Disclaimer.

Los personajes de Naruto aparecidos en estos párrafos no me pertenecen, son obra y propiedad de Masashi Kishimoto. Esto fue escrito sin fines de lucro.

Leyenda.

Narración. – Primera persona.

–Diálogos–

"Pensamientos"

Recuerdos y/o Sueños

Especificaciones.

Resumen. – "La Montaña de los Dioses, era el lugar donde se dice habitaban espíritus malignos. Allí al final de la escalera de piedra, bajo el arco de madera, comenzamos a mirar hacia el verano."

Rating. – T

Género. – Romance, Slice of Life, Family, Friendship.

Capítulos. –La historia comprende un largo de 10 capítulos exactamente.

Pareja. – Principal. Uchiha Sasuke x OC. Secundaria. Uzumaki Naruto x Hyuuga Hinata (NaruHina), Uchiha Fugaku x Uchiha Mikoto, Uchiha Itachi x Haruno Sakura (ItaSaku).

Universo Alterno.

Banda Sonora.

1. Kanakana Shigure. Artista. Makoto Yoshimori. Álbum. Hotarubi no Mori e OST.

2. Sakasama Bridge. Artista. Suneohair. Álbum. Sakasama Bridge Single.


Natsu wo Miteita

.

Sólo se podía escuchar el sonido de los grillos cantándole a la noche junto al choque ocasional de los palillos contra el plato.

Ni un respiro, ni una palabra, absolutamente nada más que el silencio entre los dos.

Entre mi padre y yo.

Era fatigoso, tenso, pesado, insoportable pero ya me había resignado. Porque desde que Itachi se había ido a la universidad y dejó esta pequeña ciudad atrás, las cosas terminaron así.

Era algo que sabía iba a pasar, tarde o temprano.

Y lo odiaba.

Odiaba estar en casa, odiaba las comidas silenciosas, odiaba estar en el mismo espacio que mi padre, odiaba estar bajo su mirada.

Algunas veces deseaba que expulsaran a mi hermano, y cuando eso pasaba me aborrecía a mí mismo.

Detestaba mi situación, porque cada día se sentía peor que el anterior, como si todo el tiempo fuera el día de mi cumpleaños.

Y es que nunca me ha gustado celebrar el día en que nací, porque después del pastel y de soplar las velas sin ganas de pedir un deseo, llegaba el momento de ir al cementerio y dejarle unas flores a mi madre. Ya que con cada año de vida que yo tenía, era sólo un año más desde que ella se había ido.

Ese era el único día en el que la tristeza de mi padre se hacía demasiado evidente en sus facciones, siempre luciendo como si fuera a llorar.

Por eso cuando era pequeño sentía que lo mejor era estar en silencio y no mostrarme alegre por un día que resultaba tan doloroso para él. Sentía que era mi culpa que mi madre hubiera muerto, que no era justo.

Y ahora que no estaba el vínculo que nos hacía interactuar, todos esos pensamientos negativos estaban presentes cada día.

—Permiso— dije tomando mi plato ya vacío y levantándome de mi asiento. No hubo respuesta.

Me dirigí al fregadero, dónde lavé todo lo que se encontrara sucio, incluyendo el plato de mi padre.

Sin decir una palabra escuché sus pasos cada vez más distantes y seguidamente el sonido de la puerta al deslizarse. Lo más probable se había ido a rezarle a mi madre.

Y mis sospechas fueron confirmadas, cuando el olor del incienso de lavanda inundó la casa.

Un tanto menos sofocado, terminé con la limpieza y tomando de mi habitación un maletín negro junto con una linterna, me senté en la entrada a colocarme un par de tenis.

Entonces escuché la puerta abrirse nuevamente y al girar mi rostro pude sentir la mirada interrogativa de mi padre.

—Voy a ver las estrellas con el telescopio que me regaló Itachi, no tardaré—

Unos segundos de mirada silenciosa, un breve asentimiento y volvió a encerrarse en la habitación.

Frunciendo un poco el ceño, tomé mis llaves y encendiendo la linterna me largué de allí lo más rápido que pude.

Mis pies apresurados caminaban por el sendero que llevaba a un único lugar dónde las farolas de la ciudad no continuaban.

Sólo bajé la velocidad en el momento en que estuve al pie de la Montaña de los Dioses. Y me sentí libre de mis pensamientos, de la casa, de la ausencia de mi hermano, de la maldición, de la muerte de mi madre, de mi padre.

Porque hoy era una noche diferente, era una noche de verano.

Eso sólo significaba una cosa. Lo único, que la compañía de Naruto o la Hyuga y el sexto sentido de Itachi no podrían igualar.

