—Ah! —sonríe Roma al verle, acercándosele. Francia le mira un poco extrañado y temerosito, tenso, aunque a la vez... Bueno, no se dirá que no tiene una poca de curiosidad—. ¿Cómo estás?

—Bien —frunce un poco el ceño—. ¿Nos conocemos?

—Tú a mí no —le tiende la mano para que se la dé, sonriendo. Francia le mira la mano y vacila un poco... Porque sí, ahora viste de rojo y está, en efecto, otra vez peinado y maquillado, y con guantes y esa actitud de "el mundo no me merece".

—Me ha lanzado hace un rato por la ventana... ¿Qué le hace pensar que me voy a dignar a darle la mano? —murmura aun tratando de entender esa voz de donde le suena—. Tampoco recuerdo que le haya permitido tutearme.

—¡Oh! Oh... puedo... ¿Puedo darle un beso?

—¿Perdón? —levanta las cejas.

—En la mejilla. ¿Por favor?

Parpadea, de verdad sin comprender. Le mira de arriba a abajo y bueno... Algo tienen los latinos. O más bien algo tiene su padre.

—Un beso en la mejilla —sonríe un poco, de lado—. Tantos matarían por uno.

—¿Eso es un no? Un abrazo al menos.

—Es un poco extraño todo esto, sinceramente. Bastante irregular. ¿Dice que conoció a Helena?

Sic —asiente—. Y a tu padre.

—Nunca me hablo mi padre de usted... Romeskistán?

Asiente. El galo se humedece los labios porque hacía mucho que no aparecía nadie que le hablara sobre su padre. Echa de menos repentinamente a España.

—Pero háblame de ti, ¿eres feliz?

— ¿F-Feliz? —nadie le había preguntado eso hace mucho tiempo.

Sic, ¿te sientes bien? ¿Contento con lo que tienes?

—Me siento... —traga saliva—. Claro que me siento feliz, soy el dueño del mundo.

—Y es impresionante haberlo logrado —asiente sonriendo orgulloso.

Él le sonríe un poco, porque ha tardado un montón... Culpa de Inglaterra en parte. Ehm... En parte también de España que ha tenido mucha suerte.

—Me alegra que le impresione. No es el primero ni será el último.

—Seguro que no. Estoy convencido que tu padre no cabría en su pecho de dicha.

— ¿M-Mi padre? — Parpadea un poco de nuevo con esto.

—Me refiero a... nuestro padre —rectifica. Francia inclina un poco la cabeza y cambia el peso de pie.

—Venga un segundo.

Roma sonríe y asiente un poco. Francia hace un gesto sutil a los guardias y camina entre ellos, con mucha pompa y bailoteo hasta un punto que acaba de descubrir en la casa, al cual no ha ido en ningún momento antes, pero esta parece ser la ocasión perfecta, lejos de los oídos de chismosos... E Inglaterra. Entra por un pasillo largo, espera a que le abran la puerta y entra a la cocina del palacio.

Roma mira alrededor siguiéndole sonriendo. Completamente tranquilo.

Evidentemente, la mitad de las cocineras se callan y la otra mitad palidece cuando le ven entrar. Francia hace un gestito y los soldados les piden que salgan. Y ahí van todos afuera, quien coño va a decirles que no.

Roma les guiña un ojo hacia donde están agrupadas la mayor parte de ellas antes de que salgan. Francia no se pierde ese detalle, mirando al romano con cierto asombro incluso.

Cuando al final están solos... Después de que las cocineras se hayan sonrojado... Francia se estira a toda su altura y le mira fijamente. Roma le sonríe sinceramente.

—No voy a negar que me resultas... Familiar. Tanto que estas aquí.

El romano se ríe un poco y hace un gesto de asentimiento con eso. El galo le mira con horror porque es que... Se ríe un poco como España.

—No tienes de qué preocuparte en realidad. Lamento lo de la ventana, ha sido un poco brusco pero todo se estaba poniendo tenso antes de tiempo.

—No entiendo nada. No sé qué haces aquí ahora, menos aún que haces aquí con Angleterre...— y no negara que le preocupa celosamente que estés aquí con él.

—He venido a verte. A conocerte porque me daba curiosidad. Él... bueno, yo no podía venir solo por si algo iba mal.

