¡Hola! Aquí el capitulo de la semana, gracias a los que leyeron esta historia y a los que le dieron follow, favorito o comentaron, se les agradece mucho y anima a seguir subiendo los capitulos. Dejaré las respuestas a los comentarios antes de la historia.

Nota1: Este fic es un ByaRuki y está inspirado en el drabble "Sombras y Fantasmas" de la colección de drabbles ByaRuki "In Bloom" de la autora BellaRukia.

Nota2: El tema de esto hace referencia al incesto, y no, no me refiero a ese "incesto psicológico" de que Rukia es "hermana" de Byakuya, sino a incesto real, ese donde uno se siente atraído a su propia sangre. La idea en sí es bastante retorcida, así que si son sensibles les recomiendo prudencia.


Contesto Reviews:

Azulaill: ¡Hola! Si, tenía mucho tiempo sin pasar por aquí y gracias por el cumplido de la narración, la verdad tenía mucho tiempo sin escribir historias que me cuesta encontrar mi forma de escritura nuevamente. Tengo un proyecto más para Bleach que estoy escribiendo y si queda como quiero lo verás por aquí pronto jejeje gracias por comentar :D

jbadillodavila: ¡Gracias! Espero sigas leyendo :D

Kai3d2y: ¡Hola! Gracias, esa es la idea, intentar plasmar lo mejor que se pueda la relación de esos dos jejeje La verdad al inicio nunca dije que Rukia y Byakuya serían hermanos, solo dije que no me refería a que habría incesto entre ellos jeje creo que no pude explicarme bien. Así que ellos no son hermanos, Rukia es hermana de Hisana así como en el manga :D el incesto, bueno, la mención de su probabilidad es sobre otra persona. Espero que te guste la historia venidera. Y sip, son 4 capítulos en total jeje. Gracias por comentar :D


Disclaimer: Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen, pertenecen a Tite Kubo. Yo solo los uso para satisfacer mi imaginación. Disfruten.


Sombra.

Capítulo 2


Estaba febril, agitado, exaltado, confuso.

Toda la noche había estado teniendo sueños extraños; sueños que no recordaba haber tenido antes y que de haber sido antes se habría llenado de vergüenza. Sueños que lo tomaban de las muñecas apresándolo como si fueran cadenas y lo arrastraban del desierto para llevarlo al mismo infierno. Sueños que hacían que ese infierno se tornara pecaminoso, prohibido y placentero.

Sus manos temblaban, aun sentía en ellas el tacto suave y frio de la piel de Rukia enfriada por la noche; también sentía en su pecho el peso del cuerpo de ella y en su mente aun flotaban los vestigios de aquellos sueños infernales que eran tan perturbadores como excitantes.

Excitante.

No se iba a mentir. Había estado casado antes y no era ningún virgen en esas cuestiones carnales, era un hombre que había pasado mucho tiempo en la soledad del lecho y del alma y aquellos sueños solo despertaron algo que él creía muerto. Su cuerpo reaccionó a los sueños como lo haría el cuerpo de cualquier hombre, con una erección.

Una erección que dolía demasiado en más de un sentido.

Y de nuevo el infierno.

El sueño regresaba a su mente en ráfagas constantes, en visiones casi vividas, casi reales pero lo único real en esa habitación era la erección entre sus piernas que palpitaba, que dolía, que pedía ser calmada.

Era obsceno, era bajo, era vil; era un infierno demasiado placentero el que lo impulsaba a sujetarse con una mano la erección entre sus piernas y a evocar ese sueño con los ojos cerrados a voluntad, a suprimir los jadeos, a ignorar la necesidad del peso de otro cuerpo sobre el suyo o la sensación bajo él.

Cuando terminó se quedó tumbado en el futon, tratando de recuperar el aire, tratando de que los latidos de su corazón regresaran a la normalidad, luchando con la culpa que empezaba a invadirlo de a poco. Debía estar enfermo o muy desesperado pero sabía que no era así, quería convencerse de que no era así, de que era solo un hombre, nada más.

.:o:.:O:.:o:.

Sus pasos eran suaves, armoniosos, elegantes.

Sus pasos lo dirigían a una de las reuniones que tenía con los ancianos consejeros de su clan.

- Han llegado los resultados de los exámenes médicos de Rukia-sama.

Habló uno de los ancianos consejeros después de un largo rato de charla económica, política y social.

