¡Hola!
Nota1: Este fic es un ByaRuki y está inspirado en el drabble "Sombras y Fantasmas" de la colección de drabbles ByaRuki "In Bloom" de la autora BellaRukia.
Nota2: El tema de esto hace referencia al incesto, y no, no me refiero a ese "incesto psicológico" de que Rukia es "hermana" de Byakuya, sino a incesto real, ese donde uno se siente atraído a su propia sangre. La idea en sí es bastante retorcida, así que si son sensibles les recomiendo prudencia.
Disclaimer: Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen, pertenecen a Tite Kubo. Yo solo los uso para satisfacer mi imaginación. Disfruten.
Sombra.
Capítulo 3
Los jardines principales de la mansión los habían arreglado para una ceremonia tradicional, ella lo había dispuesto así; lo que le parecía extraño era que no había ningún otro escudo de armas además del de la familia Kuchiki y su hermano no le dijo el nombre de su prometido, tampoco la había dejado recibir visitas, incluso la AMS había sido expulsada de la casa en cuanto hacían acto de presencia.
Se dirigió a su cuarto para que la arreglaran.
Tenía miedo por lo que sucedería en unas horas, por el hombre con el que se casaría y con el cual compartiría el lecho en la noche para consumar su matrimonio. Sentía formársele un nudo en la garganta, quería llorar, decir que no quería casarse, decir que la dejaran libre que ella no era una Kuchiki, que ella no era una dama pero no podía, no podía hacer pasar otro escándalo a la familia que la adoptó.
Le limpiaron las lágrimas que había derramado y le pusieron unas gotas en los ojos para que no los tuviera rojos en la ceremonia; las sirvientas creían que lloraba de felicidad.
La terminaron de arreglar con el kimono blanco de novia y le cubrieron el rostro dejándole visibles solo los labios que habían pintado de un tono rosado natural; después la guiaron con cuidado hasta la puerta donde tenía que encontrarse con el novio y por la cual avanzarían juntos hasta el altar.
Respiró profundo y enfrentó la realidad. Ella era Rukia Kuchiki.
Con cuidado colocaron su mano sobre la de su prometido y este se la apretó con suavidad. Ella conocía ese tacto, aunque solo lo hubiese sentido una vez ella lo conocía.
- Nii-sama
Susurró con sorpresa mientras giraba la cabeza para comprobar que era él y no un error o una broma. Su hermano la miró con esos grises ojos frio y negó con la cabeza.
- No. Byakuya.
Y empezó a caminar despacio guiándola por el pasillo al altar.
.:o:.:O:.:o:.
Lo había planeado todo de una forma tan fría y hasta cierto punto, calculadora.
El infierno en el que vivía lo impulsaba a hacer los actos más bajos para poder tener un poco de paz o lo que sea que obtendría al final.
Había soportado el circo de lucir a Rukia como un objeto a subastar como se había esperado de él. Como un hermano orgulloso. Había dejado que los ancianos hicieran, dispusiera y demás con el futuro de Rukia y al final, se había propuesto él mismo como prometido.
Los había acorralado y él lo sabía.
Solo faltaba una cosa, que ella lo aceptara a él como esposo y la mejor manera para hacerlo era acorralándola a ella también.
Decirle que era con él con el que se iba a casar era como darle la oportunidad de escapar a eso, de que pusiera las excusas necesarias y él no dejaría eso, no permitiría eso, sus demonios no tolerarían eso.
Y ahora la tenía ahí, acorralada, sujeta de la mano con un vestido de novia hecho especialmente para ella, en frente de todos los conocidos, con todo el honor del apellido Kuchiki en sus delicadas manos que temblaban mientras las aferraba y decían los votos.
No había margen para el error y eso también lo sabía. Ella había aceptado el hecho de casarse con un completo desconocido. ¿Acaso no era mejor casarse con su hermano? Ellos no eran desconocidos, no tanto como si la hubiesen casado con alguien más.
Había ganado, se había casado con ella, qué importaba lo que sintiera por ella o cómo la viera o qué viera en ella, el sentido de posesión y de deseo de sus demonios residentes en su infierno privado le decía que había ganado.
Ella era suya, solo suya.
.:o:.:O:.:o:.
¿Qué había pasado?
Ella no tenía idea de lo que había pasado, todo había sido tan repentino, tan abrupto, tan irreal. No lo entendía y no supo cómo había logrado pronunciar los votos sin desmayarse o peor, deshonrar el apellido.
Lo que sí entendía era que estaba feliz. Se había casado con Byakuya, con el hombre que la adoptó en su familia, con el que soñaba por las noches, con el hombre que deseaba desde hacía más tiempo del que podía recordar.
Se preguntaba si se habría negado a casarse con él si se lo hubiesen dicho antes de la boda. ¿Lo habría hecho? ¿Habría dicho que no? ¿Habría dicho que sí? ¿Estaría caminando en esos momentos a la alcoba nupcial con los nervios a flor de piel a punto de cumplir uno de los muchos sueños que había tenido y que había censurado por indecentes?
Las preguntas pasaban por su mente tan rápido como un zumbido, era la primera vez que estaba sola desde que se habían casado y fue en ese momento en que pudo pensar con tanta claridad cómo le fue posible.
Le habían cambiado la ropa como si cambiaran a una muñeca. Le quitaron el traje de novia y la desnudaron por completo las sirvientas de la casa. Le colocaron una bata de dormir de satín blanco que soltaba pequeños destellos cuando la luz le caía y nada más, con eso era con lo que se enfrentaría a su ahora esposo.
Se detuvo frente a las puertas dobles por un momento. Respiró profundo. Intentó relajarse y las abrió con un solo movimiento.
