Disclaimer.
Los personajes de Naruto aparecidos en estos párrafos no me pertenecen, son obra y propiedad de Masashi Kishimoto. Esto fue escrito sin fines de lucro.
Leyenda.
Narración. – Primera persona.
–Diálogos–
"Pensamientos"
Recuerdos y/o Sueños
Especificaciones.
Resumen. – "La Montaña de los Dioses, era el lugar donde se dice habitaban espíritus malignos. Allí al final de la escalera de piedra, bajo el arco de madera, comenzamos a mirar hacia el verano."
Rating. – T
Género. – Romance, Slice of Life, Family, Friendship.
Capítulos. –La historia comprende un largo de 10 capítulos exactamente.
Pareja. – Principal. Uchiha Sasuke x OC. Secundaria. Uzumaki Naruto x Hyuuga Hinata (NaruHina), Uchiha Fugaku x Uchiha Mikoto, Uchiha Itachi x Haruno Sakura (ItaSaku).
Universo Alterno.
Banda Sonora.
1. The Afternoon of Rainy Day. Artista. Kashiwa Daisuke. Álbum. Kotonoha no Niwa OST.
2. Aki mo Fuyu mo Haru mo. Artista. Makoto Yoshimori. Álbum. Hotarubi no Mori e OST.
Natsu wo Miteita
.
A medida que caminaba por las calles de esta pequeña ciudad que ya conocía bien, un tenue vaho se escapaba de mi boca cada tanto que intentaba calentarme las manos.
Porque a pesar de que el invierno ha llegado a su punto más suave, acercándose al final, el ambiente frío es capaz de colarse a través de la ropa.
Condenado clima.
A mi alrededor los demás estudiantes de secundaria iban charlando con bufandas, chaquetas, suéter y guantes.
Estaban sumamente emocionados, en especial las chicas. Aunque eso no me sorprendía nada, porque hoy era ese día del año.
Fruncí el ceño mientras apuraba el paso, cuando sentí que algo vibraba en mi bolsillo. Era mi celular, y alguien me había enviado un mensaje.
Con cierta desgana y reserva presioné la tecla "aceptar" y al instante el mensaje se abrió.
Mi corazón se detuvo durante los pocos segundos en los que mis ojos se paseaban por los caracteres digitales.
Y estaba absolutamente seguro de que no fue por el clima congelante.
No, esa reacción sólo sucedía con una cosa como esa. Una cosa provocada por una alienígena con retraso mental.
"¡Feliz Día de San Valentín Sasuke!
Con mucho cariño, Kurumi"
—Será idiota—
Guardé nuevamente el celular en mi bolsillo.
Tal vez le responda cuando llegue al salón de clase.
Pero sólo tal vez.
4
— Feliz día —
– 幸せな日–
—Para la próxima semana, haré una evaluación en grupos de tres sobre los siguientes ejercicios, decidan con quiénes estarán y estudien, eso es todo—
Se escuchó el sonido de las sillas al ser arrastradas mientras todos se levantaban de sus asientos a medida que el profesor terminaba de anotar en la pizarra y recogía sus cosas.
Yo me encontraba en el último puesto al lado de la ventana y podía ver el cielo anaranjado de la tarde muriendo y los árboles desnudos del campus de la secundaria.
Cerré el cuaderno en el cual no había anotado casi nada y lo guardé en la mochila que colgaba a un lado del escritorio, recostándome unos breves segundos del espaldar de la silla con el fin de esperar a que la mayoría se fuera del salón.
El día había transcurrido lentamente como de costumbre, a pesar de las toneladas de emoción que cargaban los demás con respecto a quienes habían recibido chocolates y a quienes les habían correspondido sus sentimientos.
A mí ese tipo de cosas no me interesaban, en especial porque no me gustaba el sabor empalagoso del chocolate.
Pero todos los años, sin falta, una pila de asquerosos chocolates y cursis tarjetas con formas de corazón o cartas en sobres de papel rosa, caían de mi casillero cada mañana en esta fecha.
Yo sólo tomaba la pila y la botaba a la basura más cercana que encontraba.
