Disclaimer: Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Un amor alterno
(An Alternate Love)
Un fic de Hella
Traducción por Apolonia.
¿Se suponía que era diferente ahora?
¿Acaso se suponía que Bulma Briefs, la adorada genio del imperio de la corporación cápsula iba a admitir estar enamorada o algo? Eso era pura patraña, y a pesar de los recientes eventos que le hicieron cambiar la perspectiva de él, no había mucho cambio exteriormente.
Una semana después que Vegeta y ella —¿cómo llamarlo? ¿Se arreglaron? Ugh— todo era igual, y aún así tan diferente. La hacía confundirse aún más, y eso no era bueno. La confusión llevaba a la irritación, y una Bulma irritada no dormía bien. El insomnio eventualmente la llevaría a la locura... después de eso venía una meditación profunda de su vida en general.
¿Vegeta causó todo eso? Él se merecía una buena patada en los huevos. Seguramente todo era más simple para él, tenía algo en que enfocarse que eliminaba cualquier otro pensamiento. Patear el trasero de Goku en una pelea. Todo lo que tenía Bulma era ella misma, y eso no era precisamente lo que quería entonces. La confusión no era un amigo que quisiera tener por mucho tiempo más. Pero aquí estaba... oh, sí.
Y ni siquiera tenía las agallas para presionar el botón para activar lo que ella creía que la llevaría dentro de la computadora de Kold. De hecho, toda esa cosa estaba en espera mientras trabajaba con sus propios pensamientos. Hasta ahora le decían dos cosas. Esas dos siendo que meterse más profundo con Vegeta era un error, y que si no conseguía conocer un poco más de él iba a volverse loca verdaderamente.
Estúpida mente contradictoria.
"Maldición," se susurró fieramente mientras miraba fijamente al cielo. En verdad no estaba preocupada por las cosas como estaban entonces, Bulma no era de las que se preocupaban por los pequeños problemas en la vida hasta que se presentaran realmente. Si es que esto se podía llamar un pequeño problema, de todas formas. Finalmente se le ocurrió después de unas horas de relajarse en el sol en su posición en el balcón, que necesitaba una fuente de consejos de afuera. Alguien quien conociera la situación, alguien quien no le gritara por lo que estaba sucediendo.
Bulma se sonrió. Goku.
"¿Bulma?" dijo Chi-chi sorprendida cuando la heredera se presentó en la puerta de la casa de los Son. Su expresión era reservada, pero complacida por la sorpresiva visita al mismo tiempo. Bulma nunca había conocido a Chi-chi tan bien en términos de amistad con el paso de los años, pero siempre había sido agradable con la joven mujer cuando se encontraban. Después de todo era la esposa de su más viejo amigo, aunque para la vista de la mujer de ojos azules era un poco dura con su esposo e hijo. Después de todo, ellos eran los sujetos que la habían mantenido con vida a través de incontables batallas. Aún así, Bulma nunca metía sus narices en lo que no le incumbía. Sus problemas eran los de ellos.
Le sonrió a Chi-chi, corriéndose un mechón de cabello tras la oreja. "Hey, Chi-chi. Pensé en pasar y saludar—"
La morocha arqueó una perfecta ceja, dándole una seca mirada. "Por supuesto, Bulma," tosió bien naturalmente. Sus ojos se encendieron. "No nos has visitado desde que Goku y yo nos casamos. Imagino que quieres hablar con él, ¿cierto?"
Bulma se sonrojó un poco, luego mordió su lengua y le devolvió a Chi-chi una sonrisa. "Nada se te pasa por alto," rió en vergüenza. "Realmente quiero hablar con Goku. Sabes que Vegeta ha estado en mi casa, ¿verdad?"
Entrando en la casa mientras hablaba, Chi-chi asintió. "Si, sabía que lo tenías ahí. Honestamente Bulma, tienes un alma valiente. Nunca haría tal cosa."
"No hay nada de valiente en eso," Bulma dijo torcidamente, entrando. "Más bien insano. Necesito hablar con Goku sobre algunas cosas que hacer con él." Suponía —no, esperaba— que Goku no haya mencionado nada del lío en que se había metido con 'la puesta' a Chi-chi. Eso haría las cosas más difíciles, considerando que casi siempre tenía que pasar a través de Chi-chi para llegar a Goku. Eso le molestaba, a veces. La mujer siempre se comportaba bien, pero podía ir más lejos con la lectura. Y Bulma era mucho más grande como para ser reprimida por Chi-chi.
Lo que por supuesto, sólo le recordaba porque necesitaba ser reprimida. Necesitaba hablar con Goku, sólo preguntarle si esta era la correcta dirección que debía seguir. En todo caso, Vegeta parecía estar haciendo sus propios progresos en cuanto aplacarse de su vieja idea de 'matar a Kakarotto y hacer volar el planeta'. Después de todo, le había dado las respuestas que necesitaba no hace mucho, cuando... oh, eso no importaba. Ahora todo lo que tenía que hacer era tratar y deducir como hacerlo pensar que matar terrícolas no era realmente tan divertido... la idea de dejarlo matar a todos en la tierra con el conocimiento de que ella empezó toda la cosa no le era muy agradable. A veces la culpa la invadía realmente, y no quería semejante carga sobre sus hombros. Aún así pudiera desear que vuelvan.