—Es que... Vale, esto me sorprende. No sabía siquiera que existías. ¿Quién es tu madre? ¿Cómo conociste a Angleterre?

Helena. Angliterra es... no importa eso en realidad.

—¿Helena es tu madre? —parpadea impresionado.

Sic —asiente.

—¡¿Y dónde estabas todo este tiempo?! ¿Cómo es que no sabíamos...? Espagne... Los... niños...

—Bueno, no estaba seguro hasta que encontré unos diarios de mi madre en los que lo contaba todo. Pero no te preocupes por eso.

Francia toma aire y suspira pensando que ahora va a tener que ir a explorar y conquistar esa zona también.

—Mejor cuéntame, ¿así que ahora estás con Suizzera? —se acerca a los lavamanos arremangándose porque no se puede estar quieto y se lava las manos.

—Ahora... Estoy con Suisse... Oui. Es decir... Bueno, ahora soy el dueño del mundo, oui y Suisse es un buen compañero de guerra. Vive conmigo.

—Y en cambio se te acerca Angliterra un metro y saltan chispas ¿eeeeh? —un poquito burlón/incriminatorio.

Quoi? ¡Claro que no! Ya quisiera él, en realidad es... Un fastidio —claaaaaro. Roma se ríe con eso.

—Claro, claro... ya se nota —sigue molestándole un poco, empezando hacer cosas con la comida que estaba en manos de la cocinera.

Francia le mira, notándolo... Arruga un poco la nariz, con algunas ganas de HACER él algo también. Elimina el pensamiento con un gesto desaprobatorio.

—Uno de ESOS fastidios. Eventualmente iremos a la isla, la invadiremos y no le quedara más que hincarse frente a mi cuando yo quiera.

—Uno pensaría que se te ocurrirían algunas cosas mejores que nada más hacerlo hincarse.

Le mira... Y sonríe un poco.

—Eso... Eso siempre lo quiere —se le acerca un poco para mirar lo que hace—. Siempre viene por ello, de hecho no dudaría que por eso se haya ofrecido a venir contigo.

—¿Así que vas a intentarlo hoy? —creo que amasa el pan. Francia sonríe un poco de lado.

—Es... Probable que directamente les pida a los guardias que me lo lleven al cuarto —seamos sinceros desde el primer momento con un desconocido que dice ser tu hermano. Bien a los latinos.

—¿Y qué pasa con Suizzera entonces?

—Ah... Suisse. Bueno, él... Ya encontraré algún pretexto para tener que salir.

—¿Qué tanto te molestaría que yo intentara...? —puñetazo a la masa.

Pardon? —vuelve a sorprenderse un poco con esa propuesta.

—¿Cómo lleva lo de Austriche?

—No necesita a Autriche para nada, está conmigo —asegura tragando saliva—, ni siquiera habla de él.

—Bueno, claro, siempre fue bastante callado —se ríe—. Pásame la harina, por favor.

Non, no es de estar callado, es sólo... Sé que tiene problemas con eso y protesta estando aquí, más aún protesta con el salón del piano, por ejemplo... Pero a la vez, poco a poco, SÉ que... —sonríe porque le gusta que le quiera a él, es OTRA victoria contra el austriaco—, me quiere.

—Me alegro mucho, mi vida —sonríe sinceramente. El galo se quita un guante con delicadeza y le pasa la harina sonriendo un poco.

—Todo sale de la manera más perfecta posible, incluso que Angleterre venga aquí... O tú. Debe ser una buena señal.

—Aunque yo diría que no es el único que te quiere, algo debe tener de especial.

Suisse? Hombre... Es muy útil. Es bueno con las armas, me defiende fielmente y...

Roma espolvorea con harina la masa, escuchándole.

—No sé... ¿Qué haces preguntándome por él? ¿De verdad quieres tirártelo?

—Tengo curiosidad, nada más. ¿Con que rellenamos esto? —pregunta refiriéndose al pan.

—Es bueno en la cama, ha mejorado mucho. Muy vocal —se acerca y mira la masa... Que asumimos es hojaldrada—. Quizás haya por aquí una mermelada.

—Estaba pensando en chocolate, pero casa bien con la mermelada —asiente.

—Ah, chocolate... Hay por aquí, ¡Suisse hace! —trastea un poco buscando—, y se niega a darle su receta a las cocineras.