—Estoy lista para que me enseñes esas constelaciones que dijiste—

Allí con una dulce sonrisa, el cabello en varias tonalidades más oscuras, los ojos castaños reflejando el brillo de las velas que había a su alrededor, allí estaba ella.

Y no había más silencio, ni culpa, ni enojo, ni tristeza, ni desagrado, ni sofoco. Ya nada más importaba.

Sólo ella, la montaña y yo.

Porque mientras existiera el verano, todo estaría bien.


5

Bajo el brillo de los fuegos artificiales —

– 花火の輝きの下に –


—Hinata-chan ¿me das un poco de tu tortilla?—

—A-adelante, Naruto-kun—

Los miré llevándome la última porción de arroz a la boca.

El idiota sonreía a más no poder mientras con sus palillos tomaba comida del bento* tamaño extra gigante de una Hyuga sonrojada y con una felicidad dichosa en su cara.

En realidad Naruto no tenía por qué pedirle nada a la chica, porque yo sabía que todas las noches ella cocinaba más comida de lo que podía ingerir solamente para el dobe.

Rodé los ojos antes de llevarme un sorbo de té negro a la boca.

Los tres estábamos almorzando en el salón de clase como siempre, con las mesas unidas cerca de mi puesto, al lado de la ventana. Estaba agradecido de que en el sorteo me hubiera tocado ese lugar, aunque no estaba del todo a gusto con tener a Naruto en el puesto contiguo.

Era comienzos del verano y muy pronto finales de las clases hasta después de vacaciones.

Este año cumpliría dieciséis años, y dentro de dos años más sería libre de irme de esta ciudad y de la presencia de mi padre.

— ¡Tú almuerzo estaba delicioso Hinata-chan! Eres muy buena cocinera~ttebayo—

Vi como se reclinaba en su asiento llevando ambas manos a su estómago lleno.

—Naruto si eres bestia— dije y en seguida me fulminó con los ojos.

— ¡¿Qué dijiste?!—

La Hyuuga nos sonrió a ambos nerviosamente guardando el bento dentro de su mochila mientras nosotros continuábamos lanzando insultos al otro.

—V-vamos, vamos, no s-se peleen chicos— nos dijo alternadamente con su suave voz.

— ¡Yo no estoy peleando! ¡Es el teme quien me acaba de insultar Hinata-chan! ¡Él empezó!—

—Hmp—

Entonces una chica de otra clase se nos acercó, y después de sonrojarse bajo mi mirada, pasó un mensaje a la Hyuga de que el profesor de matemáticas la necesitaba. Ella despidiéndose de nosotros y prometiendo que volvería pronto, se marchó del salón. Dejándome a solas con Naruto.

Sin darle importancia procedí a comer lo único que me quedaba de mi almuerzo, el acompañamiento del arroz, unas rodajas de tomate.

Luego de unos segundos de silencio, Naruto decidió romperlo.

—Ya he cuadrado con el viejo, y todo va de acuerdo a mi plan— me susurró cubriendo su boca como si fuera un secreto súper confidencial.

"El viejo" o "ero-sennin" eran los apodos con los que el dobe se refería a su padrino. Se notaba el poco respeto que le tenía, aunque no lo culpaba porque el tipo de verdad que no inspiraba ninguna autoridad.

Tal vez una de las cosas por las que se me daba bien relacionarme con el idiota a pesar de todo, era porque a los pocos años de haberse mudado, las personas de esta ciudad lo miraban de la misma forma que a mí, o incluso peor. En esos pocos años, todos habían descubierto que Uzumaki Naruto era huérfano y que por ello se habían mudado él y su padrino. Sumado a su tempestuoso comportamiento, era foco de atención de los susurros y chismorreos.

Nunca he hablado de eso con él, así como él nunca me había preguntado sobre mi familia. Y eso se lo apreciaba.

Le di un asentimiento con la cabeza instándolo a que continuara.

—Pude retrasar el viaje hasta que se celebre el Festival de Verano*— me dijo con un brillo en el rostro —así podré llevar a Hinata-chan y pedirle que sea mi novia~ttebayo—

Sus mejillas enrojecieron pero no se veía avergonzado.

"Al fin los dos tortolos bobalicones se juntarán…" pensé un tanto aliviado de no tener que seguir en el medio.

— ¿Por qué en el festival?— le pregunté —podrías pedírselo hoy mismo, ¿no?—

Se llevó una mano a la barbilla mientras meneaba su cabeza de un lado a otro, como si yo fuera un pobre retardado que no entendía lo obvio.

Fruncí el ceño, un tanto irritado.

