Disclaimer: Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Un amor alterno
(An Alternate Love)
Un fic de Hella
Traducción por Apolonia.
Entonces, quería una respuesta, ¿o no?
Bulma vaciló levemente, su expresión se arrugaba mientras pensaba rápidamente. Nada de lo que Vegeta creería le venía a la mente, la jocosa situación era muy filosa para su propio bien. Bien, pensó para ella misma, cuando todo lo demás falla...
"No es de tu incumbencia, Vegeta."
Una leve sonrisa se curvó sobre el lado derecho de su boca mientras caminaban hacia dentro de la casa, y no dio señales de no saber exactamente a donde estaban yendo. Bulma ocultó su frustración y se concentró en algo más que su desconocimiento sobre su dolor en ella. "Supongo que tienes razón," admitió él, mientras ella habría la puerta de la casa y entraban al salón central. Era un alivio que no dijera más nada sobre eso. Pero eso no ayudaba al problema mismo. ¿Podría ir al botiquín y conseguir algo para eso antes que el dolor se le fuera de las manos? Vegeta se cuidaba a si mismo bien, ella podía irse fácilmente. Dios, necesitaba algo para el dolor urgente.
Un agudo, levemente sostenido gruñido se hizo saber desde el medio de Vegeta, y se frotó el estómago ausentemente. Bulma sintió sus labios torcérsele en una sonrisa a pesar de su dolorido estómago. "¿Acaba de rugir tu estómago, Vegeta?" Rió ella. "¡Esa es la primera vez que lo escucho!"
Él achicó su vacía mirada irritablemente. "Cállate, idiota. Consígueme algo de comer, y no lo escucharás otra vez."
"No. Tengo que salir por unos minutos."
"¿Qué? Oh no, no lo harás," dijo duramente, inclinando su cabeza hacia ella. "Tráeme alimento, y entonces puedes irte hasta que el infierno se congele, por lo que me importa."
Bulma achicó sus ojos, y movió su hombro en enojo. "¡Mocoso! ¡Sólo me tengo que ir por unos minutos, no puedo esperar otra media hora, maldición!"
"¿Es esta la cara de alguien que le importa?" dijo con fría ira a su desafío. No con ira de que no le diese lo que él quería, pero que continuara desafiándolo incluso ahora. ¡¡Pensó que le había enseñado su lugar!! Aparentemente no. Tomaría más para hacer que le obedezca.
Bulma sacudió su cabeza en vano. ¡¡Él no dejaría de hacer su mierda de 'no me importas'!! ¿Qué tenía que hacer ahora? ¿Correr por eso? No. Asustarlo. Si correcto.
... ¿Verdad?
"Tengo dolor, bastardo egoísta," dijo ella, con sus ojos azules vívidos a eso. "Necesito ayuda para eso. Diez minutos, ¡es todo lo que pido! ¡¡Luego te cocinaré un maldito banquete!!"
"No." Eso era todo. No. Un llano rechazo de darle un recreo. Cólera salvaje surgió de ella, alzándose como alguna bestia depredadora por venganza. ¿Cómo se atrevía? Él no tenía idea. ¡Ninguna! ¡¿Y trataba de mandonearla?!
Porque, ella...
Ella...
¿Qué?
Algo se rompió en ella, y sintió simplemente su valentía e ira disolverse en un hondo agujero dentro de ella. Ellos habían llegado al salón para entonces, encarándose uno al otro en la entrada del cuarto. Con un inaudible juramento ella se volteó y se sentó en el sofá más cercano, enterrando su cabeza en sus manos. Le dolía terriblemente, su orgullo había sido herido y estaba completamente sola en su casa con un ciego maniático que no la ayudaría. Ni siquiera podía pensar en una buena forma de maldecirlo, simplemente quería acurrucarse y morir en algún lado.
"Realmente apestas, Vegeta," finalmente murmuró, medio para ella misma. Sus ojos estaban apretados fuertemente, tanto que a penas se diferenciaba a su semblante cuando un vicioso apuñalante dolor, peor que el resto la desgarró. Un silencioso llanto voló de sus labios, sofocado rápidamente.
