Disclaimer: Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Un amor alterno

(An Alternate Love)

Un fic de Hella

Traducción por Apolonia.


La mañana se filtró en la habitación con suaves haces de luz dorada, ocultando el fresco del mundo exterior y haciendo lucir todo cálido. Bulma Briefs tembló de todas maneras, llevando sus hombros arriba para cubrir sus oídos. Su nariz se sentía fría. Abriendo lentamente un ojo para diferir la hora del día, se dio cuenta que el amanecer había sido tan solo hace una hora. No porque si se sentía extraña. Aturdidamente trató de movilizar su cerebro, se dio cuenta que algo era diferente.

No le tomó mucho darse cuenta que era. "Oh, mierda," murmuró a la almohada, dándose cuenta donde estaba. Recostada sobre el cubrecama de la cama de Vegeta, volteada encarando las puertas del balcón. Estaba congelado, también. Sabía que no habría más tiempo para dormir mientras la temperatura del cuarto siguiera así de baja. Tratando de girarse, se detuvo al sentir algo pesado apoyado en sus piernas que detenían cualquier otro movimiento.

Vegeta se había desparramado mientras dormía, y una de sus musculosas piernas se agarraba fuertemente sobre las de ella como una cadena de acero. Bien, pensó ella cansadamente, los músculos pesaban más que la grasa. Su rostro estaba opuesto al de ella a lo que se encontraba recostado boca arriba. Un brazo sobre su cabeza, el otro colgaba casualmente por el borde de la cama. Bulma sonrió. Que manera de mantener tu principesca mirada mientras duermes, Vegeta, pensó con una leve sonrisa. Todo lo que necesitaba era babear un poquito desde la comisura de su boca y sería una foto perfecta.

"Hey Vegeta; quita tu pesada pierna de mi," dijo con un bostezo, sus ojos aun nublados por el sueño. Frotándoselos con un puño, empujaba su pierna con el otro. Bulló lentamente, deslizándose por su pie y dándole libertad. Vegeta gruñó y se movió un poco, mientras abría sus ojos.

"Malditos sueños," murmuró, cerrando los ojos otra vez. Se giró bruscamente y se apoyó sobre ella fuertemente,

"Hey, ¡ten cuidado!" protestó ella, y Vegeta se sentó en la cama, quitando su pierna lejos de las de ella. Su rostro estaba enfadado, y semi dormido.

"Qu– ¿Te quedaste aquí, pequeña bruja? ¡Nunca te di permiso para hacer tal cosa!" gruñó él, frotándose una mano sobre su rostro para deshacerse de todo rastro de cansancio.

"¿Y qué? Te quedaste dormido antes que pudiera preguntar siquiera. Obviamente no perturbé tu descanso nocturno, ¿así que por qué debería preocuparme si lo hice?" dijo ligeramente, moviendo sus piernas a un lado de la cama y poniéndose de pie. Quería una ducha, y escapar de Vegeta antes que le lanzara algún reproche por la pequeña libertad que se había tomado.

Su rostro estaba amargado. "Entonces no volverá a suceder otra vez, te lo aseguro," prometió él.

"Ah, vamos, te está encantando," se sonrió mientras bordeaba la cama. "Quiero decir, ¿en la cama con la más rica, más hermosa mujer del planeta? Debes haber pensado que toda tu Navidad te vino de una sola vez."

"¿Qué?" Gritó él. "Tu audacia hace juego con tu ego, Bulma. Ahora esfúmate de mi habitación."

"Bien. Aunque me bañaré antes," le informó con una alegre mirada.

"Bien," aceptó él, parándose y quitándose la remera arrojándola sobre el escritorio. "Maldita cosa pica como la mierda," se dijo a si mismo, moviendo sus hombros incómodamente y acomodándose tratando de calmar la irritación.

"Probablemente por todas las migas que dejaste en la cama anoche. Te dije que no comieras ahí," tanteó con una sonrisa. Mirando la desnuda extensión de su espalda mientras él luchaba por alcanzar la fuente de la picazón, era claro para ella que estaba teniendo problemas en alcanzarla. "¿Quieres que la rasque por ti?" ofreció ella.