La habitación estaba tenuemente iluminada pero se veía todo lo suficiente como para que notara que la sabana que cubría el futon era de algodón blanco.
Byakuya no estaba.
Avanzó unos pasos y quedó parada frente al futon con los nervios recorriéndole como hormigas sobre la piel, sintiendo las "mariposas" en el estómago revolotear y su respiración agitándose cada vez más; apretó los puños y se llamó a sí misma cobarde.
No sabía qué hacer, no sabía si desnudarse y tenderse en el futon, si quedarse parada ahí y esperarlo o si tumbarse en el futon y esperarlo acostada. Sentía sus mejillas arder y se llevó las manos al estómago para calmar a sus insectos.
Escuchó como se cerraban las puertas dobles y entró en el pánico que precede a lo desconocido. Se quedó quieta en ese lugar, sea lo que fuera que Byakuya esperaba que ella hiciera antes de que él llegara no lo había hecho. Se sintió estúpida.
Sintió como se acercaba Byakuya a ella y como la abrazaba despacio por la espalda cubriéndola con sus brazos y haciendo que sus manos descansaran sobre las manos de ella que aún seguían posadas en su estómago.
Todo su cuerpo se estremeció cuando sintió el tibio aliento de él rozarle el cuello y lo único que pudo hacer fue soltar un suspiro casi imperceptible que la hizo dejar los labios entreabiertos.
- Byakuya…
Empezó a decir el nombre de él pero se detuvo, no sabía que decirle, no sabía si él diría algo. En esos momentos ella no sabía nada.
- Rukia… soy tuyo.
La voz de él y su aliento nuevamente en su cuello le hicieron temblar las piernas; sentía que si él no la estuviera sujetando ya habría terminado en el piso presa de los nervios.
"Soy tuyo", eso le había dicho, él era de ella y ella era de él.
Le besó el cuello y sintió como la piel se le erizaba por eso. Despacio empezó a guiarla hacia la cama mientras quitaba sus manos de su estómago y buscaba a tientas el nudo de la bata de dormir; supo que lo deshizo con una habilidad prodigiosa porque en un momento sentía la prenda sujeta a su cuerpo y al otro sentía como una brisa fresca le acariciaba el vientre desnudo.
Byakuya deshizo el abrazo y sintió como la bata de dormir resbalaba por su piel de forma suave hasta terminar en el piso haciéndola sonrojar por eso. Él le volvió a besar el cuello pegándose a ella y se sonrojó porque él ya estaba desnudo.
Su corazón se aceleró y sintió la sangre abandonar su cuerpo y agolparse toda en su cara. Tenía vergüenza de sentirse desnuda y sentirlo desnudo a él. Sintió como las cálidas manos de Byakuya le recorrían los brazos y luego como la sujetaban suavemente haciéndola girarse para que lo viera.
Le acarició el rostro con una mano de forma lenta y suave mientras acortaba cada vez más la distancia entre ellos para fusionarse en lo que sería su primer beso.
.:o:.:O:.:o:.
Los demonios de su infierno le decían que la tumbara en el piso, que le abriera las piernas y que la hiciera suya de una vez pero él se negaba a eso, no tenía necesidad de hacerlo porque ella ya era suya, estaban casados y la tendría toda la vida junto a él.
Los demonios protestaron.
La besó despacio acallando a los demonios del infierno en su cabeza, le hizo caricias suaves y la acostó delicadamente sobre el futon; continuó besándola un poco más mientras ella empezaba a responderle despacio, sabía que tenía miedo y que estaba nerviosa.
Ya había estado casado antes, con alguien parecida a ella, pero esa vez ambos tenían miedo, ambos estaban nerviosos y él no tenía su propio infierno en la cabeza. Esa vez ambos se descubrieron mutuamente en la intimidad.
Ahora era diferente, ahora él tenía toda la experiencia en la habitación y ella, aunque se pareciera a Hisana, no sabía nada, no sabía cómo tocarlo, cómo besarlo, cómo hacerle el amor; él tendría que enseñárselo todo.
Cuando sintió que Rukia estaba lista acomodó su erección entre sus piernas y la miró a los ojos; ella le regresó y le sostuvo la mirada con valor, en ellos él veía miedo por lo desconocido y veía algo más, solo que no sabría decir qué era. No sabía qué era lo que Rukia veía en sus ojos en esos momentos pero parecía verlos detenidamente y con mucha intensidad. Cuando empezó a penetrarla ella cerró los ojos de golpe, cerró la boca y se tensó debajo de él. Le estaba doliendo.
Sentía la resistencia del cuerpo de Rukia al momento de penetrarla junto la presión que hacia el interior de ella alrededor de su erección haciéndole soltar una bocanada de aire. Esa sensación era demasiado placentera, tanto que sus demonios personales se quedaron callados mientras disfrutaban todo de eso.
Cerró los ojos por un instante disfrutando el placer de entrar en ella y después de un momento empezó a moverse muy lento para que ella se acostumbrara a él; los abrió después de un rato y vio la expresión de dolor dibujada en el rostro de ella mientras mantenía los ojos cerrados y se aferraba a las sabanas.
Cuando la expresión de dolor en el rostro de Rukia aminoró él empezó a moverse un poco más rápido, acelerando cada vez más hasta el punto en el que Rukia había empezado a soltar pequeños gemidos que le perforaban los oídos y le hacían moverse más rápido con tal de que ella no parara de hacerlos.
Esa noche los demonios del infierno de Byakuya empezaron a calmarse.
Gracias por leer y si dejan algun review lo contesto en el proximo cápitulo :D