Morir, aún sabiendo que puedes volver, no era agradable para nada. Y el Dragón quizá no cumpliría tal pedido, el enorme lagarto verde podía ser quisquilloso a veces. Y seguro disfrutaba de dormir.
Chi-chi sólo asintió silenciosamente en respuesta a las recientes palabras de Bulma, dándole una sonrisa y señalando justo a la puerta trasera de la casa. "Está meditando con Gohan, creo. Piccolo estuvo tratando de enseñarles," tosió despreciativamente. "No estoy totalmente de acuerdo con eso, pero si eso los mantiene a ambos tranquilos y a mi cocina libre de su voracidad, estoy feliz."
"Muy cierto," rió Bulma. "debes tener un rato agradable, protegiendo tu comida del apetito Saiyajin."
"Si no lo supiera," suspiró ella, pero sus negros ojos sonreían. "Vamos; haré un poco de té mientras hablas, ¿quieres?"
"Seguro," fue la rápida respuesta. Esto le daría un poco de privacidad mientras actualizaba a Goku con respecto a la materia de Vegeta. No sabía a ciencia cierta, pero Chi-chi daría su bocado si supiera lo que Bulma iba a decir. Y no quería eso.
Caminó enérgicamente a través de la casa hacia el patio, para ver a su familia sentada en el césped con las piernas cruzadas bajo un árbol. Sus usuales gestos tan animados estaban calmos y tranquilos, sus ojos cerrados en un trance meditativo según parecía. Y también, Gohan sentado en la misma posición.
Bulma volteó su nariz en un intento de buscar por el significado de la vida o lo que sea, en cambio golpeándolo fuerte en el hombro para sacudirlo y despertarlo. "Hey, ¡Goku! ¡Despiértate! Tengo algo que hablar contigo." Si la podía escuchar o no era otro asunto, pero Bulma estaba preparada para hacer lo que sea necesario para despertarlo. Sabía cuan pesadamente podía dormir, si era el mismo que había sido desde niño. Supuso que lo era, considerando cuan poco había cambiado.
Aunque no fueron necesarios otros trucos sucios, porque su viejo amigo debió haber sentido su llegada. Abrió un ojo azabache como la noche, la vio y le sonrió. "¡Bulma! Siéntate, te mostraré como meditar. Es bastante relajante."
Girando sus ojos en él, se sentó no obstante, contenta de estar usando jeans y no una falda. "No puedo meditar contigo Goku; necesito hablarte," dijo tolerantemente, disfrutando la sensación del sol sobre su piel y dejando evaporar cualquier irritación que sentía. "Es sobre Vegeta."
Eso le quitó cualquier idea que podía tener sobre meditación. Ambos ojos se abrieron y miraron a Bulma cuando habló sobre su gran sorpresa y curiosidad. "¿Qué sucede? ¿Ha alcanzado el nivel de Super Saiyajin? ¿O simplemente estuvo causándote problemas?"
Ella sacudía su cabeza. "No, no. No ha alcanzado el nivel de Super Saiyajin todavía, y no ha estado causando muchos problemas... si no más bien está haciendo todo lo contrario. Goku," comenzó ella, dándole una mirada aprensiva, "cuando me dijiste que trate de ablandarlo un poco, ¿cuán lejos esperabas que llegara para hacerlo ver la luz?"
Él simplemente le parpadeó, no comprendiendo. "¿Qué quieres decir? Quería asegurarme que no fueras muy grosera con él y te lastimara, y trataras de enseñarle un poco de modales. Lo que sea necesario, supongo. ¿Por qué? ¿Está haciendo lo opuesto?" El joven hombre se rascó la cabeza y frunció el ceño mientras pensó en eso.
"¿Cómo lo harías hacer eso?"
Bulma se encogió de hombros. "Me atrapaste ahí. Supongo que llegué a conocerlo un poco mejor... pero no hice nada realmente. Él mismo lo está haciendo. Pero hay un problema..." se detuvo ante su interrogante mirada, agarrándose con los brazos y sintiéndose una tonta. "Digamos que nos acercamos."
Los ojos oscuros del Saiyajin se ensancharon mientras notó la inflexión que puso en esa pequeña —en realidad gran— confesión. Goku no parecía saber que decir a eso, en cambio echándole rápidas miradas mientras una pequeña sonrisa salió de su boca.
"Bulma, te has vuelto loca," dijo tranquilamente. Extrañamente, no parecía estar bromeando. Si parecía algo era preocupado. "Vegeta no es bueno para las compañías. Si te ve como algo, una vez que se acerquen, te verá como una amenaza. Así funciona él."
Bulma tragó. "Nunca dije que estuviera enamorada de él Goku, sólo que comenzamos a conocernos un poco mejor. Puedo protegerme de él. Pero en lo que estoy pensando es si quizá yo podría... usar esto... para mi ventaja. ¿Podría hacerlo cambiar de parecer si comenzase a confiar en mi?"