"No. Esfúmate," ordenó él, abandonando sus esfuerzos frente a ella. Bulma suspiró en falsa burla. Como si no hubiera predicho esa reacción.

"¡Oh! ¡Y después que dormimos juntos y todo!" lloró dramáticamente, echando su cabeza hacia atrás y poniendo la palma de una mano en su frente en una clásica pose de 'señorita en apuros'. Era bastante buena, ¡solo deseaba que Vegeta pudiera verla! Pero quizá eso era bueno, porque podría pararse y avanzar sobre ella, su ceño parecía bastante serio esta vez. Mordiéndose un labio se alejó un poco de él. "Vamos Vegeta, sólo estaba bromeando—" Se detuvo cuando chocó con la puerta cerrada de la habitación.

"Oh, sé eso, Bulma," dijo peligrosamente, poniendo una mano en la pared a un lado de su rostro y aprisionándola ahí. "No pensarías burlarte de mí, ¿o sí?"

Ella tomó una bocanada de aire y levantó su mirada levemente hacia su rostro. "Y... no pensarás en amenazarme, ¿o sí?"

"Oh, no sé de esas cosas," dijo inclinándose más hacia ella. Bulma comenzó a sentirse un poco arrinconada, y la sensación zumbante en su estómago aumentó. Su respiración le cosquilleó el oído. "Sólo digamos que si continúas molestándome Bulma; podría tener que recurrir a algunas tácticas repugnantes."

"No me lastimarás," sentenció claramente, sin rastro de dudas en su tono. "Y no he hecho suficiente para garantizar ninguna venganza por parte tuya, de cualquier manera. De hecho, te debo cierto abuso físico."

Su nariz respiró enojadamente. "No responderé a nada. Lo que hago es mi asunto, si mato... O simplemente dejo con moretones." Su boca estaba todavía cerca de su oído, y las leves frías palabras la afectaban tanto como lo hacía su proximidad. Comenzaba a sentirse muy incómoda.

"Dios, no quiero empezar otro partido de gritos. ¿Podemos olvidarnos que toda esta conversación haya tomado lugar?" dijo ella infelizmente, levantando sus manos para empujarlo lejos de ella. Aunque siendo tan pesado como era, tomaría más que eso para moverlo. Por suerte, Vegeta no estaba de humor para prologar su propia tortura.

Se alejó de ella. "Me gustaría olvidarme que toda esta SEMANA alguna vez ocurrió," murmuró oscuramente mientras se alejaba de ella. "Vete, entonces."

Bulma sintió ese primer comentario apuñalarla en lo más profundo por alguna razón, pero lo ocultó bastante bien. No que Vegeta fuese perceptivo con respecto a las emociones, pero estaba acostumbrada a ocultar el verdadero dolor lo que era casi una segunda naturaleza a veces. Había sido tonta en pensar que él podía gustarle cualquier cambio que hubo entre ellos desde la última semana. Obviamente se había equivocado en eso, realmente él no quería ningún amigo. Con un suspiro, se corrió el pelo del rostro y abrió la puerta tras ella, yéndose sin decir otra palabra.

Se bañó rápidamente, pero el breve instante entre las heladas paredes del recinto vaporoso fueron compartidos por el pensamiento de una persona por su mente. ¿Por qué quería tanto conocerlo, ser su amiga? Él no quería amigos, y era un completo idiota. No podía ser tan curiosa, no si tenía algún sentido de auto preservación.

Pero sabía que se estaba acercando a él. Un roce incómodo no significaba nada para ella; ¡el sujeto lo hizo por puro instinto! Quizá si no tenía en cuenta los ásperos tratos que usualmente le escupía... no. La mayor parte del tiempo era serio con respecto a esos, si no le hiciera caso más que algo así se lo tomaría peor con ella. Ohh, después de todo, era un príncipe, se bufó para ella misma. ¿Desde cuándo le importaban los tecnicismos de ese estilo?

