Roma toma a Suiza de debajo del brazo y le separa del tumulto de guardias cuando salen del cuarto. Suiza, que aún está un poco con demasiada cosas en la cabeza, se deja llevar. Y el romano le aparta hacia otro pasillo sin saber muy bien a donde van.
—¿Estás bien?
—¿Bien? Oui. Oui —no parece estarlo—, claro que estoy bien.
—Ven... ¿por qué no me guías a la cocina a tomar algo?
—Quiero ir a los jardines.
—Está bien... igual no sé por dónde se va sin atravesar una ventana—se ríe un poco. El helvético levanta una ceja sin estar muy convencido.
—Vamos —murmura pensando que él quería estar sólo.
—¿Quieres contarme lo que te preocupa?
—No me preocupa nada y no... No quiero contarte.
Suspira. Digno hijo de su padre.
—A mí sí me preocupan algunas cosas.
Suiza suspira y hace los ojos en blanco.
—¿Qué cosas? —sí, ha tenido entrenamiento últimamente.
—No importa —niega y se encoge de hombros al notar los ojos en blanco, sonriéndole un poco.
—Non, Non. Si ya vas a venir conmigo y quieres hablar...
—Nah, pero no quiero aburrirte —sonríe amablemente—. ¿Cómo es vivir aquí?
—Lo ODIO. Quiero ir a casa —es mentira. En realidad... Le gusta más que París, porque además se parece a su casa. Lo que no soporta es que sea casa de Austria.
—¿Por?
—No me gustan estas tierras, son idiotas —¿si te oyes, Suiza? ¡¿Tierras idiotas?! ¿De vedad?
—¿Qué tienen de idiotas?
—Son autricheses.
—Ya lo sé. Pero por lo que sé se parecen mucho a tu casa.
— ¡No se parecen! No me interesan nada, ¡las odio! —se cruza de brazos—. En mi casa... Mi casa es mejor. Y... Este sitio, ¡este palacio es imbécil! ¡Y feo!
—Es un poco... Galia estaría encantada con él —mira el palacio de reojo.
—Galia?
—Su madre —se encoge de hombros.
—La madre de... Autriche?
Roma le mira un segundo recordando que ellos no saben nada de eso. Suiza frunce el ceño porque no recuerda que Austria tuviera una madre... Aunque debía tener una... Aunque las Galias... Eran en Francia ¿no? Gruñe un poco.
—¿Y por qué estás aquí si no te gusta? —decide cambiar el tema.
—Estoy aquí con... France.
—Ah... él tiene bastante poder de convencimiento.
—Él... Bueno, Oui —se sonroja un poco—. Es convincente. Aunque si estoy aquí es porque quiero —puntualiza.
—Me alegro mucho de que le quieras.
Abre los ojos y le mira en pánico. Ehm. ¡Y sonrojado!
—¡Quiero! ¡No he dicho que le quiero!
—¿Entonces no lo haces?
Parpadea y se sonroja más aun, mirando al suelo y saliendo por una de las puertas al jardín.
—Me conviene.
— ¿Te conviene?
— ¿Quieres acostarte con él? —le mira de reojo tenso y luego hace los ojos en blanco pensando que quiere ir al bosque y dejar de oír todas estas tonterías. Ya, ya entendía que todos pensaban que era un perdedor idiota... No lo era y algún día se los demostraría.
—Non. Quiero acostarme contigo.
Se detiene en seco.
—Quooooi? —hombre, él ESTABA con Francia. Y si le quería y... Austria y... ¿Desde cuando alguien se quería acostar con él?
—Quid? —sonríe. El helvético aprieta los ojos.
—Entendí mal.
—¿Por? ¿No te apetece?
—¿Qué quieres qué?
—Acostarme contigo.
—P-Pero ¿por qué? —parpadea sonrojadito el incrédulo.
—Pues... —inclina la cabeza y le echa un repaso de arriba abajo—. Te ves fuerte y guapo.
—P-Pe-Pero es que...
— ¿No quieres?
—Pero es que... ¡Es que yo estoy con France! ¡Y es una propuesta estúpida! —chilla muy sonrojado, apretando los ojos.
—No te estoy pidiendo que te cases conmigo... y no creas que no le he pedido a él que me dejara contigo, ahora está con Angliterra —estos latinos Intentando meter un cuadrado en un círculo a golpes. Suiza aprieta los ojos odiándoles a todos, porque él... Él quisiera otra cosa. Una vida tranquila lejos de todo, sin hablar con nadie y sin que pelearan sobre él.
—Le has pedido a él... ¿Acostarte conmigo?
—Sic.
— ¿Qué es lo que les pasa? —pregunta pensando que todo esto es muy raro y no lo entiende y además el acaba de acostarse con Francia y todos son una bola de pervertidos.
—Nada. ¿Qué iba a pasarnos?
