Disclaimer: Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Un amor alterno
(An Alternate Love)
Un fic de Hella
Traducción por Apolonia.
"Sólo... no te molestes."
Los ojos de Bulma se ensancharon al ver al príncipe Saiyajin parado en la puerta, y algo semejante al temor la rodeaba. La mandíbula de Vegeta estaba apretada, y algo horrible se reprimía en sus oscuros ojos. Su fuerte mano estaba reflexivamente flexionada en un puño, y honestamente no sabía si quería golpearla o simplemente estaba enojado.
Hubiera sido mejor si no se sentía tan culpable. Como si hubiera sido atrapada espiando, o leyendo un diario. Porque eso era lo que era; una recolección de una época que Vegeta había guardado para si mismo, nunca diciéndole ni una cosa al respecto de eso. Lo que estaba bien... excepto que ella de manera egoísta no había tenido en cuenta su deseo de privacidad y entró en todos los archivos que lo mencionaban.
"Vegeta, yo..." ¿yo qué? Pensó desesperadamente. ¿Lo siento? ¿No quiero que me mates? ¿Soy una idiota? Bulma no sabía que decir, o hacer. Se ponía a la defensiva, ¿o se disculpaba? ¿Había siquiera hecho algo malo?
Él ignoró su titubeo, adentrándose en el cuarto, sus ojos miraban a la oscura pantalla casi hipnotizado por los enormes secretos que contenía, secretos que de alguna forma lo desenredarían. "¿Hay más?" dijo ásperamente, deslizando una siniestra mirada hacia ella. Bulma casi, casi se estremeció, pero en cambio se encogió de hombros y giró en su silla, mirando a la pantalla.
"No lo sé," respondió honestamente, tratando de enmascarar su incomodidad. "Sólo me metí en el sistema hace diez minutos atrás. Vegeta... hay uno más que tiene que ver con el 'Tratado Saiyajin', lo que sea que eso sea."
Por favor no me mates, por favor no me mates, por favor no me mates, pensaba silenciosamente. Pero Vegeta parecía cualquier otra cosa excepto asesino, sus ojos estaban entrecerrados pero intensos, no amenazadores. Y... tenso, de alguna manera. Un tembloroso respiro salió de él, y ella casi saltó cuando su mano agarró su hombro, apretándolo levemente. No fue un gesto de amabilidad en lo más mínimo, pero tampoco fue un agarre enojado. Un leve alivio para ella.
Mientras que Bulma estaba tratando desesperadamente de entenderlo, él le dio una tranquila orden. "Ponlo. Quiero oír esto."
"E-está bien, Vegeta," dijo inestablemente, acercando su silla a la computadora. Su mano aún sostenía su semi descubierto hombro mientras seguía, parado tras ella buscando en la pantalla por ese archivo en particular. No había nada en como llegar a el, ahora. Mientras buscaba por el título, no pudo evitar poner su pie en eso mientras esperaba. "Um, ¿qué fue eso último, Vegeta? ¿Sobre el... castigo?"
Pareció tensionarse, y Bulma esperó miserablemente que le bramase algo. Pero sorprendentemente, respondió. "Que crees," respondió en un tranquilo bufido. "Mi pena por desobedecer a Freezer en esos días. Antes que tuviese un plan... y justo después que el planeta Vegeta haya sido diezmado."
"Entonces estabas enojado con él," murmuró, quizá no tan perceptivamente. "Freezer, quiero decir. ¿Por qué? No te importaba nada de los Saiyajin, tu lo dijiste."
Él gruñó. "Hemos tenido esta conversación antes, maldición. Sólo encuentra el archivo."
"Pero ese sujeto Zarbon... ¿fueron amigos alguna vez o algo?" Agregó ella, despreocupada del peligro. "Él estaba tratando de ayudarte— no entiendo." Eso había sido muy obvio desde el comienzo, él era un enorme enigma. Y eso la enfurecía al máximo. Se suponía que era inteligente, pero él se mantenía confundiéndola sin ninguna dificultad alguna.
Y no le tenía lástima, si algo había ahí era un aura de urgencia sobre él, una que mantenía quebrándose a través de sus negaciones. No se molestaría con ella cuando casi parecía que estaba parándose internamente en precipicio de algo, haciendo necesitar de algo. No tenía tiempo para bromear con ella y escuchar sus preguntas. Vegeta no agregó ninguna otra información que ella pueda digerir. No, él se quedó ahí parado en silencio.
Bulma volvió a lo suyo y se cayó. A veces tenía que simplemente cerrar su boca y ver que resultados traía eso. Empujar a Vegeta resultaba muy seguido en, bien... ser empujada en respuesta. No quería eso.
"Ese," dijo él de repente, y se movió torpemente para poder ver el archivo que había visto hace unos minutos.
TrasferidoBaseFreezerSession21TratadoSaiyajin
Una sensación la inundó, pero se la sacó de encima de manera enojada. Sus labios se apretaban en preocupación mientras inclinaba su cabeza para mirar a Vegeta, sus azules ojos consternados. No sabía que es lo que estaba sintiendo entonces, pero la mezcla de emociones que tenía no tenía porque ser tan fuerte, una simple verdad se le enterraba en ella. Algo iba a cambiar, lo sabía, y Bulma no lo quería.
"Puede no ser algo importante, simplemente podríamos—" comenzó ella, pero su mano se apretó dolorosamente en su hombro, deteniendo toda protesta que pueda venir de ella. Vegeta se hundió en un furioso respiro y la miró venenosamente. No iba a ser engañado.
"Puedes irte si quieres," dijo simplemente, y sus ojos le lanzaron miles de advertencias. "Voy a ver que es lo que se encuentra en esta porquería. ¿Piensas que no puedo manejar lo que contiene?" Había un frío enojo en sus palabras, pero extrañamente no había impaciencia como ella había esperado. Bulma se dio cuenta entonces, con una gran dosis de preocupación, que necesitaba ser empujado para oír esto.
