a Vegeta sacudiendo una mano sobre su cabeza, frunciendo el ceño en confusión mientras la bajaba y bajaba hasta que tocó la punta de su cabeza. Luego la sacó de ahí. "¿Qué estás haciendo en el suelo? Pensé haber sentido tu Ki aquí, pero esto no tiene sentido," remarcó él, plantándose una mano en la cadera mientras la hizo notar su artificial arrogancia. Él ni siquiera podía hacer contacto visual para hacerlo más pronunciado. Ella cerró los ojos en derrota. No había más que pudiera hacer el día peor, pero Vegeta tenía que hacer su aparición y hacer su día terriblemente insoportable.
"No estoy haciendo nada, Vegeta," dijo ella cansadamente. Él se movió sobre ella por un momento, digiriendo esa no-observación. Ella no dijo nada más, simplemente se sentó ahí mirando fijamente el piso donde sus pies estaban posicionados justo a su izquierda. Ella ni siquiera le importaba sentirse incómoda por la noche anterior. ¿Por qué molestarse? Que si la hubiera gritado, amenazado... bla, bla, bla... ella ni siquiera le importa que la besó. Ni que haya querido decir algo, nunca lo quiso. Los hombres apestan.
"¿Cuál de los idiotas estaba aquí? Sentí el kí de un guerrero," dijo oscuramente, sonando para nada agradado que no fuera la única persona en el planeta. Ella resopló tristemente.
"Solo era Yamcha que vino a visitar."
"¿Y?"
"¿Y qué?" tosió ella. Sus ojos se nublaron. "Él vino, se presentó, y se fue. No le dije nada sobre ti." Vete. Solo vete y déjame sola.
"Bien."
Silencio por un momento, el rugido de los árboles llenando sus oídos.
"Sí, de nada," dijo ella amargamente, arrancando un pedazo de pasto y deslizándoselo en los dedos. Luego el pie a su izquierda se alejó, desapareciendo de su línea de visión. Ella tembló cuando una fría brisa llegó.
"¿Vienes adentro?" su fría voz la llamó desde lejos del césped.
Su cabeza se giró para verlo parado ahí, de espaldas a ella. Su cabello que absorbía la luz se movía mientras con el viento se paraba ahí orgullosamente, su musculosa espalda brillando en el frío del atardecer. Su cabeza estaba levemente hacia un lado, y ella vio su usual expresión fría tomando lugar en los planos de su rostro. Aunque... estaba esperando por su respuesta. Algo hiriente dentro de su estómago mientras se ponía de pie lentamente y caminaba hacia él, evitando gemir de dolor por la incrementada sensación rasgándola por dentro. "Estoy yendo."
Curiosamente, él esperó hasta que ella estuviera a su lado antes de continuar con su camino hacia la casa, aparentando finalizar su entrenamiento leve por el día. Su anterior enojo hacia él había desaparecido, dejándola un poco deprimida y desconcertada. Aunque su actitud volátil hacia él no estaría por mucho tiempo, estaba segura de eso. Aún, cualquiera sean sus motivos era más lindo tenerlo actuando menos que un asesino que más como... más... bien, no sabía. Diferente, eso era todo lo que era. Y luego entonces quizá estaba leyendo entre líneas. Él probablemente iba a demandarle algo en cuestión de segundos. Su panza se contrajo otra vez, esta vez más agudamente. No pudo contener el pequeño gemido.
"¿Qué?" preguntó con un gruñido.
"Nada," dejó salir ella. "No dije una palabra." Kami-Kami-Kami-Kami... el dolor empeoraba lentamente con cada paso que daba.
La nausea se despertaba, pero la contuvo, junto con el ácido estomacal que se subió a la garganta. Vegeta se detuvo en seco y volteó su cabeza hacia ella.
"¿Qué mierda pasa contigo?" gritó repentinamente. Ella abrió su boca en protesta, pero la expresión de su rostro la hicieron tragarse las palabras. "Y no me digas nada, quiero una respuesta," dijo en una voz más dura que el acero. No parecía preocupado en lo más mínimo, pero su voz no denotaba discusión. Ella se hundió en un respiro mientras su estómago la lastimaba otra vez.
¿Y ahora qué?