Le gustaba como sonaba "Rukia-sama", le gustaba como sonaba porque ella era la mujer de la casa, le pesara a quien le pesara ese hecho. Rukia era la que disponía de los gastos cuando él se lo pedía, la que disponía de las comidas desde hacía mucho tiempo.

No le gustaba lo que los ancianos habían hecho pasar a Rukia, no les gustaba que la hicieran someterse a pruebas de fertilidad, exámenes médicos ni nada de eso. No les gustaba y lo peor era que le molestaba. Le molestaba que ella no se negara al hecho de que se los practicaran, de que aceptara sumisamente las órdenes de los ancianos.

Ambos sabían la razón, ambos habían estado ahí cuando se lo dijeron a Rukia. Ella era, después de todo, la princesa del clan Kuchiki y como tal, tenía que darle honor al apellido casándose con el heredero de otro clan y a su vez, darle un heredero a ese clan.

La razón de sus exámenes eran los antecedentes familiares que tenía, su hermana Hisana, además de proceder del Rukongai estaba enferma y esa enfermedad impedía que ella le diera el heredero al clan. Los ancianos no podían darse el lujo de comprometerla con otro clan y que ella resultara igual que su hermana.

Los resultados, como era de esperarse, resultaron favorables, ella estaba completamente sana, era fértil y era fuerte.

Los ancianos empezaron a redactar la lista de familias nobles que tenían un heredero varón, él los escuchaba decir nombre tras nombre de familia, repasando mentalmente a los herederos, evaluándolos; sabía que la mayoría de esas familias se negaría a casar a su heredero, nacido de entre siglos y siglos de tradición familiar, con una adoptada del Rukongai; pero también sabía que ella no se negaría a casarse con el hombre que ellos le dijeran, ella lo haría por gratitud y por respeto, para evitarles otro escándalo a la familia que la adoptó.

Y eso también le molestaba.

.:o:.:O:.:o:.

Las sirvientas estaban alistándola nuevamente, un kimono diferente de la gran colección de prendas que le habían llevado para lucir y no repetir ninguna. Las sirvientas cuchicheaban sobre lo bonita que se vería, sobre lo afortunado que sería el hombre que la desposara, sobre que tenía que dejar sus deberes dentro de Gotei 13 y dedicarse a cuidar hijos por obligación.

Eso último no le gustaba.

No le gustaba la idea de abandonar todo por lo que había luchado, por lo que había sudado y por lo que había sangrado. Ella amaba su trabajo, en él se sentía importante por lo que era y no por el apellido que tenía, en él no importaba si había nacido en una casa noble o había salido de uno de los peores distritos del Rukongai, en su trabajo solo importaba lo bien que se desempeñara.

Cuando las sirvientas terminaron de arreglarla se miró en el espejo y pasó como todas las veces anteriores que ellas la arreglaban, no reconocía a la mujer que le regresaba el reflejo. Esa mujer era elegante, distinguida, tenía porte y presencia, nada comparado a como ella se sentía, nada comparado a lo que ella era en verdad, una mujer sencilla adoptada en una casa elegante.

Salió de su cuarto despacio, cuidando de que ni un solo cabello se moviera de su lugar, cuidando de dar un paso después del otro hasta llegar a su destino sin morir en el intento, los jardines principales de la mansión Kuchiki.

Su hermano estaba parado platicando con alguien, seguramente con alguno de sus muchos pretendientes que esa noche se reunían en su casa. Durante un momento sus ojos se quedaron clavados en su hermano, el hombre pelinegro de porte elegante, distinguido, con la mirada seria, fría, carente de emociones. La volteó a ver y su corazón de desbocó con solo eso, parecía que la analizaba, que la estudiaba y con leve asentimiento de cabeza la aprobó para luego despedir al hombre con el que platicaba y empezaba a caminar con ese andar tan elegante hacia ella.

No le dijo nada y ella no esperaba que lo hiciera.

Después se encontraba platicando con los invitados, la mayoría jóvenes herederos que podrían ser potenciales pretendientes para ser su marido.

Platicaba con ellos, se reía de sus bromas con elegancia, los escuchaba, se mostraba interesada, respondía con cortesía, hacia todo lo que le habían enseñado a hacer para encajar en el mundo al que la habían metido.