Eso traía mayor atención en distinto grado, porque mientras los chicos me fulminaban con una mirada algunas de las chicas lloraban y eran consoladas por otras que lucían, aparentemente, aliviadas de no haberme dejado nada.
Odiaba el día de San Valentín.
Y estaba harto de que todos los años, el sexo femenino de esta pequeña ciudad no entendiera mi aborrecimiento.
Eran unas masoquistas.
Parecía que mientras más las lastimaba, más creían firmemente en que sufría de la maldición y más determinadas se mostraban a intentar salvarme con su amor.
Dicho pensamiento se lo había comentado a la alienígena unos meses atrás, el verano pasado, evitando la parte que incluía la maldición. Porque aún en todos estos años, yo no se lo había mencionado y no tenía la motivación de hacerlo.
Al final de una larga carcajada de su parte, ella simplemente había dicho lo siguiente:
—eso te pasa por hacerte el "chico malo"—
A respuesta le envíe una mirada fulminante, cosa que le causó más risa.
"Como si yo estuviera haciendo algo aposta" pensé mientras observaba sin ningún interés a los pocos estudiantes que quedaban en el salón "lo único que quiero es que me dejen en paz…"
Solté un suspiro al tiempo en que sentía un ligero peso en el bolsillo de mi chaqueta. Y yo sabía perfectamente que era.
Así que, cuando introduje mi mano y la saqué de vuelta, no me sorprendió ver mi celular reposando sobre mis dedos.
Desde que había recibido el mensaje de Shiragiku, yo no le había dado una respuesta. Pero la verdad es que no sabía que escribir.
Observé la pantalla deseando que mágicamente algo hubiera cambiado, sin embargo seguía exactamente igual a esta mañana, con la opción de redactar un mensaje abierta y la titilante barra negra esperando que introdujera los caracteres.
Nada me venía a la mente, y el hecho de que una cosa tan estúpida como un texto me estuviera sacando de quicio tan fácilmente era, en parte, frustrante.
Solté otro suspiro al tiempo en que llevaba mi mano libre a uno de los mechones de mi cabello, un hábito que había adquirido últimamente.
Tal vez, no tenía que darle tanta importancia, tal vez, ella ni siquiera esperaba una respuesta porque de ser así me habría enviado otro mensaje preguntándome por qué no le había contestado. Como tantas otras veces en las que la había dejado esperando en el otro lado de la línea.
"Sí, tal vez le estoy dando demasiadas vueltas al asunto…" pensé un tanto satisfecho y un tanto inconforme.
Era esa misma inconformidad la que me hacía estar consciente del peso del celular en mi mano, y que iba en aumento con cada segundo que transcurría.
Pero eso era bastante normal, por no decir usual porque desde los últimos dos años se venía formando en cada aspecto que involucrara a la tonta esa. Era producto de la fuerza de la gravedad con respecto a la masa del objeto, que podía ser cualquiera, sumado al peso emocional del recuerdo de Shiragiku en el verano.
La barra aún titilaba ansiosa y desesperada, mientras pasaba mi pulgar sobre las teclas sin detenerme en ninguna en especial.
Desde hace dos años, todo alrededor de Shiragiku Kurumi se sentía diferente en todos los sentidos.
Mi cerebro no lograba dar con el por qué. Y aunque eso ocupaba gran parte de mi mente, al final cuando el cabello rojo tomate y la enorme sonrisa se colaban en mi pensamiento, ya no me importaba tanto.
Entonces escuché la única voz que me perseguía en mis peores pesadillas.
—¡Teme!—
Llevándome una mano al puente de mi nariz, devolví el celular de nuevo a mi bolsillo, mirando con desgana la cabellera puntiaguda y rebelde que se acercaba a toda velocidad, atrayendo la atención de los pocos que quedaban en el salón.
No importa cuánto me hubiera alegrado o me mostrara agradecido con las fuerzas espirituales del planeta cuándo me colocaron en la clase "A" y no en la "B", eso nunca parecía suficiente en comparación a la molestia que mayoritariamente sentía.