Quizá sería mejor que se alejara de él, musitó mientras enjabonaba su cuerpo ausentemente. Pero entonces él invertiría todo lo que había sido siempre, y todos sus esfuerzos se habrían perdido. Entonces otra vez, ¿por qué quería cambiarlo? Esa no era la forma de hacerlo...

Automáticamente enjabonándose y levantándose mientras pensaba en todo eso, profundamente, no escuchó a su padre llamar su nombre.

Diez minutos después emergió del baño, envuelta en la bata que su madre había colgado en la puerta después de limpiar todo. Envuelta en el cálido abrigo de su ropa color tierra soportó el fresco hacía la bahía médica, salió del baño envuelta en una nube de vapor que la siguió por el pasillo hasta su cuarto. Aunque todavía no sabía que debía hacer con respecto a Vegeta.

Su cuarto estaba oscuro y frío. Teniendo las cortinas y la puerta cerradas bloqueando cualquier calor que pueda entrar tendría ese efecto, pensó tristemente. Cerrando la puerta tras ella tiró la ahora húmeda prenda que la cubría y se apuró a vestirse, sus largas piernas temblaban en la oscuridad del cuarto mientras tiritaba al cambiarse antes de congelarse.

"Frío, frío, frío," murmuró fieramente mientras se colocaba su sostén y sus bragas, apretando los dientes incómodamente. Se vistió en tiempo récord esa mañana, usando un par de jeans negros y un grueso sweater rojo lo suficientemente abrigado como para hacerla soportar el frío sin hacerla ver una bola de nieve roja. Botas chatas y negras terminaban fácilmente el atuendo; no quería ningún tipo de calzado incómodo esa mañana. Demasiadas caídas le habían enseñado que necesitaba calzados confiables alrededor de Vegeta. Además, estas botas eran tan duras que podían lastimar sus huesos si la hacía enojarse otra vez.

Secándose el exceso de agua del cabello rápidamente, se pasó la toalla obviando el secador de pelo. Quitándosela de la cara decidió dejarlo secarse naturalmente esa mañana en un raro momento de descuido. Su cabello era naturalmente lacio excepto que lo peinase, y las suaves ondas de su permanente anterior lo había dejado placenteramente mullido. Se preguntó cuanto más lo dejaría crecer antes de cortárselo, ya que le llegaba por la mitad de la espalda. Esperaría y vería como le quedaba mientras crecía.

No tenía planes para ese día, algo que se había vuelto más y más común para ella en los últimos días estando alrededor de Vegeta. Teniendo que ser su lazarillo estaba bien en términos de conocerlo, pero la estaba matando socialmente. Quería salir e ir a ver a Chi-chi y a Goku, pero por supuesto que no podría llevar a un Vegeta ciego con ella. Además, Chi-chi parecía querer cuidar de su esposo cuando ella los visitaba. Huh, ¿cómo si quisiera robarle a Goku o algo? Bien, luego pensó en eso. Era bastante fuerte, y definitivamente atractivo... pero un poco joven para sus gustos. Era como un hermano menor quien sucedía salvar al mundo en alguna ocasión. No, no los visitaría esa mañana. Y la idea de ir a la isla del Maestro Roshi a visitar a Krillin y al pervertido no le simpatizaba. Si Marron iba a estar ahí prefería no presenciar esa escena. Si esa puta la llamaba vieja otra vez le arrancaría el cabello por montones, novia de Krillin o no.

Hm. Quizá su vida social no sufría tanto después de todo.

Caminando hacia la escalera y bajando lentamente, se preguntó si podría conseguir algo para trabajar en el laboratorio. Después del desayuno, claro. Estaba bastante hambrienta otra vez, aún después de haber comido esa comida China que pidieron en el cuarto de Vegeta. Eso le recordó, los platos vacíos y la bandeja todavía estaban ahí...

