Disclaimer: Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Un amor alterno

(An Alternate Love)

Un fic de Hella

Traducción por Apolonia.


"Estúpida lluvia, estúpido viento, estúpido taxista, ¡¡estúpida Bulma por llegar tan tarde!! ¡Idiota!" rabió con si misma mientras corría por la vereda. Su cabello se le metía en los ojos cegándola mientras que batallaba con los charcos, sosteniendo su portafolio sobre su cabeza para protegerse de la lluvia. Gotitas de agua helada corrían por detrás de su cuello, haciéndola temblar incontrolablemente.

Era Sábado a la noche, o debía decir, Domingo a la madrugada. 12:03 am, y la lluvia caía. En su impaciencia por volver a su casa no se había molestado en esperar hasta el vuelo del domingo, prefirió en cambio tomar el último vuelo del Sábado. Gracias a cierta suerte podrida que tuvo con el malhumorado taxista, que masculló todo el camino sobre cuan porquería era la Corporación Cápsula y como eran sus productos de 'segunda mano'. En toda su ira Bulma lo golpeó con su portafolio —levemente, por supuesto— y en respuesta él la tiró enojadamente lejos de las puertas de la Corporación Cápsula... cuarenta metros lejos de la puerta principal de la casa. Maldiciendo otra vez y deseando estar usando otra cosa que no sean tacos altos, corrió por su vida hacia la puerta delantera.

"Kami, ¡finalmente!" murmuró mientras que se puso bajo el pequeño umbral protector. Presionando el botón, quedó estupefacta al encontrarse que nada sucedía. Tres repetidos intentos tuvieron el mismo efecto, siendo que no había ninguno. Entonces Bulma lo notó a tiempo. "Oh, bien. Código de acceso," masculló, ruborizándose al darse cuenta que la cerradura se cerraba después de las 10:00 PM.

"3…33…5—" susurró mientras lo introducía, interrumpiéndose mientras trataba de recordar el siguiente dígito. Dios, no se había ausentado tanto... ¿Cuál eral? ¿Otro cinco? Mierda. Gruñéndose mientras otra ráfaga de viento sopló justo sobre su falda, Bulma se detuvo cuando escuchó unas pisadas en el otro lado de la puerta. Bulma parpadeó agua de lluvia de sus ojos en pregunta, luego desistió y golpeó fuertemente la puerta.

"Déjame entrar, ¡maldición! Me estoy congelando aquí afuera." No hubo respuesta por un largo tiempo, casi la había hecho pensar que no la habían escuchado. Sacudiéndose las pesadas mechas de cabello azulado fuera de sus ojos y esperando que su portafolio no se haya mojado demasiado, miró mientras la puerta se habría de repente, concediéndole entrada a su casa.

"Gracias mal atendido Kami," dijo irritable mientras entró, sin molestarse en enloquecer cuando vio que su padre la miraba fijamente como si le hubiera crecido otra cabeza. "Tómate tu maldito tiempo." Le estaba parpadeando dormidamente, sosteniendo una taza de café en su mano y ante cualquier apariencia parecía fría. Y todavía estaba en su guardapolvo de laboratorio. Bulma alzó su ceja.

"Dios papá, te ves desastroso. ¿Qué te sucede? ¿Y dónde está mi abrazo de bienvenida?" sonrió ella, su mal humor desaparecía ahora que estaba fuera de sus elementos.

Él dejó salir un bostezo y le dio a su siempre presente gato una palmadita en la cabeza. "Bulma, relájate, acabo de terminar los bocetos de los planos para mi último Congelador Cápsula, eso es todo. Y no voy a abrazarte, estás empapada. ¿Y qué estás haciendo volviendo tan tarde?" preguntó suavemente, notando su empapada apariencia y su desordenado cabello. "Francamente te ves como el demonio."

Ella frunció el ceño. "No preguntes. He aprendido mi lección," le informó, "la próxima vez que deje la ciudad me llevaré mi aero coche, también. ¡No puedo creer que me lo olvidé!" Se regañó a si misma mientras caminaba a la cocina. Poniendo su portafolio en la banqueta, lo abrió y sacó el pequeño contenedor de cápsulas, y le dio el resto a su padre. "Estas son las notas que tomé, las órdenes hechas, los pedidos, firmas, fechas... bla, bla, bla. Te imaginarás."

"Bulma, pequeña salvavidas," su padre respondió con una amplia sonrisa, acariciándole el hombro. "Sabía que lo harías, nunca tuve dudas. Ahora vé; toma una ducha y ve a la cama. Mereces un descanso después de tanto que me has ayudado."