El héroe de la Tierra palideció a sus palabras. "¿Usarlo?"
Corriendo el cabello lejos de sus atentos ojos azules, trató de buscarle sentido a la mirada de horror de sus ojos. La emoción se enredó en enfermedad y preocupación con la simple idea. "¿Goku?" Murmuró en confusión. "¿Qué sucede?"
Sus largas manos la tomaron por sus delgados hombros y la sacudieron gentilmente. "Bulma, prométeme que no tratarás de hacer tal cosa. Nunca," dijo fieramente. "Vegeta es muy inteligente, y muy volátil para ser engañado con algo como eso. Y si traicionas cualquier confianza que ponga en ti, aún yo sé que no se lo tomará a la ligera. Déjalo, es todo lo que puedo decir. Yo entrenaré duro, pero no trates de ser el héroe. Quédate en lo que eres buena, ¿está bien?" Le sonrió él.
Sintiéndose profundamente perturbada por las cosas que acababa de decir, lo enmascaró con una fingida sonrisa. "Seguro, Goku. Lo dejaré. Sólo pensé que ayudaría, ¿sabes? Aunque..." se debatió si revelarle la información o no, pero eventualmente lo hizo.
"Vegeta me dijo hace no mucho tiempo realmente que si te derrotaba en la pelea, me llevara a Piccolo lejos del planeta así las esferas del dragón no desaparecían, y deseara que todo volviera después que el hiciese volar la Tierra. ¿Suena eso como el mismo Vegeta que prometió matarnos a todos?" Le preguntó cuidadosamente. "Él mismo me dio la respuesta, sabes."
El rostro de Goku se había puesto cuidadosamente inexpresivo. "¿Él dijo eso?"
"Sí."
Ella no sabía que esperar de él, pero esa expresión controlada no era lo que esperaba. Su amigo Saiyajin frotó una mano sobre su mentón y sacudió su cabeza, y cuando volvió a mirarla su rostro estaba lleno de inesperado respeto. "Entonces estás haciendo lo que yo no pude."
"¿Y qué es eso?" preguntó cuidadosamente. Goku nunca la había mirado con tal expresión antes. Y nunca en algo tan importante como esto. A veces tenía esa mirada seria, y considerando lo que habían hablado —el destino del mundo, la única cosa que podría darle semejante expresión— no era realmente una sorpresa. Aunque era inesperado, fue la admisión que ella estaba haciendo más en la situación de lo que él podía hacer.
Parecía... bastante impresionado. "Le estás enseñando como dejar de lado su orgullo para encontrar la respuesta correcta."
Bulma sonrió por eso. Había estado lista para reír si hubiera dicho alguna porquería como 'le estás enseñando como amar', pero había subestimado que Goku entendiera los pensamientos de Vegeta. Él lo sabía. Y ahora ella también. "Gracias, supongo," murmuró ella, inclinando su cabeza. Casi pudo sentir la cálida sonrisa de Goku adentrársele por el cabello.
El momento fue interrumpido por borborigmos, fuertes sonidos que emanaban del estómago de Goku. "Hombre, me muero de hambre," exclamó. "¿No es hora del almuerzo aún? ¿No quieres quedarte a almorzar?" le ofreció mientras se ponía de pie. Tomándola de la mano la jaló para ponerla de pie con su usual torpeza por no medir su fuerza, lo que resultó en un momento suspendida en el suelo antes de poder aterrizar correctamente.
Mirando al césped inseguramente, Bulma sacudió su cabeza y respondió a su impaciente mirada con una amable mirada de sus ojos azules. "No, está bien. Voy a dirigirme a casa..." retrocedió levemente, sabiendo que cualquier almuerzo en compañía de Goku resultaría en un estómago aún más vacío, y se le rompieron los tímpanos por el fuerte grito de Chi-chi ante sus malos modales. "Dale a Chi-chi mis saludos, ¿está bien? Me voy yendo."
Asintiendo fácilmente, la vio irse. Bulma caminó en silencio por un momento, antes que él la detuviera llamándola. "Hey, ¿Bulma?"
Se volteó a mirar a Goku que la miraba fijamente con una expresión ilegible. "¿Sí?"
"Lo que sea que estés haciendo, sigue haciéndolo. Puede hacer la diferencia, sabes."
Parpadeó varias veces antes de asentir tontamente, girando la cabeza hacia el automóvil. Seguir haciéndolo... ¿podría? Cualquier diferencia que pudiera hacer, ¿valía la locura?
Bulma rió tranquilamente para sus adentros. Sabía la respuesta a eso, siempre la supo.
Sólo que, pensaba en el destino del mundo.
"Está bien," susurró fieramente, mirando fijamente la mirada que la atrapaba. Estaba vacía, muerta.
"Vamos a hacer esto, y no te vas a arruinar otra vez. Trátame bien, y no te destruiré completamente en pedacitos, ¿está bien? Perfecto," dijo en satisfacción.