"Lo encontraremos juntos, Saiyajin," dijo firmemente. "No hay forma que me vaya a perder esto. Veamos que es lo que contiene esta cosa."
Y con sorpresiva simplicidad por todas las repercusiones que el acto recrearía, cliqueó en el pequeño archivo.
La pantalla se oscureció, y Vegeta maldijo suavemente, algo que ella no pudo entender. Se inclinó un poco más, cuando las voces hicieron su aparición en los parlantes.
Una sonó familiar...
"Él es fuerte. Una valiosa adición para tu ejército, mi Lord. Deja al planeta Vegeta libre de tu mando... déjalo libre y el será tu soldado de la muerte. Los Saiyajin pronto serán tus mejores luchadores, aparte de los demás."
Una divertida risa. "Pareces pensar muy alto en tu raza. Demasiado orgulloso para lo que son, creo. ¿Qué me asegura que lo que me dices es verdad?"
Silencio. Entonces, "lo has visto entrenar. La promesa brilla en cada fibra de su cuerpo."
"¿Y qué de tu línea de sangre? Eres un rey, y él está en línea para suplantarte cuando llegue tu hora, Vegeta. No pensaría que vas a renunciar a tu único sucesor conmigo."
Otro silencio, este más largo que el primero. "Pediría que vuelva conmigo cuando haya alcanzado su potencial, y en recompensa te daría el setenta por ciento de mi propia super élite. Debo tener un heredero, o el planeta Vegeta se convertiría en un caos."
Una oscura y divertida sonrisa lo siguió. "Y si simplemente... ¿me lo quedo?"
Una fría risa, amenazadora a pesar de la posición de su contra parte. "Se revelaría en tu contra desde el principio, mi Lord. Mi hijo no puede ser mantenido."
Un siseante respiro. "Podría quebrarlo."
Un gruñido. "Tócalo y la ira del pueblo Saiyajin caerá sobre tu cabeza. No vamos a dejar que juegues con—"
Una burlona risa lo interrumpió. "Mi querido rey Vegeta, ¡no podrías detenerme! Pero vamos; seamos pacíficos. Dejemos de pensar en este encuentro... el niño tiene cinco años ahora. Pediría quedármelo hasta que tenga dieciséis. Luego podrá volver. Aunque si es asesinado en una batalla, no hay nada que se pueda hacer por eso."
"Vegeta es más fuerte de lo que piensas. En mente, espíritu y cuerpo. Su orgullo no le fallará." La voz sonaba casi sonriendo. "Acepto los términos que has dispuesto, mi Lord. Vegeta será despachado de su entrenamiento inmediatamente para unírsete."
"Y en recompensa, lo mandaré a su primera misión de purga como miembro de mi ejército. El planeta Vegeta quedará libre."
Una peligrosa risa. "Estamos a tu servicio, Lord Freezer."
"Puedes irte ahora. Vuelve a tu planeta y haz saber esto, Rey Vegeta."
"Así será."
Pasos alejándose, cuidadosamente medidos. El sonido de una puerta cerrándose cuidadosamente.
Una fría risa, oscura y llena de maldad. Freezer estaba complacido.
"Vegeta... idiota ciego. Él es mío hace rato."
El archivo terminó. La pantalla volvió a su usual estado al directorio principal.
Bulma no tenía palabras. Ese había sido el rey Vegeta hablando con Freezer. Sonaba tan parecido a su hijo, sólo una grave, y más fuerte versión de él, debido a su edad. Pero no era nada. Lo que la horrorizó fue la forma que ofreció a su hijo a Freezer por once años... ¿qué clase de padre haría eso? Aún así, si las circunstancias eran tan drásticas como para que lo llevaran a hacer algo tan drástico, quizá había más en eso de lo que había escuchado.
Dios, realmente odiaba a Freezer. Y la asustó, con sólo oír eso. Engañó al rey Vegeta en pensar que acuerdo era mutuo, cuando realmente esperó hasta que el príncipe Vegeta fuera suyo, y luego hacer volar a todo el planeta. Disfrutó haciéndolo, incluso. Sintiendo que fue el golpe maestro de un genio. Ese hijo de puta.
Y eso fue lo que llevó a Vegeta a servir al ejército del lagarto, hasta que fue asesinado. Se sentía enferma de escuchar la viscosa enfermiza actuación como si fuera sincero, sabiendo en todo momento que pasaría después que terminara. No que Bulma sintiera mucha lástima por los Saiyajin, ellos asesinaron tanto como Freezer, pero la decepción era horrible.
Aparentemente no era la única que pensaba eso.
"¡Deha li genuho ssystalahan, Freezer!" Siseó Vegeta venenosamente en una alguna alienígena que no pudo reconocer, pero la pura ira concentrada en las palabras la congeló hasta los huesos. Bulma cerró sus ojos en derrota. Esto era lo que le había tenido miedo, y no sabía como arreglar. La mano en su hombro desapareció instantáneamente, y volteó su cabeza ásperamente para ver su aura de Ki haciendo su aparición a su alrededor en una furia azul por una fracción de segundo...
Murió al siguiente momento, y Vegeta simplemente estaba parado ahí, su mandíbula apretada mientras miraba a sus temblorosas manos. Se apretaron en puños reflexivamente y casi vibró por la repentina tensión, pero cuando su cabeza se levantó y vio sus ojos por primera vez, no había nada más que una pared ahí. Estaba guardándoselo todo para si al costo de lo que podría llamarse casi su cordura. Grandes emociones se le escurrían por sus adentros... Bulma estaba horrorizada. ¿Por qué seguía haciéndose eso a sí mismo?
