Disclaimer: Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Un amor alterno

(An Alternate Love)

Un fic de Hella

Traducción por Apolonia.


Bulma no sabía cuanto tiempo llevaban sentados ahí, su rostro se curvó en el hombro de Vegeta, absorbiendo su calor, pero rápidamente juntando oscuridad y un frío chillido la trajo nuevamente a sus sentidos. Recurriendo a la información sensorial, ella tomó lo que sabía. Podía sentir una cálida, húmeda respiración soplando suavemente contra su cuello, sus pestañas se movían contra su piel como alas de polilla. Los brazos de Vegeta estaban levemente agarrados alrededor de ella, llevándola hacia su pecho. No la estaba apretando hacia si como lo había hecho antes, ni tampoco la refrenaba de hacerlo. Él sólo estaba... sosteniéndola. Como ella lo sostenía.

Y se sentía muy extraño. No era que la extrañeza fuera causada por Vegeta, pero ese abrazo repentino podía querer decir mucho. Para ella y para él. Quizá ninguno había hecho esto antes, y si lo habían hecho, era muchos, muchos años atrás. Pero la pregunta permaneció; ¿por qué la había dejado? De todas las personas en el universo... él bajó su guardia con ella.

Que regalo.

Por supuesto, estaba segura que nunca volvería a suceder, pero el recuerdo de eso iba a permanecer con ella hasta el día que pasara a la próxima dimensión. Y probablemente después de eso. No sabía porque él estaba permitiendo esto, siendo tan rudo como era él no la necesitaba en lo más mínimo. Pero había mucho más sentimiento en sus acciones... quizá había más capas en él que ella podía encontrar. Pero a pesar de su creciente —y constantemente negada— atracción hacía él ella sabía que él le era indiferente en casi todo. Una cosa había roto con eso y había sido la confianza.

Cerrando sus ojos, sintiendo sus pestañas tocar la suave piel de su hombro, inhaló su esencia profundamente, llevándose a sí misma el aroma de su cálida piel junto a ella, el leve olor de sudor y esfuerzo, y una rica esencia escondida que no podía nombrar. Como su esencia, parecía llevárselo con él. Frotando sus dedos de arriba a abajo sobre su espina gentilmente, sintiendo cada vértebra pasar bajo sus dedos, fue recompensada con nada más que un largo suspiro de Vegeta. Pero él no se estremeció por su tacto, tampoco se alejó y gruñó alguna brusca refutación.

Por supuesto, fue entonces cuando el teléfono sonó.

El sonido hizo que ambos se sorprendieran, la inesperada interrupción fue definitivamente no bienvenida. Sus manos se retiraban de la espalda de Vegeta, Bulma se alejó un poco de él, aunque no podía llegar muy lejos porque todavía estaba apoyada en su regazo. Un leve sonroje calentó sus mejillas, pero lo ignoró cuando Vegeta se alejó de ella poniendo sus manos firmemente en sus caderas, moviéndola de su regazo sin una palabra. Le parpadeó curiosamente cuando notó que su expresión era como siempre; levemente irritado y distanciado. Su cabeza se inclinó hacia el sonido chillón del teléfono, que estaba posicionado en la mesa de café.

"¿Vas a atender eso?" preguntó rígidamente. "O se va a congelar el infierno antes que dejes de lado tu holgazanería."

Todo el resto de incomodidad se evaporó de ella el instante que su boca formó la última sílaba de esa oración. Bulma hizo una mueca rápida y tomó el teléfono de la mesa, apretando el botón con indignante pinchazo de su pulgar.

"¿Hola?" preguntó suavemente, deslizando su mirada hacia Vegeta mientras lo hacía. ¿Por qué se le contraía el estómago cuando lo miraba? Él estaba frunciendo el ceño ahora, su expresión era de pensamiento profundo.

"Por favor, no me cuelgues," rogó la voz.

Bulma suspiró, su frente se arrugaba mientras un pequeño dolor de cabeza comenzaba a metérsele dentro de su cerebro. "No voy a hablar contigo, Yamcha. Estoy cansada de esta mierda," le dijo ella con una dura voz, levantándose del sillón y caminando hacia el salón. No quería que Vegeta escuchara la conversación que iba a tener con su ex novio. Esperó mientras Yamcha trataba de arreglar desesperadamente su error.

"Bulma, sabes que no hablé enserio antes, ¡solo fue una idea pasajera! Quiero decir, es el sueño de todo hombre, ¿o no? No quise decir ni una palabra de eso, eres todo lo que he querido siempre," dijo en una filtrada, aún engatusadora voz, y Bulma podía casi oír la dosis de miel para engañarla que trataba de poner en el corto discurso.

"¿Todo lo que has querido? Yamcha, piensa en eso. Nosotros no estamos bien juntos, y lo sabes. Nos divertimos, y lo admito, pero quiero algo diferente ahora, y todavía no estás listo para asentar cabeza. Los dos queremos algo más," dijo ella tranquilamente, y por primera vez dándose cuenta que estaba terminando con él... con una cabeza y un corazón claro. Esta vez era real.

Hubo una pequeña pausa, y Yamcha trató otra vez de hacerla cambiar de opinión. "Bulma... ¿estás dejando de lado lo nuestro? Yo no, me niego a creer que hay alguien por ahí mejor para nosotros dos. Admito que estuve ocupado últimamente, y no fui atento como podría haber sido, pero—"

"¿Pero qué Yamcha?" interrumpió fieramente, aún con el mismo suspiro. "Las cosas no han sido igual desde hace un tiempo, y creo que lo que pasó antes puede quedarse ahí. Enfréntalo; ya no eres bueno para mí, y no soy lo que necesitas. Hagamos esto sin el melodrama de llorar por una vez, ¿está bien? Quedemos como amigos."