Ella rió tranquilamente y se sacó los tacones. "Está bien papá; hice un par de compras mientras estuve en la Ciudad del Este. Ahora tengo un nuevo vestido de noche, tres pares de jeans de diseñador, ese acondicionador intensivo que no podía encontrar en ningún lugar en la ciudad, un set de manicura—" se detuvo con una sonrisa mientras su padre hacía muecas, rascándose su bigote.

"Y apuesto que no pagaste eso de tu propio bolsillo, ¿eh?"

"Supuse que preferías si lo dejaba a cargo de la compañía... todos los gastos pagos, ¿recuerdas?"

"No quise decir—"

"Oh, vamos. Como si no pudiéramos pagarlo," señaló inteligentemente. Él suspiró y se encogió de hombros, dejando su taza en el lavabo. "Supongo."

"Genial. Entonces, ¿cómo han estado todos desde la última vez que hablamos?" Con 'todos' por supuesto que se refería a Vegeta. Su padre sacudió su cabeza pareciendo sorprendido.

"Tan bien como siempre, diría. De vuelta en la cámara de gravedad, ha estado entrenando como el lunático que es por los últimos cuatro días."

Bulma sonrió secretamente. También.

"Bien, eso es bueno," dijo conforme. Se enderezó. "Ahora... voy a tomar una ducha. Nos vemos al medio día, cuando pueda levantarme de la cama."

"Buenas noches, querida," dijo cansadamente. En un instante desapareció, corriendo ligeramente por las escaleras. Dejando agua en la alfombra por supuesto, pero aún así corriendo ligeramente. Sabía que su padre no estaba realmente enfadado con ella, después de todo. Temblando como loca dejó el contenedor de cápsulas en su cajonera, tomó un par de pijamas y se dirigió a la ducha. Esto iba a ayudar a su estado mental, estaba segura. Sonriendo anticipadamente por quedar abrigada y cómoda otra vez, se estancó en su camino de relajación cuando encontró que la puerta estaba trabada. La ducha no estaba abierta, pero... estaba cerrada. Otra vez, el genio de Bulma se encendió. Había una sola persona que podía estar en el baño a estas horas de la noche.

Golpeó la puerta lo suficientemente fuerte para asustar a la persona dentro, pero lo suficientemente bajo como para no despertar a su madre allá abajo. Bien medido, aunque no paraba de gritarle al ocupante adentro. "Maldición, ¡¡sal de baño!! No voy a bajar para usar el otro. Así que empaca tu porquería y sal, ¡¡ahora!!" ordenó ella, golpeando en la puerta con sus pequeños puños.

Bulma se detuvo levemente para frotarse sus adoloridos puños cautelosamente, pero eso era todo lo que se necesitaba para hacer abrir la puerta, revelando un casi rizado Vegeta vestido tan solo con una toalla blanca, que estaba agarrada precariamente alrededor de sus caderas. Su cabello no tuvo tiempo para secarse así que colgaba en sus ojos y en su espalda, pasando por el agua que caía de las puntas. Los ojos oscuros capturaron los de ella intensamente, agujereándole el alma.

Los ojos de Bulma se ensancharon y casi cayeron en la alfombra. Entonces, contra su voluntad, volvieron a inclinarse a su posición otra vez. Vegeta sonrió.

"Así que, volviste," remarcó él, cruzado de brazos sobre su pecho aún reluciendo con agua. "Y de buen humor, veo. Aunque te ves como la mierda."

Bulma alejó sus ojos de su cuerpo y lo miró a los ojos. No se había olvidado de su último encuentro, pero eso no quería decir que iba a sonrojarse como una colegiala cada vez que lo viese. O saltarle a los huesos, porque eso era probablemente lo que esperaba él. Sosteniendo sus pijamas en un puño, plantó ambos en sus caderas y continuó mirándolo.

"¿Te molestaría? Realmente quisiera usar el baño ahora," dijo ella, forzando su genio a tranquilizarse. Empujó mechones de cabellos fuera de sus ojos. "Obviamente terminaste tu ducha, así que ve a vestirte a tu cuarto o algo. Tengo frío, estoy cansada y acabo de llegar... así que hazme un favor y no me enfurezcas más."

Él levantó una ceja y hundió su ojo evaluantemente, sin duda notando su apenas suprimido temblor y sus fáciles tambaleos. Bulma sintió la suave brisa de aire caliente del baño golpeándole su frío cuerpo, y sólo incrementó su deseo de estar ahí tan rápido como pudiera sacarse al príncipe del camino. Apretándose los labios, Bulma lo miró secamente cuando él aún no se movía.