Poniéndose de pie se volteó hacia él, sus pequeñas manos se apretaron casi infantilmente en la tela de su vestido blanco. Bulma estaba realmente evitando buscarlo. Tenía que hacerlo; había algo de lo que tenía miedo en su rostro.
Lo que la hacía tener más miedo, era que Bulma no sabía que decirle.
Sus facciones estaban apretadas y enojadas, pero parecía haber una desesperada intensidad dentro de él que casi se veía luchando por dominar sus ojos. La voluntad evitaba eso, se imaginaba. Y si Bulma no era la reconocida genio mundial que todos la clamaban, hubiese casi sugerido que también estaba reprimiendo... lágrimas. Con una leve sacudida y constante trago de lo que estaba haciendo, sin mencionar que no la estaba mirando propiamente... tal vez...
No podía ser. Vegeta no podría, no por algo tan pequeño.
¿O si? Para ella, nada enorme había pasado. A él... ¿qué?
A él, su padre acababa de entregarlo a Freezer importándole muy poco su hijo. Por otra parte, para él su padre había prometido atacar a Freezer con la fuerza Saiyajin, si Vegeta era mantenido indefinidamente en las filas del ejército de Freezer. Aunque no importara de todos modos, porque Freezer hizo volar el planeta, mató al rey y se quedó con Vegeta como un juguete. Bulma hizo muecas de dolor, y dio un pequeño paso hacia él. Pero no tenía nada de eso.
"Aléjate de mí," dijo ásperamente, una mano apuntándola para detenerla. Sus ojos se ensancharon cuando él la miró claramente, y su respiración se detuvo. "No lo hagas, Bulma."
"Pero no entiendo, Vegeta," casi sonaba suplicante. Su boca se torcía amargamente.
"Bien," dijo él, "no necesitas hacerlo. Quiero todo en esa cosa eliminado. Elimina todo, Bulma." Su tono era inestable, casi ronco, pero no daba lugar a discusión para ella.
Bien, no tendría una discusión, sólo obtuvo un llano no en cambio. Bulma se congeló, y se volteó hacia él con fuego en sus azules ojos. "No," dijo suavemente. Sus dedos soltándose lentamente de su vestido y cruzando lentamente sus brazos, ella sacudió su cabeza. "No lo haré, Vegeta. No puedes pedirme simplemente que borre—"
"No te lo estoy pidiendo; ¡¡te lo estoy diciendo!!" Le gruñó, esa mortal energía reapareciendo otra vez, envolviéndolo en un enceguecedor poder que tembló en su rostro. La mataría fácilmente, estando tan enojado. "Ahora, ¡hazlo!" gritó él. Y cuando ella tragó valientemente y sacudió su cabeza otra vez, algo se destrozó en sus ojos.
"Entonces," dijo fríamente, sus ojos llenos de vacío dolor y furia, "Lo haré yo mismo. Sálte del camino."
Era suficiente. El llano tono en su voz casi la deshumaniza... sin duda para interrumpirla. Los ojos de Bulma se sorprendieron, pero se paró firme. Había cosas en esa computadora que podían decirle mucho; tecnología que podía ayudar a la gente y— y secretos que le permitirían entrar en la mente de Vegeta. Cuatro archivos le habían dado un mundo de conocimiento; ¿cuántos más había ahí? ¡Las cosas que podría averiguar—!
"No me moveré, Vegeta," dijo firmemente. "No sé que pasa contigo, y no me dices... pero no me quedaré aquí y te dejaré destruir esto sólo para— ¡para que te exorcices de tu pasado! ¡Todos están muertos, Vegeta! Muertos y lejos, ¡y toda esta estupidez tuya no hará nada para cambiar como has vivido!"
"SALTE de mi camino," repitió peligrosamente, un oscuro fuego quemando en su fracturada mirada. Bulma hizo un pequeño sonido parecido a un sollozo y sacudió su cabeza, mechas de cabello volando salvajemente dentro de sus ojos.
"¡No! ¡Te dije, no!"
Luchó para formar palabras en su furia entonces, con muda ira que amenazaba su cordura. "¡¡No entiendes, estúpida!! Tiene. Que. Terminar. Freezer está muerto, ¡¡y también mi venganza se ha ido!! Pero destruiré los últimos vestigios de él y seré libre de todo eso. No más recuerdos, no más sueños. No voy a dejarlo seguir, ningún legado de él va a sobrevivir nunca. Todo... todo excepto yo, su creación más atesorada," dijo ásperamente, y Bulma estaba asolada de escuchar el flagrante dolor en las palabras. Su rostro se endureció. "Me desharé de todo eso."
Temblando visiblemente frente a su ira y confusión, no estaba sorprendida de sentir la humedad en sus mejillas. Nunca lo había visto de esta manera... sus ojos mantenían el vacuo dolor de un animal dentro de ellos. Pero no sabía que le estaba pidiendo. ¿Pensaba Vegeta honestamente que podría mantener una pelea si realmente quería destruir la computadora? ¿O estaba tan desgarrado que no se había dado cuenta de la pequeña verdad? ¿Por qué quería hacer desaparecer del universo los últimos vestigios de su pasado? ¿No debería estar agradado por las últimas palabras grabadas de su padre, quien al parecer parecía importarle después de todo?
Su incoherencia era demasiado inesperada, los separados y al parecer no relacionados fragmentos de sus más sinceros pensamientos le dieron una respuesta. Demasiadas preguntas, y ninguna respuesta a la vista. Seguro que querría deshacerse de cualquier rastro de Freezer, ¿pero al costo de remover una parte de él mismo al hacerlo? Para ser el frío asesino calculador que era... las cosas que decía ocultaban otras cosas en lo más profundo que ella ni siquiera sabía que estaban ahí.