"Amigos..." repitió él miserablemente. "...¿Estás segura que quieres hacer esto? ¿Después de todo?"

"Estoy segura, Yamcha. Esto es todo," dijo ella suavemente, y podía ver casi cerrarse la puerta de su relación ante sus ojos, y nunca más se volvería a abrir. Era extraño estar instigando esto, pero tenía que hacerse. No le gustaba el limbo en el que se había estancado por tanto tiempo. Si no podía tener lo que quería de él, ni aún así un paso menor a eso; la falta de fe, entonces era momento de terminar con todo eso. Mejor estar sola que estancada en esa infelicidad.

"Está bien, Bulma," Dijo finalmente Yamcha. Sonando derrotado, su voz extrañamente amortiguada. "Quizá tienes razón sobre todo eso. Tu eres el genio después de todo, ¿huh?" él dio una pequeña, auto-despreciativa risa. "Al menos no estamos gritando esta vez. Siento todo esto, Bulma. Yo... yo espero que podamos ser amigos aún."

"Hey, cuenta con eso," dijo ella con una sonrisa triste, mirando por la ventana del salón. Las estrellas nunca se vieron tan frías y brillantes. "Pondremos esto como una mala experiencia, entonces." Él sonrió tranquilamente, aunque sonando un poco forzado. "Seguro. Yo— yo creo que me voy yendo entonces..."

Ella tragó una gran bocanada en su garganta. "Sí. Adiós, Yamcha."

"Nos vemos," susurró él roncamente.

La linea quedó vacía.

Apoyándose contra la pared, el tubo contra su pecho, dejó salir una solitaria y cristalina lágrima por su mejilla por todos los recuerdos que habían creado juntos. La diversión que tenían, las personas que conocieron, y las aventuras que compartieron. Pero la vida continuaba, aún si no seguían juntos. Algunas cosas no estaban hechas para suceder, y esta era una de ellas. Sobreviviría eso. Él también.

Dejando salir un largo respiro volvió al salón, poniendo el teléfono nuevamente en la mesa y sentándose en el sillón. Vegeta no se había movido desde la llamada, él aun estaba estoico con la facilidad con la que solo él había sido dotado. No molestándose con palabras o algo vago asemejándose a eso, ella se sentó y se curvó hacia él, abrazando su brazo levantado contra ella fuertemente. Lentas lágrimas se escaparon por debajo de sus párpados cerrados, comenzando por emociones de reacción y al darse cuenta de lo que acababa de hacer podría haber sido potencialmente el error más grande de su vida. Había hecho lo correcto, ¿después de todo? Estaba tan sola, ahora.

Vegeta resopló agudamente mientras ella se enterraba en él levemente, y ella sabía que estaba irritado por las libertades que se había tomado. Un abrazo no quería decir que podía arrojársele encima, no señor. Pero solo necesitaba algo que la apoye, y Vegeta parecía estar en el lugar incorrecto en el momento incorrecto.

Pero él no se movió. No habló o hizo algo para moverla. Sólo la toleró como si fuera un pequeño fastidio que se aferraba a ella en el momento, liberándolo. Pulgada tras pulgada su músculo se volvió a relajar y ella se dejaba hundir en la piel del hombre de piedra que la quemaba con su calor.

"¿Qué haces cuando piensas que acabas de cometer el más grande error de tu vida?" preguntó ella con una suave voz, agarrando el duro músculo en su brazo más fuerte.

"Lo superas," vino la cansada, aún gruesa voz. "Y si no puedes hacerlo, mata a la fuente de tus problemas."

"¿Escuchaste la conversación?"

"A un cierto grado. Los humanos cargan con mucho apego emocional hacia otros seres, en mi opinión," dijo él con una aguda percepción. "Puedes hacerlo sin eso."

"¿Crees que hice lo correcto?" preguntó suavemente. "Pero ni siquiera lo conoces—"

"Diría lo mismo a cualquier persona que confiara en otra por cualquier estabilidad emocional. Mírate ahora, mujer tonta. Sin la ayuda en la que te engañaste para necesitar de él, has caído completamente. ¿Dónde esta tu fuerza?"

Ella comenzó a fruncir el ceño. "Ha sido un día duro, ¿está bien? Me repondré, es normal que alguien tenga dudas respecto a una gran decisión. Estaré... bien cuando amanezca."

"Ahí lo tienes," dijo él con satisfacción. Bulma lo miró, asustada.

"¿Qué?"

"Ya habías hecho tu decisión entonces, Bulma. Un momento de oposición te hizo dudar de tu elección. Sabes que tu elección estuvo bien," dijo dando por hecho. Sus ciegos ojos brillaron con un pequeño triunfo.

Ella pensó en eso, y más lo hacía más se daba cuenta que estaba en lo correcto. Él la había convencido totalmente en defender su decisión, la cual sabía internamente era la correcta. Ella y Yamcha ya no eran el uno para el otro. Y había sido Vegeta quien reafirmara esa idea en su cabeza, suspiró internamente con su propia duda. Bien, cosas extrañas habían sucedido... él realmente era un idiota inteligente, también. Y lo sabía.

"Gracias."