"Estás lastimada, entonces," dijo él en un tono dándolo por hecho, su voz se acercaba a ella hasta que el sofá se movió hacia un lado cuando él se sentó a su lado. Ella apretó sus dientes, rechazándose a contestar. Era suficientemente malo hacerlo saber de su gran secreto, que Bulma Briefs sufría de un monstruoso dolor periódico por primera vez en diez ciclos. Vegeta insultó para si mismo cuando ella dejara salir otro maullido de dolor.
"Eres una debilucha, Bulma. Un pequeño dolor nunca mató a nadie—"
Ella comenzó a llorar.
Las lágrimas manaron lentamente de sus ojos, goteando por sus mejillas constantemente. Podía sentir el temblor de sus labios mientras sollozaba para si misma, determinada de no hacer ningún sonido mayor a un leve sollozo. Era todo lo que podía manejar para entonces, porque nunca se había sentido tan miserable. Su vida no era más que un manojo de mierda entrelazada, la única verdad impactándole a ella una vez al mes. La muerte era mejor que el dolor que Kami había infligido sobre ella. Llorando más fuerte por su apuro, se olvidó de la existencia de Vegeta y lo dejó salir. Su dolor nunca desgarró y apuñaló su bajo abdomen tan rítmicamente, iban y volvían cada pocos segundos. Brevemente pensó que si alguna vez se quedaba embarazada, se sedaría fuertemente si las contracciones empeoraran más de lo que sufría en ese momento.
La vida simplemente no era justa.
"Sabía que los terrícolas estaban locos," Vegeta murmuró detrás de ella. Limpiándose los ojos para ver más claramente, le frunció el ceño al Saiyajin. Él parecía completamente perplejo, y simplemente aceptando su locura. Hipó suavemente y se limpió la nariz, con lágrimas todavía saliendo de sus ojos.
"Lárgate, Vegeta. Voy a darte diez segundos para irte, o vas a tener que darme un abrazo."
"No en esta vida, mujer descerebrada," gruñó él, sin importarle completamente que estaba llorando con su corazón junto a él.
"Desgraciado," sollozó ella.
"Perra."
"No, no lo soy," murmuró ella bajo sus manos otra vez. Sus llorosos ojos se oscurecieron a un nublado zafiro. "S-soy una arruinada, cría sin valor que actúa como un felpudo por un sujeto que entra en mi vida, impaciente por dejarlo entrar en mí y luego despegar. Me quejo demasiado, soy débil y mi aguante de dolor esta muy bajo. Me deberían disparar; deshonro el nombre de todas las mujeres." Sollozando una vez más, limpió sus ojos y miró fija y sombríamente a la gruesa alfombra bajo sus pies mientras Vegeta se contenía con lo que ella decía para volverlo realidad.
Seguramente no esperó que dijera eso. Genial, la brutal honestidad nunca había sido algo en lo que él fuera bueno excepto que fuera para señalar algo de alguien más, ¿pero qué se suponía que tenía que hacer cuando ellos se lo hacían a si mismos? ¿Se suponía que le tenía que decir algo? Quizá simplemente tenía que irse de ahí, pensó rápidamente. Pero entonces... un Saiyajin jamás huye. Bien, raramente. Él no sabía que sucedía, y ni siquiera podía ver su cara para obtener una verdadera reacción por su visualización. Su voz era vacía, alternándose entre eso y el enojo que había escuchado previamente. ¿Esto hacía el dolor con todos los terrícolas?
Él no sabía porque estaba tan curioso.
Bulma cambió la postura tras él levemente, alcanzando el teléfono inalámbrico que estaba en la mesa de café, probablemente aún pensando en el último abuso de las habilidades de su madre. Marcando un número familiar, hizo algo que podía ayudarla salir de ese doloroso camino.
Ordenó comida para llevar. Diciendo su orden lo suficientemente rápido y recibiendo un periodo de espera entre dos a dos horas y media debido al tamaño del pedido, tenía una cosa menos de la que preocuparse.