"Vamos Vegeta, déjame un pequeño espacio aquí."

Él rió francamente por eso, y Bulma apretó sus dientes. Está bien, quizá eso había sido un poco mucho que esperar. Así que nada más para decir, lo empujó rudamente dentro del baño y caminó alrededor de él, dejando sus cosas en el lavabo. Tuvo que hacerse paso a la fuerza. "Está bien entonces; fuera," dijo ella inflexiblemente. Él comenzó a sacudir su cabeza en diversión, haciendo que las húmedas puntas colgando alrededor de su rostro se desarreglaran levemente. Fue entonces cuando Bulma parpadeó lentamente, luego dejó salir una sonrisa incontrolable.

"Que," gruñó él entonces, mirando su expresión oscuramente. Ella se le acercó, levantando su mano para tocar su cabello con franca curiosidad. Era casi tan largo como el de ella, cuando caía pesadamente con la suficiente agua como para bajarlo de su estado usual. ¡Se veía tan lindo así! Como un león despeinado o algo. Bulma no pudo evitar reír suavemente a la imagen que creó en su mente, aún con Vegeta alejándose de su mano. Su expresión era confusa y seguro que ella se estaba burlando de él de alguna manera, mientras él tomaba su mano así no la acercaba a su cabello otra vez.

"Lo siento Vegeta," sonrió Bulma desvergonzadamente mientras él la miraba, "tu cabello se ve tan lin—"

"No lo digas," la interrumpió, sacudiendo su cabeza exasperadamente. "Tendré que matarte si lo haces." Y con eso, liberó su mano y tomó su toalla firmemente mientras expandía su Ki, secando la gran masa del puntiagudo cabello con una ráfaga segura de su energía azul. Bulma puso mala cara. Maldición, casi deseó poder sacarle una foto así. Ahora había vuelto casi a la normalidad, puntas secas que parecían que no se moverían ni con el viento más fuerte. Se preguntó como demonios el cabello Saiyajin podía ser tan grueso y puntiagudo sin tener terribles nudos todo el tiempo. Vegeta no parecía tener ninguno... pero entonces, ella nunca tendría la oportunidad de cepillarlo o algo. Dejó de lado los pensamientos sin sentido y le sonrió de nuevo.

Vegeta la miró desconfiadamente entonces, pensando que estaba a punto de pellizcarle la mejilla o algo. Luego con una concisa sacudida de su cabeza desapareció del cuarto.

Bien, eso había sido un poco extraño. Pero al menos había tenido lo que quería.

"Genial. Simplemente genial," murmuró mientras secaba su cabello en su cuarto. Su linda, larga y cálida ducha se había transformado en una rápida, corta y tibia ducha. Maldito Vegeta, ¡se bañaba como una mujer! Usando toda el agua caliente que quedaba de esa manera... ¡histérico! Si no fuera porque estaba segura que la mataría, ella... ella le habría hecho algo malo. Raparle la cabeza mientras estaba dormido o algo como eso. O sedarlo y tatuarle un conejito rosa en la nuca. Rió maliciosamente con ese pensamiento. La mataría, cierto, pero maldición que era algo para verse.

Terminando con la toalla, la arrojó a la esquina de su habitación sin mucho cuidado y tomó su peine, desenredándolas mechas con un poco de dificultad. Su mente estaba casi en modo automático mientras lo hacía, sus pensamientos estaban en el príncipe Saiyajin. Las cosas parecían casi normales por el momento, porque ninguno de los dos actuó como si ese beso en la Ciudad del Este hubiese significado algo. Realmente, no significaba nada para ella, si era honesta consigo misma. Pero eso era solo porque conocía la mente de Vegeta, y sería insano creer que era algo más que 'algo tan insignificante'. Pero si se permitiera preguntarse... no. Era mejor no hacer eso, por su propia salud.

Sabía que Vegeta la encontraba lo suficientemente atractiva, y ella sentía lo mismo por él, ¿pero hacerlo algo más profundo? Eso era imposible para ambos dos. Vegeta no tenía espacio en su corazón para algo que no sea venganza o su lujuria por poder, y Bulma era lejos muy inteligente para dejarse herir así por él. Ni siquiera Yamcha la había tenido realmente, y lo conocía desde hace muchos años. ¿Qué posibilidad había que Vegeta mejorara esa clase de historia? No, no había posibilidad que algo más profundo sucediera. De hecho, Bulma ni siquiera pensaba que lo debió haber besado de cualquier manera. Las cosas habían estado bien como estaban, y si Vegeta estaba lo suficientemente contento como para olvidarse de eso, quizá ella dejaría las cosas de esa manera.