—Se nota que no tienes una pisca de romance, teme…— dijo y del bolsillo de su chaqueta sacó un volante un poco arrugado —en el festival Hinata-chan lucirá un bonito yukata*, comeremos takoyaki* juntos, atraparé un pez dorado para ella y finalmente veremos los fuegos artificiales, eso será tan romántico que cautivará su corazón ¡será perfecto!—

—Sí lo que digas, suerte con tu plan cursi…—

—Oh, gracias teme— me contestó sin haber notado el sarcasmo en mi comentario.

Entonces comenzó con uno de sus monólogos sin fin, sobre alguna cosa que no me interesaba.

Observé como en el volante se mostraban dibujados los puestos de juegos y comida, el camino de lámparas de papel, y una pareja mirando los coloridos fuegos artificiales.

Desvié mi vista hacia la última rodaja de tomate que me quedaba e involuntariamente vino a mi mente la imagen de Shiragiku Kurumi.

Últimamente todos mis pensamientos me llevaban a la visión de ella esperando por mí en la montaña. Desde que me había dado cuenta de que los dolores de estómago, la incomodidad de su cercanía o el embarazo de rozarnos era causa de lo que sentía por ella, todo había bajado de intensidad.

El verano, la montaña y la promesa me hacían feliz porque yo estaba enamorado de ella.

Pero las cosas no habían cambiado entre nosotros, porque yo no me atrevía a cambiarlas, a decírselo.

Tenía miedo. Y cuando eso pasaba, terminaba pensando en si a ella le gustaría alguien, si salía con un chico, en cómo era esa persona y cómo yo podría ser ese alguien.

Yo no se lo había preguntado porque los celos morían en el instante en que ella me miraba con una sonrisa y me decía que estaba feliz de haber venido a la montaña.

Por eso no pensaba en un "nosotros" ahora, en el que estábamos separados por los kilómetros, sino en el "nosotros" a futuro cuando terminara la preparatoria y yo iría a donde ella estuviese.

Pensar de la forma en que Naruto lo hacía con la Hyuuga, con esa certeza y seguridad, era algo que no me podía permitir, algo a lo que no tenía el valor de hacer.

Aunque eso lo sabía muy bien, yo no logré entender por qué me había llevado el volante arrugado y lo veía todas las noches en que lograba hablar por teléfono con Shiragiku.

Cada vez el festival se acercaba y yo no paraba de pensar en eso, lo cual era frustrante.

Entonces la noche en la que faltaban dos semanas para el festival, la llamé con el volante a un lado mío. Después de varios repiques ella contestó.

¿Aló…?

Me quedé paralizado.

Su voz al otro lado de la línea había salido temblorosa y en un tono diferente, como si hubiera estado llorando.

— ¿Te… encuentras bien?— pregunté dudoso, yo no sabía lidiar con las lágrimas y mucho menos las de ella.

Oh, Sasuke eres tú…— se escuchó como inhalaba aire y probablemente se estaba limpiando los ojos —disculpa, estoy bien… es sólo que vi una película muy hermosa y… bueno, me ha hecho llorar

Solté un suspiro, no muy sorprendido con su respuesta.

—Eres una tonta alienígena sentimental—

Ella rió suavemente.

Aquello era normal, Shiragiku era una llorona indiscutible, por cualquier cosa las lágrimas salían de sus ojos, lloraba si algo era muy gracioso, o muy triste, o terrorífico, o romántico, en fin por muchas cosas. La lista era extensa.

Y últimamente la había atrapado durante esas sesiones de películas, al estilo sentimental drama-cursi, que sólo le producían ese efecto. Yo llegué a la conclusión de que se había convertido en una masoquista por culpa de sus hormonas femeninas en pleno crecimiento.

¿Y? ¿Por qué me llamaste? Tú nunca sueles hacerlo

Mi corazón latió velozmente, el ceño fruncido, mis orejas ardiendo y sentía un nudo en la garganta al tiempo que apretaba el volante en mi mano libre. Pasaron varios segundos de silencio y yo me sentía ridículamente nervioso.

¿Y bien, qué sucede?

Demonios, había atraído su curiosidad.

Respiré hondo y maldiciendo al idiota de Naruto por haberme metido en este lío con su estúpido plan, las palabras salieron atropelladas de mi boca.

Un tanto bruscas, como si estuviera molesto.

—Habrá un festival dentro de dos semanas, es por el verano y pensé que querrías ir—

Silencio, silencio, y más silencio.

"Maldición no debí haber dicho nada… juro que mataré a Naruto" pensé irritado llevando una mano hasta mi frente y tomando algunos mechones de cabello.

El volante se había hecho añicos.

¿C-cuándo es…?

Su voz sonaba temblorosa y no pude evitar dar un sobresalto cuando la escuché.

—Dos semanas—

Pude oír un par de ruidos al otro lado mientras sentía que explotaría.