—Pues no sé, están… ¡Locos! Es... Es que tú... No estas... Es que yo... Es...
Se acerca a él con clara intención de darle un beso porque con los sajones es mejor ser directo. De hecho ya se había tardado.
Suiza se hace un poco para atrás con los ojos muy abiertos, pero él insiste, acercándose. Y Suiza insiste en alejarse sin entender naaada... Da un pasito atrás.
Roma suspira y no le sigue. El suizo se relaja un poco soltando el aire.
—¿Por qué...? ¿Por qué quieres darme un beso? —pregunta en un susurrito.
—No es muy divertido explicar eso después de que te hayas retirado —le mira de reojo.
—Todo va demasiado rápido... Siempre —confiesa cerrando los ojos.
—No quiero ir lento, no me interesa que te enamores y hacerte más daño, ni enamorarme yo.
—Solo quieres acostarte conmigo por hacer algo... —claro, digno "hermano" de Francia, piensa. Es difícil entenderles del todo.
—Es lo que se dice del pensamiento hedonista de placer por el placer. Me das curiosidad y me atraes un poco, pero no está en mis planes forzarte. Te conviene además porque Franciae no va a hacerte caso hoy y los celos pueden ser un poco duros de pasar solo.
Traga saliva con eso. "Placer por el placer". Era el pensamiento más imbécil posible.
—Voy a... ¿Voy a olvidarme de todo un rato? —pregunta aun así, muy suavecito.
—Eso es.
Le mira y luego se mira las manos. Todo esto era RARO, atípico y no sabía cómo reaccionar a ello.
—Eres un... Eres un desconocido por completo —enumera una de las cuarenta cosas que se le ocurren por las cuales hacer esto es RARO. Aunque... Era muy guapo y tenía un magnetismo particular que hacía que tampoco quisiera del todo decirle que no.
—Precisamente, así no tienes que preocuparte demasiado, no volverás a verme.
—Y es una cosa muy... Íntima. Me verías... Me verías desnudo. Y... —ya lo sé, Roma... Es que Suiza es complicadito.
—Podría no irme al acabar —sí, esa va envenenada. España le contó. Suiza le mira desconsolado sólo un segundo antes de fruncir el ceño y apretar los ojos—. Es cierto. Te vería desnudo. Pero tienes un buen cuerpo y tampoco hay problema porque no volverás a verme en cuanto me marche.
Piensa en el cabrón de Austria que se había ido nada más terminar. Y él que había pensado que había hecho algo especial. No era nada especial, en realidad, ¿verdad? France se acostaba con todos y no quería decir nada, se lo decía siempre. Este era un desconocido que había venido a esto mismo... Quizás ya era hora de dejar de pensar que todo esto era tan íntimo y esas cosas idiotas.
—Y-Yo... —balbucea un poquito.
—Vamos a probar... ¿vale? Intentemos poco a poco y a ver qué pasa y si nos gusta. ¿Te parece?
—Oui —eso le suena un poco más fácil.
—Empezamos con un beso, ¿vale?
Suspira y asiente un poco. Así que Roma vueeeeeelve a acercarse. El helvético se humedece los labios y no se mueve atrás esta vez. ¡Bien! Y ahí le besa Intentando de verdad ir lento pero...
Suiza cierra los ojos sintiendo todo eso muy extraño. No es Austria... Ni es Francia. Y Roma eligió un mal momento porque no es que Suiza este tan necesitado de sexo, Francia se ha encargado. Aun así... Bueno, este es Roma.
Roma nota que besa distinto a como besará en el futuro. Esta vez lo hace con movimientos más mecánicos y ensayados, mucho más precisos pero menos propios.
Suiza no tarda mucho en perderse en el beso, apretando los ojos. Y hay algo que tiene la intimidad, y el contacto físico humano, que pierde a los germanos. Y a lo brits.
Y a los latinos que se están tocando TODO el tiempo, pero ellos lo controlan más. El ser tocados, digo. La costumbre. Reaccionan menos por eso.
Suiza... Perdón, pero está un poco renuente, yo lo sé. Han pasado muchas cosas hoy. Aun así bien que le responde el beso, en realidad, por agotamiento mental... Es más fácil dejarle el control y que consiga que se olvide. Y lo consigue. Fíjate que para eso si es eficiente.
(Austria opina que esto no debería ser legal. Suiza opina lo mismo, sinceramente... Echo bolita contra Austria. Dice que no vale ir por él en sus peores momentos de confusión)
Y va a ser extraño. Para ambos, creo yo... Porque pienso que Suiza es más intenso y mejor cuando quiere a la otra persona... Y demasiado frío cuando alguien le dice que no quiere enamorarse, pero... Joder, es que Roma es Roma. Aun así, bueno... al final es lo que quería.
De hecho, justo... Sólo Roma quería saciar su curiosidad... Y Suiza quería olvidarlo.
