Disclaimer.
Los personajes de Naruto aparecidos en estos párrafos no me pertenecen, son obra y propiedad de Masashi Kishimoto. Esto fue escrito sin fines de lucro.
Leyenda.
Narración. – Primera persona.
–Diálogos–
"Pensamientos"
Recuerdos y/o Sueños
Especificaciones.
Resumen. – "La Montaña de los Dioses, era el lugar donde se dice habitaban espíritus malignos. Allí al final de la escalera de piedra, bajo el arco de madera, comenzamos a mirar hacia el verano."
Rating. – T
Género. – Romance, Slice of Life, Family, Friendship.
Capítulos. –La historia comprende un largo de 10 capítulos exactamente.
Pareja. – Principal. Uchiha Sasuke x OC. Secundaria. Uzumaki Naruto x Hyuuga Hinata (NaruHina), Uchiha Fugaku x Uchiha Mikoto, Uchiha Itachi x Haruno Sakura (ItaSaku).
Universo Alterno.
Banda Sonora.
1. Ojichan no Tenohira. Artista. Makoto Yoshimori. Álbum. Hotarubi no Mori e OST.
2. Sonzou Forest. Artista. Jin (Shinzen no Teki-P) ft. Yoshida Takumi (Phatmans After School). Álbum. Mekakucity Actors Bonus CD Vol. 10.
Natsu wo Miteita
.
Solté un bufido de frustración.
Odiaba el hecho de tener que estar sentado en el pasillo de la oficina del director, todo por causa de un lío que yo no empecé.
Fruncí el ceño al tiempo en que apretaba mis manos en puño, del puro coraje.
Todo era culpa de Uzumaki Naruto.
3
— El comienzo del cambio entre tú y yo —
–おれときみの間の変化の始まり–
Cuando ya habían transcurrido tres semanas de haber iniciado el quinto año de primaria, a mi clase llegó un niño nuevo.
Aunque yo no lo consideraría un ser humano en primer lugar.
Venido de la capital, con un inusual físico consistente en un rubio cabello, un par de ojos azules junto a una sonrisa estúpida y gamberra, Uzumaki Naruto se presentó a la clase y la escuela entera.
Él era uno de esos niños que sólo traen problemas y malas noticias a sus padres, ya sea por sus pésimas notas o por los líos en los que regularmente son los protagonistas. Escandaloso, buscapleitos, falta de respeto, asqueroso, impulsivo, fastidioso y retrasado eran adjetivos que le iban como anillo al dedo, y la lista podría seguir, porque era infinita.
Durante clase solía dormir, jugar un videojuego, leer manga, comerse su almuerzo, fastidiar al profesor, lanzar papelitos, todo menos copiar y prestar atención a la materia. También había roto el récord de mayor número de idas con el director y al salón de castigo.
Pero eso no me importaba, sus idioteces me daban igual hasta el día en que decidió meterse en mi camino.
Fue a mitad del curso, yo estaba llegando a la escuela y como todas las mañanas un coro de niñas molestas se me acercaban para decirme los "buenos días" con sonrisas bobaliconas, cuando en el medio del patio de entrada, con los brazos cruzados sobre su pecho, en una pose gamberra y altanera estaba Naruto.
—¡Uchiha Sasuke te reto a un duelo!—
Con el ceño fruncido y una cara de pocos amigos lo observé durante un par de segundos, pero preferí ignorarlo y con las manos en mis bolsillos continué con mi camino, pasándolo de largo.
Eso pareció enojarlo.
— ¡Oye! ¡Te estoy hablando!—
Detuve mis pasos y giré mi rostro para verlo por encima de mi hombro. Tenía toda la cara contraída en una rabieta infantil, el cuerpo tenso y sus manos en puños.
—Hmp— solté correspondiendo a la mirada fija que me dedicaba.
A nuestro alrededor los demás niños se iban acercando para saber que sucedía, porque claro, involucraba a Naruto y él era un experto en llamar la atención.