— ¿Qué…?—

Sí, m-me gustaría ir…

—Oh—

Entonces su risa melodiosa, llegó a mi oído a través del auricular del teléfono.

Será divertido, ¿no?

Su voz sonó quebradiza.

— ¿Estás llorando de nuevo?—

¡No… claro que no!

—…—

Bueno, sí… es que me golpeé con algo ¡eso es todo!

Bufé. No le creía nada.

—Nos vemos en dos semanas Sasuke, te veré en la montaña—

—Sí, nos vemos—

Sonó el "click" indicando que la llamada había terminado.

Con una sonrisa, no muy llamativa pero tampoco invisible, me fui a mi habitación.

A la mañana siguiente sobre la mesa de mi escritorio se encontraba un kimono masculino* perfectamente doblado. Era de un tono azul marino, con el cinto negro para atarlo y en la parte de enfrente el escudo familiar se repetía al lado del pliegue derecho e izquierdo, a la manera de los antiguos guerreros.

Probablemente mi padre oyó la conversación que tuve y había dejado esto para mí mientras dormía.

No estaba muy seguro de que hacer al respecto pero cuando lo encontré para desayunar, él no dio muestra de nada. Así que ambos comimos en silencio.

El incienso ese día era de canela.

Y pensando en el festival, la montaña, el verano y en ella, el tiempo en compañía de mi padre lo sentí pasar sin torturarme.

Al igual que como yo subía los escalones de piedra, las dos semanas sucedieron y para cuando alcancé el arco gastado de madera, el día que había esperado llegó.

Ella de espaldas a mí, con sus manos entrelazadas, su cabello rojizo meciéndose con la suave brisa, no notó que me encontraba allí.

Yo la observé y se me hizo la sensación de que desaparecería en cualquier momento, como si lo que mis ojos veían fuera un espejismo.

Pero eso no era posible.

Porque ella estaba ahí y mientras el verano viniera, ella siempre estaría bajo el arco, al final de la escalera.

—Hola Shiragiku—

Las cigarras cantaban mientras se giraba rápidamente, sorprendida de verme. Le di una media sonrisa.

—Hola Sasuke—

Dando varios pasos, caminó en mi dirección y se sentó en uno de los peldaños de piedra, indicándome con la mano que tomara asiento a su lado.

Desde esa posición podíamos ver como la escalera se extendía en picada bajo nuestros pies, la vegetación verde que crecía salvajemente, las cigarras junto a las aves dando uno que otro vuelo y yo podía oler el aroma a vainilla con oleo.

Porque desde que Shiragiku se uniera al club de pintura y la comenzara a tomar seriamente, el olor penetrante del oleo se había adherido a su ropa, mezclándose con su dulce aroma. Y no me molestaba en absoluto.

Entre ambos nos separaban unos escasos centímetros.

— ¿Qué estabas haciendo?— pregunté.

Sus ojos parecían mirar un punto lejano en la distancia.

—Nada en particular, sólo observaba este lugar y lo mucho que ha cambiado a cuando vine hace seis años—

Esa fue su respuesta, y estaba de acuerdo con ella.

Para mí, la Montaña de los Dioses era muy diferente del tiempo antes de conocerla.

—Aunque probablemente sea yo la que ha cambiado, y por eso la veo distinta, ¿no crees?—

Se giró para mirarme con una sonrisa dulce mientras su barbilla descansaba sobre su mano apoyada en sus piernas.

—Tal vez— dije y mantuve su mirada.

—Tú también has cambiado Sasuke— dijo recorriéndome con la mirada —ya no eres tangruñón como antes—

Y ella se había vuelto mucho más hermosa, demasiado quizás.

—Tú en cambio, te has vuelto más extraña que antes—

Rió.

Ese día no recorrimos la montaña en busca de espíritus, sólo estuvimos sentados, hablando hasta que llegó el momento de ir a casa, alistarse y asistir al festival.

Bajamos juntos la escalera y cuando me ofrecí a buscarla a casa de sus tíos para ir al evento, ella negó con la cabeza.

—No es necesario, lo mejor es vernos a la entrada ¿sí?—

Accedí con la cabeza y se despidió de mí cuando me dejó frente a mi casa.

Emocionado y un poco nervioso, me bañé, me coloqué el kimono de mi padre y caminando en círculos por la sala esperé que se consumieran las horas.

En el instante en que me disponía a salir, mi padre se asomó, chequeó que mi atuendo estuviera bien y dando dos pasos atrás, sólo dijo una cosa.

—Cuídate—

Lo dijo tan bajo que no lo escuché, tan bajo que fue como si no lo hubiera dicho mientras yo salía por la puerta.

Esa palabra la recordé muchos años después.