Aún... de manera egoísta se estaba metiendo en su camino, sabiendo que si ella trataba de moverlo nunca lo lograría.
Que hacer...
Bien, eso era simple, o no.
Bulma dejó salir un profundo respiro, y se preparó para dejar ir a lo que pudo haber probado ser el mayor descubrimiento científico hecho hasta la fecha. Sus ojos azules se oscurecieron en derrota sabiendo que estaba haciendo lo correcto, dejó salir un respiro y se alejó de la computadora. "Bien. Sabes que no puedo detenerte, Vegeta." Y sin expresión en su rostro y ni siquiera una mirada en su dirección, lo esquivó y se preparó para ir hacia la puerta. Bulma no quería detenerse para verlo hacerlo. Necesitaba su propio tiempo para digerir lo que acababa de escuchar. Aún si quería decir que iba a destruirlo.
"Espero que nunca tengas que entender porque hago esto," dijo él mientras ella caminaba alrededor de él. Su expresión nunca se alteró ni un poco, pero dentro de ella algo estremeció en sorpresa. Casi sonaba como unas disculpas, pensó vagamente. Deteniendo su camino fuera del laboratorio, se volteó justo para ver la mano de Vegeta emitir un sólido disparo de Ki, algo que disolvió la computadora de Kold como un trueno.
Luego... se endureció. Fue la única forma que pudo describirlo, cuando parecía solidificarse, sin dejar espacio para el desafortunado aparato tras eso. Estaba disuelto, el plástico que lo cubría, revelando complejos circuitos y bancos de memoria que aún no habían sido tocados. El fuerte olor de cables quemados se adentraron en su nariz, el potente hedor hizo lagrimear sus ojos inmediatamente, aunque no alejó su mirada por un instante. Vegeta tampoco alejaba su mirada, sus ojos miraban casi fijamente a la destrucción que estaba creando. Era un gran momento para él... Bulma podía estar feliz por él en ese aspecto. Para su pensamiento, estaba viendo lo que podía haber sido su carrera como una científica quemándose para transformase en nada.
Pero por otra parte, quizá era algo bueno. La Tierra necesitaba tomarse su propio tiempo para desarrollar su propia tecnología. El scouter de Radditz estaba más allá de lo que la Tierra podía crear en ese entonces, pero había sido destruido antes que pudiera hacer mucho más con el. Aunque le había dado la energía y las ideas para hacer otras cosas... y había estado orgullosa porque habían sido sus inventos, no sólo el estudio de uno ya hecho. La computadora de Kold era una repetición de esa época. Viendo algo tan complejo como eso esfumarse... estaba bien. ¿Los archivos ahí dentro? Eran de Vegeta y por eso podía hacer lo que quería con ellos. A Bulma ya no le importaban tanto, —tanto— después de todo tenía algo real a quien preguntarle cosas cuando lo deseara.
Lo único era obtener una respuesta de él. Después de destruir la computadora, después de escuchar ese pequeño intercambio de palabras entre su padre y Freezer... quizá el momento de las confesiones había terminado.
Se encontró asintiendo levemente mientras la luz azul desaparecía, e intercambiando una larga mirada con el príncipe quien tenía mucho que ocultar. Congelando sus movimientos dejó que su tristeza y descontento nublaran su rostro, sabiendo que pronto desaparecerían. No le dolía dejarlo verlos, de cualquier modo. Bulma le echó un último vistazo a sus vacíos ojos y se volteó, dejándolo tener su momento de victoria sobre su pasado, dejándolo tenerlo... solo.
Los pensamientos de Bulma casi alcanzaron el punto de volverla loca.
Por supuesto, el lugar más previsible para despejarse después de esa inquietante tarde en el laboratorio... no era su habitación. Bulma hubiese ido a manejar un poco para aclarar sus pensamientos, pero honestamente sentía que si veía a otro humano sólo sería perjudicial para su frágil estado de ánimo.
Extrañamente, quería estar sola. Algo que Bulma raramente le gustaba.
Era de noche, y aunque la casa estaba tranquila y sus padres se habían ido a la cama hacía largo rato ya, se sentía confinada en la gran casa. En la oscuridad y todavía usando el vestido blanco, —uno que hacía poco por abrigarla del frío del aire, se dio cuenta— Bulma sólo miró a la rectangular sección oscura que residía en el patio trasero.
La piscina, al menos. Un extraño lugar para encontrar consuelo, pero había algo acerca del sonido chispeante del agua y el suave zumbido de los filtros limpiadores que relajaban algo en su pecho, dándole la oportunidad de sentarse y pensar. No se metió; pero al usual estilo Briefs hizo algo extraño, se sentó junto al borde de la piscina y sumergió su pierna izquierda en las profundidades del líquido. Su otra pierna estaba estirada frente a ella, Bulma suspiró y se inclinó sobre sus codos, mirando fijamente al feroz y brillante cielo.
"Paz," le murmuró suavemente al cielo. "Demasiado mal que no pueda escaparme de mi misma." No había respuesta desde el cielo, no había una luz mágica que la iluminara fuera de ahí. En cambio el oscuro cielo sin luna parecía unirse con las estrellas como astillas de hielo, y una ligera brisa suficientemente fría para congelar su descubierta piel en sus brazos la cubrió. No tenía miedo de la oscuridad; usualmente lo tendría pero en ese momento sus propios pensamientos le eran más peligrosos, y eso era una mala señal.
No era una persona introspectiva por naturaleza, en todo casi era superficial y de mal carácter. Todos sabían eso, incluso ella misma. Pero eso era sólo una parta de lo que era. Si quería crear una metáfora de su personalidad, se imaginaría un diamante... con al menos un trillón de facetas que cada una representaba un estado de ánimo.
"Y tan difícil de encontrar," se quejó. "Incluso yo creo que estoy loca."