El helvético aún respira agitadamente cuando terminan, subiéndose los pantalones a toda prisa detrás de los arbustos. Le tiemblan las piernas un poco y reza para que nadie, NADIE les haya visto.
Roma lo hace igual, pero con menos cuidado y más parsimonia, relamiéndose aun obscenamente por quien sabe qué. Gracias por la imagen mental.
El suizo se pasa una mano por el pelo sin querer ni mirar al romano, aún sonrojado... Y aun pensando que esto es DEMASIADO íntimo y demasiado cercano como para hacerlo con un desconocido, sin importar... ejem... Lo bien que lo haga.
Roma sonríe y le toma de los hombros cuando ya está vestido del todo. A Suiza le cuesta un montonal mirarle y se sonroja cuando lo hace, incómodo.
— ¿Cómo estás? ¿Todo bien?
—Ehhh... Oui... Sólo es que —le mira un segundo y traga saliva porque han pasado MUCHAS cosas y ha hecho... Cosas y... SONROJO.
—Ha sido bastante bueno, ¿verdad? —se ríe un poco.
Se sonroja más sin poder evitarlo, desviando la cara. Y es que claro que ha sido bueno, distinto a Francia y... Distinto a Austria. Y aun así... Vuelve a pensar en el austriaco un poquito sin poder evitarlo. Agita la cabeza para sacarse el pensamiento.
Roma le da un besito en la sien. Él le mira un poquito de reojo y se rasca la nariz con el dorso de la mano.
— ¿V-Vamos adentro? E-Es decir, bueno, yo voy a ir... No sé tú sí... Claro que eres un desconocido y no deberías quedarte solo —vacila dando una vuelta sobre sí mismo mientras habla, notando que no hay nadie.
—Como quieras. No me han dicho, pero hicimos milhojas con chocolate para postre.
Le brillan los ojos con la mención del chocolate, mirándole.
—Vamos al palacio entonces —asiente arreglándose aún la ropa sudada y sacudiéndose el pelo porque lo siente lleno de ramitas. Se acomoda el armario que trae encima, además, sin saber de qué hablar con este hombre. Decide mejor quedarse en silencio y si hablan, ya será porque hable él.
—Dicen que te gusta mucho, quizás quieras venir a cenar en vez de esconderte en tu cuarto.
Justo lo que pretendía hacer, claro. Orejitas rojas.
—M-Me gusta el chocolate —responde pensando que sí que tiene hambre, pero va a ser INCOMODISIMO cenar con él ahí y con Francia... y Francia... No podía siquiera enfadarse con él o sentir celos de lo que estaba haciendo si él había hecho lo mismo. Aprieta los ojos pensando que quizás no ha sido tan buena idea.
—Lo sé, especialmente los bombones con leche y trufa que son más dulces que el chocolate amargo. Esos son tus favoritos —le ha regalado bombones como agradecimiento por algunos trapicheos con sus cuentas más de una vez.
Suiza le mira de reojo un poco descolocado porque no hace tanto que ha empezado a mezclar chocolate con leche y azúcar y es verdad que le gusta mucho.
—¿Cómo sabes?
—Sabes a eso cuando te beso —responde. Levanta las cejas y se lleva una mano a la boca, tapándosela, sonrojándose más aún. Roma se ríe.
—Tú no sabes a nada especial... Aunque hueles.
—¿Huelo?
—Oui... A limón.
—Oh —se huele—. Es perfume, me gusta.
Suiza está seguro que lo va a tener en la nariz pegado por días y días y días... Y quizás se acuerde de esto para siempre cuando huela a los limones. Aprieta los ojos.
—¿Haces esto a menudo?
—Sic.
—Hmm
—Es mejor de lo que suena... es divertido.
—Divertido...
—Pues lo has pasado bien, ¿no?
—Es que es... Extraño. Es algo muy íntimo y...
—Depende de cómo se haga es intimo o no.
—Es extraño.
—Nada más consiste en diferenciar el placer del amor.
Muy complejo. MUY.
—No había hecho esto así. Eso del placer. Es extraño y una pérdida de tiempo.
—Si buscar el placer fuera una pérdida de tiempo tú dejarías de hacer chocolate.
—Non. El chocolate es un alimento.
—Pero es un alimento placentero y no necesario. Bien podrías vivir a base de pan y queso.
—France dice cosas así.
—Lo sé —se ríe un poco y preguntan por él en cuanto entran. Y les explican que Francia está ocupado aún. Seguro con Napoleón. Oh sí. Maldito Napoleón al que le gusta trabajar. JA! Que le debe estar metiendo una broooooonca.
Al que ya le contaron que le secuestraron, además. Ugh. O sea... Bronca por tardarse, bronca por ser secuestrado, bronca por existir. Peor aún, quizás escuchen los gritos cuando caminen hacia el comedor. Así que Roma se lleva a Suiza por ahí y alguien golpea la puerta de la sala durante la bronca.