"¿Dónde está esa jovencita?" preguntó el Dr. Briefs de repente bajo las escaleras, sacando a Bulma de sus pensamientos. "He buscado por todas partes—"

"¿Papá?" llamó curiosamente mientras llegaba al final de la escalera. "¿Qué sucede?"

Su padre estaba parado cerca de la mesa del desayuno, una taza de café en una mano y un plano enrollado en la otra. Su madre lo miraba desde la cocina, sosteniendo sus manos preocupadamente. Cuando su nerviosa mirada se encontró con la de ella, Bulma casi retrocede un paso. "¿Qué? Estabas buscándome, ¿pasó algo?" Vio a Vegeta irse a su cuarto lo mejor que pudo, y apoyarse en la pared de la cocina para escuchar. Una leve sonrisa aparecía en la comisura de sus labios, mientras su habitual mirada cuando estaba oscuramente entretenido con el mundo.

Su padre puso su taza de café caliente en la banqueta y se volteó hacia ella con impaciencia y alivio. "¿Dónde demonios has estado? Hemos tenido una crisis aquí Bulma, necesito tu ayuda desesperadamente, y la necesito ahora."

Eso llamó su atención. "Bien, ¿cuál es el problema? Dime como puedo ayudar," dijo firmemente, sabiendo que esto tenía que ver con la compañía.

Movió sus manos sobre los planos desenrollados. "Acabo de recibir un llamado de uno de nuestros compradores internacionales; tengo que preparar un envío de nuestros nuevos prototipo de aero-nave para fin de mes. El problema es que los planos originales tenían un desperfecto y tengo que revisarlos todos de vuelta para encontrarlo," le explicó con disgusto. Sus ojos se abrieron con súplica hacia Bulma . "Es por eso que te necesito, querida. Tengo una reunión internacional que atender con los supervisores de bases internacionales, y tienen que dar su reporte anual de cada institución. Es realmente aburrido, y todo lo que tendrás que hacer es tomar nota de cualquier información importante que aparezca—"

Los ojos de Bulma se abrieron inmensamente. "Espera, ¿quieres que yo vaya a hacerlo? Ah mierda, papá, ¡sabes que no soy buena fuera del laboratorio! ¡No puedo hacer esto!"

Su expresión no daba lugar a discusión. "Bulma, vas a hacerte cargo del negocio un día; necesitas saber como hacer esto. Normalmente iría yo, pero me di cuenta de estos planos, así que debo arreglarlos otra vez. Lo siento, pero eres la única que queda, querida. No es nada demasiado difícil, te lo aseguro."

Lo pensó dubitativamente. Por supuesto que podía hacerlo; sería demasiado fácil. Aún así, nunca había ido en lugar de su padre a semejante viaje, solo con él una o dos veces. Pero él le tenía fe, y ella necesitaba la experiencia. "... Está bien, papá. Lo haré," decidió ella, aceptándolo. Le sería bueno. "Me aburriré demasiado, pero si no hay otra alternativa—"

"¡Grandioso!" gritó él, liberándolo de la expresión preocupada en su ceño. "Gracias a Dios. Ahora, necesitas empacar para una semana al menos, estará caluroso en—"

"¿Una semana?" chilló ella. ¡Espera un segundo! "¡Nunca tuviste que irte por tanto tiempo, papá! ¿Que estás tratando de hacer aquí?" De soslayo pudo ver ella como la sonrisa desaparecía del rostro de Vegeta, pero no lo tuvo en cuenta y se concentró en su padre con toda la ira e indignación que la poseían.

Él la miraba un poco avergonzado. "¿Mencioné que esta era una reunión de todas las bases internacionales? Hay ocho de estas, recuerdas. Lo siento, pero tomará al menos una semana arreglar todo el asunto."

"Mierda..." gimió ella con una sentida consternación. "Realmente me es molesto, papá..."

"No lo sabré yo. Pero realmente, creo que puedes manejarlo fácilmente. Sólo mantén mucho café a mano y no te quedarás dormida en las reuniones," re aseguró con una cálida sonrisa. Bulma no estaba impresionada.