La molestia de tener a Uzumaki Naruto como una sanguijuela succionándome la vida.
— ¡Teme no vas a creer lo que ha pasado!—
Lo fulminé con la mirada cuando estuvo frente a mí, tomándome por los hombros y con su rostro muy cerca del mío en una expresión de completo pánico y agitación. La mochila le colgaba peligrosamente del brazo con el cierre abierto.
—Aléjate de mí— le dije apartándolo de un tirón, levantándome de mi asiento y tomando mis cosas
Él simplemente se colocó a mi lado mientras me seguía fuera del salón.
—Durante la clase de historia, Azuma-sensei decidió hacer un examen sorpresa y…—
—No me interesa— le interrumpí pero como siempre él sólo me ignoró.
A veces llegaba a creer que Naruto realmente no entendía el significado de las palabras "no", "déjame en paz" y "muérete".
Unas chicas a las que pasamos en el pasillo, soltaron unas risillas sonrojadas apretando sus bolsos contra su cuerpo cuando nos vieron.
Eso sólo me hizo rodar los ojos.
"¿Qué hice para merecer esto?" le imploré a nadie en particular mientras a mi lado Naruto soltaba su lengua.
—Yo no estaba preparado para eso, por lo que no tenía un lápiz conmigo—
Honestamente, el idiota nunca estaba preparado para nada, lo único que hacía en clase era básicamente las mismas cosas que hacía en la primaria.
El único momento en el que se le veía sumamente concentrado al estudio, era cuando tenía que empollar en los finales y así conseguir los puntos suficientes para aprobar con suerte la materia. Era eso lo que le había permitido graduarse e inscribirse en la secundaria.
—Además como no estamos en la misma clase no podía pedirte uno, y cuando observé a los que estaban cerca de mí, todos estaban absortos en el examen y ni siquiera voltearon a verme ¿puedes creerlo~ttebayo?—
—O fácilmente podrían haberte ignorado— añadí yo, lo cual probablemente fue lo que había pasado. Naruto no era alguien muy apreciado por los demás, y no los culpaba.
Él era una anomalía con pies y boca. Una boca muy grande que no paraba de hablar.
—Entonces, pensé que lo mejor era dejarlo en blanco porque tampoco tenía ganas de hacerlo, prefería dormir para recompensar las horas de sueño que me pase jugando "Apocalipsis Zombi", porque resulta que cuando llegué al nivel 30 no era un zombi con una motosierra y aspecto de nazi desquiciado como habían dicho en la tienda sino que eran ¡tres de ellos! Así que tuve que…–
¿Esto era en serio? ¿Por qué tenían que torturarme de esta forma?
Tratando de reprimir los fuertes impulsos que tenía de estampar el rostro de Naruto contra una pared, le fulminé con la mirada deteniéndome en el pasillo.
—Ve al punto usuratonkachi*—
Naruto se detuvo igualmente y me miró un par de segundos sorprendido sin comprender exactamente a que me refería, hasta que finalmente con una sonrisa bobalicona se llevó una mano a sus rebeldes cabellos.
— ¡Ah, lo siento~ttebayo! ¿En dónde me quede?—
Rodé los ojos al tiempo que retomaba de nuevo el paso, y como un perro fiel a su amo Naruto hacía lo mismo.
—Que dejarías el examen en blanco como siempre…—
— ¡Cierto…!— dijo riéndose un poco pero seguidamente su risa se apagó y el terror volvía a contraer su rostro en una horrible mueca —Teme… sucedió algo espantoso…—
—Eso ya lo habías dicho, dobe— dije visualizando por fin los casilleros que por suerte se encontraban solos.
— ¡Es que de verdad fue espantoso! Porque cuando me agaché para recoger la hoja de examen que se me había caído, al volver la vista al escritorio para echarme a dormir… ¡ahí estaba!—
— ¿Qué cosa?—
Introduje la contraseña y abriendo la puerta metálica, saqué los mocasines y con ellos cayeron más cartas de San Valentín. Solté un bufido exasperado.