Atención que yo no quería.
— ¡¿No me escuchaste?! ¡Te reto a un duelo!—
— ¿Y?—
— ¿C-cómo que "y"? ¿Vas a aceptar?—
—No, no me interesan los estúpidos retos de alguien con tan poco cerebro como tú—
Lo miré fríamente unos segundos y luego volví a retomar el rumbo al salón de clases, molesto por los susurros que comenzaban a circular entre la audiencia que se había formado.
Pésima decisión.
Porque había soltado el seguro de la granada y ahora Naruto se había abalanzado contra mí, cayendo al piso y comenzando una pelea entre ambos.
Propinando patadas, golpes e insultos al otro, éramos animados por los gritos de los demás niños, atrayendo aún más la atención y finalmente la llegada de los profesores. Pero para cuando llegaron de un puñetazo había derribado a Naruto que ya volvía a ponerse en pie.
Obstinado a no perder frente a todos.
— ¡Estúpido teme! ¡Ya verás la próxima vez te ganaré~ttebayo!— declaró apuntándome con el dedo mientras era refrenado por el profesor de deporte y me amenazaba con la mirada.
Yo lo observaba cabreado al tiempo en que la mano pesada de otro profesor caía en mi hombro.
Esa sería la primera de las muchas peleas que siguieron.
Naruto me había proclamado su enemigo mortal y estaba determinado a derrotarme en cada uno de los retos que se le ocurrían al calor del momento.
Sus retos pasaban desde peleas, a ver quien comía más rápido, a competencias en la clase de deporte, escalar un árbol, aguantar la mirada, en fin cualquier cosa. Y no sólo se conformaba con los días de escuela, no, todos los fines de semana sin falta, Naruto pegaba un grito a las seis de la mañana en la puerta de mi casa para retarme nuevamente.
Una y otra vez Naruto con su estupidez, volvían a arremeter como un tornado a toda velocidad pero una y otra vez, yo volvía a quedar como el vencedor.
Era un pelmazo.
Hoy, el último día de clases antes de las vacaciones de verano de mi sexto año de primaria, las cosas no habían sido diferentes.
Justo en la mitad del discurso de verano del director, en frente de todos los alumnos y profesores, Naruto había vuelto a hacer de las suyas arrastrándome a mí en el proceso. Por eso él estaba con su representante dentro de la oficina del director y yo en el pasillo esperando a que dictaran mi sentencia.
Como lo detestaba.
Entonces escuché unos pasos que se acercaban por el pasillo, cuando alcé la vista en su dirección, mis ojos se abrieron de par en par y me sentí aún más ofuscado.
— ¿Qué haces aquí?— pregunté frunciendo el ceño al recién llegado.
De pie frente a mí, se encontraba mi hermano mayor con esa típica aura serena que le define y el uniforme de la preparatoria aún puesto.
—La escuela llamó a nuestro padre y él me pidió que viniera en su lugar— me explicó con voz neutral y mirándome con unos ojos tan negros como los míos.
Sentí como se formaba un nudo en mi garganta al tiempo que desviaba mí vista a mis pies.
Eso era más que genial.
Mi padre no era de esos hombres que te regañan a gritos e imponen castigos, no, él sólo tenía que darte una mirada, una única mirada para silenciarte y era peor que un golpe en el estómago. Algunas veces sentía que ese tipo de miradas sólo las reservaba para mí.
Normalmente nunca podía verlo, porque siempre estaba ocupado en la oficina o encerrado en su habitación orándole a mi madre pero en esos escasos encuentros en los que nos cruzábamos por los pasillos de la casa, él siempre me veía con esa mirada silenciosa.
Itachi era tal vez el único motivo por el cual las cosas no eran incómodas, con su actitud pasiva y amable podía juntarnos a los dos en una misma estancia sin que se sintiera como algo malo.