"¿Puedo buscar los errores en los planos y tu vas como debes?"

El Dr. Briefs giró su mirada. "No seas complicada, Bulma. Sabes que no tienes idea de como funcionan los nuevos prototipos, teniendo en cuenta la forma básica que hemos estado usando recientemente en las aero-naves. Con suerte lo tendré hecho para mañana en la tarde para enviarlo a construir, y luego repararé el tanque de regeneración. Creo que el daño de esa cosa no me sacará de acción por dos días más al menos. Casi lo he terminado."

Corriéndose el pelo fuera de sus ojos, le frunció el ceño a su padre, aunque una tenue aprobación brilló en sus ojos. Seguro podría arreglárselas cuando estuviera motivado. "Bien, eso fue rápido. ¿Escuchaste eso, Vegeta?" preguntó ella, esperando por algún tipo de agradecimiento o al menos aprobación. Él simplemente le frunció el ceño venenosamente.

"Estoy ciego no sordo, idiota," escupió él, volteándose y saliendo del cuarto. Bulma achicó sus ojos y lo miró mitad enfurecida, mitad escondiendo su sorpresa por su retirada mientras se alejaba por el salón, con una mano en la pared para guiarlo levemente.

Su padre solo se río naturalmente. "¿Me pregunto que estará comiendo? De cualquier modo, cuando arregle eso lo meteremos ahí adentro y dios quiera salga con mejor humor." Sacó un paquete de cigarrillos del bolsillo de su guardapolvo y sacó uno pensativamente, pero la madre de Bulma se acercó y le dio un golpecito con un repasador.

"¿Todavía estás fumando, cariño?" dijo infantilmente, con su siempre presente sonrisa aún en su lugar. "¡Desearía que no lo hagas más!"

Él se encogió de hombros y continuó encendiéndolo. "Lo dejaré cuando Bulma se encargue de la compañía. Justo ahora es la única cosa que me evita enloquecer con el trabajo, y pienso disfrutarlo."

Bulma rió mientras su madre sacudía su cabeza resignadamente. "Déjalo ir, mamá. Sabes que nunca le ganarás en esa discusión," sonrió ella. "Me encantaría quedarme y charlar, pero supongo que tengo que empacar algunas cosas. ¿Dónde es la reunión, de todas formas?"

El Dr. Briefs largó un anillo de humo en el aire y le sonrió en respuesta, sus ojos estaban parpadeando. "Cuidad del Este."

"¡Ooh!" Bulma chilló. "¡Tienen algunas de las mejores boutiques, e iré en cualquier rato libre al centro comercial! Oh, ¡y escuché de ese gran saló de belleza del centro, también! Ah papá, ¡eres el mejor! ¡Ahora tengo una excusa total para largarme de aquí y divertirme!" emitió ella, dándole un rápido abrazo por su felicidad. De repente esto no parecía como un aburrido viaje de negocios después de todo.

Su madre hizo un sonido de satisfacción. "Bien, ¡Bulma eso es grandioso! Tráeme algunas cosas, ¿de acuerdo?" le sonrió cálidamente. "No estoy yendo demasiado a la ciudad últimamente."

Su hija le asintió enérgicamente. Esto sería grandioso. Alejarse de la gente que conocía, Yamcha sobre todo, liberarse de estos líos que se había metido y tener algo de tiempo para pensar sin tener que cuidar al estropeado príncipe. Y hacer algo lindo por su padre en el proceso. Las cosas eran prometedoras.

Sus ojos azules destellaban, le sonrió ampliamente a sus padres. "Esta bien, voy a empacar mis cosas. Papá, ¿quieres que vaya en primera clase en un avión comercial, o debo llevarme uno mío?"

"Ve en un avión público esta vez creo, deja el tuyo aquí, ¿de acuerdo? Quiero arreglar esa pista de aterrizaje que me dijiste hace unas semanas atrás. Como agradecimiento por ayudarme, creo," dijo generosamente. Dejó salir una sonrisa y se volteó a subir las escaleras estrepitosamente otra vez.