Presionó el botón de encendido en el monitor de la computadora alienígena que había remodelado. Todavía funcionaba, y un leve hilo de oscuridad apareció con vida, con la luz azul iluminando sus detalles. Era hora que hiciera esto.
¿Qué importaba realmente, de todas formas? Si la computadora se averiaba, no era el fin del mundo para ella, por así decir. Eso fue suficiente para darle el valor para presionar el botón, y ver si se había ganado el derecho de ser la hija de su padre. Además... tratar y equivocarse era una gran parte de la experimentación...
Bulma cerró sus ojos, un arreglado dedo se posicionó sobre la tecla. Si esto no funcionaba la iba a destruir... "Oh, maldición," susurró, sabiendo que no iba a funcionar. Podía siempre asegurarse otra vez que el programa que había instalado tuviera algún error por si acaso. Luego estaría más confiada de hacerla funcionar. "Seh, probablemente eso sea lo mejor," se dijo a si misma, con los ojos firmemente cerrados. Su dedo temblaba. La computadora de Kold era una pieza mecánica complicada, la precisa programación y por sobre todo ajena a ella, podía hacerle respetar el nivel de su tecnología cuando llegó a comprenderla. Si la destruía... nunca se lo perdonaría.
"¿Qué estás haciendo?"
"¡¡Aiee!!" gritó ella, saltando de la sorpresa. Estaba muy metida en sus pensamientos y no notó que alguien había venido. Desafortunadamente para ella, su reflexivo salto causó que presionara su dedo sobre la cuadrada tecla.
Bien, ahora lo había hecho.
"Mierda," se gruñó en disconformidad. Mirando a la pantalla, comenzó a brillar en reacción, pero ningún resultado por apretar el botón se vería por unos momentos. Una hora al menos. Aún así... esto era irresistible, ahora. Su corazón temblaba y se hundía. Levantándose de la silla, se volteó para ver a Vegeta mirándola sin ninguna expresión prácticamente. Eso no le molestaba. Acercándosele le señaló el pecho con un dedo, notando ausentemente que todavía no estaba usando su uniforme Saiyajin y en cambio estaba en shorts y una remera blanca. Apenas era primavera, pero todavía estaba fresco. "Vegeta, ¡¿tienes siempre que asustarme?!" espetó ella. "Si está cosa se me cae encima, te voy a culpar a ti. Fin de la historia."
Él alejó su dedo con un golpecito y la miró con una blanda expresión. "¿En tanto y en cuanto no sea tu culpa?" bufó él. "Cobarde."
Ella hizo un gesto que convenía con un poco de irritación y desconcierto, y le golpeó en el estómago.
Él sólo la miró. "Te sugiero que no hagas eso otra vez, Bulma." Ella giró sus ojos y se volteó a la pantalla de la computadora. Maldición. Bien, por ahora todo estaba bien, de cualquier modo. Se volteó a Vegeta con ojos azules que brillaban fieramente.
"Bien, deja de insultarme y podría dejar de lado el abuso doméstico." Sonrió repentinamente. "Antes que te deje algún moretón."
Pareció encontrar eso divertido, y su oscura mirada se encendió de alguna manera. "Sí, tiemblo ante ti."
Ella sólo rió a su sarcasmo, su irritación se desvaneció cuando miró al monitor una vez más, viendo nada nuevo. Quizá ese pequeño golpe era lo que necesitaba. "Entonces, ¿qué querías, de todas formas? ¿Los robots se volvieron a estropear?"
"Sí."
Ella le frunció el ceño. "Podrías tener un poco más de cuidado con ellos, sabes. Cada uno de esos vale una pequeña fortuna."
La expresión de su rostro no parecía darse cuenta del significado de sus palabras. Probablemente porque ella había ofrecido pagar todo lo que necesitara, pensó para si misma secamente. Bien, duh. "No veo en qué me afecte," dijo frunciendo el ceño. "Tu aceptaste construirlos a cambio de nada, no yo."
"Como si pudieras pagarlos, de cualquier forma," le tosió en respuesta. Su mirada sólo le decía que había más razones que nunca para sentirse tonta por aceptar. Bulma comenzaba a sentirse molesta por toda la 'apuesta' que se le venía a la cabeza. Todo parecía volver a lo mismo, y eso la irritaba a más no poder. Apuesta esto, apuesta lo otro... bla, bla, bla.
"Llamaré a uno de los ingenieros en un segundo. No puedo molestarme en hacerlo yo misma," suspiró. "Arreglar tus herramientas de entrenamiento es tan doloroso como ser cartero, es un mar de infinito trabajo. No que te importe, por supuesto."
"Por supuesto," fue su suave respuesta. Sacudiendo su cabeza en exasperación, mechas de cabello azul caían sobre sus ojos por el movimiento y se alejó de él una vez más, con un molesto silencio y un largo y sufrido suspiro. No que tuviera que sufrir por mucho realmente, pero él podía hacerla sentir casi como si hubiera envejecido una década más o menos. Su lógica y bruta honestidad podían desafiarla a un punto cuando se sentía cansada de pensar.
