Todos los derechos pertenecientes a One Piece son de Eiichiro Oda y sus respectivos propietarios. Tanto la historia original como la traducción están hechas sin ánimo de lucro, solo por mera diversión.

Autora: Seis Fleur

Título original: Five Days To Resist Or Impress

Título traducido: Cinco días para soportar o impresionar

Enlace: s/8493483/12/Five-Days-To-Resist-Or-Impress

Tema: Sin tema

Parejas: Zoro / Robin

Escenario: UA. Sin relación con Midnight Cat.


Mi gato Cutty Flam se acaba de tirar un pedo. Vale.

Perdón por este capítulo tan asqueroso… Estoy escribiendo ahora mismo el decimoséptimo y de verdad me estoy replanteando el final. Cuando acabe con Five Days probablemente comience una historia sobre OP que no sea romántica. Me tienta mucho hacer algo así. Si me quedo siempre en el mismo género, se me van a acabar las ideas jajaj.


Capítulo decimosegundo

When You Let Your Heart Win

Zoro besó a Robin un día de Navidad hacía seis años. Estaba oscuro, lejos de la vista de todos, y aunque Luffy estaba presente, estaba demasiado ocupado tragando su cena de Navidad bajo la manta. Robin se puso furiosa por el beso tan repentino, pero Zoro le vio la sonrisita cuando se giró. Se fue mordiéndose el pulgar y durante todo el día no le dirigió la palabra. Zoro no se disculpó tampoco, pero su habitual cena juntos los hizo volver a la normalidad, y él aprovechaba cada oportunidad para tomarla de la mano cuando nadie miraba. Ella siempre se negaba, pero ¿cómo luchar contra el agarre de Zoro? Se necesitaría una fuerza de voluntad sobrehumana. Al final ella se habituó a que él la tomase de la mano y de todos modos tampoco se molestó en alejarse.

Pero un día, ella tomó el bolso de su asiento, sonrió y su mano fue a buscar la de él. Él se quedó de piedra y a ella le llevó unos tres segundos darse cuenta de que le había cogido de la mano sin querer, como si los nervios de su mano y los de su cabeza no tuvieran conexión alguna. Avergonzada, Robin cambió de tema, pero Zoro sonrió como un idiota. Idiota. Idiota. También me quieres, idiota.

—No habrás encerrado por casualidad un gato en tu piso y ha logrado escaparse de tus cadenas de metal con una pistola láser de debajo de sus patas, ¿verdad?

—No, Franky, no tengo gato.

—Bien. Entonces creo que se ha colado él solo.

—¡Ay, Dios! ¿Cómo es el destrozo?

—Tu mesa de café está hecha una pena. Tus delantales también. Y ha dormido en el sofá.

—Ahí va mi sueldo.

—No te preocupes, Robin. Yo me encargaré de la mesa. Luego llamo a Nami y limpiaremos esto.

—Gracias, Franky. Es todo un detalle.

—Ah, tranquila, no es nada. ¿Cómo estás? ¿Estás bien?

—Sí, estoy bien.

—¿Súperbien?

—Sí, Franky. Súperbien.

—Bueno, no suenas tan bien. Eh y no te preocupes por el piso, que yo me encargo de todo.

—Gracias, Franky. Te llevaré algo, te lo prometo.

—Oh, no pasa nada. Haría cualquier cosa por ti, nuestra arqueóloga súperguapa.

—Oh, Franky, qué dulce.

—Bueno, da igual, ¿qué estáis haciendo?

—No mucho, la verdad. Comer, jugar a los bolos, quedarnos en la habitación, hablar… Le va bastante bien.

—¿Sí? ¿Buen trabajo? ¿Buena novia? Todavía no lo he visto.

—Buen trabajo y parece que tiene a alguien especial por ahí.

—Bueno, nada mal para alguien tan introvertido como Zoro, ¿eh?

—Fufufu. Tiene un lado tierno, pero no se le suele ver a menudo.

—Ya, tienes suerte de haberlo visto.

—Tú pronto tendrás tu oportunidad, Franky.

—Bueno, da igual, tengo que irme. Hablamos luego, ¿vale?

—De acuerdo, Franky.

—¡No intentes nada divertido!

Robin siempre le estaba agradecida a Franky, aunque este hombre ya crecidito actuase como un niño y sus ideas raras pudieran ser a veces desconcertantes, podía confiar plenamente en él para llevar a cabo encargos importantes. Dejó el teléfono en la mesa y se miró en el espejo antes de salir del baño.

—Zoro, ¿estás listo para ir a cenar? Vamos... ¿Zoro?

—Espera… estoy buscando… mi… jersey.

—De acuerdo, Zoro.

—¿Lo has…?

—¡Zoro! ¡Ay, Dios, Zoro! ¿Estás bien?

—Solo estoy un poco mareado… y tengo frío. Me tomaré una aspirina.

—Madre mía, estás ardiendo. Deberías echarte.

—Robin, estoy bien. Solo necesito una aspirina y volveré a la carga.

—No tienes buen aspecto, Zoro. Venga, te llevaré a la cama e iré a buscar una toalla húmeda para ponértela en la frente.

—Robin, que estoy bien...

—No seas cabezón. Métete en la cama. Bajaré a comprar la cena, ¿vale?

—Robin… Sopa de pollo…

—De acuerdo, Zoro. Te traeré una sopa de pollo calentita.