Con mi hermano era la única persona, con la que tal vez, había visto a mi padre hablando. Y no importaba lo bien que me fuera en clases, o los pocos problemas que trajera, mi padre nunca me dirigía la palabra.
Entonces sentí los dedos de mi hermano darme un golpe en la frente, una manía que siempre hacía conmigo.
Me llevé ambas manos a la frente y lo miré entre confuso y molesto. Él se había agachado para estar a mi altura y me daba una pequeña sonrisa.
—Descuida Sasuke, todo saldrá bien—
—Hmp— solté desviando mi rostro pero sintiendo mis orejas calentarse en el proceso.
A veces creía que Itachi tenía alguna especie de sexto sentido o una habilidad sobrenatural de conocer los pensamientos de las personas y su estado de ánimo.
El ruido de la puerta abriéndose llamó la atención de ambos, haciendo que nos pusiéramos en pie. De allí salió un hombre bastante alto y de larga cabellera blanca, halando de la oreja a un Naruto quejándose y pataleando en el proceso.
Al vernos el hombre inclinó su cabeza a modo de saludo y Naruto me miró asesinamente con sus ojos azules.
—Cuando vuelva de viaje al terminar las vacaciones, te haré papilla— me declaró señalándome y haciendo caso omiso a la presión tirante de su oreja.
Sentí cierto alivio en mi pecho, recordando que ese idiota siempre viajaba para los feriados o períodos vacacionales.
No me molestaría en el verano.
Yo sería libre de ir a la Montaña de los Dioses, y volver a verla a ella.
—Ya pueden pasar— dijo el director asomándose tras la puerta abierta.
Ambos entramos y el hombre tras su escritorio procedió a darnos una charla sobre la moral y la educación, sobre el respeto a las normas de la escuela y ese tipo de cosas que suelen decir los directores.
Debido a que era la primera vez que yo estaba metido en un problema de "semejante magnitud", lo dejaría pasar y sólo se pidió que en los pocos meses que me quedaban no volviera a repetirlo.
Pidiendo disculpas —obligatoriamente, y aceptando las condiciones que se habían dicho, la reunión fue corta y pudimos ir a casa.
La luz anaranjada de la tarde pintaba las calles por las que caminábamos, siendo de vez en cuando reconocidos por algún ciudadano que se encontraba por allí. Porque aun cuando hubieran pasado doce años desde la muerte de mi madre, esta pequeña ciudad simplemente no podía olvidarlo.
Lo más probable es que el caos que había creado Naruto el día de hoy, sería escuchado por todos e incrementaría los rumores y el tamaño de la maldición familiar.
Caminando con las manos en mi bolsillo y la mochila a la espalda, chasqueé la lengua molesto.
Ese idiota de Naruto ya me las iba a pagar. Porque con lo rencoroso que era, no se lo iba a dejar pasar.
Lentamente la ciudad se iba quedando atrás y era reemplazada por la vegetación silvestre que crecía de forma desordenada a ambos lados del camino de asfalto. Y a cada paso los faroles en pequeños titileos comenzaban a encenderse.
Para cuando llegamos a casa, la noche se había cernido sobre nosotros y el ver las luces apagadas, indicaba que nuestro padre no había vuelto aún.
Solté un suspiro de alivio.
— ¡Ah! casi se me olvidaba— dijo Itachi en el instante en que me quitaba los zapatos en el recibidor, mientras hurgaba entre las cosas que había en su bolso de la preparatoria.
No entendía que era tan urgente como para que yo tuviera que esperar.
—Ten, esto llegó en la mañana cuando estabas en la escuela— me explicó sacando un sobre blanco y entregándomelo —padre me dijo que era para ti—
Lo miré confuso y parpadeando un par de veces le di vuelta al sobre para ver la dirección.
Mi corazón latió violentamente al reconocer el nombre garabateado en el destinatario, y sin esperar a que mi hermano dijera nada más, salí corriendo a mi habitación.