— ¡Un lápiz!— gritó la cosa anormal que me acompañaba mientras se llevaba ambas manos a los costados de su cabeza en una mueca de horror — ¡con todo y punta afilada!—
— ¿Y?—
De alguna forma sabía lo que venía.
—"¿y?" ¡Cómo que "¿y?"! ¿Un lápiz apareció de la nada en mi escritorio y tú sólo dices eso~ttebayo?—
Había un brillo maniático en sus ojos cuando lo había mencionado, mientras lo observaba con los asquerosos chocolates en las manos.
—No veo por qué tanto escánda…—
— ¿No lo entiendes?— dijo y se acercó hasta mi oído observando a nuestro alrededor varias veces, como con precaución —fue el Fantasma…—
Y ahí estaba.
Le di un puñetazo en la parte superior de la cabeza, porque había colmado mi paciencia.
— ¡Auch! ¿Por qué has hecho eso estúpido teme?— me demandó con su usual rabieta infantil y llevándose las manos a donde lo había lastimado.
—Porque eres un imbécil retardado y no sé ni siquiera para que me molesto en oír tus ridículas historias…— le dije pero lo último lo murmuré a lo bajo aunque estuve casi seguro que él lo había captado.
— ¡Pero es cierto!— me dijo molesto aún actuando como un pobre niño que defiende su creencia en San Nicolás.
—Ya te dije que ese supuesto "fantasma" es sólo producto de tu cerebro Neanderthal—
— ¡Claro que no! te digo que sí es real—
Respiré una buena bocanada de aire, para reprimir el impulso de golpearlo nuevamente y buscando con la vista algún puesto de basura.
Un par de semanas después de haber iniciado la secundaria, en la primavera pasada, Naruto había comenzado a volverse un tanto paranoico.
Constantemente decía tener la sensación de que lo observaban durante clase, en los recesos e incluso cuando almorzaba, también de que alguien le seguía a todas partes y que nunca estaba tan sólo como él creía. Incidentes como el del lápiz también había sucedido, cuando Naruto necesitaba de algo o lo perdía extrañamente aparecía de vuelta.
El muy bobo había llegado a la conclusión que se trataba de un fantasma que lo perseguía, para asesinarlo y llevarlo al infierno o algo así.
Al principio me había causado gracia el verlo tan atormentado, pero con el paso del tiempo ya se estaba haciendo fastidioso y exhaustivo. Porque después de que la baratija que se había comprado para "alejar a las fuerzas del Más Allá" le había sido inservible, a él se le había ocurrido la genial idea de que estando conmigo, el fantasma no podría tenerlo y así estaría más seguro.
Muchas veces le había insinuado que todo era producto de esos estúpidos videojuegos y programas que veía y le atrofiaban aún más el cerebro. Pero la paranoia de Naruto era igual que su terquedad.
Imposibles de lidiar.
Entonces mis ojos vieron una mancha negra que se escondía tras la pared del pasillo por el que acabábamos de salir, y decidí ponerle un fin a todo esto. Por el bien de mi salud mental.
—Me he dejado algo en el salón, espérame aquí— le ordené firmemente mientras caminaba en la dirección donde la mancha había desaparecido.
— ¿Qué rayos? ¡Yo no soy tu estúpido perro!— empezó a quejarse apretando sus manos en puños y frunciendo el ceño —y no pienso quedarme aquí, sólo porque a ti se te haya olvida…—
Le dediqué una única mirada amenazante y después de unos segundos, a regañadientes, abrió su casillero gruñendo por lo bajo insultos contra mí.
"Muy bien, hora de terminar esto…" pensé al tiempo en que me alejaba y tiraba las tarjetas y chocolates en una basura que había en el camino.
Una vez había llegado a la esquina de la pared, me encontré con que no había ni un alma por allí.
Tomando un poco de aire, recosté mi cuerpo de la pared dándome unos suaves golpes en los hombros para alejar la tensión que el bobalicón me había provocado.
— ¡Sal de ahí! sé que te escondes y ni pienses en salir huyendo ¿oíste?— dije en voz alta y clara.