Francia está con cara de aburrido y fastidiado, sentado en el escritorio del general, subiendo los pies en el mismo, aguantando la bronca pero si ya le van a regañar a gritos tampoco va a lloriquear o a inmutarse demasiado... Al menos aparentemente. Napoleón mira al soldado y frunce el ceño.
Es Inglaterra disfrazado de soldado... le ha robado la ropa a uno y lo ha dejado inconsciente en un armario. Le asegura a Napoleón con aire urgido que ha llegado un mensajero con nuevas terribles del frente que requieren su absoluta atención inmediata.
—Quoi? —pregunta seco e impaciente.
—Je ne sé pas. Monsieur comandant me ha mandado a avisarle.
Francia escucha la voz y levanta una ceja dejando de verse las uñas para mirar a la puerta. Inglaterra cambia el peso de pie mirando a Napoleón con su mejor cara de bobo no entiendo muy bien lo que te estoy diciendo y mira a Francia de reojo un segundito. Éste carraspea un poco irguiéndose y sonríe sin poder evitarlo.
—¿A avisarle que qué? ¿Pasa algo?
—Es... algo de Monsieur Bonaparte, me han dicho. En realidad no estoy muy seguro, es mi primer día aquí.
Napoleón hace los ojos en blanco.
—Demasiada incompetencia reunida en un mismo cuarto el día de hoy —murmura y Francia se levanta.
—Général... Vamos a tener que seguir esta agradable conversación en otro momento.
Inglaterra baja la cabeza "regañado", pero se sonroja un poco y se le escapa la sonrisa.
Napoleón toma su saco poniéndoselo de nuevo antes de recoger unas cuantas cosas de encima del escritorio. Se detiene después de un poco y mira a Francia levantando la cara.
—Un poco de sensatez, monsieur Empire français. Es lo único que pido —pide con suavidad, dulcificando un poco el tono.
Inglaterra suelta una risita lo más suave que puede que es evidente que significa "sí, claro, como si eso fuera posible".
— ¿Sólo un poco, mon chér? Veo que cada vez se conforma con menos —bromea un poco Francia afablemente.
El inglés le mira de reojo con eso. Napoleón frunce el ceño y rabia un poco. Francia se ríe. Inglaterra se muerde el labio porque quiere que se vaya.
—Sensatez... Me sobra la sensatez, sólo es que usted no sabe verla del todo —le cierra un ojo—. Vaya antes de que el comandante se ponga impaciente.
Y el general Bonaparte suspira negando un poco con la cabeza y sonrojándose con el guiño... Camina con paso rápido a la puerta. El inglés le sigue con la mirada, sin moverse.
—Ah, y usted —se acuerda Napoleón en la puerta señalando a Inglaterra. Francia se tensa. Él se cuadra y le mira.
—Consiga que no olviden poner los carbones calientes en mi cama en la noche —pide antes de salir del todo.
—Ah! Yes! Digo... oui! Mais oui, monsieur! —responde el inglés con un saludo marcial.
Francia levanta las cejas con el Yes, pero nota que Napoleón no lo nota, sino que sale a paso rápido en busca del comandante.
Inglaterra se vuelve a Francia cuando sale, aliviándose un poco. Éste suelta una carcajadita con cara de travieso y le pega la risa a Inglaterra, cómplice.
—Mon dieeeeuuuuu... El Salvador Anglais.
Hace una reverencia teatral
—Y si no me equivocó el comandante no sabe aún que quiere hablar con Le Général.
— ¡Que va a saber! —sonríe travieso y satisfecho.
—¿Te diviertes tonteando al hombre más poderoso del mundo?
—Para eso tendría que irme a London, pero me gusta marear a tu general.
—Ni tú te crees eso... —sonríe.
—Por supuesto que me lo creo o no lo diría —le coquetea.
—Tú te crees cualquier cosa — le cierra un ojo.
—No me creo que seas el más poderoso del mundo —igual se sonroja.
—Lo soy, puedo convencerte si quieres —dos pasos hacia él.
— ¿Cómo? ¿Aguantando una bronca?
—Non, de manera activa —sonríe y da un paso más hacia él.
Él traga saliva y levanta la barbilla como retándole. Francia le pone una mano en el pecho. El inglés le sostiene la mirada y Francia le acariiiiicia suavecito entrecerrando los ojos.
—Puedo poner el mundo de cabeza —se le acerca a los labios.
—N-No, y-you c-can't —responde balbuceando un poco.
—Oh, sí que puedo... —beso suave en la comisura de los labios e Inglaterra le buuuuusca. Hasta se le cierran los ojitos. Se ríe un poquito dándole otro beso suave en el mismo sitio pero sin dejar que le dé el beso.