Caminé lo más rápido que pude siguiendo a la corriente de personas que alegres y entusiasmadas se dirigían al mismo lugar que yo. Algunos mayores al lograr distinguir el escudo en mi pecho murmuraron pero no me importó en absoluto, menos aún en el instante en que mis ojos la encontraron.

Cerca de la entrada, observando entre la gente y revisando una que otra vez la hora en su celular, Shiragiku Kurumi me esperaba mucho más bella de lo que jamás la había visto.

El corazón me latía con fuerza y las conversaciones de toda la multitud que me rodeaba zumbaban en mis oídos. El ambiente luminoso y festivo elevaba mi ánimo mientras mis ojos la contemplaban y mi mente la registraba en mi memoria.

Llevaba una hermosa yukata color turquesa que gradualmente iba oscureciendo su tonalidad hasta los bordes finales de la tela, sobre ella hilos plateados, dorados y blancos dibujaban la silueta de ondas en el agua producidas por grandes crisantemos* blancos que se regaban por toda la silueta de Shiragiku; alrededor de su cintura un obi* de color dorado terminaba en un moño en su espalda.

Su cabello se encontraba perfectamente arreglado en pequeños bucles que rozaban sus orejas y resaltando su intenso color rojizo un grupo de crisantemos, iguales a los de la yukata, adornaban el lado derecho de su rostro.

Sin poder resistir los impulsos que corrían por mis venas, crucé el último tramo que me faltaba para llegar a ella.

—Eres muy lento Sasuke, has llegado tarde otra vez—

Me sonrió ampliamente con sus labios pintados de carmín. Sus pestañas largas y negras enmarcando sus castaños y brillantes ojos.

—Y tú demasiado temprano—

Ella se rió y comenzó a girarse para entrar al festival.

—Espera— dije sacando una cinta blanca de una de mis mangas —ata esto a tu muñeca—

Ella tomó el extremo que le ofrecí mientras yo ataba el contrario a mi muñeca izquierda.

— ¿Por qué la cinta?— me preguntó pero haciendo lo que le dije, en su muñeca derecha.

—Porque eres muy pequeña y podrías perderte— le dije con una sonrisa ladina. Ella infló las mejillas coloradas frunciendo el ceño.

—Eres un grosero con las damas— dijo caminando a mi lado —sólo son 25 centímetros, y eso no te hace mayor ni mejor que yo—

Me reí por lo bajo.

Eso lo sabía bien, pero el hecho de que a ella le molestara ser tan bajita con respecto a mí, que era menor que ella por un mes y dos días, era algo que disfrutaba.

Pero noté como la molestia se le pasaba cuando emocionada sus ojos se abrían absortos viendo las lámparas de papel y los escaparates de madera.

Había mucha gente detenida en los puestos, caminando, corriendo, riendo y disfrutando la celebración. Yo también lo estaba haciendo, aunque mi rostro y mi orgullo nunca lo reflejaran.

Shiragiku me obligaba a parar cada dos por tres para ver un acto, probar una comida que exhibían junto a una golosina y tentar a su suerte en algún juego para conseguir un premio.

Yo la miraba e intervenía cuando tenía que hacerlo.

Tras haber fallado doce veces en conseguir un pez dorado, cinco en las cuales me había forzado a participar bajo la burla de unos niños, ella inclinó su cabeza para mirarme con una expresión divertida.

La cinta no nos había permitido alejarnos y colgaba en los centímetros que había entre nosotros. La misma distancia de siempre.

—Sabes… esto parece una cita— dijo con tono burlón haciendo énfasis en la última palabra.

Sentí que algo se atoraba en mi garganta y que mis orejas ardían con fuerza con sólo escuchar esa palabra de sus labios.

Mi corazón latía como loco y mi mente me ordenaba a gritos que dijera algo.

"Es porque es una cita…" pensé antes de que las palabras salieran de mi boca.

—Tonta, no digas algo tan desagradable

Ella parpadeó unos instantes y luego rompió a reír, como si lo que yo hubiera dicho fuera un chiste. Solamente desvié la mirada, frunciendo el ceño y tratando de ocultar mis mejillas ahora sonrosadas.

Entonces lentamente, tomándome por sorpresa, sus finos dedos se entrelazaron con los míos. Cálidos, tan cálidos como el sol en la montaña y mucho más suaves de lo que recordaba.

Por fin, después de cinco años volvía a tocarlos, a sujetarlos firmemente entre los míos.

Su mano ahora era más pequeña y se refugiaba en la mía. Y en ese instante sentí que no había kilómetros entre nosotros, que estábamos uno al lado del otro, nada más.

Fui extremadamente feliz.

—Hay que ir a la colina, ya van a empezar los fuegos artificiales— dijo una mujer a dos niños pequeños que colgaban de sus brazos.