Aún si pudiera cambiar todo...

Estaba más deprimida de lo que se sentía al día siguiente. Tratando de decirse que debía estar feliz de estar en casa no tenía impacto en ella, no en un grado importante. No era exactamente depresión lo que tenía sobre la noche antes que la desanimara tanto, realmente era sólo saber que había cometido un error que la molestaba. El hecho que Vegeta se abriera a ella era algo bueno, cierto, pero llevarlo tan lejos estaba mal. La podría volver loca si quisiera, y él era sólo malas noticias. Lo dejaría sólo.

Bien, más fácil decirlo que hacerlo. Él todavía estaba en sus pensamientos sin importar que dijera o hiciera.

Bulma vio muy poco de él en los siguientes días, lo que fue ambos una sorpresa y un alivio. Habría pensado que estaría impaciente por tenerla en la cama, o al menos sólo insultarla un poco. Pero se dijo a si misma que simplemente estaba haciendo demasiadas deducciones. Ella era humana, y objetivamente sabía que en gran parte que era demasiado en materia del corazón. O de la carne. Vegeta era un Saiyajin, y más que eso él sólo se veía así hasta el final. Liberando un poco de tensión, o lo que sea. Ella no era importante para él, y Bulma lo entendía. Era lo suficientemente inteligente como para entender su lugar en sus ojos, sin ser herida por ello. Era probablemente la única gran razón porque sentía un pequeño dolor sobre el pensamiento de dejar su santo cuerpo para tareas más prácticas, como pelear.

Ja.

Pero era fiel a su promesa interna, y lentamente los días se transformaron en semanas, y sorprendentemente las semanas se transformaron en meses. Nunca le dijo a Vegeta la razón de su alejamiento, y su semana de verdadera diversión pareció desvanecerse en la memoria de ambos dos. Aunque probablemente sólo Bulma pensaba en ella como 'divertida'. Aunque tristemente, la sombra que fue Vegeta ya no le hablaba más a Bulma, como no había ninguna razón. Su cámara de gravedad funcionaba perfectamente, su madre preparaba toda la comida para él y el Dr. Briefs hacía cualquier ajuste en los robots que necesitaba. Él volvió a usar su uniforme Saiyajin otra vez por alguna razón, también. Era divertido, realmente. Habiendo hecho su decisión momentos después de encontrarlo en el baño esa noche, y él sabía de su decisión, no tenía que decir una palabra. Era extrañamente incómodo, pero lidiaría con eso. Él había dicho que no esperara nada de él, ¿por qué entonces no se reservaría ella el mismo derecho?

Siete largos meses pasaron, y continuaron como si nada hubiera pasado. Cuan fácil podían las cosas pasar de malas a peor. Pero ella se mantenía. Hubiera sido disfrutable acercarse a Vegeta, y Kami sabía que necesitaba un amigo, pero cuando las cosas habían llegado un paso más lejos golpeaban mentalmente el instinto, el único pensamiento, que la podía hacer volver. Él podía lastimarla. Mentalmente, físicamente. Nunca podría adentrarse en él, porque él no haría nunca lo mismo. Y desde esa noche, desde ese beso, nunca podrían volver a molestarse como antes. Tener esas conversaciones en la cocina en el medio de la noche, tomar chocolate caliente, dispararse uno al otro... o quedarse dormidos juntos, bañados por el suave brillo de la televisión.

Kami, Bulma pensó dolorosamente por primera vez en muchos meses, él no era la única persona que había ganado un amigo. Extrañaba todo eso, realmente lo hacía. Pero era el precio que tenía que pagar por intentarlo. Quizá Vegeta estaba demasiado ansioso por olvidar también, porque creía lo mismo. Y nada, nada, lo haría desistir de su meta de convertirse en Super-Saiyajin y derrotar a Goku de una vez por todas. Ella era una distracción para él. Y para ella, él era un peligro.

Y nunca perdería su corazón por el único hombre que los mataría a todos... en un simple latido de su frío corazón.

Él único sonido en el cuarto era la suave respiración, y el monótono, levemente tonto tecleo del teclado. Su laboratorio había sido completamente reparado desde el accidente de la explosión del láser, y las computadoras habían quedado intactas para sorpresa de todos. En una de esas computadoras en las que se sentaba la científico de cabello lacio, mirando resolutivamente a la pantalla girando en códigos complejos que podían resultar ser los que quería.

Tap, tap, tap...

El sonido parecía hacer eco en su mente. Había estado sentada ahí por demasiado tiempo, pero Bulma no se iba a rendir aún. Tenía la sensación que había roto algo, y era la única vez que ni siquiera caballos salvajes podrían interrumpirla.