E Inglaterra se va detrás de nuevo, frustradito. Risita suave y maligna. Se separa un poquito y le da otro besito. Lo siento, este es Francia...
El inglés frunce el ceño y gira la cara, muy digno. Francia le da un beso en la mejilla y le habla al oído.
—El mundo en mis manos —mano al culo. Saltito pegándosele. Sonrisita otra vez, beso en el cuello—. ¿Soy o no el más poderoso?
—No!
—Consigo que vengas... A buscarme y eches al hombre más poderoso del mundo sólo para que te de unos besos —susurritos y más besitos.
—¡No lo hice para que me des besos! —chillido.
—¿Entonces? —se separa un poco de su cuello y le da ooootro beso en la comisura de los labios.
—Aun tienes... —ahí se va a por él ooootra vez.
—¿Tengo...? —susurra.
—¿Eh? —se ha perdido en su propia frase y repentinamente los pantalones se le caen al suelo. Esos dedos rápidos... —Wah! ¡NOO! —se echa para atrás y trata de subírselos.
Francia se ríe de buena gana dándole un empujoncito de lado para que se caiga, así que pierde el equilibrio y se cae. Frunce el ceño (pero sonríe) y le mete los pies entre sus piernas para hacerle caer sobre si a él también.
— ¿Ves?, hincado ante miaaaah! —el MIIIISMO grito de nena de toda la vida.
El británico se ríe abrazándole un poco para amortiguar su caída. Y el francés se ríe sin poder evitarlo, apretando los ojos, abrazándole de vuelta. Y ahí están los dos idiotas riéndose tirados por el suelo.
Francia se le acuesta encima en un momento dado, acariciándole la cara y mirándole fijamente. Inglaterra para de reírse un poco (pero no de sonreír) y le mira a los ojos también.
—¿Por qué? —pregunta en un susurro pasándole un dedo por la nariz.
—¿Por qué, qué?
—Todo esto... —le acaricia el pelo.
—Quiero... mi alianza de regreso.
Niega suavemente con la cabeza.
—¿Es por eso que estás aquí otra vez...?
—Yes. Es importante para mí y no pienso irme sin ella.
—¿Es por eso que estás tan dulce? Quieres... Tu alianza de matrimonio —se le ensombrece un poco la mirada.
—No... —confiesa girando la cara—. No soy dulce.
—Sí que lo estas siendo —se acerca y le da un beso suave en la mejilla. Extrañamente, no es en burla el tono con el que lo dice. Inglaterra se revuelve un poco—. Quizás sí te dé tu alianza tarde o temprano... Pero primero hay que cenar —resuelve—. ¿Querrás cenar conmigo?
—C-Cenar... como... ¿cómo? —sí, está pensando en una cita. El galo se humedece los labios y le mira a los ojos pensando en cómo retenerle.
—Cenar. Es un viaje largo venir hasta acá como para irte inmediatamente. La hora de la cena está cerca... —y luego no podrán volver hasta mañana cuando se me ocurrirá como detenerte de otra manera, y... bueno... sonríe con todo su encanto acariciándole el pecho.
—Es que todo depende de... de Ro... Tu hermano.
— ¿Todo depende de qué? —pregunta acercándose a él y volviendo a darle un beso en la barbilla.
—Él dice si nos vamos.
—¿Desde cuándo recibes órdenes de mis hermanos? —pregunta sonriendo de lado—. Además... Puedes irte. Sin alianza.
—No vas a retenerme hasta que quieran matarme nada más no devolviéndome la alianza.
Traga saliva.
—Entonces vas a irte sin alianza.
—Y tú te quedarás la mía patéticamente como si la necesitaras más que yo. ¿Tantas ganas tienes de estar casado o crees que eso hará que yo deje de estarlo?
Francia le sostiene la mirada haciendo su mejor esfuerzo por mantenerla inexpresiva, aunque se le estruja el corazón. Un rato atrás le había dicho que le amaba. ¿Por qué hacía todo esto? Se obliga a sí mismo a sonreír de lado y a reírse, aunque la sonrisa no le alcanza a los ojos.
—¿Tanto crees que me importa que estés casado? —pregunta en burla—. Tu alianza me sirve como recordatorio para Suisse de realmente quien es el malo del cuento.
Aprieta los ojos.
—No es con él con quien estoy casado. ¿Crees que su estilo son las bodas discretas?
Se humedece los labios y le mira de reojo separándose un poco.
—Supongo que no le queda de otra si está en bancarrota y no tiene prácticamente NADA más que lo que trae puesto —exagera un poco y sonríe—. Me has dicho incluso que por eso has peleado con él... ¿Ahora cambias la historia?
—Aun y en bancarrota.
—¿Entonces quién es? —pregunta frunciendo el ceño.
—Es... —se sonroja y aparta la cara.