—No me extraña —risas—. ¿Mermelada de cuál? ¿Albaricoque? ¿O tienes de fresas?

—Fresas no que a Suisse no le gustan —así como para no gustarte tanto y sólo ser un adorno, mira que bien le conoces—. Ah, ¡mira! Aquí está el chocolate.

—Claro que le gustan, ¿quién dice que no? —oh, sí. Lo sabe. El truco es escuchar a las personas... y estar suscrito a los chanchullos de Prusia.

—Él dice que no le gustan —le mira... Y parpadea—. ¿Cómo sabes que le gustan las fresas?

—Bueno... le conozco. Creo que lo que pasa es que Austriche es a quien le gustan.

—Bien, es momento perfecto para decirme... Sobre Autriche —pone los brazos en jarras.

—¿Qué quieres saber? —sonríe y le mira de reojo—. Ayúdame con este chocolate, no sé muy bien cómo prepararlo.

—¿Te ha mandado él acaso? ¿En una sucia treta con Angleterre para espiarme o a lo así? –pregunta mirándole de reojo, parpadeando un poco y acercándosele, quitándose el otro guante. No muy convencido la verdad. Aunque sí que le da tentación cocinar.

Non, non. Ya te he dicho, si acaso soy yo quien ha mandado aquí a este Angliterra tan raro.

—¿De dónde conoces a Autriche? ¿Sabes dónde está? Voy a terminar del todo con él cómo se aparezca por aquí.

Non, no sé dónde está. No le he visto desde hace tiempo. Aunque Angliterra me ha contado que este es su palacio.

Parpadeo, parpadeo, le mueve un poco para que le deje esparcir encima el chocolate, tomando una pala.

Mais Oui... Una brillante victoria. Tiene gracia venir a vivir aquí y dejarle en la ruina.

Roma se aparta un poco dejándole hacer y sonríe con eso... porque es absolutamente NADA objetivo cuando se trata de sus hijos.

—Y en cuanto a Angliterra... —cambia de tema.

Quoi? —le mira de reojo y vuelve a notar que hay algo muy raro aquí... Con este hombre TAN familiar.

—Vas a notarle extraño.

—Ya he visto que se ríe... Aunque es un imbecile, en general.

—¿Se ríe?

—Hace tiempo no le oía reír como en el caballo. Aunque trae unos ojos de un color muy extraño... Y el pelo y... —levanta las cejas, callándose y parpadeando al tener una idea repentina.

Roma le mira al notar que se calla bruscamente. Francia le mira... Parpadea, le mira otro poco, se le acerca y le da un beso en los labios.

El romano levanta las cejas y sinceramente no entiende lo que hace. Piensa que quizás está intentando reconocerle en el beso como si quisiera saber si es España, así que por si acaso, nada más se queda sin hacer nada, ni devolvérselo ni apartarle… solo aguanta dos segundos.

Exaaaaactamente. El galo le besa con profundidad acariciándole la cara y el pelo... Y descubre rápidamente que no es España, pero aun así le sigue besando porque, joder, que bien besa su padre. Y es que Roma intentaba hacer nada, pero joder, Francia se lo lleva y es MUY difícil. Bien, los dos idiotas perdiendo la cabeza.

xoOXOox

Así que entretanto, los otros dos siguen en la sala, Inglaterra mira a Suiza de reojo queriendo contarle que todo le va a ir bien en el futuro o al menos mejor... gracias a su esfuerzo, sabiendo que no le creerá.

Suiza se mira los pies un poco incómodo, porque NO hace bien estas cosas sociales. Menos aún con esta ropa que Francia le ha hecho ponerse... Que es azul marino y le hace sentir un poco (muy) idiota porque tiene bordados.

—Sé que no es un buen momento para hablar de esto, pero sé que Austria piensa en ti.

Quoi?! —pregunta tomado completamente desprevenido.

—Pues... somos aliados en esta guerra, ¿recuerdas?

Parpadea y le mira en PÁNICO unos instantes. Inglaterra le mira también sin saber si continuar contándole.

— ¿Co-Como puedes saber eso?, es... No es verdad —susurra.