Entonces otra vez, un simple beso podía hacerla sentir llena de energía y hacerla olvidar de todo a su alrededor. Lo que se balanceaba bastante bien, en su opinión. Aunque realmente evitaba que alguna de ambas sucediera. Tenía la sensación que a él le sucedía lo mismo, aunque eso cambiaría en cualquier momento. Era una razón más por la que ellos no tenían una... relación, a pesar de, una atracción y entendimiento mutuo.
Demonios, quizá eran uno y lo mismo. Quizá, pero aún no se sentía bien.
Bulma se volteó otra vez, pero él se había ido. Era mejor así. Ahora que había suspirado en respuesta casi podía pasar por el mismo Vegeta de antes, solo que no había insultado mucho últimamente. Realmente no pensaba que así funcionase él de ninguna forma. Si había algo que era Vegeta no era un sujeto agradable y respetuoso. Era reservado, pero si te ibas más allá y lo enfurecías, luego tendrías que soportarlo.
Se levantó y miró el reloj en la pared, notando que era bastante tarde, y la luz del sol se tornaba en ese doloroso brillo naranja que denotaba los rayos del día que moría. El punto más lejano del sol se oscurecía a índigo.
La dejaré, pensó enérgicamente. Volveré en unas horas después de la cena y veré como resultaron las cosas.
Eso me dará la oportunidad de despejarme. No entraré en el sistema; ahora tengo que hacérmelo creer. Bulma salió del laboratorio con ese pensamiento en la cabeza, dirigiéndose a la casa. Decidió que un baño sería agradable, había algo de andar por el lugar que la hacía sentirse un poco llena de polvo. Aún cuando era completamente ilógico. Necesitaba relajarse al mismo tiempo, y supuso que sería la forma más fácil de hacerlo.
Sólo unos minutos después se encontraba ahí, enjabonándose con burbujas con aroma a frutilla en su profundo baño. Aunque el hidromasaje estaba apagado; no quería el ruido de ellos y el calor del agua era suficiente para relajar sus músculos. No había visto a nadie en la casa, sus padres estaban en el patio y Vegeta probablemente entrenando... eso o endulzando sus habilidades en el tejido. No tenía idea como era el Saiyajin. Nunca la tuvo, en realidad.
Así que, levantando su cuello en su hermoso largo baño suspiró y se hundió bajo el agua, sintiendo el silencioso cálido roce del agua llevarla a su propio mundo. Abrir los ojos ahí abajo era extraño, todo lo que veía era la blanca forma de las burbujas y el cabello lánguido en el agua, largas mechas entrecruzándose entre si, acariciándole su desnudo cuerpo. Cada momento parecía que el agua se calentaba, pero si se quedaba sin moverse... se sentía como en el espacio.
También se sentía sofocarse. Los humanos no estaban hechos para filosofar bajo el agua.
Levantándose de su posición auto impuesta dio un largo respiro para llenar sus pulmones, relajando cada curva de su cuerpo para enderezarse. Mirándose a si misma, tuvo que reír. Se sentía como una sirena saliendo del mar, o la misma Afrodita. Lo que mostraba cuan lejos estaba llegando su ego verdaderamente.
"Kami, mujer," se dijo a si misma, "mejor se más cuidadosa o superarás a Vegeta en materias de ego." Suspirando otra vez se volvió a hundir otra vez, reclinándose en el cálido receso de su baño. Cerrando sus ojos se entregó a los vapores del cuarto, dejándose rodear por ellos. Casi podía, quedarse dormida ahí...
Que.
Un fuerte, repetitivo sonido contra la puerta la hicieron levantarse tontamente, y sus ojos se abrieron al ver el movimiento que la puerta hacía. "Si vas a dormir ahí, voy a ahogarte," una leve voz del otro lado advirtió. "Apúrate y déjame entrar."
Bulma gruñó. "Vete a la mierda Vegeta, estoy tratando de relajarme aquí. Usa otro baño."
"Demonios que lo haré." El fuerte golpe se detuvo mientras hablaba, pero Bulma sabía que seguía ahí todavía. Se preguntó si haría volar la puerta para entrar... a su padre seguro no le gustaría eso. Lo que quería decir por supuesto que como siempre tenía que rendirse ante la demanda de Vegeta. Convenientemente olvidado aquel incidente meses atrás cuando le hizo lo mismo, mientras maldecía su actitud.
"Mira; sólo dame una hora para dejar el baño. Luego te puedes duchar como desees," le rogó. Él gruñó del otro lado realmente, golpeando su puño una vez más en la puerta. Bulma insultó suavemente en defensa, sabiendo que no se iba a ir. No quería empujarlo a entrar. Tomaría otro baño luego, cuando no tenga que preocuparse por ver todas las necesidades del bastardo. Sacudiéndose, lo llamó a esperar un segundo mientras se ponía una toalla, parándose tontamente en el baño y dejando un poco de agua en el camino. Sacándose el exceso de burbujas de su piel y corriéndose su larga cabellera se paró al borde del baño ciegamente, frotándose un ojo medio enjabonado.