Frunce más el ceño.
—Oui?
—No te lo puedo decir.
Ojos azules en blanco.
—Mira qué casualidad.
—No es casualidad.
—Algo... O todo. Te estas inventando cosas.
—¡No me lo invento! ¡La alianza lo prueba!
—Quizás se la robaste a alguien y dices que es tuya sólo para intentar ponerme celoso. Lo cual es muy patético
—¡No es robada! —el problema es que su hermano le dice las mismas cosas.
—Dijiste que me amabas —le mira fijamente—. Y lo haces. Que vas a estar casado con alguien más... ¡Es sólo una treta!
Se paraliza y se sonroja mucho porque además Francia ni siquiera se lo ha dicho de vuelta. Eh eh, calma, que te ha dado un beso así súper obvio de vuelta. Aunque no es igual pero... ¡Pero!
—¡No te has casado! ¡Es una mentira! ¡Me quieres a mí! —sigue, acercándosele un poco y tomándole de la camisa, apretándola en su puño sin siquiera notarlo.
—¡Sí lo he hecho! ¡Y tú eres un idiota! —le toma de las muñecas.
—No es verdad, ni siquiera puedes inventarte con quien —le chillonea de vuelta acercándose más aún.
—Podía hasta que has empezado a acusarme idiotamente con ello.
—¡Ja! ¡Admites que estabas inventando! —sonríe un poco.
—¡Nada más el quien!
—¡Tú no te puedes casar con alguien más! —deja de sonreír y le sacude un poco.
—¡Pero no puedo casarme contigo tampoco!
Levanta las cejas y se paraliza un poco con esa declaración. Él... No... Había dicho nada de casarse con él. Él era libre pero... Inglaterra... Y... Entra un poco en pánico, a la vez confundido con una muy clara imagen mental de su boda con el inglés. Éste hace para que le suelte.
—¿Por qué? —pregunta en un susurrito.
—Pues lo preguntas como si eso quisieras.
Aprieta los ojos.
—No entiendo que haces aquí... Hablando de boda, cuando hace meses que... Es que...
—Y de esa forma seguiré después de que me vaya. No voy a recordar nada de lo de hoy.
Inclina la cabeza rubia y le mira fijamente. Traga saliva.
—¿Y por qué es que hoy no me odias como siempre?
—¡Siempre te odio!
Aprieta los ojos azules, se acerca a él y le da un beso en los labios e Inglaterra se lo devuelve.
Y el beso es profuuuundo porque es la única forma en la que puede saber que realmente le quiere como siempre. Y claro que le quiere como siempre, ¡si está casado con él!
Seh, de hecho, eso es lo más RARO de todo esto, que si bien es extraño y hay cosas que no cuadran, Inglaterra parece estar... MUY bien con él. Así que oooootro beso dramático. Aunque no lo es del todo, porque lejos de que Francia sienta que lo pierde, lo que siente es con demasiada fuerza que lo TIENE. Es un beso... Confuso. Y no desagradable.
Inglaterra siente que sorprendentemente le busca aún más de lo normal, pero no es realmente muy consciente. Es que te come otra vez, Inglaterra, con ansias.
Se le separa un poquito el galo con los ojos cerrados.
— ¿Seguro que no vas a acordarte de nada? —susurra.
—Absolutamente.
Le acaricia la cara con suavidad. El inglés suspira.
—Je t'aime... —susurra cerrando los ojos, haciendo que Inglaterra se paralice—. Me gusta mucho mi vida y ser quien soy, pero... Quisiera... —suspira—, que hubiera una manera...
El inglés le mira a los ojos. FLIPANDO. Él suspira.
—Ya lo sé... Ya lo sé —sonríe de lado derrotado suponiendo que no le cree. Se encoge de hombros—. Ahí tienes el pequeño secreto. Esto dice una cosa... —se señala la cabeza—, y esto no se deja convencer. Digas lo que digas.
—Incluso... ¿Ahora?
Incluso ahora después de que le despreciaste y le dijiste cosas bonitas y le besaste así y... ¿Sabes lo rápido que te le metes en la cabeza?
— ¿Ahora? —se ríe y aprieta los ojos—. Trato todos los días de no hacerlo...
— ¿Y ni ahora lo consigues? —susurra. Francia se humedece los labios desviando la mirada.
—Hay muchos días que lo hago mejor que hoy, sin duda.
—No me refiero a hoy. Es... esta época.
Parpadea. Esa pregunta no es para este Francia, Inglaterra.
—Me refiero a que eres... you know... You. La máxima expresión de tú.
Vuelve a parpadear e inclina la cabeza. Sonríe.
—Siempre has sido demasiado... Ciego—hace los ojos en blanco.
— ¡Y tú idiota! —protesta un poco. Él le mira de reojo.