Cerré la puerta y tiré mi mochila al suelo, mientras comenzaba a buscar por una tijera con movimientos ansiosos y acelerados. Pero al no encontrarla decidí romper yo mismo el sobre y del hueco apareció una carta doblada en tres partes.
El papel era de un tono verde pastel y en los bordes estaba decorada con pequeñas caricaturas.
Era una carta de ella, de Shiragiku Kurumi.
En el verano del año pasado, a ella se le había ocurrido la idea de comunicarnos a través de cartas para así estar en contacto durante los meses en que no nos viéramos.
Usualmente sus cartas solían venir en papeles de diferentes colores, con dibujos de flores o animales en los bordes y siempre estaban llenos de su escritura. En ellas, Shiragiku solía escribir todo aquello que le hubiese pasado en esas semanas, días u horas. Y al tiempo en el que las leía podía imaginarme el sonido de su voz, hablándome hasta por los codos.
En cambio, mis cartas eran cortas y precisas, respondiendo a las preguntas que ella me hacía en las suyas y contando alguna que otra cosa que me hubiera ocurrido porque hablar o expresarme no era lo mío. Ella siempre solía quejarse de eso.
Habían pasado ya dos años desde que nos habíamos prometido al pie del arco del templo, que nos veríamos todos los veranos.
Y durante ese tiempo siempre esperaba ansioso para verla.
Porque de alguna forma, ella siempre se las arreglaba para ser tonta, extraña, fastidiosa, torpe, y parlanchina. Porque sus sonrisas al igual que sus enojos eran diferentes a mis ojos y aunque yo nunca se lo diría, estar con ella en la Montaña de los Dioses me hacía feliz.
Dejé caer mi cuerpo en la cama mientras terminaba de abrir la carta.
Pero me sorprendió que en ella sólo hubiera dos líneas, dos pequeñas líneas con su letra. Un tanto confuso me dispuse a leer lo que había escrito.
"Dentro de dos semanas iré a casa de mis tíos.
Espero que este año podamos encontrar un espíritu en la Montaña de los Dioses.
Kurumi"
Rápidamente tomé lo que quedaba del sobre y busqué le fecha en la que había sido enviada.
Era de ayer.
Mis ojos se trasladaron al techo de madera, mientras podía escuchar al fondo el sonido de los grillos y las ranas al cantar.
Dos semanas. Dentro de dos semanas, ella estaría en esta pequeña ciudad. En dos semanas estaríamos en el mismo espacio.
Sólo faltaban dos semanas para buscar espíritus en la Montaña de los Dioses.
Sin poder evitarlo una sonrisa se formó en mi rostro.
Me sentía tan bien, que la cena silenciosa en compañía de mi padre no me fue tan difícil de soportar. Y como lo esperaba, él no había dicho nada cuando Itachi le contó lo que había sucedido en la escuela, simplemente me miró en silencio y continuó con su comida, completamente inmutable.
Pero no me importó. La prometedora expectativa de las próximas dos semanas me hacían estar relajado ante su presencia, y la carta doblada en mi bolsillo me reconfortaba.
Después de eso, los días se fueron pasando con lentitud a medida que las interrogantes se formaban en mi cabeza.
¿Cuánto había cambiado? ¿Seguiría igual? ¿La reconocería? ¿Se habría vuelto más inteligente?
La mayoría del tiempo me la pasé en casa, tirado en la veranda, viendo algún programa en la televisión, releyendo las cartas viejas, ordenando mi habitación, observando a las aves en el estanque y de vez en cuando saliendo a caminar hasta el pie de la montaña.
Era frustrante tener tanta ansiedad y no saber cómo deshacerse de ella, mientras las horas se iban consumiendo lentamente, sin nada resaltante que hacer.
Obviamente el sexto sentido de mi hermano se disparó, ante mi actitud extraña y es por eso que más de una vez me ofreció salir con él y sus amigos.