"De nada," dijo él con un aire satisfecho carente de gracia. Él levantó una ceja hacia ella, y su rostro se oscureció. "¿Ahora podrías quitarte amablemente de mi brazo? Ya he tenido suficiente de ti colgándoteme por hoy."

Bulma frunció el ceño levemente, pero desapareció prontamente. "Seh, seh," murmuró ella, saliéndose de su brazo para tocarse la manga. Rápidamente pasó a ser una rascada en su rostro con el filo de sus palmas mientras trataba de salirse completamente. Juntando sus dedos tras su cuello se inclinó hacia sus rodillas. ¿Cuándo iba a llegar la comida, de todas formas? Se sentía hambrienta.

"Tus padres han vuelto," dijo Vegeta repentinamente, sin ninguna entonación en particular. La blanda voz hizo que Bulma levantara su cabeza sospechosamente.

"¿Y?"

Sus ojos se achicaron. "Y nada. Solo sentí sus Ki de vuelta a la casa."

Lo miró por un momento, pero lo dejó pasar. Sabía que particularmente no le agradaban sus padres, pero sonaba bastante molesto con que volvieran. Se sonrió a sí misma. Probablemente se había enfermado con su extraño comportamiento. Demonios, se estaba enfermando de eso.

"Bien, parece que tenemos dos más para cenar. Lo que quiere decir que tendrás que renunciar a tu vacía imitación y dejar un poco más de comida."

"No me compares con alguna aplicación humana," gruñó. "Yo controlo mi apetito perfectamente, gracias." Se puso de pie y poniendo sus manos en el sofá caminó, haciendo su camino fácilmente hacia el corredor.

Comenzando a subir con largas pisadas, se volteó y le lanzó una extraña mirada.

"¿Qué?" Preguntó ella, un poco retraída. Él parpadeó, y sacudió su cabeza.

"Nada." Bulma miró a la silueta de su filosa cabecera desaparecer entre las sombras, y suspiró para ella misma. Cobarde. Sólo se iba porque no podía lidiar con su madre.

"Si insistes en ser antisocial, te llevaré comida cuando llegue," le dijo. Por supuesto no respondió a eso.

Agarrándose a si misma, esperó que sus padres entraran en el salón, escuchando sus alegres saludos hacia ella.

La comida llegó más tarde de lo esperado, así que para entonces todos en la casa estaban rabiosos. Excepto, por supuesto por la madre de Bulma, quien decía que las mujeres no admitían su hambre. Pero los extraños sonidos desde su estómago hablaron por si mismos. Fue un gran alivio cuando el timbre sonó, para Bulma. Vegeta se escondía en algún lugar arriba, haciendo sonidos ocasionales para que supieran que estaba esperando. Bulma tenía la leve sospecha que estaba entrenando ligeramente arriba.

"Finalmente," gruñó ella mientras abrían las grandes órdenes que había pedido en el restaurante Chino local. Ella se abalanzó hacia el arroz apenas encontró el paquete, sonriendo victoriosamente. "Estos son míos," le dijo a sus padres amenazadoramente. Su padre parecía estafado.

"Ahora Bulma, ¿no te enseñamos a compartir?" preguntó él. El arroz era también su favorito, pero este era el único paquete. Ella sacudió su cabeza y sostuvo el paquete caliente contra ella protectoramente.

"No esta vez, papá. Quizá si nos hubiera dado una advertencia, ¡Vegeta y yo no hubiéramos tenido que dividir la comida que encargamos para nosotros!" señaló ella, juntando una selección de arroz, cerdo marinado picante, tallarines, carne y más cosas. Llenar un plato para Vegeta era tarea fácil, tomó dos ayudantes para todos. Bien, excepto por el arroz. Él era muy mañoso como para venir y buscárselo, así que tomó la responsabilidad con la facilidad de alguien que solía tener a cargo.

"¿Cómo estuvo todo mientras estábamos fuera, Bulma? ¿Te causó Vegeta algún problema?" preguntó su madre preocupadamente, con su cálida sonrisa aún presente. Bulma parpadeó y le sonrió a su madre.

"No, para nada. Realmente parece que nos estamos llevando mejor últimamente—"

"Oh, ¡dios mío!" Dijo su madre repentinamente. "¿Qué te sucedió, Bulma?" Señaló hacia su garganta con un tembloroso dedo, con los ojos azules abiertos por la sorpresa. "¡Estás toda morada!"

Bulma soltó el tenedor que estaba usando y se llevó la mano a la garganta con dificultad, su mente carente de cualquier excusa que pudiera encontrar para salvar a Vegeta. "Er... Ahora no te asustes, Mamá—"

Las grandes cejas de su padre se juntaron en un gran ceño, y el estómago de Bulma se hundió mientras recordaba demasiado bien esa mirada. Oh dios. "Bulma," dijo él. "¿Qué está pasando aquí?"

Ella rió nerviosamente, y trató de hacer reaccionar su cerebro. Por el hecho de dejar ir eso fácilmente, tenía que culpar a Vegeta. Mezclando la verdad con alguna mentira que pudiera hacer funcionar bien. "Bien, es culpa mía, en realidad. Verás, Con Vegeta ciego y todo eso, tuve que guiarlo para que no se cayera, ¿correcto? Bien casi lo enloquezco con todo esto. Lo sé, no debí haberlo hecho," dijo expectante, echando un vistazo crítico hacia sus padres, juzgando sus reacciones, "pero estaba siendo un completo idiota. De todas formas, él fue a agarrar mi brazo pero yo estaba agachada todo el tiempo y tomó mi cuello en su lugar. El bruto realmente no conoce su propia fuerza. Y... bueno, saben que no podía verme en ese momento."