"Está bien entonces, tu reservas el pasaje y yo llevaré mis cosas. ¡Consigue el vuelo más temprano que haya disponible!" dijo mientras aceleraba los pasos, con su coleta de cabello moviéndose en el aire tras ella.

Empacar era una inexplicable actividad agradable que le llevó más de una hora, mientras sacaba y descartaba ropa del guardarropa con velocidad para tomar sólo la ropa necesaria. Quería impresionar a los empleados más confiables de su padre cuando llegara la reunión anual, no hacerlo parecer como que el Dr. Briefs estaba demasiado ocupado como para pasar el tiempo en semejante e importante conferencia. Además, quería algo de ropa con estilo para usar por algunas horas. Hizo una nota mental para recordar el más caro y lujoso hotel de cinco estrellas de la ciudad. Si iba a 'sufrir', iba a ser con estilo. Pero entonces, sabía que su padre habría pensado en eso mientras hacía los arreglos.

Esto iba a ser una buena oportunidad socializar, pensó felizmente. Justo lo que necesito para seguir adelante. Teniendo a Vegeta aquí con su accidente y todo, estuve estancada en casa con nada que hacer y nadie a quien hablar. Bulma supo que fue divertido, algunos de esos momentos con Vegeta, pero el simple hecho fue que él solo era sociable con ella cuando estaba hambriento o deprimido. Eso era el 1 de las veces. El otro 99 lo pasaba tratando de soportar un demandante, colérico, alto y poderoso hijo de puta príncipe Saiyajin. No era sano para ella, a pesar de su curiosidad y su ocasional carencia de completa hostilidad.

Se detuvo en su empaque cuando un pensamiento le cruzó por la mente. Irse por una semana significaba que no iba a estar ahí para la recuperación de la vista de Vegeta. Sí. Aún existía esa inmencionable posibilidad. Estaba decepcionada porque no estaría ahí para atestiguar que él pudiese ver por primera vez en días, pero entonces otra vez sin dudas volvería a revertirse a su forma de ser ordinaria y demandaría comida o mejoras a su cámara de gravedad, no que las necesitara. ¿De qué había que enojarse? Nada, en su nuevo estado de ánimo. Y además, estaba siendo un idiota de todas maneras, razonó ella. No la necesitaba allí, porque probablemente lo vio como unas vacaciones tanto como ella lo hizo. Unas vacaciones para ella.

Bien, no tenía problema alguno con respecto a eso.

"Media hora," se murmuró a ella misma mientras se acostaba estirada en el sofá, con la cabeza cómodamente apoyada en el brazo del sillón. Media hora hasta tener que ir al aeropuerto, y cuarenta y cinco minutos hasta que se pueda largar de la ciudad.

Su madre estaba regando las plantas afuera y su padre estaba en su laboratorio, revisando todavía los planos. Vegeta estaba en la cámara de gravedad, dejándola sin nada que hacer y a nadie a quien irritar, y menos con quien tener una conversación. Pero tampoco quería levantarse para tener que hacerlo, así que se quedaría acostada ahí mirando fijamente al cielo raso mientras esperaba que algo le distrajera la mente del aburrimiento temporalmente.

Estaba un poco nerviosa por la reunión, pero se aseguró a si misma que podría con el desafío. Y el nerviosismo no la llevarían a ningún lado en el largo camino que le esperaba, de cualquier forma, ¿entonces por qué estaba tan desencajada? No le hacía para nada bien, y era injustificable. Era la heredera del imperio de la Corporación Cápsula, y la respetarían y reconocerían como tal. Cualquiera que se agarre de eso podría alzarla en bendiciones, y a su padre para hacerlo protegerla.