El húmedo piso no ayudó a su posición. Tan pronto como su pie tocó el suelo y encontró equilibrio, un pequeño movimiento llevó a ese mismo pie inmediatamente a resbalarse bajo ella. Con un grito alarmante Bulma perdió completamente el equilibrio y cayó, escapando por poco de un golpe en la cabeza con el lavabo pero golpeándose fuertemente las caderas con el piso.
"¡¿Qué demonios fue eso?!" Ladró una voz del otro lado de la puerta. "¿Bulma?"
Estaba más allá de responderle, todo lo que podía hacer era tomar pequeños respiros entre sus apretados dientes. Por supuesto, el destino había decretado que caería sobre su pierna lastimada, que nunca pareció sanar desde el día que King Kold le había disparado a ella y a Vegeta. El repentino dolor que apareció a través de su pierna fue un resultado impresivo de su rápida caída. Le robó la respiración de los pulmones brevemente. Pero desaparecía, lo que era buena señal, pensó lentamente Bulma mientras tomaba la toalla, tomando una suave toalla de la barra y envolviéndose en ella. Era un extraño y doloroso momento antes que volviese a escuchar la áspera voz llamándola otra vez, y entendió las palabras.
"¡¿Qué carajo está pasando ahí adentro?!" bufó Vegeta. "Respóndeme." Kami, como odiaba que lo mantengan a oscuras.
"Uh..." Bulma dudó sus palabras antes de escupir la verdad, su rostro enardecía. Ella le era transparente, de todas formas... "Me resbalé en el piso mojado." Fue un breve segundo antes de poder ponerse de rodillas, ajustándose la toalla un poco más. Su cadera estaba destruyéndola por el dolor literalmente. Nunca había tenido esa experiencia antes, realmente.
Hubo un extraño silencio del otro lado de la puerta. "Oh."
Encogiéndose de hombros, Bulma hizo caso omiso al silencioso remarque, su rostro se congeló con el sorpresivo dolor mientras agarraba el lavabo y se ponía de pie. Leves maldiciones salían de sus labios mientras un particular destello de dolor recorría su pierna. Demonios, necesitaba ver a un doctor por esa pierna en algún momento.
"¿Bulma?" repitió ásperamente.
"¿Sí?" respondió, dubitativamente. No hubo respuesta de Vegeta. ¿Qué demonios le sucedía?
Enderezándose por completo caminó doloridamente a la puerta, ajustando más la toalla sobre ella. Ignorando el dolor de su cadera por un momento presionó el botón de 'abrir' junto a la puerta con las mejillas ardiendo, viendo a Vegeta levantarle una ceja cuando la puerta se abría. "El baño es todo tuyo," murmuró calmadamente, ignorando el calor que su rostro generaba. Podría haber sido peor, se aseguró. Podría haberla visto caer, más que solo escuchar su grito. Eso hubiera sido inolvidablemente embarazoso.
Sus oscuros ojos se hundieron en su cuerpo por un momento, juntando las piezas de lo que le acababa de ocurrir. "Estás herida, ¿verdad?"
Le asintió sin importancia, lo que le costó mucho. "Quizá un poco," admitió con vaga deliberación. Pero cuando trató de alejarse de él, y él la tomó por las caderas para revisarla... su dolor la atacó instantáneamente y sus ojos llorosos se llenaban de mierda tal y como él lo había predicho. "¡No la cadera!" gritó ella, sacando bruscamente la mano que descansaba sobre su hueso. Él la dejó ir con todo el instinto de una serpiente, con los ojos achicados.
"Idiota," dijo repentinamente. Sus ojos eran duros. "Debes prestar más atención a los movimientos de tus pies, o harás más que obtener un moretón en tu cadera la próxima vez que muestres tu estupidez."
Su cabeza se giró enojada, y lo miró fijamente. "¿Me culpas por caerme? ¡Quizá si no me hubieras apurado a salir del baño, hubiese mantenido mis pasos en lugar de casi fracturarme el cráneo con el lavado! Y además mi cadera está matándome," le escupió. "No necesito tu lectura."
Él cruzó sus brazos lentamente sobre su pecho, y le dio una mirada tan oscura como la noche que hablaba volúmenes lo que él no decía con palabras. Bulma no la interpretó en lo más mínimo, sacudiendo su cabeza en molestia enviando gotas a volar por todas direcciones, incluso sobre el mismo Vegeta. "No te enfurezcas porque tengo razón," dijo tercamente. Luego parpadeó un par de veces cuando él no cambió su expresión, sus profundos ojos zafiro se nublaban de incertidumbre. Una ceja se le arqueaba por la falta de respuesta, antes que pudiera preguntarse ausentemente porque seguía parada en el pasillo desparramando agua por todos lados, esperando una respuesta. Esta no era la forma de ir que ella quería... adivinarlo. Su rostro se preocupó cuando las palabras de Goku flotaron en su cabeza nuevamente. Que siga haciendo lo que estaba haciendo. Bien, bien entonces.