—Pues somos aliados y a veces nos reunimos con Russia y todo eso para hablar sobre cómo y qué hacer... siempre está hablando de que liberarte es lo primordial —se inventa porque en realidad es mentira, pero es lo que tienen las guerras. En el momento todo parece súper confuso y luego, visto en perspectiva es cuando se entienden las intenciones reales de todos y no fue hasta unos cuantos años más tarde que Inglaterra entendió la totalidad del plan de Austria. El helvético frunce el ceño.

—¿Liberarme? ¿Él... A mí? —suelta un sonido raro que parece una risotada y hace los ojos en blanco—. Por conveniencia será, que quiere MIS montañas para llegar a París.

—No, no invadirte. Aunque me da que debe tener ganas de estar contigo y hacerte un par de cosas un poco subidas de tono, pero no habla de invasión, habla de liberación de las tierras.

La cara de... DAFAQ y el sonrojo debe ser épica. Inglaterra carraspea, sonrojándose un poco igual por haber dicho eso, por espejo y por estar pensando en ellos dos en esas.

—E-Eso no es... ¡Eso no es verdad! Eso es... É-Él... Él... Él es un CABRÓN —suelta súper pasional.

—Ah, yes, yes... nunca va a dejar de serlo y siempre te va a estar molestando, pero en el fondo sí te quiere. Esa es la impresión que da.

Toma aire, MUCHO aire y se le cierra la garganta.

—Que vas a saber tú de... Eso no es cierto —niega con la cabeza y la verdad es que cuando habla en francés Suiza suena mucho más suave, dulce y dramático.

—Pues mejor que tú que estás al final aquí encerrado y ni siquiera le has visto desde hace... ¿cuánto?

—Y si te mandó decirlo esperando ganar una guerra con mi ayuda puedes decirle de una vez que a mí no me importa y no me importa de verdad —aprieta los ojos y se revuelve porque no hace tanto que le ha visto y ha tenido que mandar CURARLE con renuencia.

—No, no, desde luego no creo que el que yo esté aquí diciéndote esto esté en sus planes en NINGUNA circunstancia.

—A él NO le importa. Nada —murmura y se revuelve un poquito—. Y a mí tampoco me importa, yo estoy con France.

—Tampoco espero que me creas, en realidad. I mean, esto no significa nada ni va a cambiar el transcurso de la historia, es nada más una idea a la que aferrarte si quieres para sentirte un poco mejor con las cosas que ocurran... aunque habrá momentos en que seguro te sentirás idiota por hacerlo. Si es que lo haces. Switzerland, eres la persona más cercana que tiene, la que compartió con él toda su infancia, es imposible que no le importes ni un poco. Ni aunque quisiera sería realmente capaz de ser tan frío.

El helvético se revuelve más porque además este individuo parece saber demasiado bien exactamente cómo se siente. Se le acelera el pulso.

—Si tú no puedes serlo, ¿qué te hace pensar que él sí puede? —añade el inglés.

—¡Y-Yo no soy la persona más cercana que tiene!... Y a él no le importa nada de lo que hemos... —le tiemblan las manos y creo que nunca en tu vida has conseguido alterarle tanto con algo, Inglaterra. Y es que... Le duele. Austria le DUELE de verdad aunque no quiera. Suelta el aire.

—¿Lo dices por Spain? Él está enamorado de Roman en realidad, además está del lado de France.

—Lo digo por... Mon... Mon dieu, ¿por qué sabes estas cosas? Son MÍAS —susurra casi en pánico.

—Pues... ya te he dicho que habla de ti a veces —se inventa de nuevo, un poco más atrapado. Suiza se queda pensado mirándose las manos.

—Si habla de mí, sólo habla... No hace nada más que eso —carraspea sonando un poco más en control—. Él y yo no tenemos nada en común ya. Lo que sea que yo pudiera echar de menos, es un recuerdo absurdo e infantil de alguien que no existe —suelta lo más frío y racional que puede, aunque... Va a pensar esto cuando este solo en la noche, o en la mañana o cuando Francia se vaya.

—Supongo que no es tan fácil venir aquí y hacer algo... —y como lo haga vas a flipar.

—¿Fácil? ¿Fácil? ¡Como si no hubiera venido ya y se hubiera largado sin siquiera mirarme!

—¿Lo hizo? ¿Cómo fue?

N-Non. Non. Eso... Es un decir —susurra frunciendo el ceño y sonrojándose un MONTÓN.