Al pensar en la locura, Vegeta apareció instantáneamente en su mente. Ahora su personalidad, ¿cómo sería?
Bulma rió suavemente para sus adentros. Esa era fácil. Un agujero negro. Incomprensible, misterioso, y cada tanto equivocado como algo para temerle. No le temía, en realidad no. Simplemente no entendía al bruto, y eso la sacaba de sus casillas. Ella era un genio. Donde algunas personas se sentirían tocadas al escuchar las palabras de su padre ya fallecido hace tiempo diciendo cuán fuerte y resistente era su hijo, Vegeta estaba amargado y enfadado. Pero él siempre era así; completamente insensible a cualquier suave emoción.
No tenia sentido. Bulma no lo encontraba, y no quería rendirse. Aún así, las ramificaciones psicológicas de su torcido pasado eran una cosa. Otra cosa eran sus actitudes. Quería poder. Quería derrotar a Goku.
También la quería... pero Bulma no estaba segura si podría dejarse llevar por su simple deseo, sabiendo todo lo que puede contraer. Era una criatura emocional por naturaleza, y siendo tan abierta podría formar atracciones a sus acercamientos con mucha facilidad. ¿Realmente quería que pasara eso si Vegeta se acercaba? Quizá no emocionalmente, pero el simple hecho de conocerlo, tener su confianza y afecto ocasional querían decir que más acercamientos físicos sólo profundizarían esa unión.
Y luego él la lastimaría. Era simple.
Bien, pensó Bulma tristemente. Voy a tener que endurecer esas paredes emocionales mías. No voy a dejarlo hacer lo que quiera cuando hay una posibilidad que todavía pueda hacer una diferencia.
"Si hay una posibilidad," suspiró ella. "Quizá todo está en mi cabeza. Quizá estoy loca por pensar en todo esto."
"Eso nos haría dos," una cansada voz concordó. Bulma se enderezó completamente, con los ojos abiertos. Pero la sombría figura tan solo se arrodilló a su lado, una extraña silueta en la noche. "Te estás escondiendo."
"Que manera de decir lo obvio, Vegeta," dijo temblorosa, levantando una mano para apuntarle en la rodilla, para estar segura que era sólido y no una sombra lejana. Sus manos tocaron una suave tela, y se imaginó que se había cambiado los pantalones. El aroma de piel limpia y cálida emanaba de él, y a Bulma le costó no acercarse a él. Le gustaba la calidez, y la noche estaba fría.
En cambio, ella aclaró su garganta tranquilamente y se volteó. "¿Te sientes mejor?" Era la única forma que podía describirlo, otra cosa podía ofenderlo completamente. Sorprendentemente, él suspiró y se sentó a su lado, con una pierna bajo la otra.
"¿Por qué preguntas?" respondió duramente, sonando como siempre. Pero no se lo creía. Corriendo su cabello a su hombro rió suavemente.
"Porque estoy preocupada, Vegeta."
A él le impresionó su intento de desarmarlo. Lo escuchó gruñir suavemente en la oscuridad. "Ya sabía eso."
"¿Entonces por qué me preguntas? Deja de actuar como si supieras que pasa por mi cabeza, y luego pedirme que te lo explique," dijo suspirando. "Sinceramente no me importa ahora, Vegeta. Me alegro que hayas limpiado tu mierda, pero pasé meses con esa cosa cuando podría haber hecho otras cosas para mí. Ahora ya no tengo nada en que trabajar, nada que explicarle a papá."
Él movió un hombro casi encogiéndolo. "Ese es tu problema."
La irritación se le curvó en su estómago, y se volteó hacia él con incredulidad en sus ojos. "Sé eso, Vegeta. Sabía que el fracaso era un riesgo cuando dediqué mi tiempo para desbloquear esa computadora. ¡Pero no necesito que tú me lo refriegues en la cara! Quiero decir, ¡mírate! ¿Qué estás haciendo aquí Vegeta, si no estás tratando de hacerme sentir peor sobre la situación?"
Vegeta ni siquiera se molestó en responder, lo que la enfurecía más por todo el asunto. ¿Sólo vino hasta aquí para molestarla con sus respuestas?
"Voy adentro," dijo ella cortante, poniéndose de pie. Pero tan pronto como sacó el pie de la piscina, la mano de Vegeta se levantó para agarrarle el antebrazo. "Hey—"
"¿Qué te hace pensar que estoy 'limpio', Bulma?" le preguntó de repente. Ella maldijo un poco mientras trataba de zafarse, y él no dejaba de aprisionar su brazo. Era mucho más fuerte, y podía herirla fácilmente si lo deseaba. Pero no la estaba lastimando... aún.
Se relajó levemente, volviéndose a arrodillar en una posición más cómoda. No había nada más para hacer. "¿No es eso lo que eres, Vegeta? Creí que era por eso que querías destruir todo en la computadora." Hubo una pequeña suposición dentro de ella que lo hizo dudar de los resultados de sus acciones, lo que la enojaría un poco si realmente era verdad.
"No lo sé," dijo en una suave voz, casi para sí mismo. Vegeta no la estaba mirando, la fuerte silueta de su apretada mandíbula parecía apretarse aún más en la casi inexistente luz. "Algo debió haber cambiado..."
Sonó muy inseguro entonces, completamente sin su usual arrogancia. Honestamente no tenía idea porque sentía lo mismo todavía, sin saber que hacer. Bulma tampoco sabía en realidad, no era una psicóloga para decirle que es lo que estaba mal. Pero había una cosa que la ayudaba con sus problemas, aunque parecía ser lo contrario a lo que Vegeta estaba tratando de hacer, aún así, ese quizá era todo el punto.
