Todos los derechos pertenecientes a One Piece son de Eiichiro Oda y sus respectivos propietarios. Tanto la historia original como la traducción están hechas sin ánimo de lucro, solo por mera diversión.
Autora: Seis Fleur
Título original: Five Days To Resist Or Impress
Título traducido: Cinco días para soportar o impresionar
Enlace: s/8493483/19/Five-Days-To-Resist-Or-Impress
Tema: Sin tema
Parejas: Zoro / Robin
Escenario: UA. Sin relación con Midnight Cat.
Lista de reproducción: [[ 8tracks (punto) com (barra) stfflndg (barra) five-days ]]o podéis buscar "Five Days" en 8tracks.
Ya estoy de vuelta tras la ceremonia, adaptándome a mi nuevo trabajo, reuniéndome con alguien a quien quiero tras meses de separación, gastándome demasiado dinero en cinco días, con jet lag, econtrándome con viejos amigos y una sesión de fotos de graduación loca y no planeada en la playa. Está bien haber vuelto.
Espero que disfrutéis este capítulo (: Espero que os acordéis dónde nos habíamos quedado. Si no, bueno *poniendo voz de hombre de la tele* en capítulos anteriores de Five Days. Insertando escena a escena. Entra la escena de Nami "¿No tienes algo que contarme de tu amiga Annett?". Entra la escena de Franky "Vuelve pronto, Robin. ¡Te echamos de menos!". Entra la escena de Zoro y Robin "Cuando acabes, ¿podemos hablar?"
Capítulo decimonoveno
While You Were Here
―De hecho, hay algo que quiero contarte.
―¿Sobre qué?
―Sobre Annett.
Robin se quedó helada pero siguió sentada en el sofá con su top blanco y sus pantalones cortos de algodón. Todavía estaba un poco húmeda después del largo baño y todavía estaba un poco indecisa sobre sus sentimientos hacia el peliverde. Pero justo cuando había decidido vivir el momento y dejar el corazón aparte para no quedarse con Zoro ni para que Zoro la pisoteara, de repente sacaba el tema de Annett. ¿Cómo se suponía que debía sentirse? ¿Bien?
«Si se supone que me debo sentir bien, ¿por qué tengo ganas de arrancar el relleno de este cojín, joder?»
―¿Tienes frío? Estás apretando muy fuerte ese cojín.
―Ah, lo siento. Sigue. ¿Qué pasa con Annett?
―Me gusta.
Puñalada.
―Huele bien, como a flores; lee libros; enseguida le fascinan las aventuras y a veces es todo un misterio.
Puñalada. «¿Celos?»
―Es extraña y asombrosa, no sé. Oscura y brillante. Agh, no sé cómo explicarlo. Pero ya me entiendes.
«Sangre hirviendo a 170ºC. Sonrisa falsa. Sonrisa falsa.»
―A veces habla como si todo el mundo fuese a morir, pero siempre está tranquila. ¿No es rara? Creo que es maravillosa.
―Seguro que lo es.
―Y su pelo huele bien. Robin, quiero que la conozcas.
―Yo también.
«¿Puedo cargármela?»
―¡Genial! Porque está en casa de Nami ahora mis…
―¿Sí, Zoro?
―Sí, ella…
―Quiero decir, ¿en serio? Hace dos o tres horas me estabas diciendo que esperabas que acabásemos juntos y ¿ahora te sientas ahí tan tranquilo y me dices que te gusta tu encantadora mejor amiga alemana y que quieres que la conozca? ¿Qué pasa contigo, Zoro? ¿Sabes por lo que tengo que estar pasando para estar metida en la bañera durante horas intentando no ahogarme? ¡¿Qué cojones te pasa, Zoro?!
Sonrió. Tenía la misma cara de enfado que cuando miraba a su antiguo jefe Spandam, pero él sonrió.
―Que te den. ¿A ti qué te pasa?
―Estás fatal cuando te enfadas.
―¿Qué…? ¡Tú estás fatal cuando hablas de Annett!
―Eres graciosa, Robin.
―No puedo más con esto. ¡Me voy a la cama y a primera hora me haré la maleta y me iré! No puedo quedarme más tiempo contigo, solo me das migrañas. ¡Y esto! ―Robin hizo un gesto como sacándose algo invisible del pecho, del tamaño de su puño, e hizo otro gesto haciendo añicos el corazón imaginario del tamaño de un puño. Se tocó la barbilla y dirigió sus dedos hacia Zoro con la palma hacia arriba, era el signo en lengua de signos para dar las gracias.
―Robin, vuelve aquí.
―No pienso escuchar más mierdas sobre tu…
―Robin, ¿quieres ver una foto suya? Tengo una en el móvil, mira.
―¡Eres idiota!
― Robin, hazlo por mí, por favor.
«Ignóralo.»
Saltó a su cama y se hundió bajo el grueso edredón. Estaba enfadada. No, más que eso. Furiosa. ¿Por quién la tomaba Zoro? ¿Por un chiste? ¿Por alguien a quien fastidiar? Zoro no era así. Pero aun así, ¿qué le pasaba? ¿Por qué se comportaba tan raro?
―Oi, abre los ojos, mujer.
―No me interesa…
―Solo mira.
«¿En serio, Zoro?»
―No… No recuerdo que me hicieras esa foto.
―Porque no eres tú, tonta. Es ella.
―¿Esta es… Annett?
―Sip. Y la próxima vez no me insultes y te vayas corriendo a la cama antes de dejarme decirte por qué me gusta.
―¿Por qué? ¿Porque se parece a mí y te recordaba mí? Muy gracioso, Zoro.
―Y me recordaba por qué tenía que estar contigo, tonta. Me recordaba todo lo que amo de ti. Eres una tonta. Te quiero, tonta.