Shiragiku me dio un apretón.

—Vamos también Sasuke—

Su voz sonaba alegre y emocionada, aunque un poco nerviosa mientras con fuerza me halaba en la dirección en que iba la mujer y que luego muchas personas seguían.

Yo sonreí sin que me viera y me dejaba llevar sin soltar en ningún momento su mano.

Conseguimos un lugar apartado del mayor tumulto de gente y donde ella pudiera ver bien sin ningún obstáculo.

Esperamos los minutos en silencio, sintiendo la tibieza en los dedos y cada parte de nuestro cuerpo hasta que abriéndose paso a través de la noche, una brillante luz se fue alzando en el cielo con un fuerte silbido y estalló en una gigantesca muestra de colores.

Escuché como ella se reía fascinada.

Después de eso, más y más luces surcaron los cielos y terminaron formando resplandecientes círculos de colores que estruendosos se reflejaban en los ojos de Shiragiku.

Y eso lo sabía porque no había apartado mi mirada de ella ni un momento.

El tiempo pasaba y los fuegos artificiales refulgían arriba de nuestras cabezas iluminando cada espacio libre.

—Son… son… tan bellos…—

"¿Eh…?"

¿Por qué las lágrimas escapaban de sus ojos? ¿Por qué su mano se había aflojado y ahora temblaba en la mía? ¿Qué era lo que pasaba?

Su cabeza descendió, dejando de ver al cielo y sólo lloró en silencio. La observé confuso pero sin decir nada.

—La verdad… la verdad es que… hay algo que debo decirte—

Ella inspiró un poco de aire y luego lo dejó salir.

Su mano dejó de temblar.

—Ya… no podremos buscar más espíritus en la Montaña de los Dioses, este… este es el último verano

Mi mente quedó en blanco, sólo escuchando sus sollozos y su voz quebradiza.

—Yo ya no puedo volver más a este lugar… verás, al final del verano pasado me dieron la noticia de que mis tíos se mudarían a otra ciudad. Su casa es muy grande ahora que todos mis primos se han marchado, y como el mayor de todos le ha ido bien en su trabajo les ofreció trasladarse a otro lugar más pequeño junto con la tienda…—

"—como ya no tengo donde quedarme y el trabajo de mamá le ha permitido pasar más tiempo en casa, yo… no puedo cumplir con nuestra promesa. Lo siento, me sentí tan triste que no he dejado de llorar desde entonces y para cuando quería contarle a alguien, pedir un poco de consuelo… me di cuenta de que no tenía a nadie— continuó llorando, más lágrimas corriendo por su rostro —durante toda la secundaria me había aislado de mis compañeros por pensar en el verano, no hice amigos por querer estar sólo contigo, yo… sólo vivía de la espera, de cuándo llegaría el momento de ir a la montaña, de cuando estaba allí y de cuándo volvería…—

Eso explicaba sus llamadas y que cuando me contaba en sus correos lo que había hecho no mencionara a nadie, como antes lo hacía en nuestras primeras cartas. Era en este momento que me daba cuenta.

Su mano volvía a temblar y con la otra, en vano, trataba de detener su llanto.

"—Guardé la montaña en secreto de todos y me apegué demasiado a ella, por lo que cuando me dieron la noticia ya no me quedaba nada… estaba sola y… tenía tanto miedo de decírtelo, de que me odiaras por saberlo, que había decidido quedarme en casa y no volverte a contactar… entonces me llamaste y cuando me invitaste al festival, me sentí tan avergonzada de mí misma…—

"—Hoy mientras estaba allí… la montaña se veía tan distinta… tan hermosa que me dolía, que quería huir y no enfrentarte… no sabía qué cara poner, qué debía decir… y al final cuando te vi sólo pude sonreírte como siempre… soy tan tonta… y lo siento mucho, perdón, perdóname Sasuke, perdóname…—.

Ella sólo siguió pidiendo disculpas una y otra vez, mientras que con cada lágrima que se quitaba, otra volvía a aparecer hasta que cubriendo su rostro se quedó en silencio.

El espectáculo terminó y la gente comenzaba a unirse a las luces de los puestos.

Automáticamente ambos comenzamos a abrirnos paso entre la muchedumbre, en el ambiente del festival que no había cambiado y que sólo llegaba a mí en formato de ruidos.

Mientras nuestros pies daban cada paso, yo lo único que podía hacer era sujetar su mano débil y pequeña. No la soltaba, porque Shiragiku se rompería.

Al llegar a la entrada y cruzar unas cuantas calles hasta que sólo quedaran unas cuadras del hotel dónde se estaba quedando por esta noche, ella se detuvo y se colocó frente a mí.

