N/T: Los capítulos salen cada fin de semana, más o menos, como muy tarde, lunes o martes.


Todos los derechos pertenecientes a One Piece son de Eiichiro Oda y sus respectivos propietarios. Tanto la historia original como la traducción están hechas sin ánimo de lucro, solo por mera diversión.

Autora: Seis Fleur

Título original: Five Days To Resist Or Impress

Título traducido: Cinco días para soportar o impresionar

Enlace: s/8493483/6/Five-Days-To-Resist-Or-Impress

Tema: Sin tema

Parejas: Zoro / Robin

Escenario: UA. Sin relación con Midnight Cat.


Zoro y Robin tenían una hermosa amistad :')


Capítulo sexto

Why Do We Like to Hurt so Much

Después de romper con Robin, Zoro pasó de página bastante rápido pese a haber estado saliendo cuatro años con ella. Acabaron bien: dos tazas de café y un extraño apretón de manos. Tras la ruptura, Zoro desapareció cuatro meses y, aunque todos sus amigos sabían dónde estaba, ella les prohibió terminantemente que se lo dijeran pues temía verse de repente en el aeropuerto, en un momento de debilidad, para comprarse un billete cuando le echara de menos.

A su regreso, Robin fue la primera persona a la que llamó y fue a verla al museo el día de la publicación de los nuevos hallazgos en su proyecto. Al final, aquel día, acabaron paseando toda la noche por el parque y hablando hasta el alba. A partir de ese momento, Robin fue la primera persona a la que Zoro llamaba cuando necesitaba una amiga y Zoro, la primera a la que Robin acudía para pedir consejo.

—¿Robin?

—¿Ajá?

—Esto es para ti. De París.

—Oh, guau. Un set de salero y pimentero con la forma de la Torre Eiffel. Gracias, Zoro.

—Bastante guay, ¿verdad?

—S-sí, es guay. Bueno, son un salero y un pimentero con la forma de la Torre Eiffel… Son especiales.

—Sí, mira la base.

—Oh, un dibujo de un pájaro. Qué preciosidad.

—No solo es un pájaro, es un petirrojo (N/T: del inglés «robin»). Me acordé de ti en cuanto los vi. Son bonitos, ¿a que sí?

—Sí lo son. Gracias, Zoro.

Se tiró sobre la cama y de repente echó a reír.

—¿Qué pasa?

—Tu cara es lo que pasa. Si no te gustaban, habérmelo dicho.

—Sí que me gustan, de veras.

—Robin.

—De acuerdo, es un regalo un poco cutre. Podrías haberme traído un colgante con la Torre Eiffel aunque al menos me has comprado algo. Así que gracias, Zoro. Es un detalle.

—Eres demasiado buena.

—Solo intento ser educada.

—Siempre eres así, salvo cuando Brook te pide que le enseñes la ropa interior.

—Es que no me gusta.

—Robin.

—¿Qué?

—Para ti, de París.

Un colgante de oro blanco con dos pendientes. Una pequeña Torre Eiffel y una plaquita con el nombre de Robin grabado.

—Dios mío, es precioso.

—Siéntate, te lo pondré.

—¿Cómo te las apañaste para conseguirlos, Zoro?

—Estuve una semana en París. Bajo mi hotel había una tienda que los personalizaba. Súbete el pelo.

—¿Personalizado? Sí que era verdad que te acordaste de mí.

—Listo.

—Es precioso, Zoro. Gracias,

—No hay problema. Esto… Robin.

—¿Sí?

—¿Qués es esto que tienes en la espalda?

—¿Este regalo fue idea de Annett?

—Robin, contéstame. ¿Esto es lo que ese maldito Croco te hizo?

—Mmm, bu-bueno… Había un gancho en la pared.

—Tres ganchos. Tres ganchos tan juntos que tan apenas pueden sostener tres marcos.

—Me golpeé tres veces en la misma pared.

—Maldita sea, Robin. No me mientas.

—Hacía horas extra y pasaba menos tiempo con él. Se enfadó y… y cogió un clavo de la mesa.

—Y te apuñaló. Joder.

—So-Solo es una vieja cicatriz, Zoro. No-no es profunda.

—Perdóname, Robin. Perdóname por no haber estado ahí para protegerte.

Y dibujó la cicatriz con las yemas de sus dedos. Se le partió un poco el corazón, era como si alguien hubiese dejado caer un cuchillo ahí. Él siempre había sido el guardián de Robin, cuando salían y cuando no. Zoro siempre iba en busca de Robin cuando estaba tontamente ebrio y destrozado, y a su vez, Robin acudía a Zoro cuando se lastimaba tontamente sobre su vida y se sentía destrozada. Volvían al otro porque eran los únicos que sabían qué hacer y cómo consolar al otro.