"Ahí, Vegeta," dijo llorosamente. "Tu cena estará en unas horas. Si no puedes esperar hasta entonces, vete de aquí. Voy a buscar algo así no me siento como si me destripasen. Te veo en un rato," murmuró mientras se puso de pie, con el dolor aumentando en su estómago. La cabeza de Vegeta se movió un poco, pero sus ojos estaban cerrados ahora. No era que necesitara mantenerlos abiertos o algo, pero se veía un poco extraño.
"No eres un Saiyajin," sentenció él llanamente, tomándola por completa sorpresa. Se volvió a sentar pesadamente, mirándolo con una llameante sorpresa.
"¿Qué?"
"Me escuchaste. Tu debilidad es parte de tu especie; no te compares con los de mi clase. No eres un Saiyajin ni un guerrero de cualquier tipo; por lo que es natural que no puedas soportar tanto dolor en tu cuerpo." Kami en el cielo, eso sonó como cuando le dijo que no sobrepasaba su peso para su tamaño. De todas las cosas para decir... Él nunca la adularía, lo sabía. Parecía valorar mucho la honestidad como para mentir, pero si tenía que hacerlo le diría la verdad a medias, lo que significaba más para ella que cualquier mentira endulzada. Una leve sonrisa se esbozó en su gesto, ablandando la tonalidad de sus ojos a un apacible azul.
"Puedes estar en lo cierto, Vegeta... gracias," dijo suavemente, resistiendo la tentación de darle un abrazo. Realmente quería hacerlo.
"Siempre tengo razón," afirmó firmemente. "¿Qué te pasó?"
Ella se tragó los respiros. "¿Por qué quieres saberlo?"
"Llámame curioso."
"Te llamaré preocupado." En cualquier día normal hubiera sido suficiente para abrazarlo contra ella. Como el destino decía, ese día estaba lejos de normal. Él simplemente respiró hondo para sí mismo, pero no dijo otra palabra. Cruzando sus brazos bajo sus pechos brevemente, exhaló agudamente y frunció el ceño.
"Estoy en mi periodo, ¿está bien?" admitió precipitadamente, las palabras salían juntas mientras las forzaba. Incomodidad apareció en sus tripas como una serpiente; ¿por qué le estaba diciendo esto a él? Sabía que él insistiría hasta tener una respuesta, pero siempre podía rehusarse. Y luego de decirle que no era de su incumbencia... realmente apestaba por unas pocas 'amables' palabras. Usó el término relajadamente.
Él no movió ni una pestaña. "Oh."
"¿Oh? ¿qué es 'oh'?" preguntó suspicazmente, perturbada por su falta de respuesta. Debía haberse burlado de ella, darle asco, o simplemente quedarse confundido. Este 'oh' no entró en ninguna de esas categorías.
"Ese pensamiento no se me cruzó por mi mente," dijo rígidamente. "En ese caso—"
"¿Quieres decir que sabes todo sobre eso? ¿No tengo que explicarte nada?" preguntó con incredulidad. Había asumido que él no sabría nada de sus ciclos corporales o lo que sea, y había estado reacia de decirle todo sobre la ovulación y fertilidad. La nariz de Vegeta se torció levemente hacia ella cuestionante, pareciendo medianamente ofendido mientras se masajeaba su bícep derecho suavemente, como si le doliese.
"Cuando dejé la tierra luego de mi pelea con Kakarotto, llegué a una estación donde pude curar mis heridas. Cuando me dirigí a Namek en mi nave, tomé mi scouter para el viaje," dijo con una leve mueca, como llamando a desagradables recuerdos. Bulma se volteó hacia él un poco más, interesada. "Usando la base de datos de la nave bajé todo el conocimiento del Imperio sobre la Tierra, cada idioma y modismo, las fuerzas y debilidades de los habitantes, animales, estado ambiental y demás. Todo en lo que pude meter mis manos lo hice, y lo aprendí vía el scouter cuando me pusieron en un cataléptico sueño por la duración de mi viaje."
"¿Pero por qué? ¿Por qué querrías saber todo eso?" preguntó ella, sacudiendo su cabeza levemente. Él encogió levemente un hombro.