Ninguno de ellos le parecía suficiente, sus pláticas eran superfluas, banales, insípidas; pocos tenían una plática decente que a ella le agradaba, en la que realmente se mostraba interesada y hasta cierto punto le entusiasmaba y se reprendió mentalmente por eso, ahí no importaba si le parecían buenos o malos a ella, lo único que importaba era si ella le parecía suficiente a los pretendientes.

.:o:.:O:.:o:.

Los ancianos habían llegado a un acuerdo, por eso lo habían llamado, para infórmaselo. Internamente agradecía que acabara todo ese circo de las fiestas para buscarle prometido a Rukia; no le gustaba que la exhibieran como un objeto, que la vistieran así, que la maquillan así. Él la prefería al natural, con su mechón de cabello rebelde sobre su frente y sin maquillaje que ocultara la perfección y suavidad de su piel.

Se sentó en su puesto de siempre y los ancianos empezaron a hablar.

De todos los pretendientes que habían visitado la mansión Kuchiki la mayoría concordaba con que Rukia era hermosa, un tanto en que era hermosa a pesar de haber salido de Inuzuri, otros dudaban de su pureza al haber salido del Rukongai, otros decían que era demasiado vieja para ellos y solo unos cuantos decían que estaban dispuestos a aceptar casarse con ella siempre y cuando la casa Kuchiki se mostrara complacientes con ellos.

- Basura.

Fue la única palabra que salió por ese momento de su boca. Todos eran basura pero eso no le sorprendía, sabía que así reaccionarían ante ella porque así habían reaccionado ante Hisana. Sabía que nadie estaba dispuesto a pasar lo que él pasó porque nadie sentía por Rukia lo mismo que él sintió por Hisana.

- La casa Kuchiki no se doblega ante nadie.

- Pero Byakuya-sama…

Y de nuevo empezaron a hablar los ancianos diciendo las opciones que tenía Rukia para casarse. Ninguna le gustaba, no le parecían lo suficientemente buenos para ella. Ninguno la merecía a ella.

Miró fijamente a los ancianos, con su expresión fría y carente de emociones y luego dio una opción más para pretendiente de Rukia.

Los hombres se escandalizaron, se negaron alegando cosas tras cosas, se mencionó el deshonor y la deshonra, el prestigio, el linaje. Al final terminaron aceptándolo.

.:o:.:O:.:o:.

Estaba ansiosa, nerviosa, preocupada, intrigada.

Sabía que en la cena le dirían el resultado de la elección para pretendiente, la fecha de la boda y la fecha en que tenía que dejar de trabajar en el Gotei 13.

Había tenido tiempo para pensarlo y asimilarlo, para hacerse a la idea de que se volvería solo la esposa de algún noble al que no conocía y que viviría para servirle por el resto de su vida, que le daría hijos y que le cortarían las alas.

Cuando llegó al comedor estaba su hermano sentado en su lugar habitual, a la cabeza; solo había servicio para ella y para él. Se sentó en su lugar y esperó a que su hermano hablara.

- Hemos encontrado un esposo adecuado para ti.

Le dijo y ella bajó la mirada con tristeza mientras asentía pero no dijo nada, esperó hasta que su hermano volviera a hablar.

- Te casarás en un mes, no dejarás de trabajar en el Gotei 13 y solo te alejaras de tus obligaciones como teniente cuando quedes embarazada. A partir de mañana no irás al escuadrón, se te concede un mes de asueldo por los preparativos de la boda.

La tomó por sorpresa, un mes era muy poco tiempo para casarse pero lo que más le sorprendió era que no iba a dejar de trabajar. Todo lo habían planeado para que ella no se sintiera tan incómoda. Supuso que su prometido cedió esos puntos con la esperanza de que ella se embarazara rápido y se alejara voluntariamente del Gotei 13 para que después ella no tuviera resentimientos con él.

Estaba agradecida por eso, porque al menos le daban oportunidad de acoplarse a la nueva vida a la que la estaban arrojando.

- ¿Puedo saber su nombre?

Preguntó levantando la mirada y enfocándola en su hermano. Lo vio dudar y aclararse la garganta un momento antes de responder.

- Lo conocerás el día de tu boda, por el momento no te mortifiques por eso.

Ella asintió, en un mes más estaría casada y lejos de su hermano.

Su corazón se estrujó por eso.


Gracias por leer y si dejan algun review lo contesto en el proximo cápitulo :D