"¡¿Qué sucede?!" siseó ella finalmente. "Maldición Vegeta... nunca podrás venir y decir que es lo que piensas, ¿o sí? No, porque eso sería muy inteligente para hacer. Odio tener que adivinar lo que piensas, ¿sabes eso? Tus malditos silencios, las amenazas y las crípticas remarcaciones que siempre haces hacen que crea que prefieres que me vuelva loca si tuvieras la oportunidad."
Parpadeó una vez, luego giró sus ojos. "Tu elevado melodrama será tu muerte, ¿te das cuenta de eso?" le informó condescendientemente. Los ojos de Bulma se iluminaron con ira.
"No, tu serás mi muerte, ¡imbécil! ¡¡De eso se trata todo esto!!" Ella casi tembló. Su pecho pesaba con la necesidad de liberar la frustración que tenía dentro. Apenas vio la boca de Vegeta con la palabra 'imbécil' silenciosamente a si mismo, probablemente midiéndolo en su insultómetro o algo. Él la miró, pero ella se plantó las manos en la cadera, lo que sólo le causó enojarse más mientras el dolor la mordía viciosamente otra vez. Se sacó la mano de la cadera y se sacudió un poco del agua de su cabello. "¿Por qué sólo no... hablas en otra cosa que no sean acertijos?"
De donde venía eso no tenía idea. Aparentemente la charla con Goku no le había aclarado realmente su confusión y frustración, si este era el resultado. Ella, parada en una toalla que apenas le cubría los pechos y las caderas desafiando a Vegeta dejar de ser la simple cosa que era. Un total y completo enigma.
Lo que sea que vino de esa conversación era lo que ella hacía, nadie más. Eso incluía algunas caídas como resultado.
El hombre frente a ella no dio verdadera indicación de lo que pensaba de todo esto, en cambio la estudió con fríos ojos, calculando sus emociones. Una esquina de su boca se curvó levemente; ¿estaba irritado? Dos dedos golpeaban contra su bícep de acero en una martillante impaciencia, porque sus brazos seguían cruzados sobre su pecho. Irritado y aburrido, quizá. Su cabeza se inclinó levemente a un lado, la luz del pasillo jugaba con sus gestos, sombreando el hueco sobre su pómulo izquierdo mientras sus oscuros ojos la seguían mirando. Se encontró trazando la fuerte línea de su mandíbula con sus ojos, bajo las fuertes líneas de su cuello en un intento de evadir su creciente incomodidad con el silencio. ¿Era tan difícil esperar una respuesta de su parte?
Una leve risa vibró de sus adentros, sonando casi como un ronroneo. Ella parpadeó en confusión mientras sus brazos se descruzaban y tomaba su mojado cabello en su suave agarre, frotando sus dedos sobre las mojadas sienes. Su cabello era bastante largo que no lo estaba tirando con inspección, pero estaba perpleja de todas formas. "¿Qué sucede?" preguntó, su boca se torcía en las comisuras. Ahora vendría el ritual de burlas de su forma humana.
Soltó su cabello, frotándose los dedos mientras la estudiaba. "Ciertamente pides mucho de mí, Bulma. Demasiado, creo. No soy humano como tu; no he vivido como tu. No puedo ser otra cosa más de lo que soy," dijo él, pareciendo extrañamente preocupado. "Acertijos, secretos y amenazas mandaron mi vida... es demasiado tarde para cambiarme. Mejor busca una manera de soportar tu desprecio por ellos."
O sino abandonarlo a su pasado, pensó tristemente. Ciertamente era una víctima de el, aún si se diera cuenta o no. No se arrepentía, no estaba plagado de culpa por matar inocentes, pero estaba lastimado por sus acciones como cualquiera de ellos. Quizá más, todavía estaba lidiando con las repercusiones de semejante vida. Todavía vivía para marcarse por ella.
Suspiró profundamente, y sintió la irritación disiparse mientras lo miraba. Bulma alzó un dedo y lo rozó levemente sobre la curva de su mandíbula, una gentil y suave caricia que parecía no tener razón alguna.
"Necesitas más fe en ti mismo, Vegeta. Como persona. Y no es tan difícil como simplemente decirme la llana verdad... considerando que encuentras bastante fácil insultarme a veces." Sus labios se torcieron en una sonrisa. "Siempre hay esperanza."
Sus cejas se levantaron por un segundo. "Siempre, ¿hm?" dijo con un leve desafiante tono en su pregunta. Ella asintió firmemente.
"Siempre. Después de todo, sin esperanza, mueres." Quitó su mano de su rostro, pero él la tomó en la suya, con sus fuertes dedos capturando sus débiles dedos. Sus ojos giraron para encontrarse con los de ella.
"¿Y qué esperanzas tienes tu?" preguntó oscuramente, escondiendo algo en las profundidades de su mirada. Ella le sonrió, abriendo sus labios por un instante. Su risa fue suave, pero genuina. "¿Yo? Yo... yo espero que puedas descubrirte a ti mismo. Quizá entonces no te burlarás de lo bueno en el mundo tan a menudo."