—Sea como sea... Es igual. Lo que sea que hayas tomado... Vas a oírme dar todo y yo... Quizás sea un sueño o algo —se pellizca un poco el brazo.
—Lo que es, es magia. Es un viaje en el tiempo.
Le mira un instante... Parpadea... Y se ríe.
—¿Un qué?
—No vengo de London... vengo del futuro.
—¿Del futuro de qué?
—Yo vivo en el siglo veintiuno.
Le mira y es que... Lo que dice es raaaaro.
—Y yo vivo en Buckingham.
—Ya sabía que no me creerías —aprieta los ojos y piensa que Napoleón debe haber notado ya que no le buscaba nadie.
Lo que ha pasado con Napoleón es que ha ido a buscarle, ha habido un malentendido y se han puesto a hablar de algo importantísimo igualmente, pero bueno.
— ¡Es absurdo! ... Vienes del futuro y... ¿Estas casado entonces? Siglo veintiuno...
—Yes.
—Eso... Es en doscientos años. Es tonto y no creas que te voy a creer tus historias sólo porque tú las cuentas —ya se lo está creyendo.
—Cuento muchas historias y en realidad me va bien que no me creas. Esto podría alterar el continuo espacio-tiempo.
—No vas a hablar y a decir cosas incomprensibles sólo para que yo caiga... —aprieta los ojos, le mira... Traga saliva—. Aunque podrías contarme.
— ¿Contarte?
—Ven... —sonríe de lado y se levanta, acercándose a la puerta para ponerle el pestillo—. ¿Sabes que aquí también hay pasajes secretos? —pregunta cerrándole un ojo—, ven, ven... Quizás puedas contarme un poco.
Le sigue y le brillan un poco los ojos con los pasajes secretos, sonriendito.
—Por eso Le general eligió este cuarto... Ehm... No que debas saberlo —se encoge de hombros y levanta uno de los tapices de la pared.
Y ahí va a meterse, claro... y sin dudar. Pues van los dos en realidad. Esta oscuro y lo primero que hace Francia es abrazarle. Inglaterra sonríe un poquito y le deja... pero vacila antes de ponerle las manos en la cintura con timidez.
—Cuéntame... ¿Cómo te imaginaste que era el siglo veintiuno? —pide en la oscuridad tratando de distinguirle entre las sombras, sin notar tanta vacilación.
—Es... distinto. Muy distinto.
—¿Que ibas a contarme? Deja adivino... —piensa, claro, que es una de las historias de Inglaterra... Él le mira a ver que adivina—. Yo ya no soy el imperio más fuerte del mundo... Eres tú.
—En realidad... no. Es the kid.
—The... Amerique?! —levanta las cejas. Él asiente. Se ríe un poco—. Ahora ya no sólo le has perdonado que te haya dejado... ¿Sino que ahora lo imaginas de imperio? Mon dieu... ¿Qué te tomaste?
—No es mi imaginación... y no le he perdonado.
—¿Que más pasa? ¿Tú y yo nos hablamos? —pregunta aún muy, muy cerca, aún muy, muy abrazado a él.
—Y-Yes...
—Mmm... Al menos aún estoy vivo. Cuéntame, ¿cómo imaginas el futuro?
—No hay guerra en Europa. No armada. Todos tenemos armas demasiado fuertes para pelearnos sin destruir el mundo, lo que hace el equilibrio. Aunque nos discutimos igual.
—Paz. Eso... —suspira—, suena imposible. ¿Quiénes quedan? ¿Tú y yo?
—No... ¡Todos! Germany es quien cree que manda en Europa. Así es el que hace todo el trabajo y tenemos más tiempo libre.
(Alemania indignado)
—Allemagne? Mon dieu... Qué mundo tan raro imaginas. Y... ¿Tú y yo?...
—Tenemos... muchas formas de comunicación. Mejores. Puedo ir de London a Paris en nada más dos horas.
Se ríe.
—Eso es... Eso sería muy divertido pero... —le pone la nariz en la mejilla —. ¿Quieres ir de London a París en dos horas?
—Pues... a veces. También puedo hablar contigo a distancia.
—He oído hablar de eso... —está pensando en el telégrafo... Los orígenes.
—Es mucho, mucho más complejo que lo que hay ahora, manda la voz automáticamente y todos tenemos uno.
Sonríe... Porque Inglaterra siempre tiene ideas futuristas raras.
— ¿Y yo como soy?
—Igual de feo, vago, maloliente, pervertido, estúpido, inútil...
—Ehhhh! ¡Yo no soy todas esas cosas!
Se ríe ahora él. Francia le saca la lengua en la oscuridad.
— ¿Quieres ir a robar pan a la cocina?
Asiente. Así que le aprieta la mano y tira de él... Cual si supiera a donde va. No tiene ni idea... Seguro van a salir al calabozo... O a la sala del piano. Austria podría decirnos, pero en realidad da igual.