Eso no había sido tan malo en realidad, pensó para si misma mientras la preocupación y el enojo desaparecían del rostro de su padre. Su madre ya se había relajado. "Bien," dijo ella en alivio, poniendo una mano sobre la masa de cabello dorado, "eso es todo entonces. Bulma, me preocupaste, ¡¡pensé que alguien te atacó o algo!!"

"Como si," murmuró ella, aunque su rostro se calentaba por la mentira. Sus padres eran verdaderamente inocentes a veces.

"Entonces, ¿qué más hay de nuevo?" Su padre le preguntó, la cómoda atmósfera había vuelto rápidamente. Bulma suspiró mientras su cabeza se llenó de los eventos del día.

"Um, Yamcha y yo cortamos... para siempre, esta vez," admitió ella. Su madre hizo un sonido empático y apoyó su mano.

"Eso es una pena, ¡era un hombre tan apuesto!"

Bulma levantó su rostro y sacó su lengua en desagrado. "Hay mucho más en las personas que la apariencia. Él era un podrido novio, aún si era más sexy que el demonio."

"Sabía que no era el indicado para ti desde el principio, querida," su padre anunció orgullosamente. "Él siempre tenía ojos para otras. Y la cicatriz en su rostro... podía haber pagado una cirugía plástica. ¿Quién pensaba que era, un pirata?" El Dr. Briefs se rió para si mismo. Bulma y su madre se quedaron sorprendidas, ambas incapaz de evitar reírse ante esa espontánea respuesta.

"... ¿Qué?" preguntó él, pareciendo perplejo. Bulma frunció el ceño.

"Gracias por subirme el ánimo un poco, papá. Ahora cada vez que lo vea voy a visualizar un parche en su ojo y un sombrero de capitán en su cabeza," se rió entonces, por la graciosa imagen formándose en su mente.

"No te olvides del loro verde," dijo su madre tras ella. El Dr. Briefs sacudió su cabeza mientras se movía a la mesa para cenar.

"Mujer," murmuró él.

Bulma dejó de hablar, y aún riéndose para si misma, tomó la bandeja con la comida de Vegeta y se dirigió a las escaleras. Su padre podía hacer eso por ella a veces; totalmente, sin hacerlo intencionalmente levantarle el ánimo. Tomó el contenedor de comida con ella también, en caso que su padre tramara algo. Desde la decepcionada vista de su rostro que trataba de ocultar, había tomado la decisión correcta.

"¿Disfrutando tu rol como enfermera, Bulma?" Le dijo su madre con una sonrisita. Su hija simplemente corrió su media melena sobre su hombro y continuó su camino al cuarto de Vegeta, parpadeando sus ojos azules mientras se ajustaban a la baja luz. Alguien se había olvidado de encender las luces del pasillo. Al darse cuenta, ella.

Sus manos estaban muy llenas como para abrir la puerta cuando llegó ahí, se dio cuenta. "¿Vegeta? ¿Puedes abrir la puerta?" Llamó desde la sólida masa que bloqueaba su camino. No hubo respuesta. "¿Vegeta?"

"¿Por qué persistes en molestarle?" Preguntó en un tono normal, aunque levemente fuerte a través de la puerta. "Esfúmate."

Bulma le disparó una sucia mirada a la puerta cerrada, tratando de soportar la parte que toleraba de su agresión instintiva. "Bien, me iré si realmente quieres," dijo ella coaxilmente, "pero tengo mucha comida aquí y estoy preocupada que no la pueda llevar en una sola pieza bajo las escaleras. Si pudieras sacármela de las manos, se apreciaría bastante."

Un corto silencio.

Suaves pasos se escucharon alrededor del cuarto, un pequeño ruido y una fuerte maldición. Vegeta abrió la puerta con una mirada igual de sucia que la que ella propinó momentos atrás, frotándose su mentón. Bulma sonrió. "¿Teniendo problemas ahí?"

Él se rehusó a responder eso, llevando su nariz mientras tomaba la esencia de la comida que ella cargaba. Bulma notó que ya no estaba medio vestido, sino usando una remera blanca y unos pantalones cortos. Le hizo preguntarse si su ceguera le afectaba en algo, si podía hacer todo tan bien como si tuviera vista. Quizá no le obstaculizaba en lo más mínimo.

Tomando hábilmente la bandeja de sus manos se giró en sus talones y se adentró nuevamente a su habitación, pateando la puerta cerrada en la cara de Bulma antes que ella pueda tomar otro respiro. Ella parpadeó mientras se cerró filosamente, a no más de una pulgada de distancia de su nariz. Él tenía un tacto increíble, pensó para si misma con una larga dosis de indignante ira. Se sentía un poco picada, pero no iba a hacérselo saber. Gruñendo silenciosamente a la puerta, se alejó firmemente, y se ubicó casi a tres metros lejos antes que pueda darse cuenta que le faltaba algo.

¡Su cena! Estaba apoyada injustamente en la bandeja junto al plato de Vegeta. Si no se iba de ahí, iba a devorarla, y posiblemente junto al paquete que la envolvía. Una traviesa risa cruzó su rostro. Era la excusa perfecta para entrar y fastidiarlo mientras comía. Quizá podría indigestarlo por haberle cerrado la puerta en ella de la forma que lo hizo.