Hace mucho que la cinta había sido desatada y había quedado colgando de mi muñeca.

Tomando mis manos entre las suyas me obligó a verla, sonriendo de una forma extremadamente amable con las lágrimas brillando por la luz de un farol sobre sus mejillas enrojecidas al igual que su nariz.

Los ojos castaños, acuosos, me observaban intensamente mientras su cabello rojizo se mecía de a poco por el viento nocturno.

Estaba muy claro lo que estaba haciendo, lo que aquello significaba.

—Gracias, muchas gracias por todo… me hiciste muy feliz—

Ya no estaría más al final de la escalera.

Ella se estaba despidiendo.

Entonces su cuerpo se lanzó contra el mío, con sus brazos alrededor de mi cuello y sus labios cerca de mi oído. Ella me abrazaba con fuerza parada de puntillas, me abrazaba como si la vida se le fuera en ello.

—Te amo…— susurró contra mi oreja, como si sus labios me estuvieran dando un beso. Yo estaba paralizado, sin hacer nada más que respirar.

Lentamente comenzó a soltarme, sintiendo sus manos pasar por mi cuello, mis brazos y finalmente llegar hasta mis manos.

Me miró a los ojos unos segundos, aún con aquella sonrisa y retrocedieron unos pasos.

Ya no había ningún contacto.

Adiós Sasuke…—

Lo siguiente que escuché fueron sus pasos corriendo, alejándose en la distancia.

Yo sólo me quedé allí, parado bajo la luz del farol sintiendo como el calor que Shiragiku me había dado iba desapareciendo por un frío cortante.

No sé cuánto tiempo transcurrió, cuantos minutos se escaparon de mis manos y se convirtieron en horas.

Y entonces no pude más.

Mis rodillas dieron con el suelo mientras sentía que me destrozaba por dentro, la ira violentamente corría por mis venas y se acumulaba en el puño que golpeaba el asfalto y en la mano que sujetaba con fuerza los mechones de mi cabello.

Estaba enojado, avergonzado, desesperado, solo.

Un grito desgarrador resonó por todos los rincones de mi mente, sin ser capaz de salir por mi boca, muriendo ahogado en mi interior de forma dolorosa.

Yo no podía hacer nada más que estar en el piso, sin hacer nada, sin lograr soltar todo lo que ardía en mi cabeza.

Patético, lastimero, inútil.

Cuando de alguna forma desconocida había logrado llegar a mi casa, a mi habitación, esa noche soñé con una versión diferente de un problema matemático que había resuelto hace mucho tiempo.

En el sueño había un hombre que en compañía de un zorro, un conejo y una flor, tenía que cruzar un río para llegar a casa.

Para cruzarlo contaba con una balsa de madera en la que sólo podía viajar él y uno más de los que se encontraban a su lado.

El problema era sencillo, el hombre sólo tenía que realizar siete viajes en total.

En el primero debía llevarse al conejo, el segundo viaje era su regreso solo en la balsa.

En el tercer viaje tomaba al zorro, lo depositaba en la orilla, y con el conejo se regresaba en la balsa como su cuarto viaje.

Para el quinto viaje dejaba el conejo, montaba a la flor y la dejaba con el zorro, y así en su sexto viaje regresar solo.

Finalmente en el viaje número siete, tomaba al conejo y se iba a la orilla con los demás.

Pero nunca había calculado que en el último segundo, cuando el hombre daría el quinto viaje, la flor cambiara de lugar con el conejo.

Y que cuando el hombre llegaba con el zorro, el río se llevara la balsa vacía mientras del otro lado la flor se despedía de él.

El hombre sólo podía verla con sólo tres palabras atoradas en su garganta, tres palabras que quería gritar a todo lo que dieran sus pulmones.

"No me dejes"

Esa noche, el verano había llegado a su fin.

.

.

.

Fin del capítulo


Glosario.

1. Bentō: ración de comida sencilla preparada para llevar, bastante común en la cocina japonesa. Tradicionalmente suele contener arroz, pescado o carne y un acompañamiento a base de verduras. Está hecho a mano y suele ir en una bandeja o caja de madera.

2. Matsuri: es la palabra japonesa para un festival o día festivo. En Japón los festivales suelen estar patrocinados por un santuario, o templo hay días específicos, cambiando las fechas de una región a otra. Cada localidad tiene al menos un matsuri al final del verano o principio de otoño. Casi siempre puede encontrarse puestos vendiendo suvenires y comidas, además de juegos como la pesca de peces dorados con redes de papel.

3. Yukata: vestimenta típica japonesa hecha de algodón. Se usa principalmente para el verano o estaciones cálidas. Es mucho más ligero que el kimono.