"El conocimiento es poder, y cada pieza puede ser usada en contra del enemigo," dijo llanamente, como si ella debería haber sabido todo eso. Sus ojos se abrieron, y una órbita de superioridad comenzó a salir vacía y sin vida. Esto era en lo único que era un genio; en como derrotar a tu enemigo. "Sabiendo el terreno estaría peleando con Kakarotto cuando volviese a pelear con él. Lo peor se volvería peor, sabría exactamente donde golpear a este planeta para la total destrucción de este lugar. Climas de cierta parte del planeta, los niveles de población de los mejores lugares para crear caos, eso era todo lo importante. Encontrando puntos débiles en la anatomía humana en caso que los amiguitos de Kakarotto aparecieran otra vez era significante para mí también. Toda información contaba."
"Dios mío," susurró ella. "Las distancias a las que llegas para derrotar un enemigo... no puedo creer que alguna vez pensé que eras otro peleador descerebrado."
Sus ojos se achicaron. "No juzgues a todos los Saiyajin por uno solo, Bulma. Soy el príncipe de los Saiyajin, después de todo. Y en caso que no lo hayas notado, Kakarotto siente su sangre Saiyajin fluir en él cuando una batalla se acerca. Él no es siempre el idiota descerebrado que parece ser."
Bulma asintió inseguramente. "Creo que sé lo que quieres decir. Hey, porque no v—" se tragó sus palabras cuando otro desgarre apareció en ella abruptamente, e insultó violentamente dentro de su mente esperando que la infinita agonía subsidiera por un par de segundos más. Se tomó su dulce tiempo.
"No es por nada que ninguna hembra ocupa un lugar en la banda de Kakarotto, si una pelea se presentase el equivocado día del mes, están fritas," murmuró mientras ella hacía gestos de dolor por eso. "Una simple aflicción si he conocido una."
"Cállate, Vegeta," gruñó amenazadoramente. Por suerte para él el dolor había casi desaparecido para entonces, así que no iba a dejarlo seguir con sus estúpidos comentarios. Respirando levemente inestable, ella se enderezó de su posición y lo golpeó en el muslo.
"Oh, detente, me estás lastimando," dijo él sarcásticamente. "Vé y consigue esas drogas que necesitas, si eres tan débil para necesitarlas. Llena tu cuerpo con su veneno—" Esa era la única parte que había captado, el resto se esfumó por el crecimiento de sangre en sus oídos.
"¿Cómo demonios sabrías cuando duele esto, Vegeta?" le gritó con una rigurosa ira proveniente de su severo dolor. "Estúpido bastardo, ¡es diferente para todas las mujeres! Eso sólo es toda la razón que necesito, ¡pero tu ni siquiera eres mujer! ¡No me digas cual débil soy, señor amo-que-me-pateen-el-trasero, porque no tienes una mínima idea si importar cuanta información tengas sobre eso!"
Sus cejas se bajaban con cada palabra que ella decía, hasta que se encontraron con una feroz satisfacción. Sus ojos chispearon, pero no dijo nada para combatir sus palabras. Bulma se rindió, arrebatando un suspiro desde ella hacia el sillón y enterrando su rostro en él.
"Vamos Vegeta, mátame. ¡Libérame de esta miseria!" gimió ella, sabiendo que lo había hecho otra vez. Lo había hecho enojar. Quizá tendría un brazo roto o algo esta vez...
"Tienes unos grandes problemas, eso es todo lo que diré," escupió furiosamente. "Estás más preocupada con tu dolor que cualquier guerrero que he conocido. No solo eso, ¡me provocas desear matarte! Luego actúas como si hubiese cometido un grave pecado. Mujer idiota, cállate y supera tu propia miseria, en lugar de dejarla controlar tu psiquis. Esta mierda me está cansando."