Al instante escuché un agudo hipido como el de un ratón que fue encontrado por el gato. Mis ojos se deslizaron a la figura que salía de su escondite y que se acercaba a mí en pasos cortos, torpes y temerosos.
En realidad yo sabía quién era el fantasma de Naruto, y no estaba precisamente en el mundo de los muertos.
–b-buenos d-días U-Uchiha-san… ¿c-como e-está el d-día de hoy?–
Allí estaba entre tartamudeos casi inaudibles, con un jugueteo nervioso en las manos, el uniforme de la secundaria cubierto por un grueso suéter azul marino tres tallas más grande, con el bolso colgando de su hombro, los ojos color perlado clavados en el piso y parcialmente ocultos bajo un flequillo de su corto cabello negro.
Allí estaba el aterrador "fantasma" de Naruto.
Hyuga Hinata, de la clase 1-B.
Me incliné a suficiente distancia de su rostro, fulminándola con la mirada y consiguiendo que el cuerpo de la chica temblara violentamente.
Yo conocía de su existencia, en el mismo instante en que la paranoia del dobe había rebasado los límites de mi paciencia.
No había sido muy difícil, porque un día que estábamos en la cafetería la había visto observar a Naruto muy de cerca, escondida tras el grosor de un libro de matemáticas y como la escena se había repetido varias veces en una misma semana, sólo que con la alternación de los objetos que usaba para esconderse, no había que ser muy inteligente para llegar a la conclusión de que ella era el fantasma.
Reclinándome nuevamente de la pared, rodé los ojos al ver como su figura aún temblaba.
—Hyuuga deja de temblar, no es como si fuera a lastimarte— dije con voz monótona tratando de que se relajara un poco —sólo quiero saber que sucedió hoy—
—S-sí U-Uchiha-san—
Las sacudidas se hicieron más violentas.
— ¿Y bien?—
—Umm… emm… yo…—
—Hyuuga—
— ¿S-sí?—
—Respira—
Su cabeza se agitó repetidas veces asintiendo, mientras hacía una pausa e inhalaba una buena bocanada de aire.
Solté un suspiro. Ya estaba más que acostumbrado a la situación, y aquello no era nada en comparación al día en que la confronté, después de las vacaciones de verano.
La chica era la viva personificación de la torpeza y la introversión.
Siempre cayéndose o golpeándose con cosas que se encontraran en su camino, sonrojándose violentamente ante cualquier tipo de emoción fuerte llegando al extremo de desmayarse de la vergüenza, su letra era tan desastrosa como ella, un montón de garabatos incompresibles que eran tan claros que se perdían con el blanco de la hoja.
Silenciosa la mayoría del tiempo, le costaba hablar o darle sentido a las palabras con su constante tartamudeo y su manía de jugar con los dedos.
En realidad la chica no resaltaba demasiado a la vista y podía ser fácilmente ignorada en el medio de una multitud.
Y en algún punto de los pocos encuentros que habíamos tenido, me había llegado a simpatizar. Porque era tal vez la única de toda la secundaria que no tenía una voz chillona y que me dejaba tener mi espacio personal.
Además, después de mí, tenía uno de los mejores promedios lo que la convertía en una buena estudiante y una persona un tanto inteligente.
Y decía un tanto porque había una única cosa de ella, que me hacía dudar el dirigirle la palabra.
Algo mucho peor que su torpeza, sus tartamudeos, su aspecto desarreglado, su rareza y su compulsiva manía con las manos.
—E-en clase… umm… N-Naruto-kun parecía e-en un apuro y… umm… s-sólo lo ayude… yo n-no quería a-asustarlo— dijo bajando los decibeles de su voz con cada palabra nueva que salía de sus labios. Las mejillas le brillaban coloradas.
Hyuga Hinata estaba completa, estúpida e irremediablemente enamorada del cabeza hueca de Naruto.
—Boba, no es tu culpa que Naruto sea un idiota—
El rojo aumentó de intensidad en su rostro.