"No se meterán conmigo," se dijo tranquilizadoramente. "Y me aseguraré que no sea solo porque trabajan para papá, también. Me respetarán por quien soy; la persona que les pagará el salario en el futuro." Se sonrió a si misma. Realmente no le importaba si la veían como un igual o aún como una amiga mientras mantuvieran sus bocas cerradas e hicieran como pedía. Ella no era su padre, y no iba a dejar ningún delito menor sin castigo por ahí sin importar cuan insignificante sean. No habría permisos cuando ella estuviera a cargo.

¿Era acaso una rompe-pelotas? Oh, demonios sí. Y lo amaba.

Sin embargo, tenía que esperar un tiempo todavía hasta que se encontrara en esa posición, su padre no iba a darle el control de la compañía hasta que no se sintiera listo para jubilarse. Y eso no pasaría en años. Aún así, esta era una verdadera buena experiencia para ella, y la necesitaba. Podía ser técnicamente un genio, pero las habilidades de la gente necesitan pulirse y eso tomaba su tiempo. Esto ayudaría.

Levantando ambos brazos sobre su cabeza se estiró más cómodamente, sintiendo como se relajaban sus músculos casi dolorosamente tensos. Un largo suspiro salió de sus labios. Se sentía como que debía hacer algo, pero sabía que no había nada. Los nervios otra vez, conjeturó con una pequeña sonrisa. Con todos los pensamientos a un lado, no sabía como carajo iba a poder llevar esa reunión a cabo. Pero se las arreglaría de alguna manera; siempre lo hacía.

Bulma seguía aún perdida en sus pensamientos cuando la puerta delantera se abrió y cerró fuertemente, y pasos golpeaban alrededor de la casa con la fuerza de algo que deseaba destruir algunas puertas en lugar de presionar un par de botones. Los pasos de alguien de maaaaaal humor. Bulma se sentó con el ceño fruncido en el rostro. Como si no tuviera ya suficiente con que lidiar para entonces, Vegeta justo se tuvo que aparecer como rey de aquellos que se levantan con el pie izquierdo. Dios.

Seguramente, mirando sobre el sillón se llenó con la mirada del estoico príncipe, que parecía como si quisiera hacer un agujero a algo desesperadamente. Bulma gimió internamente. "No me digas que la cámara de gravedad esta rota, por favor no me digas eso," le rogó. Vegeta prácticamente le gruñó en respuesta.

"Cállate, humana," escupió venenosamente, inclinando su cabeza hacia su dirección. Mierda, pensó levemente, parecía enfurecido. Y estaba en lo correcto, su rostro prácticamente se volvía hacía uno de extrema ira. "No me mires, ni siquiera respires cerca mío. Ni siquiera quiero acordarme que estás viva."

"¿Qué?" jadeó ella. "¡¿Qué carajo hice para merecer eso?!"

"Naciste, mujer idiota. Cállate de una buena vez," le respondió repugnantemente, cruzando sus brazos sobre su pecho desafiantemente. Bulma casi queda shockeada por las palabras del furioso príncipe. No había sido así de áspero desde que vino por primera vez. De hecho, si se cambiara sus shorts y su remera apretada que le marcaba los músculos por el traje spandex azul oscuro con la armadura dorada y blanca, sería lo mismo. Se levantó del sillón y se paró frente a él, observando su rígida postura.

Sacudió su cabeza en confusión. "¿Qué pasa, Vegeta? ¿Qué te molestó tanto? Dime; haré algo para solucionarlo. ¿Está funcionando mal la cámara de gravedad o algo?"

Él apretó sus dientes. "No necesito la ayuda de nadie, y especialmente no necesito la tuya. Vete a la mierda."

Sus ojos se agigantaron, verdaderamente rápido. La consternación la llenó por dentro como también la ira, pero había un creciente y nuevo sentimiento de estar herida que no iba a ignorar. ¿Qué sucedía aquí? ¿Qué había hecho? Pero las preguntas sin responder se desvanecían de ella mientras la ira la dominaba.