"Un poco más," se susurró fieramente, inclinándose hacia su silla. Sus ojos azules estaban enfocados y completamente alerta, asegurándose de no teclear el código incorrecto, y volver al mismo camino al maldito lugar conocido como cuadrado. Había estado trabajando en este retorcido método de desencripción desde hacía un tiempo, y estaba casi segura que ya lo tenía. Yendo hacia la puerta trasera, para hablar, y sabía que si esto no funcionaba, iba a tomar calmadamente un martillo y la iba a golpear hasta transformarla en un montón de mierda. Había muchas más fallas que Bulma Briefs podía tomar con una sonrisa y la voluntad de seguir y tratar otra vez.

Terminó. Todo lo que quedaba ahora era activarla... y esperaba que la entrada no fuera bloqueada por el sistema. Porque, eso sería malo. Y levemente peligroso para su estabilidad mental. Con un tembloroso dedo posicionado sobre la tecla 'enter', escaneó rápidamente lo que había tecleado y tuvo esa nauseabunda sensación de 'oh mierda no te arruines' surgiéndole otra vez. La computadora de King Kold era un equipo realmente importante, que podía tener toda clase de cosas. No podía pagar su uso como un conejillo de indias para su nuevo método de hackeo. Si pudiera ser llamado así.

Mirando su tembloroso dedo, Bulma hizo una mueca. "Maldición, necesito un descanso. Café o algo. Volveré... volveré y presionaré teclas cuando tenga menos nervios," dijo pesadamente, sacudiendo su cabeza por su propia cobardía. Los descubrimientos científicos estaban basados en tomar riesgos, y Bulma iba a probarlo prontamente justo en tanto como merecía el título de 'genio'.

"Tengo tan poco valor a veces," masculló, caminando rápidamente a través del césped, cabeza baja y brazos cruzados firmemente contra su pecho. Estaba realmente frío últimamente, aún siendo mediados de primavera. Las cosas se entibiaban, pero no todavía. El quebradizo olor del invierno todavía estaba en el aire con su natural tenacidad, pero las flores estaban abriéndose en anticipación de un clima más cálido. Pero temblando en su fina blusa, Bulma deseó que se apurara y se pusiera más cálido ahora. Sólo para ella.

Un repentino aroma flotó en el aire para saludarla. Inhalando la esencia familiar de jabón y sudor con una sensación de consternación y recuerdo, levantó su cabeza agudamente para ver una figura cruzando el césped en una errante dirección. Justo hacia ella. Con su mente dejó salir un sonido interno inarticulado y sorprendido, aminoró su paso mientras Vegeta se hacía camino hacía ella.

Oh mierda, oh mierda, oh mierda... ¿Por qué tenía que sentirse tan extraño? había pasado los últimos meses complacida con ocultas miradas en los momentos que él entraba a la cocina para comer, y Vegeta seguía sin decirle ni una palabra. ¿La creía totalmente tonta ahora, o simplemente bajo él? No le sorprendía en lo más mínimo, realmente. Mirando a la forma de su traje de spandex ondeaba secretamente cada paso que tomaba, la blanca y dorada armadura puesta contra el oscuro azul de su traje, ella realmente podía creerlo. Cabeza en alto, orgulloso... de la forma de un príncipe.

Esos ojos todavía le quemaban.

"¿Vegeta?" dijo vacilante, inquisitivamente, inclinando su cabeza levemente mientras se aparecía frente a ella. Su rostro estaba lleno de enojo, lo que significaba que no estaba ahí para cumplidos.

"¿Dónde demonios está el viejo?" Demandó enojadamente. "El tonto se tardó mucho en darme mis nuevos robots." Bulma sabía que su padre había salido con su madre, fueron a almorzar, pero no le iba a decir eso a Vegeta. Probablemente se enojaría aún más sobre el hecho que extrañamente, su padre había hecho algo sin ver las necesidades del príncipe. Se encogió de hombros levemente, sabiendo que los robots probablemente estén en su laboratorio, probablemente terminados.

"Creo que se fue a la ciudad porque tenía que ir a buscar unos nuevos repuestos a uno de los almacenes," mintió suavemente. "Iré a revisar su laboratorio en un segundo, si quieres." No pudo evitar agregar la última parte, sus ojos sonriéndole levemente. Pero su mirada era tan distante como siempre —o casi siempre— era. Fría. Bulma sintió un temblor interno y trató de caminar alrededor de él, pero él se antepuso en su camino.