—N-Naruto-kun no es… no es i-idiota—
—No, sólo está descerebrado—
Ella me miró consternada, haciendo una perfecta "o" con la boca.
Pero al final no dijo nada, porque en el fondo ella sabía que yo tenía razón.
A la Hyuga le quedaba como anillo al dedo, la teoría de que el amor era ciego. Porque en mi opinión, había que estar muy mal de la cabeza como para considerar a Naruto un prospecto de chico, o de ser humano.
Aunque el hecho de que ella lo estuviera observando y siguiendo a todas horas como una acosadora, no la hacía más normal que la víctima de su afecto.
—Muy bien, a lo que interesa— dije seriamente despegándome de la pared — ¿trajiste el chocolate?—
Las sacudidas se reanudaron con mayor violencia esta vez, y el jugueteo de sus manos se hizo impaciente. Nuevamente me estaba desviando la mirada de forma temerosa, alternándola entre el piso, sus zapatos y el pasillo.
—Hyuuga…— le amenacé con gravedad.
Entonces volvió a hipar como un ratón, dando un respingo.
–S-sí lo traje U-Uchiha-san…—
Sus manos temblorosas sacaron de su bolso un enorme chocolate con la forma de un tazón de ramen, con ingredientes incluidos.
Miré el regalo con un fruncido y me llevé una mano a uno de los mechones de mi cabello.
¿Cómo se le había ocurrido hacer semejante cosa? ¿Y cómo rayos lo había conseguido?
Definitivamente la chica era la más extraña de todos los extraños.
Ella pareció notar mi reacción porque rápidamente lo escondió tras su espalda, con el rostro sonrojado, sumamente avergonzada.
— ¿Practicaste frente al espejo?—
Agitó repetidas veces la cabeza de forma afirmativa.
— ¿No tartamudeaste?—
Agachó la cabeza, disminuyendo su tamaño, lo cual era bastante considerando que no era una persona baja.
— ¿No tartamudeaste demasiado?—
Volvió a asentir.
—Entonces ya es hora—
La tomé firmemente del brazo, arrastrándola hacia dónde estaban los casilleros, ella me miraba aterrorizada intentando en vano soltarse y escapar.
Dejó de forcejear cuando la figura de Naruto, parado ya con el cambio de zapatos, me esperaba de espaldas a nosotros y sin darse cuenta de nuestra presencia.
Así que, después de una última mirada de borrego por parte de la Hyuga, suplicando que la dejara hacer lo que mejor sabía: huir; la lancé con fuerza hacia la salida.
La acción fue un éxito, porque la chica se había tropezado con sus propios pies y había caído estrepitosamente al suelo, llamando la atención del idiota.
Rápidamente me escondí tras una de las largas columnas de casilleros y dejé que las cosas tomaran su curso, escuchando los pobres balbuceos de Hinata.
Dejé escapar un suspiro mientras me dejaba resbalar por los casilleros hasta quedar sentado.
En ese instante una pareja pasaba frente a mí riendo y hablando entre ellos, sin notarme. Y no pude evitar pensar, al igual que tantas otras veces, el cómo serían las cosas si Shiragiku Kurumi estuviera en mi clase.
Viviendo en esta pequeña ciudad olvidada.
Pero siempre que la imaginaba a mi lado, con el uniforme y la enorme sonrisa en el rostro, siempre me sentía más pesado, con un nudo en la garganta.
Con la consciencia de los kilómetros entre nosotros, y finalmente deseando con todas mis fuerzas que el tiempo transcurriera más de prisa.
Continuamente recordando la risa mezclándose con las cigarras, la larga cabellera roja resaltando sobre el verde de la montaña, los ojos castaños brillando emocionados.
Incesantemente esperando el día en que subiría la escalera de piedra nuevamente, y que pasando el arco viejo de madera, buscáramos espíritus en la Montaña de los Dioses.
Siempre mirando hacia el verano.
Introduje una mano en mi bolsillo y tomando el celular en mis manos, encontré por fin las palabras que debí haber escrito en un principio. La barra se movía, sin parpadear mientras dejaba como rastro los caracteres que mis dedos generaban al oprimir las teclas.