Inglaterra levanta las cejas pensando que quizás se acostaron y sonríe un poco... incluso hace un JA! interno para Francia. Suiza le mira de reojo sintiéndose demasiado expuesto de repente.

—Nada de todo esto es importante.

Well... —se encoge de hombros porque él ya lo ha dicho.

—Quizás algún día todo esto termine —se hace un dibujo en la pierna, no menos confundido y perdido de lo que estaba antes.

Sure. Aunque falta bastante.

—Si ganan ustedes... —suspira y le mira negando con la cabeza—. Si ganan ustedes está mal. Si ganamos nosotros esta igual de mal. Cada vez que ganamos el problema es el mismo. No sabemos ganar. No hay línea final... Y tarde o temprano, cuando France pierda, cuando... Perdamos. Que puede ser mañana o en cientos de años. Ustedes tampoco sabrán ganar. Y alguien va a terminar muy mal... —agrega preocupado.

—Quizás sería mejor que nada más te retiraras de todo esto. Nadie va a entenderlo pero a la larga...

—Así que es a eso a lo que te han mandado...

—Lo que sé de ti... es dinero, es lo que sabes mover o no te ha quedado más remedio que aprender a hacerlo. Si nada más te mantienes al margen podrías convertirte en un enclave estratégico.

El suizo le vuelve a mirar porque siente de nuevo que este hombre sabe demasiado. (Y Francia desde el siglo XX les recuerda a ambos que no deben intentar cambiar el curso de la historiaaaaa)

—Nadie me ha enviado a nada, sólo estoy acompañando —insiste el inglés.

—Estoy con France... Y él cuenta conmigo y... —Suiza se sonroja porque Francia hace cosas, le dice cosas, le abraza y le quiere... O al menos eso quiere creer. Se humedece los labios—. Es como así.

—JA! Contigo y con todos — Inglaterra frunce el ceño con eso... sus celos. Suiza se sonroja y le punza un poco el corazón, sintiéndose patético y encerrado—. ¿O te crees que está nada más contigo de verdad? Seguro va a intentar venir por mi hoy mismo... —espero, deseo, añade para sí y luego se reprende mentalmente porque no está aquí a eso.

El helvético le mira un poco desconsolado con eso sin saber que decir, deseando con todo su corazón poder volver a casa.

—O sea, no por mí, a mí no me gusta, pero él es un idiota winebastard wanker insufrible.

—P-Pues... Bien por ti y por él y... A mí tampoco me gusta ni me importa —se levanta de golpe. Inglaterra levanta las cejas.

Suelta el aire y le mira de reojo con muchas, muchas ganas de atravesarlo como aceituna con su puñal. Y de abrazar a Francia, y... De irse a casa, y de que Austria sí piense en él y de... Cosas imposibles.

Inglaterra no hace nada más que quedarse ahí sentado mirándole sin saber en qué piensa. Suiza vacila un instante, queriendo largarse, pero se controla un poco, toma aire y camina hacia uno de los ventanales pasándose las dos manos por el pelo y dando por terminada la conversación.

—Has estado con él antes —sentencia Inglaterra serio. Suiza se gira a mirarle de reojo, sonrojándose con la acusación. El inglés prieta los ojos y rechina los dientes con el sonrojo, buscándose el anillo al cuello.

—¡No he estado con nadie! ¡Y cállate!

—Espero que no te creas muy especial, pobre diablo —(Inglaterraaaa hombreeee, le dice las mismas cosas que Gales a él) y si Inglaterra le había caído un poco bien a Suiza, eso se esfuma en un parpadeo.

—¡He dicho que te calles!

—La verdad duele.

—Tu opinión siendo un enemigo me importa una mierda —protesta acercándose a él y hurgándose en el bolsillo hasta sacar un pañuelo que procede a meterle de golpe en la boca.

El inglés no se lo esperaba, levanta las cejas e intenta quitárselo de la boca tosiendo. Pero Suiza no le deja, deteniéndole las manos con golpecitos y quitándose él el pañuelo (oh si, trae un pañuelito en el cuello) y procediendo a amordazarlo con él.

—No tengo que oírte. Me da igual lo que piense France, eres un prisionero idiota que ha intentado secuestrarle —sisea y si pelea de vuelta, va a darle un golpe.