Él se inclinó hacia ella, sus labios acariciando la sensitiva piel de su cuello por un momento antes de levantar su cabeza, y le dijo palabras directo al oído. "¿Crees que no tengo ninguna?" susurró él, casi inaudible. "Mi esperanza está olvidada, Bulma. Aún así está ahí." Sus brazos aparecieron alrededor de ella de repente acercándola aún más a él, evitando su herida mientras simplemente presionaba sus cuerpos aún más. Era divertido como pensaba que era ella la que nutría su alma, aún cuando obviamente era mucho más fuerte y lleno de palabras de lo que ella era.
Entonces otra vez, pareció necesitarlo.
Era un momento conmovedor, aún cuando las circunstancias que lo llevaron a ser así no eran de lo más idealistas y románticas para la mayoría. Pero lo valía. Era extraño como tan pequeña cosa podía resultar de una conversación profunda que ella había anticipado. Vegeta realmente estaba confiando en ella más de lo que se daba cuenta. Y lo que no había notado era que le estaba enseñando algunas nuevas cosas mientras lo hacía. Sobre él, y la vida en general. Él había ignorado completamente algo que ella había dicho con toda seriedad, y que realmente quería decir algo para ella.
Riendo silenciosamente a la introspectiva vuelta que sus pensamientos habían dado, ella se apoyó sobre él, con su frente descansando contra su mejilla, sintiéndose completamente cómoda con el cercano contacto. "Tienes un agradable método para sacar a mi mente del dolor," le dijo.
"¿De qué estás hablando? Sólo estoy tratando de sacarte la toalla."
Los ojos de Bulma giraron un momento antes de darse cuenta que estaba, simplemente, haciéndole una broma. Su sorprendida risa se reunió prontamente con la suya. "Humana crédula," la regañó después de un momento, su voz llena de diablura. Sus ojos chispeaban en respuesta mientras alejaba su cabeza para mirarlo nuevamente.
"Lo siento, sólo olvidé por un momento que eras un galante y honorable hombre, que nunca pensaría en tomar ventaja de una mujer semi desnuda," dijo irónicamente. Sus oscuros ojos se ensancharon.
"Lo dices como si no fuera verdad," dijo él, y para su sorpresa ella tomó su bromista y herida inflexión en sus palabras. Kami, parecía estar de un extraño humor esa noche. Casi bromeando con ella. Bulma sonrió.
"Está bien, detente. Esto se está tornando muy raro," dijo sacudiendo su cabeza. Presionando sus labios en la esquina de su maligna sonrisa lo besó brevemente, tratando de zafarse de él. Se estaba poniendo frío, y su cabello seguía mojado. Necesitaba secárselo y vestirse antes de agarrarse un resfriado. Sus manos se deslizaron, liberándola lentamente, pero su cabeza se inclinó levemente y tomó sus labios en un beso que no tenían nada de breve o frío. Sonriendo contra sus labios sin vergüenza alguna Bulma le devolvió el beso, sintiendo su mano agarrarle su húmedo cabello, inclinando su cabeza en la dirección que deseaba para profundizar el beso. Aún así, no la tocó de otra manera.
Cuando se separó de ella la sonrisa había desaparecido de sus labios, y unos luminosos ojos lo miraban, mistificados.
"Ahora vete de mi camino; me has retrasado lo suficiente," dijo bruscamente mientras la tomaba de los hombros, volteándola suavemente y poniéndola de otro lado de la puerta. Bulma parpadeó rápidamente, con una pequeña sonrisa jugando en sus labios mientras apretaba la toalla en su cuerpo. Se corrió unas cuantas mechas de pelo tras su oreja, mirando como entraba al baño. "Seguro. Sólo no uses mi acondicionador, ¿está bien?"
Mirándola sobre sus hombros, su rostro se torció en disgusto. "Espero que no estés insinuando lo que creo que estás haciendo."
"Nunca," dijo ella, inexpresiva. Sus entrecerrados ojos estaban calculando los instantes antes que la puerta se cerrara levemente, efectivamente finalizando la conversación. Bulma se sonrió secretamente mientras se hacía camino a su habitación, frotando su adolorida pierna todo el camino. Luego eso la golpeó justo cuando llegó a su cuarto.
Ahí. Él lo había dicho. Esperanza. Aún usada levemente en broma o en su actual declaración, Vegeta tenía alguna. Pero esperanza de que, se preguntó a si misma. Quizá era una cosa más que tendría que descubrir bajo esa coraza protectora que él usaba. Un secreto más. Pero entonces con toda la verdad que reveló, diez preguntas más aparecieron en su mente. Y entonces, entonces, le daría lo que dijo que siempre le daría. Lo que no podía evitar dar.
Acertijos.
Realmente la iba a volver loca, pensó tranquilamente. Sus labios se curvaron, muy levemente.
"Quizá haya una esperanza que lo valga," susurró ella. Bulma lo esperaba. Las cosas estaban cambiando, eso era aparentemente. Estaba cambiando, aún si se daba cuenta o no.
Ella podía verlo.