Bulma lo miró fijamente con los ojos bien abiertos por un largo momento, sacando su cabeza del brazo del sillón y sacudiéndose el cabello de su cara. Color comenzó a aparecer en sus mejillas, un creciente rosa que lentamente se oscureció en un furioso rojo. ¿Había sido regañada por Vegeta, dicho que parara de gimotear? Todo estaba preparado para que comenzara a gritarle otra vez, la misma mierda en como no tenía ni idea de que estaba hablando y que no había manera que pudiera saber cuan mal se sentía en ese momento... pero no tenía sentido hacerlo, porque tenía razón. No todos se quejaban y lloriqueaban sobre eso, y actuaban como si era el fin del mundo. Todo lo que tenía que hacer era mirar a Vegeta. Él estaba encerrado en su desgracia hasta el Viernes, pero nunca dijo nada sobre su destino. Él solo lidiaba con lo que se le daba. Ceguera, en su caso. Dejó salir un largo respiro.
"Tienes razón," dijo simplemente, realmente sintiéndose mejor por admitirlo. Bien, mentalmente de cualquier modo, porque sus adentros seguían martirizándola con dolor. Vegeta sonrió.
"Ahora estás aprendiendo."
Ella dejó salir una pequeña risa; era una cosa para predicarle a los demás sobre comportamiento, pero no hubo ningún amansamiento del impresionante ego de Vegeta. Ciego o no. Sonriéndose a sí misma miró por sobre el sillón al salón y vio que lentamente oscurecía. No tenía hambre o algo, pero en un pensamiento repugnante le dijo que todas las farmacias cerraron. Estaba segura que podría encontrar una abierta. Pero...
"No son venenosos realmente, Vegeta," dijo lentamente, mirándolo desconcertadamente. "...¿o sí?"
Él se encogió de hombros. "No, no realmente. Pero el dolor no es un enemigo, deberías darte cuenta de eso. No tiene ningún propósito más que decirnos que hay algo inoportuno en nuestro cuerpo. Si te ciegas a el, ¿cómo puedes saber si realmente eres fuerte? Preferiría enfrentar el dolor antes que hacer eso."
Bien él tenía un buen punto, lo admitía. "Seh, es posible. Pero sé que está mal conmigo y sé que no es una herida. ¿Piensas que es cobarde que quiera deshacerme de ese dolor?"
"Digamos que no lo haría, si estuviera en tu lugar."
"Bien, no lo estás," gruñó ella, apretando su rostro mientras se agarraba la panza nuevamente. Él volteó su rostro para 'mirarla' completamente mientras ella luchaba en no insultar o gimotear. Mirándolo subrepticiamente ella se preguntó porque parecía tan problemático. "¿Qué?"
"Siéntate."
"¿P-por qué?"
"Sólo hazlo," gruñó él. Alcanzando a la asustada mujer junto a él, extendió sus brazos hasta que chocaron contra su cuerpo. Apoyándose sobre su hombro la empujó hasta que la reclinó sobre el sofá, cosa que hizo mecánicamente, sin saber realmente que iba a hacer. Su estómago dolió violentamente, pero ella lo ignoró y se volvió a sentar. La cabeza de Vegeta estaba levemente inclinada, como si estuviera escuchando algo, o concentrándose. Sus ojos estaban cerrados otra vez, su expresión fuera de foco. "Mantente tranquila."
"¿Por qué?"
"Y quieta. Voy a hacer esto una vez," dijo él en un silencioso estruendo, teñido de oscuridad. Bulma no sabía que pensar hasta que la mano en su hombro bajó a su codo y se cruzó a su estómago. Sus ojos se abrieron como dos platillos. ¡¿Qué demonios pensaba que estaba haciendo?! Su mano se hundió más, apoyándose firmemente en su abdomen bajo, presionándose al ras contra ella. Bulma casi tragó su lengua.
Su mano comenzó a calentarse.
De su palma comenzó un brillante y suave azul, cargado de su fenomenal Ki que estaba entonado a un nivel lo suficientemente pequeño para emitir un brillante calor, sin ser destructivo. El largo se extendía de su constante y abrigada mano presionando contra ella, y ella honestamente no podía sentir si el ki que él liberaba era su propia reacción a cualquier cosa que estuviera haciendo. ¿Por qué estaba haciendo esto?
"Que estás haciendo," preguntó dudosa mientras su palma se ponía cada vez más caliente. ¿Iba a quemarla? Su rostro mantenía una expresión de solo media concentración mientras continuaba su extraño suministro. Luego su rostro cambió cuando ella comenzó a sentir otro calambre aparecer, como si pudiera sentirlo o algo. Pero eso era una locura.