De hecho, es que entre más raro y complejo sea a donde salgan a Francia le parece mejor, no dudo que empiece a besuquear a Inglaterra ooootra vez. Quizás acaben en un cuarto. Francia, que jodidamente suertudo eres. Y es que va a tirárselo OOOTRA vez.
En cuanto salen a mitad de los besuqueos y risas, Inglaterra se separa jugando para no dejar que le alcance. Y ahí va el otro tras él riendo idiota a abrazarle de la cintura. Inglaterra se ríe más y acaban quieeeeen sabe cómo cayéndose en la cama casualmente, no que ambos se hayan dirigido hacia allá como quien no quiere la cosa. Ejem.
Y ahí Inglaterra aun riéndose, le pone una mano en la mejilla y le mira a los ojos de una de esas formas especiales y es que... Es que me lo matas. Me lo matas igual en cualquier época después de un ratito de convivencia dulce. Aun siendo Francia el rey del mundo, el chico de todos, sigue pudiéndote ver a ti con la misma transparencia y afecto de siempre.
Le acaricia la cara y le aparta el pelo, viéndole como sí se ve más joven y tan guapo. Francia se ríe un poco, con suavidad, siguiendo la caricia. Es que Inglaterra se emboba completamente. No, es que los doooos se emboban.
—En el futuro... —sigue medio embobado, empezando a contarle sin dejar de pasarle las manos por el pelo.
—Oui? —entrecierra los ojos. ¿Acaso a alguien le gustan más tus historias que a él?
—No siempre tenemos... —se sonroja un poco—. Sexo nada más vernos.
—Ah, non? —pregunta levantando las cejas—. Que desperdicio...
—No es un desperdicio —niega suavemente.
—Ah, Non? —levanta una ceja y le escucha.
—No... No es necesario. No pasa por desesperación sin volver a ni mirarnos tras que ocurre.
—¿No me echas cada vez que pasa? —inclina la cabeza. El otro niega y se sonroja. Se humedece los labios—. Si me lo cuentas... Es porque en el fondo no quieres echarme.
Y yo creo, Inglaterra, que vas a tener que hacerle un hechizo para borrarle la memoria.
—Es... para que entiendas. Hoy no te he... echado —no le mira.
Francia cierra los ojos y hace una mueca, pensando que si no le echara, tendría que irse él. Toma aire preguntándose a sí mismo qué demonios es lo que está haciendo.
—Crees entonces... ¿Qué hay un futuro...? ¿Que tú y yo...? ¿Tenemos algún tipo de futuro? —entreabre los ojos llorositos. Drama cortesía directa de Francia.
Inglaterra traga saliva con el tono de voz y asiente un poquito y… Besooooo. Dios mío. Tenéis que cenar, niños. Es que son terribles. En serio. Inglaterra, es que tú eres el del sentido común hoy, Francia esta idiotizado. JA! ¿Y creéis que él no? Un poco de sensatez, muchachos.
—¿Qué más? —susurra el francés empezando a quitarle la camisa.
—Una de las cosas que más te gusta es cocinar para mí... ¿quién sabe por qué? Porque yo odio tu comida —se deja quitar la camisa sin pensar.
—¿Cocinar? —sonríe—. Yo ya no cocino... ¿Por qué nadie me cree?
—Pero siempre haces demasiada comida en mi casa los fines de semana... y yo siempre tengo que guardarla y comérmela durante la semana en el trabajo.
Parpadea porque todo eso suena tan... Familiar... Tan de todos los días. La seducción perfecta.
—Yo no tengo tiempo para cocinar y menos en tu casa —se ríe acariciándole el pecho—. Soy un impeeeerio.
—No lo eres en el futuro.
—¿Intentas convencerme de algo? ¿Es mejor no ser un imperio? — Más risitas mientras él se quita el saco.
—Yes... aunque a mí me gusta ser un imperio.
— ¿A quién no le gusta ser un imperio? ¡Y el poder! —se ríe.
—Pero es un montón de trabajo.
—Claro que sí lo es —se saca la camisa—. Y... Estar bajo las órdenes de alguien... Y... —suspira...
—No es necesario ser un imperio para no estar a las órdenes de alguien.
—Siempre estaremos a las órdenes de alguien... Casi todo el tiempo. Casi —se le acerca para darle un beso—. Aunque no todo el tiempo.
—Y también habrá gente a las nuestras.
—Y habrá veces que seremos nosotros y ya... Y haremos lo que queramos —como si no lo hicieras más o menos todo el tiempo aún con todo, protesta Napoleón.
Inglaterra sonríe. Francia le plancha contra la cama en oooooootro beso y Ooootro beso inglé debe haberse acabado ya todo el chocolate y Roma el vino. Seguro.
Son eternos. Eteeeernos.¡No olvides agradecer a Holly su beteo y edición!