"Creo que estás tratando de esconderlo todo, ¿sabes?" Dijo tranquilamente. "Déjalo salir, olvídate de todo. Vegeta, con la vida que has tenido no creo que eso siquiera sea posible. No es por nada que estés tan complicado —sin ofender—, has estado tratando de cortar de ti parte de lo que eres. Es... no tomes mis palabras en esto, pero podría ser la razón porque tu... sueñas con eso." Cuando él la miró ásperamente, continuó ella con más confianza. "Lo haces, ¿o no? Recuerdo esa noche que dormí en tu cuarto, te despertaste quejándote de tus sueños. Y apostaría que no es la primera vez que has soñado con esos días."
Sus ojos eran agudos, calculadores. Pero había pensamientos corriendo tras esa mirada que decían que estaba absorbiendo lo que ella le estaba diciendo. Quizá creyendo lo que había dicho. Soltándole el brazo por un momento usó su mano libre para rascarse el cabello, luego agachando su cabeza para frotarse la nuca. "Todas las noches."
"¿Perdón?" Dijo ella, asombrada.
"Dije, todas las noches. No le temo a los sueños; eso es la marca de un cobarde. Son recuerdos, unos distorsionados," admitió, ciegamente exponiéndosele. Bulma escuchó atentamente mientras él parecía más hablarse a sí mismo que a ella. "Freezer, Zarbon, mi padre, las cosas se repiten en mi cabeza desde los últimos días en el planeta Vegeta. Pero estas cosas... las grabaciones... nunca las conocí. Freezer siempre supo lo que había, el maldito enfermo, y el Rey de los Saiyajin era sólo un juguete para él. El rey, ¡mi padre!" Siseó furiosamente, y sus hombros temblaban de la tensión.
"No teníamos una unión profunda, peno nos respetábamos mutuamente. Cuando me enteré de su muerte no sentí la necesidad de luto; no me entristecí porque la primera cosa que cualquier Saiyajin aprende es que el acercamiento con otros causa demasiado daño. Y la muerte nunca hace una cita con la víctima," dijo amargamente. "Eso estaba bien. ¿Pero por qué los sueños siguen apareciendo, si esto es así? Lo sé... fracasé en hacer lo que era mi destino. No soy el Super-Saiyajin. No maté a Freezer. Estoy condenado a morir tan sólo como un simple príncipe. ¿Cómo peleo mi pasado, si incluso después de haber destruido los últimos vestigios mi mente aún me traiciona cuando descanso?"
Sus ojos se ensancharon, luego se suavizaron mientras se arrodillaba a su lado, mirando a su visible agitación justo ahí frente a ella. Era evidente en la forma en que sus manos volvieron a agarrar su cabello, en la rigidez de sus músculos, en la súplica de sus ojos cuando la miraba. Oh dios, por primera vez Vegeta parecía necesitar su ayuda... y ella no sabía que decir.
Así que levantando lentamente, envolvió su mano gentilmente sobre su puño, sintiendo el apenas reprimido temblor en su forma. Aflojando su mano con conformidad, la corrió por esas salvajes puntas mientras él la miraba con tormento en sus ojos. Con su otra mano le acarició la mejilla, con los pulgares acariciándole la fuerte estructura de sus mentones en silencioso conforte, como si estuviera limpiando las lágrimas que nunca saldrían de sus ojos. Que nunca saldrían en su presencia. Besando suavemente sus nudillos tomó su mano contra su propia mejilla, sus ojos brillando desesperadamente en una manera que esperaba que él no pudiera ver. Dejando salir un respiro, él simplemente la miró.
"No sé que es ser como tú, Vegeta, y no sé nada sobre como has sobrevivido," admitió tranquilamente. "Pero estás demasiado envuelto en la idea de como deberías ser, como debería ser un verdadero príncipe Saiyajin... es como si la única persona que te hiciera sentir culpable de todo eso fueses tu. Nadie te degrada, excepto tú mismo. Eres tan libre como siempre lo fuiste, sólo que no pareces aceptarlo." Un áspero respiro para sus adentros fue todo el sonido que escuchó, en una noche que ya se había ido. Bulma tragó dolorosamente cuando sus dedos se envolvían convulsivamente sobre los de ella, pero continuó. "No sé como puedo ayudarte, Vegeta... pero me gustaría intentarlo. ¿Qué puedo hacer?"
"¿Por qué persistes en tratar de... ayudarme?" le preguntó suavemente, sus ojos mirando vacíamente hacia la piscina. "Desde que llegué me has tratado como a un humano, como a un igual. Sinceramente odio cuando haces eso. Estoy sobre ti... pero heme aquí, escuchándote aliviar mi mente y diciéndome porque soy así. Lo más extraño es que te estoy escuchando. ¿Todos los humanos pueden hacer esto?"
Ella rió tranquilamente, y un poco inconscientemente. "Los humanos sólo estamos más acostumbrados a nosotros mismos, aunque mucho más débiles."
"Hmp. Tal vez, pero eso no cambia nada. Los sueños nunca se detendrán, ahora lo sé." Su cabeza se inclinó a un lado levemente, cuando su mano se deslizó por su mejilla y se acercó a su puntiagudo cabello, pero ella no respondió. Le permitió continuar con su gentil tacto, sorprendentemente sin alejarse o decirle que se detenga inmediatamente. Bulma no tenía nada más para decirle sobre sus problemas; tenía la sensación que si más trataba de ayudarlo más se iba a confundir. Pero él le estaba respondiendo, y eso era una buena señal. De hecho, la mano que se agarraba a la de ella se estaba deslizando sobre la suya, moviéndose para correrle un mecha de su cabello tras su oreja. Bulma se congeló momentáneamente —nunca había hecho algo así antes— pero luego se resignó al placer de tenerlo tocándola de una manera que no era nada excepto suave.