"Ahí," se murmuró para el mismo, mientras ella sollozaba por el dolor llenándola por dentro, pero algo increíble sucedió. El calor del Ki en su mano desapareció junto con el dolor, imitándolo. Mientras se incrementaba, también lo hizo el calor, un calor que pensó que no podría soportar. Pero parecía que él la conocía mejor de lo que ella misma lo hacía, por lo que nunca sintió ni un ápice de dolor en lo que él hizo. In... increíble, pensó ella, mirándolo con grandes ojos. El extraño método del control de ki estaba actuando como un sustituto, quitando la sensación de dolor. Lentamente desapareció hasta que todo en lo que podía concentrarse era en el calor, y se convirtió en todo lo que pudo sentir. Su respiración se calmó e incluso aceleró un poco, y los músculos en su estómago que no sabía que tenía contraídos, se relajaron. Era terriblemente familiar para él estar presionando su mano ahí, pero su rostro no llevaba ápice de corrupción, ni la mano tocándola haciéndola sentir nada que no sea, bueno, comodidad. Se estremeció a la única palabra con la que podía describirlo.
Vegeta + Tocándola ¿Comodidad? Una locura.
Pero ahí estaba. El rítmico pulso de su mano contra su panza continuó, mientras no le dijo ni una palabra mientras lo hacía. Su rostro ni siquiera apuntaba a su dirección. Largos minutos pasaron y Bulma sabía que podría decir algo probablemente y hacer que se detenga, pero realmente no quería. Era una señal de locura inminente, que sabía, pero le gustaba que le hiciera eso. Le gustaba que la ayude, aunque sabía que iban a haber terribles repercusiones por eso. ¿Cómo se tornaría esta ayuda en su contra más tarde? ¿Cuando la cámara de gravedad haya explotado otra vez, o cuando comiencen a pelear otra vez sobre otra cosa insignificante? No sabía realmente, pero no iba a ser lo último, la leve tregua que se habían ofrecido mutuamente. Bien, ella había hecho la mayor parte del 'ofrecimiento', pero él la estaba ayudando a cambio. Eso le gustó.
El pliegue entre las cejas de Vegeta que se había convertido aparentemente al principio de este pequeño ejercicio de repente comenzaron a relajarse, y el poder en su mano lentamente disminuyó hasta que fue difícilmente perceptible. Luego desapareció completamente. Con un comienzo Bulma se dio cuenta que había pasado más de media hora, y los dolores se habían desvanecido completamente de su cuerpo, solo leves rastros de malestar dentro de ella.
"Gracias, Vegeta," dijo ella sorprendida, poniendo su mano sobre la que todavía descansaba sobre ella. Él se quejó de inmediato y sacó su mano lejos de la de ella, sus ojos brillaban peligrosamente.
"Lo siento," dijo apenada.
"No te molestes con tus palabras de gratitud," dijo fríamente. "Sólo probaba un punto."
"Aún así, Vegeta—"
"Dije, no te molestes," espetó él. "No lo hice para ganar un amigo. Yo pago mis deudas."
Ella parpadeó duramente. ¿Deudas? Nunca reconoció estar en deuda con ella antes, ¿por qué ahora si? ¿Se estaba escondiendo para no parecer un buen sujeto con ella?
"¿Qué deudas, Vegeta?" le preguntó a ella, disturbada por el bajo tono que abogaba en su pregunta. "Nunca me debiste algo."
Él apretó sus dientes levemente, y la expresión lo hacía parecer levemente salvaje. "¿Piensas que no sé porque hiciste lo que hiciste? ¿Ayudarme sin pensar en lo que podías ganar? Nunca lo creeré. No soy un estúpido, Bulma. Pero si deseas mantenerte ciega a tus propios motivos—"
Fue interrumpido por Bulma, trepándose en el sillón y colocándose firmemente sobre su regazo. No hubo ninguna indirecta sexual que decía que estar como estaba sentada ella la hicieran reaccionar en algo. Ningún motivo. Tomando su rostro con sus manos antes que pudiera tener una idea, acariciando suavemente a los lados de su rostro, ella cesó todas las palabras que podrían haber salido de sus labios mientras descansaba su frente sobre la de él. Su voz, aunque temblando levemente, era fiera y vehemente. Aunque extrañamente triste.