Pero eso nunca pasaría.
Los tipos con los que se juntaban eran incluso iguales o peores que Naruto. Además les encantaba fastidiarme para poder entretenerse entre ellos, así que siempre lo rechazaba.
Como era usual mi padre no dijo nada, y cada tanto que pasaba donde yo estaba, ni me miraba.
En el fondo estaba aburrido.
Y la verdad yo no era una persona de mucha paciencia, y eso tal vez era lo único que tenía en común con el idiota de Naruto. Estaba tan fastidiado, que hasta llegué a considerar la posibilidad de desear que el susodicho no se hubiera ido y así drenar mi estrés en alguno de sus ridículos retos.
Definitivamente, el encierro y la espera me estaban dañando la cabeza.
Hasta que finalmente el día que tantos problemas me había causado, llegó.
Apenas terminé el almuerzo que Itachi había dejado en el microondas para mí, dejando los platos en el fregadero, me coloqué los zapatos y salí corriendo de casa.
Corrí con todo lo que podía, con la mente fija en un solo lugar.
La Montaña de los Dioses.
Mi corazón palpitaba a medida que se me aceleraba la respiración y bajo la sombra de los árboles con sus hojas de un verde brillante, comenzaba a subir los escalones de piedra. Los subía de dos en dos, porque era fácil, porque era más rápido.
Las cigarras chillaban enloquecidas cuando pasaba a su lado y, aunque mi rostro no lo demostrara, yo me estaba sonriendo por dentro.
Entonces allí, cuando subía el último escalón, su risa inundó mis oídos y el espacio que había entre los dos.
—Sigues siendo demasiado lento, Sasuke—
Allí enfrente mío, con un hermoso vestido de flores anaranjadas y enorme moño blanco, su cabello rojizo recogido en dos trenzas, los ojos castaños acompañando a la gran sonrisa en sus labios, estaba Shiragiku Kurumi.
Esperando por mí.
Inhalé una buena bocanada de aire, para intentar serenar mi cuerpo después de la maratón que me había echado hasta este lugar.
—Veo que tú sigues siendo la misma tonta de antes—
Ella me sacó la lengua pero más divertida que molesta.
—Y aún eres un grosero con las damas—
Le sonreí de medio lado al tiempo que guardaba mis manos en los bolsillos.
Físicamente no había cambiado en casi nada, su cabello era quizás un centímetro más largo que la última vez, sus rasgos menos aniñados pero acordes con su edad. Nada resaltante.
Excepto su altura.
—Vaya, no creí que las personas pudieran encogerse– le dije y la sonrisa se borró rápidamente de su rostro –aunque tú no eres una persona, ¿cierto alienígena?—
Al instante sus mejillas se colorearon de un rojo brillante mientras fruncía el ceño y su cuerpo se tensaba violentamente.
Realmente no había cambiado.
— ¡No soy un alienígena! ¡Y tampoco me he encogido!— gritó con fuerza colocando ambas manos sobre su cintura.
En burla me tapé los oídos con las manos y comencé a caminar, pasando por su lado y por debajo del arco viejo del templo.
—Cuidado Shiragiku que los oídos humanos no están acostumbrados a los chillidos de extraterrestres—
— ¡Ya te dije que no soy un extraterrestre!—
Ella había tomado un bolso blanco del piso y colgándoselo de un hombro había comenzado a seguirme con pasos rápidos. Dispuesta a hacerme entender su punto.
—Además eres tú el que se hizo más alto— me dijo tomándome del brazo y obligándome a parar — ¿acaso te dieron proteínas para plantas?—
La miré ceñudo y ambos mantuvimos una pelea, donde sus ojos castaños tenían ese brillo inusual único en ella.
Sí que era fastidiosa, pero en verdad la había extrañado.
— ¿Qué traes en la mochila hoy?—
Arrugó el ceño y levantando un dedo, se puso en modo explicativo como si ella entendiera muchas más cosas que yo.