Era sorprendentemente agradable sentir el contacto de sus dedos acariciándole la suave piel de sus mejillas, curvándose tras su oreja lentamente después de alejarse, deslizando mechas de su cabello entre ellos. "Ustedes los humanos tienen un cabello extraño," comentó roncamente, completamente fuera de contexto. "Es suave. Todo en ustedes es suave."
El calor inundó sus mejillas. "Tomaré eso como un cumplido, creo," murmuró tranquilamente, viéndola parpadearle. "No lo arruines."
"No lo iba a hacer," respondió, igual de tranquilo.
Oh. Había algo en la manera que la estaba mirando entonces, que decía que la miraba en una luz diferente. Quizá antes estaba atraído a ella físicamente, impresionado por su capacidad mental, pero el brillo en sus oscuros ojos le dijeron entonces que algo en ella había traspasado una de sus muchas barreras. Que quería decir no tenía idea. Todo lo que sabía era que la mirada en sus ojos había cambiado, y ella mantenía su respiración. Pero cuando sus manos se bajaron para descansar contra su cuello cálidamente, su respiración se escapó mientras él se inclinó para capturar su boca con la suya.
Había algo tan diferente sobre eso esa vez, algo que nunca había experimentado antes. No había brutalidad, urgencia, enloquecida búsqueda o animalismo sobre ese beso. No podía señalar en lo que sea que fuese que había hecho para cambiarlo, para adentrarse en sus defensas, pero todos sus pensamientos fueron dejados a un lado bajo la lenta caricia. Su firme boca acariciándola suavemente, profundizando el beso lentamente antes de alejarse y dejándola inclinarse más hacia él. Sus manos bajaron para agarrar su cintura y acercarla más hacia él, liberándola de su dolorosa posición de estar arrodillada y luchar contra el concreto. Cuando sus azules ojos volvieron a abrirse otra vez estaba controlando un fuerte latido en su corazón, su pecho una cálida pared frente a ella mientras se acurrucaba alrededor de él.
Ya habían estado en la misma sugestiva posición una vez antes, pero no hubo inflexión sexual en ella. Esta vez Vegeta podía mirarla claramente y ver la incerteza en sus ojos junto con la innombrada necesidad. No era carnal, o lujuria, pero algo más de lo que ella necesitaba deshacerse. La cosa más horrible era que no sabía que hacer con eso.
"Estás helada," Vegeta notó lentamente, haciéndola parpadear en confusión. Sus rudas palmas corrían sobre el largo de sus descubiertos brazos, logrando un temblor en ella que tenía muy poco que ver con el mismo frío. Ella se mordió el labio y asintió lentamente.
"Es una fría noche. Pero no quiero ir adentro... además, estás lo suficientemente cálido."
"No tanto como para ambos dos," dijo secamente, haciéndola levantarle una ceja. Él miró al oscuro líquido tras ellos casi blandamente, sus dedos acariciándole los brazos casi ausentemente. Bulma aún seguía sorprendida de la transformación en él. Bien, quizá esa no era la palabra correcta, era más bien un asustante buen humor. Todavía era el mismo viejo Vegeta, y muy lejos de ser un cura profesando su eterno amor por ella. Era tan realista en las cosas como él... ellos no estaban enamorados.
¿Pero qué era? No tenía una palabra para eso, pero sabía que no había amor envuelto en eso. Él la lastimaba, se burlaba de ella... y confiaba en ella. Ella lo insultaba, lo ignoraba, buscaba la importancia de su vida... y lloraba por el dolor que podía causarle. Bulma sabía que se preocupaba por él, también estaba atraída a él, pero ese no era el comienzo de un romance de cuentos de hadas. Oh dios. Era realmente un anti—cuento de hadas, completamente lo opuesto que hubiera deseado para cuando creciera.
Peleaban constantemente, se reían de las desgracias del otro y comenzaban a sentir algo parecido al odio por el otro. Él la asustaba, ella lo confundía, lo enceguecía en algún punto... y aún así estaban para el otro cuando lo necesitaban. Él la ayudaba a tener algunas perspectivas en su vida, le enseñó a no ser tan tonta cuando se trate de dolor. Ella le había dado la comodidad que él sentía que había perdido, desafiado sus ideas de vida, hurgarle la mente hasta que perdiera el temperamento. Él se le había metido emocionalmente, ella se había alejado de él, él la había estrangulado, ella lo había golpeado, habían maldecido hasta quedar con los rostros azules y aún así estaban juntos.
Se conocían mutuamente de una forma más profunda que una mera amistad, porque Vegeta apenas podría entretenerse con ese pensamiento. Bulma podía estar confundida sobre todo lo demás pero sólo podía sentarse y mirar lo que había descubierto. Si no era amor era la peor cosa más cercana: era devoción.
Aunque era sorprendente, pero le golpeó un nervio profundamente dentro de su verdad. Sonaba locamente como un compromiso, y eso no sonaba bien refiriéndose al príncipe Saiyajin. ¿Si era devoción por su parte, y atracción y entendimiento, igualaba al amor por defecto? Por ese motivo, ¿qué era lo que él sentía?
Ella lo sorprendió riendo suavemente, inclinándose para descansar su frente en su musculoso hombro. "Vegeta, debo estar volviéndome loca," dijo ella, derrotada. "¿Puedes creerlo? He enloquecido."
"Puedo creerlo," murmuró él, haciéndola bufar suavemente. Luego pausó. "¿Por qué piensas que te has vuelto loca?"
"Por ti, estúpido. ¿Qué más me volvería loca?" le devolvió ella. Frotando su frente irritada contra su hombro, ella lo dejó salir. "No puedo amarte; no eres como yo."