"Te conozco un poco mejor ahora, Vegeta, y entiendo que nunca confiarás en mí, nunca te importará nada de lo que haga fuera de una— una deuda que tienes que pagar," dijo ella, las palabras saliendo de su lengua como algo amargo que se tenía que deshacer. "Eres fuerte. Eres el sujeto más fuerte que he conocido. No te frunzas así, realmente quiero decirlo. Y sabes cuanto lo quiero decir, también. Eres el sujeto más inteligente que he conocido más allá de mi propio padre, has estado ahí afuera y hecho toda esa mierda que jamás podré ni siquiera soñar. ¡Pero mírate! Estás totalmente cansado. Bien, acepto eso, también. Pero quiero que sepas algo. Yo confío en ti. Vas a matarme, sé todo eso, pero confío que mantendrás tu palabra y confío que no me lastimarás como juraste hasta que no llegue el momento. Es por eso que te estoy ayudando, también. Eso— y porque quiero que me veas como alguien más que una idiota que fácilmente quiere ayudarte."
Él había abierto su boca para hablar varias veces durante su confesión, tratando de sacar su cabeza de la de ella sin romper sus manos. Pero cada nueva oración que decía le robó un poco más de sus ganas de ignorarla. Ella sostenía su rostro como si hubiera mantenido su mirada si hubiera podido ver, pero aún así no entendía porque la enojaba aún que él no confiase completamente en ella algún día. Eso que siempre la viera como la amiga de Goku, una mujer que se había jactado demasiado libremente a su favor y se había enredado en sus propias palabras por el mismo hombre. Quizá esa parte no le molestaba tanto, y no estaba tratando de cambiar su pensamiento por su saldo. Solo quería darle un poco... quería hacerlo sentir menos solo en el mundo. Aún si lo notara o no, él era todo para él mismo.
Él apretó sus dientes y le cerró los ojos, sacándosela de sus pensamientos. Ella nunca soltó su cara, y él no trató de zafarse de ella, tampoco. Parecía muy adentrado en sus pensamientos para molestarse con eso. Sus pestañas casi tocaban las de él de tan cerca que estaban, pero a Bulma no le importó la proximidad o algo más. Porque cuando los ojos de Vegeta se abrieron y siete palabras hirieron su corazón, era todo lo que podía hacer para no aumentar más esa cercanía.
"No confíes en mí, jamás lo hagas," dijo él en un ronco susurro. Bulma hizo un mudo sonido en negación, su garganta estaba molesta de tantas palabras. Ella tragó inestablemente.
"Demasiado tarde." Sus labios temblaron mientras dijo esas dos palabras que cambiaron el comportamiento de Vegeta completamente.
Era como que la pelea salía de él, un largo respiro cruzó sus labios mientras su cabeza lenta, lentamente se inclinaba, deslizándose levemente para detenerse en la curva de su hombro. Su cálida respiración resoplaba gentilmente contra la desnuda piel de su cuello, cortas respiraciones que no eran muy estables. Vulnerable, esa era la palabra que se le cruzó por la mente. Esto era probablemente lo más cercano a algo que él le ofreciera que ella pudiera usar cruelmente si lo eligiese. Esto era quizá lo más cercano a confiar en ella. Cerrando sus ojos, bloqueando todas las sensaciones, sonidos, esencias que no pertenecieran a la pesada calidez cediendo contra ella, ella hizo la única cosa que podía llamar instinto humano. Deslizando una mano sobre las profundidades de su cabello, y otra en su espalda lo acercó más contra si, haciendo desaparecer parte de su oscuridad y volviéndola parte de ella.
Ella sintió que su garganta se sacudió levemente contra ella mientras que él hizo quizá la cosa más difícil que alguna vez intentó.
Sus brazos se levantaron para rodearla, el acero hirviendo finalmente se hacía dócil con su tacto, sus palabras y su verdad.
Ella no lo lastimaría.