—No es una mochila, es un bolso ¿ves?— me explicó mostrándome el objeto —tiene una sola tira para colgársela al hombro, no a la espalda—
Rodé los ojos y continúe caminado.
Se me había olvidado lo orgullosa y fanfarrona que se había vuelto.
Como era de esperarse ella me siguió, sólo que ambos íbamos a una misma velocidad, a pesar de que mis pasos eran más grandes. Aunque ella no quisiera admitirlo, a mis ojos realmente se había encogido.
—sí, sí, lo que sea ¿me vas a contar que chatarra has traído esta vez?—
Infló las mejillas en un puchero al tiempo en que llevaba sus manos tras su espalda.
—No es ninguna chatarra, si no sabes lo que es no deberías insultarlo—
Le envié una mirada significativa. Ella sí que se iba por el Triángulo de las Bermudas.
—Está bien, he traído unas cosas—
— ¿Qué cosas?—
—pues cosas…—
Fruncí el ceño al tiempo en que me detenía y la observaba medio enojado.
¿Acaso estaba molestándome?
Ella comenzó a reírse sin ocultarlo, sin ninguna vergüenza, al tiempo en que me sobrepasaba.
Sí, se estaba metiendo conmigo. Y es por eso que no le dije que, por dónde estaba caminando sin ver, había un desnivel del suelo.
A consecuencia se tropezó y cayó sentada en el piso. La expresión en su rostro fue todo un poema.
Por eso me reí.
— ¡Lo has hecho aposta!— me dijo indignada coloreando sus mejillas.
— ¿Yo? ¿Es que yo he creado ese desnivel? ¿Acaso fui yo el que no vio por dónde iba?—
Hizo otro puchero mirándome asesinamente, al tiempo en que se ponía en pie e intentaba limpiar su vestido.
—Oh no… mi tía me matará cuando vea lo sucio que está—
"Es una lástima, las flores le quedaban bien..." pensé y al instante sacudí mi cabeza y fruncí el ceño confuso. En mi estómago sentí nauseas ante esa descabellada idea.
¿El aire fresco me estaba afectando el razonamiento?
—Sasuke, Sasuke ¿me estás escuchando?—
La miré entre varios parpadeos. Su cara se mostraba dudosa.
— ¿No oíste lo que dije?—
Permanecí silencioso y simplemente negué con la cabeza. Ella suspiró cansinamente mientras sacudía un poco sus manos.
Tal vez la comida de Itachi me había caído mal, considerando que él no era un buen cocinero.
—Te pregunté si entrarás a algún club cuando estemos en la secundaria—
Miré un momento hacia un punto vacío en el cielo, entre las hojas de los árboles.
Realmente no había pensado en eso, es más ni siquiera había pensado en lo que haría una vez me graduara de la primaria en la primavera.
Pero ella no tenía por qué saberlo.
— ¿Tú lo harás?—
Me sonrió muy contenta, asintiendo con la cabeza y sacando de su bolso un pequeño libro de tapa roja, sin ninguna letra.
—Pienso inscribirme en la secundaria del Este y así entrar al club de arte, he oído que es muy entretenido— me explicó extendiéndome el libro.
Yo lo tomé y ambos nos sentamos en la grama, ella en frente de mí.
—Ábrelo quiero que los veas—
Hice lo que me pidió.
Mis ojos se abrieron sorprendidos.
En las páginas blancas diferentes bocetos de objetos, animales y lugares, estaban garabateados con diferentes matices de grises o lápices de colores.
Yo no sabía que ella dibujara así de bien. Digo, lo había mencionado en una de sus cartas pero nunca le di la mayor importancia.
Estaba tan absorbido con su trabajo que no me di cuenta cuando ella se había acercado y había tomado asiento junto a mí, con su hombro chocando con el mío y el dulce aroma de vainilla en mi respiración.