"Gracias.
Nos vemos en el verano."
Una vez el mensaje fue enviado, me puse de pie, con la expectativa de la persona que encontraría dentro de unos meses.
Cuando me dirigí a mi casillero, Naruto me esperaba con una sonrisa infantil en el rostro, mostrando todos sus dientes y teniendo muy cerca la figura de la Hyuga con la vista gacha, ocultando su rostro tras el flequillo.
—Hey teme, ¿te molesta si Hinata-chan nos acompaña al Ichiraku~ttebayo?—
Vi como las mejillas del tonto habían adquirido un suave tono rosado por encima de las tres líneas. Sus ojos azules relampagueaban de felicidad y pude notar el chocolate con forma de ramen que sujetaba contra su pecho.
Vaya, aquello había sido más rápido de lo que pensaba.
—Hmp, haz lo que quieras—
Naruto se rió, tomó a Hinata del brazo y la arrastró entre tropezones mientras con insultos y gritos me decía que apurara el paso.
La tarde anaranjada se iba lentamente manchando de motas purpuras, durante todo el recorrido en que los tres caminamos acompañados.
La misma escena se repitió al día siguiente, esa semana y los meses que le siguieron.
Los tres siempre estábamos juntos.
Y aún cuando fueran un idiota temperamental junto a una torpe acosadora, que me daban agudos dolores de cabeza, ambos se habían convertido en mis amigos. Amigos, a los cuáles nunca admitiría, que me hacían feliz.
Por eso los meses, las semanas, los días y las horas que se iban mientras esperaba al verano no fueron una molestia. Por primera vez, subía las escaleras de piedra con calma, sintiéndome completo.
Queriendo compartirlo con ella. La chica que me esperaba al final del camino, la chica con quién buscaría espíritus en la Montaña de los Dioses.
—Otro año que llegas tarde, Sasuke—
—Otro año que llegas exageradamente temprano, Shiragiku—
Su risa escapó de entre sus labios y se alojó en mis oídos, que ya estaban acostumbrados a ella.
Mis ojos la recorrieron lentamente, desde sus zapatillas blancas, pasando por los pescadores azul marino y la franelilla vaporosa color verde manzana, hasta sus brillantes ojos castaños y su sonrisa cubierta de labial rosado.
Su estatura seguía siendo la misma, pero sus facciones eran menos aniñadas con algunas curvas, que aunque no eran prominentes si eran acordes a su edad, a ella.
Lo único diferente y bastante significativo era su cabello rojo tomate.
—Te lo has cortado— le dije comenzando a caminar con las manos en los bolsillos —tu cabello—
Ella se colocó a mi lado, con una separación corta pero lo suficiente como para no tocarnos.
Desde el verano de mis doce años, no había ocurrido un contacto físico entre nosotros. Cada uno mantenía y respetaba el espacio personal del otro.
Sin saber cómo, las cosas habían cambiado y ya no volverían a ser lo que fueron, porque ella no era más la niña cobarde perdida en la montaña y yo no era el niño solitario escondido en la montaña.
Por eso ahora los días se pasaban tranquilos y serenos, caminando al mismo nivel, disfrutando de la compañía del otro.
— ¡Ah! pensé que no lo notarías— dijo con una sonrisa boba pasando sus dedos por algunos mechones rojizos. Le di una mirada significativa.
Sólo alguien demasiado estúpido y despistado no podría ver que la larga cabellera que llegaba hasta los codos ahora se había convertido en cortas ondulaciones hasta las orejas. El cambio era bastante radical.
— ¿Por qué lo has hecho?—
—Es que antes de venir, me cayó un chicle y no tuve más remedio que cortarlo— dijo encogiéndose de hombros, restándole importancia —de todas formas, se estaba haciendo muy fastidioso el cuidarlo y tenía un tiempo pensando en cortármelo—
—Ya veo—
Entonces ella se detuvo breves instantes y cruzando sus brazos tras su espalda me miró atentamente a los ojos.
— ¿Crees… crees que… me queda bien?— me preguntó nerviosa.