Vegeta respiró, y quedó en silencio por un largo minuto. Bulma pudo sentir el martilleante latido de su pecho bajo su oído pero se sintió extrañada por lo que estaba diciendo. Kami, sabía que no estaba segura sobre eso, y aún si Vegeta se burlase de ella —cosa que haría— no importaría. Y Bulma hacía mucho que había admitido que confiaba en él. Envolviendo sus brazos alrededor de su torso enterró su rostro en la fuerte línea de su clavícula, junto donde el hombro se junta con el cuello. Mm, su piel olía cálida, pensó en vago agrado. Pero perdió sus pensamientos cuando se apoyó contra ella, su boca sobre la fragancia de su sedoso cabello.
"Tienes razón, debes haber enloquecido," murmuró finalmente. Bulma inclinó su cabeza para mirarlo, con una leve sonrisa en sus labios. Sus manos, las cuales habían estado descansando levemente en sus caderas, le dieron un placentero apretón mientras un extraño brillo entraba en sus ojos. "Aunque... serías la primera, si tal cosa fuese posible."
Su frente se arrugó. "¿Crees que es imposible? ¿Por qué?"
"Soy un asesino," dijo calmadamente. "Demoníaco—"
Bulma se lanzó y lo besó con fuerza entonces, callando su boca con la de ella. Un asesino podría ser, pero no era demoníaco. No había posibilidad de eso en lo absoluto. Cuando trató de alejar su rostro para continuar lo que ella estaba segura que sería otro enfermizo discurso sobre sus acciones, hizo un drástico movimiento y lanzó su peso contra él en un intento de hacerlo caer. Funcionó, y a pesar de su sorpresa y su reflexivo momento ella rápidamente de puso sobre él con un manto viviente, cubriéndolo.
Alejando su boca de sus tentadores labios, le dio una crítica mirada. "Sabes que no creo eso," respiró, tocando sus labios superiores. Era tan solo más completa que la otra, Bulma lo notó con una sonrisa interna. Un poco más cerca, casi le dio una larga mirada, especialmente cuando estaba irritado. Justo como entonces. "Bulma, créelo," le gruñó. "Es lo que soy. Un soldado de la muerte, ¿recuerdas?"
Su ceño se volvió a fruncir, y cerrando sus ojos volvió a enterrar su rostro en su pecho nuevamente. "Entonces porque no me has matado, ¿huh? Porque ya no eres más un soldado. Y nunca fuiste demoníaco... sólo de corazón frío. Hay una diferencia ahí, sabes," le informó desde su pecho tranquilamente, su boca acariciando sobre los descubiertos músculos. No tenía puesta una remera, se dio cuenta. Mmm, agradable. Sus dedos se curvaban alrededor de sus caderas en reflejo por su inconsciente caricia sobre su pecho con sus labios, pero era la única señal que tuvo con respecto a cualquier efecto que podía provocar en él. Bien, había otra más, pero trató de no enfocarse en eso... todavía. Su fuerte respiro movió algunas mechas de su cabello que acariciaron su pecho.
"Quizá algún día me creerás, mujer."
Ella sonrió fieramente al término usado. Algún día. Suspirando de placer mientras sus manos lentamente comenzaron a masajear su espalda, un pequeño pensamiento pasó por su mente. O no tan pequeño, dependiendo de cuando lo mirase. Después, la mujer de lacio cabello supo que se estaría preguntando sobre eso.
"Vegeta, si Goku te derrota... por favor no te vayas," susurró ella. "¿Por favor?"
Él se congeló, sus manos aún contemplando su completo cuerpo. Una fría brisa les llegó de repente, y Bulma pudo oír las hojas cayendo en la vereda cerca de su casa. Su pulso se aceleró un poco más, haciéndole cosquilleos en el estómago mientras su príncipe parecía perderse en sus pensamientos. Hm, pensó cuidadosamente, ¿cuándo comencé a referirme a él como mi príncipe? Su pecho se expandía mientras suspiraba, su respiración era una leve niebla mientras miraba fijamente a las brillantes estrellas que parecían hielos sobre ellos. Vegeta corrió una larga mecha de su cabello por un momento, antes de gruñir suavemente.
"Me quedaré aquí hasta que lo derrote de una vez por todas," dijo simplemente. "Esperaré por toda la eternidad si así debiese."
Algo se iluminó dentro de ella, mezclándose entre tristeza y alegría, haciendo desaparecer el frío de la noche. Aún si lo amaba o no, o lo que sea que él sentía por ella... él acababa de decir que se quedaría hasta derrotar a Goku.
Y Goku nunca perdía.
Vegeta era de ella. Al costo de su interna promesa, que sin decirlo le había hecho a ella. Se quedaría una eternidad si tenía que hacerlo. Ella tenía todo ese tiempo para cambiarle la mente. Una leve, brillante sonrisa iluminó sus facciones mientras levantaba su cabeza, causando un leve fruncido de su ceño en las de él.
"¿Qué?" Dijo fuertemente, pero algo más cálido que su voz le estaba dejando mirarlo y hundirse en sus ojos.
Bulma sonrió ampliamente. De alguna manera, aunque sus fantasías de la niñez habían sido cubiertas más allá del conocimiento y su romance de cuento de hadas había sido pisoteado... tenía su príncipe. Les tomaría mucho de ambos lados para hacer que este amor alterno les funcione, y realmente quería intentarlo. Funcionaría, no importaba a que costo.
Porque la promesa brillaba.
Tenían toda la eternidad.
Inclinándose, Bulma lo besó ardientemente, finalmente sintiendo que le estaba respondiendo como siempre debió haberlo hecho. Acostados juntos bajo las estrellas, siguieron su destino, uniéndose en una noche que había visto demasiado, que había sido testigo de tantas cosas. Así las promesas habían sido hechas, vidas creadas o amores que crecían al mismo tiempo... el tiempo llevaría todo eso a su propio ritmo.
El comienzo de mucho más... y el final de esta historia.