Entrando otra vez, se apoyó en la puerta otra vez. "¡Estoy entrando!" anunció ella, y giró la perilla para abrir la puerta. Dirigiéndose al cuarto arrogantemente, cerró la puerta con un decisivo clic. Vegeta quien estaba parado en el medio de su cuarto con la bandeja en sus manos, miró venenosamente en su dirección. "¡¿Te di permiso para que entres a mi habitación?!" gritó él. "Vete."

Ella resopló. "Esta es mi casa, así que puedo ir a donde quiera, idiota. Sólo estoy aquí para tomar mi comida, la que dejé en tu plato. Agradeciéndote, ahora la tengo de nuevo," dijo ella secamente, caminando hacia él y tomando el contenedor plástico y el pequeño tenedor de su plato. Por supuesto, el no podía verla, pero usando su habilidad para detectar el Ki, giró su cabeza mientras ella se movía, y su ceño fruncido nublaba su rostro a uno más realzado al que usualmente su agria mirada ya tenía.

"Ahora vete. Deseo comer en paz," escupió él, apoyando la bandeja en el gran escritorio, cruzando sus brazos amenazadoramente sobre su pecho. Bulma estaba como siempre, sin ninguna impresión por la exhibición del hombre.

"Sabes, podrías soportar ser un poco menos grosero," remarcó ella. "Me gusta más hacer las cosas para ti si eres amable."

Su ciega mirada se achicó a dos lineas gemelas obsidianas. "Está bien... por favor retírate de una puta vez de mi cuarto antes que te saque yo. ¿Está mejor así?" gruñó él. Bulma parpadeó.

"No es lo que tengo en mente realmente," se murmuró para si misma. Vegeta siseó.

"¡Suficiente! ¡Fuera!" gruñó él. Fue en ese momento cuando Bulma comenzó a sentirse realmente irritada por su habitual grosería.

"¿Dejarías de hacer eso?" le devolvió ella. "No pienses en mandonearme de esa manera, Vegeta. Se que eres un príncipe y todo eso—"

"¡Por lo que deberías respetarme como tal!"

"—pero no soy un Saiyajin. Yo me inclinaría a un príncipe humano antes que a ti, amigo," dijo ella dándolo por hecho, con sus ojos azules azotándolo. Su admisión solo sirvió para irritar aún más a Vegeta, aumentando su color en sus mejillas, un rubor causado solo por la ira.

"Mujer... mejor será que te vayas mientras todavía estás intacta," dijo ásperamente. Bulma suspiró despreciativamente.

"Estuve ahí; has hecho eso. Me has manipulado antes, Vegeta. Se acabó. Aunque me gustaría poder decir lo mismo sobre los moretones que dejaste en mi cuello," dijo ella infelizmente, corriendo un dedo suavemente sobre la zona herida, que ahora se estaba volviendo un poco morada. El molesto contacto hizo que sus parpados se apretaran levemente. "Tuve que cubrirte otra vez anoche."

Su ceja se torció en confusión. "¡¿De qué estás hablando ahora?!"

"¡Mi mamá vio mi cuello y se asustó, idiota! Lo que hizo que papá pareciera bastante enojado, lo que me hizo cubrirte el trasero para que papá no destruya el tanque de regeneración o algo tan estúpido como eso," le gritó, enojada por su demandante espera por una respuesta cuando él estaba siendo todavía y obviamente demasiado grosero. Bastardo insoportable, pensó ella enojadamente, reconsiderando las mentiras que dijo para salvarlo de la confrontación. Su padre pudo si bien haber destruido el tanque de regeneración, o simplemente se pudo haber rehusado a arreglarlo si hubiera sabido que Vegeta la había lastimado intencionalmente. Sintió una punzada por el pensamiento. Quizá no debió haber mentido por él; no podía ser saludable mentir por un completo asesino, negar que él la había herido cuando realmente lo había hecho. Pero entonces, ¿cómo habría podido ayudar eso? No lo hubiera hecho.

Vegeta pareció ignorar el vapor que salía de la comida en la bandeja mientras se dirigía a ella a propósito, tomándola de la pera y moviendo su cabeza ásperamente hacia un lado. Los ojos de Bulma se agrandaron dramáticamente por la sorpresa e instintivamente trató de quitarse de su agarre, pero él tenía su pera firmemente agarrada. Con su otra mano libre movió sus dedos sobre la piel de su cuello, haciéndola doler un poco.

"¡Ow! Hey, no hagas eso," dijo ella, gimiendo con el contacto. "Duele." Por supuesto, él ignoró su protesta, pero ella notó que sus dedos alivianaron su contacto de ahí en más. Lo que solo sirvió para confundirla aún más con sus acciones. "¿Qué estás haciendo?" preguntó ella en confusión, mirándolo cercanamente, a su impasivo gesto. Luego de un momento, liberó su pera. Ella no se movió. "¿Vegeta?"

Su rostro parecía preocupado, para su inmediata sorpresa. "No fue mi intención marcarte," murmuró él. "Esta maldita ceguera me ha quitado el sentido de la presión. Probablemente porque no puedo verme hacerlo," gruñó él, más para él que para ella. Ella no había esperado ninguna explicación de él, pero no dijo nada para indicar su sorpresa.

"Olvídalo," murmuró ella, mirándolo desde sus pestañas. El lado menos grosero de Vegeta era más desconcertante que el otro. "Me repondré. Y tu también."

"Hmp. Por supuesto." Ambos parecieron darse cuenta al mismo tiempo que aunque Vegeta había soltado su barbilla, aún no había sacado los dedos de su cuello, y ella no se había alejado para conseguir su libertad. Bulma trató de ignorar la leve caricia de sus dedos contra su pulso, concentrándose en mirar a la alfombra así no tenía que mirar a su mano, o dentro de su ciega mirada.