Y ahí va Inglaterra a golpearle en el estómago, pisarlo, darle un cabezazo... todo a la vez. Así que se convierte en una pelea de perros con los dos rodando por el suelo y tirando cosas. Y los guardias no tardan mucho en entrar y separarlos. Y ahí pelea Inglaterra con todo el mundo, y no por fuerza, pero si por cantidad de contrincantes, es que terminan por contenerle. Y como Francia ha dicho que les quería en el salón del piano, terminan los dos sentados ahí de nuevo, uno frente al otro, Suiza con el labio roto, Inglaterra con la nariz sangrante.

Y si se ha seguido moviendo como gusano lo más probable es que le hayan ATADO y termine como salchichón...

A favor de la situación me complace decir que Suiza se ha tranquilizado un poco con los golpes. Inglaterra ha sacado bilis y celos contra él y ya le vemos en la actualidad no hablándole a Suiza por un mes. Las cosas que logras, Francia... Acúsale de lo que quieras, pero no de falta de pasión.

Y… Pues creo que ahí se van a quedar los dos enfurruñados. Mira, Suiza... Cuando seas grande Él va a ser tu mejor amigo. *Suiza cara de Are you kidding me?*

xoOXOox

Mientras tanto… los otros dos han dejado de comer pasteles/comerse a sí mismos.

Roma se separa con suavidad después de un rato frunciendo un poco el ceño porque siente a Francia mucho más necesitado de afecto que de costumbre. El francés sonríe un poco y se pasa la mano por el pelo, limpiándose la comisura de los labios con los dedos.

—Claramente eres hijo de mi padre...

—Mmm... —es que no le ha hecho mucha gracia sentirlo así, porque en el presente no lo siente. Francia frunce el ceño porque no le hace gracia que no se embobe y además frunza el ceño.

Sic. Y tú no estás bien.

Parpadea.

—¿Disculpa?

—Lo noto, no estás bien, ¿qué es lo que pasa?

—¿Pasar? ¿Pasar de qué? —frunce el ceño un poco más sin entender la reacción. Porque además, para él no pasa nada, lleva en este estado de perpetua necesidad de afecto/auto prohibición de él mismo desde la guerra de los cien años.

—Estas... haces... el beso.

—¿Qué con el beso? —pregunta algo tenso y preocupado por su amor propio.

El romano le mira desconsolado y lo abraza. Francia parpadea y deja que le abrace sin quitarse, sintiéndose pequeño en cuanto está entre sus brazos.

—¿Qué pasa con el beso?

—Estas... como... es como si necesitaras amor.

Quoiiiii? —se tensa un poco aunque se ríe—. ¡Tengo todo el amor que quiero!

Roma le hunde más en el abrazo, apretándole. Él se deja hacer aunque sin entender del todo, otro que siente que este hombre le conoce más y mucho mejor de lo que debería.

—Todo irá mejor... él te quiere, siempre lo ha hecho... mi niño.

—¿Qué es lo que dices? —susurra y el problema del abrazo es que no le ve... pero si le oye, muy cerca y muy, MUY parecido a alguien que tiene muy presente, pero a la vez muy muerto.

—Que de verdad te quiere, que no estés herido —repite acunándole. El galo aprieta los ojos pensando inmediatamente en Inglaterra, sin poder evitarlo.

Non... Yo...

—Yo lo sé, no para de hablar de ti y de estar pendiente de ti en todo cuanto hace.

—Lo hice mal una vez... Y ahora ya no importa. Nos movemos y la vida sigue... —susurra tragando saliva—. Caerse y levantarse.

—Pero puedes arreglarlo, ya lo verás, hoy vas a sentirlo.

Se ríe un poco con cierta frialdad.

Non. Eso no tiene arreglo —murmura y se encoge de hombros—, pero siempre vuelve... y eso es razonablemente bueno y tranquilizador.

—Ya lo veras —suspira.

—Me alegra mucho que haya venido —admite con sinceridad. El romano le sonríe y le despeina un poco—. Ehhhh! —protesta un poco.

Roma se ríe mientras gira para volverse al pastel. Francia se peina volviendo un poco a la postura finolis al recordar todo este asunto.

—Deberíamos ir a ver a Angleterre et Suisse.

—Espera, pongamos la masa al horno y vamos.

Le mira de reojo pensando que para eso están las cocineras... pero se encoge de hombros y asiente acercándose al horno y tomando la charola para hornear.