"No, lo harás ahora," dijo oscuramente. Sus ojos golpeaban mientras perforaban en los de ella con una vieja, y familiar arrogancia. Ella resopló abiertamente.

"Mierda, lo haré."

Él siseó. "Bulma, no me desobedezcas. Sabes que no haré amenazas en vano," advirtió él, aún sabiendo que no la había herido por una larga cantidad de tiempo. Bulma no estaba haciendo caso de sus oscuras palabras de cualquier modo, porque levemente dejó la debilidad a un lado, simplemente no le temía. Cuidado si, pero miedo... no.

"Si Vegeta, esta soy yo obedeciendo tu orden," tosió ella, aún tratando de caminar alrededor de él para dirigirse a la casa. Estaba realmente hambrienta, se había perdido del desayuno horas atrás. "Hemos hablado de esto."

"No hemos hablado de nada en mucho tiempo, humana," dijo rígidamente. Sus ojos se abrieron con su sinceridad, pero él simplemente inclinó su cabeza levemente, estudiándola. "¿Todavía me temes, y por eso huyes?"

Eso no era algo que lo esperara decir. Cruzando sus brazos más firmemente alrededor de ella mientras el viento soplaba levemente, Bulma estaba dudosa de responderle. En cambio, ¿por qué no responderle una pregunta con otra pregunta? Parecía no estar de mal humor. "¿Por qué te interesa Vegeta? No espero nada de ti, como tampoco deberías esperar nada de mi tampoco," le informó, su firme mirada azul sintiendo como era absorbida por su profunda mirada ébano en todo momento.

Él se acercó más a ella. "Eso fue una maniobra evasiva muy pobre si es que he visto alguna. Responde mi pregunta."

Bulma le gruñó. "No, no te tengo miedo, tonto. No lo he tenido por mucho, mucho tiempo. Sólo no quiero—" se interrumpió antes que dijera algo más, haciendo muecas por su propia lengua suelta. Cuan fácilmente podría evadir casi todo de él, aún cuando sabía que no debía. El idiota, ¡como si realmente tuviera mucho poder sobre ella! La ceja de Vegeta se levantó significativamente, su boca se curvaba en una línea determinada.

"¿No querer que?" preguntó calmadamente, esos peligrosos ojos aún quemándola lentamente. Bulma resopló ignorándolo. "No importa," dijo agitadamente evadiendo su pregunta. "No es nada."

Todo lo que tenía que hacer era inclinar un poco más su cabeza.

"¡¿Qué?! ¿Quieres saber?" dijo ella explosivamente, con las manos arriba en exasperación. "No me quiero acercar a ti, Vegeta. ¿Era eso lo que querías averiguar? Tuve un pensamiento de la realidad y me di cuenta que probablemente vas a matar a todos los que amo si terminas derrotando a Goku, ¡y estuve obviando ese detalle todo este tiempo! Porque pensé que Goku te derrotaría. Quizá aún lo haga, pero el hecho está que harías semejante cosa sin remordimiento alguno." Lo que era completamente verdad, lo sabía. ¿Qué clase de persona se había vuelto? Vegeta no podía cambiar; era una de esas cosas que simplemente no pasaban. Y si Bulma hacía algo esperando calmar su maligno corazón, era más que ingenua, y más estúpida de lo que se había considerado alguna vez.

Aún así, esos recuerdos llenaban su corazón y la enterraban.

Pero casi como trató de probar su punto, él rió. Un corto, y fríamente divertido sonido. Sus ojos la golpeaban firmemente, una leve sonrisa se curvaba en sus labios por sobre su ceño fruncido.

"Te crees demasiado moral y virtuosa. ¿Soy el diablo disfrazado? Difícilmente. No quiero tu alma, ni tampoco quiero que tu cuerpo sea mío, Bulma. Pareces creerte mucho más de lo que eres últimamente... quizá, sólo quizá pueda vivir fácilmente sin tu presencia. ¿Has pensado en eso alguna vez?" preguntó mirándola astutamente diciéndole con la mirada que realmente era una tonta. Vegeta podía invertir sus emociones por momentos en giros de 180 grados, pero era enteramente posible que realmente no le importara nada de todo eso.

Sacudiéndose el cabello lejos del rostro, ella apretó sus labios y le dio una llana mirada oscura."Si me creo tan importante, ¿entonces dime por qué demonios me preguntaste la razón por la que me alejé de ti? Por otra parte, si ni siquiera quieres mi cuerpo, ¿por qué sigues mirándome así?" preguntó inteligentemente, viendo como su mirada bajaba por sus hombros, pecho, caderas y piernas como obsidiana ardiente. Luego volvía a la misma altura.