Le urgió la extraña necesidad de... tocarlo, sabiendo que lo había empujado bastante lejos por un día e ir más lejos sería una locura. Pero, él todavía la estaba tocando... ¿se estaba convirtiendo en una atracción? Recordó que él había admitido que ella le era agradable físicamente, ¿era este contacto parte de aquella admisión? Pero todo apuntaba en otra dirección, sin mencionar que su abominable orgullo y arrogancia no permitirían algo de ese tipo.

Pero ese beso, el abrazo, las 'disculpas' que le acababa de dar... decía todo lo contrario.

Bulma suspiró fuertemente. "Realmente me confundes, Vegeta," dijo ella tranquilamente, sin moverse. Dejándolo alejarse de ella, pensó atrevidamente. Ver cuanto le tomaría para retratar. Pero la cosa era, Vegeta solo arqueó el costado de su boca a una sonrisa y se rió para si mismo.

"Demasiado para que tu pequeño cerebro humano pueda manejar" se burló él. "No he hecho nada."

Bulma se liberó y tocó bromeante la punta de su nariz, sonriendo cuando él dejó salir un corto sonido de sorpresa. "No me insultes," dijo en una voz grave, llena de risa por la expresión que él tomó. Tomando la mano de su cuello, él se frotó su nariz.

"No invadas mi espacio personal," gruñó él amenazadoramente. Las cejas de Bulma alcanzaron su flequillo.

"No me digas que tienes una burbuja personal, Vegeta," dijo ella en severa burla. "¿Por qué debería escucharte? Me intimidas con tu contacto cercano más y más seguido últimamente. Debo 'invadirlo' sólo para molestarte."

En broma, se encaminó justo contra su pecho antes de poder pensar en las implicaciones de tal gesto. Vegeta se puso rígido inmediatamente, la expresión de su rostro se congelaba cuidadosamente mientras hacía un movimiento para alejarse. Luego se detuvo. Bulma casi podía escucharlo pensar, 'él príncipe Saiyajin no huye'. Ella sonrió desvergonzadamente y colocó su mano libre en su pecho, preguntándose cuando podría enojarlo antes que se alejara de ella.

"Quita tu mano de mí, Bulma," siseó de repente, mirándola con sus oscuros ojos. "O haré que te arrepientas." Se abalanzó y tomó su mano fuertemente en la de él, sacándosela fuertemente. Luego la dejó ir rudamente como si estuviese expeliendo ácido de su palma. Ella solo se encogió, sin afectarse, y corrió su cabello detrás de sus hombros.

"No estás hecho para el contacto físico, ¿huh?" bromeó ella con un destello en sus ojos. "Bien, muy bien. Eres muy rudo para mi gusto de todas formas, muchacho mono. Además, mi cena y la tuya se están enfriando." Su abrupto cambio de tópico fue bienvenido con una leve mirada de cálculo de parte de él, una leve mirada nocturna que la alegró que no podía calibrar la suya. Para escapar de eso, ella quitó la tapa plástica de su comida, hundiéndose en el delicioso aroma de ésta antes de pinchar el primero de muchos desafortunados fideos con el tenedor. Vegeta parecía menos inclinado a empezar otra discusión con ella cuando el aroma de la comida captó completamente su atención, y sentándose con las piernas cruzadas en la cama con la bandeja balanceándose en sus rodillas, comenzó su verdadero banquete.

Masticando rápidamente, ella se concentró en la relativa facilidad con la que él consumía su comida, y más allá de eso, como manejaba su tenedor ciegamente. La única señal que él no podía ver era la desenfocada mirada de sus ojos, la forma en que se deslizaban por el cuarto con la facilidad de alguien incapaz de reconocer sus alrededores. En su búsqueda de llenar el vacío de su estómago, parecía haberse olvidado que ella estaba ahí. Ella respiró suavemente y tragó una mordida de su cena. "Sabes, probablemente no deberías comer en la cama," regañó ella reservadamente, por carecer de algo más para decir. Sólo tenía que romper el silencio.

Vegeta apenas se detuvo en la rápida inhalación de su comida. "Quizá no eres lo suficientemente coordinada como para hacerlo sin derramar algo," disparó en respuesta, y continuó devorando el plato que tenía en las manos. Todavía desprendía vapor. Bulma mordió sus labios por un momento, masticando levemente y dejando el dulce sabor salir de su boca. Luego se encogió a si misma, sentándose en el otro lado de la cama y poniéndose en una posición idéntica a la de Vegeta, si más que a un pié lejos de él. Moviendo una mano hacia el escritorio tomó el control remoto de la televisión montada en la pared y la encendió.

Cuando Vegeta pausó su comida para darle una mirada que fue en realidad una media mirada, medio de enojo, ella tuvo que reír. "Bien, si voy molestarte puedo no hacerlo en silencio. No eres precisamente charlatán, sabes."

Él gruñó e hizo un movimiento hacia ella con el tenedor. Bulma sonrió nerviosamente mientras él continuaba dándole su mejor mirada de 'voy a matarte' con su boca llena. Ella se volteó a la televisión, dejando que el brillo azul ilumine el oscuro cuarto. No sabía porque estaba sentada así en el cuarto de Vegeta, cenando con él, pero tenía la extraña impresión que no le molestaba su presencia. Y sabía por hecho que ella disfrutaba de su compañía. ¿Qué estaba sucediendo?