—¿Cocinas con frecuencia?

—A veces... no tanto como tú.

—Yo no cocino.

Casi se le cae el pastel al suelo al romano.

—Para eso están las cocineras —voz de "obvio".

—Yo creía que en tu caso estaban para cuando no te apetece.

—De hecho es que... No tengo tiempo para hacer eso, esa es labor de la gente normal —gesto de desagrado con la mano—. Yo estoy para conquistar y hacer más grande el imperio.

—Pero tendrás tiempo libre...

El galo se encoge de hombros pensando en la cocina... Sí que es algo que extraña, sólo que es una actividad demasiado... Vulgar. Roma le mira un poco triste porque antes le gustaba mucho cocinar.

—¿Ya no te gusta?

Se humedece los labios y mira la cocina que hoy por hoy esta tan lejos de su vida diaria... Desde hace décadas.

—Cocinar es... Sucio y vulgar, para gente ordinaria. No necesito cocinar más... Diría yo que cambié la cocina por la espada —inclina la cabeza y sonríe. La cara de DAFAQ de Roma es EPICA.

—¿Que tú qué?

—Soy un imperio con cosas que hacer... Ejércitos que comandar, batallas que pelear. No un simple campesino que cocina su propia comida.

En serio, es que el shock. EL SHOCK es como de ¡¿Quién eres tú y donde dejaste a mi hijo!?

Quoi? ¿Tú tienes que cocinar para ti?

—Yo no TENGO que hacer nada... y aun así cocino por placer.

—Pues... Yo non, es una actividad de la servidumbre.

—Nada de lo que se haga por placer es una actividad de la servidumbre.

Non. Eso parece en primer lugar pero la imagen es importante. La imagen de la gente, lo que dicen de uno, lo que ven que uno hace. Es parte de un todo y hay que aprender a manejarlo y darse cuenta que uno no puede hacer ciertas cosas que no le corresponden.

Sonríe un poco con eso el romano. Francia se encoge de hombros.

—Así que... No cocino y ya.

—Es una verdadera pena

—A cambio hago otras cosas... —hace un gesto para que salgan ya que ha visto que ha metido el pan en el horno.

—¿Cuáles? —le sigue.

—Ser el más poderoso de todos. Cabezas vuelan sólo con una leve orden mía —ese fetiche…

Roma se ríe un poco y niega con la cabeza. Y al salir de la cocina, con tanto guardia y soldado otra vez, Francia vuelve a ponerse en esa actitud de dueño del mundo.

—La bella Helena siempre decía que no es tan importante parecer como ser.

Parpadea y le mira de reojo.

—¿Osas insinuar que no lo soy?

Non. Lo que digo es que parecerlo no es tan importante si de verdad lo eres.

—Yo creo que son importantes las dos cosas. Serlo y parecerlo. Te conviertes entonces en intocable. Aunque... —Roma le mira de reojo. Él sonríe un poco—. Non, olvídalo, estaba pensando en papa...

—Dime, por favor... también es mi padre.

—Él... Era importante y no tenía que parecerlo siempre para serlo. Él hacía siempre lo que quería... Y todo lo hacía bien, era justo con la gente, hablaba con todos.

—¿Y qué opinas de eso?

—El que se parece a papa en eso es Espagne yo... —se encoge de hombros sonriendo un poco—, yo hago otras cosas como él.

—A mí me parece que tú haces cosas muy impresionantes también... y que él no lo hacía todo tan bien.

—Claro que él lo hacía MUY bien. Mejor que nadie, nunca —el idilio, le mira casi ofendido.

Roma le hace un cariñito en la mejilla con la mano, sonriendo... y mentiríamos si no dijéramos que eso hace que se hinche como un pavo.

—Y yo soy igual o más seductor que él —le cierra un ojo francés.

—Oh, eso nadie lo duda —palmadita en el culo. El galo se ríe entrando al salón del piano y Roma detrás. Y ahí los vas a encontrar a los dos, con Inglaterra atado.


Roma lleva enamorado de su hijo casi más tiempo que Inglaterra, cualquier cosa que hace es como "Oooooh!" *mirada de ternura y ogullo* Aunque sea cortarle la cabeza a alguien... ¿Tal vez Inglaterra debería estar celoso de él y no de Suiza? ¡No olvides agradecer a Holly su beteo y edición!