Su boca se endureció, sus ojos miraron fríamente otra vez. "Confía en mi palabra," dijo ásperamente. "No te tocaré. Ya has probado tu valor, Bulma."

Ella jadeó aireadamente. "¿Mi valor? ¿Por qué, no soy nada porque no quiero ir a la cama contigo o algo? ¿Eso es todo? ¿Quizá no quiero morir sabiendo que el hombre con el que me acerqué de tal forma realmente estaba complotado no matar a mi amigo, pero en consecuencia a mi también?" Le devolvió ella venenosamente, sus ojos se veían heridos. Realmente era un bastardo a veces. Ahora, especialmente. No importaba que lo haya llegado a conocer cuando estaba comportándose bien. La intuición femenina venía raramente, pero quizá le había hecho un favor. O quizá había sido inteligente para abrir los ojos y ver lo que estaba haciendo. No había punto de volverse amiga de aquel asesino desquiciado.

Vegeta apretó sus dientes y levantó su puño amenazadoramente, pero Bulma lo corrió de un golpe, luego tomó el duro instrumento de mortal roca fuertemente. "Seh, ¿qué vas a hacer?" siseó ella. "Quise ser tu amiga o algo, pero no tiene sentido. No quiero morir, y no quiero que amenaces con matarme cada vez que digo mi parte."

Los labios se llenaron en las esquinas, pero mordió dentro de su boca para callarse a si misma. Pero era un poco tarde para eso, realmente lo era. Era la idiota más grande en la historia del mundo. Goku le había dicho que tratara de ablandarlo, que trate y quizá pueda influir en sus razones de matar a todos si realmente derrotase a Goku. En cambio se había vuelto su amiga y potencialmente algo más, sólo para darse cuenta que era tonto y ciego por parte de ella pensar que podía algún día cambiar la forma de pensar de Vegeta. Se había hecho su amiga, luego se dio cuenta que se había metido en algo más profundo con él, encontrándose que cuando él no se movía un ápice, ella se perdía en el hombre bajo esa coraza de hielo que lo envolvía. ¿A donde iría ahora? Era una situación de perder o perder para ella.

Sus oscuros ojos estaban tormentosos, nublados como tigres de media noche. La mandíbula tensa mas allá de creerlo, su mirada decía que la habría matado en ese instante... ¿lo hacía? Mientras la mano de Bulma aún se cerraba sobre su puño entre ellos, estaba completamente confundida por la mirada de sus profundos y torturados ojos. Pero no eran torturados por nada que ella haya hecho o dicho, sólo ahora se daba cuenta que siempre eran así, bajo el verdadero interior. Si había una palabra que podía usar para describir a Vegeta, sería esa precisamente. El verdadero Vegeta... estaba torturado. Pero eso no cambiaba nada, aunque su corazón haya crecido y se haya hundido al mismo tiempo.

Él se acercó a ella, con la cabeza inclinada levemente mientras colocaba sus labios cerca de su oído, el fino cabello se movía con cada respiro que exhalaba. Respiraba profundamente, era como estar inhalando su misma alma con el aroma de su piel. Ese sentimiento desconcertante que cada cabello de su cuerpo le hacía sentir estando ahí le decía que cualquier decisión que su mente hiciera, su cuerpo nunca la escucharía. Su mano libre se movió para hundirse en su cabello, dejando su otro puño débilmente presionado contra el de ella.

"Por todo lo que te clamas inteligente..." Le gruñó en su oído, "¿nunca pensaste en la manera de tu propia muerte? Digamos que derroto a Kakarotto; ¿te quedarás sentada aquí y esperarás que destruya todo en este sucio planeta? Llévate al Namek, Piccolo, lejos del planeta, y llévate a ti misma también. Tengo mis propias reglas en esta apuesta, Bulma. Quizá algunas cosas cambiaron... pero soy limitado como tu, ahora. Mi palabra ha forzado a mis propios actos."

Ella reía amargamente. "Por favor no me digas que has desarrollado una conciencia, Vegeta. No ahora. Que si me llevo a mi amigo de este planeta, una cosa queda igual. Matarás a Goku. Y no puede desearse que reviva otra vez con el dragón sagrado."

"Idiota," murmuró él. "¿Quién demonios dijo que quería matarlo? De verdad, sólo quiero la satisfacción de verlo rendido a mis pies, pero no muerto. Eso cumplirá mi propósito por completo."