Esos pensamientos que estaban pinchándola casi al mismo tiempo que el tenedor de Vegeta ensartó cautelosamente una bola de arroz justo bajo su nariz. Para el momento en el que ella parpadeó ya había desaparecido, y Vegeta masticaba felizmente. Ella hizo un estrangulado sonido de enojo.

"¡¡H-hey!! Que demonios—" comenzó enojadamente, luego mirando a su comida. Sus ojos se angostaron, luego se agigantaron. "¡Esa era la más grande, bastardo!"

Él sonrió por su sorpresa, riéndose entre dientes por su propia maldad. "Deberías haberte movido más rápido," la regañó él, con su boca vacía para entonces. "Es el precio que pagas por invadir mi espacio y molestarme."

Ella le lanzó una mirada malévola. "No es gracioso. Sólo porque te has terminado la tuya con la velocidad de una loca aspiradora no quiere decir que te puedas abalanzar en mi— ¡¡hey!!" miró el ultraje mientras se robaba otra. Con sus super rápidos reflejos y sentido del olfato, había alcanzado la ubicación de su cena con asombrosa facilidad. "¡Deja de comerte mi comida!"

Moviéndose en la cama así el espacio entre ellos era más grande, Bulma sintió que tenía una medida de seguridad. Pero sólo para estar segura, tomó una almohada de atrás y la puso entre los dos como una barrera. Procedió a comer su cena con más velocidad que la usual, dándole cientos de miradas desde el borde de sus ojos. Él tenía la mirada de una perezosa bestia depredadora, aguardando la próxima matanza.

Mierda.

"Aléjate Vegeta, no me hagas recurrir a pelear sucio," le advirtió ella. "Estoy hambrienta, y no voy a dudar en nada."

"Debilucha," siseó él, colocando su bandeja vacía sobre el escritorio. Él torció una cautelosa mirada. "¿Qué podrías hacer para detenerme? Eres mucho más débil que yo, y lo sabes."

"Claro que lo sé. Pero no se necesita fuerza para... comprometer... la comida que tienes adentro de tu corazón," dijo ella con una sonrisa maliciosa. "Un movimiento en falso y haré correr mi lengua sobre toda ella."

Él lo pensó bien, su rosa lengua rodeando la esquina de su labio en deliberación. Bulma parpadeó lentamente mientras seguía el movimiento con un poco más de fascinación de la que esperaba. Parpadeando otra vez, rompió su concentración y continuó comiendo. Dos pequeños, marinados pedacitos que quedaban y ella lo habría derrotado. Pinchándolos a ambos con un movimiento finiquitado quitó el primero del instrumento con sus dientes, masticándolo deleitadamente. Así que no iba a robarlos entonces, pensó mientras tragaba, disfrutando la sensación de plenitud que acababa con el hambre que la había plagado previamente. Vegeta volteó la cabeza hacia ella pensativamente, y sus ojos casi parecían sonreírle por un corto segundo.

"¿Qué?" preguntó ella.

"Si tuvieras la capacidad de consumir más comida, podrías tener el hambre carnívoro de un Saiyajin puro. Una pelea de comida no era inusual en el planeta Vegeta."

"¿Había escasez?" le preguntó ella, mirando hacia el último bocado de comida enganchado en su tenedor. Él sacudió su cabeza.

"No, pero raras veces cuando no había planetas para ser purgados, los Saiyajin tenían poco menos que hacer que pelear con sus propios compañeros," dijo pensativamente, mientras recuerdos nunca dichos revoloteaban claramente en su mente. "El poco tiempo que realmente pasé en mi planeta natal antes que fuese dado a Freezer era así. Recuerdo una vez cuando hice la misma cosa a mi propio padre... la primera matanza simbólica de la estación era hacer una señal para otros para ir a la búsqueda y cazar. Él nunca averiguó de quien eran los dientes que habían mordido la presa antes que los suyos," admitió con una mirada que casi podía ser descripta como cálida. Casi. La escena era extraña para la mente de Bulma, pero podía decir que Vegeta la recordaba con un cariño de guerrero.

"¿Te llevabas bien con tu papá?" le preguntó curiosamente. Él se encogió de hombros. "Me enseñó lo que necesitaba saber sobre las costumbres Saiyajin, y mi propia naturaleza. Aunque no teníamos tal unión como tu la tienes con tus padres. Y para el momento que era lo suficientemente grande para conocerlo realmente, el bastardo me había regalado a Freezer como una especie de trofeo," dijo él, su rostro se torcía con cólera. "Si Freezer no lo hubiera derrotado lo habría matado yo mismo por eso."

Bulma hizo una mueca de dolor. "Debes haberte sentido bastante traicionado," dijo en voz baja. Él se encogió de hombros levemente. "No realmente," murmuró él. "Me dio la oportunidad de mejorar mis habilidades como guerrero, estando en el ejército de Freezer. El hecho de no tener ninguna opción es lo que me enfurece. Nunca tuve una oportunidad de ascender a mi puesto como rey."

"¿Entonces no deberías no culpar a tu padre?" dijo ella en confusión. "Quiero decir, Freezer causó todo eso, ¿o no? Creo que tu padre fue engañado en la misma mierda al igual que tu." Puso él último bocado en su boca y dejó el tenedor en el contenedor vacío y lo dejó en la mesita a su lado de la cama. Sonrió. Su lado... eso sonó extraño aún en su propia cabeza.