En mi pecho mi corazón comenzó a latir desbocado, sin que yo pudiera hacer nada al respecto.
—Dime… ¿no… umm… te gusta?—
Sus mejillas habían enrojecido casi del mismo tono que su cabello y era muy claro que no era por estar enojada, como tantas otras veces.
Sus ojos me miraban dudosos y expectantes mientras yo permanecía de pie, incómodo y sin saber que decir. Digo, ¿qué podía decir?
Las palabras se formaban, se rompían y volvían a estar dispersas en mi cabeza vuelta un lío. Tenía un nudo atorado en la garganta, el estomago dándome sacudidas violentas y el corazón intentando escapar de mi cuerpo.
Ella estaba allí frente a mí, en una nueva actitud que no le había visto y bajo un tono de luz completamente diferente.
Su cabello siempre había sido lo que más me llamaba la atención, lo que más me gustaba de ella. Con ese color rojizo que destellaba fuertemente con los rayos del sol, de una forma tan única. Y ahora, con ese nuevo corte, sentía que me gustaba mucho más que antes.
Tal vez no sólo eso.
De forma inconsciente, poco a poco, había aumentado el gusto que tenía por sus ojos, su sonrisa, sus manos, sus enojos, sus tonterías, su risa, su voz, su forma de caminar, su entusiasmo, su rostro al llorar, su aire distraído, su orgullo, su testarudez, sus palabras, sus dibujos, su comportamiento extraño.
En realidad no había nada que no me gustara de una alienígena tonta, miedosa, llorona, fastidiosa y parlanchina como ella. A mis ojos ella era ideal.
Pero nada de eso podía decírselo abiertamente.
—Está… bien…— dije a duras penas dándole rápidamente la espalda —te queda… bien… así—
Yo no tenía el valor suficiente para confesárselo, en ninguno de estos cuatro años lo había tenido.
—Oh… umm… gracias Sasuke—
Su voz era un suave murmullo y yo simplemente no me atreví a mirarla. No con mis mejillas y mis orejas ardiendo a toda intensidad.
Mi pulso se había relajado de a poco pero aún sin llegar a un estado de normalidad.
Los minutos pasaron entre nosotros silenciosos, fatigosos y embarazosos hasta que escuché sus pasos sobre la grama y la vi caminando frente a mí. Retomando la marcha con sus manos sujetas tras su espalda.
—Sigamos ¿sí?— me dijo girando un poco su rostro —esos espíritus deben tener la guardia baja confiados de que no los encontraremos—
El brillo en sus ojos y la sonrisa amable de sus labios me decían que nada había ocurrido, que todo estaba bien.
Solté un suspiro, relajando mis músculos y ya con mi cara serena e indiferente caminé a su lado.
—Eres muy boba si crees que aún existen—
—El que lo digas tú, no significa que sea cierto—
—Estás equivocada—
— ¿Ah sí? ¿Por qué?—
—Porque entre los dos yo siempre tengo la razón, alienígena—
—Pues, yo que tengo una inteligencia superior a la de un simple humano como tú, sé que estás erróneo—
Una media sonrisa se formó en mis labios.
—Hmp, ya veremos—
Ella sólo se rió, y la tarde pasó igual que siempre.
Pero yo supe que si alguna vez Shiragiku me entregaba un chocolate por el día de San Valentín, yo lo aceptaría sin dudarlo.
Porque ella era la chica que me gustaba.
.
.
.
— Fin del Capítulo —
Nota de Autor.
Hola a todos, disculpen la tardanza. No había logrado subir el capítulo a falta de tiempo, estaba en pleno proyecto final del semestre y no podía hacer nada más que trabajar en eso, tuve que disculparme también con mi novio por todas las veces en que lo dejé plantado en Skype… Pero lo importante es que ya estoy libre y les he traído por fin la continuación de esta historia.
Bueno, con este capítulo me siento un tanto insegura pues ya nuestro querido Sasuke ha alcanzado la edad con la que los conocimos en Naruto, espero no haber caído en un OOC. Cruzo mis dedos.