4. Takoyaki: comida japonesa hecha a base de harina de trigo y unos trozos de pulpo, que se hacen en forma de una bola. Se asan en una plancha de hierro con huecos en forma semicircular, y se sirven con salsa tipo Worcester.

5. Kimono masculino: darles una definición podría complicarlos un poco, así que seré simple, este tipo de vestuario usado por Sasuke es el mismo que utiliza en el Ending "Broken Youth" de Naruto Shippuden. Pueden buscarlo por Google.

6. Crisantemo: es una flor nativa de Asia. Más que todo esto es un dato curioso, verán Shiragiku significa crisantemo blanco, es por eso que se las he colocado en la vestimenta, además es la flor nacional del Japón (inclusive aparece en el escudo). También Kurumi significa nuez, y esto hace referencia a los ojos castaños y la baja estatura del personaje. El nombre ha sido genialidad de mi hermana y mía, que después de un análisis a los nombres que Kishimoto usó en su trabajo, terminamos creando esto. Ven, un dato curioso.

7. Obi: es una faja ancha de tela fuerte que se lleva sobre el kimono o yukata, y que se ata a la espalda de distintas formas.

8. El sueño de Sasuke: esto no me lo he inventado, la idea está basado en un problema de lógica que hace muchos años mis profesores de primaria me pusieron a hacer. Si colocan en Google: "Acertijo del lobo, la cabra y la col" les aparecerá la información de Wikipedia, yo lo único que hice fue alterarlos personajes. Espero adivinen quién es cada quién, aunque creo que la puse fácil.

Nota de Autor.

¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo 2014! Ojala la hayan pasado bien y lo hayan disfrutado al máximo.

Muy bien, primero sé que debí traerles el capítulo hace un tiempo y no tengo más que decir que me disculpen pues estaba ocupada. Segundo, sé que el capítulo ha sido un poco… triste pero era algo que tenía que pasar.

Con respecto al carácter de Sasuke creo que lo he manejado bastante bien, y quiero que comprendan que aún en el fondo es el niño de los primeros capítulos pero combinado con el aire sereno y "frío" de la serie Naruto y Naruto Shippuden, como vieron en este capítulo aún tiene ciertos problemas familiares (coff Fugaku coff) que lo hacen más reservado de lo normal pero que gracias a sus amigos Naruto y Hinata, se forma un contraste del "chico con complejo de lobo solitario". Evidentemente aquí no posee instintos de venganza.

Por favor, espero que no se enojen con Kurumi por lo que hizo, es lo único que puedo decir con respecto a ella.

Y al parecer el NaruHina florece lento, pero ¡seguro!, dios disfruté demasiado de escribir sobre ellos en esta historia que estoy ansiosa de sacar una nueva idea con esa pareja. Son tan tiernos que muero.

Blangel48: muchísimas gracias mi querida amiga por tu apoyo y por los reviews que me has dejado con tu opinión. Y con respecto a ellos:

Si, yo también adoré la amistad que tenían Naruto y Sasuke, coincido completamente contigo, es que ambos compartían casi los mismos problemas lo que los ayudaba a entenderse mejor y como tú dijiste mantenerse a flote. Me dio mucha risa eso de "te pego porque me gustas, pero no lo entiendo", ¡ni yo misma lo hubiese dicho mejor!

Me alegra tanto que te guste Kurumi, fuiste una de las primeras antes de esta historia que comentó acerca de ella y diste tu opinión sincera, lo cual me hizo sentir muy feliz. Ahora espero que eso se mantenga así, a pesar de lo ocurrido en este capítulo.

En tu segundo review, te confieso que hice realidad la idea de que Naruto, Hinata y Sasuke pudieran ser el equivalente al Trío Dorado de Gryffindor de Harry Potter, además lo encontré algo irónico que Sasuke ayudara a Hinata en San Valentín ni más ni menos que como su Cupido personal, hasta te lo imaginas con las flechas y es un deleite de risas. Pero fue para mostrar su lado bondadoso que noté mucho en la serie y que se vio un tanto opacado con el tiempo.

Ahora ya mencioné un poco sobre la personalidad de Sasuke en esta historia, unos párrafos más arriba, pero aún faltan 5 capítulos para descubrir más sobre él. ¡Espero contar con tu review amiga, lo esperaré ansiosa!

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¡Wow! Creo que me excedí un poco, pero a veces me preocupa que no se entienda del todo lo que escribo, ¡y no es sólo con ustedes! Me pasa que cuando estoy con mis amigos a veces digo algo que todos se me quedan mirando, porque dije algo que ninguno sabía. Por eso, no lo vayan a tomar a mal.

Finalmente, me despido hasta el próximo capítulo que les adelanto se titula:

"— Otoño, invierno y primavera son también estaciones —"