Di un respingo soltando el libro y alejándome de ella, podía sentir perfectamente como mis orejas ardían con intensidad, al igual que mis mejillas.
Me miró con sus ojos castaños, ladeando un poco su cabeza, confusa.
— ¿Qué sucede?—
— ¿Q-qué no te han enseñado a respetar el espacio personal de los demás alienígena?—
La miraba molesto con mis ojos negros, tratando de recomponer el ritmo normal de mi corazón, porque gracias a ella se había acelerado.
— ¡No soy un alienígena! Además sólo me senté a un lado tuyo, no es algo que no haya sucedido antes, tonto—
Eso era cierto, pero el problema radicaba en que esta vez no se sentía igual y yo frustrado no podía entenderlo.
¿Por qué las cosas se sentían un poco diferentes? ¿Es que debían cambiar?
Soltando un suspiro, sus manos, un tanto sucias por la tierra que se quitó de la ropa, recogieron el libro de dibujos al cual se le habían doblado algunas esquinas en su caída.
—Hay algunas veces en que no te entiendo Sasuke—
"Dímelo a mí…" acordé con ella en mi cabeza y volviendo a recuperar mi rostro normal e indiferente.
La luz del sol sacaba destellos de su cabello rojizo, que por estar trenzado no brillaba en su máxima potencia.
Se volteó a verme un poco más animada.
—Me pregunto, cómo te veras en el uniforme de secundaria—
— ¿Más o menos por qué?—
—No lo sé, es sólo curiosidad— dijo encogiéndose de hombros y sacando un lápiz del bolso —ya que nunca estaremos en la misma clase…—
Sus ojos parecían como idos cuando dijo la última oración, y yo no supe que decir.
La distancia entre ambos sólo era corta en el verano. Nada más. No importaba cuanto quisiéramos que fuese diferente.
Eso no cambiaría.
Después de unos segundos escuché el familiar sonido del lápiz al trazar líneas sobre una hoja de papel.
Dejándome caer en el césped, me acosté con ambos brazos a mi costado, observando el cielo que se extendía a kilómetros de nosotros. Los mismos kilómetros que yo sentía, marcaban nuestra separación. La separación entre esta pequeña ciudad y la gran ciudad de dónde ella venía.
A medida que el lápiz rasgaba el papel, su voz tarareaba una canción que le hacía compañía a las cigarras y demás criaturas que se encontraban a nuestro alrededor.
Cerré mis ojos con pesadez.
Era en momentos como este que deseaba no haber nacido en esta ciudad tan pequeña y lejana.
Y así continuamente, los días fueron pasando en largas y tranquilas tardes a las sombras de los árboles.
Ella se había traído algunos juegos de mesa, como unas barajas y un ajedrez, también me había contado sobre todo aquello que no pudo escribir en sus cartas pensando en que yo cortaría la comunicación por lo largas que eran.
Me habló de las cosas nuevas que su madre había traído de sus viajes exóticos, de algunos de sus amigos en la escuela, del restaurante de sushi al que fue unas semanas antes de venir, de que su primo mayor había entrado en la universidad y ya no se encontraba en casa.
Así mismo me preguntó sobre el "famoso Naruto" que había colocado en las cartas, de mis notas en las materias, de mi casa, de mi crecimiento anormal como las plantas, de las cosas que había hecho y qué, según ella, yo no había escrito por flojera.
En fin, habló de todo lo que pasara por su cabeza y yo sólo intervenía cuando era necesario.
No nos habíamos visto en un año pero ella lo hacía sentir como si hubiesen pasado milenios desde la última vez. Aunque lo cierto es que no me molestaba.
De vez en cuando teníamos una que otra pelea, alguna que otra broma que hacerle al otro, a pesar de que la mayoría de las veces se torcían a mi favor.
Dibujó todo aquello que le gustaba e incluso lo que no le llamaba mucho la atención.