"Eres un bastardo, ¿sabes eso Vegeta? No sé como puedes vivir contigo mismo a veces, eres más que una mierda. Bien, lo que sea. Lidia con tu porquería sólo, sin duda disfrutarás ayudándote con eso," le contestó infelizmente. Que manera de recordar su último encuentro. Había pensado... Oh demonios, ya no importaba de todas formas.

"Perra," la insultó y tomó su brazo cuando empezó a alejarse. La jaló cerca de él, y ella miró a sus furiosos ojos. "No me faltes el respeto, Bulma. Ni ahora, ni nunca."

¿Alguien había apretado el botón de rebobinar en su cerebro o qué? Pensó desamparadamente. ¿Había decidido después de todo que estaba enfermo de tenerla cerca, y no necesitaba ningún tipo de ayuda de ahora en más? Sonaba exactamente a eso para ella. ¿Pero qué lo había hecho actuar así? ¿Qué haya dormido en su cama esa noche? Eso no era nada, no parecía haberse enojado demasiado en ese momento. No hasta que lo había empezado a provocar, de todas formas. Bien, quizá no le importaba esta vez querer ayudarlo. Quizá iría al aeropuerto más temprano para alejarse de él.

"Bien Vegeta, no más faltas de respeto, ¿está bien?" gruñó ella. "Si me dejas ir, no tendrás que soportar mi mierda por otra semana, ¿está bien? Posiblemente más, si decido tomarme algo de descanso en ese lugar," dijo ella, esperando que eso la dejara ir, o que al menos lo calmara un poco. Le estaba dando lo que quería, después de todo. Pero se lo tuvo que haber tomado de la manera equivocada, porque sus ojos tan vacíos y ciegos no podían haber mostrado semejante ira tan amenazadora. El agarre de su brazo se apretó, pero no dijo nada en respuesta a sus palabras.

"¿Qué? ¿Qué quieres que diga?" gritó de repente, confundida y odiando la situación. "¿Qué hice?" Estaba disgustada en oír su propia herida emocional en su propia voz pero Bulma lo ignoró mientras lo miraba.

Nada. Ni un parpadeo, ni una palabra, ni un respiro de su parte. Dejó salir un sonido derrotado que no hubiera podido evitar si hubiera tratado. "Está bien..." se murmuró a si misma. "Sin hablarme otra vez; ¿por qué no me esperé eso? Probablemente porque habías sido casi decente conmigo últimamente. Si me dejas ir Vegeta, me iré de aquí y podrás descansar sabiendo que estoy a miles de kilómetros de aquí. Ten una linda semana." Y con un jalón violento se zafó de sus brazos y se dio vuelta, dirigiéndose lejos de él.

Una especie de adiós.

Tres horas y media después Bulma se había hospedado en el hotel más fino disponible en la Ciudad del Este, suponiéndose que estaría ansiosa por la tarea que tendría que realizar al día siguiente. Justo lo que ella quería, ¿verdad?

Se sentía demasiado desgraciada.

En el vuelo lo tenía en la mente una y otra vez. ¿Qué había hecho para enfurecerlo tanto? ¿Había sido ella siquiera? Maldición, maldición y más maldición. Justo cuando estaba llegando a algún lado, se acercó inadvertidamente a él y lo invirtió al cuadrado más rápido que la tele transportación de Goku. Mierda.

Bien, al menos ahora no iba a estar nerviosa con respecto a lo de mañana; estaba muy ocupada sintiéndose deprimida. Debió ser algo serio lo que había hecho; de cualquier forma debería sentirse feliz que recuperaría su vista más rápido que lo esperado. Bien, ella no estaba cerca para molestarlo ahora así que quizá ya había vuelto a ser lo que normalmente es.

Se sentó al final de la suave cama y colocó su cabeza en sus manos, permitiendo que su sedoso cabello le cubra el rostro como un velo. Ese idiota estaba manipulándole la cabeza otra vez, lo sabía. Estaba segura que no sabía nada sobre como funcionaba su mente sin importar cuanto tratara de entenderlo, y esa mañana sólo lo había probado.

Ella no sabía nada.