El príncipe Saiyajin comenzó a responder su pregunta, su expresión levemente perturbada, cuando parecía pensarlo mejor. Estirando sus piernas frente a él se reclinó hacia las almohadas y se cruzó de brazos, con su ciega mirada apuntando al techo. "No tengo deseos de continuar esta discusión," dijo con una nota de finalidad. Bulma no estaba sorprendida.

"Está bien. Gracias de todas formas; me dijiste realmente más de lo que esperaba," dijo ella con un toque de calidez. "Casi desearía haber sido una Saiyajin en tu planeta natal. Bien, si fuese más fuerte. Nunca he ido de cacería," dijo alegremente, una pequeña sonrisa engraciando sus gestos. Él había vivido una vida que parecía la mezcla del instinto primitivo y la increíble tecnología que la Tierra nunca podría rivalizar. Si hubiese nacido con ese instinto asesino, podría haber sido divertido vivir en su planeta natal.

Si no hubiese sido volado en pedazos, junto con toda su raza, su legado, sus raíces. De repente Bulma sintió una punzada de empatía por la pérdida del príncipe, más fuerte ahora que tenía la leve idea de lo que había sentido. Con o sin lazos emocionales, su hogar debió haber significado mucho para él. Y haber sido reducido a polvo por Freezer debió haberle robado un pedazo de lo que hizo a Vegeta quien era. Aún, pensó que hacía sus recuerdos mucho más preciosos. Se preguntó si le diría más de como había sido, algún día.

"Probablemente tu habrías sido la que hubiésemos cazado," dijo él, casi para si mismo. Bulma no sabía que quería decir, así que sintiéndose un poco confundida, decidió preguntárselo en otro momento. Parecía un poco adormecido, para su opinión. Comenzó a concentrarse en la televisión otra vez, volteándose así podía estar más cómoda en la cama. Resultó en ella recostada en la misma posición que Vegeta, solo que su brazo sostenía la parte de atrás de su cabeza. El leve movimiento por el cambio de posición causó que Vegeta abriera los ojos completamente.

"¿No te vas?" Preguntó con un tinte molesto en su pregunta. Ella se encogió de hombros, realmente no deseando irse. Él era tan... A ella le gustaba su presencia. No sólo era un total misterio para ella, pero se encontró agradada en su actitud introvertida. "Quieres que me vaya para que puedas dormir, ¿verdad?" Preguntó lentamente. Él asintió, levantó un brazo a su cabeza y moviendo el otro a su fuertemente marcado estómago. Ni siquiera se molestó en acomodarse bajo las sábanas.

"¿Te molesta tanto si me pegoteo así?" Preguntó de forma propensa. El brillo de la televisión amortiguaba hasta que la escena de la película cambió, cubriendo sus cuerpos en la sombra. "Mamá va a preguntarme sobre Yamcha otra vez si bajo, simplemente lo sé."

"Entonces vete a tu propio cuarto," replicó tranquilamente, quieto. Ni siquiera parecía sorprendido. Bulma sacudió su cabeza.

"Ella no vendrá aquí, pero mi cuarto es territorio libre para ella. Vamos; no hago tanto ruido," engatusó ella, volteando su cabeza hacia él. Apenas podía ver su cabeza sobre la almohada que había puesto entre ellos antes, pero le lanzó una mirada engatusante de todos modos. Oh, y la ceguera no ayudaba precisamente. Él estuvo en silencio por un largo tiempo.

"Despiértame y eres mujer muerta," advirtió él. El corazón de Bulma pegó un brinco, y se dirigió hacia él felizmente.

"Gracias, Vegeta. Te lo debo."

"Estás en lo correcto."

Esas fueron las últimas palabras dichas entre ellos en la noche mientras Vegeta ante toda apariencia se durmió, y Bulma lánguidamente navegó por los canales, con el volumen lo suficientemente bajo para no molestarlo. Se sentía muy cómoda ahí aunque diera un poco de miedo, y no mucho después se encontró con un cansancio creciente a pesar de la ausencia de trabajo pesado hecho en el día. Quizá estaba perdiendo su destreza para pasar largas noches con sólo café, y aún teniendo que levantarse temprano para trabajar más al día siguiente. Quizá era porque no tenía nada substancial en que trabajar. Entonces otra vez, éste era un proyecto de clases, y no iba a quejarse de su actual posición. Involuntariamente, estaba haciendo lo que Goku le había pedido. Era bastante fácil obedecerlo; el príncipe de los Saiyajin era un desafío que ella realmente quería explorar.

Tratar y ablandarlo un poco. Las palabras de Goku le hacían eco otra vez, y sonrió levemente en la oscuridad. Ablandarlo o hacerlo más duro, no importaba. Estaba comenzando a conocer este príncipe, y estaba disfrutándolo más y más mientras el tiempo pasaba.

Peor, ella estaba comenzando a preocuparse por él a un grado que no pensaba posible. Suspiró y apagó la televisión, dejando el cuarto completamente a oscuras. Probablemente debería ir a su cuarto ahora, pensó sin muchas ganas. Su mirada se deslizó a donde Vegeta estaba recostado entre las sábanas desarregladas y las almohadas, o al menos donde había estado acostado todo el tiempo. El cuarto estaba completamente oscuro, pero podía escuchar su profunda respiración tan clara como pensando que estaba exhalándole contra su oído. No le molestaría si se quedaba, Bulma pensó para si misma con una leve sonrisa. Y no había manera que él hubiera aceptado si es que no la quería ahí al menos un poco.

Recostándose en la suavidad de las almohadas, cerró los ojos con un pequeño suspiro. Quizá él no era tan indiferente con ella, después de todo.