Cuando le había preguntado el por qué, ella simplemente me había sonreído deteniendo su mano a la mitad de un boceto.
—Quiero registrar todo lo que veo, porque este es mi lugar favorito, este es el único lugar que puedo compartir contigo—
Como respuesta me había sonrojado hasta la punta de las orejas y por ello le había dado un golpe en la cabeza. Por decir esas tonterías que me generaban nauseas en el estómago.
Porque durante todo el tiempo que duró ese verano, desde el principio hasta el fin, las cosas entre ambos, la forma en que percibía a Shiragiku iba cambiando.
Y no supe determinar si era algo bueno o un completo desastre.
.
.
.
— Fin del capítulo —
Glosario.
1. Para este capítulo han pasado dos años desde el anterior, por lo tanto Sasuke cuenta con 12 años. Lentamente se acerca la edad en que todos lo conocimos en el mundo shinobi.
2. En Japón los años educativos se dividen de la siguiente manera:
6 años de Primaria (desde la edad de 7-12).
3 años de Secundaria (desde la edad de 13-15).
3 años de Preparatoria (desde la edad de 16-18).
Claro, todo esto son medidas aproximadas ya que también depende de la fecha de nacimiento que posee una persona.
3. El período de clase en Japón comienza siempre en Primavera (Abril) con un breve descanso en Verano (Agosto solamente) y finalizando en el cambio de Invierno a Primavera (últimos días de Marzo). Esto es un dato que espero les ayude.
Nota de Autor.
¡Oh, muchas, muchas, muchas, muchas, muchas gracias! ¡Estoy tan, tan, tan mega-recontra feliz! Creo hasta hice mi danza de la victoria más de una vez.
No saben lo maravilloso que significan para mi sus reviews, ahorita que estoy en medio de un caos desatado de estrés por las pocas semanas que me quedan de semestre en la universidad, el encontrar en mi correo el aviso de dos nuevos reviews con respecto al capítulo pasado… simplemente no tengo palabras para expresarlo.
Blangel48: mi muy querida amiga (¿puedo llamarte así verdad?), qué te puedo decir… Tus reviews me han hecho tan feliz y me siento tan halagada de todo lo que has dicho en ellos. Aún no me considero tan excelente pero me agrada saber que te gustan mis historias. No te preocupes por la tardanza, es lo de menos, porque pasaste y me escribiste que es lo importante. Sí, yo también encuentro divertido que Sasuke tenga una lucha conflictiva consigo mismo; no sé, siempre le han dado ese aire de chico serio pero en el fondo constantemente anda como en negación de lo que le llama la atención (evidentemente hablando de los comienzos en la serie). Fue en parte por eso que quise que el personaje de Kurumi fuera así, todo despistado y risueño, para que lo mantengan en una batalla constante.
Después de todo, con el que mejor se llevó fue con Naruto y ¿quién más despistado que él? Hablando del susodicho… ¿qué te pareció? Espero uno de tus reviews con mucho cariño.
.
Kattyto: ¡Hola es un gusto conocerte! Me alegro mucho que le hayas dado una oportunidad y que te gustara la historia, te lo agradezco.
¡Lo sé! Aunque mi corazón sea completamente de Gaara… ¡Sasuke es tan adorable de chiquito, es una monada y provoca pellizcar esas mejillas! En vista de eso quise agregarle un rasgo aún más tierno que es el sonrojo en las orejas, no sé, me parecía que le quedaba como anillo al dedo, porque aunque intente ocultar su cara con los mechones, las orejas no pasan desapercibidas… bueno, al menos para alguien no despistado.
Me sacaste una mega sonrisa con tu pregunta, yo sólo pensaba: "oh, muy pronto verás…", y así fue, acaba de hacer aparición el chico revoltoso número uno entre todos los revoltosos. ¿Qué piensas? ¿Te ha gustado? ¿Me dejas un review?
Bueno sin más nada que decir o agregar, me despido y les envío un gran abrazo.