Bulma pensó seriamente recordarlo diciendo que quería matar a Goku, no sólo derrotarlo. Pero este sujeto podía enfurecerse y enfriarse cuando no estaba haciendo promesas por todas partes. Realmente, estaba un poco sorprendida que mantuviera su palabra hasta ahora. Y le estaba entregando lagunas hechas con sus propias palabras. Vegeta había prometido hacer volar el planeta en un momento de ira, y porque mantenía su promesa ahora tenía que ir a través de eso, ¿aún si no lo quería? Ooh, su cabeza le dolía con solo pensarlo.

Ella le dio una mirada fría. "Entonces derrotas a Goku. Me llevo a todos en una nave espacial, matas a todos en la Tierra. Una vez que estemos en otro planeta y las esferas del dragón se hayan reactivado ahí, deseó que el planeta y todos vuelvan. ¿Entonces qué? ¿Te salteaste aterrorizar a otro planeta con tu ego corriendo libremente? No podemos... no podemos olvidarnos de las promesas—"

"No," dijo firmemente. "Lo dejaremos todo como está. No la desharemos. Además, Kakarotto puede ser tocado por las manos de los dioses cuando peleemos, y ganar. Aunque eso no sucederá," agregó rudamente. "Cuando luchemos, me aseguraré de ganar."

Los ojos de Bulma cayeron sobre el pasto, movido por el frío viento. Él le estaba ofreciendo todo esto... diciendo, mostrándole el camino. ¿Por qué?

"¿Entonces por qué me estás diciendo todo esto, Vegeta? ¿Estás diciendo que me extrañarás o algo?" tosió ella. "¿Qué en realidad no quieres matarme? Como si algún día creyera eso."

"Nunca dije que esa fuera la razón," susurró ásperamente. "Digamos que sabía que necesitarías ayuda para hacer lo correcto."

Sus ojos se ensancharon. Dejando libre su mano, trató de alejarse de él pero su mano libre la agarró de la cintura. La expresión de Bulma era un poco dolida. "Hey, déjame ir," protestó ella, frunciéndole el ceño, solo para hundirse en su profunda expresión. Él le parpadeó lentamente, y ella apenas podía ver sus oscuras pupilas contraerse en el oscuro círculo de su iris.

"Que más quieres de mi," preguntó suavemente, como era de esperar. La mirada de Bulma se ensanchó, iluminada en un vibrante azul por el último brillo del sol a través de una sábana de gruesas nubes. ¿Qué estaba diciendo? Estaba tratando demasiado en encontrar un camino sin romper su palabra. ¿Para qué, su frágil amistad? ¿Un buen revolcón en el césped? Nada valía el esfuerzo que hacía, en sus ojos y en los de él. Simplemente era frío, cuando ella era realista. Lo que era porque no entendía...

"No quiero nada de ti, Vegeta," reveló ella tan tranquilamente como él. "Nada que puedas darme, de cualquier forma."

Sus labios se torcieron. "O tu eres una mujer dura, o ves más en mi de lo que yo mismo veo," dijo él, casi lamentándose. Él miraba más allá de ella ahora, pero no había nada ahí. Su mirada era cerrada, llena de pensamientos. Bulma no pudo evitar sentir el calor alrededor de ella ahora, saliendo de su estómago como cálidas emociones. No sabía lo que era exactamente, pero la hacía sentir mucho mejor... y sólo lo quería más. Bulma se acercó a él, captando su atención nuevamente cuando deslizó su mano sobre su pecho para curvarla alrededor de su cuello lentamente, casi como si supiera completamente el camino de como acercarse a una persona. No estaba segura si fue sólo su reacción, o tenerlo así de cerca le evocaba ese sentimiento de algo nuevo. Descubrimiento.

El beso que compartieron fue cálido y lleno de perdón, algo que no esperaron. Y algo nuevo... algo que estaba comenzando a cambiar en ambos. Bulma se relajó en los brazos de un asesino, brazos que la sostenían segura contra su propio cuerpo con las manos que habían derramado ríos, no, océanos de sangre. Besó la boca de un hombre que había torturado a sus víctimas segundos antes que sus vidas terminaran... Y presionándose contra su musculoso cuerpo como una flor en primavera, porque estaba siendo un arma viviente para usar su cuerpo con toda ventaja.

Vegeta sostenía la fiera, aún la que era amable con él, mientras sentía algo crecer dentro de él. Una emoción embebida profundamente y cerrada estaba... todavía cerrada. Ella no tocaría su corazón ni con todo el poder de la creación. Y aún, cuán fácilmente podía perder todos sus pensamientos cuando la tocaba. Peligrosa, ella era peligrosa. Irresistible... sí, ella era eso también.

Fuego y hielo, pero él no sabía quien iba a consumir al otro antes que las cosas terminaran. Antes que cumpliera su destino.